A DEVOCIÓN DE NTRA. SRA. DE LAS ANGUSTIAS, TRES PLANCHAS DEL SIGLO XVIII PARA GRABADO.
Antonio J. Díaz F.
Dr. en Historia del Arte
A finales de 2012 el entonces párroco de Santa Leocadia de Villaseca de la Sagra, don Andrés Francisco Peña Macías, dispuso la recuperación de ciertos objetos que se hallaban arrinconados en desvanes de la iglesia por resultar ya inservibles o sin función litúrgica alguna. Y no carentes de interés histórico, artístico y etnográfico, quiso recogerlos para memoria del pasado de la parroquia. Se dirigió a mí como un colaborador forzoso para organizar una especie de museo parroquial donde crear un espacio de identidad cultural al que denominó Memoria de la fe, con la misión de catalogar con cierto rigor y criterio técnico las diversas piezas expuestas en sus vitrinas. El pequeño “Museo” se inauguró oficialmente el 13 de julio de 2013, con algunas piezas que se encontraban todavía pendientes de clasificar. En esta labor personal fue gratificante ver el que se hubieran encontrado tres valiosas planchas metálicas para producir estampas de Ntra. Sra. de las Angustias, que me sugirieron de inmediato el poder estudiarlas desde el punto de vista histórico-artístico.
Así pues, en Villaseca de la Sagra y desde 2013 se exhiben en vitrinas del pequeño museo parroquial instalado en el coro alto de la iglesia barroca de Santa Leocadia tres placas de cobre para grabado pertenecientes al siglo XVIII en las que se representa a Ntra. Sra. de las Angustias, excelsa patrona de la villa, cuyo santuario se encuentra extramuros en la antigua ermita de la Vera Cruz (fig. 1).
Fig. 1. Tres planchas para grabado, s. XVIII.
Iglesia parroquial de Santa Leocadia, Villaseca de la Sagra.
Son tres piezas excepcionales pues resulta más fácil encontrar las estampas impresas antes que topar con las matrices de imprenta. En este caso existe la paradoja de haberse conservado afortunadamente las planchas originales, nada menos que tres, y no tanto las estampas que se produjeron en los talleres de estampación.
Toda plancha se trabaja ofreciendo la imagen del revés, es decir, como si fuera el espejo de la imagen definitiva que es la que tiene que obtenerse al imprimir o entintar el papel. Hablamos como de un negativo (que es la plancha metálica) y un positivo (que es la estampa en papel).
Antes, conviene resumir en qué consiste la técnica del grabado a buril, que es el tipo calcográfico o estampación en hueco, al que obedecen estas tres planchas. Se cuenta primero con un dibujo a lápiz de la imagen que se quiere reproducir. Este dibujo es el que se copia sobre la plancha. El trabajo de diseño se hace sobre una lámina de metal, preferentemente de cobre batido como es el caso, en la que el artífice grabador incide con un instrumento o herramienta llamado buril, del que se dispone con varios acabados de punta, a fin de ir abriendo los surcos que van formando las líneas del referido dibujo, definiendo los perfiles más o menos marcados y aquellos efectos como sombras o gradaciones que han de quedar bien plasmados y diferenciados por zonas en la estampa final. Estos surcos o incisiones de distintas magnitud y profundidad retendrán la tinta que sobre la plancha se extienda. De este modo, mediante una prensa de imprenta se podrá ir sacando el papel grabado y en el que se apreciarán las distintas calidades del dibujo configurando el grabado definitivo, del que se podrán hacer bastantes copias en una tirada con la misma imagen varias veces. En la estampa religiosa este método de reproducción suponía la profusión de imágenes de culto y la fácil difusión entre los numerosos devotos de cofradías y feligresías.
En estas tres planchas originales conservadas en la parroquia de Villaseca tenemos la obra que el grabador ha manejado y trabajado con sus propias manos y en la que ha dejado toda su pericia y habilidad. Es la obra artística que sale directamente de la mano del artista y en la que deja su personal impronta al interpretar más o menos correctamente el dibujo de partida. Por ello, estas tres planchas adquieren el valor de originales al igual que consideramos una pintura, una escultura, una cerámica, etc.
