domingo, 26 de octubre de 2025

Campanarios y campanas de Villaseca de la Sagra.

CAMPANARIOS Y CAMPANAS DE 
VILLASECA DE LA SAGRA.

Grabado s. XVIII


Antonio J. Díaz F.
Historiador del Arte

Al tratar de campanas en los templos católicos estamos aludiendo a un aspecto sociocultural que se relaciona con la función comunicativa que tuvieron en tiempos pasados estos instrumentos acústicos. 
        A través de un sistema codificado de toques, cada uno con un significado preciso, el sistema de comunicación era interpretado sin apenas error no sólo por la colectividad de fieles sino por el resto de la comunidad y habitantes de una población.
La voz de las campanas era en sí mismo un lenguaje sonoro. Entre toques ordinarios y extraordinarios, los toques de campana ordenaban toda actividad humana y pautaban todos los acontecimientos de la vida. Aunque en esos tañidos predominaba su carácter de reglamento de obligaciones religiosas para con la Iglesia, era también un sistema imprescindible de señales dirigido a otros ámbitos civiles que lo reciben como una convención social aceptada plenamente. 
        Con el sonido metálico de la campana se regulaba tanto el curso de las celebraciones litúrgicas como otros muchos actos de la vida cotidiana. Se solían tocar en los ciclos festivos y el ciclo diario de la vida, principalmente el que cubría el largo tiempo del trabajo, de sol a sol.
Precisamente al toque de una campana solían reunirse los ayuntamientos para decidir y acordar sobre los asuntos del común, lo mismo que otras asambleas de vecinos o cabildos de cofradías anunciaban sus convocatorias y reuniones de igual modo, al son de campana.
En las parroquias eran los sacristanes los autorizados por su conocimiento y oficio los más indicados para saber del funcionamiento preciso de las campanas de sus iglesias. Esta era una de sus grandes destrezas y cualificaciones de su cargo, aunque otras personas pudieran manejarlas con igual habilidad y saber. 
La desaparición progresiva de los toques manuales de campanas en Villaseca de la Sagra es un hecho manifiesto y hoy los toques básicos están programados en pulsaciones electromagnéticas que accionan el golpe de un martillo, o simplemente, a través de grabaciones de audio que son amplificadas por altavoces. Se prescinde así del volteo y del accionamiento manual con cuerdas para el que estaban preparadas todas las campanas. 
Siempre al pie de la torre, por su interior, solían colgar esas sogas y cuerdas que movían en altura los badajos de las campanas fijas y evitaban tener que subir al cuerpo de campanas para tocarlas.
También las campanas se diferenciaban entre sí, pues unas eran propiamente para toque litúrgico y otras servían meramente para emitir señales rutinarias.
Pero también hay que considerar el valor musical y acústico de cada campana. Cada campana precisa de una afinación como cualquier instrumento musical para alcanzar la mejor sonoridad. Además, la ubicación de las campanas sigue la lógica acústica de situar siempre la de sonido más grave debajo de la más aguda y, por otra parte, colocar las campanas fijas por encima de las campanas de volteo, como suele ser normal.

Este patrimonio inmaterial que en algunas comunidades o pueblos se trata de resucitar y mantener en valor a través de asociaciones de campaneros y entidades culturales diversas que van cobrando un auge significativo para Villaseca se puede decir que actualmente es una práctica o costumbre totalmente perdida sin signos de recuperación. 

Son las ocho campanas existentes en los tres edificios religiosos de esta población las que por otra parte constituyen el patrimonio material conservado y un testimonio más de la riqueza histórica y artística de Villaseca. Y estas campanas deben ser consideradas bienes muebles de interés histórico como objetos de valor artístico al mismo nivel patrimonial que las esculturas o las pinturas que se guardan en esos mismos templos. Son obras en metal que hoy día tienen una dimensión cultural bastante apreciable.
Desde esta perspectiva pretendemos registrar y recopilar los datos pertinentes que singularizan las campanas que afortunadamente siguen colgadas de sus yugos de madera y en sus sitios originales desde hace unos pocos siglos en esta villa de Villaseca de la Sagra. 

Antes que nada, conviene saber que la fundición de campanas fue un duro oficio tradicional relacionado con las artes del fuego, es decir, que para moldear el metal y darle forma y timbre era preciso dominar las técnicas del trabajo metalúrgico. El fundidor debía determinar el perfil, el correspondiente diámetro de la boca y el grosor según el tipo de campana que hubiera de fabricar. Con ello, la campana adquiere el peso, siempre medido en arrobas, y el sonido convenientes. En el proceso y sobre un molde de ladrillo se hacían dos moldes de barro entre los cuales se vertía el bronce fundido a 1000º C, que una vez solidificado había de formar la campana propiamente dicha.
También nos puede ilustrar algo el conocer esquemáticamente las partes de una campana, según la imagen que a continuación mostramos.
Campana Villaseca de la Sagra. Del autor
Partes de una campana

Hay que puntualizar que toda campana antes de dar su primer sonido debía ser consagrada con un ritual establecido a base de bendiciones y unciones al instalarla en el campanario, como si de su bautizo se tratara. Cada una se personalizaba con la instrucción convenida previamente con el campanero para que en el taller dejara grabado el nombre que habría de llevar la campana, fuera el de la Virgen María, Cristo, un santo o una santa, seguido de la recurrente expresión en latín *ORA PRO NOBIS* (ora por nosotros). A ello se podría añadir una singular inscripción conmemorativa y, ocasionalmente, el nombre del artífice fundidor. Además, por norma, la cara exterior de la campana podía mostrar una cruz grabada. 
La campana debería convertirse en un instrumento litúrgico ungido y sacralizado con connotaciones de objeto laudatorio y protector, que sirviese a la vez para glorificar a Dios y para implorar el amparo frente a los peligros naturales. 
En toda parroquia había un repertorio de toques específicos. Unos para oración como el Angelus, y otros para las misas de diario, de fiesta, de vísperas o de domingo, repique de misas, repique en las procesiones, bodas, difuntos, entierros, novenarios, la festividad de la patrona. Pero también repiques de campanas para pretender alejar las tormentas, avisar del fuego, convocar rogativas, reunir al pueblo, etc. 
En varios de ellos se unía la técnica de bandear o voltear las campanas.

