La plaza mayor de Villaseca de la Sagra en 1853 y sus edificios principales.
En Villaseca de la Sagra (Toledo), la ermita de Ntra. Sra. de las Angustias, al sureste de la población, es lugar sagrado desde al menos la segunda mitad del siglo XVI cuando era conocida como ermita de la Santa Vera Cruz y se construyó el edificio para albergar a una cofradía penitencial que poseía tres sagradas imágenes procesionales como eran una Piedad, un Cristo a la columna y un Cristo con la cruz a cuestas.
Aquella Piedad o imagen conocida como Virgen del Río y luego como Ntra. Sra. de las Angustias adquirió fama de milagrosa desde las primeras décadas del siglo XVII y así lo recogen los testimonios registrados en 1624 por orden de la autoridad eclesiástica. En 1729 una refundación de la cofradía con la aprobación de sus constituciones y el regalo de una nueva imagen, la que hoy veneramos, relanza el culto hacia la Virgen de las Angustias, que se convierte poco a poco en la principal devoción de la villa y que justifica la celebración popular de su fiesta en el día de su Natividad, el 8 de septiembre de cada año.
El carácter prodigioso de la imagen también se constata a lo largo del siglo XIX con pruebas de agradecimiento popular a través de singulares exvotos. Aquí en Villaseca, en su ermita, se han conservado algunos en forma de cuadros pintados (sobre los que ya fuimos invitados a pronunciar una conferencia en 2016 con motivo de su feliz restauración).
El más llamativo de todos es sin duda el que representa en su mitad inferior una fiesta de toros en la plaza mayor del pueblo. Está fechado en 1853, año en que sucedió el milagro a intercesión de la Virgen de las Angustias, por el cual un tal Manuel Martín, a quien no hemos podido identificar, era corneado brutalmente por un toro en los festejos de la patrona, pero de cuya violenta cogida salió ileso. (Fig. 1)
Sírvanos en esta ocasión este cuadrito para hablar de un asunto más profano y no del hecho taurino en sí sino particularmente de la visión de la plaza, plasmada al óleo pero como si de una instantánea pre-fotográfica se tratara. Queremos reconocer y saber de los edificios allí representados.
Aquella Piedad o imagen conocida como Virgen del Río y luego como Ntra. Sra. de las Angustias adquirió fama de milagrosa desde las primeras décadas del siglo XVII y así lo recogen los testimonios registrados en 1624 por orden de la autoridad eclesiástica. En 1729 una refundación de la cofradía con la aprobación de sus constituciones y el regalo de una nueva imagen, la que hoy veneramos, relanza el culto hacia la Virgen de las Angustias, que se convierte poco a poco en la principal devoción de la villa y que justifica la celebración popular de su fiesta en el día de su Natividad, el 8 de septiembre de cada año.
El carácter prodigioso de la imagen también se constata a lo largo del siglo XIX con pruebas de agradecimiento popular a través de singulares exvotos. Aquí en Villaseca, en su ermita, se han conservado algunos en forma de cuadros pintados (sobre los que ya fuimos invitados a pronunciar una conferencia en 2016 con motivo de su feliz restauración).
El más llamativo de todos es sin duda el que representa en su mitad inferior una fiesta de toros en la plaza mayor del pueblo. Está fechado en 1853, año en que sucedió el milagro a intercesión de la Virgen de las Angustias, por el cual un tal Manuel Martín, a quien no hemos podido identificar, era corneado brutalmente por un toro en los festejos de la patrona, pero de cuya violenta cogida salió ileso. (Fig. 1)
Sírvanos en esta ocasión este cuadrito para hablar de un asunto más profano y no del hecho taurino en sí sino particularmente de la visión de la plaza, plasmada al óleo pero como si de una instantánea pre-fotográfica se tratara. Queremos reconocer y saber de los edificios allí representados.
Fig. 1. Cuadro votivo del milagro acaecido en la plaza de Villaseca de la Sagra (1853). Óleo sobre lienzo.
Ermita de Ntra. Sra. de las Angustias de Villaseca de la Sagra.
Una plaza pintada en 1853.
