viernes, 27 de marzo de 2026

De cuando se fundó la ermita de la Santa Vera Cruz de Villaseca de la Sagra.

De cuando se fundó la ermita de la Santa Vera Cruz de Villaseca de la Sagra.



Antonio J. Díaz F.
Dr. Historia del Arte


 La ermita. Es este un edificio bastante reconocido dentro del conjunto patrimonial de Villaseca de la Sagra. Los tres grandes edificios declarados BIC (Bien de Interés Cultural) son el palacio renacentista de los Silva y Ribera, la iglesia parroquial de Santa Leocadia y la capilla y hospital de San Bernardo (dos ejemplos del Barroco del siglo XVII), que pueden quedar por encima de esta ermita de Nuestra Señora de las Angustias en lo arquitectónico. Por el contrario, esta ermita, más modesta en lo constructivo, alcanza un valor mayor por ser el santuario de la patrona de la villa, Nuestra Señora de las Angustias.

    Gracias a testimonios conservados en el Archivo Parroquial de Santa Leocadia de Villaseca de la Sagra podemos conocer las razones que motivaron la construcción de la única ermita que se conserva, de las dos que existían desde el siglo XVI, extramuros de la villa. Desaparecida la ermita de San Sebastián a mediados del siglo XVIII (de la que se habló en su correspondiente artículo https://memoriadevillasecadelasagra.blogspot.com/2024/06/la-desaparecida-ermita-del-glorioso-san.html), ha quedado en pie la actual ermita de Nuestra Señora de las Angustias, en los primeros tiempos dedicada a la Santa Vera Cruz, que se alza al sureste de la población, al otro extremo del que era conocido como «Pradillo de la Ermita», donde ahora el campo de fútbol municipal. 

    Una distancia en línea recta de 670 m desde el centro de la Plaza Mayor. La ubicación exacta de la ermita sobre el mapa es de 39º 57' 25'' Latitud N y 3º 52' 35'' Longitud W. Situada entre el mencionado camino del Río y la carretera comarcal CM-4001 o de la Cuesta la Reina, que pasa a su lado desde principios del siglo XX.

Villaseca de la Sagra. Ermita de Ntra. Sra. de las Angustias, señalada en el ángulo inferior derecha.

Tiempos de construcción de la ermita.
    Desconocíamos si el edificio era ya una ermita anterior o más antigua, pero en las Relaciones Topográficas de los reinos de España ordenadas por Felipe II en 1576 los informantes de la villa advierten que la ermita de la Vera Cruz «está por acabar», sin que supiéramos si se trataba de la restauración de un edificio preexistente en mal estado o de una obra de nueva planta. Esta apreciación informada por los vecinos Alejo Florín y Baltasar García en su declaración sobre la villa es de sumo interés para conocer que en la década de los años setenta del siglo XVI se estaban realizando obras de construcción de la expresada ermita, en espera de su terminación, sin poder precisar, por falta de documentación, el tiempo que llevaban realizándose los trabajos y el que realmente faltaba para su conclusión. Y por lo que hoy vemos, el edificio actual en su arquitectura original responde ciertamente a esa época en lo estructural, aunque se adviertan otras intervenciones practicadas en momentos posteriores, y más evidentes son las realizadas en nuestros días, ya en la segunda mitad del siglo XX, con menos acierto.
    En años próximos a la mención de 1576 aparecen en los documentos parroquiales mandas testamentarias de vecinos y particulares que se comprometen a donar alguna pequeña limosna para contribuir a los gastos de la obra en ciernes. Esto sucede en 1575, en que Pedro García Peromalo daba de limosna a la obra de la Vera Cruz la cantidad de un ducado. También en 1577 cuando el viejo secretario o escribano del ayuntamiento de la villa Cosme Correas, natural de La Guardia (Toledo), dona un ducado «para la obra de la ermita de la Vera Cruz». Incluso en años posteriores como 1599 hay aportaciones personales con el mismo fundamento piadoso de recolectar ayudas. Así, Constanza Díaz, viuda de Alonso de Camarena, antes mujer de Martín Calvo, por testamento otorgado en Villaseca a 2 de junio de ese año legaba «dos ducados para la obra y fábrica de la Ermita que se está fabricando para la Santa Vera Cruz, y otros dos para la canonización de S. Isidro de Madrid».
    Estos son ejemplos concretos que nos guían en el conocimiento de lo que pudo durar la obra de construcción, lenta y costosa porque no se recibían más medios que las ocasionales limosnas del vecindario de Villaseca y los exiguos ingresos de la cofradía de la Vera Cruz. Por tanto, antes de 1575 se habrían empezado las obras de la ermita y es de suponer que en los años siguientes todavía se acometían unas obras que se alargan hasta finales del siglo.                Coincidiendo con estos testimonios, hay que recordar que en 1584 la cofradía de la Vera Cruz de Villaseca de la Sagra obtenía la aprobación canónica de sus estatutos, confirmándose de este modo una institución religiosa adscrita a la parroquia de Santa Leocadia y que gozaba de prestigio y actividad reconocida dentro de la villa desde tiempos pasados, posiblemente desde antes del episodio de destrucción del pueblo ocasionado por las Comunidades.
Azulejo conmemorativo del IV centenario de la fundación de la cofradía de la Vera Cruz, a iniciativa de la Junta rectora de 1984. Ermita de Ntra. Sra. de las Angustias.

    Remitiéndonos a otro documento anterior a las fechas mencionadas, igualmente inserto como los anteriores en el Libro Becerro de Fundaciones hay referencia esta vez a la memoria de misas dejada por Alonso Serrano y su mujer Catalina Díaz, en carta de convenio dada en Villaseca de la Sagra el 23 de abril de 1565, ante el escribano Cosme Correas, estando presentes los mayordomos de la cofradía, Alonso Sacristán y Gonzalo López, reunidos en la iglesia parroquial con otros cargos y cofrades, manifestando lo que aquí transcribimos:

«que por cuanto la dicha hermandad y cofradía tenía necesidad de hacer una ermita donde se ayuntasen los cofrades de ella y saliesen con la procesión de la disciplina el Jueves Santo de la Cena e por ser pobre la dicha cofradía e no tener propios ni hacienda para hacer y edificar la dicha ermita»

    Es por ello que conciertan con estos devotos promotores la aceptación de una donación de sesenta ducados (suma sustanciosa de unos 22.500 maravedís) para emprender la edificación de la ermita y en compensación la cofradía se comprometía a celebrar anualmente dos misas por el alma de tan desprendidos benefactores y dedicadas a sus santos patronos: una, el día de San Ildefonso (23 de enero) y la otra, el día de Santa Catalina (25 de noviembre). Prosiguen los mayordomos confirmando que la licencia para hacer la ermita se había solicitado al gobernador del arzobispado don Gómez Tello Girón, quien la concedió en Toledo en 23 de marzo de 1565 con la condición y obligación de la hermandad respecto «a la edificación y reparo perpetuo de la dicha ermita». En la solicitud dirigida previamente al gobernador de la Santa Iglesia de Toledo, signada por el escribano Correas, se expresaba además que:

«y parece que el sitio donde la dicha cofradía tiene ordenado de hacer la dicha ermita es junto a la cruz al camino de Aceca que distará de la dicha villa quinientos pasos poco más o menos e que es parte y lugar decente para hacerla e que por el edificio de ella da Alonso Serrano vecino de la dicha villa veinte y dos mil e quinientos maravedís ... en la parte y lugar de suso declarado e poner en ella altar e imágenes con que estén con el ornato y decencia que se requiere» 
 