Aun así, para todo interesado en el mundo de las campanas es recomendable la visita a la página http://vozdebronce.blogspot.com/2019/07/introduccion-al-mundo-de-las-campanas.html

Campanas de la iglesia parroquial de Santa Leocadia.
Desde tiempo inmemorial, la iglesia parroquial de Villaseca de la Sagra está dedicada a Santa Leocadia, virgen y mártir toledana en la época de Diocleciano, emperador de los romanos, allá por el siglo IV de nuestra era. La primitiva iglesia fue reconstruida tras el saqueo e incendio de la villa en manos de los comuneros del obispo de Zamora Antonio de Acuña, en la jornada del 23 abril de 1521 contra don Juan de Silva y Ribera, capitán de la causa realista y señor de esta villa y de la de Villaluenga, resguardado en el castillo del Águila. 
Pero el templo que hoy contemplamos es una edificación enteramente nueva y hermosísima que se levantaría a partir de 1659, año del acto de la primera piedra, colocada en 10 de septiembre con la presencia del cura propio don Bernabé Díaz Carreño y el mayordomo Licenciado Pedro Martín de Ortega. Fue el gran arquitecto agustino Fray Lorenzo de San Nicolás quien proporcionó los planos por los que el maestro de obras Pedro Díaz Mejorada fue acometiendo la obra de las tres naves del cuerpo de iglesia y junto a ello elevando la torre campanario, situada precisamente a los pies, en el esquinazo noreste de la planta. 
La torre de nuestra iglesia parroquial es un prodigio de buena arquitectura, de estilo barroco, construida toda en ladrillo sobre un zócalo de sillares calizos y distribuida en tres cuerpos cúbicos coronados por el campanario alzado en un pedestal decorativo y cubierto por tejado a cuatro aguas. Lo más característico de ella, además de su robustez, es el juego de luces que proporcionan sus paños decorados con campos relievados según recogemos en nuestro estudio de 1989 que se puede consultar en https://www.realacademiatoledo.es/wp-content/uploads/2014/02/files_anales_0026_04.pdf

Torre parroquial. Villaseca de la Sagra. Autor
Torre barroca de la iglesia parroquial de 
Santa Leocadia, s. XVII. Villaseca de la Sagra.

Distinguiendo entre uno y otro edificio parroquial, contamos con el testimonio de que en la torre de la vieja iglesia desaparecida hubo dos campanas grandes según inventario de 1509, pero quizás la más antigua de que hay constancia documental en los libros del archivo de la iglesia parroquial es la que en 1513 se pagó a Juan Rubio campanero en Toledo, según la partida correspondiente del libro de fábrica. En 1522 la iglesia conservaba las dos campanas grandes y un esquilón en la primitiva torre apenas rehecha tras el paso devastador de los comuneros. Más adelante, en 1546, Juan de la Torre, campanero vecino de la merindad de Trasmiera (Cantabria) hizo una campana de 31 arrobas y 7 libras de peso (casi 370 kg). Y años antes de demolerse la vieja iglesia, todavía en 1633, se mandaba hacer una nueva campana al campanero de Toledo Juan Yuste quien la cobró en un pago final de 1.211 reales en 1635.
Estas campanas son las que se bajaron en 1652 de la torre vieja como consta del gasto de 17.826 maravedíes en “el derribo de la torre, bajar las campanas, de maestro y oficiales y peones”, colocándolas provisionalmente en un suelo de tablones de madera y yeso que se hizo en espera de comenzar las obras de la iglesia nueva.
Edificadas las tres naves o cuerpo de la iglesia, en 1686 se subían definitivamente las campanas “a la torre nueva”, con un gasto de 2.040 maravedíes, haciéndose un andamio o entablado interior para poder tocarlas. La subida hay que entenderla que se hizo desde el exterior de la torre, izando cada campana unida a su yugo de madera, a base de cuerdas y poleas y su fijación en el hueco determinado.
Con la iglesia completada con la cabecera en 1714, conocemos según inventario de 1726 que se registran tan sólo dos campanas grandes y un cimbalillo, quizás por haberse desechado alguna de las más viejas, lo que también era una práctica común la de poder aprovechar el metal de una campana vieja para fundirla y con ello hacer la nueva con un menor coste.
Las campanas existentes hoy en la iglesia no dejan duda de que se fueron renovando en su totalidad a partir de mediados del siglo XVIII, desapareciendo así cualquiera de las realizadas con anterioridad a 1750.
Actualmente en el campanario de la torre parroquial se hallan colgadas cuatro extraordinarias campanas de bronce que relacionamos del siguiente modo: 

  - Campana (1). En la cara de poniente de la torre. A más de media altura del vano izquierdo está colocado el campanillo, que data de 1787, con la escueta dedicación a la Sagrada Familia: "JESUS, JOSE Y MARIA".  
Se mantiene en su yugo de madera, quizás reacondicionado. Estaba anteriormente situada en el otro vano, si bien a menor altura y por debajo de la campana que a continuación describimos con el número (2).
Torre parroquial. Villaseca de la Sagra. Autor
Campana (1). Campanillo Jesús, José y María (1787).

- Campana (2). En esta misma cara de la torre y en el otro vano se acomoda una campana de grandes dimensiones cuya fecha y dedicatoria no son fáciles de comprobar, pese a que una inscripción en letras capitales recorre una cenefa superior en el tercio, pero cuya lectura resulta dificultosa debido a su altura, aunque parece leerse un fragmento de texto que dice: "...IHS .E. MARIA_*_ FRANCISC...". Mostrando en la cara exterior del cuerpo grabada una cruz de calvario. Es una campana fija que no ha conservado el badajo. Se compone de seis asas en su sujeción a través de los tirantes de hierro al yugo, yugo de tipo valenciano. La hemos denominado "campana de poniente" a falta de una identificación precisa todavía por hacer.
Torre parroquial. Villaseca de la Sagra. Autor
Campana (2). Campana de poniente (1756?).

- Campana (3). Al lado norte de la torre y en el medio punto de la izquierda, visto desde dentro, se halla la campana registrada documentalmente con fecha de 1828 y que lleva la siguiente inscripción en letras capitales tanto en el tercio como en el mediopie: 
"A ESPENSAS DE LA IGLESIA SIENDO CURA PPº DN. BRAULIO* Y MAYORDOMO DE FABRICA PASCUAL RUIZ POR EL MRO. DN. JUAN DE LA CUESTA Y SOBRINO". 
"DEDICADA A STA LEOCADIA VIRGEN Y MARTIR". 
El cura propio o párroco que la encargó fue don Braulio Ramírez y el mayordomo o sacristán mayor Pascual Ruiz, que lo era desde 1808. Ésta sí conserva el badajo original. Parece campana de volteo al mantener sobre el yugo el brazo o palanca de hierro que sería accionado por una cuerda. 
        Al estar dedicada a la titular de la iglesia podría considerarse la "campana grande".
Torre parroquial. Villaseca de la Sagra. Autor
Campana (3). Campana Santa Leocadia (1828).

