sábado, 29 de agosto de 2026

Los Martínez de Villaseca de la Sagra, un apellido con arraigo desde 1900.

LOS MARTINEZ DE VILLASECA DE LA SAGRA, UN APELLIDO CON ARRAIGO DESDE 1900. 

Rostro Sandalio Martínez. Villaseca de la Sagra

Antonio J. Díaz Fdz.
Historiador


Si hay un apellido bien reconocido entre las familias que hoy viven en Villaseca de la Sagra es el de MARTÍNEZ. 
    Dentro de la ciencia genealógica, la que estudia las raíces y filiaciones de una persona o familia, Martínez es apellido que sabemos que tiene un origen a partir de dos palabras: Martín-ez. Es decir, el sufijo o terminación "ez" se añade al nombre principal con el significado de "hijo de". Así pues, en los orígenes de la formación de apellidos o patronímicos en España durante la Edad Media se colocaba la partícula "ez" para indicar que una persona es hija o tiene por padre, en este caso, a un tal Martín. 
    Tantos ejemplos de apellidos de origen cristiano (Álvarez, Díaz o Díez, Domínguez, Fernández o Hernández, Gómez, González, Gutiérrez, Jiménez, López, Martínez, Pérez, Ramírez, Sánchez, Suárez, Vázquez, etc.) se han ido perpetuando en nuestros árboles genealógicos multiplicando ramas familiares de distinto origen y procedencia sobre toda la Península Ibérica y extendiendo tantas y tantas ramificaciones lejos de su antiguo lugar de origen. 
    Indudablemente, el MARTÍNEZ que aquí nos ocupa como apellido relacionado con Villaseca se remonta únicamente a unas pocas generaciones en este pueblo, pues es de advertir que empezó siendo un apellido extraño o foráneo poco antes del año 1900, hace poco más de un siglo.
    
    Últimamente hizo honor a este apellido un recordado descendiente de la tercera generación, don RAFAEL MARTÍNEZ PLAZA (1947-2025), a quien hemos conocido y tratado como a una persona bastante apreciable y querida por todos sus convecinos. Un maestro nacional, que esa era su profesión fundamental, ejercida con entera vocación, sin duda. De trato afable y de buenas costumbres, muy interesado y comprometido siempre en lo que fuera bueno para su pueblo natal. Pueblo por el que, realmente, sentía veneración y donde se veía muy a gusto, dado su carácter tranquilo y bonachón.
    En cierto modo, como recuerdo y porque tal vez se nos fue así de pronto, quiero dedicar estas líneas a perfilar algo del origen de su familia. Supongo que lo que vaya a decir aquí él ya lo tendría sabido o averiguado, pues nuestro amigo Rafa era un buen conocedor de las cosas antiguas de Villaseca y sus gentes. 
    Siempre hizo gala de esa curiosidad histórica colaborando en los programas de fiestas con su aportación ciudadana y firmando con el significativo seudónimo "Uno de aquí". Curiosidad y mucho conocimiento que también supo plasmar en su libro sobre la Hermandad de Nuestra Señora de las Angustias, la patrona indiscutible de Villaseca, de cuyas fiestas siempre disfrutó. Tampoco se puede olvidar su afán por recuperar, precisamente para esas fiestas mayores, el "baile de la bandera" y su admirable maestría en interpretarlo tan dignamente, con la destreza del que sabe, y hasta el punto de dejar una entusiasta escuela de "abanderados". 
    Aunque conocía mundo, otros países y culturas, como buen viajero que era, Rafa estaba apegado al terruño y sus tradiciones. Muy fácil era contar con él para cualquier acto o colaboración cultural, tanto que su presencia se hacía imprescindible. 
    De haber seguido con nosotros yo hubiera tenido la satisfacción de compartir con él estos renglones ya acabados, con los que he querido dejar constancia de lo interesante que era hablar con él de temas villasecanos.

    Con el fin de dar más luz sobre la memoria de Villaseca de la Sagra, acerquémonos a la breve historia que aquí contamos sobre esta familia que enraizó entre su vecindario.