    Se comprende a la vista de este testimonio tan concluyente que la ermita de la Vera Cruz sería obra de nueva construcción y que no venía a sustituir o remozar ningún edificio anterior. Lo que se entiende como un edificio ex novo levantado además sobre un solar virgen. El lugar fue escogido por su idoneidad junto a una cruz situada en el camino que conducía al Real Sitio de Aceca, molinos y barca en el río Tajo; hacia el sureste de la población y, como se dice, a unos quinientos pasos de la salida de la villa.
    Si el proyecto o la idea sobre su edificación era un hecho considerado en torno a 1565, de la ermita de la Vera Cruz no podemos precisar la fecha inicial de las obras, aunque es de suponer que la primera piedra se pudo poner en torno a 1570 para acabarse de levantar sus muros entre 1585 y 1590. Pero no tenemos datos de esos trabajos de albañilería por falta de documentación.         Para aclarar lo de las fechas pensemos que al mismo tiempo que se erigía esta modesta ermita se estaba fabricando el monasterio de El Escorial por Felipe II.
    En cambio, conocemos que la ermita se terminó de cubrir con una armadura de madera de pino a lo que se contribuyó con nuevas y varias limosnas.
    El protocolo o libro de escrituras notariales de Villaseca más antiguo es del mencionado escribano Cosme Correas donde se contiene la escritura de obligación, signada en 24 de enero de 1585 por el vecino de Poveda de la Sierra, tierra de Cuenca, de nombre Cebrián de la Calleja, avalado por Salvador López, vecino de la villa, pero paisano del mismo carpintero, ajustando con el mayordomo de la cofradía de la Santa Vera Cruz Nicolás Ortega la obra de la cubierta de la ermita en precio de cincuenta y tres ducados (unos 20.000 maravedís), una vez recaído el remate de la obra en su oferta y según condiciones escrituradas ante el otro escribano de la villa Luis Díaz, como ya publicamos por primera vez en nuestro librito Villaseca de la Sagra: noticias de su historia (1993)
    La aludida cruz de camino allí enclavada pudo muy bien haber sido de madera sobre un tosco pedestal cilíndrico de caliza, quizás el tambor de piedra que hoy se conserva semienterrado en un ángulo de su atrio. Con el tiempo, concretamente en 1644, se realizó una nueva en piedra blanca por el cantero de Yepes Domingo de Lauriz, que contrataban los vecinos de la villa Luis Gómez de Cuéllar, Cristóbal Fernández, Alonso Aparicio, Gaspar Fernández «el mozo», Bartolomé López, Blas Calvo, Lorenzo Martín y Manuel Gómez en precio de 930 reales (unos 31.620 maravedís); dejando la nueva cruz 

«puesta y sentada en la parte donde le señalaremos junto a la ermita de Nuestra Señora de las Angustias extramuros de esta dicha villa la cual ha de llevar cuatro gradas de la dicha piedra, pie y cuarto de vuelo y una cuarta de grueso y nueve pies de caña, pedestal y capitel y basa, lo que pidiere la orden dórica. Y la cruz a de llevar tres bolas y su friso...» 

    Así pues, tenemos un magnífico crucero de estilo clásico dórico, en piedra caliza, compuesto del indicado graderío, un pedestal con cuatro inscripciones en sus caras (JHS-JOSEPH-MARIA-1644), la columna toscana (con su basa -hecha nueva en 1982- y capitel) y la cruz de remate tal como se indica en la escritura y como bien se aprecia en la siguiente foto. Esta hermosa columna constituye un monumento perfecto a la cruz cristiana que dio origen a este sitio sagrado, a la Vera Cruz. 
Crucero en el atrio de la ermita de Ntra. Sra. de las Angustias (en su emplazamiento anterior, 1980). (Foto del autor).

Obras en la ermita de Nuestra Señora de las Angustias en 1780.
    Una vez emplazada en la ermita de la Santa Vera Cruz, la imagen de Nuestra Señora de las Angustias tuvo un lugar privilegiado como Señora del santuario y advocación principal.
    Alguna obra de mejora se pudo acometer en años sucesivos como creemos lo fue en la fachada de los pies la espadaña de ladrillo con un marcado estilo copiado de los edificios de iglesia y capilla del hospital, al reproducir en su podio tres característicos cuadros en relieve. El frontis quedaba compuesto ya a finales del siglo XVII con esta fachada de ingreso culminada por la espadaña de orden clásico que termina en frontón triangular y con un vano en medio punto donde colocar un campanillo o esquila, que fundió en 1825 el campanero Francisco Mazorra Pradillo.  Una cruz de hierro corona la espadaña.
    En el interior también se corrió una bóveda falsa de cañizo y yeso sobre su nave y sujeta a los tirantes de la armadura, que no artesonado, ocultando de este modo la antigua cubierta de madera realizada en 1590. Esta bóveda responde a un perfil rebajado y ofrece tres lunetos por lado. Al mismo tiempo hubo de realizarse la tribunilla o coro alto y el púlpito. 
    Una desafortunada reforma también reciente restó tipismo a la vieja ermita, retirando las bancadas corridas de granito de sus muros. Piedras que hoy se encuentran en el atrio sirviendo de improvisadas mesas.

    Quizás, el pequeño edificio no ofrecía la grandeza para tan milagrosa imagen, y se hubo que reformar ya casi a finales del siglo XVIII. En este caso, se procedió a una notoria renovación en la cabecera o presbiterio. Fue la intervención más interesante que se hizo en la capilla mayor, aportando un toque de clasicismo en la construcción interior. Sobre su cuadrado se volteó un platillo circular haciendo cúpula sobre pechinas y perforado por una linternilla que recibe luz cenital desde el exterior iluminando así el espacio principal de la ermita. Esta media naranja se divide en ocho gajos separados por molduras pintadas como lo está el propio anillo de su cornisa y linternilla. 
Media naranja de la ermita de Ntra. Sra. de las Angustias. (Foto del autor)

    Hay evidencias documentales en el Libro de Limosnas de la cofradía donde se recoge que en 1783 se tienen gastos en reparos de la ermita. Entre otros, alzar las tapias de la cerca y hacer un pozo, a cargo del albañil local Rafael Alonso Vicente; poner una puerta trasera por el carpintero Ceferino Alonso Plaza; y colocar una reja en la ventana del camarín de la capilla de Nuestra Señora por Gabino Calderón, maestro cerrajero, en 147 reales pagados en 1782, todos vecinos de la villa. A su vez se anota un gasto en el «blanqueo hecho en el santuario de Ntra Srª». Más adelante, en 1817, se había pintado el camarín y la capilla y se habían puesto vidrieras en la media naranja.
    Si de los documentos pasamos a las evidencias constructivas que presenta el edificio es muy probable que esta capilla mayor se hiciera con un nuevo plan arquitectónico, elevando sobre el nivel del tejado el cuadrángulo donde se acoge la cúpula y cerrando a cuatro aguas el tejado. Por encima se eleva la linternilla (derribada la original en 1987). Un cuerpo octogonal rematado por picudo chapitel de pizarra. Como culminación de ella se conserva, sin embargo, la original y artística cruz de hierro sobre bola de cobre. La cruz ha perdido ciertos remates florales de bella forja, pero ha conservado en una plancha calada de su base la fecha en que se puso, que dice: AÑO 178... (perdida la última cifra). Se observa la figura calada de un ave. Así se aprecia en la correspondiente fotografía. 
Ermita de Ntra. Sra. de las Angustias. Bola de cobre y cruz de hierro. 
AÑO 178? (Foto del autor)

Valores arquitectónicos de la ermita de la Vera Cruz o de las Angustias.
    El edificio que hoy conocemos cumple unos cuatrocientos cuarenta años de existencia, aunque hay que admitir que en siglos posteriores a su fundación la ermita fue renovada en su interior, principalmente en el siglo XVIII. También el siglo XX ha contribuido a desfigurar drásticamente tanto el interior como el exterior de este edificio sin advertir el interés arquitectónico que tenía en su ser original, como edificio de valor dentro de la tradición popular y con tanta antigüedad.
    Todavía hacia 1940 o 1950 los paramentos exteriores de la ermita podían verse desnudos, es decir, mostrando su típico aparejo toledano, fiel a los modelos constructivos de la capital toledana, de la comarca y a los propios de edificios religiosos de la localidad. Se apreciaba claramente en todo su costado sur donde solo se abría una gran portada adintelada y no había ningún otro hueco mayor para iluminación salvo el pequeño ventanuco bajo el alero y que daba al coro alto.
Ermita de Ntra. Sra. de las Angustias, hacia 1940, a la vista el aparejo toledano original. (Foto: Colección del autor).