- Campana (4). Al lado norte y en el medio punto derecho visto desde dentro del campanario se sitúa una campana fechada y con la leyenda grabada: 
"SE FIZO SIENDO CURA DON PIO GARCIA RUBIO Y Mº DE Fª BERNARDO XEREZ, ANNO 1779". "DEDICADA A STA. BARBARA". 
El cura era don Pío García Rubio y el mayordomo de fábrica o de la parroquia el vecino Bernardo Jerez, cuyos nombres quedaron así grabados para la posteridad. 
Es campana de volteo como lo declara el brazo de hierro sobre el yugo. No conserva el badajo. Muestra una curiosa decoración bajo la cenefa superior de la inscripción o tercio, y desde donde cuelgan a modo de guirnaldas decorativas en relieve, formadas por medallones decrecientes con estrellas grabadas en ellos.
Por su dedicación a Santa Bárbara, era la campana que solía hacerse repicar durante las tormentas o temporales.
Torre parroquial. Villaseca de la Sagra. Autor
Campana (4). Campana Santa Bárbara (1779).

Estas dos últimas campanas vistas en el lado norte son muy similares en sus dimensiones y ambas conservan los yugos originales de madera, también muy semejantes entre sí, pese a la diferencia de cincuenta años que hay entre la fabricación de una y otra. Aquí son yugos de tipo o perfil toledano.

Con los documentos en la mano y atendiendo a la sucesión cronológica que nos proporcionan las fechas de fabricación podemos identificar estas cuatro campanas de la parroquia, a falta de un estudio técnico más profundo que no corresponde por ahora.
Primero, la llamada campana de poniente (campana 2) bien pudiera ser la que se fundió en 1756 por cuenta de Francisco de Ygual, maestro campanero en Madrid, quien en una petición dirigida al Ayuntamiento de Villaseca en 19 de agosto de 1758 testimonia que "hizo una campana para la Yglesia, en el año pasado de mill settezºs. zinquentta y seis, la que colocó en su torre" y por lo cual exige el pago de 1.727 reales adeudados como resto del total ajustado. Se hizo para sustituir a la que estaba quebrada en la torre que se manda fundir. Realmente, esta campana fue contratada en 14 de mayo de 1756 con el campanero Igual ante el escribano de la villa, teniendo un peso de 21 arrobas (250 kg más o menos) y a satisfacción de las “vozes y eco de la mencionada campana”, recibiendo en pago la vieja inútil y un total de 2.590 reales, pagaderos en tres veces: 1.450 reales a la firma del contrato, otro importe cuando se trajese y colocase en la torre a fin de septiembre del mismo año y el último pago a fin de septiembre de 1757. Y corriendo por cuenta de la villa llevar la campana vieja a Madrid, al taller de Alejandro Gargollo, para fundirla y traer la nueva, con la garantía de que si en un año se quebrase, el fundidor habría de volver a hacerla a su costa, y se estipula que el mayordomo de la iglesia, José Díaz Jerez, haría la primera paga y la villa las dos restantes. 
        Otra escritura en Villaseca en 30 de octubre de 1765 es otorgada por el maestro campanero Alejandro Gargallo, allí presente, dando poder al teniente de cura don José Calvo del Cerro para que en su nombre le cobre los 663 reales y 11 maravedíes que todavía le deben del importe de la campana nueva. Lo que demuestra que a los artistas les costaba cobrar en los plazos previstos.
De fecha de 1788 es el recibo de 376 reales de Martín de Güemes, maestro campanero, autor del esquilón Jesús, José y María (campana 1), que costó 376 reales y que se hizo fundiendo el viejo campanillo. 
Igualmente, Francisco Antonio Mazorra de Pradillo fundió en 1799 la campana Santa Bárbara (campana 4) aprovechando el bronce de la vieja. 
Ya en el siglo XIX, la campana Santa Leocadia (campana 3) de 1828 se debe a los artífices La Cuesta cuyo nombre figura grabado. 

Campanas de la capilla del Hospital de San Bernardo.
Para el segundo de nuestros importantes edificios religiosos, la capilla del hospital de San Bernardo, queda estudiada la construcción en nuestro trabajo antes mencionado de 1989 "Obras del arquitecto fray Lorenzo de San Nicolás en Villaseca de la Sagra (Toledo)”.
Capilla Peligros. Villaseca de la Sagra. Autor
Fachada principal de la capilla de Ntra. Sra. de los Peligros, 
hospital de S. Bernardo. Villaseca de la Sagra.

Entre 1677 y 1680 parece que se realiza la ultimación de la obra consistente en ciertas obras de albañilería y revoques, empedrados, carpintería, cerrajería y rejería. Todos los trabajos son realizados en función de las tasaciones previas que ordena el Consejo de la Gobernación a Pedro González, maestro de las obras del arzobispado de Toledo. Así pues, si en septiembre de 1669 se dice la primera misa de consagración de la capilla, en 1678 se colocan las campanas y en 1697 se hace la traslación y depósito de los cuerpos de los fundadores en el panteón, tras el altar mayor de esta capilla.
Por tanto, a los nueve años de la apertura al culto de la iglesia de Nuestra Señora de los Peligros se debieron de colocar en la espadaña de su fachada principal las dos campanas y el cimbalillo o esquilón que allí aún permanecen, puesto que una de esas campanas lleva grabada la leyenda siguiente:
*AÑO 1678* S. BERNARDO ORA PRO NOBIS* 
*HICIERONSE ESTAS TRES CANPANAS SIENDO ADMINISTRADOR DE
ESTE HOSPITAL MIGUEL GARCIA PASTOR* 
Capilla Peligros. Villaseca de la Sagra. Autor
Espadaña de la capilla de Ntra. Sra. de los Peligros, s. XVII.
 Villaseca de la Sagra.

