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sábado, 6 de diciembre de 2025

Arte y devoción en la imagen de la Inmaculada Concepción de la iglesia parroquial de Villaseca de la Sagra

Arte y devoción en la imagen de la Inmaculada Concepción de 
la iglesia parroquial de 
Inmaculada Concepción. Villaseca S.
Villaseca de la Sagra

    Antonio J. Díaz F.
Historiador del Arte

El día 8 de diciembre de todos los años la iglesia católica celebra la fiesta de la Inmaculada Concepción de María. Pero este dogma de fe es de reciente historia pues no fue proclamado hasta el año 1854 por el Papa Pío IX. 
    Sin embargo, en los reinos hispanos la consideración de María como la Madre de Dios, concebida sin mancha y preservada de pecado original, estaba bastante arraigada en las discusiones de nuestros teólogos y entre las opiniones eclesiásticas, pero particularmente fomentada por la Orden Franciscana, por lo cual no era extraño que hubiera calado suficientemente en la devoción popular desde al menos el siglo XVI, si no antes. Frecuentes sermones, sesudos escritos y obras impresas defendían públicamente esta doctrina que se hizo permeable en el sentir piadoso y devoto de las gentes. 
   De hecho, en el convento franciscano de San Juan de los Reyes se concelebraba en 1617 el juramento solemne de la ciudad de Toledo con manifestaciones de culto orientadas hacia esa afirmación concepcionista y hacia la definición dogmática del misterio mariano. Tanto es así, que el propio ayuntamiento toledano hizo voto público en aquel acto y adoptó por patrona desde entonces a la Inmaculada Concepción, cuya hermosa talla preside el oratorio de la sala capitular de su edificio consistorial. 
    En los siglos siguientes distintas cofradías se agrupan en torno a la adoración de la Inmaculada Concepción y numerosas son las representaciones en iglesias, capillas y altares que vienen a significar el tema de la Concepción de María. 
    Tanto pinturas como esculturas enseñaban por toda la diócesis toledana la figura de María como la Nueva Eva, limpia de pecado original. Un tema religioso que inspiraría a muchos artistas españoles que dejaron ejemplos de arte que enriquecen nuestro patrimonio cultural. Pensemos, por ejemplo, en las célebres Inmaculadas del pintor sevillano Murillo, tan admiradas en todo tiempo.

    Pero nuestro interés, como siempre, está enfocado a conocer la repercusión de estos factores socio-culturales y la huella que han dejado en la propia historia de Villaseca de la Sagra. Por ello, vamos a hacer memoria en torno a la devoción y el arte de una imagen como es la Inmaculada Concepción de la iglesia parroquial de Santa Leocadia. Por ello, vamos a hablar de la cofradía y de la obra escultórica.

1.-LA ANTIGUA COFRADÍA DE LA CONCEPCIÓN DE VILLASECA DE LA SAGRA.
    Si atendemos a siglos pasados, la existencia de una cofradía y el culto a una imagen nos sitúa indudablemente en aquella época en que la devoción inmaculista se prodigaba como un verdadero acto de fe. En el caso de Villaseca de la Sagra, la religiosidad hacia la Virgen María se reflejaba en dos advocaciones que inicialmente se integraron en la cofradía mariana de Nuestra Señora de la Natividad y Concepción, constituida en hermandad que invocaba uno u otro nombre indistintamente al ser alusivos a María.
    Si queremos buscar su antigüedad, en un inventario del archivo parroquial se registra un viejo libro de la cofradía de la Natividad con fechas de 1604 a 1670; un libro que hoy está desaparecido pero que nos indica una fecha inicial. Además, conocemos que años atrás el clérigo guipuzcoano Juan Pérez de Oro (†1509), que fue teniente cura de la parroquia de Santa Leocadia, dejó fundada una capellanía colativa cuyo patronato asignó a la cofradía de la Natividad, existente por entonces. Ésta se obligaba en 1534 a nombrar a un capellán beneficiario de la colación o renta asignada para decir misas, lo que indirectamente nos hablaría de una actividad muy anterior de esta cofradía mariana. Desempeñando este patronato, en 1647 se procedía al nombramiento de un nuevo capellán para las misas y entre las actuaciones seguidas para ello la cofradía presentó como acreditación de su potestad y derechos las ordenanzas de la Natividad y Concepción, fechadas en Villaseca a 24 de agosto de 1619, y que habían sido las presentadas al arzobispo de Toledo don Fernando de Austria para su aprobación.
    Por tanto, podemos situar la creación autorizada de esta cofradía, al menos la de su fundación documentada, a principios del siglo XVII, concretamente, en 1619.
   A nosotros ha llegado un libro, fechado entre 1675 y 1763, perteneciente a la cofradía de Nuestra Señora de la Natividad y Concepción, cuya fiesta principal se hacía cada 8 de septiembre (día de la Natividad de la Virgen), teniendo una segunda celebración en 8 de diciembre (día de la Concepción). Aquí se vuelve a confirmar que las constituciones originales databan de 1619, pero se informa al Deán del Cabildo catedralicio de Toledo que a "causa de que la dicha cofradía ha muchos años que se fundó y ha tenido muchos pleitos, se han perdido las ordenanzas que tenían y hoy [1675] no tiene ordenanzas", por lo que pedían su actualización. Es probable que la cofradía de la Natividad tomara nuevo impulso a partir de 1675, siendo mayordomos Eugenio de Batres y Bartolomé López Magán, con intención de revitalizar la hermandad y por cuanto la imagen de María Inmaculada era el único objeto devocional que la justificaba, y que muy pronto aparece en los inventarios parroquiales entre las vírgenes de vestir que existían en la iglesia, y ya tempranamente en 1627. Se mencionaba una "imagen de la Concepción con corona de plata" que estaba colocada en el altar de Santa Ana de la vieja iglesia y comparable en estimación con la Virgen del Rosario y la Virgen de la Cabeza, además de poseer las tres imágenes buenos ajuares entre vestidos y ricas alhajas.
    Un segundo libro conservado, con el título propiamente de la Concepción, fechado entre 1728 y 1808, nos advierte de la renovación en los primeros meses de 1728, tanto es así que el Cardenal Arzobispo Astorga testimonia en 24 de enero de ese año que "nuevamente se ha instituido en la iglesia de la villa de Villaseca de la Sagra [y] se presentaron ante nos en el nuestro Consejo ciertos capítulos constituciones y ordenanzas para el buen orden gobierno conservación y perpetuidad de dicha Cofradía", aunque los cofrades de 1762 aseguran que "se fundó esta hermandad el día veinticinco de julio del año de mil y 723". Cinco años antes de obtener la aprobación oficial.
    Esto podría significar que la Natividad era una de las cofradías más antiguas de Villaseca, mientras que con el título de Nuestra Señora de la Concepción se refunde definitivamente con estatutos aprobados sin tardanza en 19 de febrero de 1728, como se refleja particularmente en el libro de sus ordenanzas conservado en el archivo parroquial de esta villa y su copia en el archivo diocesano de Toledo. 
    Sólo con el nombre de Natividad aparece en el informe municipal de 1770 dirigido a la Intendencia de Toledo, por el que se ratifica que sus ordenanzas vigentes eran las aprobadas en 1728. Y parece ser que en 1820 se consideraba una cofradía con el título definitivo de la Concepción, con aprobación del arzobispado y actividad vigente entonces.
   No hay que olvidar que precisamente en junio de 1729 se presentaban a su aprobación las ordenanzas de la cofradía de Nuestra Señora de las Angustias en las que se determinaba que se celebrase la festividad con vísperas, procesión y misa el 8 de septiembre. Con esta irrupción de la hermandad de las Angustias en el panorama cofrade de Villaseca, la cofradía de la Concepción habría de condicionar su fiesta únicamente al día 8 de diciembre.

