La Virgen de las Mercedes de Villaseca de la Sagra: el origen de una devoción y la belleza de una imagen.
Mote tan popular responde a que en Villaseca la “Virgen Grande” es sin duda Ntra. Sra. de las Angustias, excelsa patrona de la villa, que se celebra en septiembre, el día 8 en la festividad litúrgica de la Natividad de la Virgen.
En otros tiempos las devociones nacían por voluntad de los feligreses y el cariño y fervor profesado hacia ciertas imágenes de la Virgen y de Cristo o de santos y santas del santoral cristiano. Pero en otros casos la implantación de un culto provenía de los deseos personales de alguna persona cuyo estatus social le permitía aplicar su patrimonio en obras piadosas y, por qué no, en sustentar devoción, misas y fiestas religiosas a su costa.
A diferencia de otras cofradías y cultos establecidos en Villaseca de la Sagra, algunos arraigados en el siglo XVI y con la Virgen por objeto (Rosario, del Carmen, de la Cabeza, de las Angustias), la devoción de los villasecanos por la Virgen de las Mercedes data sólo de hace unos trescientos años más o menos. Nos estamos remontando a principios del siglo XVIII para encontrar el origen de su culto instalado en la iglesia parroquial de Santa Leocadia.
“Declaro que yo he tenido y tengo particular afecto y devoción a la imagen de Ntra. Sª de las Mercedes, en cuyo día he procurado todos los años que he podido hacer la fiesta a su Divina Majestad con sus vísperas y misa cantada con diáconos; y porque no cese esta obra tan del agrado de Dios, dejo ordenado por el referido memorial se haga esta fiesta todos los años con la renta de una casa que tengo en esta villa, que dejo vinculada para ello como en dicho memorial consta a que me remito. Por cuya razón, quiero y ordeno, y mando que la cantidad de maravedíes que pareciere deberme el Marqués de Montemayor mi señor, señor de esta villa, se cobre buenamente como su señoría lo pudiese pagar sin que se le moleste, ni apremie para ello por mis herederos ni por otra ninguna persona, ni juez eclesiástico ni secular, mediante hallarse su señoría con muchos empeños y atrasos en su mayorazgo. Y todo aquello que su señoría fuere pagando en la forma que llevo dicho, entre en poder del teniente cura que es o fuere de la parroquial de esta villa, el cual lo gaste, convierta y distribuya en culto y obsequio de Ntra. Sra. de las Mercedes, como le pareciere a su arbitrio, haciendo una imagen de talla o pintura con su marco decente y colocarla en parte que le pareciere de dicha iglesia donde esté con toda veneración, de cuya distribución no se le pida cuenta a dicho teniente cura. Mediante lo cual pido encargo y ruego con toda veneración a dicho Sr. Marqués de Montemayor, mi señor, se anime y esfuerce todo lo posible al ir dando satisfacción de este débito en la mejor forma que pueda, por dejarle como dejo aplicado a esta obra tan pía y del servicio de Dios Ntro. Sr. y obsequio de su Madre Ssma. de las Mercedes”
¿Cómo se fue realizando este compromiso? Con evidente dilación en el tiempo pues la deuda tardaba en cobrarse. En 1748 comparece el entonces teniente cura de la parroquia don Roque de la Plaza Serrano en nombre de la testamentaría de doña Ventura del Castillo y en razón del cumplimiento de la memoria fundada a favor de Ntra. Sra. de las Mercedes, y declara haber recibido de la Marquesa de Montemayor, viuda de don Manuel de Silva, doña Ana López de Ayala Velasco y Cárdenas, 41.211 reales y 10 maravedíes de lo que le adeudaba a doña Ventura el difunto marqués [“Carta de pago”. AHPT-, Pr. 7820 (año 1748), fol. 33, escr. José Arellano Vázquez]. Con ello se podían cubrir los primeros gastos e invertirlos en la generosa empresa de adorar a la Virgen María.
Con los antecedentes expuestos aquí hay que decir que la devoción a Ntra. Sra. de las Mercedes en Villaseca de la Sagra proviene de la veneración local de Huete hacia esta patrona de la Orden de la Merced cuyo monumental monasterio tuvo un gran renombre y que desacralizado es actualmente sede cultural y museística de aquella villa conquense, quedando la iglesia como templo parroquial.
La feliz idea de invertir parte de aquella deuda en realizar una imagen de talla de Nuestra Señora se fraguó ya antes de 1747, aun cuando no estaba satisfecha la deuda, pero estaba decidido encargar una imagen de talla [APVS, Libro 1º (1724-1817), visita 1747]. Se recurrió para su ejecución al escultor de Madrid Juan Pascual, como le nombra el documento, a quien se le pagó por recibo de 14 de agosto de 1747 los 1.500 reales que costó su hechura trayéndose desde el taller de Madrid junto a unas andas nuevas. En satisfacción se le hizo un regalo, que no se nos dice, al artífice.