Esta plaza cuadrilonga nació en el ordenamiento urbanístico que se produjo tras la construcción del nuevo palacio de los señores solariegos, los Silva y Ribera, a partir de 1539, al serles concedido el título de Marqueses de Montemayor, y cuya fachada principal se abre a ella por todo su flanco sur. Plaza que no tuvo denominación específica hasta la moda política de cambiar los nombres de las calles tan propia eso sí del s. XIX. Desde tiempos se la menciona como la “plaza pública”, pero en 1820 ya se llamó “plaza de la Constitución” en el breve tiempo del Trienio Liberal (1820-1823) y cuya placa se colocó en el viejo edificio de la Audiencia, sobre el balcón, tras el solemne acto de juramento del vecindario y sus autoridades a la Constitución de Cádiz "la Pepa" de 1812, cuando años atrás, en 1808 se exaltaba al rey absoluto Fernando VII.
Entre 1833 y 1835 fue la “plaza Real” con el triunfo del absolutismo monárquico en la persona de Isabel II y bajo la regencia de su madre María Cristina. Desde 1868 hasta 1931, recobró el nombre de “Constitución” pese a los vaivenes políticos y la alternancia de partidos. Como “plaza de la República” se conoció desde 1931 hasta 1936. Con los años de la Dictadura fue por mucho tiempo la “plaza del Generalísimo”. A partir de los noventa y con los ayuntamientos democráticos el nombre ya consagrado hasta hoy es el de “Plaza Mayor”, de más arraigo español.
En este caso nos interesa sobre todo el escenario donde ocurrió el trágico y a la vez milagroso suceso de 1853, puesto que sucedió en la plaza mayor de Villaseca, lugar neurálgico tanto de la vida cotidiana como de los acontecimientos extraordinarios de este pueblo. Escena que está figurada con cierto realismo y detalle pese a la impericia del meritorio pintor que nos brinda una perspectiva testimonial de lo que era una plaza de pueblo castellano o, más particularmente, una plaza sagreña.
Realmente el encuadre es amplio, pero sólo enfocando la mitad occidental y la línea de edificios que cierra por la izquierda la plaza, así como la totalidad de su frente norte, pero sin abarcar completamente los 180º del cuadrilongo, pues faltaría por representarse toda la línea de edificios del lateral derecho donde estuvo ubicado, entre distintas casas particulares con corredores, el viejo edificio del pósito municipal, que luego fue sede del ayuntamiento hasta 2017, y los corrales de toriles (ya trataremos de este edificio en otra ocasión). Por tanto, la vista está tomada como si el espectador estuviese contemplando la escena en una de las ventanas centrales del segundo piso de palacio pues el ángulo de visión es alto respecto al suelo, el cual permanece en desproporción con el tamaño mayor de las figuras, pero resulta muy expresivo como marco de lo que se pretende narrar o representar. (Fig. 2)
Esta plaza cuadrilonga nació en el ordenamiento urbanístico que se produjo tras la construcción del nuevo palacio de los señores solariegos, los Silva y Ribera, a partir de 1539, al serles concedido el título de Marqueses de Montemayor, y cuya fachada principal se abre a ella por todo su flanco sur. Plaza que no tuvo denominación específica hasta la moda política de cambiar los nombres de las calles tan propia eso sí del s. XIX. Desde tiempos se la menciona como la “plaza pública”, pero en 1820 ya se llamó “plaza de la Constitución” en el breve tiempo del Trienio Liberal (1820-1823) y cuya placa se colocó en el viejo edificio de la Audiencia, sobre el balcón, tras el solemne acto de juramento del vecindario y sus autoridades a la Constitución de Cádiz "la Pepa" de 1812, cuando años atrás, en 1808 se exaltaba al rey absoluto Fernando VII.
Entre 1833 y 1835 fue la “plaza Real” con el triunfo del absolutismo monárquico en la persona de Isabel II y bajo la regencia de su madre María Cristina. Desde 1868 hasta 1931, recobró el nombre de “Constitución” pese a los vaivenes políticos y la alternancia de partidos. Como “plaza de la República” se conoció desde 1931 hasta 1936. Con los años de la Dictadura fue por mucho tiempo la “plaza del Generalísimo”. A partir de los noventa y con los ayuntamientos democráticos el nombre ya consagrado hasta hoy es el de “Plaza Mayor”, de más arraigo español.