Un estandarte para la cofradía.
    Al no existir la cofradía, el elemento material que la identificaba  es sin duda el estandarte que solía acompañar a la sagrada imagen y abriría el orden en las procesiones de su fiesta. Afortunadamente se conserva en el "museo parroquial" este distintivo cofrade. 
    No tenemos documentación de cuándo se encargó ni de quién fue su bordador. Sin otros datos, podemos describir el estandarte en su cara principal como una pieza de seda color azul celeste sobre la que se ejecutan los bordados y que queda perfilada por un cordón blanquiazul de pasamanería. Más que el blanco, el color del cielo se identifica con la pureza virginal de María y es el usado en España. El motivo central lo ocupa un escudo o espejo ovalado de ancho perfil, labrado en oro y plata y culminado por un elegante lazo como adorno. En su centro aparece efigiada la imagen de María Inmaculada con corona plateada de puntas estrelladas y un halo de luz dorada, posada sobre una peana de nubes y la media luna asomando a sus pies. 
    Alrededor se disponen varias estrellitas y como encuadre de la tela se dibuja un motivo lineal mixtilíneo entrecruzado y en los ángulos aparecen motivos vegetales polícromos.
    El revés del estandarte mantiene el mismo diseño circundante pero el motivo central es ahora un vistoso anagrama de María (la superposición de las iniciales M y A, del nombre de María), bajo una corona de tipo ducal.
    En la zona inferior se recortan cinco lóbulos de la misma seda y ribeteados de igual forma, en los que se presentan motivos simbólicos que identifican a María en sus muchas virtudes espirituales, y en los que parecen reconocerse en el haz principal el Sol, el Olivo, la Estrella Matutina, el Ciprés y la Luna. Y en el envés aparecen la Puerta, la Fuente, el Espejo, el Pozo y la Torre de David. 
    Dados a suponer cuándo se hizo este estandarte, habría que fijarse en que la actitud de la Virgen es la misma que mantiene la imagen de talla hoy existente, lo que nos confirma que el bordado está copiándola y, por tanto, está confeccionado con posterioridad a 1740. Correspondería a una obra del arte textil, con adornos de estilo clasicista, de finales del siglo XVIII, tal vez confeccionada en Toledo, donde se desarrolló con éxito este tipo de arte. Guarda gran similitud en el escudo central con el que se muestra a su vez en el estandarte de Nuestra Señora de las Mercedes de la misma iglesia. Lamentamos que este de la Concepción muestre notable deterioro.
Inmaculada Concepción. Villaseca S.
Estandarte -haz y reverso- de la cofradía de Ntra. Sra. de la Concepción. Iglesia parroquial de Sta. Leocadia. Villaseca de la Sagra.