Es una gran suerte que las tres planchas quedaran, en definitiva, en propiedad de la parroquia a través sin duda de la hermandad de las Angustias, quien fomentó su fervor religioso.
Con el fin de hacer más reconocibles las figuras y textos que constituyen cada uno de los grabados hemos ofrecido la plancha original en foto a color y junto a ella la misma plancha, invertida y en blanco y negro, simulando una hipotética estampa resultado de la impresión en papel. Lo exponemos así sólo en el caso de las dos primeras planchas, de las que carecemos por el momento de estampa original, aunque confiamos en que se dé la sorpresa de que aparezcan algún día.
A/ La primera plancha por orden cronológico es la de menores dimensiones (apenas el tamaño de una postal) y data concretamente de 1750 (fig. 2). La imagen de la Piedad, con advocación de las Angustias en Villaseca de la Sagra, se sitúa frontalmente sobre un suelo natural y al pie de una cruz plana de madera. De este modo la estampa viene a reproducir fielmente la imagen de talla que preside la ermita de Ntra. Sra. de las Angustias desde al menos 1729. Pero la imagen del grabado se anima pictóricamente con un fondo imaginado donde se vislumbra a un lado un sitio como una pequeña ciudad amurallada y al otro un alto risco coronado por un castillo. Y ocupando el cuarto inferior de toda la superficie se inscribe una leyenda sobre cuatro líneas y en la inferior la firma del artista:
Nª Sº D LAS ANGVSTIAS D VILLA SECA D LA
Sagra prodigiosa en milagros y libra de peligros de los
Caminos. La dedª el S. D. Franº Florin del Cerro a la Srª
Dª Mariana d Urieta Ferz. d Linares. aº de 1750.
Andrade Sculp.
En general, el dibujo se muestra bastante nítido y es sencillo en su composición sin apenas elementos sobresalientes en la representación, ciñéndose al grupo formado por las figuras y la cruz que lo respalda, un paisaje bajo y exiguo y un celaje neutro y monótono.
Fig. 2. Cobre fechado en 1750 (y la supuesta estampa derivada
de su impresión).
El interés también está en los datos concretos que aparecen consignados en esta dedicatoria de carácter privativo y de intención piadosa entre particulares, conociendo la identidad de ambos nombres. De don Francisco Florín del Cerro, que por sus apellidos es persona vinculada a esta villa, se conoce su condición de hijo de familia noble, en realidad, un hijo natural, no legítimo, de don Nicolás de Silva Folch de Cardona (hermano del VII Marqués de Montemayor don Manuel de Silva y Ribera), del que fue único y universal heredero, puesto que su padre había tomado los votos sacerdotales llegando a ser capellán Mayor del Real Convento de la Encarnación de Madrid, Abad Mayor de San Salvador de Jerez de la Frontera (sólo hasta 1752) y Sumiller de Cortina de S. M., todo un personaje de alta alcurnia perteneciente al alto estado eclesiástico. A este Francisco Florín el nuevo Marqués Montemayor don José de Baeza Vicentelo, Marqués de Castromonte, le reclamará en 1766 la entrega de los libros maestros e inventarios de papeles concernientes al Mayorazgo de Montemayor y sus agregados que permanecían en su posesión por razones de herencia y que deberían pasar al nuevo propietario del mayorazgo [Archivo Histórico Nacional -AHN-, Archivo de la Nobleza, BAENA, C.35, D.4-9. Correspondencia remitida por Máximo Rama Palomino en nombre de José Baeza Vicentelo, VI marqués de Castromonte, y dirigida a Francisco Florín relativa a la entrega de ciertos inventarios, libros becerros y documentos de la administración del marquesado de Montemayor].
