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martes, 24 de junio de 2025

La custodia procesional de Villaseca de la Sagra para el Corpus Christi

LA CUSTODIA PROCESIONAL DE VILLASECA DE LA SAGRA PARA EL CORPUS CHRISTI

Custodia procesional. Villaseca de la SagraAntonio J. Díaz Fdez.
Dr. en Historia del Arte

        Con esta contribución histórica sobre la custodia procesional de la parroquia de Villaseca de la Sagra pretendo revelar unos datos hasta ahora inéditos sobre su verdadera autoría y la fecha posible de su realización. Podemos hablar de un redescubrimiento de la autenticidad de esta pieza de orfebrería que forma parte del tesoro parroquial de este pueblo.

Partimos del hecho de que la custodia procesional de Villaseca de la Sagra es ante todo un objeto de máxima importancia litúrgica por su significado y simbolismo eucarístico dentro de las ceremonias de la religión católica. Es un objeto imprescindible dentro del ajuar de una iglesia por su necesaria función en el culto y la celebración del día del Corpus Christi.
Pero también es posible contemplarlo como un rico objeto material, valioso en sí mismo y bello desde el punto de vista artístico. Pertenece a la categoría de arte sacro. 

Así dicho, una custodia procesional es un bien cultural y patrimonial de carácter religioso que representa parte de la historia de una comunidad y nos compromete a su conservación. No deja de ser un vínculo de los muchos que nos unen con nuestro pasado común.

UNOS PRIMEROS DATOS.
    Los primeros datos que hablan de esta custodia de Villaseca los proporcionan historiadores toledanos. Primero, en el Catálogo Monumental de la Provincia de Toledo, que realizó el erudito don Jerónimo López de Ayala, Conde de Cedillo, muy a principios del siglo XX, y que fue publicado ya en 1959 por la Diputación Provincial de Toledo. En la relación de obras de arte apreciadas en Villaseca de la Sagra menciona en la iglesia parroquial únicamente la custodia procesional. Como gran conocedor del arte toledano, la describe y la cataloga con estas precisas palabras: 
“custodia de plata dorada, adornada con algunos esmaltes azules. Sobre una base rectangular, un tallo sostiene dos templetes, sobrepuesto uno a otro, el más alto de los cuales remata en cúpula superada por una cruz. Forman cada templete ocho columnas toscanas y cuatro arcos de medio punto. Decoran el más inferior de los dos, destinado a contener el santísimo Sacramento, cuatro figuras, en los ángulos, que representan a los Evangelistas, y ocho colgantes campanillas. Cobija el templete de arriba una efigie de la mártir Sta. Leocadia, titular de la parroquia, exornando los ángulos otras cuatro más pequeñas estatuillas en que se figuran Doctores de la Iglesia.
Alto, 0,95 m
Ancho, 0,30 m
Orfebrería. Renacimiento. Arte greco-romano. Siglo XVII”

Tras este breve apunte objetivo sobre la obra, la valoración personal que hace el historiador trata de situarla en su época artística y expone que es:
“Pieza de arte regular, si bien tiene cierta grandiosidad de conjunto. Pesa veinte y ocho libras. Probablemente labró esta custodia en el primer tercio del siglo XVII el platero toledano Juan de San Martín, de quien se sabe que por los años de 1625 hizo para la misma iglesia una cruz del propio estilo, que también allí se conserva” 

Sin duda, la apreciación que hace el Conde de Cedillo a la hora de datar y asignar un autor para esta custodia de asiento partía de un dato conocido como era la atribución al platero toledano Juan de San Martín de la cruz parroquial de plata, de modo que en el libro de otro historiador titulado Estudio sobre la historia de la orfebrería toledana (1915), se dice de la custodia de Villaseca:
"bien original, porque de la peana arranca un tallo y sobre él se elevan dos cuerpos de arquitectura toscana, terminados por una cruz. La avaloran las estatuas de los evangelistas, cuatro doctores y Santa Leocadia. Se hizo en 1625, y no consta la fecha de la Cruz procesional de la misma iglesia, que es también obra suya"

Desde entonces el dato del Conde de Cedillo ha sido siempre una fuente fiable para documentar la obra artística que es la custodia procesional de Villaseca de la Sagra, afortunadamente bien conservada, pero mal atribuida al platero toledano Juan de San Martín. Pero, de todas formas, el estilo inequívoco de la custodia dejaba ver su pertenencia al primer tercio del siglo XVII.

