domingo, 3 de mayo de 2026

Los Silva y Ribera, señores y vecinos de Villaseca de la Sagra.

LOS SILVA Y RIBERA, SEÑORES Y VECINOS DE VILLASECA DE LA SAGRA.

Antonio J. Díaz F.
Historiador 


Villaseca de la Sagra, villa de señorío.
          Desde finales del siglo XV el lugar nombrado Villaseca pasó de ser una población del alfoz o distrito territorial de la ciudad de Toledo para convertirse en un lugar de señorío en La Sagra toledana. Es decir, Villaseca de la Sagra se desvinculó de la jurisdicción o autoridad del rey para pasar a manos de la nobleza toledana, con lo que se transformaría en una villa dependiente de sus propietarios feudales. Esto se produjo después de que el rey Enrique IV de Castilla la eximiera o sacase del gobierno de Toledo entregándosela a la respetada familia de los Silva y Ribera, que en lo sucesivo serán los señores de Villaseca de la Sagra, como compradores y dueños del dominio definitivo sobre propiedades y vasallos. La villa pasó de ser de realengo a ser de señorío al separarse del estado de Cifuentes.
    Será don Juan de Ribera [y Silva] (†1515) quien, como señor de Montemayor del Río (Salamanca), heredó de su tío el Obispo de Badajoz, fray Pedro de Silva (†1479), la villa de Villaluenga de la Sagra como también el castillo del Águila en los cerros testigos inmediatos. El obispo había renunciado a sus derechos en favor de sus hermanos para ordenarse fraile dominico en 1412 y estaba en Toledo en 1464 para dirimir ahora las disputas entre sus sobrinos en razón de la muerte de su hermano el primer conde de Cifuentes don Juan de Silva y repartir los derechos de herencia que se disputaban los tres herederos. Uno, don Alonso de Silva (hijo del conde y su primera mujer Leonor de Acuña) sería el segundo conde de Cifuentes; otro, el citado don Juan de Ribera, señor de Montemayor y un tercero, don Pedro de Silva, señor de Villaluenga (ambos, hijos del conde y su segunda esposa Inés de Ribera). Y con mediación de los condes de Fuensalida y los señores de Malpica, sus parientes cercanos, se arbitraron las tres sucesiones, creando a la postre dos ramas nobiliarias. Como figura de prestigio, el obispo se había destacado como ferviente defensor de los derechos al trono de Enrique IV (1425-1474), en oposición a quienes apoyaban al hermano, el infante don Alfonso, que le disputaba el trono. 
     El obispo favoreció en Toledo la construcción del convento dominico de San Pedro Mártir al lado de la iglesia de San Román y en solares de las casas de su madre, doña Guiomar de Meneses (†1454), y adquirió el patronato de la capilla mayor del convento en donde fundó su entierro y panteón de sus familiares. Del mismo modo, antes de su muerte el poderoso eclesiástico se había hecho con la villa de Villaseca, por compra al segundo conde de Alba (el que pasó a ser primer duque de Alba) don García Álvarez de Toledo (†1488), su anterior propietario, personaje muy favorecido por Enrique IV y luego por los mismos Reyes Católicos, a quienes rindió importantes servicios de armas, quien lo había heredado de su madre la condesa doña Mencía o María Carrillo.
    Podemos considerar al Obispo fray Pedro de Silva como el primer poseedor de los sitios que habrían de reunirse en el mayorazgo de Montemayor. Primero, la villa de Villaluenga, que recibió de su madre doña Guiomar de Meneses; segundo, el castillo del Águila, levantado por el mismo; y, tercero, la villa de Villaseca de la Sagra, adquirida a los condes de Alba. Se enterraría en la iglesia del mencionado convento toledano y en su túmulo figura la siguiente inscripción:

    Villaseca de la Sagra y Villaluenga de la Sagra formaron una unidad territorial muy cercana a la capital del reino y con lo que el señor reunía un extenso dominio de tierras agrícolas, los dos núcleos o concejos con sendas pilas o parroquias, defendidos por el estratégico castillo del Águila. Al norte discurría el camino real de Toledo a Madrid y al sur de este territorio tenía parte del aprovechamiento de las aguas del río Tajo. 
       Fue el mencionado don Juan de Ribera quien agregó antes de su muerte las dos villas toledanas a su estado de Montemayor comprendiendo tierras, fortalezas, castillos y demás bienes, incorporándolos al título de sucesión en su mayorazgo sin poder ser vendidos ni enajenados y en beneficio de su primogénito y sus descendientes. El hijo mayor e inmediato sucesor en el mayorazgo de Montemayor así fundado fue don Juan de Silva y Ribera (1471-1538), como tercer señor de Montemayor. Los vecinos de estas dos poblaciones pasaron a ser considerados siervos y vasallos de este señor que por sus méritos militares en la Guerra de las Comunidades obtendría el título de Marqués de Montemayor.                 Además, con su matrimonio en 1491 con doña María Manrique de Toledo disfrutaría como dote la villa vecina de Magán y los Montes de la Greda o de Magán. De aquí en adelante el marquesado de Montemayor fue indisoluble de las dos principales villas sagreñas y sus anejos.
    El mayorazgo así consolidado y aumentado con las posesiones de Montemayor, Villaluenga y Villaseca de la Sagra fue confirmado por Real Cédula firmada por el rey don Carlos y su madre doña Juana [La Loca] en Toledo a 24 de noviembre de 1525, tras el vencimiento de las Comunidades. 
    Villaseca de la Sagra en este tiempo no sería más que un pequeño poblado enclavado en un paraje bastante llano, a tres leguas de Toledo, y junto a unos pozos o descansadero del Cordel de Merinas, un ramal pecuario derivado de la Senda Galiana o Cañada Real Riojana que corría más al norte en su tramo desde Magán a Pantoja y al pie del citado castillo. Teniendo acaso un caserón sin defensas -una llamada casa llana- que serviría para residencia ocasional del señor y una humilde iglesia, reconstruida tras el paso de los comuneros, para el pobre vecindario campesino y pechero, eso sí, con un amplio campo de labrantío y en proximidad al río Tajo y el importante paso de la Barca de Aceca, ya en jurisdicción del recién formado Real Sitio de Aranjuez. 
Toledo y poblaciones de su entorno geográfico. (Fragmento del mapa eclesiástico del Arzobispado de Toledo, por el cardenal Portocarrero, 
titulado Toletum Hispanici Orbis Urbs Augusta, 1681). 
Es cierto que el rey se sintió agradecido y quiso resarcir al noble caballero don Juan de Silva y Ribera de sus pérdidas y premiar con creces sus servicios otorgándole en las Cortes convocadas en Toledo el 15 de abril de 1538 el título nobiliario de Marqués de Montemayor para sí y sus descendientes, siendo el primero en ostentar este título. Había nacido en 1471 en Gálvez, de donde era señora su madre doña Juana de Herrera, pero murió en Villaseca de la Sagra en 5 de agosto de 1538 a la edad de sesenta y siete años de edad, pero siendo sepultado en el coro de San Pedro Mártir de Toledo, como dice Salazar y Castro en su genealogía. 
Después de este don Juan de Silva y Ribera, que como capitán general resistió la acometida de los comuneros en su fortaleza del Águila el 23 de abril de 1521, distintos sucesores de la casa, como esposas, hijos y otros familiares residieron esporádicamente en Villaseca, donde se bautizaron, se desposaron o murieron y en la iglesia parroquial de Santa Leocadia es donde algunos fueron sepultados en una capilla marquesal sobre la que tenían patronato.         De tal vinculación quedó quizás como recuerdo el escudo de los Silva y Ribera que preside el presbiterio actual una vez que la capilla particular desapareció al terminarse de construir la nueva iglesia en 1712 sin indicar por ello verdadera propiedad sobre la capilla mayor de la parroquia. Un escudo que, por otra parte, fue diseñado para culminar el retablo mayor fingido y pintado en 1769, cuando en realidad el linaje de los Silva y Ribera había desaparecido veinte años atrás. Este escudo se describe en heráldica como escudo partido en pal (por la mitad) y tiene por armas al lado diestro las fajas de sinople (color verde) sobre campo de oro (blasón de los Ribera) y, al siniestro, un león rampante de gules (color rojo) sobre campo de plata (blasón del apellido Silva). Timbrado con corona de marquesado. Y en el que se observa la incorrección de la figura del león, colocado hacia el interior, pero como una deliberada diferenciación respecto al león de los Silva condes de Cifuentes, sus parientes.
Escudo nobiliario de los Silva y Ribera (1769), iglesia 
parroquial de Santa Leocadia, Villaseca de la Sagra.

Los marqueses de Montemayor en su villa de Villaseca.
El pueblo de Villaseca fue testigo y partícipe de los entierros y de los casamientos de sus señores a la vez que de la buena nueva del nacimiento de los primogénitos celebrando el municipio oficialmente estos eventos con los obligados lutos o felicitaciones de boda o, dado el caso, ofreciendo regalos a alguna señora marquesa con motivo de un parto feliz, sin que faltase en ocasiones una generosa quema de cohetes para regocijo popular. En correspondencia, a veces el marqués se muestra magnánimo y entrega una limosna para el socorro de pobres o necesitados en el vecindario. Sin duda, el respeto y la cortesía institucionales fueron normas de relación entre señor y corporación concejil.
Es muy probable que Villaseca volviera a poblarse y reconstruirse con aquellas mismas familias que se guarecieron en el castillo del Águila en 1521 junto a su señor, pues no se conoce de pérdidas humanas entre los vasallos del leal señor durante la quema del pueblo y asedio a la fortaleza. Desde el momento en que se llevó a efecto su reconstrucción, la casa o palacio señorial recuperó su condición de sede del poder feudal o señorial. Con el profundo agradecimiento, el rey Carlos I dispensó al nuevo marqués los materiales de la derruida casa del comunero Juan de Padilla, que llegarían en carros desde Toledo a la nueva plaza de la villa de Villaseca, donde se habría de levantar un grandioso edificio cuadrangular con torres esquineras construido mayormente en ladrillo aparejado, y en el que habría de colocarse una importante portada de granito de estilo toledano, bien aprestada en el centro de la fachada principal, y con un patio cuadrado interior levantado sobre columnas del mismo material y capiteles renacentistas, más la colocación de algún elemento decorativo como el magnífico antepecho gótico de pizarra en el interior. Es obvio que don Juan de Silva, reafirmado en su poder y en sus cargos municipales en la propia ciudad de Toledo, se valió de todo lo aprovechable para su grandiosa morada villasecana. 
La presencia de los marqueses en Villaseca, en persona o a través de un administrador, estaba justificada en muchos casos con motivo del despacho de distintos negocios, de la atención de obligaciones y de la administración de la hacienda patrimonial. Eran actividades acostumbradas el nombramiento anual de justicias, la extracción y comercio de la greda, la percepción de alcabalas y otras rentas, la recaudación de tributos de gallinas por casas y solares, la actuación sobre los contratos de arrendamiento de las tierras del mayorazgo, tanto en su apertura y firma como en el pago de los correspondientes frutos establecidos con los labradores arrendatarios, efectuados en fechas señaladas del año. Muchas escrituras se extendieron ante escribano en razón de estos asuntos principalmente económicos y estos protocolos afortunadamente se conservan en el Archivo Histórico Provincial de Toledo.
De otro modo y a lo largo de los siglos XVI y XVII la familia de los Silva y Ribera utilizaron y habitaron circunstancialmente este gran edificio tan bien situado en el centro de un entramado urbano trazado tras los acontecimientos de 1521, con espaciosas plazas y amplias calles. No se conocen reformas importantes en ese tiempo en el edificio renacentista. Las que sí se acometerán con posterioridad a 1750 por los nuevos propietarios, los marqueses de Castromonte, que ampliaron y doblaron la fachada principal donde la portada primitiva seguía ostentando el escudo en piedra de los Silva y Ribera, sus genuinos propietarios.
Portada principal del palacio de los marqueses de Montemayor.
Villaseca de la Sagra. (Foto del autor)