    En los años sesenta del siglo pasado las fotografías ya muestran una ermita totalmente enjalbegada o encalada cubriendo de este modo la presencia y relevancia de sus materiales constructivos: el ladrillo en machos de mayor a menor anchura y los cajones de tapial o mampostería de piedra, siempre averdugados o enrasados por dos filas de ladrillo., que mostraba la foto anterior.
Ermita de Ntra. Sra. de las Angustias, con atrio de tapial encalado y crucero, hacia 1960 (Foto: Colección del autor).

    Si describimos el edificio de la ermita en sus formas arquitectónicas descubrimos un edificio bastante sencillo, fabricado de ladrillo y cajones de tapial, pero cuyo exterior se ha desfigurado totalmente con la última reforma de 1987, haciéndose irreconocible su arquitectura de tradición mudéjar, propia de la albañilería toledana secular. Se le revistió o forró con un aparejo un tanto arbitrario y una cornisa recrecida que nunca tuvo, y con ello se perdió además una interesante fachada de ingreso en arco rebajado dispuesto a sardinel que tratamos de reproducir en el dibujo obtenido durante las obras de picado de fachadas y destrucción del aparejo original en aquellos años. El tejaroz o tejadillo sobre la actual puerta de los pies es obra menor de otra época, como también la hornacina es añadido reciente.
Aspecto de la fachada original descubierta en 1987 tras su picado, pero no recuperada.

    La ermita se construyó con una orientación de su cabecera hacia el sureste, paralela al tramo del antiguo camino del río, y junto a ella, la casa del santero. Exteriormente ocupa una longitud de 29 m por 8 m de frente aproximadamente. En planta, el interior nos muestra una nave alargada y ancha que termina en capilla cuadrangular con tres nichos profundos para las imágenes, embebidos en el muro. Capilla que se reformó en 1978 con el revestimiento de muros, ornato de altares y pinturas murales poco apropiadas. Como separación de los dos ámbitos se alza una hermosa reja de madera labrada, conformada por tres calles apilastradas y superposición de cinco alturas a base de balaustres torneados. En medidas supone una división de 5,45 m de ancho por 5 m de altura aproximadamente. Cerrando en amplio arco carpanel adaptado a la curvatura de la bóveda. Por su estilo sencillo pero de magnífico porte pudiera haber sido realizada a mediados del siglo XVII.
Planta de la ermita de Ntra. Sra. de las Angustias. (Fuente: Inventario del Patrimonio Arquitectónico de Interés Histórico Artístico, 1979)

    La cubrición que protege aún el edificio se nos revela como una obra de carpintería tradicional antigua. Ejecutada, como se ha visto, a partir de 1585, en madera de pino de Cuenca siguiendo una estructura común y conformando lo que se llama técnicamente una armadura de par y nudillo, según el modelo simplificado que muestra el siguiente dibujo. Sobre ésta, se montó el tejado a dos aguas que caracteriza la nave exteriormente en toda la longitud de la nave.

Modelo de cubierta de par y nudillo. (Fuente: https://es.pinterest.com/pin/310537336805097015/)

    Para terminar con la visualización en planta de esta ermita de la antigua Vera Cruz añadamos un nuevo gráfico de calidad, el que nos ofrece el levantamiento topográfico realizado por el Instituto Geográfico Nacional en el año de 1879. Aquí consta la edificación en su conjunto, es decir, la ermita como espacio sagrado compuesto de nave, presbiterio, altar, camarín, tribunilla y púlpito, junto a las dependencias auxiliares que entonces servían de sacristía, trasteros, casa del ermitaño, patio, etc. Observando igualmente la extensión del atrio delantero y la posición del crucero dentro de sus tapias.
Planta de la ermita de Ntra. Sra. de las Angustias. Levantamiento del año 1878 (Fuente: IGN).

La ermita y sus cofradías históricas.
El culto a la Virgen de las Angustias no se podría entender o no se hubiera podido conservar sin la creación de cofradías religiosas. Normalmente toda imagen sagrada suele estar ligada a una congregación que vela por el decoro en el culto y el fomento de la devoción de su titular hacia el que ofrece servicios litúrgicos como misas y funciones y que costea y organiza la festividad, todo siempre bajo la autoridad del párroco, que es a quien obedece como superior inmediato y responsable de su correcta actividad. Otra función de la cofradía era en estos tiempos la protección y asistencia a sus congregantes, quienes contribuían con una aportación fija al sostenimiento de la hermandad.
En torno a la Virgen de las Angustias o en relación muy directa con su culto tenemos noticias en Villaseca de la Sagra de dos hermandades importantes: la una por su antigüedad, que es la de la SANTA VERA CRUZ, la otra por su permanencia, que es la de NUESTRA SEÑORA DE LAS ANGUSTIAS.

De la cofradía de la Vera Cruz. Tenemos constancia de su existencia desde al menos hace 440 años, unos cuatro siglos de antigüedad. La Vera Cruz o Santa Vera Cruz es el culto remoto que daba la Iglesia a la simbólica y verdadera cruz donde Cristo fue crucificado y había dado su vida por nosotros en el acto de la Salvación, a partir de las innumerables reliquias del Lignum Crucis o leño sagrado, que se repartieron por tierras de España al menos desde el siglo XV.
    La cofradía de la Vera Cruz existía en Villaseca al menos desde 1560, en que hay constancia documental, organizada y ya presidida por dos mayordomos o hermanos mayores. Sabemos que entonces los cofrades no tenían un sitio donde reunirse si no era la propia iglesia parroquial ya que no existía la ermita que luego construyeron al poco tiempo, veinte años después, como se ha visto.     La cofradía se dice que era pobre por esos años, sin fondos propios y que celebraba el día de Jueves Santo una procesión de disciplinantes; por tanto, se trataba de una cofradía con fines penitenciales. Su justificación era la de hacer una estación de penitencia, es decir, una procesión portando en andas imágenes de la Pasión de Cristo.
    Veinte años después en que le son aprobadas por la autoridad arzobispal de Toledo, en 1584, sus estatutos para poder gobernarse como hermandad religiosa. Estas ordenanzas no se conservan en el archivo parroquial y por ahora no han aparecido tampoco en el Archivo Diocesano de Toledo, por lo que desconocemos los verdaderos cimientos y fines fundacionales de la institución. En estos años del último tercio del siglo XVI la cofradía llegó a construir su ermita y dentro se veneraban tres imágenes pasionistas de Cristo. La principal, Cristo muerto en el regazo de su Santa Madre (o Virgen de las Angustias, que entonces también era llamada la «Virgen del Río», por encontrarse la ermita en el camino que de Villaseca conduce a Aceca, sobre el Tajo). De la apariencia primitiva de esta sagrada imagen tampoco sabemos mucho. 
    Y no debemos olvidar que más antiguas son las tallas de los otros dos Cristos, si bien anónimas. El de la Flagelación o «de la columna» y el de la cruz a cuestas o «Nazareno». De los dos, el más antiguo e interesante es quizás el Cristo de la columna, por su figura semidesnuda y esbelta, tallada en torno a 1600, que tiene la misma edad que la talla del Cristo resucitado que hay en la iglesia parroquial. Los Cristos de la ermita de las Angustias fueron restaurados en Madrid en 1980.
    Lo cierto es que la ermita cobró celebridad en la comarca a raíz de los numerosos milagros que se producían por intercesión de su más devota imagen: la de Nuestra Señora de las Angustias. Así lo confirma la instrucción realizada para verificar estos hechos en 21 de octubre de 1624 el Arzobispo de Toledo el Cardenal Infante Don Fernando mandaba al cura párroco de Villaseca don Sebastián García del Águila que recogiese ante notario todos los testimonios de prodigios obrados por la 