Tal era su importancia que en 1926 la custodia de Villaseca viajó a la ciudad de Toledo para la Exposición Eucarística Diocesana, donde pudo ser contemplada en toda su belleza, junto a otras custodias clasificadas como “arquitectónicas”, por sus similares características, en el Salón de los Concilios del Palacio Arzobispal de Toledo. Exposición que se celebró durante el III Congreso Eucarístico Nacional convocado por el cardenal primado Reig y Casanova [información en El Castellano, 16-11-1926].

REVISIÓN Y NUEVOS DATOS.
    Pero el examen por nuestra parte de cierta documentación hace discutible la formulación del Conde de Cedillo sobre su supuesto autor y hemos de confirmar que la custodia de plata de la iglesia parroquial de Santa Leocadia de Villaseca de la Sagra ha de ser considerada obra del platero toledano Vicente Salinas.

Esto nos consta a través de dos documentos protocolizados en la ciudad de Toledo en los que aparece el nombre de Felipa de Carcaba, viuda del platero Vicente Salinas, como perceptora de unos pagos que han de hacer los mayordomos del Santísimo Sacramento de Villaseca en concepto de la hechura de una custodia de plata. Esto se reconoce a partir de 1643. Y estas son las dos escrituras de referencia:

1.- La otorgada en 2 de junio de 1643, por Mateo López, Juan de Ribas, Gregorio de Ortega y Simón Ordoñez, vecinos de Villaseca de la Sagra, obligándose en favor de doña Felipa de Carcaba, viuda del platero Vicente Salinas, a pagarla 1.690 reales de plata en razón:
 "de la hechura de una custodia de plata dorada que les ha vendido y entregado para la iglesia de la dicha villa de peso de cuarenta y nueve marcos, una onza y seis ochavos de plata, que a razón de sesenta y cinco reales el marco monta tres mil ciento y noventa y nueve reales de plata", y la dicha señora recibe y se da por satisfecha de los mismos [Fuente: Archivo Histórico Provincial de Toledo (AHPT), Protocolo (Pr.) 3412, fol. 591, escribano Eugenio de Valladolid]. Los 1.690 reales de plata equivalían en realidad a unos 4.225 reales de vellón o corrientes.

2.- Al cabo de un año, la otorgada en 24 de mayo de 1644, compareciendo Simón Ordoñez y Gregorio de Ortega, vecinos de Villaseca de la Sagra, en nombre de Mateo López y Juan de Ribas, mayordomos que fueron los cuatro del Santísimo Sacramento de la parroquial de Santa Leocadia de la dicha villa en el año pasado de 1643, quienes declaran:
"que es así que doña Felipa de Carcaba, viuda de Vicente de Salinas, platero de la santa iglesia de esta ciudad, se encargó y obligó de hacer una custodia de plata dorada para la dicha iglesia, de peso de cuarenta y nueve marcos una onza y seis ochavos de plata que a razón de a sesenta y cinco reales el marco montan tres mil ciento y noventa reales de plata, lo cual entregaron en propia especie y se obligaron a pagarla mil seiscientos y noventa reales de vellón por razón de la hechura como se contiene y declara en la escritura que sobre ella otorgaron ante mi el presente escribano en dos de junio del año pasado de mil y seiscientos y cuarenta y tres y no obstante que la recibieron y saco a su parte y poder hecha en toda perfección como se declara en la dicha escritura que queda relacionada se quedó en poder de la dicha doña Felipa en prendas hasta la paga de la dicha hechura la cual le han hecho" y manifiestan haber recibido la custodia y doña Felipa darse por entregada de los 1.690 reales restantes [AHPT, Pr. 3412, fol. 985, Eugenio de Valladolid].