2.- LA IMAGEN DE LA CONCEPCIÓN.
    Sabemos que esta reconstituida cofradía contribuyó prontamente al adecentamiento y embellecimiento de la nueva iglesia parroquial desde 1728 a través de una selecta inversión en obras de devoción.        Dentro de los libros de esta hermandad se señalan una serie de gastos importantes que tratan de elevar el decoro y dignidad en su celo por enaltecer el culto a María Santísima. Así, la primera obra, de 1730, fue el retablo en blanco, sin dorar; la segunda, de 1736, era la propia imagen de la Virgen y sus andas; luego, en 1741, se hizo el dorado del retablo y, finalmente, en 1760, llegó la corona de plata que adorna la imagen.
    De todas estas obras documentadas iremos desgranando algunos datos.

Retablo de Ntra. Sra. de la Concepción, obra desaparecida
    La cofradía tuvo una preferente ubicación para colocar su altar, ocupando el colateral derecho del altar mayor, el llamado colateral de la Epístola, en el brazo de la nave de crucero. 
    De este retablo, hoy completamente desaparecido y del que no tenemos más referencia, sólo podemos constatar que se encargaría inmediatamente tras la refundación, entre 1728-1729, terminándose y colocándose en 1730, habiendo costado su hechura 8.741 reales de vellón. Pero seguimos sin conocer al artífice al que se le pagaron por su talla y ensamblaje, que bien pudo ser un afamado artista de la ciudad de Toledo. 
    Por el contrario, tenemos el documento sobre el posterior dorado de ese retablo, que se escrituraba ante escribano en 29 de abril de 1741 en Villaseca, entre el mayordomo de la cofradía José Díaz Jerez y los maestros doradores y estofadores de Toledo Francisco Velázquez y Juan Martín Corrales, y donde se expresa que es de rico adorno de talla y en él se encuentra majestuosa la imagen de la Concepción; retablo "el cual la expresada Hermandad determinó el dorarle para su mayor hermosura". Se ajustaba la obra de dorado en 6.500 reales, pero las cuentas hablan de un gasto mayor, unos 8.300 reales. Indudable es que su tamaño y aspecto debió ser ostentoso a juzgar por el coste, tanto de hechura como de dorado, ocupando el testero colateral de la Epístola, y en consonancia con el otro colateral, donde estaba el retablo del Santo Cristo de la Misericordia. Este retablo perdido correspondería al arte barroco de la escuela toledana del primer tercio del siglo XVIII. La obra fue destrozada en 1936 (perdiéndose definitivamente sus restos en 1972).
Inmaculada Concepción. Villaseca S.
Imagen de la Concepción en su retablo actual, colateral de la Epístola. Iglesia parroquial de Sta. Leocadia. Villaseca de la Sagra.

    Como curiosidad, decir que el altar colateral de la Concepción se circundó con unas verjas de hierro que dio un devoto llamado Bernardo Pinilla, natural de Ocaña, "que de niño se vino a esta villa, hizo caudal y casó con hija de vecino y no tuvo hijos y dejó esta alhaja a la Virgen de la Concepción". Estas verjas eran las mismas que luego en 1827 compró la parroquia para ponerlas en el altar mayor, según gastos de fábrica, y que ya se perdieron.
    Y hoy la antigua imagen permanece en su mismo sitio de siempre, el colateral de la Epístola, en un novísimo retablo neobarroco, dorado y policromado, pero sin altar propio. Se sitúa en correspondencia con el otro colateral dedicado a Nuestra Señora de las Mercedes.

Imagen de Nuestra Señora de la Concepción, joya barroca. 
    Desde al menos 1712, cuando se construye la capilla mayor y nave de crucero de la iglesia, se destina este sitio o colateral a la antigua imagen de velador -talladas solo manos y cara- que era venerada hasta entonces por su cofradía, pero que después de refundada en 1728 emprende una renovación material. Así pues, como se ha indicado, la imagen actual de la Concepción es obra tallada en 1736, según los documentos parroquiales que desvelan la fecha de su traída a la villa, pero sin que se mencione al autor de la misma ni se precise la procedencia o el taller desde donde se trajo. La imagen se instalaría en el retablo que ya hemos visto que estaba fabricado y colocado desde 1730.
    De tamaño natural (unos 152 cm de altura) la figura de la Virgen se alza sobre peana que forma un trono de nubes con tres querubines, y pisa con su pie derecho la cabeza de la serpiente del pecado que asoma entre las dos astas de la media luna que surge bajo sus pies. 
    El movimiento de la figura carga el peso sobre esta pierna derecha, pronunciando la inclinación de la cadera, y en elegante ademán mantiene la mano derecha sobre el pecho y la izquierda abierta acompasando el movimiento del brazo y el giro contrario de la cabeza cuya mirada dirige al espectador, en una actitud humilde pero triunfante. La imagen refleja un rostro ovalado de finas facciones enmarcado por una abundante cabellera bellamente dispuesta y derramada sobre los hombros. Rostro juvenil y manos abiertas están tallados con gran delicadeza y expresión.
Inmaculada Concepción. Villaseca S.
Inmaculada Concepción, detalle. Iglesia parroquial de Sta. Leocadia. Villaseca de la Sagra.