«imagen de Nª. Sª. de las Angustias que está en una ermita fuera de la dicha villa la cual ha hecho y hace muchos milagros y la devoción de aquella villa y lugares de su comarca es muy grande y para que vaya en aumento la devoción de los vecinos y se sepan los milagros que ha hecho y se escriban en tablas en la ermita...» 

    Esta extraordinaria situación hizo que el Consejo de la Gobernación del Arzobispado autorizase la fundición de medallas y la publicación de cuantos milagros sucediesen por mediación de tan sagrada imagen de Nuestra Señora.
    No contamos con libros de la cofradía anteriores a 1699, por lo que nada conocemos de su actividad desde su creación ni a lo largo del siglo XVII. En 1689 la cofradía se vuelve a fundar y se renueva, contándose entre sus hermanos a don Manuel Francisco de Silva y Ribera, VI Marqués de Montemayor, y a su señora Doña Isabel de Cardona y Eril, con otros miembros de la Casa de Silva, señores de Villaseca de la Sagra. Desde ahora se abre un período próspero para la cofradía, que puede arreglar la ermita y encargar un retablo para la Virgen y los dos Cristos que ya estaban allí colocados por el año de 1705, gracias a un donativo que hizo por vía testamentaria el ilustre hijo de Villaseca don José de Ortega, del Consejo de S. M. en el Real de Indias. Un retablo que no ha llegado a nuestros días.
    La cofradía continuaría su andadura llevando en orden sus cuentas y celebrando periódicamente sus cabildos; pero sus caudales eran pobres pues sólo percibían unos alquileres de tierras, la contribución de los hermanos, el alquiler de hachones y otras limosnas que se dedican al servicio de la ermita y de la imagen. La cofradía aún mantenía cofrades en 1803, antes de la Guerra de la Independencia, y acabaría por desaparecer después de 1820. Esta es la breve historia de la Cofradía de la Vera Cruz, titular de la ermita en su primera época. 
Postal de Ntra. Sra. de las Angustias, Alcaldesa de la villa, dedicada por la cofradía en 1982 (Ed. L. Arribas-Toledo)

De la cofradía de Nuestra Señora de las Angustias
    La cofradía de la Vera Cruz es en origen la poseedora de las tres obras escultóricas mencionadas pero la primitiva de Nuestra Señora de las Angustias fue sustituida hacia 1729 por la actual y a la que nos referimos ya en nuestro artículo https://memoriadevillasecadelasagra.blogspot.com/2025/04/a-devocion-de-ntra-sra-de-las-angustias.html). A partir de aquí, coincidiendo o no con la presencia de esta nueva imagen, la cofradía de las Angustias se fundaría, en concreto, en 17 de agosto de 1729 cuando el Consejo de la Gobernación del Arzobispado de Toledo aprobó las Ordenanzas de la nueva cofradía. Como propósito principal era celebrar anualmente la festividad de la Natividad de la Virgen con vísperas, procesión y misa el 8 de septiembre. 
    Lo cierto es que la ermita se irá conociendo como «de las Angustias». Un libro del Archivo Parroquial nos revela que la cofradía de las Angustias desde 1783 se encargaba de restaurar las imágenes y renovar la ermita como se ha visto. La cofradía llevó una vida regular en el siglo XIX, y en torno a 1870 la cofradía reconocía en Nuestra Señora de las Angustias a la imagen milagrosa por la que los obispos de Toledo conceden indulgencias a quienes recen un Ave María o una Salve, a los que visitaren el santuario y a los que oyesen misa en su ermita o a los que acudiesen a las procesiones.
    Ambas hermandades tenían la ermita como su sede canónica y a la Virgen de las Angustias como su centro devocional. Y es que si observamos a la imagen de Nuestra Madre vemos que en ese grupo están reunidas las dos devociones: primero, el árbol de la Cruz que representa a la Vera Cruz, y, segundo, el grupo escultórico que es en sí la imagen de la Madre y el Hijo muerto en sus brazos, que es la devoción mariana de las Angustias.
    A finales del siglo XIX, en 24 de octubre de 1898 se tratará de reconstituir la cofradía y para ello se redactará un «Proyecto de constituciones para el establecimiento del Socorro Metálico en la Cofradía de Ntra. Sra. de las Angustias». La aprobación por el Cardenal Sancha y Hervás, Arzobispo de Toledo, se produjo en 1899 y en 1903 se imprimieron los estatutos que dieron nuevo impulso a la hermandad. 
    Y hasta hoy, en que la Hermandad sigue ofreciendo la función festiva del 8 de septiembre y procesionando en Semana Santa con su estación de penitencia, sacando a la calle sus tres valiosos pasos.
  

Fuentes documentales
    - Libro manuscrito del bachiller D. Gregorio Díaz [Villaseca de la Sagra, 1866]

Archivo Parroquial de Villaseca de la Sagra (APVS)
    - Libro Becerro de Fundaciones, 1735.
    - Libro de Limosnas de Nª Sª de las Angustias, 1772
    - Libro I Vera Cruz (1690-1724)
    - Libro II Vera Cruz (1760-1812)

Archivo Diocesano de Toledo (ADT)
Cofradías de Toledo:
    - Ordenanzas de Ntra. Sra. de las Angustias, 1729, Expediente 43

Archivo Histórico Provincial de Toledo (AHPT)
Sección Protocolos:
    - Pr. 7728, Cosme Correas.
    - Pr. 7777, Juan Carbajal.

Bibliografía
Díaz Fernández, Antonio J.: Villaseca de la Sagra: noticias de su historia.     Temas Toledanos, nº 74, IPIET, 1993.
Enlace para su consulta o descarga: 

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sábado, 14 de febrero de 2026

Febrero de 1836, Carnaval en Villaseca de la Sagra.

FEBRERO DE 1836, CARNAVAL 
EN VILLASECA DE LA SAGRA. 