Lo que sí es cierto es que en 1685 los marqueses fueron autorizados a disponer dentro del palacio de un oratorio, lo que les permitiría desempeñar más íntimamente cualquier acto religioso lejos de la asistencia pública en la iglesia parroquial puesto que a su servicio siempre había un capellán particular que podía celebrar misas en un entorno más privado.
No obstante, durante las obras de demolición de la vieja iglesia parroquial, entre 1653 y 1659, alguna dependencia ya había sido habilitada para servir de espacio parroquial mientras se esperaban iniciar los trabajos de torre y cuerpo de naves del nuevo templo. Así, en 30 de agosto de 1653 Pedro Díaz Mejorada, vecino de Añover y maestro de obras de la iglesia, recibía 1.400 reales de cuando bajó las campanas de la torre vieja y de haberlas llevado al campanario que se hizo en las casas del marqués a donde se había trasladado el Santísimo provisionalmente. Con los derribos también la pila bautismal se trasladó al palacio de los señores marqueses en 1653, la que hoy se conserva en la iglesia.
A propósito de la obra de la iglesia parroquial se suscitó una controversia en cierto modo motivada por los intereses del V marqués de Montemayor, don Juan Francisco de Silva y Ribera (1616-1685), al pretender que se hiciese la iglesia nueva en la plaza pública junto a su palacio. Este deseo del señor parece justificado porque a causa de "un accidente tan casual, como inexcusable, que le sucedió en una comedia de Palacio", estaba afectado de invalidez y obligado a vivir en Villaseca por lo que quiso la comodidad de tener iglesia junto a su residencia. El marqués pretendía convencer al vecindario con el ofrecimiento de una aportación de 3.000 ducados si la iglesia se edificaba junto a su casa solariega con lo que hubiera satisfecho su interés personal, alegando sus derechos de patronato pues:

"lo hace debajo de condición y calidad expresa que su Señoría de tener pasadizo desde sus casas principales de mayorazgo donde vive a la capilla mayor de la dicha iglesia de que han de usar los demás señores marqueses de Montemayor y sus sucesores en su casa y mayorazgo sin que tenga ni pueda tener ni pretender otro ningún derecho de patronazgo a la dicha Capilla Mayor". 

En ese año de 1653, a 23 de abril, tendría lugar en el ayuntamiento de Villaseca una nueva votación sobre dónde hacer la iglesia y se pretende ahora una mayor representatividad del vecindario en virtud de que "esta villa es de trescientos vecinos poco más o menos". Esta impugnación de la votación anterior del día 14, favorable al criterio inmovilista del cura, parece obedecía a ciertas presiones del señor marqués, por quien eran nombrados el alcalde y justicias de la villa. Tenemos pues un dato demográfico que revela la población de Villaseca a mediados del siglo XVII, estimada en unos 300 vecinos (entre 1.050 y 1.200 habitantes), y a finales de ese siglo Villaseca contará con una población más disminuida en torno a los 1.000 habitantes de 1696. 
Como exponíamos en 1991 en nuestro estudio sobre la iglesia parroquial, con la tenacidad del cura propio don Bernabé Díaz Carreño se consiguió construir en su viejo emplazamiento en contra de las pretensiones del marqués, como así lo atestigua una anotación en los libros de bautismo encontrada por nosotros y comunicada después al entonces párroco don Francisco Peñas, y que nos aporta la interesante noticia que dice así:

"Edificación de la iglesia en 10 de septiembre de 1659. Púsose la piedra fundamental de la reedificación del templo de la parroquial de Santa Leocadia de esta villa de Villaseca de la Sagra en diez de septiembre del año de mil y seiscientos y cincuenta y nueve años = púsola el señor doctor Bernabé Díaz Carreño cura propio de esta villa y del lugar de Mocejón aldea de Toledo = siendo pontífice nuestro muy santo padre Alexandro séptimo y Rey de las Españas don Felipe cuarto y Reina doña Mariana de Austria y arzobispo de Toledo don Baltasar de Moscoso y Sandoval de la Casa de los condes de Altamira y marqués de MonteMayor el Señor don Juan de Silba y Ribera Señor de las villas de Villaseca y Villaluenga y marquesa doña María de Toledo de la Casa de los condes de Cantillana y el maestro que hizo la dicha obra Pedro Díaz Mejorada y Mayordomo de la dicha iglesia el Licenciado Pedro Martín de Ortega".

Hecho significativo, sin duda, que hacía imprescindible la presencia de los nobles señores entre los vecinos y vasallos de Villaseca. Pero al mismo tiempo, aparte de tan distinguidos señores, dentro del pueblo se hacían visibles todas aquellas personas relacionadas con la servidumbre palaciega. Criados y criadas, encargados, mayordomos, capellanes, cocheros y mozos de cuadra, cocineras, camareras, amas de gobierno, ayas y ayos de los niños, damas del servicio, doncellas, pajes, peones y trabajadores también eran vistos por el vecindario quizás de una forma más cercana debido a su condición de lacayos o servidores y, en definitiva, gente del estado llano, aunque favorecida en sus trabajos por la relación directa con los dueños naturales. Una cierta vida cortesana se asomaba a los ojos de los humildes villasecanos de entonces cuando los marqueses habitaban en su casa palacio. No dejarían de sorprenderse ante el trasiego de vistosos carruajes, el lujo y porte de damas y la distinción de encopetados caballeros. Para observar mejor, la curiosidad los llevaría a cruzar por la plaza pública o por la parte trasera de la "corraliza del marqués", como se conocía a la plaza hoy ocupada por el casino.
Del mismo modo, los señores participaban de la vida social del pueblo inscribiéndose en algunas de las honrosas cofradías fundadas en la villa. La antigua cofradía de Santa Ana tenía su nómina de hermanos encabezada en 1603, año de su fundación, por don Juan de Silva y Ribera, marqués de Montemayor. La cofradía del Santísimo Sacramento, cuya fundación puede remontarse a la segunda mitad del siglo XVI como institución distinguida a la que pertenecieron los señores marqueses de Montemayor, encabezando la nómina de hermanos don Juan de Silva y Ribera y sus hijos don Diego y don Juan de Silva y demás familia. Más adelante tenemos noticia de la nómina de cofrades con los señores don Nicolás de Silva y la señora marquesa Ana de Velasco. Y, por supuesto, también precedían la nómina de cofrades de Nuestra Señora de las Angustias como en 1645.

Personajes de época, siglo XVII. Fragmento del cuadro Perspectiva de la Plaza mayor de Madrid, óleo anónimo (Museo de Historia de Madrid).

Tampoco era extraño que algún que otro señor abusara de su poder para deshonrar o seducir doncellas y los casos de hijos ilegítimos, los llamados "hijos naturales", no eran extraños dentro del ámbito palatino y vecinal, como es notorio con algunos conocidos ejemplos. 
Viudo de su primer matrimonio, el poderoso primer marqués don Juan de Silva y Ribera tuvo un desliz antes de casar en segundas nupcias con doña Beatriz de Mendoza, hija de don Álvaro de Mendoza, II Conde de Castro, y de la Condesa doña Juana de la Cerda, hermana de don Luis de la Cerda, I Duque de Medinaceli. El marqués estando viudo tuvo con María Florín, hija de un vasallo suyo de Villaseca, una hija bastarda que fue doña Juana de Silva, mujer de Juan Cazalla Vivero, vecino de Pedrosa del Rey (Valladolid) y hermano del doctor Agustín de Cazalla, capellán y predicador de Carlos V y de Felipe II, condenado en 1559 por la Inquisición de Valladolid como hereje protestante con toda la familia. El mismo marqués tuvo otra hija ilegítima, llamada Guiomar de Silva, de madre desconocida, que fue monja en el monasterio dominico de Madre de Dios de Toledo.
Igualmente, su nieto, el tercer marqués de Montemayor don Juan de Silva y Ribera habría mantenido relaciones ilícitas con una doncella natural de Villaseca de limpia sangre (es decir, descendiente de cristianos viejos y estado hidalgo) llamada Ana Díaz de Meneses, hija de Juan Domínguez y de Inés Díaz, vecinos de la villa, de cuyo trato nació un hijo natural, por nombre don Diego de Silva y Ribera, nacido en Villaseca en 1571, que fue clérigo y canónigo en la Santa Iglesia Catedral de Toledo. Fruto de otra unión, tuvo por hijo natural a don Juan de Silva, que perdió la vida en las “Barcas de Acequia al furor de un toro que lidiaba”, sin dejar sucesión. Quizás aquí tengamos la primera mención a la tauromaquia en Villaseca, y como escenario, Aceca.
  Asimismo, hijo natural de don Manuel de Silva, VI marqués, habido con doña María de la Parra, doncella de limpia sangre natural de Villaseca, fue don Juan Manuel Agustín de Silva, nacido en Toledo en 29 de agosto de 1678, bautizado en la parroquial de San Miguel de aquella ciudad. Estuvo viviendo con su padre en Villaseca.