La espadaña presenta una composición armónica con el resto de la fachada barroca y acentúa su verticalidad. Se distribuye en un cuerpo principal de dos arcos de medio punto, con dos campanas, y un frontoncillo por remate donde se aloja el cimbalillo. Sus yugos siguen la tipología toledana de ejes para el volteo.
Desconocemos cuándo se contrataron estas campanas, pero un documento de pago, fechado en 10 de diciembre de 1678 en Toledo, es otorgado por Gregorio Barcia, maestro de fundir campanas y vecino de Madrid, al haber recibido 3.792 reales de mano del administrador por el metal y hechura de tres campanas, que pesaban 316 libras (casi 145 kg). 
        Miguel García Pastor, Notario Público de la Audiencia y Corte Arzobispal de Toledo, que ejercía la administración del Patronato de Legos del hospital, habría encargado años antes la fundición y pagado satisfactoriamente al campanero en nombre de la fundación y obra de la capilla de los Peligros estas tres campanas dedicadas al titular de su hospital, San Bernardo.
Capilla Peligros. Villaseca de la Sagra. Autor
Campana principal en su melena o yugo (1678). Capilla de Ntra. Sra. 
de los Peligros. Villaseca de la Sagra.

Campana de la ermita de Ntra. Sra. de las Angustias.
Para el tercer edificio religioso de Villaseca, la que empezó siendo ermita de la Vera Cruz, desde su construcción en 1584, y ya desde 1729, ermita de Ntra. Sra. de las Angustias, sólo consta de un sencillo campanario enteramente de ladrillo, más bien espadaña de un único medio punto entre dos pilastras y un frontoncillo triangular con su esquilón. Puede ser que se construyera en la segunda mitad del siglo XVII por su similitud con motivos decorativos vistos en los paramentos de la iglesia parroquial y capilla de la Virgen de los Peligros. No obstante, en las obras de 1978, la espadaña se derribó para volver a ser reconstruida más o menos como era en sus proporciones y detalle. ¡Menos mal!
En la visita eclesiástica ordinaria que se hace a la ermita y su cofradía en 1827 se revisan los gastos anotados de años anteriores y en los de 1825 se consigna el campanillo nuevo fundido por Francisco Mazorra de Pradillo y conducido desde Madrid “para subir el dicho campanillo a la torre de dicha Hermita”.
Hasta entonces servía un maltrecho campanillo que hubo de recomponerse antes de 1817 por el herrero Felipe Sánchez y que tal vez se aprovechara en la fundición del nuevo.
En efecto, el campanillo está sujeto a un sencillo y reseco yugo de madera, y en la cara exterior de su cuerpo muestra una cruz de calvario grabada con motivos florares y vegetales al pie, apreciándose la cenefa del tercio con inscripción que la recorre y en la que alcanzamos a ver solamente: "JESVS MARIA..."
Ermita Angustias. Villaseca de la Sagra. Autor
Campanillo de la ermita de Ntra. Sra. de las Angustias (1817). 
Villaseca de la Sagra.

De los campaneros que trabajaron en Villaseca, datos adicionales.
Sobre los artífices campaneros que dejaron su obra en Villaseca hemos recopilado algunas noticias en la bibliografía artística publicada, desde intervenciones en Toledo capital hasta otros trabajos documentados. 
Entre los primeros campaneros mencionados en trabajos para la parroquia de Villaseca, Juan de la Torre aparece en 1569 con obras en Salamanca y Galicia, según recoge la obra Campaneros de Cantabria. Y sobre el campanero Juan Yuste sabemos que por 1635 y 1637 estaba en Toledo donde había realizado para la catedral el cimbalillo o esquilón en el segundo cuerpo de la torre, con nombre del Angel, como se recoge en el libro Toledo en la mano.
El campanero Gregorio Barcia, aunque madrileño, trabajó para iglesias de Toledo. En 1674 hizo una campana nueva para la de San Andrés, en 1675 fundió en el Carmen Calzado la campana grande y el esquilón llamado del Socorro para Santa Justa y Rufina, y ya en 1692 hizo una campana para el convento de la Vida Pobre, según apunta en el libro Catálogo de artífices de Toledo. De 1678 datarían las tres campanas del hospital de San Bernardo de Villaseca de la Sagra. Además, trabajó para la catedral de Toledo, e instalada en el segundo cuerpo de la torre, la campana San Sebastián tiene grabado el nombre del fundidor Gregorio Barcia y el año 1681, quien también fundió la otra compañera, la del Santo, en 1682, bajo la prelatura del arzobispo cardenal Portocarrero, según recoge el historiador Parro.
De Francisco Ygual Gargollo, fundidor de campanas, hay noticia de que, en compañía de Antonio Igual, su hermano, hizo dos campanas junto a Alejandro Gargollo, que sólo hizo una, para la torre de la iglesia de San Nicolás de Toledo, instaladas en 1730; y también fabricó una campana nueva para la iglesia de San Cipriano de Toledo. 
Además, Alejandro Gargollo Foncueva (1706-1770), nacido en Arnuero, se halla trabajando en Toledo ya en 1730 con sus dos socios y abrirán taller en Madrid, donde funde una campana para la iglesia de San Sebastián y dos para la ermita de Ntra. Sra. de Gracia; luego otra para la parroquial de Colmenar de Oreja. Ha quedado como gran hito de Gargollo el haber fundido en 1753-1755 la campana de la catedral que lleva el nombre de San Eugenio, según Parro. Es decir, es quien fabricó la famosa Campana Gorda, de más de 7.500 kg de peso, que se instaló en la torre catedralicia pero que se quebró en su primer toque.
Respecto a la campana documentada para Villaseca se demuestra que los campaneros Igual y Gargollo eran compañeros o socios de fundición y tenían su taller en Madrid. Lo que se explica porque eran de origen cántabro, vecinos de Arnuero.
Martín de Güemes (o Huemes) Ballenilla figura como fundidor de campanas vecino de Madrid cuando refundió una campana para San Justo y Pastor de Toledo en 1776, y en 1786 hizo un campanillo o esquilón para la torre de San Cipriano. En 1783 fundió una campana para la catedral de Sigüenza, de nombre La Mayor. Se trata igualmente de un campanero de procedencia cántabra, también de Arnuero, que trabajó en pueblos de Madrid y Toledo, y en obras de fábricas reales, muriendo en Madrid en 1793, según la Enciclopedia de maestros fundidores de campanas de Cantabria. En 1788 hizo el cimbalillo de la parroquia de Villaseca de la Sagra. 
De Francisco Mazorra de Pradillo se sabe que era fundidor de campanas vecino de Fuensalida cuando en 1794 hizo una campana nueva para la torre de San Justo y Pastor, y en 1802 el esquilón de la parroquia de Santo Tomé, y otros trabajos para San Nicolás, todos en la ciudad de Toledo, según Ramírez de Arellano. Aparece en el diccionario de artistas cántabros por ser originario su apellido del Valle de Carriedo. En 1820 hizo un campanillo para la torre de Quismondo. Cuando en 1827 realiza el campanillo para la ermita de Villaseca, se dice que se trae desde Madrid, lo que indica su posible cambio de vecindad. Seguidamente en 1828 se le encarga la campana Santa Leocadia de la parroquia villasecana.
De Juan de la Cuesta, probablemente Juan de la Cuesta Gargollo, natural de Bareyo, sabemos fue un artífice que en los últimos años de su vida trabajó en el arzobispado de Toledo como lo recoge la Enciclopedia de fundidores cántabros. Puede ser el mismo que realizara en 1771 una campana para la parroquial de Jorquera (Albacete) según confirma Sánchez Ferrer. Para Villaseca trabajó en 1828 asociado a un sobrino suyo, cuyo nombre no hemos podido identificar. 
    
