martes, 15 de julio de 2025

Los villasecanos Florentino y Cecilio Santos, hermanos benefactores de la ermita de las Angustias.

LOS VILLASECANOS FLORENTINO Y CECILIO SANTOS, HERMANOS BENEFACTORES DE LA ERMITA DE LAS ANGUSTIAS.

Antonio J. Díaz Fdez
Ermita Virgen de las Angustias. Villaseca
Historiador 
       

         El apellido SANTOS es bastante conocido y reconocido en Villaseca de la Sagra puesto que varias personas de las que lo portaron, y hoy lo portan, han dejado una huella apreciable en este pueblo, al menos tratándose de aquellos a los que quiero referirme en estas breves líneas que tratan de rememorar una particular relación con esta villa.
    Antes que nada, nos viene al recuerdo el más distinguido de todos, el que fuera gran farmacéutico y doctor don Antonio Santos García (1861-1917), a quien ya en 1931, en tiempo de la II República se le dedicó una calle en Villaseca. Es cierto, la antigua calle del Estudio o Estudios, donde nació, si bien tuvo su botica en la calle Real, número 12, donde ejerció su admirada vocación, donde investigó y transmitió sus profundos conocimientos farmacológicos [Fernando Sánchez nos acerca a la biografía de este importante villasecano en https://descubriendovillasecadelasagra.blogspot.com/2025/01/antonio-santos-el-farmaceutico-que-da.html]. 
    Una encomiable profesión seguida igualmente por su sobrino Antonio Guillermo Santos Fernández (†1948) y hasta más recientemente por el hijo de éste, Antonio Santos García (†2020), hermano a su vez de Florentino Santos García (catedrático emérito de la Escuela Técnica Superior de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos, de la Universidad Politécnica de Madrid).

DOS HERMANOS NATURALES DE VILLASECA
    Como digo, mi intención es buscar más atrás entre los ascendientes de esa gran familia villasecana. Y entre los antepasados de la generación actual quiero encontrar a aquellos personajes que han tenido una especial vinculación con Villaseca de la Sagra. Los ha habido y han destacado, de forma muy concreta, por su comprometida atención con importantes instituciones religiosas de este pueblo.
    Me estoy refiriendo concretamente a dos hermanos que vivieron principalmente en la segunda mitad del siglo XIX. Un par de hermanos que se distinguieron por su formación y profesión y porque dejaron un legado de obras de arte que hoy podemos contemplar entre otros bienes pertenecientes al patrimonio religioso de nuestro pueblo, principalmente conservados dentro de la ermita de Nuestra Señora de las Angustias. 
    A ellos dos ya he aludido otras veces cuando he hablado de las obras artísticas que atesora la ermita de la Virgen. Últimamente lo hice en una conferencia de 2016 a la que fui invitado con motivo de haberse restaurado unos exvotos de pintura allí existentes.
    Vamos a reseñar algo de las vidas de don Florentino Santos Jerez y de don Cecilio Santos Domínguez. Hermanos de padre, que no de madre. Cierto que ambos varones tienen como progenitor a Isidro Santos Díaz, fallecido en 1844, a los casi sesenta años de edad, y que fue maestro de educación primaria en Villaseca desde al menos el año 1828. Este Isidro Santos casó en primeras nupcias en Villaseca hacia 1817 con Manuela Jerez (cuyo segundo apellido, tal vez Santiago, no hemos podido confirmar pese a nuestras indagaciones). Nacieron de esta primera unión dos hijas, sus nombres de pila, Victoria (1817-1899) y Severiana, y un varón bautizado como Florentino Santos Jerez, que suponemos nacido en torno a 1821. 
    Isidro Santos casó en segundas nupcias con Teresa Domínguez Santos (hija de Manuel Domínguez Colmenar), hacia 1826. Único fruto de este matrimonio fue Cecilio Santos Domínguez, que vio la luz en Villaseca en ese mismo año. 
    Isidro Santos hizo testamento en 7 de noviembre de 1844 reconociendo como herederos a sus cuatro hijos: Victoria, Severiana, Florentino y el menor de todos, Cecilio [Archivo Histórico Provincial de Toledo (AHPT), Protocolo 7863, (1844) fol. 96, escribano Martín Fernández Calderón]

Árbol genealógico

Árbol genealógico de Florentino y Cecilio Santos.

    De FLORENTINO desconocemos cualquier otro aspecto personal, como el nombre de su esposa o si tuvo o no descendencia, más allá de unas pocas notas biográficas, ya que hubo de casar hacia 1840, y no en Villaseca, quizás en Madrid, ciudad donde tenía fijada su residencia habitual y donde pudo obtener su título de maestro de Instrucción Primaria en 1841 con la calificación de sobresaliente, a los 20 años de edad [Boletín Oficial de Instrucción Pública, 15/11/1841, p. 288]. 
    Tras la muerte de su padre, en 1845 compra a su madrastra Teresa Domínguez dos partes de casas en Villaseca, una en la calle del Pingo y otra en la Callejuela [AHPT, Pr. 7863, (1845) fols. 23 y ss.], lo que indica su solvencia económica. A través de ciertas noticias impresas hemos podido constatar que como profesor cualificado impartía cursos particulares de caligrafía para adultos, clases de francés, aritmética mercantil y cambios, en su domicilio de la calle Silva, número 21, cuarto principal, allá por el año de 1848 [Diario Oficial de Avisos de Madrid, 28/4/1848, p. 2]. Más adelante, en 1864 se domicilia en la calle de la Madera, número 6, (distrito de Maravillas en la capital). Con inquietud empresarial, y dedicado al negocio minero, en 1872 es miembro de la Sociedad Minera "Los Nueve Amigos", que explotaba la mina Santa Isabel, término municipal del Barranco (Ávila) desempeñando como socio contador en la Junta General [Boletín Oficial de la Provincia de Madrid, 31/7/1874, p. 6]. Y en 1877 aparece como concesionario en la explotación de minas de sulfato de sosa o de sodio enclavadas en el término municipal de Añover de Tajo. Donde registra en ese año la mina llamada San Bartolomé, en las Goteras o arroyo de Valdelobos [Boletín Oficial de la Provincia de Toledo, 10/2/1877, p. 1]. También en Añover llegó a ser propietario de la mina llamada Virgen de las Angustias y de la mina San Gregorio, situadas precisamente en aquel cerro homónimo, pero que terminaron por ser cerradas por el Gobierno Civil de Toledo al no satisfacer el canon obligatorio de contribuciones y rentas provinciales [Boletín Oficial de la Provincia de Toledo, 23-06-1885, p. 2]. Igualmente, en 1893 le caducó el permiso de la mina de sosa La Paquita en Mejorada del Campo (Madrid), que salía a subasta por deuda con Hacienda y que venía explotando desde 1884 [Boletín Oficial de la Provincia de Madrid, 6/3/1889, p. 3]. Pero también se le registra regentando una casa de baños en 1879 en la capital de España donde residió de por vida.
    Según otros datos, es probable que su fallecimiento se produjera en los primeros años del siglo XX.
    
    En cambio, de CECILIO tenemos noticia al menos de su fructífera descendencia. Habría de casar en Villaseca en 24 de noviembre de 1847 con Eugenia García Fernández, natural de Belinchón (Cuenca) [Archivo Parroquial de Villaseca de la Sagra (APVS), Libro VII Matrimonios (1790-1850), fol. 45v]. Según expongo en mi libro Villaseca de la Sagra, noticias de su historia (1993) [enlace para leer o descargar en pdf en https://www.realacademiatoledo.es/villaseca-de-la-sagra-noticias-de-su-historia-por-antonio-jose-diaz-fernandez/] en la calle del Estudio abrió la escuela de Primera Enseñanza en un inmueble de su propiedad, casa donde nacerían sus hijos Manuel María (Profesor e Inspector de Escuelas, que no vivió en Villaseca hasta jubilarse en 1907), Jesús (Profesor o Maestro en Villaseca en 1903 y también Secretario del Ayuntamiento en 1909), Florentino (nacido en 1854 y dedicado al comercio, habiendo sido desde 1899 Secretario del Juzgado Municipal de Villaseca) y el más joven de todos, Mauricio Antonio Santos García, el célebre Doctor en Farmacia (al que ya nos referíamos al principio), todos ellos fallecidos antes de 1915. Y sus descendientes ya no fijaron residencia en esta villa.
    En su testamento de 1844, el padre Isidro Santos dejaba a Cecilio, como hijo menor de dieciocho años, bajo custodia de la madre, y le mandaba lo siguiente:

"A mi hijo Cecilio le mando todos los muebles, géneros, especies o atributos que correspondan a mi profesión de Maestro de Enseñanza Primaria, además cualquiera otra clase de obras particulares [libros] que conservo tanto en rústica como en pasta e igualmente le mando todas las ropas de mi poner tanto diarias como de días de fiesta"