Marqueses y señores en la documentación villasecana.
Es necesario recalcar la importancia del patrimonio documental que se custodia en dos instituciones históricas como son la parroquia y el ayuntamiento de Villaseca de la Sagra. En sus archivos históricos se atesora la memoria escrita de este pueblo y son fuente valiosísima que permite al historiador investigar e indagar en muchos aspectos de nuestra historia. Como es el caso de estas páginas, respecto a la vinculación de la familia Silva y Ribera con Villaseca a través de los documentos inéditos que aquí relacionamos por primera vez en los estudios sobre Villaseca. Con estos materiales podemos hacer un recorrido en el tiempo a través de la vida de los distintos personajes durante su estancia en esta villa.
Del segundo marqués don Juan de Silva y Ribera no constan datos de su presencia habitual en Villaseca pues residió toda su vida en Toledo, donde murió en 1566 en el alcázar real, sepultándose en la iglesia dominica de San Pedro Mártir. 
Tampoco del tercer marqués don Juan de Silva y Ribera tenemos testimonio de ello. De inclinación militar y al servicio de Felipe II, la crónica oficial dice que este señor murió en Toledo en 9 de enero de 1609 sin descendencia legítima, pues permaneció soltero y mandó ser enterrado en Toledo, sepultado en el coro de San Pedro Mártir. No obstante, la partida de defunción se encuentra en la parroquia de Villaseca donde se registra que fue realmente en su casa solariega donde murió el marqués en 10 de enero de 1609 y el licenciado Francisco Sánchez certifica que:

"otorgó su testamento ante Diego Vázquez escribano; mandó ser enterrado en Toledo y así se llevó a ella; no dejó aquí otra memoria a la iglesia ni señalada cosa más que la del casamiento de tres huérfanas cada año a cien ducados cada una; sus testamentarios don Juan y otros señores; el dicho señor don Juan dará cuenta de este testamento".

         Sucesor en la línea del mayorazgo fue su sobrino don Juan Luis de Silva y Ribera (1586-1638). Como si se tratara de su verdadero primogénito heredó el título de IV marqués de Montemayor, siendo hijo legítimo de don Pedro de Silva y doña Teresa de Acuña y Guzmán, señora del mayorazgo del Lago en El Viso de Toledo. Murió en Madrid, donde residía. Había casado con doña Leonor de Mendoza (1591-1622), hija del III conde de Orgaz don Esteban de Mendoza y Guzmán.

Portada del libro Historia genealógica de la Casa de Silva, de don Luis de Salazar y Castro, 1685).

El V marqués, natural y vecino de Villaseca.
Si bien sus padres don Juan Luis y doña Leonor residieron, como decíamos, en Madrid, por circunstancias previsibles don Juan Francisco de Silva y Ribera, luego V marqués de Montemayor, nacería en su villa de Villaseca, pero no en octubre de 1616 como supone la crónica de Salazar y Castro. Heredó la Casa de Montemayor y sus agregados las villas de Villaseca, Lagunilla, Villaluenga, Magán y el mayorazgo del Lago más los consabidos títulos de Notario Mayor del Reino de Toledo y Alcalde Mayor de la Mesta. Además, Felipe IV le concedió en 1639 el título de Marqués del Águila para él y los primogénitos de la Casa, mientras que su hermano don Pedro de Silva y Mendoza (†1648) ostentó el de Marqués de la Vega de la Sagra desde 1647, reservado a los segundones. Don Juan Francisco fue el señor que más tiempo vivió en Villaseca, entre sus vasallos, debido a ese conocido "accidente tan casual como inexcusable que le sucedió en una comedia de Palacio. Allí [en Villaseca] puso grande atención siempre al mayor alivio de sus vasallos, labrando en ellos sus beneficios, el particular amor con que le veneraron...", según las prudentes palabras del cronista Salazar y Castro. Si bien sabemos del hecho que en verdad le llevó a Villaseca, que no fue otro que un desdichado altercado en el Buen Retiro en una jornada de recreo ante los reyes y los más encumbrados cortesanos, frustrándose así su aspiración a medrar entre la alta nobleza por los favores reales y reafirmar el prestigio de su sangre. 
Había casado con doña María de Toledo y Vicentelo y Leca, hija de los condes de Cantillana, dama de la reina Isabel de Borbón. El matrimonio permaneció largas temporadas en su residencia de Villaseca desde que en 1638 gozaron del título de marqueses.
Ciertamente, como auténticos vecinos de la villa, podemos constatar y documentar el bautismo y muerte de don Juan Francisco de Silva, V marqués de Montemayor. La partida sacramental de su bautismo se recoge exactamente en 30 de junio de 1606. El teniente cura don Francisco Sánchez, en nombre del cura propio licenciado don Eugenio de León, bautizó a don Juan Francisco, hijo de su señoría don Juan de Silva y Ribera. Sus padrinos de sacra fons o de pila fueron Alonso Ortiz de Mazuelas, teniente de Alcaide del Alcázar Real de Toledo, y María Díaz, viuda, ama de dicho niño. Presentes como testigos fueron Juan de Arellano, notario apostólico y sacristán de la parroquia, Jerónimo de Mazuelas y Juan García, vecinos de la villa. 
Después del propio Juan Francisco, una hermana suya nacía en Villaseca en 1617 donde Antonio de León de Montejer, teniente cura de la parroquia, bautizó a doña María, hija de don Juan Luis de Silva y Ribera y de doña Leonor de Mendoza, marqueses de Montemayor y señores de esta villa. Fueron padrinos don Esteban Hurtado de Mendoza, conde de Orgaz, y doña Teresa de Acuña, madre del marqués (abuelo materno y abuela paterna respectivamente). Fueron testigos Andrés García y los clérigos Pedro Ortega y Miguel Ortega. Sabemos que esta señora profesaría como monja en el monasterio franciscano de Nuestra Señora de los Ángeles de Toledo.
Posteriormente la parroquia registrará las defunciones de los propios marqueses. Primero, firmada por el cura licenciado Isla en 28 de mayo de 1679, la de doña María de Toledo y Vicentelo, marquesa de Montemayor, señora de esta villa, de sesenta y cuatro años de edad "poco más o menos", que recibió los santos sacramentos y se depositó su cuerpo "en su capilla que esta inclusa en la parroquial de esta villa". 
        Después, en 18 de enero de 1685 se registra la defunción del propio marqués con el detalle de su entierro en esta partida que transcribimos:
"En la iglesia parroquial de Santa Leocadia de esta villa en diez y ocho días del mes de enero de ochenta y cinco salió la cruz de la parroquia y cura para llevar a enterrar al señor D. Juan de Silva y Ribera Marqués de Montemayor Señor de Villaseca y Villalengua [sic] y notario mayor del Reino de Toledo al convento de Nuestra Sra. de la Oliva término de Recas de los Religiosos Recoletos de San Francisco; enterrose en la bóveda, digo, depositose en la bóveda del Santo Cristo que está en una capilla como entramos a la capilla mayor a la mano derecha; hízosele los oficios acostumbrados en esta parroquia [de Villaseca] y en la Oliva se le hizo novenario cantado; no hizo testamento por dar poder a su hijo el señor D. Manuel de Silba marqués del Águila y lo firma ut supra Juan Antonio Ortega Cerbantes".  
Árbol genealógico y descendencia del V marqués de Montemayor.

Residiendo temporalmente en Villaseca familiares de estos quintos marqueses y allegados suyos son los que ocasionalmente ven la luz en esta su villa sagreña. Es el caso de algún sobrino de los marqueses. En Villaseca, en 22 de julio de 1641, Gabriel Esteban, teniente cura, bautizó a Juan Antonio de la Cruz Francisco José Ignacio Isidro Buenaventura Domingo, hijo de los II condes de Cantillana don Juan Luis Vicentelo y doña Teresa de Silva y Ribera y Mendoza (la hermana de don Juan de Silva). Sus padrinos fueron Fray José de la Cruz, descalzo carmelita, y doña Isabel Antonia de Velasco, su abuela. Testigos fueron los licenciados Juan de Ortega y Pedro Ortega, y don Alonso de Melo, todos vecinos de la villa.
Igualmente tiene lugar el casamiento dentro de la parentela residente en Villaseca de dos personas muy cercanas a la familia. En 7 de abril de 1643, el I conde de Cantillana don Juan Vicentelo y doña Margarita de Eril, III condesa de Eril, son velados por el teniente cura de la parroquia don Diego Palomeque, Comisario del Santo Oficio de la Inquisición en Toledo, en la iglesia parroquial de Villaseca, quienes, como viudos, habían sido desposados por el Obispo [Auxiliar] de Anillo y Vicario General de Zaragoza en 10 de octubre de 1642 con licencia del Arzobispo de Toledo. Fueron los padrinos de estas velaciones los mismos señores marqueses de la villa, a la sazón, yerno e hija del citado señor conde de Cantillana. 

Pila bautismal del siglo XVI. Iglesia parroquial de Santa Leocadia.
 Villaseca de la Sagra. (Foto del autor).