De lo anterior se deduce que se ajustó con un coste total de 3.190 reales de plata (casi 8.000 reales de vellón), que se pagaron una parte “en propia especie”, es decir, con la entrega de la custodia vieja, y 1.690 reales en moneda de plata, los que se pagan finalmente a la viuda del platero.

En esas mismas fechas otras cantidades se iban aportando para el pago de la referida custodia. Desde Villaseca, en diciembre de 1643, los vecinos Juan Martín Ortega, Juan Florín del Cerro e Illán Rodríguez se obligaban a pagar a doña Felipa de Carcaba “vecina de la ciudad de Toledo platera de la Santa iglesia de la dicha ciudad” 255 reales que debían a Gregorio Ortega y mayordomos del Santísimo Sacramento de las limosnas obtenidas de las luminarias del año pasado y el presente “por cuenta de lo que ha de haber de la custodia que se hizo para el santísimo sacramento que lo deben los dichos mayordomos…” y lo pagarán en Toledo en agosto de 1645 [AHPT, Pr. 7776, fol. 398, Juan de Carvajal]. 
Además, en 30 de mayo de 1644 y en Villaseca, Mateo López, Juan de Ribas, Simón Ordóñez y Gregorio Ortega se obligan de igual modo a pagar a doña Felipa de Carcaba otros 410 reales del resto de 660 reales “en que nos ha vendido y entregado una peana para la custodia del santísimo sacramento de esta villa de Villa Seca de la cual dicha peana nos damos por contentos y entregados a toda nuestra voluntad…” [AHPT, Pr. 7777, fol. 212, Juan de Carvajal]

Incorporada a los bienes de la iglesia parroquial desde 1645, en los inventarios de la iglesia esta custodia no aparece bien identificada hasta 1656, según el tercero de los libros de fábrica del Archivo Parroquial, donde se menciona con ciertos detalles:
“una custodia de plata sobredorada con su viril con cuatro evangelistas en las cuatro esquinas y ocho campanillas en ocho nichos pequeños y en el remate de arriba Stª. Leocadia”
Custodia procesional, s. XVII. Villaseca de la Sagra
Custodia procesional (con su atribución errónea en la ficha). 
Obra de Vicente Salinas, hacia 1638.
Iglesia parroquial de Santa Leocadia. Villaseca de la Sagra.

Al no tener localizado el contrato por el que el platero Vicente Salinas ajusta con los mayordomos del Santísimo Sacramento de Villaseca de la Sagra el hacer la custodia parroquial, se ha de averiguar la fecha de realización a partir de otros datos indirectos. Tampoco los libros de la cofradía del Santísimo Sacramento, conservados en la parroquia, nos ayudan en este intento pues se hallan algo descabalados en sus hojas.

El platero toledano Vicente Salinas está vinculado, como lo estuvo su padre Andrés Salinas, a la Santa Catedral de Toledo como gran artífice cualificado y autor de diversos trabajos de orfebrería de reconocido mérito. Los años de ejercicio de este platero están dentro del primer tercio del siglo XVII. Es posible que su fallecimiento se produjera hacia 1639. A partir de entonces será la viuda doña Felipa de Carcaba la encargada de continuar con el taller de platería en el que trabajaban sus hijos Vicente y Francisco, pero será ella la que se encargue de las obras pendientes dejadas por su marido Vicente Salinas y la que cobre aquellas cantidades que todavía le adeudaban al platero difunto por sus trabajos.