    En 1866 entre los maestros del partido de Illescas se anota que, en Villaseca de la Sagra, con 1.359 almas, Cecilio Santos había sido nombrado maestro en 23 de febrero de 1847, con un sueldo de 330 escudos anuales (unos 3.300 reales) [La Conciliación (Toledo). Revista de Primera Enseñanza, 31/3/1866, p. 144]. Maestro con 21 años de edad, se habría de jubilar en 1889 [Expediente de jubilación en Archivo General de la Administración (AGA), 62, 02739, 0054. Consulta en PARES], el mismo año que lo hacía su mujer, también Maestra Nacional, como maestra de niñas [expediente en AGA, 62, 02535, 0067. Consulta en PARES] pues ambos ejercieron conjuntamente en el pueblo poco más de dos décadas.
    De Cecilio Santos tenemos su partida de defunción de fecha 16 de agosto de 1902, firmada por el cura ecónomo don Pármenes Molledo. En ella se expresa que “murió de senectud” y se le dio sepultura en el cementerio público de la villa, habiendo fallecido el día anterior [15 de agosto] a las 7 de la tarde. De estado casado e hijo de Isidro y Teresa; natural de la villa y de edad de 76 años; profesor jubilado de instancia Primera. Y se precisa que no testó y el entierro fue de primera clase [APVS, Libro XV Difuntos (1898-1916), fol. 57v]. 
    Así recoge la noticia de su fallecimiento el diario toledano El Heraldo Toledano de 22 de agosto de 1902, página 3, mostrando sus condolencias:

El Heraldo Toledano, 1902
Recorte de prensa local, El Heraldo Toledano, 1902.

    En el camposanto de Villaseca existe perfectamente visible la sepultura de Cecilio Santos, cubierta por una sencilla lápida de mármol blanco dedicada entonces por su viuda e hijos. 

BENEFACTORES DE LA ERMITA DE LAS ANGUSTIAS.
    Una vez presentadas a estos dos hermanos, o más bien hermanastros, uno afincado en Madrid, el otro avecindado en Villaseca, vamos a describir lo concerniente a su contribución al enriquecimiento del patrimonio artístico de nuestro pueblo.
    Para empezar, hemos de suponer que Florentino Santos fue un gran devoto de la Nuestra Señora de las Angustias. Ya hemos visto que incluso puso su nombre a una de las minas de su propiedad.        Pero lo que queremos subrayar es su extraordinaria generosidad a la hora de adornar el santuario de la Virgen y enriquecerlo con distintos cuadros de indudable valor. 
    Pues bien, vamos a seguir ese proceso de donaciones sucesivas que Florentino Santos depositó en la ermita valiéndonos del imprescindible librito de los Estatutos de la Cofradía de Socorro de Nuestra Señora de las Angustias legalmente establecida en Villaseca de la Sagra (Toledo), aprobadas por Emmo. Y Rvdmo. Sr. Cardenal D. Ciriaco Maria Sancha y Hervás, Arzobispo de Toledo (Toledo, 1906).     Que, por cierto, ya comentó nuestro recordado Rafael Martínez Plaza (e.p.d.) en su libro Hace más de cien años: Hermandad de Nuestra Señora de las Angustias (publicado en 2021). 
    Hojeando esos Estatutos de 1906, en la reseña histórica de sus cabildos van apareciendo estas continuas aportaciones al patrimonio de la cofradía y ermita. 
    Así, por orden cronológico, las dos entregas más importantes que Florentino hizo son:
1º/ “En 7 de septiembre de 1867, donó a la Ermita D. Florentino Santos Jerez cuatro cuadros al óleo, de gran tamaño, que representan San Juan, San Antonio, San Francisco y Santo Ángel de la Guarda”.
2º/ “En 7 de septiembre de 1869, hizo D. Florentino Santos Jerez un donativo para la Ermita de catorce cuadros al óleo y marco dorado, que representan los doce Apóstoles, el Salvador del mundo y la Santísima Virgen”.

    Pero también destinó a la ermita otros objetos litúrgicos entre 1870 y 1901, como fueron “una lámpara y unos ciriales de metal dorado”, “dieciocho candeleros de metal dorado de tres marcas (seis de cada una)”, “sabanillas para el presbiterio y altares de la Iglesia, al efecto de utilizarlas en los días de la función de Nuestra Señora”. También regaló “cuatro magníficos floreros para la carroza y […] un Rosario para Nuestra Señora con cruz de plata sobredorada, engarce del mismo metal y cuentas de nácar muy gruesas”, además, costeó en 1884 “una tirada de estampas de 4.000 ejemplares, en cuatro tamaños, dejando a beneficio de la Cofradía dos piedras litográficas y una chapa de cobre con el grabado de Nuestra Señora (para cartera)”. Estos grabados de la Virgen de las Angustias en su carroza, con el pueblo a sus espaldas, fueron encargados a la imprenta Zaragozano de Madrid y en ellos aparecen los nombres propios de quienes dedican las láminas con esta letra:
"En Mayo de 1887 costeó la estampación de cuatro mil ejemplares de esta lámina Dn. Florentino Santos y Jerez, natural de esta Villa, en beneficio de la Cofradía siendo Hermano mayor de ella su hermano Dn. Cecilio Santos Domínguez"

    Según ejemplares hoy conservados como el que aquí reproducimos. Y de los que sabemos que se enviaron a Roma a la consideración de Su Santidad Pío IX en diciembre de 1876, al mismo tiempo que se solicitaba del Santo Padre privilegio apostólico para “el altar de la santa imagen de las Angustias”.       
Estampa de Ntra. Sra. de las Angustias
Estampa de Ntra. Sra. de las Angustias. Imprenta Zaragozano, 1887.

    A tenor de estas fechas, quizás fue 1901 el año en que se ha de suponer la desaparición de tan desprendido devoto de la Virgen de las Angustias pues su nombre ya no vuelve a salir en las actas de cabildos. 
    Pero no quiero silenciar que también tuvo como atención regalar en 1882 “un Via-Crucis para la Iglesia, en catorce cuadros de marco dorado, con copetes negros, y sus respectivos candeleros”, que son las láminas que lucen hoy día, y bien restauradas en todo, en los pilares de la iglesia parroquial de Santa Leocadia.

    A diferencia de Florentino, ausente de Villaseca por residir en Madrid, su hermano Cecilio sí tuvo más presencia directa en la hermandad pues en varias ocasiones pasó a ocupar distintos cargos administrativos. En 23 de septiembre de 1855 estaba en la Junta como secretario, al igual que en 1868. En 1883 era su presidente o hermano mayor, igual que en 1887.
    A Cecilio Santos Domínguez se debe un único legado de gran interés como es el cuadro de Cristo ante el Sepulcro. Donación a favor de la cofradía titular de Nuestra Señora de las Angustias, realizada tras su muerte y ya en el año de 1907 y que en cabildo de 17 de marzo se testimoniaba en la correspondiente acta capitular con la que se acepta el preciado obsequio. 
    Así consta en el libro corriente de la junta de esta hermandad [Libro de la Cofradía de Ntra. Sra. de las Angustias. Principia en Villaseca de la Sagra a 31 de octubre de 1905, siendo mayordomo D. Antonio García López, en su página 26]. Y así se expresa:
“Esta Junta se ha hecho cargo del donativo efectuado por los herederos de D. Cecilio Santos y Dª Eugenia García consistente en un cuadro de grandes dimensiones pintado al óleo que representa a Ntrº. Sr. Jesucristo al borde del sepulcro el que se ha colocado en la Ermita”.

LAS PINTURAS EN LA ERMITA DE LAS ANGUSTIAS
    Así pues, tanto las dieciocho pinturas que ingresó Florentino como la que dejó su hermano Cecilio Santos son las que hoy posee la cofradía. Y son las que alberga en su ermita de las Angustias que entraron a formar parte de su patrimonio artístico por vía de legado, tratándose de cuadros de desigual factura, pero dignos de estudio, aunque su estado de conservación en muchos casos no sea el deseado.
    Es evidente que estas pinturas no se hicieron para el ornato del santuario ni las encargó nunca la cofradía. Es indudable que proceden o vienen de otro lugar. En esto se advierte que tanto Florentino como Cecilio tuvieron que comprarlas en algún sitio, probablemente en una casa de antigüedades o en un remate de objetos religiosos. Y sobre su adquisición no pienso en otro escenario distinto al Madrid de mediados del siglo XIX y quizás dentro del ambiente desamortizador o del comercio de bienes artísticos enajenados a los templos, y que terminaban vendiéndose en la capital española en aquellos tiempos donde era fácil hacerse con bienes que había pertenecido al clero y sus conventos pues abundaban en las subastas. 
    