 Antonio J. Díaz F. 
Historiador


Antes de la Cuaresma se disfruta el Carnaval. Los pocos días del Carnaval eran un estallido de alegría antes de que el Miércoles de Ceniza marcara el tiempo de los ayunos. Así es una de las costumbres más arraigadas en la cultura española y, cómo no, en el antiguo reino toledano, transformado hoy en Comunidad de Castilla-La Mancha, región de célebres y bien distintos carnavales. 
    Tantos ejemplos de fiestas carnavalescas vienen siendo frecuentes desde tiempo inmemorial, superando épocas más o menos tolerantes con el espíritu descontrolado y muchas veces irrespetuoso que ha causado prevención en autoridades tanto eclesiásticas como civiles. Lejos de esa vigilancia sobre esos días de declarada permisividad, hoy día la relajación y la desvinculación de la rutina nos empujan a las calles. 
    Y llegado el Carnaval pensamos en desfiles, charangas, comparsas, disfraces, bailes, bullicio en las cabalgatas en cierto modo organizadas por los municipios para disfrute de todas las edades.     
    Respecto de lo que representaba en épocas pasadas, en el Carnaval las gentes encontraban un tiempo y un espacio, breve pero intenso, de diversión y expansión lúdica. Contrariamente a las exigencias que antiguamente pesaban sobre el comportamiento y el orden moral y religioso que trataba de imponer la Cuaresma con su severidad en la preparación de la Semana Santa. 
    A propósito de esta festividad profana, tan alejada de lo religioso, como es el Carnaval, vamos a presentar el documento que aquí traemos a colación y que es motivo de este breve artículo. Resulta curioso para intuir el ambiente carnavalesco que se vivía en Villaseca de la Sagra hace 190 años.
    Os presentamos lo que parece ser un bando de alcaldía. Papel que se conserva en el Archivo Municipal de Villaseca de la Sagra (AMVS) y que hemos tenido la oportunidad de examinar, pero sin más pretensiones de análisis que la de constatar un testimonio con el que contribuir a la rica memoria histórica de Villaseca de la Sagra.

Bando de alcaldía (AMVS)
Bando de alcaldía, 14 de febrero de 1836 (AMVS)

    La hoja, escrita por una cara, lleva impreso el sello de oficio marcado en valor de 4 mrs (maravedís), del año 1836, y el escudo real con fecha en el centro del timbre con la leyenda en círculo: 
"ISABEL II.P.L.G.D.DIOS. REINA DE ESP. Y DE LAS IND."

    Que nos dice en abreviaturas: 
ISABEL II POR LA GRACIA DE DIOS. REINA DE ESPAÑA Y DE LAS INDIAS.

    Está escrita en letra cursiva, de mano del secretario y escribano del ayuntamiento, don Manuel Aquilino Díaz, que cumple órdenes de la máxima autoridad civil en ese año de 1836, en este caso, don Manuel Díaz Martín. Transcribimos para su mejor comprensión el bando que dice así:

"Dn. Manuel Díaz Martín, Alcalde de esta Villa de Villaseca de la Sagra, su término y jurisdicción, que de serlo y estar en actual ejercicio, el infraescrito escribano da fe:
Por el presente mando a todos los vecinos de esta Villa de cualquier estado clase o condición que fueren, que en los presentes días de Carnaval no tiren huevos, harina, naranjas, ni otras de las cosas que acostum-bran; ni se arroje agua por las ventanas, puertas, ni algunos otros puntos por ser contrario a los principios de nacionalidad, y expuesto a desazones y quimeras; pero podrán divertirse en dichos días siempre que las diversiones sean lícitas y se guarde en ellas todo orden y no se promuevan alborotos, quimeras ni disputas por las cuales se altere y perturbe la tranquilidad y reposo público que está tan recomendado por
las leyes. También prohíbo a los que se vistan de mojiganga que lleven las caras tapadas. 
Todo lo cual cumplirán bajo la multa de un ducado (de multa) por la primera, doble por la segunda, con aplicación a penas de cámara y gastos de justicia y si reincidiesen les formará causa con arreglo a Reales órdenes vigentes.
Y para que llegue a noticia de todos y no se alegue ignorancia, he mandado fijar el presente en el sitio público y de costumbre.
En esta Villa de Villaseca de la Sagra a 14 de Febrero de 1836.
Manuel Díaz                                Por mandado de su merced,                                                                 Manuel Aquilino Diaz"

     En esto vemos que Villaseca de la Sagra celebraba en 1836 los días de libertad carnavalesca con costumbres quizás desconocidas para nosotros y ya olvidadas en el tiempo. Es significativo este documento porque nos aporta una nota etnográfica respecto a las formas de divertirse que tuvieron nuestros antepasados en estos días de Carnaval, antes de enfrentar los rigores de la Cuaresma.         Formas que, por otra parte, eran comunes a muchos pueblos limítrofes y otros de la geografía española en aquellos mismos tiempos. Indudablemente, no todas estas diversiones se comprenderían hoy día, incluso algunas pudieran no ser admitidas, pero el testimonio no deja de ser útil e interesante para conocer los valores sociales que se tenían en los momentos de fiesta tan señalada, de esparcimiento y ocio propios de una época y un pueblo de no muchos habitantes. 

    Leído el documento fechado en 14 de febrero de 1836, en Villaseca, por tanto, se usaba:
1. Tirar huevos (quizás podridos para incomodar aún más con su mal olor).
2. Tirar harina (algo que solían hacer los mozos a las mozas).
3. Tirar naranjas (normalmente, contra perros o gatos).
4. Arrojar agua por las ventanas o puertas (algo que solían hacer sorpresivamente las mujeres desde dentro de las casas al paso de gente desprevenida por la calle).
5. Vestirse o disfrazarse. Es lo que en el texto se llama "mojigangas", o lo que es lo mismo, cuadrillas con algún atuendo curioso y estrafalario que podían ir con máscara o tapada la cara (y esto es lo que se prohíbe expresamente).

    El señor alcalde advertía que ningún vecino se extralimitara y procurase no practicar excesos, y recomienda que se divierta conforme a normas de buen trato, para evitar con ello no sólo desórdenes o alborotos públicos sino, sobre todo, para no dar pie a disputas, querellas o riñas personales.
    Las indicaciones del primer regidor se sabe que no son suficientes y hay que recordar al vecindario que la desobediencia ha de suponer las correspondientes multas o, según gravedad, incluso penas de justicia. 
    Era obligatorio que este bando se debía exponer en sitio público, casi siempre lo era alguno de los postes del Portal de Calixto, para conocimiento de todos los convecinos.  
    Este bando representa la prevención que el gobierno municipal de Villaseca de la Sagra habría de observar en uso de sus funciones como autoridad civil que ha de velar por el orden público, frente a una fiesta del pueblo que como el Carnaval siempre discurría con sus formas indisciplinadas de entender la diversión y la alegría en épocas ya pasadas.


sábado, 6 de diciembre de 2025

Arte y devoción en la imagen de la Inmaculada Concepción de la iglesia parroquial de Villaseca de la Sagra

Arte y devoción en la imagen de la Inmaculada Concepción de 
la iglesia parroquial de 
Inmaculada Concepción. Villaseca S.
Villaseca de la Sagra

    Antonio J. Díaz F.
Historiador del Arte

El día 8 de diciembre de todos los años la iglesia católica celebra la fiesta de la Inmaculada Concepción de María. Pero este dogma de fe es de reciente historia pues no fue proclamado hasta el año 1854 por el Papa Pío IX. 
    Sin embargo, en los reinos hispanos la consideración de María como la Madre de Dios, concebida sin mancha y preservada de pecado original, estaba bastante arraigada en las discusiones de nuestros teólogos y entre las opiniones eclesiásticas, pero particularmente fomentada por la Orden Franciscana, por lo cual no era extraño que hubiera calado suficientemente en la devoción popular desde al menos el siglo XVI, si no antes. Frecuentes sermones, sesudos escritos y obras impresas defendían públicamente esta doctrina que se hizo permeable en el sentir piadoso y devoto de las gentes. 
   De hecho, en el convento franciscano de San Juan de los Reyes se concelebraba en 1617 el juramento solemne de la ciudad de Toledo con manifestaciones de culto orientadas hacia esa afirmación concepcionista y hacia la definición dogmática del misterio mariano. Tanto es así, que el propio ayuntamiento toledano hizo voto público en aquel acto y adoptó por patrona desde entonces a la Inmaculada Concepción, cuya hermosa talla preside el oratorio de la sala capitular de su edificio consistorial. 
    En los siglos siguientes distintas cofradías se agrupan en torno a la adoración de la Inmaculada Concepción y numerosas son las representaciones en iglesias, capillas y altares que vienen a significar el tema de la Concepción de María. 
    Tanto pinturas como esculturas enseñaban por toda la diócesis toledana la figura de María como la Nueva Eva, limpia de pecado original. Un tema religioso que inspiraría a muchos artistas españoles que dejaron ejemplos de arte que enriquecen nuestro patrimonio cultural. Pensemos, por ejemplo, en las célebres Inmaculadas del pintor sevillano Murillo, tan admiradas en todo tiempo.