Como hemos visto, este es el caso de la custodia realizada para la iglesia de Santa Leocadia de Villaseca de la Sagra, que los mayordomos de la cofradía sacramental resuelven pagar con un finiquito en moneda de 1.690 reales a doña Felipa Carcaba a cambio de la entrega de la obra perfectamente acabada en 1644, como confirman los documentos aquí señalados.

Pero esta fecha de los pagos nos indica que la obra era anterior en años, aunque tras la muerte del platero permanecía en el taller en espera de su pago final. Por tanto, es preciso situar la realización de esta custodia en la década de los años treinta de esa centuria. 

LA CUSTODIA COMO OBRA DE ARTE
Tenemos en esta custodia procesional, también llamada de asiento, una obra artística de primer orden, atribuible desde ahora y sin mayores vacilaciones al platero toledano Vicente Salinas, y probablemente una de sus últimas obras, labrada en 1639 o antes. 
Su estilo responde a un arte desornamentado propio del periodo artístico de los comienzos del siglo XVII y que recoge las influencias del clasicismo escurialense, de lo que se ha llamado también clasicismo herreriano, por Juan de Herrera arquitecto de El Escorial. 
Es un objeto de plata sobredorada, que se clasifica dentro del Renacimiento tardío. Las técnicas del metal empleadas en su confección son la fundición, la soldadura, el torneado, el biselado, el burilado y la aplicación de esmaltes. Sus medidas son 85 cm de altura, 30 cm de ancho y 23 cm de fondo. Con unos 13 kg de peso aproximadamente (las 28 libras que se mencionan). No lleva marcas de platero por lo cual no hay señales de autoría en la propia pieza. Tampoco ostenta inscripción alguna o dedicatoria de propiedad o pertenencia.
Custodia procesional. Villaseca de la Sagra
Custodia procesional, con exposición del viril. Parroquia
de Santa Leocadia. Villaseca de la Sagra.

En su arquitectura consta de una peana rectangular, un pie oval y un astil o tallo formado por tres piezas como son un carrete cilíndrico, un nudo en forma de jarrón y un kilys (o vaso griego) que soporta la base de un primer templete. Templete que está compuesto de cuatro pares de columnas toscanas haciendo chaflán sobre pedestales y abriendo arcos de medio punto en sus cuatro frentes. Sobre éste se levanta un templete menor, pero del mismo esquema, culminado por media naranja peraltada y adornada con costillas y con remates de pináculos, para culminar en una cruz de extremos esféricos sobre pequeño kilys.
La custodia se completa con figuras exentas. Las sedentes representando a los cuatro evangelistas (Juan, Marcos, Mateo y Lucas) entre los pedestales del templete inferior, y los cuatro Padres de la Iglesia Latina (Jerónimo, Gregorio Magno, Agustín de Hipona y Ambrosio de Milán) en los ángulos del templete superior, destacando en el centro, de mayor tamaño, la imagen titular de la iglesia, la de Santa Leocadia, Virgen y Mártir. En el templete inferior está el porta-viril y lugar privilegiado para encajar el precioso viril en forma de sol que contiene la Sagrada Forma o Cuerpo de Cristo.

El modelo de esta custodia responde al prototipo de base recta y plana, tallo compuesto en forma de jarrón y dos o más templetes superpuestos culminado el último en cupulilla rematada con una crucecilla. Todo sujeto a líneas clásicas y elementos sobrios, con un mínimo de ornamentación basada en contados cabujones de esmalte azulado y otros motivos soldados o colgantes como las ocho campanillas que lo adornan. 

Obra muy similar a la de Villaseca, en Toledo está como ejemplo la custodia de la parroquia de Santiago el Mayor o del Arrabal, que se puede ver en el Museo de Santa Cruz, y cuyo autor es precisamente Juan de San Martín.


TRADICIÓN DEL CORPUS CHRISTI EN VILLASECA DE LA SAGRA.
    Primeramente, entiendo interesante relacionar la custodia parroquial con la existencia de una cofradía sacramental, sin la que no se hubiera encargado esta obra. 