Todo en razón del litigio mantenido por la sucesión y traspaso del mayorazgo desde 1751 con el citado don Nicolás, último administrador de las posesiones del linaje de los Silva y Ribera, extinguido a la muerte sin descendencia de su sobrina doña Teresa de Silva y Folch de Cardona Ribera (†1751) en la corte austriaca de Viena. Francisco Florín, en su condición de hijo ilegítimo no podía detentar ninguna propiedad vinculada al marquesado de Montemayor ni considerarse heredero de los Silva y Ribera, puesto que era, en términos legales, un bastardo sin derechos de sucesión.
De igual modo, de doña Mariana de Urieta Fernández de Linares sabemos su relación con Francisco Florín, tratándose de su esposa, hija de don Francisco Urrieta, mayordomo que había sido de la casa y estados de los Marqueses de Montemayor, al servicio del citado don Nicolás de Silva. Todo esto se deduce igualmente del aludido pleito abierto con el nuevo poseedor el Marqués de Castromonte. El apellido Urieta o Urrieta nos desvela una procedencia de la hidalguía vizcaína.
B/ La segunda plancha sitúa la imagen mariana igualmente de frente sobre un cuidado trono de pequeño remate abalaustrado y delante de una cruz más adornada en sus extremos, lo que se podría interpretar como una canastilla de madera que soporta el grupo escultórico. Todo bajo un marco arquitectónico clásico consistente en un arco de medio punto moldurado sobre dos pilastras cajeadas de orden dórico. Como si la imagen se viese en la hornacina de un retablo componiendo así una hoja grabada de tamaño intermedio (fig. 3).
No figura fecha declarada y entre tornapuntas de bella línea barroca se abre una cartela con el anagrama de María incluyendo la siguiente leyenda escrita en seis líneas, más la firma del autor:
Nª Sª DE LAS ANGVSTIAS COMO SE VE
nera en Villa-seca de la Sagra p. quien obra D[io]s infini
tos milagros. El Emmº Sr. Cardl. Solis conc. 100 ds.
d Yndulgª rezando un Ave Maria ò Salbe
ante esta Stª Imagn y el Emmº. Sr. Arzpº. de
Toledo 80 ds. Rezando un ave maria.
Jh Andrade f.
Resulta apreciable la mayor calidad técnica de esta plancha. En ella se hace evidente la más cuidada delineación y modelado de las figuras, fundidas en ese esquema triangular característico, resultando sencillo el marco, pero efectivo y sobrio en sus líneas; contribuyendo a la belleza del conjunto el dinámico adorno de la cartela al pie, que le da esa gracia que tiene todo ornamento barroco.
Fig. 3. Cobre, h. 1760 (y la supuesta estampa derivada de su impresión).
Consideramos estas dos primeras planchas relacionadas con un mismo nombre, el que figura en ambas, José Andrade, su grabador. En la primera plancha firma con solo el apellido y su condición de "sculptor" (o grabador) y en la segunda introduce el nombre de pila en forma abreviada como “Jh” que significa en la grafía de la época Joseph y añade la f del latín "fecit" (en castellano, hizo).
Se trata del grabador a buril José Andrade que trabaja para las imprentas madrileñas de la época con láminas para ilustrar libros ya desde 1715 hasta 1766, fechas de algunos de sus trabajos documentados. Entre su producción destacan también las estampas religiosas y a su catálogo podemos añadir estos dos grabados dedicados a la Virgen de las Angustias de Villaseca de la Sagra, realizados en un estilo bien distinto entre ambos, pero de mayor perfección en la segunda de las planchas.
C/ Superando en tamaño a las anteriores, la tercera de las planchas presenta un grueso marco rectilíneo y muestra la efigie de Nuestra Señora sobre un suelo natural en el que se ven a sus pies los tres clavos y la corona de espinas, atributos de la Pasión de Cristo, su Hijo al que sostiene en sus brazos. Por detrás, rompiendo la frontalidad, se sitúa el sepulcro en perspectiva diagonal al igual que la cruz plana cerrando un lateral. Arriba en el ángulo superior, dos cabezas de querubines contrapesan la escena, a modo de escena pictórica.