    Primeramente, en 1867, Florentino Santos entregó cuatro cuadros enmarcados, mencionados con algún error de nombres en las actas de la Hermandad y que se identifican con:
1. SAN JUAN BAUTISTA [dicho SAN JUAN].
2. SAN ANTONIO DE PADUA [dicho SAN ANTONIO].
3. SAN FRANCISCO JAVIER [dicho SAN FRANCISCO]
4. SAN MIGUEL ARCÁNGEL [dicho SANTO ÁNGEL DE LA GUARDA]

    Este último cuadro del Santo Ángel aparece con tal título, por error, cuando en realidad el tema representado es el identificado en su representación artística como San Miguel Arcángel. Así como, el San Francisco, así a secas, es propiamente el santo jesuita San Francisco Javier.
    Estas cuatro pinturas colgaban, años atrás, de las paredes de la ermita sobre la línea de los apóstoles y bajo los lunetos de la bóveda. Ahora están retiradas en la sacristía. Son pinturas al óleo sobre lienzo y guardan unas mismas medidas, 162 cm x 106 cm. No presentan buena conservación.
Ermita de Ntra. Sra. de las Angustias, Villaseca de la Sagra
     1. S. Juan Bautista    2. S. Antonio de Padua  3. S. Francisco Javier 4. S. Miguel Arcángel 
Ermita de Ntra. Sra. de las Angustias, Villaseca de la Sagra. (Foto del autor)  

    Seguidamente, en 1869, Florentino donó el grueso de los catorce siguientes:
1-2-3-4-5-6-7-8-9-10-11-12. Conjunto de doce cuadros de los santos apóstoles (Pedro, Andrés, Santiago el Mayor, Juan evangelista, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago Alfeo, Simón, Judas Tadeo y Matías). Componen artísticamente lo que se llama un APOSTOLADO. Doce cuadros que permanecen expuestos en la nave de la ermita y representan el colegio apostólico a los que acompañan sus respectivas cartelas del Credo (que llevan tiempo mal colocadas, pues algunas imágenes no se corresponden con el nombre que lleva la cartela). En las pinturas, cada apóstol está identificado con un símbolo o instrumento de su martirio, responde a una iconografía determinada. En las cartelas, cada nombre está relacionado con una frase determinada del Credo, que es asignada a un apóstol en concreto. Desde aquí abogo porque veamos su correcta colocación algún día.
    Todos están enmarcados. Son óleos sobre lienzo. Sus dimensiones, de 104 cm x 77 cm.
Ermita de Ntra. Sra. de las Angustias, Villaseca de la Sagra
Pedro, Andrés, Santiago, Juan evang., Felipe, Bartolomé
Ermita de Ntra. Sra. de las Angustias, Villaseca de la Sagra
Mateo, Tomás, Santiago Alfeo, Simón, Judas Tadeo, Matías.
Ermita de Ntra. Sra. de las Angustias, Villaseca de la Sagra (Toledo). (Foto del autor) 

     Completan el Apostolado la pareja de Cristo y María bajo las siguiente advocaciones:
13. JESUCRISTO SALVADOR DEL MUNDO. Representado con un orbe de cristal y en actitud de bendecir. Del mismo tamaño que los cuadros de apóstoles, permanece separado del colegio apostólico y retirado sin aparente motivo a la sacristía.
14. SANTÍSIMA VIRGEN. En su representación de MATER DOLOROSA. Cuadro retirado a la sacristía cuando también se exponía en la misma ermita.
Ermita de Ntra. Sra. de las Angustias, Villaseca de la Sagra
13. Salvador Mundi        14. Mater Dolorosa
Ermita de Ntra. Sra. de las Angustias, Villaseca de la Sagra. (Foto del autor)    

    A Cecilio Santos se debe únicamente el siguiente cuadro, y no por ello menos valioso:
1. CRISTO ANTE EL SEPULCRO. Ubicado dentro de la capilla mayor de la ermita en el muro de la derecha o epístola. Mide 247 cm x 102 cm. Es obra al óleo sobre lienzo.
    Su reciente restauración, basada en una exhaustiva limpieza y  reintegración de pequeñas zonas, ha despertado sus valores lumínicos y cromáticos, propios de una pintura del siglo XVII, que reproduce un cuadro del pintor Mateo Cerezo. La Junta presidida por don Jesús Gómez Zarza decidió su restauración, que fue llevada a cabo en 19 de junio de 2018 en Madrid por mano del restaurador Germán Pérez Martínez. 
Ermita de Ntra. Sra. de las Angustias, Villaseca de la Sagra
1. Cristo ante el sepulcro. Ermita de Ntra. Sra. de las Angustias.
 Villaseca de la Sagra. (Foto del autor)

    En otro momento podremos hablar exclusivamente de estas interesantes pinturas de la escuela española del siglo XVII, desde un punto de vista artístico. 
    Por ahora, cumplamos con el deber de agradecer a los hermanos Florentino y Cecilio Santos, villasecanos de pro y magnánimos devotos de la Virgen de las Angustias, su buen gusto y generosidad al dotar a la ermita de la patrona de Villaseca de tan digno tesoro pictórico. Una deuda con quienes nos precedieron y que no debemos ignorar para memoria de las presentes generaciones.

martes, 24 de junio de 2025

La custodia procesional de Villaseca de la Sagra para el Corpus Christi

LA CUSTODIA PROCESIONAL DE VILLASECA DE LA SAGRA PARA EL CORPUS CHRISTI

Custodia procesional. Villaseca de la SagraAntonio J. Díaz Fdez.
Dr. en Historia del Arte

        Con esta contribución histórica sobre la custodia procesional de la parroquia de Villaseca de la Sagra pretendo revelar unos datos hasta ahora inéditos sobre su verdadera autoría y la fecha posible de su realización. Podemos hablar de un redescubrimiento de la autenticidad de esta pieza de orfebrería que forma parte del tesoro parroquial de este pueblo.

Partimos del hecho de que la custodia procesional de Villaseca de la Sagra es ante todo un objeto de máxima importancia litúrgica por su significado y simbolismo eucarístico dentro de las ceremonias de la religión católica. Es un objeto imprescindible dentro del ajuar de una iglesia por su necesaria función en el culto y la celebración del día del Corpus Christi.
Pero también es posible contemplarlo como un rico objeto material, valioso en sí mismo y bello desde el punto de vista artístico. Pertenece a la categoría de arte sacro. 

Así dicho, una custodia procesional es un bien cultural y patrimonial de carácter religioso que representa parte de la historia de una comunidad y nos compromete a su conservación. No deja de ser un vínculo de los muchos que nos unen con nuestro pasado común.

UNOS PRIMEROS DATOS.
    Los primeros datos que hablan de esta custodia de Villaseca los proporcionan historiadores toledanos. Primero, en el Catálogo Monumental de la Provincia de Toledo, que realizó el erudito don Jerónimo López de Ayala, Conde de Cedillo, muy a principios del siglo XX, y que fue publicado ya en 1959 por la Diputación Provincial de Toledo. En la relación de obras de arte apreciadas en Villaseca de la Sagra menciona en la iglesia parroquial únicamente la custodia procesional. Como gran conocedor del arte toledano, la describe y la cataloga con estas precisas palabras: 
“custodia de plata dorada, adornada con algunos esmaltes azules. Sobre una base rectangular, un tallo sostiene dos templetes, sobrepuesto uno a otro, el más alto de los cuales remata en cúpula superada por una cruz. Forman cada templete ocho columnas toscanas y cuatro arcos de medio punto. Decoran el más inferior de los dos, destinado a contener el santísimo Sacramento, cuatro figuras, en los ángulos, que representan a los Evangelistas, y ocho colgantes campanillas. Cobija el templete de arriba una efigie de la mártir Sta. Leocadia, titular de la parroquia, exornando los ángulos otras cuatro más pequeñas estatuillas en que se figuran Doctores de la Iglesia.
Alto, 0,95 m
Ancho, 0,30 m
Orfebrería. Renacimiento. Arte greco-romano. Siglo XVII”

Tras este breve apunte objetivo sobre la obra, la valoración personal que hace el historiador trata de situarla en su época artística y expone que es:
“Pieza de arte regular, si bien tiene cierta grandiosidad de conjunto. Pesa veinte y ocho libras. Probablemente labró esta custodia en el primer tercio del siglo XVII el platero toledano Juan de San Martín, de quien se sabe que por los años de 1625 hizo para la misma iglesia una cruz del propio estilo, que también allí se conserva” 

Sin duda, la apreciación que hace el Conde de Cedillo a la hora de datar y asignar un autor para esta custodia de asiento partía de un dato conocido como era la atribución al platero toledano Juan de San Martín de la cruz parroquial de plata, de modo que en el libro de otro historiador titulado Estudio sobre la historia de la orfebrería toledana (1915), se dice de la custodia de Villaseca:
"bien original, porque de la peana arranca un tallo y sobre él se elevan dos cuerpos de arquitectura toscana, terminados por una cruz. La avaloran las estatuas de los evangelistas, cuatro doctores y Santa Leocadia. Se hizo en 1625, y no consta la fecha de la Cruz procesional de la misma iglesia, que es también obra suya"

Desde entonces el dato del Conde de Cedillo ha sido siempre una fuente fiable para documentar la obra artística que es la custodia procesional de Villaseca de la Sagra, afortunadamente bien conservada, pero mal atribuida al platero toledano Juan de San Martín. Pero, de todas formas, el estilo inequívoco de la custodia dejaba ver su pertenencia al primer tercio del siglo XVII.