Así, la refundación de la cofradía del Santísimo Sacramento de Villaseca de la Sagra puede muy bien remontarse a los años siguientes a la quema del pueblo por los comuneros del Obispo Acuña en 1521, cuando se reconstruyen la villa y su iglesia, y se reanuda la actividad de las cofradías parroquiales. La Sacramental fue una institución distinguida y a la que pertenecieron como hermanos de honor los señores marqueses, que aparecen en ocasiones encabezando las listas de esclavos. En 1714 la cofradía de Villaseca se hermana con la confraternidad de Santa María de la Minerva de Roma, por bula pontificia, lo que supone un gran honor en su rango institucional.

Sin embargo, en 1770 no tenía ordenanzas aprobadas por la autoridad eclesiástica. Funcionó como cofradía parroquial hasta 1819 en que pasó a constituirse en Sociedad Piadosa Sacramental, en cuyo nuevo carácter se desenvolvió hasta mediados del siglo XIX, para terminar por desaparecer definitivamente. 

En segundo lugar, y como una curiosidad etnográfica, añado unas sugerentes notas en relación a la forma de festejar el Corpus Christi por nuestros antepasados. La celebración del Corpus Christi en Villaseca tenía lugar, como en Toledo, con la solemne procesión de la custodia, bajo palio, y con la presencia de altares o estaciones en las calles. Pero también se solía acompañar de otros actos festivos de carácter religioso en los que tenía cabida la expresión popular como era el caso de las danzas ejecutadas durante la misma procesión. Las más comunes en Toledo y toda Castilla eran la de paloteado, la de espadas y la de cascabeles, al son de dulzaina y tamboril.
De estos usos y costumbres se habla en el acuerdo que en 11 de junio de 1589 toma el ayuntamiento de Villaseca, reunido bajo la presidencia del alcalde Diego Zapata, a fin de dotar la fiesta del Señor con una ayuda anual de 12.000 maravedíes (unos 353 reales de aquella época) a tenor "que de mucho tiempo a esta parte e muy antiguamente se ha tenido y tiene costumbre y devoción e gusto en esta villa de Villaseca de solemnizar la fiesta del día de Jesucristo con danzas y representación, procesión y otras cosas convenientes a la autoridad y regocijo de semejante festividad a la costa de la cual fiesta siempre ayuda y contribuye con su limosna el concejo de esta villa de Villaseca porque la cofradía es pobre e no tiene propio ningún [recurso] de donde hacer la dicha fiesta..." [AHPT, Pr. 7729, fol. 18, Cosme Correas]. 
Vemos que la celebración del Corpus Christi era organizada y costeada por los esclavos de la cofradía del Santísimo Sacramento, pero contando siempre con una ayuda sustanciosa del concejo. 

En los primeros papeles referidos a cabildos, visitas, listado de hermanos y cuentas de la cofradía, que datan de finales del siglo XVI, hay una larga relación de gastos relacionados con la fiesta religiosa. En 1591 hay gasto en tañedores “con sus atabales”; en “bailes que vinieron a la fiesta”; en “actos para la representación” pagados al vecino de Toledo Salas; en dos tamborileros que tocaron las danzas; en los danzantes; en unos músicos; en los siete entremeses, un acto y una comedia, pagados a un tal Cisneros; en levantar un tablado; en comprar un lienzo para pintar un decorado de la “puerta del infierno”; y en quemar pólvora [Archivo Parroquial de Villaseca de la Sagra (APVS), Libro de la cofradía del Santísimo Sacramento de esta villa (1º, termina en 1599)]. Detrás de esos dos nombres propios están dos autores de comedias o directores de compañía considerados en su tiempo como son Lorenzo de Salas y Alonso Cisneros.

Esto demuestra que hace más de cuatrocientos años ya existían los programas de fiestas, que creemos un invento de nuestros días.