    Con esto concluimos un estudio que estaba por hacer respecto a estos instrumentos acústicos llamados campanas, todavía presentes en los tres campanarios de nuestra villa.

FUENTES CONSULTADAS.
Archivo Parroquial de Villaseca de la Sagra -APVS-
Libro I Fábrica (1515-1551)
Libro II Fábrica (1552-1597) 
Libro III Fábrica (1600-1674)
Libro IV Fábrica (1677-1726) 
Libro V Fábrica (1728-1774)
Libro VI Fábrica (1777-1852),
Libro de las limosnas de Nª Sª de las Angustias de Villaseca de la Sagra. Año 1772
Archivo Municipal de Villaseca de la Sagra -AMVS- 
Legajo: Varios del s. XVIII, (1760-1799)
Archivo Histórico Provincial de Toledo -AHPT-
Protocolo 7831 (año 1756) 74-75v
Protocolo 7833 (año 1765) 217-218
Protocolo 328, 954-954v

Bibliografía
ESCALLADA GONZÁLEZ, L. y ARNÁIZ DE GUEZALA, J.: Enciclopedia de maestros fundidores de campanas de Cantabria, Santander, 2024, t. IV.
PARRO, SIXTO R.: Toledo en la mano, Toledo, 1857, t. I.
PELLÓN GÓMEZ DE RUEDA, Adela Mª: Campaneros de Cantabria. Santander: Centro de Estudios Montañeses, 2000.
RAMÍREZ DE ARELLANO, R.: Catálogo de artífices de Toledo. IPIET, Toledo, 2002.
SÁNCHEZ FERRER, José: “Addenda al libro Antiguas campanas de torre de la provincia de Albacete”, Al-Basit, 47, 2003.

martes, 15 de julio de 2025

Los villasecanos Florentino y Cecilio Santos, hermanos benefactores de la ermita de las Angustias.

LOS VILLASECANOS FLORENTINO Y CECILIO SANTOS, HERMANOS BENEFACTORES DE LA ERMITA DE LAS ANGUSTIAS.

Antonio J. Díaz Fdez
Ermita Virgen de las Angustias. Villaseca
Historiador 
       

         El apellido SANTOS es bastante conocido y reconocido en Villaseca de la Sagra puesto que varias personas de las que lo portaron, y hoy lo portan, han dejado una huella apreciable en este pueblo, al menos tratándose de aquellos a los que quiero referirme en estas breves líneas que tratan de rememorar una particular relación con esta villa.
    Antes que nada, nos viene al recuerdo el más distinguido de todos, el que fuera gran farmacéutico y doctor don Antonio Santos García (1861-1917), a quien ya en 1931, en tiempo de la II República se le dedicó una calle en Villaseca. Es cierto, la antigua calle del Estudio o Estudios, donde nació, si bien tuvo su botica en la calle Real, número 12, donde ejerció su admirada vocación, donde investigó y transmitió sus profundos conocimientos farmacológicos [Fernando Sánchez nos acerca a la biografía de este importante villasecano en https://descubriendovillasecadelasagra.blogspot.com/2025/01/antonio-santos-el-farmaceutico-que-da.html]. 
    Una encomiable profesión seguida igualmente por su sobrino Antonio Guillermo Santos Fernández (†1948) y hasta más recientemente por el hijo de éste, Antonio Santos García (†2020), hermano a su vez de Florentino Santos García (catedrático emérito de la Escuela Técnica Superior de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos, de la Universidad Politécnica de Madrid).

DOS HERMANOS NATURALES DE VILLASECA
    Como digo, mi intención es buscar más atrás entre los ascendientes de esa gran familia villasecana. Y entre los antepasados de la generación actual quiero encontrar a aquellos personajes que han tenido una especial vinculación con Villaseca de la Sagra. Los ha habido y han destacado, de forma muy concreta, por su comprometida atención con importantes instituciones religiosas de este pueblo.
    Me estoy refiriendo concretamente a dos hermanos que vivieron principalmente en la segunda mitad del siglo XIX. Un par de hermanos que se distinguieron por su formación y profesión y porque dejaron un legado de obras de arte que hoy podemos contemplar entre otros bienes pertenecientes al patrimonio religioso de nuestro pueblo, principalmente conservados dentro de la ermita de Nuestra Señora de las Angustias. 
    A ellos dos ya he aludido otras veces cuando he hablado de las obras artísticas que atesora la ermita de la Virgen. Últimamente lo hice en una conferencia de 2016 a la que fui invitado con motivo de haberse restaurado unos exvotos de pintura allí existentes.
    Vamos a reseñar algo de las vidas de don Florentino Santos Jerez y de don Cecilio Santos Domínguez. Hermanos de padre, que no de madre. Cierto que ambos varones tienen como progenitor a Isidro Santos Díaz, fallecido en 1844, a los casi sesenta años de edad, y que fue maestro de educación primaria en Villaseca desde al menos el año 1828. Este Isidro Santos casó en primeras nupcias en Villaseca hacia 1817 con Manuela Jerez (cuyo segundo apellido, tal vez Santiago, no hemos podido confirmar pese a nuestras indagaciones). Nacieron de esta primera unión dos hijas, sus nombres de pila, Victoria (1817-1899) y Severiana, y un varón bautizado como Florentino Santos Jerez, que suponemos nacido en torno a 1821. 
    Isidro Santos casó en segundas nupcias con Teresa Domínguez Santos (hija de Manuel Domínguez Colmenar), hacia 1826. Único fruto de este matrimonio fue Cecilio Santos Domínguez, que vio la luz en Villaseca en ese mismo año. 
    Isidro Santos hizo testamento en 7 de noviembre de 1844 reconociendo como herederos a sus cuatro hijos: Victoria, Severiana, Florentino y el menor de todos, Cecilio [Archivo Histórico Provincial de Toledo (AHPT), Protocolo 7863, (1844) fol. 96, escribano Martín Fernández Calderón]

Árbol genealógico

Árbol genealógico de Florentino y Cecilio Santos.