En este caso nos interesa sobre todo el escenario donde ocurrió el trágico y a la vez milagroso suceso de 1853, puesto que sucedió en la plaza mayor de Villaseca, lugar neurálgico tanto de la vida cotidiana como de los acontecimientos extraordinarios de este pueblo. Escena que está figurada con cierto realismo y detalle pese a la impericia del meritorio pintor que nos brinda una perspectiva testimonial de lo que era una plaza de pueblo castellano o, más particularmente, una plaza sagreña.
Realmente el encuadre es amplio, pero sólo enfocando la mitad occidental y la línea de edificios que cierra por la izquierda la plaza, así como la totalidad de su frente norte, pero sin abarcar completamente los 180º del cuadrilongo, pues faltaría por representarse toda la línea de edificios del lateral derecho donde estuvo ubicado, entre distintas casas particulares con corredores, el viejo edificio del pósito municipal, que luego fue sede del ayuntamiento hasta 2017, y los corrales de toriles (ya trataremos de este edificio en otra ocasión). Por tanto, la vista está tomada como si el espectador estuviese contemplando la escena en una de las ventanas centrales del segundo piso de palacio pues el ángulo de visión es alto respecto al suelo, el cual permanece en desproporción con el tamaño mayor de las figuras, pero resulta muy expresivo como marco de lo que se pretende narrar o representar. (Fig. 2)
Fig. 2. La plaza pública de Villaseca de la Sagra en 1853 (Detalle de la pintura votiva del milagro).
La escena propiamente dicha se desarrolla delante del portal de “Calistro”, como se ha dicho siempre en Villaseca, donde el toro aparece hostigado por un mozo con vara y agarrado al rabo del animal mientras que otro acude con un extenso trapo rojo a modo de capote para tratar de librar del morlaco a un hombre, que es empitonado y levantado en el aire con el cuerno izquierdo.
Como marco escénico, en la línea de fachadas se suceden edificios reconocibles. Primero, el mencionado portal con casa de corredor de madera y tejado a un agua. A continuación, sobresale en altura el secadero que pertenecía a la antigua carnicería municipal, luego viene una casa más baja pero contigua a la que fue torre del reloj de la villa. De inmediato, un par de casas caracterizadas por sendos corredores de madera que prolongan esta línea oeste de la plaza hasta terminar en el ángulo donde se situaba en escuadra el edificio principal del pueblo, la llamada Audiencia, o lo que es lo mismo, el primitivo edificio consistorial con fachada lateral a la calle de la Feria.
Salvando la citada calle, la plaza se cierra por su lado norte con un frente compacto de fachadas correspondientes a distintas casas, pero regularizadas por los corredores de madera respondiendo a una construcción muy uniforme que proporciona un alzado bastante armonioso.
Si tras esta vista general recorremos en detalle algunos de los edificios mencionados se podrá dar razón de cada uno de ellos en lo que conocemos de su construcción, historia y presencia urbanística.
Ni que decir tiene que en esta plaza pública ya se concentraban desde 1634 algunos inmuebles propiedad del concejo como eran la cárcel, la carnicería, la audiencia y otros inmediatos como la fragua, el bodegón, dos tiendas y dos tabernas de propiedad municipal [“Bienes de propios”. Archivo Histórico Provincial de Toledo (AHPT), Protocolo 7767, fol. 69, escribano Martín de Mazuelas]
Como marco escénico, en la línea de fachadas se suceden edificios reconocibles. Primero, el mencionado portal con casa de corredor de madera y tejado a un agua. A continuación, sobresale en altura el secadero que pertenecía a la antigua carnicería municipal, luego viene una casa más baja pero contigua a la que fue torre del reloj de la villa. De inmediato, un par de casas caracterizadas por sendos corredores de madera que prolongan esta línea oeste de la plaza hasta terminar en el ángulo donde se situaba en escuadra el edificio principal del pueblo, la llamada Audiencia, o lo que es lo mismo, el primitivo edificio consistorial con fachada lateral a la calle de la Feria.
Salvando la citada calle, la plaza se cierra por su lado norte con un frente compacto de fachadas correspondientes a distintas casas, pero regularizadas por los corredores de madera respondiendo a una construcción muy uniforme que proporciona un alzado bastante armonioso.