Tal era su importancia que en 1926 la custodia de Villaseca viajó a la ciudad de Toledo para la Exposición Eucarística Diocesana, donde pudo ser contemplada en toda su belleza, junto a otras custodias clasificadas como “arquitectónicas”, por sus similares características, en el Salón de los Concilios del Palacio Arzobispal de Toledo. Exposición que se celebró durante el III Congreso Eucarístico Nacional convocado por el cardenal primado Reig y Casanova [información en El Castellano, 16-11-1926].

REVISIÓN Y NUEVOS DATOS.
    Pero el examen por nuestra parte de cierta documentación hace discutible la formulación del Conde de Cedillo sobre su supuesto autor y hemos de confirmar que la custodia de plata de la iglesia parroquial de Santa Leocadia de Villaseca de la Sagra ha de ser considerada obra del platero toledano Vicente Salinas.

Esto nos consta a través de dos documentos protocolizados en la ciudad de Toledo en los que aparece el nombre de Felipa de Carcaba, viuda del platero Vicente Salinas, como perceptora de unos pagos que han de hacer los mayordomos del Santísimo Sacramento de Villaseca en concepto de la hechura de una custodia de plata. Esto se reconoce a partir de 1643. Y estas son las dos escrituras de referencia:

1.- La otorgada en 2 de junio de 1643, por Mateo López, Juan de Ribas, Gregorio de Ortega y Simón Ordoñez, vecinos de Villaseca de la Sagra, obligándose en favor de doña Felipa de Carcaba, viuda del platero Vicente Salinas, a pagarla 1.690 reales de plata en razón:
 "de la hechura de una custodia de plata dorada que les ha vendido y entregado para la iglesia de la dicha villa de peso de cuarenta y nueve marcos, una onza y seis ochavos de plata, que a razón de sesenta y cinco reales el marco monta tres mil ciento y noventa y nueve reales de plata", y la dicha señora recibe y se da por satisfecha de los mismos [Fuente: Archivo Histórico Provincial de Toledo (AHPT), Protocolo (Pr.) 3412, fol. 591, escribano Eugenio de Valladolid]. Los 1.690 reales de plata equivalían en realidad a unos 4.225 reales de vellón o corrientes.

2.- Al cabo de un año, la otorgada en 24 de mayo de 1644, compareciendo Simón Ordoñez y Gregorio de Ortega, vecinos de Villaseca de la Sagra, en nombre de Mateo López y Juan de Ribas, mayordomos que fueron los cuatro del Santísimo Sacramento de la parroquial de Santa Leocadia de la dicha villa en el año pasado de 1643, quienes declaran:
"que es así que doña Felipa de Carcaba, viuda de Vicente de Salinas, platero de la santa iglesia de esta ciudad, se encargó y obligó de hacer una custodia de plata dorada para la dicha iglesia, de peso de cuarenta y nueve marcos una onza y seis ochavos de plata que a razón de a sesenta y cinco reales el marco montan tres mil ciento y noventa reales de plata, lo cual entregaron en propia especie y se obligaron a pagarla mil seiscientos y noventa reales de vellón por razón de la hechura como se contiene y declara en la escritura que sobre ella otorgaron ante mi el presente escribano en dos de junio del año pasado de mil y seiscientos y cuarenta y tres y no obstante que la recibieron y saco a su parte y poder hecha en toda perfección como se declara en la dicha escritura que queda relacionada se quedó en poder de la dicha doña Felipa en prendas hasta la paga de la dicha hechura la cual le han hecho" y manifiestan haber recibido la custodia y doña Felipa darse por entregada de los 1.690 reales restantes [AHPT, Pr. 3412, fol. 985, Eugenio de Valladolid].

De lo anterior se deduce que se ajustó con un coste total de 3.190 reales de plata (casi 8.000 reales de vellón), que se pagaron una parte “en propia especie”, es decir, con la entrega de la custodia vieja, y 1.690 reales en moneda de plata, los que se pagan finalmente a la viuda del platero.

En esas mismas fechas otras cantidades se iban aportando para el pago de la referida custodia. Desde Villaseca, en diciembre de 1643, los vecinos Juan Martín Ortega, Juan Florín del Cerro e Illán Rodríguez se obligaban a pagar a doña Felipa de Carcaba “vecina de la ciudad de Toledo platera de la Santa iglesia de la dicha ciudad” 255 reales que debían a Gregorio Ortega y mayordomos del Santísimo Sacramento de las limosnas obtenidas de las luminarias del año pasado y el presente “por cuenta de lo que ha de haber de la custodia que se hizo para el santísimo sacramento que lo deben los dichos mayordomos…” y lo pagarán en Toledo en agosto de 1645 [AHPT, Pr. 7776, fol. 398, Juan de Carvajal]. 
Además, en 30 de mayo de 1644 y en Villaseca, Mateo López, Juan de Ribas, Simón Ordóñez y Gregorio Ortega se obligan de igual modo a pagar a doña Felipa de Carcaba otros 410 reales del resto de 660 reales “en que nos ha vendido y entregado una peana para la custodia del santísimo sacramento de esta villa de Villa Seca de la cual dicha peana nos damos por contentos y entregados a toda nuestra voluntad…” [AHPT, Pr. 7777, fol. 212, Juan de Carvajal]

Incorporada a los bienes de la iglesia parroquial desde 1645, en los inventarios de la iglesia esta custodia no aparece bien identificada hasta 1656, según el tercero de los libros de fábrica del Archivo Parroquial, donde se menciona con ciertos detalles:
“una custodia de plata sobredorada con su viril con cuatro evangelistas en las cuatro esquinas y ocho campanillas en ocho nichos pequeños y en el remate de arriba Stª. Leocadia”
Custodia procesional, s. XVII. Villaseca de la Sagra
Custodia procesional (con su atribución errónea en la ficha). 
Obra de Vicente Salinas, hacia 1638.
Iglesia parroquial de Santa Leocadia. Villaseca de la Sagra.

Al no tener localizado el contrato por el que el platero Vicente Salinas ajusta con los mayordomos del Santísimo Sacramento de Villaseca de la Sagra el hacer la custodia parroquial, se ha de averiguar la fecha de realización a partir de otros datos indirectos. Tampoco los libros de la cofradía del Santísimo Sacramento, conservados en la parroquia, nos ayudan en este intento pues se hallan algo descabalados en sus hojas.

El platero toledano Vicente Salinas está vinculado, como lo estuvo su padre Andrés Salinas, a la Santa Catedral de Toledo como gran artífice cualificado y autor de diversos trabajos de orfebrería de reconocido mérito. Los años de ejercicio de este platero están dentro del primer tercio del siglo XVII. Es posible que su fallecimiento se produjera hacia 1639. A partir de entonces será la viuda doña Felipa de Carcaba la encargada de continuar con el taller de platería en el que trabajaban sus hijos Vicente y Francisco, pero será ella la que se encargue de las obras pendientes dejadas por su marido Vicente Salinas y la que cobre aquellas cantidades que todavía le adeudaban al platero difunto por sus trabajos.

Como hemos visto, este es el caso de la custodia realizada para la iglesia de Santa Leocadia de Villaseca de la Sagra, que los mayordomos de la cofradía sacramental resuelven pagar con un finiquito en moneda de 1.690 reales a doña Felipa Carcaba a cambio de la entrega de la obra perfectamente acabada en 1644, como confirman los documentos aquí señalados.

Pero esta fecha de los pagos nos indica que la obra era anterior en años, aunque tras la muerte del platero permanecía en el taller en espera de su pago final. Por tanto, es preciso situar la realización de esta custodia en la década de los años treinta de esa centuria. 

LA CUSTODIA COMO OBRA DE ARTE
Tenemos en esta custodia procesional, también llamada de asiento, una obra artística de primer orden, atribuible desde ahora y sin mayores vacilaciones al platero toledano Vicente Salinas, y probablemente una de sus últimas obras, labrada en 1639 o antes. 
Su estilo responde a un arte desornamentado propio del periodo artístico de los comienzos del siglo XVII y que recoge las influencias del clasicismo escurialense, de lo que se ha llamado también clasicismo herreriano, por Juan de Herrera arquitecto de El Escorial. 
Es un objeto de plata sobredorada, que se clasifica dentro del Renacimiento tardío. Las técnicas del metal empleadas en su confección son la fundición, la soldadura, el torneado, el biselado, el burilado y la aplicación de esmaltes. Sus medidas son 85 cm de altura, 30 cm de ancho y 23 cm de fondo. Con unos 13 kg de peso aproximadamente (las 28 libras que se mencionan). No lleva marcas de platero por lo cual no hay señales de autoría en la propia pieza. Tampoco ostenta inscripción alguna o dedicatoria de propiedad o pertenencia.
Custodia procesional. Villaseca de la Sagra
Custodia procesional, con exposición del viril. Parroquia
de Santa Leocadia. Villaseca de la Sagra.