En tiempos posteriores la imagen ha tenido ciertas restauraciones. La más temprana en 1837, cuando se llevó a Magán al taller de don Ramón García, pintor, tallista y dorador, para hacer ciertos retoques que costaron 400 reales [APVS, Libro 2º (1797-1874), visita 1737]. Si la imagen se procesionaba sobre aquellas primeras andas ya a mediados del siglo XIX se nos indican unos gastos por la compostura del carro, lo que parece sugerir que tuvo ya carroza, quizás la que hoy existe, bellamente adornada por el baldaquino de columnas pareadas bajo el que luce dignamente la imagen en las procesiones.
Tras la Guerra Civil la imagen pudo haber sufrido notables daños, pero fue recuperada en su integridad, aunque los arreglos realizados, que desconocemos en qué consistieron, costaron 25.000 pesetas, un alto precio para entonces, sin saber si en función de su daño o en función de la calidad del trabajo que se hizo, sin que sepamos quién lo llevó a cabo y, como fue costumbre en aquellos años con otras imágenes recuperadas, siendo una familia la que sufragó su total reparación. Es muy posible que de esta intervención derive su aspecto actual y su repintado blanco. Recientemente, en 2014, se actuó sobre la imagen para proceder únicamente a su limpieza y hacer pequeñas reintegraciones, al no ser posible sacar la policromía original, que dejan la talla en el aspecto que hemos conocido “desde siempre”, sin alteraciones apreciables salvo en la peana donde sí se pudo recuperar parte de una policromía, pero que no era la original.
Una hermosa obra de arte que es el único y certero testimonio en su villa natal que consta salido de las gubias del prestigioso escultor del siglo XVIII Juan Pascual de Mena.
La imagen tuvo un retablo. Antes de llegar la imagen al pueblo, en la visita eclesiástica de 1744 ya se decían preparadas las trazas para hacer un retablo a Ntra. Sra. de las Mercedes, que se dice que está colocada a los pies de la iglesia en el sitio inmediato al altar de Ntra. Sra. de la Cabeza, al final de la nave de la torre. El contrato de ejecución se había firmado en 12 de enero de 1743 con los artistas toledanos Fernando del Amo y Diego de Céspedes, maestros de arquitectura en precio de 3.500 reales para realizarlo sólo en madera [APVS, Libro 1º (1724-1817), visita 1744]. En 1751 se acusan los gastos del consiguiente dorado del retablo realizado por Manuel Domínguez y Crisógono García, doradores y pintores de la ciudad de Toledo [APVS, Libro 1º (1724-1817), visitas 1749 y 1751].
Es decir, este retablo se terminó de labrar y dorar en 1747 y estuvo preparado para la entronización de la talla que habría de traerse de Madrid en ese mismo año. El día de la colocación de la imagen en su altar y retablo hubo gran fiesta con sermón, música, danzas, pólvora y tamboril, según recogen los datos de la correspondiente visita eclesiástica.
Más adelante, se haría una nueva mesa de altar en 1817 por el maestro carpintero José Díaz Alonso, vecino de Villaseca, aunque luego su dorado lo realizaría un maestro dorador de Toledo del que no nos ha llegado su nombre [APVS, Libro 2º (1797-1874), visita 1817]; quizás se debiera a iniciativa de don Manuel Fernández Molina, Juez subdelegado de la Real Acequia de Jarama, quien en su testamento de 1803 había aplicado unos 500 reales de su peculio para ayudar a hacer una mesa de altar a Ntra. Sra. de las Mercedes ["Testamento otorgado por D. Manuel Fernández Molina". AHPT, Pr. 7835, fol. 29, escr. Francisco Moreno Díaz].
Dañado el retablo en 1936 y desaparecidos sus restos en 1972, la imagen de Ntra. Sra. de las Mercedes ha recuperado el colateral izquierdo inmediato al altar mayor, colateral del Evangelio, entronizada en nuevo retablo de pared realizado en 2014 por Talleres de Arte Granda.
La imagen tuvo una cofradía. Hasta el 5 de septiembre de 1797 no fueron aprobadas por la autoridad eclesiástica de Toledo, con firma del cardenal Lorenzana, las ordenanzas que habrían de regir la cofradía con título de Ntra. Sra. de las Mercedes de Villaseca de la Sagra [Archivo Diocesano de Toledo -ADT-, Cofradías de Toledo, Expte. 42], ordenanzas donde se dice ser la imagen “que se venera en la capilla mayor de dicha iglesia parrroquial”, es decir, en el colateral del Evangelio, donde hoy vuelve a estar.
El ajuar de la cofradía, exhibido en las celebraciones del 15 de agosto, consiste en un estandarte de seda con medallón bordado en oro que muestra a la Virgen de las Mercedes con el Niño y dos cautivos a sus pies rematado en los ángulos por cuatro ramos también bordados. Por detrás luce el escudo de la Orden de la Merced. Puede catalogarse como pieza textil de principios del siglo XIX.
Esta orden religiosa es de origen medieval y surgió para conseguir liberar a los cautivos cristianos que caían en manos de los piratas berberiscos que surcaban el mar Mediterráneo y atacaban las costas o abordaban los navíos para obtener botín y prisioneros por los que pedir un rescate.






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