    Pero nuestro interés, como siempre, está enfocado a conocer la repercusión de estos factores socio-culturales y la huella que han dejado en la propia historia de Villaseca de la Sagra. Por ello, vamos a hacer memoria en torno a la devoción y el arte de una imagen como es la Inmaculada Concepción de la iglesia parroquial de Santa Leocadia. Por ello, vamos a hablar de la cofradía y de la obra escultórica.

1.-LA ANTIGUA COFRADÍA DE LA CONCEPCIÓN DE VILLASECA DE LA SAGRA.
    Si atendemos a siglos pasados, la existencia de una cofradía y el culto a una imagen nos sitúa indudablemente en aquella época en que la devoción inmaculista se prodigaba como un verdadero acto de fe. En el caso de Villaseca de la Sagra, la religiosidad hacia la Virgen María se reflejaba en dos advocaciones que inicialmente se integraron en la cofradía mariana de Nuestra Señora de la Natividad y Concepción, constituida en hermandad que invocaba uno u otro nombre indistintamente al ser alusivos a María.
    Si queremos buscar su antigüedad, en un inventario del archivo parroquial se registra un viejo libro de la cofradía de la Natividad con fechas de 1604 a 1670; un libro que hoy está desaparecido pero que nos indica una fecha inicial. Además, conocemos que años atrás el clérigo guipuzcoano Juan Pérez de Oro (†1509), que fue teniente cura de la parroquia de Santa Leocadia, dejó fundada una capellanía colativa cuyo patronato asignó a la cofradía de la Natividad, existente por entonces. Ésta se obligaba en 1534 a nombrar a un capellán beneficiario de la colación o renta asignada para decir misas, lo que indirectamente nos hablaría de una actividad muy anterior de esta cofradía mariana. Desempeñando este patronato, en 1647 se procedía al nombramiento de un nuevo capellán para las misas y entre las actuaciones seguidas para ello la cofradía presentó como acreditación de su potestad y derechos las ordenanzas de la Natividad y Concepción, fechadas en Villaseca a 24 de agosto de 1619, y que habían sido las presentadas al arzobispo de Toledo don Fernando de Austria para su aprobación.
    Por tanto, podemos situar la creación autorizada de esta cofradía, al menos la de su fundación documentada, a principios del siglo XVII, concretamente, en 1619.
   A nosotros ha llegado un libro, fechado entre 1675 y 1763, perteneciente a la cofradía de Nuestra Señora de la Natividad y Concepción, cuya fiesta principal se hacía cada 8 de septiembre (día de la Natividad de la Virgen), teniendo una segunda celebración en 8 de diciembre (día de la Concepción). Aquí se vuelve a confirmar que las constituciones originales databan de 1619, pero se informa al Deán del Cabildo catedralicio de Toledo que a "causa de que la dicha cofradía ha muchos años que se fundó y ha tenido muchos pleitos, se han perdido las ordenanzas que tenían y hoy [1675] no tiene ordenanzas", por lo que pedían su actualización. Es probable que la cofradía de la Natividad tomara nuevo impulso a partir de 1675, siendo mayordomos Eugenio de Batres y Bartolomé López Magán, con intención de revitalizar la hermandad y por cuanto la imagen de María Inmaculada era el único objeto devocional que la justificaba, y que muy pronto aparece en los inventarios parroquiales entre las vírgenes de vestir que existían en la iglesia, y ya tempranamente en 1627. Se mencionaba una "imagen de la Concepción con corona de plata" que estaba colocada en el altar de Santa Ana de la vieja iglesia y comparable en estimación con la Virgen del Rosario y la Virgen de la Cabeza, además de poseer las tres imágenes buenos ajuares entre vestidos y ricas alhajas.
    Un segundo libro conservado, con el título propiamente de la Concepción, fechado entre 1728 y 1808, nos advierte de la renovación en los primeros meses de 1728, tanto es así que el Cardenal Arzobispo Astorga testimonia en 24 de enero de ese año que "nuevamente se ha instituido en la iglesia de la villa de Villaseca de la Sagra [y] se presentaron ante nos en el nuestro Consejo ciertos capítulos constituciones y ordenanzas para el buen orden gobierno conservación y perpetuidad de dicha Cofradía", aunque los cofrades de 1762 aseguran que "se fundó esta hermandad el día veinticinco de julio del año de mil y 723". Cinco años antes de obtener la aprobación oficial.
    Esto podría significar que la Natividad era una de las cofradías más antiguas de Villaseca, mientras que con el título de Nuestra Señora de la Concepción se refunde definitivamente con estatutos aprobados sin tardanza en 19 de febrero de 1728, como se refleja particularmente en el libro de sus ordenanzas conservado en el archivo parroquial de esta villa y su copia en el archivo diocesano de Toledo. 
    Sólo con el nombre de Natividad aparece en el informe municipal de 1770 dirigido a la Intendencia de Toledo, por el que se ratifica que sus ordenanzas vigentes eran las aprobadas en 1728. Y parece ser que en 1820 se consideraba una cofradía con el título definitivo de la Concepción, con aprobación del arzobispado y actividad vigente entonces.
   No hay que olvidar que precisamente en junio de 1729 se presentaban a su aprobación las ordenanzas de la cofradía de Nuestra Señora de las Angustias en las que se determinaba que se celebrase la festividad con vísperas, procesión y misa el 8 de septiembre. Con esta irrupción de la hermandad de las Angustias en el panorama cofrade de Villaseca, la cofradía de la Concepción habría de condicionar su fiesta únicamente al día 8 de diciembre.