Si tras esta vista general recorremos en detalle algunos de los edificios mencionados se podrá dar razón de cada uno de ellos en lo que conocemos de su construcción, historia y presencia urbanística.
Ni que decir tiene que en esta plaza pública ya se concentraban desde 1634 algunos inmuebles propiedad del concejo como eran la cárcel, la carnicería, la audiencia y otros inmediatos como la fragua, el bodegón, dos tiendas y dos tabernas de propiedad municipal [“Bienes de propios”. Archivo Histórico Provincial de Toledo (AHPT), Protocolo 7767, fol. 69, escribano Martín de Mazuelas]
El portal de Calixto y la carnicería pública.
En primer lugar, a mano izquierda, encontramos el reconocido soportal, representado sólo por dos columnas y que ha sido siempre espacio público, sobre el que se levanta en la misma línea una casa con corredor de madera. El portal, profundo, en realidad se alza sobre tres apoyos que son dos pies derechos de madera sobre una solera de piedra y una columna clásica de piedra caliza en el centro, los tres con sus correspondientes zapatas de madera soportando la viga maestra, tal cual hoy se conserva. Su techado es de viguería de madera, a la antigua usanza constructiva. La casa que estuvo encima era propiedad particular con función de tienda en sus bajos y se ve compuesta por una cámara con corredor de madera. (Fig. 3)
El origen de este portal data de 1610 cuando el vecino y carpintero Pedro Gómez construye los corredores de encima sobre un suelo o rinconada abierta de la plaza, y es autorizado a ello por el concejo con la condición de dejar el suelo público cubierto o techado (según nos revela un pleito entre el concejo y el particular del Archivo Histórico de la Nobleza y dirimido por el señor Marqués de Montemayor). Más tarde los documentos son explícitos en cuanto al nombre y propiedad de este soportal pues al venderse una casa contigua desamortizada al hospital de Santa Cruz de Toledo en 1804 uno de sus linderos es precisamente “a levantte con el portal que fue y llaman de Calistto Lopez, el qual queda rreservado como propio su uso y servidumbre para esta villa quien se halla en posesión de ynmemorial [tiempo] y por esta rrazon se halla cubiertto con un pedazo de camara de la propia casa [que se vende] y tanvien linda con la oficina que sirve de bottilleria o alojeria…” [“Venta real de una casa”. AHPT, Pr. 7854 (año 1804) fol. 58, escr. Francisco Moreno Díaz]. Además, en 1810 el citado hospital de Santa Cruz tiene que vender también la casa alojería a un José Jerez Díaz, tendero de abacería y mercería, la que está “construida en la plaza ppcª de esta vª de Villaseca […] la qual se compone de una pieza quadrada con suelo de madera una cámara encima a un agua y una cueva pequeña cuya puerta principal cae a el portal de comercio titulado el Portal de Calixto y comprende doscientos setenta y seis pies de solar…” [“Venta real de la casa alojería…”. AHPT, Pr. 7855 (año 1810) fol. 79, escr. Francisco Moreno Díaz]. Este bien recordado Calixto López había sido un vecino de Villaseca del que se sabe su existencia en 1624 cuando testifica en la información de los milagros de la Virgen de las Angustias recogidos en la documentación del Archivo Parroquial.
Con puerta a la plaza de las Posadas o de los Mesones, a la vuelta del portal se hallaba la casa fragua propia del concejo que se vendía en el año 1800 por orden del Gobierno a un particular, José Díaz, vecino de la villa [“Venta Real”. AHPT, Pr. 7851 (año 1800) fol. 84, escr. Francisco Moreno Díaz].
Al “Portal de Calistro” sigue una estrecha fachada con puerta de ingreso (se aprecia detrás de la primer a figura) y en la que sin más detalle y sin llevar todavía balcón sobresale una torrecilla de tapial y entramado de madera (antepecho con moldura a rombos y dos pies derechos que sustentan la cubierta a cuatro aguas coronada por una veleta). Es este edificio la antigua carnicería de propios con el viejo secadero municipal abierto arriba que añade una tercera altura que no tiene el resto de edificios de la plaza regulados sólo a dos. Esta construcción como la anterior del portal existen hoy con modificaciones, ya que la primera casa ya fue derruida y la de la carnicería incorpora un balcón de hierro muy posterior en su segundo piso y un revestimiento de ladrillo nuevo.