En su arquitectura consta de una peana rectangular, un pie oval y un astil o tallo formado por tres piezas como son un carrete cilíndrico, un nudo en forma de jarrón y un kilys (o vaso griego) que soporta la base de un primer templete. Templete que está compuesto de cuatro pares de columnas toscanas haciendo chaflán sobre pedestales y abriendo arcos de medio punto en sus cuatro frentes. Sobre éste se levanta un templete menor, pero del mismo esquema, culminado por media naranja peraltada y adornada con costillas y con remates de pináculos, para culminar en una cruz de extremos esféricos sobre pequeño kilys.
La custodia se completa con figuras exentas. Las sedentes representando a los cuatro evangelistas (Juan, Marcos, Mateo y Lucas) entre los pedestales del templete inferior, y los cuatro Padres de la Iglesia Latina (Jerónimo, Gregorio Magno, Agustín de Hipona y Ambrosio de Milán) en los ángulos del templete superior, destacando en el centro, de mayor tamaño, la imagen titular de la iglesia, la de Santa Leocadia, Virgen y Mártir. En el templete inferior está el porta-viril y lugar privilegiado para encajar el precioso viril en forma de sol que contiene la Sagrada Forma o Cuerpo de Cristo.

El modelo de esta custodia responde al prototipo de base recta y plana, tallo compuesto en forma de jarrón y dos o más templetes superpuestos culminado el último en cupulilla rematada con una crucecilla. Todo sujeto a líneas clásicas y elementos sobrios, con un mínimo de ornamentación basada en contados cabujones de esmalte azulado y otros motivos soldados o colgantes como las ocho campanillas que lo adornan. 

Obra muy similar a la de Villaseca, en Toledo está como ejemplo la custodia de la parroquia de Santiago el Mayor o del Arrabal, que se puede ver en el Museo de Santa Cruz, y cuyo autor es precisamente Juan de San Martín.


TRADICIÓN DEL CORPUS CHRISTI EN VILLASECA DE LA SAGRA.
    Primeramente, entiendo interesante relacionar la custodia parroquial con la existencia de una cofradía sacramental, sin la que no se hubiera encargado esta obra. 

Así, la refundación de la cofradía del Santísimo Sacramento de Villaseca de la Sagra puede muy bien remontarse a los años siguientes a la quema del pueblo por los comuneros del Obispo Acuña en 1521, cuando se reconstruyen la villa y su iglesia, y se reanuda la actividad de las cofradías parroquiales. La Sacramental fue una institución distinguida y a la que pertenecieron como hermanos de honor los señores marqueses, que aparecen en ocasiones encabezando las listas de esclavos. En 1714 la cofradía de Villaseca se hermana con la confraternidad de Santa María de la Minerva de Roma, por bula pontificia, lo que supone un gran honor en su rango institucional.

Sin embargo, en 1770 no tenía ordenanzas aprobadas por la autoridad eclesiástica. Funcionó como cofradía parroquial hasta 1819 en que pasó a constituirse en Sociedad Piadosa Sacramental, en cuyo nuevo carácter se desenvolvió hasta mediados del siglo XIX, para terminar por desaparecer definitivamente. 

En segundo lugar, y como una curiosidad etnográfica, añado unas sugerentes notas en relación a la forma de festejar el Corpus Christi por nuestros antepasados. La celebración del Corpus Christi en Villaseca tenía lugar, como en Toledo, con la solemne procesión de la custodia, bajo palio, y con la presencia de altares o estaciones en las calles. Pero también se solía acompañar de otros actos festivos de carácter religioso en los que tenía cabida la expresión popular como era el caso de las danzas ejecutadas durante la misma procesión. Las más comunes en Toledo y toda Castilla eran la de paloteado, la de espadas y la de cascabeles, al son de dulzaina y tamboril.
De estos usos y costumbres se habla en el acuerdo que en 11 de junio de 1589 toma el ayuntamiento de Villaseca, reunido bajo la presidencia del alcalde Diego Zapata, a fin de dotar la fiesta del Señor con una ayuda anual de 12.000 maravedíes (unos 353 reales de aquella época) a tenor "que de mucho tiempo a esta parte e muy antiguamente se ha tenido y tiene costumbre y devoción e gusto en esta villa de Villaseca de solemnizar la fiesta del día de Jesucristo con danzas y representación, procesión y otras cosas convenientes a la autoridad y regocijo de semejante festividad a la costa de la cual fiesta siempre ayuda y contribuye con su limosna el concejo de esta villa de Villaseca porque la cofradía es pobre e no tiene propio ningún [recurso] de donde hacer la dicha fiesta..." [AHPT, Pr. 7729, fol. 18, Cosme Correas]. 
Vemos que la celebración del Corpus Christi era organizada y costeada por los esclavos de la cofradía del Santísimo Sacramento, pero contando siempre con una ayuda sustanciosa del concejo. 

En los primeros papeles referidos a cabildos, visitas, listado de hermanos y cuentas de la cofradía, que datan de finales del siglo XVI, hay una larga relación de gastos relacionados con la fiesta religiosa. En 1591 hay gasto en tañedores “con sus atabales”; en “bailes que vinieron a la fiesta”; en “actos para la representación” pagados al vecino de Toledo Salas; en dos tamborileros que tocaron las danzas; en los danzantes; en unos músicos; en los siete entremeses, un acto y una comedia, pagados a un tal Cisneros; en levantar un tablado; en comprar un lienzo para pintar un decorado de la “puerta del infierno”; y en quemar pólvora [Archivo Parroquial de Villaseca de la Sagra (APVS), Libro de la cofradía del Santísimo Sacramento de esta villa (1º, termina en 1599)]. Detrás de esos dos nombres propios están dos autores de comedias o directores de compañía considerados en su tiempo como son Lorenzo de Salas y Alonso Cisneros.

Esto demuestra que hace más de cuatrocientos años ya existían los programas de fiestas, que creemos un invento de nuestros días.

Para mayor detalle, existe el contrato de 9 de marzo de 1592, donde se especifica en qué consistían esas representaciones a cargo de un Pedro de Victoria, vecino de Jerez de la Frontera, que se hallaba en Villaseca y se obliga con su compañía de comediantes "en la fiesta de la representación e fiesta que se ha de ejecutar e celebrar el día de Corpus Christi de este presente año en la figura de simple e asistirá en esta villa hasta pasada la dicha fiesta desde la víspera de Pascua del Espíritu Santo de este dicho año empezando y ejecutando la dicha fiesta y dará a su costa seis entremeses para la dicha fiesta y ayudará a ellos y a los otros que se hicieren en dicha fiesta..." [AHPT, Pr. 7731, Cosme Correas].
Aquí ya se dice que hay un actor cómico en el papel de “simple” o gracioso, personaje que en tono humorístico va desvelando las claves de la historia representada. Y que también se escenifican entremeses o piezas teatrales breves.

Por otra parte, la música también tiene una presencia importante en los actos. Todavía en 1640, en 1 de mayo, el vecino de Illescas Andrés Truchado es contratado por la cofradía para asistir el día del Corpus con un trío de chirimías (o dulzainas) en la víspera del Corpus, cobrando por ello 310 reales [AHPT, Pr. 7774, fol. 18, Cosme Correas]. Igual que al año siguiente el mismo músico se compromete a "estar en esta villa con otros tres compañeros maestros de chirimía y asistirán a la víspera de dicho día y a la misa de él con la dicha música sirviendo a los oficios divinos...", cobrando 30 ducados (unos 330 reales de vellón) por su trabajo y renunciando a tocar en el resto de la fiesta [AHPT, Pr. 7795, s/fol., Juan Álvarez].
Dulzaina, instrumento musical
Chirimía o dulzaina, instrumento popular de viento.

En 1645, recién estrenada la nueva custodia de plata que aquí hemos redescubierto, acude a Villaseca un grupo de artistas. Son Ángela Roxel, viuda de Juan Bautista Espínola, Francisco de Rojas y su mujer Juana de Ávila, Simón Aguado y su mujer María de Pina, Pablo Colomer y su mujer Gracia Serrana, Ana María mujer de Melchor de Reyes, Agustín de Rojas y Manuela Álvarez y Juan Fernández, todos doce como compañía de farsa dispuestos "para hacer la fiesta del Corpus en esta dicha villa este presente año de la fecha en esta forma que la víspera del Señor en la tarde a la hora de vísperas hemos de hacer un sarao en la iglesia parroquial de esta dicha villa y después de la dichas vísperas la misma tarde haremos una comedia en la parte y lugar donde los mayordomos de la dicha fiesta que son en esta villa ordenaren y el día propio del Señor se ha de hacer un sarao en la procesión en tres distintos lugares y el mismo día por la tarde hemos de hacer otra comedia..." [AHPT, Pr. 7778, fol. 151, Juan de Carvajal]. Tenemos en este caso una nutrida compañía de cómicos o intérpretes que intercalarán los bailes de aire cortesano llamados saraos con las comedias o farsas, representaciones propiamente teatrales y de claro asunto religioso con particular atención al tema de la exaltación de la Eucaristía.