De igual modo, nacieron en Villaseca varios hijos de los marqueses don Juan de Silva y doña María Toledo Vicentelo. Una larga descendencia de la que no sobrevivieron más que tres varones y cuatro mujeres. Fue la pila parroquial hoy conservada en la que se acristianó tanto a nobles como a súbditos. Y así se sucedieron los nacimientos que a continuación relacionamos por orden cronológico:
    1644 (17 de marzo). El teniente cura Diego Palomeque bautizó a doña María Antonia Josefa Ignacia Luisa Buenaventura Leandra Francisca. Sus padrinos fueron don Lope de Silva y Ribera y la señora doña Isabel de Silva y Ribera. Tal vez se trate de doña Antonia de Silva.
    1645 (13 de marzo). El doctor Bernabé Díaz Carreño, cura propio, bautizó a Ana Antonia Basilisa Ignacia Buenaventura Francisca Luisa Josefa. Padrinos son don Lope de Silva y doña Isabel de Silva su sobrina. Tal vez doña Ana de Silva.
    1646 (26 de junio). El mismo cura Díaz Carreño bautizó a Juan Antonio Basilio Luis Domingo José Ignacio Francisco Buenaventura Pedro. Padrinos, don Lope de Silva y doña Isabel de Silva, tío y hermana, respectivamente. Tal vez fuera el II marqués del Águila, que, como se verá, moriría soltero en un accidente ecuestre en Aceca, en agosto de 1670.
    1647 (3 de agosto). El teniente cura Diego Palomeque bautizó a Diego Antonio de Silva. Padrinos, los mismos don Lope y doña Isabel. Al parecer murió de temprana edad.
    1648 (14 de noviembre). El fraile dominico Fray Jerónimo Herreros bautizó a Antonio Francisco Domingo Severino Ignacio Buenaventura Luis. Sus padrinos fueron don Lope de Silva y Ribera y doña Antonia de Silva y Ribera. Sería el III marqués del Águila, el que, como se verá, murió, soltero y sin hijos, de una grave enfermedad en Villaseca en septiembre de 1672.  
    1649 (22 de diciembre). Fray Luis del Campo, mínimo de San Bartolomé de la Vega de Toledo, bautizó a Francisco Antonio Domingo Isidro Ignacio Buenaventura Luis Román Alberto Jacinto. Como padrinos, don Lope de Silva y Ribera, hermano del marqués, y doña Isabel de Toledo y Silva, hija del marqués. Este será el único sucesor que reúna los títulos adscritos al mayorazgo.
    1650 (22 de diciembre). El mismo religioso bautizó a Alfonso Manuel Antonio Ambrosio Ignacio Domingo Buenaventura Luis Francisco. Padrinos fueron don Lope de Silva y su sobrina doña Isabel de Silva y Ribera. Al parecer murió de corta edad.
    1652 (31 de agosto). El presbítero Felipe de Avilés bautizó a María Juana Antonia Dominga Francisca Luisa. Padrinos fueron don Lope de Silva y Antonia de Silva, hija de los marqueses. Al parecer murió de corta edad.
    1653 (10 de noviembre). El teniente cura Felipe de Avilés bautizó a Manuel Antonio Isidro Ambrosio Ignacio Francisco Buenaventura. Sus padrinos fueron don Lope de Silva y doña Isabel de Silva. Al parecer murió de corta edad.
        A estos natalicios, y en presencia del quinto marqués don Juan Francisco, se suceden importantes enlaces de sus hijas en Villaseca con personajes de alta alcurnia y nobleza probada, que son los siguientes:
    1666 (10 de octubre). El señor don Alonso de Benavides, clérigo presbítero caballero de la orden de Santiago y chantre canónigo de la Santa Iglesia Catedral de Coria, desposó y casó por palabra de presente al señor don Juan Antonio Vicentelo y a la señora doña Isabel de Velasco y Silva, hija legítima de los señores marqueses de Montemayor. Son testigos el señor don Francisco Carvajal Loaisa y Meneses, vizconde de Salinas y el señor don Juan Vicentelo, Caballero del Hábito de Santiago y Almirante de la Flota de la Nueva España y el señor don Antonio de Silva, marqués de la Vega. Rúbricas en la partida de Alonso Benavides y Vaca, Juan López Briceño, como testigos. 
    1668 (7 de febrero). El teniente cura Felipe de Avilés casó "en el oratorio que tienen el Illmo. Sr. Marqués de Montemayor en su casa" a don Francisco de Carabajal y Meneses, vizconde de Salinas, con la hija de los marqueses doña Ana de Silva Vicentelo, que se dicen todos vecinos de esta villa. Ante los testigos Esteban Fernández y Alonso Domínguez.
    1668 (29 de octubre). Igualmente en el palacio del marqués son desposados por el teniente cura Diego Ramírez don Pedro Fernández Manrique de Lara, caballero de Santiago y señor de la villa de Arquillo y vecino de Galistero, hijo de don Alfonso Fernández Manrique de Lara, caballero de Santiago y señor de Galistero y su estado y de la señora doña María Manuel Solís Puertocarrero su mujer, con doña Antonia de Silva y Toledo, hija de don Juan de Silva y Ribera, señor de Villaseca y Villaluenga, y de doña María Enríquez Vicentelo. Acuden como testigos el conde de Montehermoso y don Francisco Carabajal, señor de Huerta de Valdecarábanos. 
La misma mujer, doña Antonia de Silva que, luego viuda, vuelve a casar por poderes en 13 de diciembre de 1675, precedidos de las tres publicaciones y con licencia del Teniente Vicario General dada en Toledo en 12 de diciembre, y testimonio de Miguel García Pastor, notario de la audiencia arzobispal, el teniente cura Francisco Antonio de Isla desposó solemnemente al señor don Fernando de Luján Robles y Guzmán, conde de Castro-Ponce, vecino de la villa de Madrid, ausente, y al señor don Manuel de Silva y Ribera, señor de esta villa, marqués del Águila y natural de ella su procurador en su nombre y en virtud de poder otorgado en Madrid de 9 de diciembre de 1675 ante Tomás López Crespo, escribano de número, con la señora doña Antonia de Silva y Toledo, presente y vecina de esta villa, viuda del señor don Pedro Manrique de Lara. Siendo testigos don Francisco de Carbajal Loaysa y Mendoza y don Álvaro Pantoja, estantes en esta villa y otros vecinos, los veló y bendijo "intermisarum solemnia" [en la celebración de la misa] en la ermita de Nuestra Señora de las Angustias en 6 de mayo de 1676. 
Inevitablemente, el quinto marqués sería testigo doliente de algunas pérdidas familiares que recogen las siguientes partidas:
    1669 (20 de abril). Murió don Lope de Silva y Ribera, hermano querido del marqués señor de esta villa, de edad de cincuenta años poco más o menos; recibió todos los sacramentos; testó ante Lucas Gómez Mejorada, escribano de la villa, y dejó por su alma y obligaciones mil misas y novenario cantado; se enterró en San Francisco de la Oliva según su voluntad. Rubrica la partida Diego Ramírez, cura. 
    1670 (29 de mayo). Se recoge esta partida de defunción que dice textualmente: 
"En veinte y nueve días del mes de mayo de mil seiscientos y setenta se ahogó en la barca de Azeca D. Agustín Villavicencio de Mexía marqués de Alcántara del Cuervo del hábito de Calatrava; se depositó con licencia del Sr. Vicario de Toledo en una pared de la capilla de S. José sita en la parroquial de esta villa; hiciéronse los oficios acostumbrados y novenario cantado y por ir alcanzado [en dinero] no se le pudieron decir más de quinientas misas y lo firmé D. Diego Ramírez". 

El VI marqués, voluntad de señorío y vecindad. 
Don Manuel [Francisco] de Silva y Ribera, VI marqués de Montemayor, señor de las villas de Villaseca, Villaluenga, Magán y Lagunilla, Mayorazgo del Lago, Notario Mayor del Reino de Toledo, Alcalde Mayor de la Mesta, Gentil Hombre de la Cámara del Rey. Como se ha visto, fue bautizado en Villaseca de la Sagra en 22 de diciembre de 1649 cuando le habían precedido en su nacimiento dos hermanos varones, don Juan (1646-1670) y don Antonio (1648-1672) no nacidos en Villaseca. Pero la temprana muerte de ambos le hizo sucesor de la Casa de Montemayor y fue gozando uno tras otro los títulos adquiridos. En 1670 era III marqués de La Vega de la Sagra y en 1672 tomaba el título de IV marqués del Águila, y últimamente heredó a su padre en 1685 como séptimo poseedor de la Casa de Montemayor, si los contamos desde su separación de la casa troncal de Cifuentes en la partición de 1564. La crónica nos confirma su vecindad y buen gobierno notando que “Ha vivido siempre en Villaseca como su padre y allí pasea tan cabalmente el amor de sus vasallos que no encuentran términos con que ponderar su justificación, su blandura, su apacibilidad y su prudencia”.
Estuvo casado con doña Isabel de Cardona y Eril, Dama de la reina doña Mariana, hija de don Alonso Folch de Cardona y Borja, I Marqués de Castelnou, Asistente de Sevilla, Virrey y Capitán General de Mallorca, Gentil-Hombre de la Cámara de Felipe IV y de su Consejo de Guerra, Primer Caballerizo y Gentil Hombre de la Cámara del Cardenal Infante don Fernando, Mayordomo Mayor y Sumiller de Corps de don Juan de Austria y de doña Margarita Teresa de Eril su segunda mujer, III Condesa propietaria. Casaron en la capilla del Alcázar de Toledo en 15 de noviembre de 1678. 

Árbol genealógico del VI y VII marqueses de Montemayor, fin del linaje 
de los Silva y Ribera.

Por su interés, constatamos, literalmente y convenientemente transcritas, las partidas de defunción de ambos marqueses, enterrados en la capilla propia de la iglesia de Villaseca, colateral de la antigua capilla mayor.
    1689 (16 de mayo). Partida de defunción de la marquesa.
"En la Villa de Villaseca de la Sagra en diez y seis de mayo de mil y seiscientos y ochenta y nueve años fallecía la señora Marquesa de Montemayor Dª Isabel de Cardona, mujer del Sr. Marqués de Montemayor. Recibió los santos sacramentos, dejó poder para testar al Sr. Marqués su marido el cual otorgó el testamento en diez y seis de mayo de dicho año ante Lucas Gomez Mejorada escribano Real y del Número de dicha villa. Mandó por el alma de dicha señora Marquesa mil misas rezadas, limosna ordinaria de dos reale; dejó por sus albaceas a la Excma. Sra. Condesa de Eril y dicho Sr. Marqués de Montemayor; dejó seis hijos los Sres. D. Manuel Marqués del Águila y D. Felipe de Silva, Marqués de la Vega, y D. Francisco, D. Nicolás, Dª María y Dª Margarita; enterrose por depósito en su capilla en la dicha iglesia parroquial de Sta. Leocadia de dicha villa y lo firmé Dr. D. Lucas Bustos de la Torre". 
    1691 (1 de noviembre). Partida de defunción del marqués.
"En la Villa de Villaseca de la Sagra en primero de diciembre de mil seiscientos y noventa y un años se enterró en la iglesia parroquial de esta dicha villa el Sr. D. Manuel Francisco de Silva y Ribera Marqués de Montemayor el cual murió en veinte y ocho de noviembre de dicho año en la villa de Madrid donde se dice recibió los santos sacramentos y otorgó su testamento en dicha villa de Madrid en veinte y nueve de dicho mes de noviembre de dicho año ante Miguel Ibáñez escribano Real; dejó por su alma  dos mil misas; herederos sus hijos D. Manuel de Silva y Ribera Marqués del Águila y D. Felipe de Silva y Ribera marqués de la Vega y a D. Francisco, D. Nicolás, Dª María de las Angustias y Dª Margarita de Silva y Cardona. Por albaceas, la Sra. Condesa de Eril y las Sras. Condesas de Cantillana Condesa de Castro Ponce y la Sra. Dª Ana de Silva y el Sr. Marqués de Castelnovo y el Sr. D. Gaspar de los Reyes, cura propio de S. Andrés de Madrid; y por la verdad lo firmé: Dr. D. Lucas Bustos de la Torre". 