La torre del reloj y la cárcel real.
A continuación, subiendo por ese lado se sucede otra casa con puerta principal (detrás de la segunda figura) en línea con un ventanuco bajo el alero del tejado que no ofrece ninguna particularidad y que está unida a una gran torre de tres alturas con dos vanos pequeños y cubierta a cuatro aguas, despuntando una pequeña linternilla o campanil culminado por una veleta. En su frente, aparentemente de ladrillo, destaca un tablero de yeso con un reloj guarnecido por un frontoncillo triangular. Estamos ante la llamada "torre del reloj", también un edificio de propiedad municipal. Su función se hace evidente, albergando este reloj público que funcionaba con dos grandes pesas de piedra a modo de los relojes de pared. (Fig. 4)
La torre del reloj y la cárcel real.
A continuación, subiendo por ese lado se sucede otra casa con puerta principal (detrás de la segunda figura) en línea con un ventanuco bajo el alero del tejado que no ofrece ninguna particularidad y que está unida a una gran torre de tres alturas con dos vanos pequeños y cubierta a cuatro aguas, despuntando una pequeña linternilla o campanil culminado por una veleta. En su frente, aparentemente de ladrillo, destaca un tablero de yeso con un reloj guarnecido por un frontoncillo triangular. Estamos ante la llamada "torre del reloj", también un edificio de propiedad municipal. Su función se hace evidente, albergando este reloj público que funcionaba con dos grandes pesas de piedra a modo de los relojes de pared. (Fig. 4)
Fig. 4. Torre del reloj (detalle).
La torre y la casa cárcel fueron vendidas por el ayuntamiento en 1927 y su suelo sería ocupado por una casa de dos plantas con balcón de hierro (Fig. 5), anterior a la actual existente, más reciente y con corredor de madera.
Sabemos que junto a la cárcel real se situaba en 1800 una casa del Hospital de Niños Expósitos de Santa Cruz de Toledo, llamada la “zapatería”, que se vendía en ese año al tal José Jerez Díaz “el muchacho de Mocejón” [“Venta de una casa”. AHPT, Pr. 7851 (año 1800) fol. 84, escr. Francisco Moreno Díaz].
Fig. 5. Casa con altillo (antigua carnicería) y casa contigua de dos alturas con balcón (desaparecida) donde antes estuvo la torre del reloj. (Foto de 1983).
En nuestro cuadrito las siguientes dos casas se caracterizan por un corredor de madera que se pone a la misma altura y las unifica aparentemente, aunque se observan dos puertas distintas con sendas ventanas enrejadas llevando la de más al rincón una llamativa reja de forja rematada en cruz de hierro, a la usanza de otras que aún se conservan.
Pues bien, en el umbral de la primera de las casas apareció, cuando su derribo reciente, una piedra enterrada bajo el suelo señalando que allí estuvo la cárcel real o pública, junto a la referida torre del reloj de la villa. (Fig. 5) Este bloque de piedra caliza era el umbral de entrada en el que aparece grabada la siguiente inscripción con letras capitales y algunos caracteres imbricados cuya transcripción dice:
“[HI]ZO SE ESTA OBRA SIENDO ALCALDE GRE
GORIO ORTEGA REGIDORES FRANCISCO MARTIN
FRANCISCO TOLEDO GASPAR FERNANDEZ JUAN
MARTIN LOPEZ PROCVRADOR JUAN
MARTIN FLORIN AÑO 1654”
Fig. 5. Dibujo con la inscripción y umbral de piedra caliza.
De aquel edificio público desaparecido en 1927 tenemos este precioso resto material sobre su edificación en 1654 a cargo del concejo, justicia y regimiento de la villa siendo en aquel año alcalde ordinario Gregorio Ortega (el que era mayordomo de la obra del hospital de San Bernardo) y regidores Francisco Martín, Francisco Toledo, Gaspar Fernández y Juan Martín López, y el procurador síndico Juan Martín Florín. Vecinos que junto a otros también fueron los impulsores de la construcción del cuerpo y torre de la iglesia parroquial. Todo por aquellas mismas fechas de mediado el s. XVII.
La Audiencia o ayuntamiento viejo.