Un estandarte para la cofradía.
    Al no existir la cofradía, el elemento material que la identificaba  es sin duda el estandarte que solía acompañar a la sagrada imagen y abriría el orden en las procesiones de su fiesta. Afortunadamente se conserva en el "museo parroquial" este distintivo cofrade. 
    No tenemos documentación de cuándo se encargó ni de quién fue su bordador. Sin otros datos, podemos describir el estandarte en su cara principal como una pieza de seda color azul celeste sobre la que se ejecutan los bordados y que queda perfilada por un cordón blanquiazul de pasamanería. Más que el blanco, el color del cielo se identifica con la pureza virginal de María y es el usado en España. El motivo central lo ocupa un escudo o espejo ovalado de ancho perfil, labrado en oro y plata y culminado por un elegante lazo como adorno. En su centro aparece efigiada la imagen de María Inmaculada con corona plateada de puntas estrelladas y un halo de luz dorada, posada sobre una peana de nubes y la media luna asomando a sus pies. 
    Alrededor se disponen varias estrellitas y como encuadre de la tela se dibuja un motivo lineal mixtilíneo entrecruzado y en los ángulos aparecen motivos vegetales polícromos.
    El revés del estandarte mantiene el mismo diseño circundante pero el motivo central es ahora un vistoso anagrama de María (la superposición de las iniciales M y A, del nombre de María), bajo una corona de tipo ducal.
    En la zona inferior se recortan cinco lóbulos de la misma seda y ribeteados de igual forma, en los que se presentan motivos simbólicos que identifican a María en sus muchas virtudes espirituales, y en los que parecen reconocerse en el haz principal el Sol, el Olivo, la Estrella Matutina, el Ciprés y la Luna. Y en el envés aparecen la Puerta, la Fuente, el Espejo, el Pozo y la Torre de David. 
    Dados a suponer cuándo se hizo este estandarte, habría que fijarse en que la actitud de la Virgen es la misma que mantiene la imagen de talla hoy existente, lo que nos confirma que el bordado está copiándola y, por tanto, está confeccionado con posterioridad a 1740. Correspondería a una obra del arte textil, con adornos de estilo clasicista, de finales del siglo XVIII, tal vez confeccionada en Toledo, donde se desarrolló con éxito este tipo de arte. Guarda gran similitud en el escudo central con el que se muestra a su vez en el estandarte de Nuestra Señora de las Mercedes de la misma iglesia. Lamentamos que este de la Concepción muestre notable deterioro.
Inmaculada Concepción. Villaseca S.
Estandarte -haz y reverso- de la cofradía de Ntra. Sra. de la Concepción. Iglesia parroquial de Sta. Leocadia. Villaseca de la Sagra.

2.- LA IMAGEN DE LA CONCEPCIÓN.
    Sabemos que esta reconstituida cofradía contribuyó prontamente al adecentamiento y embellecimiento de la nueva iglesia parroquial desde 1728 a través de una selecta inversión en obras de devoción.        Dentro de los libros de esta hermandad se señalan una serie de gastos importantes que tratan de elevar el decoro y dignidad en su celo por enaltecer el culto a María Santísima. Así, la primera obra, de 1730, fue el retablo en blanco, sin dorar; la segunda, de 1736, era la propia imagen de la Virgen y sus andas; luego, en 1741, se hizo el dorado del retablo y, finalmente, en 1760, llegó la corona de plata que adorna la imagen.
    De todas estas obras documentadas iremos desgranando algunos datos.

Retablo de Ntra. Sra. de la Concepción, obra desaparecida
    La cofradía tuvo una preferente ubicación para colocar su altar, ocupando el colateral derecho del altar mayor, el llamado colateral de la Epístola, en el brazo de la nave de crucero. 
    De este retablo, hoy completamente desaparecido y del que no tenemos más referencia, sólo podemos constatar que se encargaría inmediatamente tras la refundación, entre 1728-1729, terminándose y colocándose en 1730, habiendo costado su hechura 8.741 reales de vellón. Pero seguimos sin conocer al artífice al que se le pagaron por su talla y ensamblaje, que bien pudo ser un afamado artista de la ciudad de Toledo. 
    Por el contrario, tenemos el documento sobre el posterior dorado de ese retablo, que se escrituraba ante escribano en 29 de abril de 1741 en Villaseca, entre el mayordomo de la cofradía José Díaz Jerez y los maestros doradores y estofadores de Toledo Francisco Velázquez y Juan Martín Corrales, y donde se expresa que es de rico adorno de talla y en él se encuentra majestuosa la imagen de la Concepción; retablo "el cual la expresada Hermandad determinó el dorarle para su mayor hermosura". Se ajustaba la obra de dorado en 6.500 reales, pero las cuentas hablan de un gasto mayor, unos 8.300 reales. Indudable es que su tamaño y aspecto debió ser ostentoso a juzgar por el coste, tanto de hechura como de dorado, ocupando el testero colateral de la Epístola, y en consonancia con el otro colateral, donde estaba el retablo del Santo Cristo de la Misericordia. Este retablo perdido correspondería al arte barroco de la escuela toledana del primer tercio del siglo XVIII. La obra fue destrozada en 1936 (perdiéndose definitivamente sus restos en 1972).
Inmaculada Concepción. Villaseca S.
Imagen de la Concepción en su retablo actual, colateral de la Epístola. Iglesia parroquial de Sta. Leocadia. Villaseca de la Sagra.

    Como curiosidad, decir que el altar colateral de la Concepción se circundó con unas verjas de hierro que dio un devoto llamado Bernardo Pinilla, natural de Ocaña, "que de niño se vino a esta villa, hizo caudal y casó con hija de vecino y no tuvo hijos y dejó esta alhaja a la Virgen de la Concepción". Estas verjas eran las mismas que luego en 1827 compró la parroquia para ponerlas en el altar mayor, según gastos de fábrica, y que ya se perdieron.
    Y hoy la antigua imagen permanece en su mismo sitio de siempre, el colateral de la Epístola, en un novísimo retablo neobarroco, dorado y policromado, pero sin altar propio. Se sitúa en correspondencia con el otro colateral dedicado a Nuestra Señora de las Mercedes.

Imagen de Nuestra Señora de la Concepción, joya barroca. 
    Desde al menos 1712, cuando se construye la capilla mayor y nave de crucero de la iglesia, se destina este sitio o colateral a la antigua imagen de velador -talladas solo manos y cara- que era venerada hasta entonces por su cofradía, pero que después de refundada en 1728 emprende una renovación material. Así pues, como se ha indicado, la imagen actual de la Concepción es obra tallada en 1736, según los documentos parroquiales que desvelan la fecha de su traída a la villa, pero sin que se mencione al autor de la misma ni se precise la procedencia o el taller desde donde se trajo. La imagen se instalaría en el retablo que ya hemos visto que estaba fabricado y colocado desde 1730.
    De tamaño natural (unos 152 cm de altura) la figura de la Virgen se alza sobre peana que forma un trono de nubes con tres querubines, y pisa con su pie derecho la cabeza de la serpiente del pecado que asoma entre las dos astas de la media luna que surge bajo sus pies. 
    El movimiento de la figura carga el peso sobre esta pierna derecha, pronunciando la inclinación de la cadera, y en elegante ademán mantiene la mano derecha sobre el pecho y la izquierda abierta acompasando el movimiento del brazo y el giro contrario de la cabeza cuya mirada dirige al espectador, en una actitud humilde pero triunfante. La imagen refleja un rostro ovalado de finas facciones enmarcado por una abundante cabellera bellamente dispuesta y derramada sobre los hombros. Rostro juvenil y manos abiertas están tallados con gran delicadeza y expresión.
Inmaculada Concepción. Villaseca S.
Inmaculada Concepción, detalle. Iglesia parroquial de Sta. Leocadia. Villaseca de la Sagra.

    La túnica que viste adquiere un tono marfileño y está tachonada de un mismo motivo floral de color que se repite por toda su superficie. Graciosamente se anuda sobre el vientre con un cíngulo carmín y cae con naturalidad hasta cubrir los zapatos, que apenas despuntan. Envuelve la figura un manto de un azul oscuro con orla dorada que se cruza por delante en diagonal, formando pliegues quebrados y ondulantes y vuelos agitados que dan sutil dinamismo a la imagen mientras que cae simétricamente por la espalda y se recoge en el brazo izquierdo. 
    Esta forma de representación de María como Inmaculada, su iconografía, obedece a la visión apocalíptica del evangelista Juan en la isla de Patmos: una mujer vestida con el sol, la luna a sus pies, y sobre la cabeza una corona de doce estrellas. Pero también hay una alusión a la Mujer del Génesis donde se presenta a la Virgen pisando la serpiente del pecado, la que tentó a Eva en el Paraíso.
    Otro gran detalle de esta imagen de bulto está en la peana propiamente dicha, compuesta de una masa de nubes donde los querubines son dos imágenes infantiles de cuerpo desnudo y otra que es sólo una cabeza, todas muy expresivas y bellas en su modelado, contrastando con la cabeza y cola monstruosas de la serpiente. En la base se ven las dos asas o argollas que sirven para manejar la imagen en sus traslados para lo que estaba preparada cuando salía en procesión sobre andas.
Inmaculada Concepción. Villaseca S.
Inmaculada Concepción, peana. Iglesia parroquial de Sta. Leocadia. Villaseca de la Sagra.