    La túnica que viste adquiere un tono marfileño y está tachonada de un mismo motivo floral de color que se repite por toda su superficie. Graciosamente se anuda sobre el vientre con un cíngulo carmín y cae con naturalidad hasta cubrir los zapatos, que apenas despuntan. Envuelve la figura un manto de un azul oscuro con orla dorada que se cruza por delante en diagonal, formando pliegues quebrados y ondulantes y vuelos agitados que dan sutil dinamismo a la imagen mientras que cae simétricamente por la espalda y se recoge en el brazo izquierdo. 
    Esta forma de representación de María como Inmaculada, su iconografía, obedece a la visión apocalíptica del evangelista Juan en la isla de Patmos: una mujer vestida con el sol, la luna a sus pies, y sobre la cabeza una corona de doce estrellas. Pero también hay una alusión a la Mujer del Génesis donde se presenta a la Virgen pisando la serpiente del pecado, la que tentó a Eva en el Paraíso.
    Otro gran detalle de esta imagen de bulto está en la peana propiamente dicha, compuesta de una masa de nubes donde los querubines son dos imágenes infantiles de cuerpo desnudo y otra que es sólo una cabeza, todas muy expresivas y bellas en su modelado, contrastando con la cabeza y cola monstruosas de la serpiente. En la base se ven las dos asas o argollas que sirven para manejar la imagen en sus traslados para lo que estaba preparada cuando salía en procesión sobre andas.
Inmaculada Concepción. Villaseca S.
Inmaculada Concepción, peana. Iglesia parroquial de Sta. Leocadia. Villaseca de la Sagra.

    Al querer recopilar datos de esta imagen, los libros de la cofradía aportan poco sobre ella. La alusión concreta se registra en las cuentas de 1736, en que consta que se trajo -aunque no se dice desde dónde- la imagen de la Virgen y las andas, con un coste de 1.950 reales de vellón. 
    Al contrario que el retablo, en 1936 la imagen no parece haber recibido daño alguno pues no se incluye en la relación que el ayuntamiento confecciona informando de pérdidas y coste de los reparos en retablos e imágenes de la iglesia (1940). La Inmaculada no se menciona con daños, sí su retablo, por lo que cualquier intervención -repintes, arreglos- ha podido ser posterior a 1940. La más reciente, sin duda, la restauración llevada a cabo en 2014, prácticamente para hacer su limpieza y reintegraciones en la policromía que han recuperado los motivos decorativos originales de la túnica, quitando unas estrellas pintadas.
Inmaculadas

Una corona de plata para la Inmaculada.
    Como complemento a tan hermosa figura de la Inmaculada Concepción de Villaseca de la Sagra, y abordando los datos documentales, se presenta la fastuosa corona de plata que la realza.     Se ha comentado que la cofradía encargó esta corona habiendo costado 1.835 reales de vellón, y en 30 de noviembre de 1760, día de San Andrés, se le puso sobre la cabeza a la imagen de la Virgen. Se trata de un extraordinario y valioso complemento a la talla de la Inmaculada. 
    Examinado la pieza observamos las marcas de platería que nos revelan que su autor fue el platero José de la Casa, y realizada en Toledo. José de la Casa era platero perteneciente al gremio de San Eloy desde 1745 y tasador de joyas hasta 1785, como apunta el historiador Ramírez de Arellano.
Inmaculada Concepción. Villaseca S.
Inmaculada Concepción, corona de plata. Iglesia parroquial de Sta. Leocadia. Villaseca de la Sagra.

    Responde al tipo de corona imperial, en forma de globo, con aureola de rayos y motivos de rocalla y cruz de remate. Presenta una labor de adornos muy tupida pero calada y engaste de pedrería con abundantes motivos repujados y fundidos a base de tornapuntas, cartelas, rocallas y cabezas de querubines. 
    Se presenta más suntuosa que la de Nuestra Señora de las Mercedes, diez años anterior, con la que compite en riqueza material y ornamental. Por su finura decorativa se enmarca dentro del estilo rococó propio de mediados del siglo XVIII. 

En conclusión.
    A nuestro entender, la excelencia de esta imagen mariana declara su procedencia, que no puede ser otra en ese momento que la Corte, pues Madrid era entonces foco de actividad artística y de producción escultórica de alto nivel. Podríamos ver en esta figura una imitación de algunas de las Inmaculadas del pintor madrileño Juan Carreño de Miranda y difundidas por la escuela pictórica madrileña de la primera mitad del siglo XVIII. 
    Pero que en escultura es el mismo tipo que adopta la imagen de la Inmaculada del retablo del Evangelio de la catedral de Oviedo, realizada en torno a 1740 por el artista afincado en Madrid Juan de Villanueva; por tanto, del mismo momento de la bella imagen de Villaseca.
    La imagen villasecana participa de la línea ondulante que imprimen las composiciones del pleno barroco. La ligera agitación en los ropajes y la elegante constraposición hacen de la Inmaculada Concepción de Villaseca una magnífica obra de escultura religiosa en madera, de fina talla y equilibrada policromía basada en colores planos.
    Ha sido últimamente el historiador Nicolau Castro quien ha querido ver en ella una obra temprana del escultor Juan Pascual de Mena (Villaseca, 1707-Madrid, 1784), debido a su indudable factura ajena al arte toledano y más próxima a la imaginería madrileña del primer tercio del siglo XVIII. 
    Su atribución a un Juan Pascual de Mena (que contaría con 29 años de edad y ya establecido en Madrid), estaría justificada siempre que esta obra se pudiera enmarcar en un periodo inicial de tradición barroca que luego abandonará en obras posteriores.
    Dentro de la obra de Juan Pascual de Mena existen otras imágenes de Inmaculada Concepción pero que son más tardías y en poco coincidentes con ésta de Villaseca, con lo que la diferencia en el estilo es considerable.  
    Sea o no obra de Juan Pascual de Mena, aunque la atribución es ya de por sí un crédito mayor, la imagen de Nuestra Señora de la Concepción, o popularmente la Inmaculada, es otro de los bienes muebles más preciado del patrimonio parroquial de Villaseca de la Sagra, comparable en mucho a la imagen de Nuestra Señora de las Mercedes. Equiparables son en su condición de obra maestra representativa de una época y un estilo y de una calidad artística indiscutible.