El principal edificio municipal que presidía la plaza era la Audiencia o casa del concejo. Se hizo acuerdo para construir las casas del ayuntamiento en 26 de abril de 1778 siendo alcalde ordinario Juan Santos Lebrero, atendiendo a que la villa estaba “sin casas consistoriales en donde juntarse por la celebración de cabildos ayunttamientos y consejos generales” y teniendo la aprobación del Real y Supremo Consejo de Castilla para arreglarse al plano o planta dados por el maestro Francisco Ruano Calvo, arquitecto alarife de la ciudad de Toledo en precio de 19.300 reales, con lo que se publicó o subastó la obra y se adjudicó en 15 de mayo de ese año a Rafael Alonso Vicente, maestro albañil vecino de la villa, para realizarla en tan sólo 15.000 reales junto a su hermano Narciso Alonso Vicente [AHPT, Pr. 7837, fol. 113, escr. Francisco Moreno Díaz]. (Fig. 7)
Fig. 7. Antigua casa consistorial o Audiencia (detalle).
El edificio fue construido de nueva planta en el ángulo NW de la plaza pública sobre suelo municipal con fachada lateral al principio de la recta calle de la Feria, entre la casa del que era escribano, Francisco Moreno, y la de Pedro Gómez, a las espaldas. Era una construcción sencilla de albañilería (cal, ladrillo y cajones de piedra). La sala baja serviría para las reuniones y la sala alta para el archivo con una escalera interior. Las obras se llevaron a cabo en 1778 con un coste real de 18.600 reales según las cuentas municipales.
Villaseca contaba por entonces con unos 380 vecinos o lo que es lo mismo, una población de 1.400 a 1.500 habitantes representados por un alcalde ordinario y de tres a cuatro regidores (o concejales).
En la imagen del cuadrito se ve que tenía incorporada una oficina municipal dedicada al Correo, que se recibía desde Olías del Rey. Se ve coloreada en el rojo del ladrillo, con una puerta principal, dos ventanas laterales simétricas y en el piso superior un balcón de hierro y un ventanuco. El tejado a cuatro aguas se culmina con una cruz de forja. En la fachada lateral que da a la calle de La Feria no se aprecia nada más que la alternancia de ladrillo y cajones de mampostería del típico aparejo toledano.
Antes de que el ayuntamiento Villaseca de la Sagra ocupara desde principios del s. XX el edificio que se halla en el flanco oriental de la plaza mayor, sobre el antiguo pósito municipal y sus corrales, los representantes de la villa tenían sus concejos en el edificio que hoy se alza todavía en la plaza sobre la calle de la Feria. (Fig. 8)
En la imagen del cuadrito se ve que tenía incorporada una oficina municipal dedicada al Correo, que se recibía desde Olías del Rey. Se ve coloreada en el rojo del ladrillo, con una puerta principal, dos ventanas laterales simétricas y en el piso superior un balcón de hierro y un ventanuco. El tejado a cuatro aguas se culmina con una cruz de forja. En la fachada lateral que da a la calle de La Feria no se aprecia nada más que la alternancia de ladrillo y cajones de mampostería del típico aparejo toledano.
Antes de que el ayuntamiento Villaseca de la Sagra ocupara desde principios del s. XX el edificio que se halla en el flanco oriental de la plaza mayor, sobre el antiguo pósito municipal y sus corrales, los representantes de la villa tenían sus concejos en el edificio que hoy se alza todavía en la plaza sobre la calle de la Feria. (Fig. 8)
Fig. 8. El balcón de hierro sobre sus palomillas de la antigua Audiencia, entonces encalada. (Foto de 1980).
Este viejo ayuntamiento es un edificio que estuvo destinado a otros usos hasta su remozamiento en los años ochenta del s. XX, en que fue retejado y restaurado en sus fachadas por el contratista de Esquivias M. García González y costeado con fondos municipales para su aprovechamiento público. La intervención sobre el edificio, después de ser escuela pública y bastante tiempo destinado a almacén municipal, respetó afortunadamente el aparejo exterior primigenio, muy cubierto por sucesivos encalados, consistente en machos de ladrillo de mayor a menor y cajones de mampostería, y los vanos adintelados a sardinel originales, guardando la simetría original, utilizando una técnica de revoco pintado en tonos rosados, lo cual ofrece un aspecto muy estético que se integra perfectamente en el conjunto arquitectónico adyacente, compuesto por casas de corredores.