    De FLORENTINO desconocemos cualquier otro aspecto personal, como el nombre de su esposa o si tuvo o no descendencia, más allá de unas pocas notas biográficas, ya que hubo de casar hacia 1840, y no en Villaseca, quizás en Madrid, ciudad donde tenía fijada su residencia habitual y donde pudo obtener su título de maestro de Instrucción Primaria en 1841 con la calificación de sobresaliente, a los 20 años de edad [Boletín Oficial de Instrucción Pública, 15/11/1841, p. 288]. 
    Tras la muerte de su padre, en 1845 compra a su madrastra Teresa Domínguez dos partes de casas en Villaseca, una en la calle del Pingo y otra en la Callejuela [AHPT, Pr. 7863, (1845) fols. 23 y ss.], lo que indica su solvencia económica. A través de ciertas noticias impresas hemos podido constatar que como profesor cualificado impartía cursos particulares de caligrafía para adultos, clases de francés, aritmética mercantil y cambios, en su domicilio de la calle Silva, número 21, cuarto principal, allá por el año de 1848 [Diario Oficial de Avisos de Madrid, 28/4/1848, p. 2]. Más adelante, en 1864 se domicilia en la calle de la Madera, número 6, (distrito de Maravillas en la capital). Con inquietud empresarial, y dedicado al negocio minero, en 1872 es miembro de la Sociedad Minera "Los Nueve Amigos", que explotaba la mina Santa Isabel, término municipal del Barranco (Ávila) desempeñando como socio contador en la Junta General [Boletín Oficial de la Provincia de Madrid, 31/7/1874, p. 6]. Y en 1877 aparece como concesionario en la explotación de minas de sulfato de sosa o de sodio enclavadas en el término municipal de Añover de Tajo. Donde registra en ese año la mina llamada San Bartolomé, en las Goteras o arroyo de Valdelobos [Boletín Oficial de la Provincia de Toledo, 10/2/1877, p. 1]. También en Añover llegó a ser propietario de la mina llamada Virgen de las Angustias y de la mina San Gregorio, situadas precisamente en aquel cerro homónimo, pero que terminaron por ser cerradas por el Gobierno Civil de Toledo al no satisfacer el canon obligatorio de contribuciones y rentas provinciales [Boletín Oficial de la Provincia de Toledo, 23-06-1885, p. 2]. Igualmente, en 1893 le caducó el permiso de la mina de sosa La Paquita en Mejorada del Campo (Madrid), que salía a subasta por deuda con Hacienda y que venía explotando desde 1884 [Boletín Oficial de la Provincia de Madrid, 6/3/1889, p. 3]. Pero también se le registra regentando una casa de baños en 1879 en la capital de España donde residió de por vida.
    Según otros datos, es probable que su fallecimiento se produjera en los primeros años del siglo XX.
    
    En cambio, de CECILIO tenemos noticia al menos de su fructífera descendencia. Habría de casar en Villaseca en 24 de noviembre de 1847 con Eugenia García Fernández, natural de Belinchón (Cuenca) [Archivo Parroquial de Villaseca de la Sagra (APVS), Libro VII Matrimonios (1790-1850), fol. 45v]. Según expongo en mi libro Villaseca de la Sagra, noticias de su historia (1993) [enlace para leer o descargar en pdf en https://www.realacademiatoledo.es/villaseca-de-la-sagra-noticias-de-su-historia-por-antonio-jose-diaz-fernandez/] en la calle del Estudio abrió la escuela de Primera Enseñanza en un inmueble de su propiedad, casa donde nacerían sus hijos Manuel María (Profesor e Inspector de Escuelas, que no vivió en Villaseca hasta jubilarse en 1907), Jesús (Profesor o Maestro en Villaseca en 1903 y también Secretario del Ayuntamiento en 1909), Florentino (nacido en 1854 y dedicado al comercio, habiendo sido desde 1899 Secretario del Juzgado Municipal de Villaseca) y el más joven de todos, Mauricio Antonio Santos García, el célebre Doctor en Farmacia (al que ya nos referíamos al principio), todos ellos fallecidos antes de 1915. Y sus descendientes ya no fijaron residencia en esta villa.
    En su testamento de 1844, el padre Isidro Santos dejaba a Cecilio, como hijo menor de dieciocho años, bajo custodia de la madre, y le mandaba lo siguiente:

"A mi hijo Cecilio le mando todos los muebles, géneros, especies o atributos que correspondan a mi profesión de Maestro de Enseñanza Primaria, además cualquiera otra clase de obras particulares [libros] que conservo tanto en rústica como en pasta e igualmente le mando todas las ropas de mi poner tanto diarias como de días de fiesta"

    En 1866 entre los maestros del partido de Illescas se anota que, en Villaseca de la Sagra, con 1.359 almas, Cecilio Santos había sido nombrado maestro en 23 de febrero de 1847, con un sueldo de 330 escudos anuales (unos 3.300 reales) [La Conciliación (Toledo). Revista de Primera Enseñanza, 31/3/1866, p. 144]. Maestro con 21 años de edad, se habría de jubilar en 1889 [Expediente de jubilación en Archivo General de la Administración (AGA), 62, 02739, 0054. Consulta en PARES], el mismo año que lo hacía su mujer, también Maestra Nacional, como maestra de niñas [expediente en AGA, 62, 02535, 0067. Consulta en PARES] pues ambos ejercieron conjuntamente en el pueblo poco más de dos décadas.
    De Cecilio Santos tenemos su partida de defunción de fecha 16 de agosto de 1902, firmada por el cura ecónomo don Pármenes Molledo. En ella se expresa que “murió de senectud” y se le dio sepultura en el cementerio público de la villa, habiendo fallecido el día anterior [15 de agosto] a las 7 de la tarde. De estado casado e hijo de Isidro y Teresa; natural de la villa y de edad de 76 años; profesor jubilado de instancia Primera. Y se precisa que no testó y el entierro fue de primera clase [APVS, Libro XV Difuntos (1898-1916), fol. 57v]. 
    Así recoge la noticia de su fallecimiento el diario toledano El Heraldo Toledano de 22 de agosto de 1902, página 3, mostrando sus condolencias:

El Heraldo Toledano, 1902
Recorte de prensa local, El Heraldo Toledano, 1902.