        En vida del sexto marqués se hizo lamentable la pérdida de sus hermanos mayores, a los que hemos aludido, y también dos de sus hermanas, cuyos respectivos registros dicen:
    1670 (17 de agosto). El licenciado Isla confirma la muerte de don Juan de Silva, marqués del Águila, de veinticuatro años de edad. No pudo recibir más sacramentos que el de la extrema unción y el de penitencia "subconditione por verse privado de sentido repentinamente [por] una coz de un caballo; era hijo de familia y sus padres los marqueses de Montemayor le mandaron llevar a depositar en el convento de Nra. Sra. de la Oliva".
    1672 (21 septiembre). El mismo presbítero certifica la muerte de don Antonio de Silva y Ribera, marqués del Águila, de veintitrés años de edad "poco más o menos". Recibió los santos sacramentos y fue enterrado en la parroquial de esta iglesia en la capilla de sus padres con los oficios acostumbrados. 
    1684 (29 de junio). Partida de defunción de doña María de Silva.
"En la villa de Villaseca de la Sagra a 29 días del mes de junio de este año de mil y seiscientos y ochenta y cuatro: se enterró en esta parroquia de Santa Leocadia de esta dicha villa a mi señora Dª María de Silba y Toledo hija de mi señor D. Juan de Silba y Ribera, y de su legítima mujer Doña María de Toledo y Bicentelo (Que Dios Haya) marqueses de Montemayor y señores de esta villa; recibió los santos sacramentos, enterrose en su capilla con los oficios acostumbrados; dio poder al dicho su padre para que dispusiese su testamento habiéndosele comunicado; y en su cumplimiento se otorgó ante Lucas Gómez Mejorada escribano de esta villa, por el cual dejó las mandas siguientes: misa de réquiem cantada y ofrendada de media fanega de trigo; novenario cantado y ofrendado; cabo de año con los mismos oficios que en el día del entierro. Por su alma y devociones dejó cinco mil misas rezadas; a las mandas forzosas, su derecho; nombrando para cumplir el dicho su testamento dejó por albaceas al Sr. Marqués de Montemayor que es su padre, a Don Manuel de Silba y Ribera, y Doña María de Toledo y Vicentelo sus hermanos, y lo firmé Juan Antonio Ortega Cerbantes" 

Con el primogénito don Manuel de Silva y Ribera Toledo Tenorio (1680-1746), VII marqués de Montemayor, V del Águila y marqués de Castelnou, se viene a extinguir la rama directa de los Silva y Ribera al no tener descendencia legítima de su matrimonio con doña Ana López de Ayala y de Velasco Cardona, hija de los condes de Fuensalida. Había nacido en Villaseca en 1680, siendo bautizado en 19 de septiembre, y con tan sólo once años de edad heredó el marquesado y señoríos agregados al mayorazgo, por lo que en su minoría de edad tuvo por tutora a su tía paterna doña Ana de Silva Vicentelo, vizcondesa de Salinas (hija de los marqueses don Juan de Silva y Ribera y doña María de Toledo y Vicentelo), que era en 1697 viuda de don Francisco Carvajal, vizconde que fue de Salinas y señor de la villa toledana de Huerta de Valdecarábanos.
La falta del Libro IV de Bautismos (1665-1707) y del siguiente (1707-1727) nos impide constatar el hecho de este bautismo de don Manuel de Silva y el de otros posibles nacimientos en ese largo periodo de finales del siglo XVII y principios del XVIII, como ocurre con el de sus hermanos, localizados por otras referencias. Así, Felipe de Silva, IV marqués de la Vega de la Sagra, fue bautizado en Villaseca en 27 de septiembre de 1681; Francisco de Silva, bautizado en 11 de octubre de 1682; y María de Silva, bautizada en 19 de octubre de 1684, y quizás no llegada a la edad adulta.
De modo que los estados y mayorazgo fueron encomendados a su muerte en 1746 a su hermano don Francisco de Silva Folch y Cardona, que ya había fallecido en la corte imperial de Viena donde residía en 1739, por lo que fueron legalmente transmitidos a su única hija y heredera, doña María Teresa de Silva Folch de Cardona Ribera Toledo, nacida en Viena en 1732, ostentando los títulos de VIII marquesa de Montemayor, VIII del Águila y señora de Villaseca y Villaluenga desde 1746 a 1751. Habiendo sido tutelada en su minoría de edad por su madre doña María Antonia Czobor Liechenstein.
Ciertamente, el ya mencionado don Nicolás de Silva Folch de Cardona, Abad Mayor de San Salvador de Jerez de la Frontera, en nombre de la joven marquesa de Montemayor doña María Teresa de Silva Folch y Cardona Czobor y Liechenstein Ribera Toledo y Tenorio, requiere tomar cuentas por carta firmada y sellada en Madrid en 18 de octubre de 1747. Eran los actos subsecuentes a la liquidación del marquesado y su traspaso a la nueva familia nobiliaria, de mayor rango, los marqueses de Castromonte y Montemayor.

Capilla panteón y traslación de los restos.
Hemos ido conociendo por las crónicas escritas acerca de este linaje toledano que los Silva y Ribera poseían tres lugares en los que sus cuerpos difuntos podían descansar en paz. El principal quizás lo fue dentro del magnífico monasterio dominico de San Pedro Mártir en Toledo, el entierro fundado por fray Pedro de Silva, Obispo de Badajoz. Otro lugar reservado a la familia estaba dentro de la capilla del Cristo en el convento franciscano de Nuestra Señora de la Oliva, en término municipal de Recas y hoy completamente desaparecido. Y, por último, como tercer lugar privilegiado nos encontramos con la capilla que en la iglesia parroquial de su villa de Villaseca poseían los Silva y Ribera. 
El inventario parroquial realizado en 1609 nos ayuda a formarnos una idea bastante completa de la distribución interior de la antigua iglesia de Santa Leocadia a través de la enumeración de sus altares. Era junto al altar mayor donde se situaba en su colateral derecho el altar de Santa Ana, y al otro lado, el colateral de la Epístola donde se colocaba el Cristo Resucitado y por donde se entraba en la capilla contigua del Marquesado con su altar dedicado al Cristo Crucificado y, a continuación, la sacristía, donde había una imagen del Ecce Homo.
    Las distintas inhumaciones realizadas en la mencionada capilla sin duda reforzaron el vínculo afectivo entre los señores de Villaseca, su parroquia y su pueblo.
Las primitivas naves enlazarían con una cabecera, en la cual podemos suponer un altar mayor de ábside poligonal y al lado de la Epístola, adosada y pareja una capilla de menor altura perteneciente al patronato de los Silva y Ribera que menciona Salazar y Castro como el panteón de la casa marquesal. 
    Si acotamos el dibujo de la iglesia parroquial que nos muestra la Vista de Villaseca de la Sagra de Cosme III de Médici, de 1668, nos resulta difícil discernir, hacia el lado derecho, la parte oriental donde estaría la cabecera de la primitiva iglesia todavía en pie por esos años. El orden lógico que los documentos nos señalan como capilla mayor y capilla contigua del marquesado no parece estar claro, teniendo en cuenta que el resto de iglesia, cuerpo de naves y torre, hacia la izquierda, se hallaba en avanzado estado de construcción. Dudamos, por tanto, de que el dibujo original refleje fielmente aquel templo conforme a los volúmenes y siluetas reales que podía ofrecer el edificio parroquial de Villaseca contemplado entonces desde lejos, desde un punto del mediodía, y destacando sobre el resto del caserío.
Esbozo de la iglesia parroquial de Santa Leocadia, 1668. (Detalle tomado de la Vista de Villaseca de la Sagra, del Viaje de Cosme III de Médici, por España y Portugal 1668-1669).

        Lo cierto es que, en 1702, a causa de la ruina y derribos acometidos en la ya destartalada capilla mayor de la iglesia parroquial de Santa Leocadia, a cuyo lado se alzaba la capilla privada y panteón de los señores marqueses, se procedió a la remoción de los cuerpos allí depositados hasta la fecha. La nueva parte oriental (nave de crucero, cúpula y presbiterio) que completaría la obra de las naves barrocas se proyectaría sobre el suelo que ocupaba hasta su demolición la vieja cabecera alzada en el siglo XVI después de la destrucción ocasionada por los comuneros en el edificio parroquial.
    El traslado de los restos de las personas allí sepultadas se certificó en 4 de septiembre de 1702 y fue constatado en este testimonio escrito en el correspondiente libro de difuntos:

"En la Villa de Villaseca de la Sagra en cuatro días del mes de septiembre de mil setecientos y dos años estando para arruinarse la Capilla Mayor de esta iglesia parroquial de Sta. Leocadia con el motivo de hacer otra capilla mayor nueva para [lo] que están hechas todas las diligencias que son necesarias y habiendo en dicha iglesia una capillita pequeña en que está colocada la imagen de Nra. Sra. de la Cabeza, debajo de cuyo altar están enterrados diferentes cuerpos de los Señores Marqueses de Montemayor señores de esta villa y otras personas de su casa; y siendo preciso derribar la dicha capillita de Nra. Sra. por estar contigua a dicha capilla mayor se pidió por parte del Sr. D. Manuel de Silba y Rivera Marques de Montemayor se sacasen los huesos de los cuerpos referidos y se trasladasen y depositasen en esta iglesia. Y poniéndolo en ejecución, yo el Doctor D. Juan Rodríguez de Ortega, cura teniente, hice sacar del dicho sitio los huesos de los cuerpos difuntos de la señora Dª María de Toledo y Vicentelo, Marquesa de Montemayor, y de los señores D. Antonio y Dª Mª de Silva, sus hijos; la señora Dª Isabel de Cardona y Eril, Marquesa de Montemayor, y de otros niños hijos de los señores Marqueses de Montemayor y del Conde de Cantillana. Y dhos huesos se pusieron en una caja y asimismo en otra caja los huesos del señor Marqués de Alcántara, que se ahogó en las barcas de Azeca, y se trasladaron y depositaron en el hueco del altar de Nra. Sra. de la Cabeza que se mudó y está junto a la torre de esta iglesia y se les hizo por mí, dicho cura teniente, un oficio de difuntos y honras y se dio orden por el Sr. D. Andrés de Cepeda, Visitador de este partido de Illescas, para que se hiciese dicha traslación sin llevar derechos algunos por ser dichos señores Marqueses bienhechores de esta iglesia y para que conste lo firmé el licenciado D. Juan Rodríguez Ortega".

Al parecer la posesión de esta capilla privada otorgaba supuestos privilegios a los señores marqueses frente al propio derecho parroquial creando ciertas reticencias o recelos en el cumplimiento de la etiqueta o respeto a la hora de acudir a los servicios religiosos. Así lo manifiesta uno de los mandatos de la visita eclesiástica de 1674 con la certeza de no existir patronato o posesión alguna sobre la capilla mayor, pues ni los propios señores marqueses pudieron acreditarlo legalmente:

"Porque el señor Marqués de Montemayor señor de esta villa con pretexto de patronato que dice tener de una capilla que está dentro de la capilla mayor de esta iglesia parroquial tiene en ella una silla para sentarse en las ocasiones que asiste en dicha iglesia a los divinos oficios y en el tiempo que Su Merced [el Visitador] ha estado en esta visita ha hallado en dicha capilla tres sillas que a voluntad del dicho marqués se dan al Señor Marqués del Águila su primogénito y a otro cualquiera que a dicho marqués le parece, lo cual es contra la libertad de la iglesia así porque estando como esta dicha capilla dentro de la capilla mayor aunque tuviera legitimado el patronato de dicha capilla parecía tenerlo también de la capilla mayor lo cual no tiene".