BIBLIOGRAFÍA
DÍAZ FERNÁNDEZ, A. J.: "Historia y arte en torno a la imagen barroca de Nuestra Señora de la Concepción del consistorio toledano". Archivo secreto: revista cultural de Toledo, Nº 2, 2004, pp. 94-111. (Su consulta en línea: https://www.toledo.es/toledo-siempre/publicaciones-del-archivo-municipal/revista-archivo-secreto/revista-archivo-secreto-no-2/)
DÍAZ FERNÁNDEZ, A. J.: "La Virgen de las Mercedes de Villaseca de la Sagra: el origen de una devoción y la belleza de una imagen" (consulta en este blog: https://memoriadevillasecadelasagra.blogspot.com/2024/08/la-virgen-de-las-mercedes-de-villaseca.html)
NICOLAU CASTRO, J.: Escultura toledana del siglo XVIII. Toledo, 1991.
RAMÍREZ DE ARELLANO, R.: Catálogo de artífices de Toledo. Toledo, 1920.

FUENTES DOCUMENTALES
ARCHIVO PARROQUIAL DE VILLASECA DE LA SAGRA (APVS) 
- Libro de Inventario del Archivo (1777).
- Libro Becerro de Fundaciones (1735). 
- Libro 1º Cofradía de Ntra. Sra. de la Natividad y Concepción (1675-1763).
- Libro 2º Hermandad de la Concepción (1728-1808).
- Libro 3º Natividad y Concepción (1619) [Constituciones].
- Libro 4º Natividad y Concepción (1728) [Nuevas Ordenanzas].
- Libro 5º Natividad y Concepción [Patronato capellanía Juan Pérez de Oro].
- Libro III de Fábrica (1600-1674).
- Libro VI de Fábrica (1777-1852).
ARCHIVO MUNICIPAL DE VILLASECA DE LA SAGRA (AMVS)
- Documentos diversos (1700-1850).
ARCHIVO DIOCESANO DE TOLEDO (ADT)
- Cofradías de Toledo: Villaseca de la Sagra. Leg. 45, Expte. 39.
ARCHIVO HISTÓRICO PROVINCIAL DE TOLEDO (AHTP)
- Protocolo nº 7825 (1741), folios 49-50v, escribano José Arellano Vázquez.





jueves, 29 de agosto de 2024

La Virgen de las Mercedes de Villaseca de la Sagra: el origen de una devoción y la belleza de una imagen.


          La Virgen de las Mercedes de Villaseca de la Sagra: el origen de una devoción y la belleza de una imagen.

Ntra. Sra. de las Mercedes. Villaseca de la Sagra

Antonio J. Díaz F.
Historiador

Cuando hablamos de Ntra. Sra. de las Mercedes de Villaseca de la Sagra, estamos hablando popularmente de la “Virgen Chica”, es decir, hablamos de la Virgen de Agosto, la fiesta que celebra la Iglesia el día 15 de ese mes en cada año, conmemorando el episodio de la vida de María que supone su Asunción en cuerpo y alma a los cielos, según relatan los textos cristianos. 
Mote tan popular responde a que en Villaseca la “Virgen Grande” es sin duda Ntra. Sra. de las Angustias, excelsa patrona de la villa, que se celebra en septiembre, el día 8 en la festividad litúrgica de la Natividad de la Virgen.
En otros tiempos las devociones nacían por voluntad de los feligreses y el cariño y fervor profesado hacia ciertas imágenes de la Virgen y de Cristo o de santos y santas del santoral cristiano. Pero en otros casos la implantación de un culto provenía de los deseos personales de alguna persona cuyo estatus social le permitía aplicar su patrimonio en obras piadosas y, por qué no, en sustentar devoción, misas y fiestas religiosas a su costa.

A diferencia de otras cofradías y cultos establecidos en Villaseca de la Sagra, algunos arraigados en el siglo XVI y con la Virgen por objeto (Rosario, del Carmen, de la Cabeza, de las Angustias), la devoción de los villasecanos por la Virgen de las Mercedes data sólo de hace unos trescientos años más o menos. Nos estamos remontando a principios del siglo XVIII para encontrar el origen de su culto instalado en la iglesia parroquial de Santa Leocadia.