    En el camposanto de Villaseca existe perfectamente visible la sepultura de Cecilio Santos, cubierta por una sencilla lápida de mármol blanco dedicada entonces por su viuda e hijos. 

BENEFACTORES DE LA ERMITA DE LAS ANGUSTIAS.
    Una vez presentadas a estos dos hermanos, o más bien hermanastros, uno afincado en Madrid, el otro avecindado en Villaseca, vamos a describir lo concerniente a su contribución al enriquecimiento del patrimonio artístico de nuestro pueblo.
    Para empezar, hemos de suponer que Florentino Santos fue un gran devoto de la Nuestra Señora de las Angustias. Ya hemos visto que incluso puso su nombre a una de las minas de su propiedad.        Pero lo que queremos subrayar es su extraordinaria generosidad a la hora de adornar el santuario de la Virgen y enriquecerlo con distintos cuadros de indudable valor. 
    Pues bien, vamos a seguir ese proceso de donaciones sucesivas que Florentino Santos depositó en la ermita valiéndonos del imprescindible librito de los Estatutos de la Cofradía de Socorro de Nuestra Señora de las Angustias legalmente establecida en Villaseca de la Sagra (Toledo), aprobadas por Emmo. Y Rvdmo. Sr. Cardenal D. Ciriaco Maria Sancha y Hervás, Arzobispo de Toledo (Toledo, 1906).     Que, por cierto, ya comentó nuestro recordado Rafael Martínez Plaza (e.p.d.) en su libro Hace más de cien años: Hermandad de Nuestra Señora de las Angustias (publicado en 2021). 
    Hojeando esos Estatutos de 1906, en la reseña histórica de sus cabildos van apareciendo estas continuas aportaciones al patrimonio de la cofradía y ermita. 
    Así, por orden cronológico, las dos entregas más importantes que Florentino hizo son:
1º/ “En 7 de septiembre de 1867, donó a la Ermita D. Florentino Santos Jerez cuatro cuadros al óleo, de gran tamaño, que representan San Juan, San Antonio, San Francisco y Santo Ángel de la Guarda”.
2º/ “En 7 de septiembre de 1869, hizo D. Florentino Santos Jerez un donativo para la Ermita de catorce cuadros al óleo y marco dorado, que representan los doce Apóstoles, el Salvador del mundo y la Santísima Virgen”.

    Pero también destinó a la ermita otros objetos litúrgicos entre 1870 y 1901, como fueron “una lámpara y unos ciriales de metal dorado”, “dieciocho candeleros de metal dorado de tres marcas (seis de cada una)”, “sabanillas para el presbiterio y altares de la Iglesia, al efecto de utilizarlas en los días de la función de Nuestra Señora”. También regaló “cuatro magníficos floreros para la carroza y […] un Rosario para Nuestra Señora con cruz de plata sobredorada, engarce del mismo metal y cuentas de nácar muy gruesas”, además, costeó en 1884 “una tirada de estampas de 4.000 ejemplares, en cuatro tamaños, dejando a beneficio de la Cofradía dos piedras litográficas y una chapa de cobre con el grabado de Nuestra Señora (para cartera)”. Estos grabados de la Virgen de las Angustias en su carroza, con el pueblo a sus espaldas, fueron encargados a la imprenta Zaragozano de Madrid y en ellos aparecen los nombres propios de quienes dedican las láminas con esta letra:
"En Mayo de 1887 costeó la estampación de cuatro mil ejemplares de esta lámina Dn. Florentino Santos y Jerez, natural de esta Villa, en beneficio de la Cofradía siendo Hermano mayor de ella su hermano Dn. Cecilio Santos Domínguez"

    Según ejemplares hoy conservados como el que aquí reproducimos. Y de los que sabemos que se enviaron a Roma a la consideración de Su Santidad Pío IX en diciembre de 1876, al mismo tiempo que se solicitaba del Santo Padre privilegio apostólico para “el altar de la santa imagen de las Angustias”.       
Estampa de Ntra. Sra. de las Angustias
Estampa de Ntra. Sra. de las Angustias. Imprenta Zaragozano, 1887.

    A tenor de estas fechas, quizás fue 1901 el año en que se ha de suponer la desaparición de tan desprendido devoto de la Virgen de las Angustias pues su nombre ya no vuelve a salir en las actas de cabildos. 
    Pero no quiero silenciar que también tuvo como atención regalar en 1882 “un Via-Crucis para la Iglesia, en catorce cuadros de marco dorado, con copetes negros, y sus respectivos candeleros”, que son las láminas que lucen hoy día, y bien restauradas en todo, en los pilares de la iglesia parroquial de Santa Leocadia.

    A diferencia de Florentino, ausente de Villaseca por residir en Madrid, su hermano Cecilio sí tuvo más presencia directa en la hermandad pues en varias ocasiones pasó a ocupar distintos cargos administrativos. En 23 de septiembre de 1855 estaba en la Junta como secretario, al igual que en 1868. En 1883 era su presidente o hermano mayor, igual que en 1887.
    A Cecilio Santos Domínguez se debe un único legado de gran interés como es el cuadro de Cristo ante el Sepulcro. Donación a favor de la cofradía titular de Nuestra Señora de las Angustias, realizada tras su muerte y ya en el año de 1907 y que en cabildo de 17 de marzo se testimoniaba en la correspondiente acta capitular con la que se acepta el preciado obsequio. 
    Así consta en el libro corriente de la junta de esta hermandad [Libro de la Cofradía de Ntra. Sra. de las Angustias. Principia en Villaseca de la Sagra a 31 de octubre de 1905, siendo mayordomo D. Antonio García López, en su página 26]. Y así se expresa:
“Esta Junta se ha hecho cargo del donativo efectuado por los herederos de D. Cecilio Santos y Dª Eugenia García consistente en un cuadro de grandes dimensiones pintado al óleo que representa a Ntrº. Sr. Jesucristo al borde del sepulcro el que se ha colocado en la Ermita”.