A tenor de estos testimonios obtenemos un conocimiento algo más preciso de aquel espacio funerario, que no tuvo que ser ni muy grande ni estar muy bien construido, abierto a la capilla mayor y contando con un solo altar y una reducida bóveda o cripta para los enterramientos. Se nos dice en aquel acta que aquellos despojos humanos reunidos en dos cajas fueron sepultados junto a la torre nueva donde ahora se traía igualmente el altar de Nuestra Señora de la Cabeza.
Lamentablemente, la iglesia fue afectada por las obras de 1972, que levantaron todo el subsuelo y con ello deshicieron todo el cementerio que se hallaba bajo el piso. Todos aquellos restos óseos aparecidos fueron retirados sin mayor cuidado y abandonados sin más distinción en el escombro general. La huella física de aquellos nobles y la de tantos otros villasecanos enterrados en su iglesia había desaparecido para siempre.

Hemos trazado un recorrido a través de determinados documentos que han ido marcando cronológicamente el devenir de la familia de los Silva y Ribera en sus distintas generaciones desde 1538 hasta 1746 en los que se evidencia el contacto o cercanía que tuvieron con esta villa, de la que eran señores y en donde construyeron su residencia y algunos tuvieron su eterno descanso. Datos que ayudan a recomponer la memoria de Villaseca de la Sagra en un aspecto que nos era desconocido hasta ahora. 
Se hace evidente que el patrimonio documental, del que nos hemos servido, es un cimiento indispensable sobre el que poder construir la historia de un pueblo.


Fuentes documentales
- Libro manuscrito del bachiller D. Gregorio Díaz [Villaseca de la Sagra, 1866]
Archivo Parroquial de Villaseca de la Sagra (APVS)
- Libros de Fábrica, II-III.
- Libros de Bautismos, II-III-IV.
- Libros de Matrimonios, II-III.
- Libros de Defunciones, II-III-IV.
- Libros de Cofradías, Santa Ana-I, Santísimo Sacramento-I-IV, Vera Cruz-I.
Archivo Municipal de Villaseca de la Sagra (AMVS)
- Libro de Acuerdos (1650-1699).
- Cuentas de Propios, 1735.
Archivo Histórico Provincial de Toledo (AHPT). Sección Protocolos.
- Protocolo 7785.
Archivo Histórico Nacional. Archivo Histórico de la Nobleza.
- Fondo BAENA. Consulta en la web 

Bibliografía
- Díaz Fernández, A. J.: "Obras del arquitecto fray Lorenzo de San Nicolás en Villaseca de la Sagra". Anales toledanos, 26, 1989, pp. 231-276. Consulta en https://www.realacademiatoledo.es/wp-content/uploads/2014/02/files_anales_0026_04.pdf
- Díaz Fernández, A. J.: Villaseca de la Sagra: noticias de su historia. Instituto Provincial de Estudios Toledanos, Serie Temas Toledanos, nº 74, 1993. Consulta en 
- Magán García, J. M.: "Acuerdos y desacuerdos a propósito de la ubicación del templo parroquial de Villaseca de la Sagra". Programa de Fiestas, 1996, pp. 13-15.
- Salazar y Castro, L. de: Historia genealógica de la casa de Silva. Primera Parte. Madrid, 1685. 
- Sánchez López, F.: Descubriendo Villaseca de la Sagra: El Marquesado del Montemayor, de la grandeza a la decadencia (2025). Consulta en 

Más contenido sobre historia y arte de Villaseca de la Sagra, visita en internet el siguiente enlace 

viernes, 27 de marzo de 2026

De cuando se fundó la ermita de la Santa Vera Cruz de Villaseca de la Sagra.

De cuando se fundó la ermita de la Santa Vera Cruz de Villaseca de la Sagra.



Antonio J. Díaz F.
Dr. Historia del Arte


 La ermita. Es este un edificio bastante reconocido dentro del conjunto patrimonial de Villaseca de la Sagra. Los tres grandes edificios declarados BIC (Bien de Interés Cultural) son el palacio renacentista de los Silva y Ribera, la iglesia parroquial de Santa Leocadia y la capilla y hospital de San Bernardo (dos ejemplos del Barroco del siglo XVII), que pueden quedar por encima de esta ermita de Nuestra Señora de las Angustias en lo arquitectónico. Por el contrario, esta ermita, más modesta en lo constructivo, alcanza un valor mayor por ser el santuario de la patrona de la villa, Nuestra Señora de las Angustias.

    Gracias a testimonios conservados en el Archivo Parroquial de Santa Leocadia de Villaseca de la Sagra podemos conocer las razones que motivaron la construcción de la única ermita que se conserva, de las dos que existían desde el siglo XVI, extramuros de la villa. Desaparecida la ermita de San Sebastián a mediados del siglo XVIII (de la que se habló en su correspondiente artículo https://memoriadevillasecadelasagra.blogspot.com/2024/06/la-desaparecida-ermita-del-glorioso-san.html), ha quedado en pie la actual ermita de Nuestra Señora de las Angustias, en los primeros tiempos dedicada a la Santa Vera Cruz, que se alza al sureste de la población, al otro extremo del que era conocido como «Pradillo de la Ermita», donde ahora el campo de fútbol municipal. 

    Una distancia en línea recta de 670 m desde el centro de la Plaza Mayor. La ubicación exacta de la ermita sobre el mapa es de 39º 57' 25'' Latitud N y 3º 52' 35'' Longitud W. Situada entre el mencionado camino del Río y la carretera comarcal CM-4001 o de la Cuesta la Reina, que pasa a su lado desde principios del siglo XX.

Villaseca de la Sagra. Ermita de Ntra. Sra. de las Angustias, señalada en el ángulo inferior derecha.

Tiempos de construcción de la ermita.
    Desconocíamos si el edificio era ya una ermita anterior o más antigua, pero en las Relaciones Topográficas de los reinos de España ordenadas por Felipe II en 1576 los informantes de la villa advierten que la ermita de la Vera Cruz «está por acabar», sin que supiéramos si se trataba de la restauración de un edificio preexistente en mal estado o de una obra de nueva planta. Esta apreciación informada por los vecinos Alejo Florín y Baltasar García en su declaración sobre la villa es de sumo interés para conocer que en la década de los años setenta del siglo XVI se estaban realizando obras de construcción de la expresada ermita, en espera de su terminación, sin poder precisar, por falta de documentación, el tiempo que llevaban realizándose los trabajos y el que realmente faltaba para su conclusión. Y por lo que hoy vemos, el edificio actual en su arquitectura original responde ciertamente a esa época en lo estructural, aunque se adviertan otras intervenciones practicadas en momentos posteriores, y más evidentes son las realizadas en nuestros días, ya en la segunda mitad del siglo XX, con menos acierto.
    En años próximos a la mención de 1576 aparecen en los documentos parroquiales mandas testamentarias de vecinos y particulares que se comprometen a donar alguna pequeña limosna para contribuir a los gastos de la obra en ciernes. Esto sucede en 1575, en que Pedro García Peromalo daba de limosna a la obra de la Vera Cruz la cantidad de un ducado. También en 1577 cuando el viejo secretario o escribano del ayuntamiento de la villa Cosme Correas, natural de La Guardia (Toledo), dona un ducado «para la obra de la ermita de la Vera Cruz». Incluso en años posteriores como 1599 hay aportaciones personales con el mismo fundamento piadoso de recolectar ayudas. Así, Constanza Díaz, viuda de Alonso de Camarena, antes mujer de Martín Calvo, por testamento otorgado en Villaseca a 2 de junio de ese año legaba «dos ducados para la obra y fábrica de la Ermita que se está fabricando para la Santa Vera Cruz, y otros dos para la canonización de S. Isidro de Madrid».
    Estos son ejemplos concretos que nos guían en el conocimiento de lo que pudo durar la obra de construcción, lenta y costosa porque no se recibían más medios que las ocasionales limosnas del vecindario de Villaseca y los exiguos ingresos de la cofradía de la Vera Cruz. Por tanto, antes de 1575 se habrían empezado las obras de la ermita y es de suponer que en los años siguientes todavía se acometían unas obras que se alargan hasta finales del siglo.                Coincidiendo con estos testimonios, hay que recordar que en 1584 la cofradía de la Vera Cruz de Villaseca de la Sagra obtenía la aprobación canónica de sus estatutos, confirmándose de este modo una institución religiosa adscrita a la parroquia de Santa Leocadia y que gozaba de prestigio y actividad reconocida dentro de la villa desde tiempos pasados, posiblemente desde antes del episodio de destrucción del pueblo ocasionado por las Comunidades.
Azulejo conmemorativo del IV centenario de la fundación de la cofradía de la Vera Cruz, a iniciativa de la Junta rectora de 1984. Ermita de Ntra. Sra. de las Angustias.

    Remitiéndonos a otro documento anterior a las fechas mencionadas, igualmente inserto como los anteriores en el Libro Becerro de Fundaciones hay referencia esta vez a la memoria de misas dejada por Alonso Serrano y su mujer Catalina Díaz, en carta de convenio dada en Villaseca de la Sagra el 23 de abril de 1565, ante el escribano Cosme Correas, estando presentes los mayordomos de la cofradía, Alonso Sacristán y Gonzalo López, reunidos en la iglesia parroquial con otros cargos y cofrades, manifestando lo que aquí transcribimos:

«que por cuanto la dicha hermandad y cofradía tenía necesidad de hacer una ermita donde se ayuntasen los cofrades de ella y saliesen con la procesión de la disciplina el Jueves Santo de la Cena e por ser pobre la dicha cofradía e no tener propios ni hacienda para hacer y edificar la dicha ermita»

    Es por ello que conciertan con estos devotos promotores la aceptación de una donación de sesenta ducados (suma sustanciosa de unos 22.500 maravedís) para emprender la edificación de la ermita y en compensación la cofradía se comprometía a celebrar anualmente dos misas por el alma de tan desprendidos benefactores y dedicadas a sus santos patronos: una, el día de San Ildefonso (23 de enero) y la otra, el día de Santa Catalina (25 de noviembre). Prosiguen los mayordomos confirmando que la licencia para hacer la ermita se había solicitado al gobernador del arzobispado don Gómez Tello Girón, quien la concedió en Toledo en 23 de marzo de 1565 con la condición y obligación de la hermandad respecto «a la edificación y reparo perpetuo de la dicha ermita». En la solicitud dirigida previamente al gobernador de la Santa Iglesia de Toledo, signada por el escribano Correas, se expresaba además que:

«y parece que el sitio donde la dicha cofradía tiene ordenado de hacer la dicha ermita es junto a la cruz al camino de Aceca que distará de la dicha villa quinientos pasos poco más o menos e que es parte y lugar decente para hacerla e que por el edificio de ella da Alonso Serrano vecino de la dicha villa veinte y dos mil e quinientos maravedís ... en la parte y lugar de suso declarado e poner en ella altar e imágenes con que estén con el ornato y decencia que se requiere» 
 