En resumen, estas costumbres antiquísimas fueron desapareciendo con el paso del tiempo quedando olvidadas y sin tener presencia en nuestro folclore reciente, carente de danzas arcaicas que se remonten a este momento.
 
Sin embargo, es preciso traer a la memoria de Villaseca de la Sagra estas breves notas que nos ilustran sobre un pasado en el que siempre se entrelazan la historia y el arte, como valores de nuestra cultura local. 

En definitiva, lo interesante de esta tradición del Corpus Christi es que Villaseca conserva una joya artística del siglo XVII, con casi cuatrocientos años de antigüedad, como es la custodia procesional de la parroquia de Santa Leocadia.


lunes, 12 de mayo de 2025

La Virgen de los Peligros, una devoción que desde Madrid llegó a Villaseca de la Sagra.

LA VIRGEN DE LOS PELIGROS, UNA DEVOCIÓN QUE DESDE MADRID LLEGÓ A VILLASECA DE LA SAGRA.

Antonio J. Díaz F.
Historiador

      
  Son varias las advocaciones marianas que la religiosidad de nuestros antepasados, hombres y mujeres de Villaseca de la Sagra, ha fomentado a lo largo de más de quinientos años de historia. 
    La figura evangélica de María ha tenido en nuestros altares distintas advocaciones con nombres tan principales como Virgen del Rosario, del Carmen, de la Cabeza, de la Inmaculada Concepción, de la Natividad y de las Mercedes, veneradas en un tiempo u otro en la iglesia parroquial de esta villa. Y en su ermita, cómo no, la protección de Nuestra Señora de las Angustias, imagen milagrosa y patrona de la villa. 
    Junto a éstas, no olvidemos que en la capilla del antiguo hospital de San Bernardo existe una imagen pequeñita con el nombre de Nuestra Señora de los Peligros, que es la titular indiscutible de aquella capilla, más bien iglesia, alzada por iniciativa particular y con fines piadosos.

    Es momento de explicar la curiosa historia de este nombre y de esta devoción, que no nació en Villaseca, sino que vino de Madrid al tiempo que se construyó su capilla, allá por la segunda mitad de siglo XVII. 

    Vamos a hacer memoria sobre esta Virgencita "forastera", que, como digo, es la verdadera patrona de este magnífico edificio, orgullo del patrimonio histórico villasecano, ejemplo de la arquitectura religiosa de estilo barroco, obra del afamado arquitecto Fray Lorenzo de San Nicolás y ejecutada por el maestro de obras Pedro Díaz Mejorada.

LA FUNDACIÓN DEL HOSPITAL DE SAN BERNARDO Y SU CAPILLA. 
    Antes que nada, y para entrar en conocimiento de por qué invocamos a esta virgencita, hay que partir del testamento que el Secretario de Su Majestad, el señor D. Blas García, otorgó en la villa de Madrid el 18 de diciembre de 1630, ante el escribano Francisco de Benavides, en cuya segunda cláusula expresaba lo que aquí transcribimos, aludiendo a un apreciado convento madrileño:

Item digo que yo de más de treinta años a esta parte he cuidado y servido al Convento de Nuestra Señora de la Piedad que llaman de Vallecas estando la Corte en Valladolid y venido aquí y cuando se trataba de fabricar la iglesia nueva que hoy tiene yo tomé a mi cargo el hacer diligencia para buscar dineros para la dicha obra, y esto se hizo, a Dios gracias y a la Santísima Reina de los Ángeles, que a mi parecer llegué cosa de cuarenta mil Reales poco más o menos. Y también de más de esto di el dinero para hacer parte de la bóveda de la capilla de Nra. Señora de los Peligros donde se entierran las señoras monjas y siempre fue cosa asentada en el Convento que la dicha capilla había de ser para mi entierro en consideración de los dichos servicios y de los que hice en la misma ocasión de mudar el Santísimo Sacramento a Nuestra Señora de la iglesia vieja a donde hoy están y de mudar la imagen de donde entonces se puso a su capilla y los que siempre he continuado hacer al Convento [...] pero continuando la devoción que tengo a Nra. Señora de los Peligros he entendido que estas señoras están de parecer de darme la Capilla y yo darles cien ducados de renta perpetuos por ella y así mando que si en la conformidad dicha se hiciesen las escrituras se les den los dichos cien ducados de renta de uno de los juros que tengo sobre los puertos secos entre Castilla y Aragón del que tengo sobre las sisas de esta Villa de Madrid, esto por razón de la dicha Capilla que sea para mi entierro y de quien yo ordenare a mi disposición como cosa propia mía; y si no se otorgare, el Licenciado Bernardo García mi sobrino me deposite o entierre en la parte y lugar donde le pareciere y de allí si le pareciere me remueva a donde se harán las memorias de misas y fundación de capellanías que abajo irán declaradas...
[Copia del testamento del Secretario Blas García, Archivo Parroquial de Villaseca de la Sagra (APVS), Libro Becerro de Fundaciones, 1735]

    En definitiva, el alto funcionario Blas García, que se confesaba natural de Villaseca, y ejercía su oficio de secretario del rey, primero con Felipe III y después con Felipe IV, aspiraba como fiel devoto y benefactor, a ser enterrado en aquella iglesia conventual del antiguo Madrid, habiendo otorgado plenos poderes a su sobrino el Licenciado D. Bernardo García y San Pedro para cumplir sus últimos deseos y a quien nombró no sólo uno de sus albaceas sino también heredero universal de todos sus bienes.
    Este es otro personaje ilustre nacido en Villaseca de la Sagra que desempeñó como presbítero importantes cargos eclesiásticos en Madrid y su Corte, principalmente el de Visitador y Examinador General del Arzobispado de Toledo en el partido o diócesis de Madrid, en cuya villa vivió y murió. Allí otorgó poder para testar en 17 de mayo de 1650 ante el escribano Antonio Cadenas, a dos personas de su confianza. A Fray Pedro Yáñez, predicador de S.M. y Prior del convento dominico de Santo Tomás, y a su primo el ilustre Doctor D. Francisco López de Mena, canónico de la Iglesia Magistral de Alcalá de Henares y Capellán de Honor de S.M.

    Pues sí, sucedió que en la fundación del hospital de San Bernardo en la villa de Villaseca de la Sagra concurrieron dos inexcusables voluntades. La primera, la del secretario real, el villasecano Blas García, que dejaba instituidas dos capellanías para cumplir una memoria de misas por su alma con una dotación anual de 300 reales cada una, para cuyo mantenimiento asignó el producto de unas cuantiosas rentas sobre juros, censos y alquileres de las casas principales en que moraba, sitas en la calle de Alcalá de Madrid (luego vendidas por su sobrino en 1636). Pero todo con destino a la capilla de la Virgen de los Peligros del convento de las Vallecas de Madrid, donde pretendía encontrar descanso eterno, por su profundo amor a la Virgen y por haber sido gran protector del convento.
Postal Virgen de los Peligros. Madrid
Postal de la Virgen de los Peligros. 
Convento Piedad Bernarda, Madrid.