La leyenda figura al pie en un zócalo recuadrado en el que se muestra en trampantojo simulando un papel o tela clavada. Toda esta composición se comprende dentro de un marco de líneas ortogonales (fig. 4).
Fig. 4. Cobre de Juan F. Palomino, h. 1770.
La leyenda repite la fórmula bien conocida que dice:
MARIA SS. DE LAS ANGUSTIAS
Que se venera en la Villa de Villaseca de la Sagra por quien
obra Dios infinitos milagros.
El Emmº S. Cardl. Solis concede cien días de indulgª rezando un
Ave Maria o Salve ante esta Stª Imagen. Y el Exmo. S. Arzbpo.
De Toledo Ochenta rezando un Ave Maria.
Ya en el borde inferior fuera de la propia representación aparece en cursiva la firma del autor que dice : “Gravada pr. Juan Fernando Palomino”.
Juan Fernando Palomino (†1793) es el grabador ligado a la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid.
En este caso sí podemos contemplar la estampa tal y como se obtuvo de la impresión, posiblemente sobre la placa aquí mostrada. El ejemplar en papel se conserva en los fondos de la Calcografía Nacional y recrea la efigie de nuestra venerada imagen (fig. 5).

Fig. 5. Ntra. Sra. de las Angustias, venerada en Villaseca de la Sagra.
Calcografía Nacional, nº inv. AC-00800. Juan Fernando Palomino.
Colección Antonio Correa (Academia Colecciones. https://www.academiacolecciones.com/estampas/inventario.php?id=AC-00800)
Al observar en este grabado el resultado de la estampación se puede constatar la gran calidad del trabajo previo realizado a buril sobre la plancha. El artista ha expresado con hábil técnica en los trazos un dibujo preciso en todos sus pormenores, en el modelado de las figuras y en los sutiles efectos de una luz celestial blanca que desciende en rayos sobre María y su Hijo, en esa bella composición piramidal que tiene el grupo escultórico en el que se inspira.
Para datar tanto esta estampa de Palomino como la anterior de Andrade, puesto que llevan idéntica leyenda, atendiendo al dato de la concesión de indulgencias, se concluye que ambas estampas se realizan durante el cardenalato de don Francisco de Solís y Folch de Cardona (Madrid, 1713-Roma, 1775), nombrado cardenal (cardenal Solís) en 1756 por el papa Benedicto XIV, cuando era arzobispo de Sevilla.
Por su parte, el arzobispo toledano que coincide con este periodo del segundo cuarto del siglo XVIII no es otro que don Luis Antonio Fernández de Córdoba, cardenal Portocarrero, que desempeñó su prelatura en la sede primada entre 1754 y 1771.
Por tanto, las tres planchas se sitúan en ese periodo desde 1750, fecha señalada en una de ellas, hasta 1760 y 1770, para el caso de las otras dos aquí estudiadas. De las dos estampas de José Andrade no hay constancia en los catálogos de su obra, por lo que las aquí presentadas son inéditas en la producción de este grabador. Afortunadamente, la de Juan F. Palomino está ya registrada en su repertorio de estampas religiosas.
Ciertamente, nos parece extraño que en poco menos de veinticinco años, de 1750 a 1775 se hubiesen sucedido tres encargos de estampas dedicadas a Ntra. Sra. de las Angustias, cuando una plancha permitía sacar una tirada inicial de máxima calidad y solía servir para tiradas posteriores durante mucho tiempo hasta que la plancha original dejaba de ser útil por desgaste.
Lo cierto es que en los libros de la cofradía no se recogen alusiones a gastos en estampas durante esos años por lo que parece que estas tres planchas se costearon al margen de la hermandad de las Angustias y por iniciativa de particulares. Lo que sí está demostrado en el caso de la primera plancha de 1750, dedicada por don Francisco Florín y ofrecida a su esposa.