Con ello debemos agradecer hoy a doña Ventura del Castillo y Terraza que en su testamento de 1711 instituyera el culto a Ntra. Sra. de las Mercedes en nuestro pueblo, trayendo la devoción desde su Huete natal. Así pues ¿quién era esta señora tan devota? De la lectura de su testamento otorgado en Villaseca el día 18 de septiembre de aquel año [“Testamento de Dª Ventura del Castillo, viuda de D. Xptoval de Rivadeneyra”. Archivo Histórico Provincial de Toledo -AHPT-, Protocolos de Villaseca nº 7820 (año 1711), fol. 236, escribano Lucas Gómez Mejorada] conocemos que era viuda de don Cristóbal de Ribadeneira y Mazuelas Calderón, natural de Toledo, pero residente en esta villa, quien había otorgado su testamento en Yuncler en 8 de julio de 1709 ante el escribano Alfonso Aguado [“Copia autorizada del testamento de D. Cristóbal de Ribadeneira”. AHPT, Pr. 7820 (año 1709), fol. 23, escr. Lucas Gómez Mejorada] en el que declara su deseo de ser enterrado en la iglesia parroquial de Santa Leocadia en la capilla propia de los marqueses de Montemayor, con el consentimiento del señor marqués, de quien era agradecido servidor y administrador de las rentas de su mayorazgo.
Por su parte, el testamento de doña Ventura, vecina circunstancial de Villaseca y habitando en las casas del marqués, revela que era hija de don Alonso del Castillo de Terraza y de doña Catalina de Arcas y Mendoza, naturales como ella lo era de la ciudad de Huete (Cuenca), disponiendo ser enterrada en la parroquial en la sepultura de su difunto esposo, y manifestando en una de sus cláusulas y a través de un memorial la loable intención que a continuación transcribimos: 

“Declaro que yo he tenido y tengo particular afecto y devoción a la imagen de Ntra. Sª de las Mercedes, en cuyo día he procurado todos los años que he podido hacer la fiesta a su Divina Majestad con sus vísperas y misa cantada con diáconos; y porque no cese esta obra tan del agrado de Dios, dejo ordenado por el referido memorial se haga esta fiesta todos los años con la renta de una casa que tengo en esta villa, que dejo vinculada para ello como en dicho memorial consta a que me remito. Por cuya razón, quiero y ordeno, y mando que la cantidad de maravedíes que pareciere deberme el Marqués de Montemayor mi señor, señor de esta villa, se cobre buenamente como su señoría lo pudiese pagar sin que se le moleste, ni apremie para ello por mis herederos ni por otra ninguna persona, ni juez eclesiástico ni secular, mediante hallarse su señoría con muchos empeños y atrasos en su mayorazgo. Y todo aquello que su señoría fuere pagando en la forma que llevo dicho, entre en poder del teniente cura que es o fuere de la parroquial de esta villa, el cual lo gaste, convierta y distribuya en culto y obsequio de Ntra. Sra. de las Mercedes, como le pareciere a su arbitrio, haciendo una imagen de talla o pintura con su marco decente y colocarla en parte que le pareciere de dicha iglesia donde esté con toda veneración, de cuya distribución no se le pida cuenta a dicho teniente cura. Mediante lo cual pido encargo y ruego con toda veneración a dicho Sr. Marqués de Montemayor, mi señor, se anime y esfuerce todo lo posible al ir dando satisfacción de este débito en la mejor forma que pueda, por dejarle como dejo aplicado a esta obra tan pía y del servicio de Dios Ntro. Sr. y obsequio de su Madre Ssma. de las Mercedes”

Estamos ante la voluntad de una señora que debía ser cumplida a su muerte por sus tres testamentarios, que lo eran don Manuel de Silva y Ribera, VII Marqués de Montemayor, el teniente cura de la parroquia don Gregorio Solórzano y el confesor de ella el Padre Fr. José de Celada, de la orden de los Mínimos de S. Francisco de Paula en Toledo. 
¿Cómo se fue realizando este compromiso? Con evidente dilación en el tiempo pues la deuda tardaba en cobrarse. En 1748 comparece el entonces teniente cura de la parroquia don Roque de la Plaza Serrano en nombre de la testamentaría de doña Ventura del Castillo y en razón del cumplimiento de la memoria fundada a favor de Ntra. Sra. de las Mercedes, y declara haber recibido de la Marquesa de Montemayor, viuda de don Manuel de Silva, doña Ana López de Ayala Velasco y Cárdenas, 41.211 reales y 10 maravedíes de lo que le adeudaba a doña Ventura el difunto marqués [“Carta de pago”. AHPT-, Pr. 7820 (año 1748), fol. 33, escr. José Arellano Vázquez]. Con ello se podían cubrir los primeros gastos e invertirlos en la generosa empresa de adorar a la Virgen María.