LAS PINTURAS EN LA ERMITA DE LAS ANGUSTIAS
    Así pues, tanto las dieciocho pinturas que ingresó Florentino como la que dejó su hermano Cecilio Santos son las que hoy posee la cofradía. Y son las que alberga en su ermita de las Angustias que entraron a formar parte de su patrimonio artístico por vía de legado, tratándose de cuadros de desigual factura, pero dignos de estudio, aunque su estado de conservación en muchos casos no sea el deseado.
    Es evidente que estas pinturas no se hicieron para el ornato del santuario ni las encargó nunca la cofradía. Es indudable que proceden o vienen de otro lugar. En esto se advierte que tanto Florentino como Cecilio tuvieron que comprarlas en algún sitio, probablemente en una casa de antigüedades o en un remate de objetos religiosos. Y sobre su adquisición no pienso en otro escenario distinto al Madrid de mediados del siglo XIX y quizás dentro del ambiente desamortizador o del comercio de bienes artísticos enajenados a los templos, y que terminaban vendiéndose en la capital española en aquellos tiempos donde era fácil hacerse con bienes que había pertenecido al clero y sus conventos pues abundaban en las subastas. 
    
    Primeramente, en 1867, Florentino Santos entregó cuatro cuadros enmarcados, mencionados con algún error de nombres en las actas de la Hermandad y que se identifican con:
1. SAN JUAN BAUTISTA [dicho SAN JUAN].
2. SAN ANTONIO DE PADUA [dicho SAN ANTONIO].
3. SAN FRANCISCO JAVIER [dicho SAN FRANCISCO]
4. SAN MIGUEL ARCÁNGEL [dicho SANTO ÁNGEL DE LA GUARDA]

    Este último cuadro del Santo Ángel aparece con tal título, por error, cuando en realidad el tema representado es el identificado en su representación artística como San Miguel Arcángel. Así como, el San Francisco, así a secas, es propiamente el santo jesuita San Francisco Javier.
    Estas cuatro pinturas colgaban, años atrás, de las paredes de la ermita sobre la línea de los apóstoles y bajo los lunetos de la bóveda. Ahora están retiradas en la sacristía. Son pinturas al óleo sobre lienzo y guardan unas mismas medidas, 162 cm x 106 cm. No presentan buena conservación.
Ermita de Ntra. Sra. de las Angustias, Villaseca de la Sagra
     1. S. Juan Bautista    2. S. Antonio de Padua  3. S. Francisco Javier 4. S. Miguel Arcángel 
Ermita de Ntra. Sra. de las Angustias, Villaseca de la Sagra. (Foto del autor)  

    Seguidamente, en 1869, Florentino donó el grueso de los catorce siguientes:
1-2-3-4-5-6-7-8-9-10-11-12. Conjunto de doce cuadros de los santos apóstoles (Pedro, Andrés, Santiago el Mayor, Juan evangelista, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago Alfeo, Simón, Judas Tadeo y Matías). Componen artísticamente lo que se llama un APOSTOLADO. Doce cuadros que permanecen expuestos en la nave de la ermita y representan el colegio apostólico a los que acompañan sus respectivas cartelas del Credo (que llevan tiempo mal colocadas, pues algunas imágenes no se corresponden con el nombre que lleva la cartela). En las pinturas, cada apóstol está identificado con un símbolo o instrumento de su martirio, responde a una iconografía determinada. En las cartelas, cada nombre está relacionado con una frase determinada del Credo, que es asignada a un apóstol en concreto. Desde aquí abogo porque veamos su correcta colocación algún día.
    Todos están enmarcados. Son óleos sobre lienzo. Sus dimensiones, de 104 cm x 77 cm.
Ermita de Ntra. Sra. de las Angustias, Villaseca de la Sagra
Pedro, Andrés, Santiago, Juan evang., Felipe, Bartolomé
Ermita de Ntra. Sra. de las Angustias, Villaseca de la Sagra
Mateo, Tomás, Santiago Alfeo, Simón, Judas Tadeo, Matías.
Ermita de Ntra. Sra. de las Angustias, Villaseca de la Sagra (Toledo). (Foto del autor) 

     Completan el Apostolado la pareja de Cristo y María bajo las siguiente advocaciones:
13. JESUCRISTO SALVADOR DEL MUNDO. Representado con un orbe de cristal y en actitud de bendecir. Del mismo tamaño que los cuadros de apóstoles, permanece separado del colegio apostólico y retirado sin aparente motivo a la sacristía.
14. SANTÍSIMA VIRGEN. En su representación de MATER DOLOROSA. Cuadro retirado a la sacristía cuando también se exponía en la misma ermita.
Ermita de Ntra. Sra. de las Angustias, Villaseca de la Sagra
13. Salvador Mundi        14. Mater Dolorosa
Ermita de Ntra. Sra. de las Angustias, Villaseca de la Sagra. (Foto del autor)    

    A Cecilio Santos se debe únicamente el siguiente cuadro, y no por ello menos valioso:
1. CRISTO ANTE EL SEPULCRO. Ubicado dentro de la capilla mayor de la ermita en el muro de la derecha o epístola. Mide 247 cm x 102 cm. Es obra al óleo sobre lienzo.
    Su reciente restauración, basada en una exhaustiva limpieza y  reintegración de pequeñas zonas, ha despertado sus valores lumínicos y cromáticos, propios de una pintura del siglo XVII, que reproduce un cuadro del pintor Mateo Cerezo. La Junta presidida por don Jesús Gómez Zarza decidió su restauración, que fue llevada a cabo en 19 de junio de 2018 en Madrid por mano del restaurador Germán Pérez Martínez. 
Ermita de Ntra. Sra. de las Angustias, Villaseca de la Sagra
1. Cristo ante el sepulcro. Ermita de Ntra. Sra. de las Angustias.
 Villaseca de la Sagra. (Foto del autor)

    En otro momento podremos hablar exclusivamente de estas interesantes pinturas de la escuela española del siglo XVII, desde un punto de vista artístico. 
    Por ahora, cumplamos con el deber de agradecer a los hermanos Florentino y Cecilio Santos, villasecanos de pro y magnánimos devotos de la Virgen de las Angustias, su buen gusto y generosidad al dotar a la ermita de la patrona de Villaseca de tan digno tesoro pictórico. Una deuda con quienes nos precedieron y que no debemos ignorar para memoria de las presentes generaciones.