    Se comprende a la vista de este testimonio tan concluyente que la ermita de la Vera Cruz sería obra de nueva construcción y que no venía a sustituir o remozar ningún edificio anterior. Lo que se entiende como un edificio ex novo levantado además sobre un solar virgen. El lugar fue escogido por su idoneidad junto a una cruz situada en el camino que conducía al Real Sitio de Aceca, molinos y barca en el río Tajo; hacia el sureste de la población y, como se dice, a unos quinientos pasos de la salida de la villa.
    Si el proyecto o la idea sobre su edificación era un hecho considerado en torno a 1565, de la ermita de la Vera Cruz no podemos precisar la fecha inicial de las obras, aunque es de suponer que la primera piedra se pudo poner en torno a 1570 para acabarse de levantar sus muros entre 1585 y 1590. Pero no tenemos datos de esos trabajos de albañilería por falta de documentación.         Para aclarar lo de las fechas pensemos que al mismo tiempo que se erigía esta modesta ermita se estaba fabricando el monasterio de El Escorial por Felipe II.
    En cambio, conocemos que la ermita se terminó de cubrir con una armadura de madera de pino a lo que se contribuyó con nuevas y varias limosnas.
    El protocolo o libro de escrituras notariales de Villaseca más antiguo es del mencionado escribano Cosme Correas donde se contiene la escritura de obligación, signada en 24 de enero de 1585 por el vecino de Poveda de la Sierra, tierra de Cuenca, de nombre Cebrián de la Calleja, avalado por Salvador López, vecino de la villa, pero paisano del mismo carpintero, ajustando con el mayordomo de la cofradía de la Santa Vera Cruz Nicolás Ortega la obra de la cubierta de la ermita en precio de cincuenta y tres ducados (unos 20.000 maravedís), una vez recaído el remate de la obra en su oferta y según condiciones escrituradas ante el otro escribano de la villa Luis Díaz, como ya publicamos por primera vez en nuestro librito Villaseca de la Sagra: noticias de su historia (1993)
    La aludida cruz de camino allí enclavada pudo muy bien haber sido de madera sobre un tosco pedestal cilíndrico de caliza, quizás el tambor de piedra que hoy se conserva semienterrado en un ángulo de su atrio. Con el tiempo, concretamente en 1644, se realizó una nueva en piedra blanca por el cantero de Yepes Domingo de Lauriz, que contrataban los vecinos de la villa Luis Gómez de Cuéllar, Cristóbal Fernández, Alonso Aparicio, Gaspar Fernández «el mozo», Bartolomé López, Blas Calvo, Lorenzo Martín y Manuel Gómez en precio de 930 reales (unos 31.620 maravedís); dejando la nueva cruz 

«puesta y sentada en la parte donde le señalaremos junto a la ermita de Nuestra Señora de las Angustias extramuros de esta dicha villa la cual ha de llevar cuatro gradas de la dicha piedra, pie y cuarto de vuelo y una cuarta de grueso y nueve pies de caña, pedestal y capitel y basa, lo que pidiere la orden dórica. Y la cruz a de llevar tres bolas y su friso...» 

    Así pues, tenemos un magnífico crucero de estilo clásico dórico, en piedra caliza, compuesto del indicado graderío, un pedestal con cuatro inscripciones en sus caras (JHS-JOSEPH-MARIA-1644), la columna toscana (con su basa -hecha nueva en 1982- y capitel) y la cruz de remate tal como se indica en la escritura y como bien se aprecia en la siguiente foto. Esta hermosa columna constituye un monumento perfecto a la cruz cristiana que dio origen a este sitio sagrado, a la Vera Cruz. 
Crucero en el atrio de la ermita de Ntra. Sra. de las Angustias (en su emplazamiento anterior, 1980). (Foto del autor).

Obras en la ermita de Nuestra Señora de las Angustias en 1780.
    Una vez emplazada en la ermita de la Santa Vera Cruz, la imagen de Nuestra Señora de las Angustias tuvo un lugar privilegiado como Señora del santuario y advocación principal.
    Alguna obra de mejora se pudo acometer en años sucesivos como creemos lo fue en la fachada de los pies la espadaña de ladrillo con un marcado estilo copiado de los edificios de iglesia y capilla del hospital, al reproducir en su podio tres característicos cuadros en relieve. El frontis quedaba compuesto ya a finales del siglo XVII con esta fachada de ingreso culminada por la espadaña de orden clásico que termina en frontón triangular y con un vano en medio punto donde colocar un campanillo o esquila, que fundió en 1825 el campanero Francisco Mazorra Pradillo.  Una cruz de hierro corona la espadaña.
    En el interior también se corrió una bóveda falsa de cañizo y yeso sobre su nave y sujeta a los tirantes de la armadura, que no artesonado, ocultando de este modo la antigua cubierta de madera realizada en 1590. Esta bóveda responde a un perfil rebajado y ofrece tres lunetos por lado. Al mismo tiempo hubo de realizarse la tribunilla o coro alto y el púlpito. 
    Una desafortunada reforma también reciente restó tipismo a la vieja ermita, retirando las bancadas corridas de granito de sus muros. Piedras que hoy se encuentran en el atrio sirviendo de improvisadas mesas.

    Quizás, el pequeño edificio no ofrecía la grandeza para tan milagrosa imagen, y se hubo que reformar ya casi a finales del siglo XVIII. En este caso, se procedió a una notoria renovación en la cabecera o presbiterio. Fue la intervención más interesante que se hizo en la capilla mayor, aportando un toque de clasicismo en la construcción interior. Sobre su cuadrado se volteó un platillo circular haciendo cúpula sobre pechinas y perforado por una linternilla que recibe luz cenital desde el exterior iluminando así el espacio principal de la ermita. Esta media naranja se divide en ocho gajos separados por molduras pintadas como lo está el propio anillo de su cornisa y linternilla. 
Media naranja de la ermita de Ntra. Sra. de las Angustias. (Foto del autor)

    Hay evidencias documentales en el Libro de Limosnas de la cofradía donde se recoge que en 1783 se tienen gastos en reparos de la ermita. Entre otros, alzar las tapias de la cerca y hacer un pozo, a cargo del albañil local Rafael Alonso Vicente; poner una puerta trasera por el carpintero Ceferino Alonso Plaza; y colocar una reja en la ventana del camarín de la capilla de Nuestra Señora por Gabino Calderón, maestro cerrajero, en 147 reales pagados en 1782, todos vecinos de la villa. A su vez se anota un gasto en el «blanqueo hecho en el santuario de Ntra Srª». Más adelante, en 1817, se había pintado el camarín y la capilla y se habían puesto vidrieras en la media naranja.
    Si de los documentos pasamos a las evidencias constructivas que presenta el edificio es muy probable que esta capilla mayor se hiciera con un nuevo plan arquitectónico, elevando sobre el nivel del tejado el cuadrángulo donde se acoge la cúpula y cerrando a cuatro aguas el tejado. Por encima se eleva la linternilla (derribada la original en 1987). Un cuerpo octogonal rematado por picudo chapitel de pizarra. Como culminación de ella se conserva, sin embargo, la original y artística cruz de hierro sobre bola de cobre. La cruz ha perdido ciertos remates florales de bella forja, pero ha conservado en una plancha calada de su base la fecha en que se puso, que dice: AÑO 178... (perdida la última cifra). Se observa la figura calada de un ave. Así se aprecia en la correspondiente fotografía. 
Ermita de Ntra. Sra. de las Angustias. Bola de cobre y cruz de hierro. 
AÑO 178? (Foto del autor)

Valores arquitectónicos de la ermita de la Vera Cruz o de las Angustias.
    El edificio que hoy conocemos cumple unos cuatrocientos cuarenta años de existencia, aunque hay que admitir que en siglos posteriores a su fundación la ermita fue renovada en su interior, principalmente en el siglo XVIII. También el siglo XX ha contribuido a desfigurar drásticamente tanto el interior como el exterior de este edificio sin advertir el interés arquitectónico que tenía en su ser original, como edificio de valor dentro de la tradición popular y con tanta antigüedad.
    Todavía hacia 1940 o 1950 los paramentos exteriores de la ermita podían verse desnudos, es decir, mostrando su típico aparejo toledano, fiel a los modelos constructivos de la capital toledana, de la comarca y a los propios de edificios religiosos de la localidad. Se apreciaba claramente en todo su costado sur donde solo se abría una gran portada adintelada y no había ningún otro hueco mayor para iluminación salvo el pequeño ventanuco bajo el alero y que daba al coro alto.
Ermita de Ntra. Sra. de las Angustias, hacia 1940, a la vista el aparejo toledano original. (Foto: Colección del autor).

    En los años sesenta del siglo pasado las fotografías ya muestran una ermita totalmente enjalbegada o encalada cubriendo de este modo la presencia y relevancia de sus materiales constructivos: el ladrillo en machos de mayor a menor anchura y los cajones de tapial o mampostería de piedra, siempre averdugados o enrasados por dos filas de ladrillo., que mostraba la foto anterior.
Ermita de Ntra. Sra. de las Angustias, con atrio de tapial encalado y crucero, hacia 1960 (Foto: Colección del autor).

    Si describimos el edificio de la ermita en sus formas arquitectónicas descubrimos un edificio bastante sencillo, fabricado de ladrillo y cajones de tapial, pero cuyo exterior se ha desfigurado totalmente con la última reforma de 1987, haciéndose irreconocible su arquitectura de tradición mudéjar, propia de la albañilería toledana secular. Se le revistió o forró con un aparejo un tanto arbitrario y una cornisa recrecida que nunca tuvo, y con ello se perdió además una interesante fachada de ingreso en arco rebajado dispuesto a sardinel que tratamos de reproducir en el dibujo obtenido durante las obras de picado de fachadas y destrucción del aparejo original en aquellos años. El tejaroz o tejadillo sobre la actual puerta de los pies es obra menor de otra época, como también la hornacina es añadido reciente.
Aspecto de la fachada original descubierta en 1987 tras su picado, pero no recuperada.

    La ermita se construyó con una orientación de su cabecera hacia el sureste, paralela al tramo del antiguo camino del río, y junto a ella, la casa del santero. Exteriormente ocupa una longitud de 29 m por 8 m de frente aproximadamente. En planta, el interior nos muestra una nave alargada y ancha que termina en capilla cuadrangular con tres nichos profundos para las imágenes, embebidos en el muro. Capilla que se reformó en 1978 con el revestimiento de muros, ornato de altares y pinturas murales poco apropiadas. Como separación de los dos ámbitos se alza una hermosa reja de madera labrada, conformada por tres calles apilastradas y superposición de cinco alturas a base de balaustres torneados. En medidas supone una división de 5,45 m de ancho por 5 m de altura aproximadamente. Cerrando en amplio arco carpanel adaptado a la curvatura de la bóveda. Por su estilo sencillo pero de magnífico porte pudiera haber sido realizada a mediados del siglo XVII.
Planta de la ermita de Ntra. Sra. de las Angustias. (Fuente: Inventario del Patrimonio Arquitectónico de Interés Histórico Artístico, 1979)

    La cubrición que protege aún el edificio se nos revela como una obra de carpintería tradicional antigua. Ejecutada, como se ha visto, a partir de 1585, en madera de pino de Cuenca siguiendo una estructura común y conformando lo que se llama técnicamente una armadura de par y nudillo, según el modelo simplificado que muestra el siguiente dibujo. Sobre ésta, se montó el tejado a dos aguas que caracteriza la nave exteriormente en toda la longitud de la nave.