La llegada de la imagen de Ntra. Sra. de las Mercedes.
Con los antecedentes expuestos aquí hay que decir que la devoción a Ntra. Sra. de las Mercedes en Villaseca de la Sagra proviene de la veneración local de Huete hacia esta patrona de la Orden de la Merced cuyo monumental monasterio tuvo un gran renombre y que desacralizado es actualmente sede cultural y museística de aquella villa conquense, quedando la iglesia como templo parroquial.
La feliz idea de invertir parte de aquella deuda en realizar una imagen de talla de Nuestra Señora se fraguó ya antes de 1747, aun cuando no estaba satisfecha la deuda, pero estaba decidido encargar una imagen de talla [APVS, Libro 1º (1724-1817), visita 1747]. Se recurrió para su ejecución al escultor de Madrid Juan Pascual, como le nombra el documento, a quien se le pagó por recibo de 14 de agosto de 1747 los 1.500 reales que costó su hechura trayéndose desde el taller de Madrid junto a unas andas nuevas. En satisfacción se le hizo un regalo, que no se nos dice, al artífice. 
En tiempos posteriores la imagen ha tenido ciertas restauraciones. La más temprana en 1837, cuando se llevó a Magán al taller de don Ramón García, pintor, tallista y dorador, para hacer ciertos retoques que costaron 400 reales [APVS, Libro 2º (1797-1874), visita 1737]. Si la imagen se procesionaba sobre aquellas primeras andas ya a mediados del siglo XIX se nos indican unos gastos por la compostura del carro, lo que parece sugerir que tuvo ya carroza, quizás la que hoy existe, bellamente adornada por el baldaquino de columnas pareadas bajo el que luce dignamente la imagen en las procesiones.
Tras la Guerra Civil la imagen pudo haber sufrido notables daños, pero fue recuperada en su integridad, aunque los arreglos realizados, que desconocemos en qué consistieron, costaron 25.000 pesetas, un alto precio para entonces, sin saber si en función de su daño o en función de la calidad del trabajo que se hizo, sin que sepamos quién lo llevó a cabo y, como fue costumbre en aquellos años con otras imágenes recuperadas, siendo una familia la que sufragó su total reparación. Es muy posible que de esta intervención derive su aspecto actual y su repintado blanco. Recientemente, en 2014, se actuó sobre la imagen para proceder únicamente a su limpieza y hacer pequeñas reintegraciones, al no ser posible sacar la policromía original, que dejan la talla en el aspecto que hemos conocido “desde siempre”, sin alteraciones apreciables salvo en la peana donde sí se pudo recuperar parte de una policromía, pero que no era la original.
Corona de Ntra. Sra. de las Mercedes. Villaseca de la Sagra
A la imagen de la Virgen le adorna una preciosa obra de platería toledana. La corona es de tipo imperial, de globo calado, rematada en una cruz, y está documentada como obra de 1750, y por la que se pagaron 2.170 reales a su artífice [APVS, Libro 1º (1724-1817), visita 1751]. Tiene las marcas de platería reconocibles, relacionadas con el platero de Toledo apellidado Ortega, aunque desconocido. Demuestra técnicas de repujado y burilado, fundición y pedrería. Se doró junto a las tres potencias que lleva el Niño Jesús por el platero de Toledo Agustino Antonio [APVS, Libro 1º (1724-1817), visita 1751]. 
Es una pieza de estilo barroco siglo XVIII muy estimable, caracterizada por los escudos mercedarios que la jalonan y sus numerosas piedras engarzadas en cabujones.
Desde luego, no podemos por menos que ensalzar la belleza de esta imagen realizada por el gran escultor Juan Pascual de Mena, hijo de esta villa de Villaseca, donde nació en 1707, muriendo en 1784 en Madrid, la Villa y Corte donde había desarrollado toda su carrera artística con reputación de gran artista y como profesor de escultura en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Él es el autor de la estatua del dios Neptuno de la fuente del paseo del Prado de Madrid. Pero sin duda es también uno de los mejores imagineros de su época y cuyas obras se hallan en iglesias de Madrid, Toledo, Bilbao, La Rioja, Cantabria y otros lugares. 
    Ya aportamos a su biografía algunos datos concretos de su familia y vida en nuestro trabajo “Notas para la biografía del escultor Juan Pascual de Mena” (1986) [Artículo publicado en Boletín del Seminario de Estudios de Arte y Arqueología, Valladolid, 52, pp. 501-508]. Entonces dimos a conocer por primera vez la autoría de esta talla de María hasta entonces inédita y que luego era publicaba por el profesor Juan Nicolau Castro en su síntesis de 1990 sobre la obra del artista aparecida en la revista de arte Goya, nº 214, pp. 194-204, con el título “El escultor Juan Pascual de Mena”.
Ntra. Sra. de las Mercedes. Villaseca de la Sagra















    
Imagen de Ntra. Sra. de las Mercedes. Talla en madera del escultor villasecano Juan Pascual de Mena, 1746.
     
     Se trata de una talla de tamaño natural, policromada, de clásicas proporciones y delicada belleza, tanto en el rostro sereno de la Virgen como en el dulce semblante del Niño Jesús en actitud de bendecir. El hábito que viste la Virgen es el propio de la Orden mercedaria, un blanco marfileño adornado con una cenefa dorada y el escudo de la regla monástica sobre la estola. El movimiento de la imagen es elegante y de pose majestuosa pero contenida, alzada sobre una peana muy decorada con una nube plateada y dos cabezas de graciosos serafines a sus pies.
Una hermosa obra de arte que es el único y certero testimonio en su villa natal que consta salido de las gubias del prestigioso escultor del siglo XVIII Juan Pascual de Mena.