    La segunda, la de D. Bernardo García de San Pedro, con su recta actuación ante la realidad con la que se encontró a la hora de cumplir los deseos del Secretario García. De una parte, el malogrado intento para que las monjas madrileñas cedieran la cripta de la capilla para enterramiento de su tío; y, de otra, la dificultad material de poder levantar una capilla particular en la vieja iglesia parroquial de Villaseca, pese a la aprobación dada por el Arzobispado. Ante esto, en su propio testamento estaba decidido "se hiciere y fundase un Hospital en la villa de Villaseca de Sagra de donde fue natural con su iglesia de la advocación de San Bernardo y Nuestra Sª. de los Peligros para que en él se recogiesen y curasen los vecinos pobres y enfermos de la dicha villa..." [APVS, Autos de la Fundación de S. Bernardo]. Con ello no ocultaba la primordial intención de construir con su propia hacienda un panteón o capilla sepulcral para tumba de Blas García, y donde establecer las capellanías y memoria de misas, bajo Patronato Real de Legos, es decir, como fundación caritativa particular y no sujeta al orden eclesiástico. De esta manera, el arzobispo de Toledo cardenal Infante D. Fernando, ordenó a los testamentarios de D. Bernardo que se levantase en un sitio a "quinientos pasos de la parroquia en la plaza grande que hay dentro de Villaseca a la entrada del pueblo según se entra de Toledo", es decir, en la que era la plaza de Pozo de Concejo, donde hoy efectivamente se alza el conjunto de capilla y hospital (éste, transformado en Centro Cultural San Bernardo).
    Tras su muerte, ocurrida en 2 de junio de 1635 en Madrid, el cuerpo del Secretario Blas García fue traído a su Villaseca natal y depositado en la antigua iglesia de Santa Leocadia en el colateral del Evangelio, al pie del altar de Santa Ana, el 17 de marzo de 1636; y donde igualmente mandó ser enterrado el propio D. Bernardo García de San Pedro, y así se procedió a su depósito el día de 25 de mayo de 1650, el mismo día de su fallecimiento en la villa de Madrid, siempre en espera de estar construida la iglesia del hospital.
    Hasta el 29 de septiembre de 1669, día de San Miguel, no se consagraría la iglesia por el obispo de Arcadia señor D. Miguel Pérez. Con la iglesia ya bendecida fue posible decorar su interior y dotarlo de algunas imágenes o adornos litúrgicos a fin de poder dar servicio. Pero todavía las obras de carpintería, puertas y ventanas, se prolongarían hasta 1678, año en que se colocaron las campanas en su espadaña bajo la administración de D. Miguel García Pastor.
    Bajo licencia del Consejo de la Gobernación de 21 de julio de 1696, los capellanes del hospital exhumaron los cadáveres de ambos fundadores y el de su administrador, el Dr. D. Francisco López de Mena (cuyo depósito se había hecho en 5 de febrero de 1666 también en la parroquia, altar del Cristo de la Misericordia) en 17 de septiembre de 1697, tras una misa cantada y una vigilia, con asistencia de todo el clero parroquial, en que fueron trasladados definitivamente al panteón de la iglesia de Nuestra Señora de los Peligros, situado tras el altar mayor. Fechas que nos apunta el Bachiller Gregorio Díaz, el último capellán del hospital, en su libro manuscrito sobre Villaseca escrito en 1866.

LOS NOMBRES, LAS DEVOCIONES.
    Visto así, comprobamos que, a partir de 1650, o más concretamente, desde que estuviera abierta la capilla del hospital a partir de 1669, los vecinos de Villaseca pudieron contemplar en su interior las imágenes o pinturas que acomodaban los fundadores y capellanes de aquella institución piadosa.
    Indudablemente, desde el primer momento de la fundación, a través de la personalidad y sentir devoto del Secretario Blas García, nació la vinculación San Bernardo y Nuestra Señora de los Peligros.     En su última voluntad quedaba demostrada la profunda religiosidad hacia una pequeña Virgen de Madrid, la venerada en el convento de madres bernardas conocidas como "Las Vallecas", con la advocación de Nuestra Señora de los Peligros
    Este convento, hoy desaparecido, se situaba en la calle Alcalá de Madrid, a la altura de la calle que sigue denominándose de los Peligros. En este convento existía la capilla a ella dedicada. Las monjas seguían la regla de San Bernardo de Claraval y vestían hábito blanco. Su nombre legítimo era el de convento de bernardas de Nuestra Señora de la Piedad.
Azulejo calle Virgen Peligros. Madrid
Azulejo talaverano en la calle Virgen de los Peligros, Madrid.

Plano Texeira Madrid leyendaPlano Texeira Madrid

Convento de bernardas "Vallecas", en la calle de Alcalá. 
Plano de Madrid, P. Texeira, 1656.

    La tradición sobre esta pequeña y milagrosa imagen del convento madrileño se resume en estos breves datos que aquí referimos. En tierras africanas una imagen de María venerada por los antiguos cristianos había sido escondida bajo una campana ante el dominio musulmán para evitar su profanación. Pero en el siglo XVI, un cristiano cautivo de los corsarios moros dio con el lugar donde hizo el hallazgo, que mantuvo bien en secreto. Con el tiempo y una vez liberado, recuperó la imagen y, no sin pasar grandes "peligros" por mar al volver a España, se dirigió a su villa natal que era Madrid.        Allí se decidió a entregar la imagen a un convento, y con los consejos de un barbero muy devoto, se echaron a suertes entre varios. El azar favoreció a la comunidad de religiosas conocidas como "las Vallecas", que acogieron con júbilo la imagen el día 11 de junio de 1554, fiesta del apóstol San Bernabé. Por las circunstancias de su periplo desde África a Madrid a la imagen ya la habían bautizado con el nombre de Nuestra Señora de los Peligros, que es el que conservó por siempre.
Bernardas, Madrid 1887
Convento de las Vallecas, calle de Alcalá, antes de su demolición. 
Ilustración de J. Comba, del libro Madrid Viejo por Ricardo Sepúlveda (Madrid, 1887).

    Tras la Desamortización de 1836 y la exclaustración de religiosos y religiosas, el cierre del convento de la calle de Alcalá obligó a que la milagrosa imagen pasara por otros templos custodiada por las buenas monjas a lo largo del siglo XIX y primer tercio del siglo XX. Hoy, la auténtica e histórica imagen madrileña de la Virgen de los Peligros se venera en el monasterio de nueva construcción situado en la calle Joaquín Costa, número 49, de Madrid. Este es el actual Santuario de Nuestra Señora de los Peligros (Madres Cistercienses de la Piedad Bernarda).

LA VIRGEN DE LOS PELIGROS EN VILLASECA DE LA SAGRA.
    El hospital de Villaseca de la Sagra recibió el nombre de San Bernardo por la evidente razón, ya expuesta, de conservar el vínculo devoto de origen. Este traslado de cultos de la Villa y Corte de Madrid a la villa señorial de Villaseca fue, sin duda, la mejor decisión del Licenciado D. Bernardo García de San Pedro con la que pretendió crear en Villaseca la réplica del lugar que hubiera esperado, en Madrid, el Secretario Blas García para su descanso eterno. Pero al no poder ser cumplida su última voluntad por el desengaño de las monjas madrileñas, el sobrino y testamentario optó por dar solución a este contratiempo ordenando construir de nueva planta en Villaseca de la Sagra un hospital con su capilla y dedicarlo a devociones bien queridas por su tío. 
    De esta forma, en Villaseca se creaba un hospital ofrendado al fundador San Bernardo y una bella capilla consagrada a Nuestra Señora de los Peligros. Un perfecto reflejo de aquel lugar sagrado y añorado de la calle de Alcalá, y donde estuvieron profesando la madre y dos hermanas del propio Bernardo García de San Pedro.
    Puntualmente, las constituciones de gobierno del hospital, aprobadas en 1669, principiaban por declarar la festividad del señor San Bernardo, como patrono del hospital, a decir cada 20 de agosto, con vísperas y misa cantada solemne y oficiada por el capellán mayor de la institución [Constituciones y ordenanzas para el gobierno del Hospital de San Bernardo. AHPT, Pr. 3712, fols. 272-366, ante Juan Flores González]
    A la Virgen de los Peligros se le señalaba misa el día de Nuestra Señora de la Asunción, es decir, el día 15 de agosto de cada año. 
    A la exposición pública quedaría en la capilla del hospital villasecano la imagen de Nuestra Señora de los Peligros. Y acaso una pintura de La Virgen y San Bernardo, donada por el fundador y expuesta bajo un dosel en el altar mayor, como se veía antes de tener retablo mayor. 
    Efectivamente, no fue hasta el siglo XVIII que llegaron los retablos a la capilla del hospital. Todos reaprovechados, menos el más importante, el retablo mayor, que se alzó en 1772, y del que sabemos que se construyó en Madrid y que se trajeron todas sus piezas en galeras por vecinos de Villaseca, colocándose en la capilla de los Peligros en el mes de septiembre de aquel año. Habiendo costado su hechura 8.000 reales [APVS, Libro del Hospital de S. Bernardo año 1769].
Retablo mayor de la capilla de Ntra. Sra. de los Peligros, 
del hospital de S. Bernardo. Arquitectura madrileña, 1772.
Foto anterior a su restauración en 2011.

    En este retablo mayor, de madera sin policromar y de estilo rococó o cortesano, se ordenaron los principales objetos de culto que hasta entonces se hallaban dispuestos de alguna manera dentro del presbiterio. 
    Primeramente, se incorporó una pintura al óleo de La Aparición de la Virgen a San Bernardo, antes mencionada. En efecto, recuperado en su última restauración el remate superior este retablo mayor, hay que reparar en la obra pictórica que queda restituida a su lugar. En este cuadro aparece pintado un episodio milagroso que le aconteció a San Bernardo. Se dice que en premio a su fervor y defensa de la figura de la Madre de Dios, fue la propia Virgen María que se le apareció para obsequiarle con un hilo de leche de su pecho maternal. La representación así lo muestra y la pintura al óleo se podría atribuir al pintor madrileño Antonio de Pereda († 1678), pintura de hacia 1640 y en estilo barroco. 
    Era un apreciable cuadro que poseía en su oratorio el Licenciado D. Bernardo García de San Pedro y que legó al hospital. 
    Se limpió y restauró en 1996 a cargo del Patronato del Hospital de San Bernardo. 
    El estudio de esta pintura se puede consultar o descargar en mi artículo https://xn--archivoespaoldearte-53b.revistas.csic.es/index.php/aea/article/view/855/890
Pintura La Virgen y S. Bernardo. Villaseca de la Sagra
Retablo mayor, cuerpo superior con la pintura de la Aparición de la 
Virgen a San Bernardo. Óleo de Antonio de Pereda, h. 1640.