Modelo de cubierta de par y nudillo. (Fuente: https://es.pinterest.com/pin/310537336805097015/)

    Para terminar con la visualización en planta de esta ermita de la antigua Vera Cruz añadamos un nuevo gráfico de calidad, el que nos ofrece el levantamiento topográfico realizado por el Instituto Geográfico Nacional en el año de 1879. Aquí consta la edificación en su conjunto, es decir, la ermita como espacio sagrado compuesto de nave, presbiterio, altar, camarín, tribunilla y púlpito, junto a las dependencias auxiliares que entonces servían de sacristía, trasteros, casa del ermitaño, patio, etc. Observando igualmente la extensión del atrio delantero y la posición del crucero dentro de sus tapias.
Planta de la ermita de Ntra. Sra. de las Angustias. Levantamiento del año 1878 (Fuente: IGN).

La ermita y sus cofradías históricas.
El culto a la Virgen de las Angustias no se podría entender o no se hubiera podido conservar sin la creación de cofradías religiosas. Normalmente toda imagen sagrada suele estar ligada a una congregación que vela por el decoro en el culto y el fomento de la devoción de su titular hacia el que ofrece servicios litúrgicos como misas y funciones y que costea y organiza la festividad, todo siempre bajo la autoridad del párroco, que es a quien obedece como superior inmediato y responsable de su correcta actividad. Otra función de la cofradía era en estos tiempos la protección y asistencia a sus congregantes, quienes contribuían con una aportación fija al sostenimiento de la hermandad.
En torno a la Virgen de las Angustias o en relación muy directa con su culto tenemos noticias en Villaseca de la Sagra de dos hermandades importantes: la una por su antigüedad, que es la de la SANTA VERA CRUZ, la otra por su permanencia, que es la de NUESTRA SEÑORA DE LAS ANGUSTIAS.

De la cofradía de la Vera Cruz. Tenemos constancia de su existencia desde al menos hace 440 años, unos cuatro siglos de antigüedad. La Vera Cruz o Santa Vera Cruz es el culto remoto que daba la Iglesia a la simbólica y verdadera cruz donde Cristo fue crucificado y había dado su vida por nosotros en el acto de la Salvación, a partir de las innumerables reliquias del Lignum Crucis o leño sagrado, que se repartieron por tierras de España al menos desde el siglo XV.
    La cofradía de la Vera Cruz existía en Villaseca al menos desde 1560, en que hay constancia documental, organizada y ya presidida por dos mayordomos o hermanos mayores. Sabemos que entonces los cofrades no tenían un sitio donde reunirse si no era la propia iglesia parroquial ya que no existía la ermita que luego construyeron al poco tiempo, veinte años después, como se ha visto.     La cofradía se dice que era pobre por esos años, sin fondos propios y que celebraba el día de Jueves Santo una procesión de disciplinantes; por tanto, se trataba de una cofradía con fines penitenciales. Su justificación era la de hacer una estación de penitencia, es decir, una procesión portando en andas imágenes de la Pasión de Cristo.
    Veinte años después en que le son aprobadas por la autoridad arzobispal de Toledo, en 1584, sus estatutos para poder gobernarse como hermandad religiosa. Estas ordenanzas no se conservan en el archivo parroquial y por ahora no han aparecido tampoco en el Archivo Diocesano de Toledo, por lo que desconocemos los verdaderos cimientos y fines fundacionales de la institución. En estos años del último tercio del siglo XVI la cofradía llegó a construir su ermita y dentro se veneraban tres imágenes pasionistas de Cristo. La principal, Cristo muerto en el regazo de su Santa Madre (o Virgen de las Angustias, que entonces también era llamada la «Virgen del Río», por encontrarse la ermita en el camino que de Villaseca conduce a Aceca, sobre el Tajo). De la apariencia primitiva de esta sagrada imagen tampoco sabemos mucho. 
    Y no debemos olvidar que más antiguas son las tallas de los otros dos Cristos, si bien anónimas. El de la Flagelación o «de la columna» y el de la cruz a cuestas o «Nazareno». De los dos, el más antiguo e interesante es quizás el Cristo de la columna, por su figura semidesnuda y esbelta, tallada en torno a 1600, que tiene la misma edad que la talla del Cristo resucitado que hay en la iglesia parroquial. Los Cristos de la ermita de las Angustias fueron restaurados en Madrid en 1980.
    Lo cierto es que la ermita cobró celebridad en la comarca a raíz de los numerosos milagros que se producían por intercesión de su más devota imagen: la de Nuestra Señora de las Angustias. Así lo confirma la instrucción realizada para verificar estos hechos en 21 de octubre de 1624 el Arzobispo de Toledo el Cardenal Infante Don Fernando mandaba al cura párroco de Villaseca don Sebastián García del Águila que recogiese ante notario todos los testimonios de prodigios obrados por la 

«imagen de Nª. Sª. de las Angustias que está en una ermita fuera de la dicha villa la cual ha hecho y hace muchos milagros y la devoción de aquella villa y lugares de su comarca es muy grande y para que vaya en aumento la devoción de los vecinos y se sepan los milagros que ha hecho y se escriban en tablas en la ermita...» 

    Esta extraordinaria situación hizo que el Consejo de la Gobernación del Arzobispado autorizase la fundición de medallas y la publicación de cuantos milagros sucediesen por mediación de tan sagrada imagen de Nuestra Señora.
    No contamos con libros de la cofradía anteriores a 1699, por lo que nada conocemos de su actividad desde su creación ni a lo largo del siglo XVII. En 1689 la cofradía se vuelve a fundar y se renueva, contándose entre sus hermanos a don Manuel Francisco de Silva y Ribera, VI Marqués de Montemayor, y a su señora Doña Isabel de Cardona y Eril, con otros miembros de la Casa de Silva, señores de Villaseca de la Sagra. Desde ahora se abre un período próspero para la cofradía, que puede arreglar la ermita y encargar un retablo para la Virgen y los dos Cristos que ya estaban allí colocados por el año de 1705, gracias a un donativo que hizo por vía testamentaria el ilustre hijo de Villaseca don José de Ortega, del Consejo de S. M. en el Real de Indias. Un retablo que no ha llegado a nuestros días.
    La cofradía continuaría su andadura llevando en orden sus cuentas y celebrando periódicamente sus cabildos; pero sus caudales eran pobres pues sólo percibían unos alquileres de tierras, la contribución de los hermanos, el alquiler de hachones y otras limosnas que se dedican al servicio de la ermita y de la imagen. La cofradía aún mantenía cofrades en 1803, antes de la Guerra de la Independencia, y acabaría por desaparecer después de 1820. Esta es la breve historia de la Cofradía de la Vera Cruz, titular de la ermita en su primera época. 
Postal de Ntra. Sra. de las Angustias, Alcaldesa de la villa, dedicada por la cofradía en 1982 (Ed. L. Arribas-Toledo)

De la cofradía de Nuestra Señora de las Angustias
    La cofradía de la Vera Cruz es en origen la poseedora de las tres obras escultóricas mencionadas pero la primitiva de Nuestra Señora de las Angustias fue sustituida hacia 1729 por la actual y a la que nos referimos ya en nuestro artículo https://memoriadevillasecadelasagra.blogspot.com/2025/04/a-devocion-de-ntra-sra-de-las-angustias.html). A partir de aquí, coincidiendo o no con la presencia de esta nueva imagen, la cofradía de las Angustias se fundaría, en concreto, en 17 de agosto de 1729 cuando el Consejo de la Gobernación del Arzobispado de Toledo aprobó las Ordenanzas de la nueva cofradía. Como propósito principal era celebrar anualmente la festividad de la Natividad de la Virgen con vísperas, procesión y misa el 8 de septiembre. 
    Lo cierto es que la ermita se irá conociendo como «de las Angustias». Un libro del Archivo Parroquial nos revela que la cofradía de las Angustias desde 1783 se encargaba de restaurar las imágenes y renovar la ermita como se ha visto. La cofradía llevó una vida regular en el siglo XIX, y en torno a 1870 la cofradía reconocía en Nuestra Señora de las Angustias a la imagen milagrosa por la que los obispos de Toledo conceden indulgencias a quienes recen un Ave María o una Salve, a los que visitaren el santuario y a los que oyesen misa en su ermita o a los que acudiesen a las procesiones.
    Ambas hermandades tenían la ermita como su sede canónica y a la Virgen de las Angustias como su centro devocional. Y es que si observamos a la imagen de Nuestra Madre vemos que en ese grupo están reunidas las dos devociones: primero, el árbol de la Cruz que representa a la Vera Cruz, y, segundo, el grupo escultórico que es en sí la imagen de la Madre y el Hijo muerto en sus brazos, que es la devoción mariana de las Angustias.
    A finales del siglo XIX, en 24 de octubre de 1898 se tratará de reconstituir la cofradía y para ello se redactará un «Proyecto de constituciones para el establecimiento del Socorro Metálico en la Cofradía de Ntra. Sra. de las Angustias». La aprobación por el Cardenal Sancha y Hervás, Arzobispo de Toledo, se produjo en 1899 y en 1903 se imprimieron los estatutos que dieron nuevo impulso a la hermandad. 
    Y hasta hoy, en que la Hermandad sigue ofreciendo la función festiva del 8 de septiembre y procesionando en Semana Santa con su estación de penitencia, sacando a la calle sus tres valiosos pasos.
  

Fuentes documentales
    - Libro manuscrito del bachiller D. Gregorio Díaz [Villaseca de la Sagra, 1866]

Archivo Parroquial de Villaseca de la Sagra (APVS)
    - Libro Becerro de Fundaciones, 1735.
    - Libro de Limosnas de Nª Sª de las Angustias, 1772
    - Libro I Vera Cruz (1690-1724)
    - Libro II Vera Cruz (1760-1812)

Archivo Diocesano de Toledo (ADT)
Cofradías de Toledo:
    - Ordenanzas de Ntra. Sra. de las Angustias, 1729, Expediente 43

Archivo Histórico Provincial de Toledo (AHPT)
Sección Protocolos:
    - Pr. 7728, Cosme Correas.
    - Pr. 7777, Juan Carbajal.

Bibliografía
Díaz Fernández, Antonio J.: Villaseca de la Sagra: noticias de su historia.     Temas Toledanos, nº 74, IPIET, 1993.
Enlace para su consulta o descarga: 

Para más contenido sobre historia de Villaseca de la Sagra, visita en internet el siguiente enlace https://memoriadevillasecadelasagra.blogspot.com/