Para mayor detalle, existe el contrato de 9 de marzo de 1592, donde se especifica en qué consistían esas representaciones a cargo de un Pedro de Victoria, vecino de Jerez de la Frontera, que se hallaba en Villaseca y se obliga con su compañía de comediantes "en la fiesta de la representación e fiesta que se ha de ejecutar e celebrar el día de Corpus Christi de este presente año en la figura de simple e asistirá en esta villa hasta pasada la dicha fiesta desde la víspera de Pascua del Espíritu Santo de este dicho año empezando y ejecutando la dicha fiesta y dará a su costa seis entremeses para la dicha fiesta y ayudará a ellos y a los otros que se hicieren en dicha fiesta..." [AHPT, Pr. 7731, Cosme Correas].
Aquí ya se dice que hay un actor cómico en el papel de “simple” o gracioso, personaje que en tono humorístico va desvelando las claves de la historia representada. Y que también se escenifican entremeses o piezas teatrales breves.

Por otra parte, la música también tiene una presencia importante en los actos. Todavía en 1640, en 1 de mayo, el vecino de Illescas Andrés Truchado es contratado por la cofradía para asistir el día del Corpus con un trío de chirimías (o dulzainas) en la víspera del Corpus, cobrando por ello 310 reales [AHPT, Pr. 7774, fol. 18, Cosme Correas]. Igual que al año siguiente el mismo músico se compromete a "estar en esta villa con otros tres compañeros maestros de chirimía y asistirán a la víspera de dicho día y a la misa de él con la dicha música sirviendo a los oficios divinos...", cobrando 30 ducados (unos 330 reales de vellón) por su trabajo y renunciando a tocar en el resto de la fiesta [AHPT, Pr. 7795, s/fol., Juan Álvarez].
Dulzaina, instrumento musical
Chirimía o dulzaina, instrumento popular de viento.

En 1645, recién estrenada la nueva custodia de plata que aquí hemos redescubierto, acude a Villaseca un grupo de artistas. Son Ángela Roxel, viuda de Juan Bautista Espínola, Francisco de Rojas y su mujer Juana de Ávila, Simón Aguado y su mujer María de Pina, Pablo Colomer y su mujer Gracia Serrana, Ana María mujer de Melchor de Reyes, Agustín de Rojas y Manuela Álvarez y Juan Fernández, todos doce como compañía de farsa dispuestos "para hacer la fiesta del Corpus en esta dicha villa este presente año de la fecha en esta forma que la víspera del Señor en la tarde a la hora de vísperas hemos de hacer un sarao en la iglesia parroquial de esta dicha villa y después de la dichas vísperas la misma tarde haremos una comedia en la parte y lugar donde los mayordomos de la dicha fiesta que son en esta villa ordenaren y el día propio del Señor se ha de hacer un sarao en la procesión en tres distintos lugares y el mismo día por la tarde hemos de hacer otra comedia..." [AHPT, Pr. 7778, fol. 151, Juan de Carvajal]. Tenemos en este caso una nutrida compañía de cómicos o intérpretes que intercalarán los bailes de aire cortesano llamados saraos con las comedias o farsas, representaciones propiamente teatrales y de claro asunto religioso con particular atención al tema de la exaltación de la Eucaristía.

En resumen, estas costumbres antiquísimas fueron desapareciendo con el paso del tiempo quedando olvidadas y sin tener presencia en nuestro folclore reciente, carente de danzas arcaicas que se remonten a este momento.
 
Sin embargo, es preciso traer a la memoria de Villaseca de la Sagra estas breves notas que nos ilustran sobre un pasado en el que siempre se entrelazan la historia y el arte, como valores de nuestra cultura local. 

En definitiva, lo interesante de esta tradición del Corpus Christi es que Villaseca conserva una joya artística del siglo XVII, con casi cuatrocientos años de antigüedad, como es la custodia procesional de la parroquia de Santa Leocadia.