    Al querer recopilar datos de esta imagen, los libros de la cofradía aportan poco sobre ella. La alusión concreta se registra en las cuentas de 1736, en que consta que se trajo -aunque no se dice desde dónde- la imagen de la Virgen y las andas, con un coste de 1.950 reales de vellón. 
    Al contrario que el retablo, en 1936 la imagen no parece haber recibido daño alguno pues no se incluye en la relación que el ayuntamiento confecciona informando de pérdidas y coste de los reparos en retablos e imágenes de la iglesia (1940). La Inmaculada no se menciona con daños, sí su retablo, por lo que cualquier intervención -repintes, arreglos- ha podido ser posterior a 1940. La más reciente, sin duda, la restauración llevada a cabo en 2014, prácticamente para hacer su limpieza y reintegraciones en la policromía que han recuperado los motivos decorativos originales de la túnica, quitando unas estrellas pintadas.
Inmaculadas

Una corona de plata para la Inmaculada.
    Como complemento a tan hermosa figura de la Inmaculada Concepción de Villaseca de la Sagra, y abordando los datos documentales, se presenta la fastuosa corona de plata que la realza.     Se ha comentado que la cofradía encargó esta corona habiendo costado 1.835 reales de vellón, y en 30 de noviembre de 1760, día de San Andrés, se le puso sobre la cabeza a la imagen de la Virgen. Se trata de un extraordinario y valioso complemento a la talla de la Inmaculada. 
    Examinado la pieza observamos las marcas de platería que nos revelan que su autor fue el platero José de la Casa, y realizada en Toledo. José de la Casa era platero perteneciente al gremio de San Eloy desde 1745 y tasador de joyas hasta 1785, como apunta el historiador Ramírez de Arellano.
Inmaculada Concepción. Villaseca S.
Inmaculada Concepción, corona de plata. Iglesia parroquial de Sta. Leocadia. Villaseca de la Sagra.

    Responde al tipo de corona imperial, en forma de globo, con aureola de rayos y motivos de rocalla y cruz de remate. Presenta una labor de adornos muy tupida pero calada y engaste de pedrería con abundantes motivos repujados y fundidos a base de tornapuntas, cartelas, rocallas y cabezas de querubines. 
    Se presenta más suntuosa que la de Nuestra Señora de las Mercedes, diez años anterior, con la que compite en riqueza material y ornamental. Por su finura decorativa se enmarca dentro del estilo rococó propio de mediados del siglo XVIII. 

En conclusión.
    A nuestro entender, la excelencia de esta imagen mariana declara su procedencia, que no puede ser otra en ese momento que la Corte, pues Madrid era entonces foco de actividad artística y de producción escultórica de alto nivel. Podríamos ver en esta figura una imitación de algunas de las Inmaculadas del pintor madrileño Juan Carreño de Miranda y difundidas por la escuela pictórica madrileña de la primera mitad del siglo XVIII. 
    Pero que en escultura es el mismo tipo que adopta la imagen de la Inmaculada del retablo del Evangelio de la catedral de Oviedo, realizada en torno a 1740 por el artista afincado en Madrid Juan de Villanueva; por tanto, del mismo momento de la bella imagen de Villaseca.
    La imagen villasecana participa de la línea ondulante que imprimen las composiciones del pleno barroco. La ligera agitación en los ropajes y la elegante constraposición hacen de la Inmaculada Concepción de Villaseca una magnífica obra de escultura religiosa en madera, de fina talla y equilibrada policromía basada en colores planos.
    Ha sido últimamente el historiador Nicolau Castro quien ha querido ver en ella una obra temprana del escultor Juan Pascual de Mena (Villaseca, 1707-Madrid, 1784), debido a su indudable factura ajena al arte toledano y más próxima a la imaginería madrileña del primer tercio del siglo XVIII. 
    Su atribución a un Juan Pascual de Mena (que contaría con 29 años de edad y ya establecido en Madrid), estaría justificada siempre que esta obra se pudiera enmarcar en un periodo inicial de tradición barroca que luego abandonará en obras posteriores.
    Dentro de la obra de Juan Pascual de Mena existen otras imágenes de Inmaculada Concepción pero que son más tardías y en poco coincidentes con ésta de Villaseca, con lo que la diferencia en el estilo es considerable.  
    Sea o no obra de Juan Pascual de Mena, aunque la atribución es ya de por sí un crédito mayor, la imagen de Nuestra Señora de la Concepción, o popularmente la Inmaculada, es otro de los bienes muebles más preciado del patrimonio parroquial de Villaseca de la Sagra, comparable en mucho a la imagen de Nuestra Señora de las Mercedes. Equiparables son en su condición de obra maestra representativa de una época y un estilo y de una calidad artística indiscutible.


BIBLIOGRAFÍA
DÍAZ FERNÁNDEZ, A. J.: "Historia y arte en torno a la imagen barroca de Nuestra Señora de la Concepción del consistorio toledano". Archivo secreto: revista cultural de Toledo, Nº 2, 2004, pp. 94-111. (Su consulta en línea: https://www.toledo.es/toledo-siempre/publicaciones-del-archivo-municipal/revista-archivo-secreto/revista-archivo-secreto-no-2/)
DÍAZ FERNÁNDEZ, A. J.: "La Virgen de las Mercedes de Villaseca de la Sagra: el origen de una devoción y la belleza de una imagen" (consulta en este blog: https://memoriadevillasecadelasagra.blogspot.com/2024/08/la-virgen-de-las-mercedes-de-villaseca.html)
NICOLAU CASTRO, J.: Escultura toledana del siglo XVIII. Toledo, 1991.
RAMÍREZ DE ARELLANO, R.: Catálogo de artífices de Toledo. Toledo, 1920.

FUENTES DOCUMENTALES
ARCHIVO PARROQUIAL DE VILLASECA DE LA SAGRA (APVS) 
- Libro de Inventario del Archivo (1777).
- Libro Becerro de Fundaciones (1735). 
- Libro 1º Cofradía de Ntra. Sra. de la Natividad y Concepción (1675-1763).
- Libro 2º Hermandad de la Concepción (1728-1808).
- Libro 3º Natividad y Concepción (1619) [Constituciones].
- Libro 4º Natividad y Concepción (1728) [Nuevas Ordenanzas].
- Libro 5º Natividad y Concepción [Patronato capellanía Juan Pérez de Oro].
- Libro III de Fábrica (1600-1674).
- Libro VI de Fábrica (1777-1852).
ARCHIVO MUNICIPAL DE VILLASECA DE LA SAGRA (AMVS)
- Documentos diversos (1700-1850).
ARCHIVO DIOCESANO DE TOLEDO (ADT)
- Cofradías de Toledo: Villaseca de la Sagra. Leg. 45, Expte. 39.
ARCHIVO HISTÓRICO PROVINCIAL DE TOLEDO (AHTP)
- Protocolo nº 7825 (1741), folios 49-50v, escribano José Arellano Vázquez.