Se trata por tanto de una recuperación acertada de nuestra arquitectura civil de carácter popular que se acometió en este pueblo en el patrimonio inmueble de interés urbanístico y arquitectónico. Hoy, la corporación ha cedido la planta baja para local comercial particular.
Casas y corredores del lado norte.
Por último, la fachada del fondo que se aprecia en la pintura votiva se corresponde con la que cierra por el norte la plaza, entre la calle de la Feria y la de salida a Cantarranas. Ofrece una gran uniformidad pues parece se trata de una única edificación con un corredor de extremo a extremo sostenido por pies derechos de madera y un tejado uniforme centrado por una gran chimenea encalada. (Fig. 9)
Fig. 9. Casas con corredores de madera de la línea N. (detalle).
No obstante, en el piso inferior se notan las distintas puertas de paso a viviendas individualizadas y locales comerciales de entonces. De izquierda a derecha se ve una al extremo, otra que parece acompañada de una reja coronada por una cruz, otra puerta hacia el medio sobre la que se nota el rótulo “ESTANCO”; la siguiente con el anuncio de “TIENDA”; y otra más seguida de su correspondiente reja. Magnífico ejemplo de artesanía del hierro de posible fabricación villasecana es la mencionada reja machiembrada todavía in situ. (Fig. 10)
Fig. 10. Reja de forja, taller villasecano s. XVIII. Fachada norte de la plaza. (Foto de 1980).
Todo este conjunto se mantuvo íntegro hasta los años setenta del s. XX. Pero hoy, toda esta línea está rota y alterada por una construcción descomunal y aberrante que se permitió sin ningún criterio a favor de la conservación del patrimonio más otra intervención menor en su extremo izquierdo también fracasada al no conseguir armonizar con lo antiguo. Como curiosidad histórica en nuestro libro titulado Villaseca de la Sagra: noticias de su historia (1993. IPIET, Temas Toledanos, nº 72, pp. 45-46) recogíamos un precioso testimonio de 1729 que nos descubre la plaza con una distribución acotada para un festejo taurino en ese año (el primero del que tenemos constancia en este pueblo), con el fin de recaudar fondos para construir un pilar de aguas, y en la que se disponen catorce tramos en su circuito para disponer el orden de sendos “tendidos” o tablados. Así se señalan:
1º partiendo desde la torre de palacio de la calle del Caño hasta la puerta de palacio, 2º desde esta puerta hasta la otra torre de palacio,3º desde esta torre hasta el poste de piedra del portal de Calixto,4º el propio portal,5º desde aquí hasta la torre del reloj,6º desde ésta a la casa de Pedro Yubero,7º esta casa, la Audiencia y bocacalle [la de la Feria],8º casa de Juan Antonio Gómez con corredor,9º casa de Juan Yubero con corredor,10º calle de la taberna [a Cantarranas],11º casa del bodegón,12º corral de la casa del bodegón hasta el toril,13º casa de Antonio Fernández,14º y último, casa de las Benitas [convento de monjas de S. Benito de Toledo] hasta la torre [de palacio] frente a la calle del Caño.
Y de esta forma hemos querido ilustrar aquel reparto de tramos en el siguiente croquis de la plaza con la numeración explícita utilizada entonces. (Fig. 11)
Fig. 11. Plaza pública de Villaseca de la Sagra. Plan de 14 “tendidos”
para una corrida de toros en 1729.
Para terminar con este repaso a la curiosa historia de nuestra plaza mayor aportamos un plano topográfico de 1879 donde se reflejan gráficamente tanto la planta de la cárcel real como la de la Audiencia en su proximidad y situación originales, y donde se indica la distribución de sus espacios interiores. (Fig. 12)
Fig. 12. Plano de levantamiento de los edificios de la Cárcel (línea Este) y Casa Ayuntamiento (línea Norte).