El encargo de un retablo.
La imagen tuvo un retablo. Antes de llegar la imagen al pueblo, en la visita eclesiástica de 1744 ya se decían preparadas las trazas para hacer un retablo a Ntra. Sra. de las Mercedes, que se dice que está colocada a los pies de la iglesia en el sitio inmediato al altar de Ntra. Sra. de la Cabeza, al final de la nave de la torre. El contrato de ejecución se había firmado en 12 de enero de 1743 con los artistas toledanos Fernando del Amo y Diego de Céspedes, maestros de arquitectura en precio de 3.500 reales para realizarlo sólo en madera [APVS, Libro 1º (1724-1817), visita 1744]. En 1751 se acusan los gastos del consiguiente dorado del retablo realizado por Manuel Domínguez y Crisógono García, doradores y pintores de la ciudad de Toledo [APVS, Libro 1º (1724-1817), visitas 1749 y 1751]. 
Es decir, este retablo se terminó de labrar y dorar en 1747 y estuvo preparado para la entronización de la talla que habría de traerse de Madrid en ese mismo año. El día de la colocación de la imagen en su altar y retablo hubo gran fiesta con sermón, música, danzas, pólvora y tamboril, según recogen los datos de la correspondiente visita eclesiástica.
Más adelante, se haría una nueva mesa de altar en 1817 por el maestro carpintero José Díaz Alonso, vecino de Villaseca, aunque luego su dorado lo realizaría un maestro dorador de Toledo del que no nos ha llegado su nombre [APVS, Libro 2º (1797-1874), visita 1817]; quizás se debiera a iniciativa de don Manuel Fernández Molina, Juez subdelegado de la Real Acequia de Jarama, quien en su testamento de 1803 había aplicado unos 500 reales de su peculio para ayudar a hacer una mesa de altar a Ntra. Sra. de las Mercedes ["Testamento otorgado por D. Manuel Fernández Molina". AHPT, Pr. 7835, fol. 29, escr. Francisco Moreno Díaz].
    Parece que se hizo con motivo de haberse trasladado pocos años antes el retablo y la imagen al testero del brazo del crucero de la iglesia parroquial (donde hoy está la Borriquita del Domingo de Ramos). 
Dañado el retablo en 1936 y desaparecidos sus restos en 1972, la imagen de Ntra. Sra. de las Mercedes ha recuperado el colateral izquierdo inmediato al altar mayor, colateral del Evangelio, entronizada en nuevo retablo de pared realizado en 2014 por Talleres de Arte Granda.

La cofradía de las Mercedes.
La imagen tuvo una cofradía. Hasta el 5 de septiembre de 1797 no fueron aprobadas por la autoridad eclesiástica de Toledo, con firma del cardenal Lorenzana, las ordenanzas que habrían de regir la cofradía con título de Ntra. Sra. de las Mercedes de Villaseca de la Sagra [Archivo Diocesano de Toledo -ADT-, Cofradías de Toledo, Expte. 42], ordenanzas donde se dice ser la imagen “que se venera en la capilla mayor de dicha iglesia parrroquial”, es decir, en el colateral del Evangelio, donde hoy vuelve a estar.
Detalle Ntra. Sra. de las Mercedes con el Niño Jesús. Villaseca de la Sagra
    Aunque la fecha de este formalismo es tardía no quiere decir que la cofradía no estuviera ya conformándose con anterioridad, a partir del legado de doña Ventura y así lo atestigua el “Libro de Ntra. Señora de las Mercedes de las cuentas y memorias año de 1724. Dña. Bentura del Castillo”, que se extiende hasta el año 1817 y que se conserva en el Archivo Parroquial de Villaseca de la Sagra. Eso sí, con un segundo libro correspondiente al año de la fundación de la cofradía, desde 1797 a 1874, también conservado en el mismo archivo, que confirma la perpetuidad que se quiso dar a este culto por parte de los villasecanos. Aquí se contiene la lista de los 150 hermanos fundadores, asientos de nuevos cofrades, cabildos, visitas eclesiásticas, cuentas y copia de las ordenanzas.
El ajuar de la cofradía, exhibido en las celebraciones del 15 de agosto, consiste en un estandarte de seda con medallón bordado en oro que muestra a la Virgen de las Mercedes con el Niño y dos cautivos a sus pies rematado en los ángulos por cuatro ramos también bordados. Por detrás luce el escudo de la Orden de la Merced. Puede catalogarse como pieza textil de principios del siglo XIX. 
    Esta orden religiosa es de origen medieval y surgió para conseguir liberar a los cautivos cristianos que caían en manos de los piratas berberiscos que surcaban el mar Mediterráneo y atacaban las costas o abordaban los navíos para obtener botín y prisioneros por los que pedir un rescate.
Estandarte de Ntra. Sra. de las Mercedes. Villaseca de la Sagra













Estandarte de Ntra. Sra. de las Mercedes, s. XIX.

    Sin documentar en los libros de la cofradía de las Mercedes, también pertenecen a la misma dos cetros de plata, obra del primer tercio del siglo XIX, según se desprende de las marcas de platería que aparecen en distintos puntos de las piezas. Éstas identifican el año de 1830, el lugar Toledo, el platero Justo Gamero y el tasador de platería Antonio M. García. Ambos cetros se clasifican dentro de un estilo depurado neoclasicista de sencillo diseño. Objetos de orfebrería fabricados con técnicas de cincelado, troquelado, fundición y torneado en sus diferentes elementos.




Cetros de Ntra. Sra. de las Mercedes. Platería toledana, primer tercio s. XIX.