Únicamente la cofradía señala en cuentas de 1690 el gasto en estampas de la Virgen de las Angustias [Archivo Parroquial de Villaseca de la Sagra -APVS-, Libro I de la Cofradía de la Sta. Vera Cruz (1690-1724)]. Pero lo cierto es que estas estampas estarían representando una imagen anterior de la Virgen de las Angustias, pues sabemos de la realización de una nueva efigie, la actual, en torno a 1729, cuando se constituye canónicamente la cofradía de Ntra. Sra. de las Angustias, y cuando pasa a ocupar el altar mayor de la ermita de la Vera Cruz como titular de la misma y patrona de Villaseca de la Sagra, acompañada de las imágenes del Cristo a la columna y del Cristo con la cruz a cuestas, ligadas a su cofradía.
Es posible que la 23ª y última de las ordenanzas presentadas en 1729 para su aprobación canónica [“Presentación a aprobación de las ordenanzas de Ntra. Sra. de las Angustias”. Archivo Diocesano de Toledo -ADT-, Cofradías de Toledo, Legajo 45, Expte. 43, año 1729] avisara del propósito de abrir estampas de la nueva imagen con encargo a un hermano fraile :
Iten. Hordenamos, respecto de estar empeñada la lamina de Nra. Srª. de las Angustias, y haver corrido por qtª. del Pe. Fray Sebastian del Ssmo. Sacrtº. y hermano de dha hermandad su desempeño y abrimiento, que las estampas que se tiraren se repartan y el dinero de limosnas entre en el arca.
No parece se hicieran de inmediato aquellas láminas encargadas al citado fraile para dar difusión a la imagen de las Angustias.
Esta imagen de la Virgen María sosteniendo en sus brazos el cuerpo del Hijo muerto se nos presenta como una obra escultórica de gran belleza y dramatismo y es a la que se someten los dibujos de las tres estampas vistas aquí.
La imagen, policromada y de bulto, se regala o adquiere en torno al año 1729, sin que se conozcan más datos sobre su encargo, ni el escultor que la talló ni otras circunstancias que aclaren la incógnita de su aparición gozosa en esta villa (fig. 6).
Indudablemente, siempre se ha barajado la posibilidad de que su autor fuera el hijo natural de Villaseca de la Sagra Juan Pascual de Mena (1707-1784), el brillante escultor y académico que desempeñó su carrera artística en Madrid como profesor de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, y de quien sí podemos afirmar es la bella imagen de Ntra. Sra. de las Mercedes de la iglesia parroquial.
En 1729 Pascual de Mena tendría 22 años, los suficientes para haber adquirido una formación artística en el ámbito de la escultura cortesana y madrileña y con los escultores franceses que acudieron a La Granja de San Ildefonso, donde es posible que perfeccionara el oficio. El hecho es que él ya estaba en Madrid poco antes de 1730, año en que contraía matrimonio en la iglesia de San Lorenzo de la Corte [DÍAZ FERNÁNDEZ, Antonio J.: "Notas para la biografía del escultor Juan Pascual de Mena", Boletín del Seminario de Estudios de Arte y Arqueología de Valladolid, 52, 1986, pp. 501-508. Se puede consultar en este enlace https://www.academia.edu/110826966/Notas_para_la_biograf%C3%ADa_del_escultor_Juan_Pascual_de_Mena].

Fig. 6. Imagen policromada de Ntra. Sra. de las Angustias, sin vestir.
Talla anónima de hacia 1729.
Por otra parte, no deberíamos descartar una posible e inevitable coincidencia y trato de los dos artistas grabadores, Andrade y Palomino, con el escultor Juan Pascual de Mena, porque todos ellos estaban vinculados a la Real Academia de San Fernando de Madrid y frecuentaban los mismos ambientes artísticos. Además, alguien hubo de proporcionar los dibujos de la Virgen para poder grabar las planchas.
De momento, aquí está consignada la existencia de tres planchas para grabado y estampa de la Virgen de las Angustias, que son tres objetos artísticos que corresponden a la segunda mitad del s. XVIII, cuando su culto estaba en pleno auge.



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