(Fuente gráfica: IGN, Archivo Topográfico, Hoja de Villaseca de la Sagra, 1879)
Lamentablemente, aquella plaza típica, aquel conjunto arquitectónico propio de una época, abierto a la gran fachada principal del palacio de los Silva y Ribera, creando un espacio único, aquella plaza mayor de gran sabor castellano, es hoy en 2024 un lejano reflejo de lo que nos muestra la pintura de 1853 aquí comentada y de lo que nos enseñan todavía las fotografías publicadas últimamente por la Real Fundación de Toledo (pertenecientes al Archivo C. Flores) y difundidas en su día por nuestro paisano Fernando Sánchez López en su blog https://descubriendovillasecadelasagra.blogspot.com/2024/03/vistas-de-la-plaza-mayor-con-sabor-anejo.html
Fotografías que el arquitecto Carlos Flores realizó en los años 60-70 del siglo pasado para ilustrar un extenso trabajo que tituló La arquitectura popular española (1973), donde no dejaba de hacer mención en su tomo tercero, página 430, a la singularidad de esta entonces hermosa plaza de Villaseca de la Sagra, y cuyas fotografías son ahora un preciado testimonio gráfico de lo que era la arquitectura rural conservada hasta esos años en muchos pueblos de nuestra geografía nacional.
Fotografías que el arquitecto Carlos Flores realizó en los años 60-70 del siglo pasado para ilustrar un extenso trabajo que tituló La arquitectura popular española (1973), donde no dejaba de hacer mención en su tomo tercero, página 430, a la singularidad de esta entonces hermosa plaza de Villaseca de la Sagra, y cuyas fotografías son ahora un preciado testimonio gráfico de lo que era la arquitectura rural conservada hasta esos años en muchos pueblos de nuestra geografía nacional.
Para mayor testimonio, sirvan por demás estos modestos dibujos de nuestra mano, realizados en torno a 1985, para recrear aquella perdida imagen de una plaza mayor que tuvo su propio carácter arquitectónico y urbanístico, ofreciéndose como un verdadero ejemplo de plaza castellana con sus edificios institucionales y sus casas de tapial y corredores de madera. (Fig. 13)
Con todo lo expuesto llegamos a la conclusión de que se hace evidente el hecho de severa transformación urbanística experimentada a lo largo de cinco décadas con la pérdida progresiva del perfil monumental del conjunto urbano de la plaza y su definitiva alteración constructiva desde aquellos años de 1970 en adelante. Aquel equilibrio que suele imprimir la arquitectura popular de por sí, se resiente con los excesos de nuestros tiempos.
Aunque ciertos edificios nuevos han pretendiendo asimilar estructuras, elementos y materiales propios de los modelos antiguos, el resultado es forzosamente dispar porque no consiguieron copiarlos y alzarse como réplicas exactas pues ya responden a tipos constructivos de viviendas actuales con las exigencias de una forma de edificación de mayor calidad y estructuras de mejor habitabilidad.
Fig. 13. Alzados de la plaza mayor de Villaseca de la Sagra (Autor: A. J. Díaz F.)
Con todo lo expuesto llegamos a la conclusión de que se hace evidente el hecho de severa transformación urbanística experimentada a lo largo de cinco décadas con la pérdida progresiva del perfil monumental del conjunto urbano de la plaza y su definitiva alteración constructiva desde aquellos años de 1970 en adelante. Aquel equilibrio que suele imprimir la arquitectura popular de por sí, se resiente con los excesos de nuestros tiempos.
Aunque ciertos edificios nuevos han pretendiendo asimilar estructuras, elementos y materiales propios de los modelos antiguos, el resultado es forzosamente dispar porque no consiguieron copiarlos y alzarse como réplicas exactas pues ya responden a tipos constructivos de viviendas actuales con las exigencias de una forma de edificación de mayor calidad y estructuras de mejor habitabilidad.
Condiciones que no podían ofrecer los viejos edificios levantados en la plaza en los siglos XVI y XVII bajo otras limitaciones de índole económica y material tan distintos de los usos constructivos actuales.
Aunque por otra parte haya que considerar el esfuerzo de algunos propietarios por readaptar y restaurar sus viejos edificios con criterios de autenticidad y respeto a su mucha antigüedad.
Aunque por otra parte haya que considerar el esfuerzo de algunos propietarios por readaptar y restaurar sus viejos edificios con criterios de autenticidad y respeto a su mucha antigüedad.
















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