    A la vez que el retablo, se hizo una imagen nueva de San Bernardo, porque no había ninguna. Así el retablo tiene en su calle central la hornacina superior de medio punto que alberga la efigie en talla del patrón, de no gran calidad, vestido con el hábito blanco, báculo abacial, mitra de obispo a los pies y libro como padre de la orden por él fundada en el siglo XII, llamada Orden del Císter, con su norma reformadora de la regla benedictina, y que profesaron sus frailes y monjas llamados cistercienses. 
    Es obra de bulto redondo y policromada, de 1,60 cm de altura, tamaño natural, trabajada en Madrid, que costó 330 reales de pintura y dorado [APVS, Libro del hospital de S. Bº. 1769]. En 9 de enero de 1773 el Consejo de la Gobernación del Arzobispado de Toledo dio licencia al entonces patrono y administrador D. José Mateo Gasco para bendecir la nueva imagen de San Bernardo "que se había de colocar en la iglesia del Hospital", según anota el que fue capellán del hospital, el Bachiller Gregorio Díaz, en su libro manuscrito de 1866. 
    La imagen fue restaurada a cargo del Patronato de la Fundación Hospital de San Bernardo, años antes de su extinción, en 2008.
Imagen de San Bernardo, detalle. Talla madrileña,  
madera policromada, 1772.

    Por último, y como no había de ser menos, debajo de esta hornacina se sitúa el nicho y transparente que alberga la pequeña imagen de Nuestra Señora de los Peligros, de apenas 70 cm de alto.     Es una escultura de velador o de vestir, o lo que es lo mismo una imagen sin cuerpo que sólo tiene tallados rostro y manos, que se colocan juntas en actitud orante. Viste manto y saya bordada dispuestas de forma piramidal, al estilo de las pequeñas vírgenes españolas de devoción popular. Sobre sus hombros luce velo y rodea su delicada cara un rostrillo de cuentas. Sobre su cabeza exhibe una bonita corona imperial de bronce sobredorado con labores del siglo XVII, de bello dibujo barroco. Se sitúa sobre trono y peana de madera tallados y sobredorados, y bajo un humilde arquito de rayos, apoyado sobre dos columnillas, todo de latón troquelado y sobredorado.
Virgen de los Peligros. Villaseca de la Sagra  
Virgen de los Peligros. Villaseca de la Sagra

Ntra. Sra. de los Peligros, en su trono y detalle, capilla del 
antiguo hospital de San Bernardo.

    Esta pequeña pero importante escultura será seguramente del tiempo de la fundación, aunque no aparece en el inventario de bienes del Licenciado D. Bernardo García y aún en 1666 se esperaba "poner y colocar en la iglesia del dicho hospital de San Bernardo", según recoge el testamento del primer administrador, el citado D. Francisco López de Mena. Tal vez la poseyera el Secretario Blas García en su oratorio particular, conocida la profunda devoción que profesó hacia aquella imagen madrileña. O quizás la recabó el sobrino para honrar la fundación que iba a hacerse en Villaseca.
    Esta centenaria imagen fue restaurada por el Patronato del Hospital de San Bernardo en 2003.
    Como última curiosidad, es preciso observar el lugar donde se coloca la delicada imagencita, pues la hornacina que hace el retablo tiene como fondo una ventana con vidriera, lo que se llama un transparente, con lo que se permite el paso de luz desde la ventana que hay al otro lado de la cámara sepulcral o panteón del trasaltar. Igualmente, bajo el arco abierto en el muro, en lo que se llama su intradós, se pintan distintos símbolos que ensalzan la virginidad de María. Están dispuestos a ambos lados de una paloma del Espíritu Santo que centra en la clave la composición y el orden de los mismos, pintados en medallones sobre fondo rojo con un simple rameado. Este transparente ya existía antes de instalarse el retablo.
    Las invocaciones pintadas más conocidas son aquellas que en la Biblia identifican a María como Huerto cerrado, Fuente sellada, Ciprés de Monte Sión, Pozo de agua viva, Torre de David, Palmera, Ciudad de Dios, más otras como Espejo de justicia, Trono de sabiduría, Rosa mística, Torre de marfil, Casa de oro, Arca de la Alianza, Puerta del Cielo, Estrella de la mañana. En definitiva, son los atributos más comunes que suelen acompañar la representación de la Virgen María como Tota Pulchra.
Altar Virgen de los Peligros. Villaseca de la Sagra
Retablo mayor y transparente de Ntra. Sra. de los Peligros, detalle del intradós.

    Según los inventarios, esta imagen mariana solía estar acompañada, sobre las gradillas del altar, por las dos pequeñas imágenes de bulto que representan al Niño Jesús y a San Juanito, imitando las de Nápoles, en sus peanas doradas y con sus potencias de bronce dorado, como lo dice una nota de 1741 que registra el coste de dos vestiditos de militar para "los niños que están a los lados del altar de Nuestra Señora de los Peligros en este hospital". Figuras que estaban siempre vestidas, aunque ahora las veamos desnudas, y que paran, desconocemos el motivo, en la iglesia parroquial de Santa Leocadia cuando pertenecen al patrimonio legítimo de esta capilla de los Peligros [APVS, Libro del Hospital de S. Bernardo año 1735].

    La imagen villasecana de la Virgen de los Peligros recibió en 1666 un legado del primer patrono y administrador el Doctor D. Francisco López de Mena, a cuyos testamentarios mandó:

Reserven de mis alhajas las que les pareciere puedan servir de adorno a la santa imagen de Ntra. Sra. de los Peligros que se ha de poner en la iglesia del dicho hospital para lo que la señalo una joya que tengo esmaltada que por una parte tiene una imagen de Ntra. Sra. del Buen Consejo con San Luis de Gonzaga y por otra a San Diego de Alcalá y otra joya con piedra ágatas y una cruz de Caravaca de plata, y un rosario de coral de cinco dieses con extremos de oro que son los padres nuestros.
[APVS, Libro Becerro de Fundaciones, 1735]

    Este generoso administrador también designó para el servicio de la iglesia otros ornamentos y albas, un cáliz de plata pequeño y su patena, y un Santo Cristo de marfil sobre cruz de ébano.
    Recordemos otro importante legado de este insigne benefactor ya tratado por mí en una anterior entrada del blog https://memoriadevillasecadelasagra.blogspot.com/2025/01/la-huida-egipto-un-precioso-alabastro.html

    Con menor predicamento que otras imágenes de María tienen en este pueblo, no obstante, en el siglo XVIII se registra la asistencia de mujeres devotas constituidas en hermandad, pero sin ordenanzas ni licencia eclesiástica, que hacían una fiesta anual a su titular la Virgen de los Peligros y que se mantenía de las libres aportaciones o limosnas de cada hermana, llegándose a reunir anualmente unos 146 reales invertidos en cera, pólvora y derechos pagados al cura y sacristán por la misa de la festividad y otra cantada para las hermanas, según el informe municipal de 1770 sobre hermandades enviado al Señor Intendente de Toledo [Archivo Municipal de Villaseca de la Sagra (AMVS), Acuerdos (1756-1774)]. Hemos de ver aquí la existencia de una voluntariosa congregación femenina que atendía el culto de la Virgencita del hospital, y que con el tiempo terminó desapareciendo.
    Y es posible que a veces la imagen saliera en procesión, pues en 1740 unos fieles le habían ofrecido unas andas talladas y sobredoradas.

    Es evidente que en Nuestra Señora de los Peligros descubrimos una especial advocación mariana de origen madrileño pero perpetuada en esta villa de Villaseca de la Sagra, a través de una singular historia que corría el riesgo de quedar ignorada y que estoy convencido nadie había explicado hasta ahora. 
    Recuperando aquel antiguo sentimiento de pertenencia y cariño hacia la preciosa imagen de Nuestra Señora de los Peligros hemos dado con estos versos emotivos que no queremos omitir:

¡Oh, Virgen de los Peligros!
Eres Virgen de Madrid
de las bernardas "Vallecas",
la historia te trajo aquí
al pueblo de Villaseca.

Para consuelo de enfermos
del hospital San Bernardo, 
te construyeron capilla
y te labraron retablo,
donde toda tu luz brilla.

¡Oh, Virgen de los Peligros!
por más de trescientos años
que vive tu devoción,
a este pueblo toledano
concedes tu bendición.