   
El primer Martínez de Villaseca, un médico.
    Muy a finales del siglo XIX el municipio de Villaseca de la Sagra en Toledo buscaba cubrir la plaza de médico titular de la villa. Por el Anuario de 1886 conocemos que en ese año era médico don Manuel Gurría Estapé, quien había tenido que enfrentarse a la brutal epidemia de cólera morbo que azotó España y que con tanta saña se cebó en Aranjuez y su entorno en 1885, afectando algo a Villaseca. Había sido un competente médico que desarrollaría después una prestigiosa carrera profesional en otros ámbitos y lugares.
    En esta época decimonónica los contratos de médico los realizaba directamente el ayuntamiento con unas escuetas condiciones que obligaban a una atención sanitaria centrada en toda la población, tanto en sus clases menesterosas como en las familias con recursos propios. 
    Consta que en 9 de noviembre de 1887 se ofertaba la plaza de "médico-cirujano titular", que estaba dotada con un sueldo de 900 pesetas anuales, por la asistencia benéfica de 100 familias pobres, pagadas del presupuesto municipal por mensualidades vencidas, y quedando a voluntad del profesor el hacer igualas (o un ajuste anual) con los demás vecinos pudientes. A los posibles interesados el anuncio les informa que la población es de 374 vecinos (entiéndase, familias), es sana y abundante en artículos de primera necesidad, está distante de Toledo capital tres leguas (15 km), y con estación en la vía férrea de Madrid-Ciudad Real, y a 5 km de la línea a Cáceres y Portugal (la que pasaba por la localidad de Bargas). Los aspirantes debían presentar sus solicitudes debidamente documentadas en esta Alcaldía, presidida entonces por don Juan Hijosa, en el término de quince días, contados desde su publicación en el boletín oficial de la provincia, dada la vacante por la renuncia del citado Manuel Gurría por conveniencia familiar.
    Vacante que se sigue ofertando por el mismo alcalde en 5 de septiembre de 1889 publicando el anuncio oficialmente en el referido boletín.
    De nuevo, el 13 de febrero de 1891, el alcalde Gregorio Díaz dispone la publicación de la que parece la misma vacante "por renuncia espontánea del que la desempeñaba", avisada en el correspondiente número del boletín de la provincia.
    Sin otra noticia de su provisión en cinco años, en 13 de febrero de 1896 vuelve a estar disponible la plaza, aludiéndose que la renuncia es espontánea y debida a la mejora de destino del médico que la servía, cuyo nombre no conocemos, y que es ofertada por el alcalde Gregorio Díaz en el boletín provincial.
    Desconocemos en qué régimen contractual hubo asistencia sanitaria y facultativa desde 1887 hasta 1896 en Villaseca de la Sagra, sin un médico fijo o conocido. Quizás el ayuntamiento contó con facultativos interinos o temporales que realmente no firmaron un contrato por cuatro años de servicios como era lo habitual. 
    No obstante, en el Boletín Oficial de la Provincia de Toledo de fecha 13 de octubre de 1896, en su página 4, se inserta el mismo anuncio, que aquí trasladamos, firmado por el mismo regidor en 9 de octubre:
Recorte periódico 1896

    Sin cambio alguno, el anuncio se reedita y publica nuevamente por disposición de 5 de noviembre de 1897 del alcalde Dionisio García en el boletín correspondiente de 7 de noviembre, aludiendo esta vez que la vacante se ofrece "por imposibilidad física del que la desempeñaba...", y bajo las mismas cláusulas.

    En esta ocasión sí tenemos constancia de su definitiva ocupación. Vino a cubrir la plaza el profesor don SANDALIO MARTÍNEZ MORA, titulado en medicina por la Universidad Central de Madrid, que habría de ejercer desde aproximadamente 1897 a 1913. En ese año de la toma de posesión era alcalde de la villa don Dionisio García y secretario del ayuntamiento don Pedro Crisógono Yust (padre del músico y compositor nacido en Villaseca don Ricardo Yust García, maestro del cuplé, de quien ya dimos cuenta en una conferencia en 2022 y un artículo que se puede descargar en el siguiente enlace:
https://xn--institutoestudiosmadrileos-4rc.es/portfolio_page/tomo-lxiii-ano-2023/#:~:text=Ricardo%20Yust%3A%20un%20compositor%20toledano%20en%20el%20Madrid%20del%20cupl%C3%A9

D. Sandalio Martínez. Villaseca de la Sagra
D. Sandalio Martínez Mora, médico de Villaseca de la Sagra (de 1897 a 1913). (Foto familiar en Villaseca de Sagra. Imágenes de la memoria)

    De edad de cuarenta y cuatro años, el nuevo médico se instalaba en Villaseca en una casa del Pozo de Concejo, pues como vecino de la villa es donde lo sitúa en junio de 1899 el Censo Electoral del ayuntamiento de Villaseca de la Sagra, dentro del primer distrito electoral y según distribución de sus calles sobre el plano. En aquel entonces, el Pozo de Concejo era un barrio de tránsito, todavía la entrada o salida natural del pueblo (según se mire), cruzado de oeste a este por la antigua travesía del Cordel de Merinas o calle Toledo, habitado mayormente por jornaleros y algún que otro labrador. 
    Este sería el domicilio habitual de don Sandalio y su familia hasta 1907. Precisamente a partir de este año, con cincuenta y seis años, se mudará a la calle de los Gremios, en la casa donde se registra viviendo su hijo mayor, Guillermo Martínez Barrios, joven veterinario de veintisiete años.

    Siguiendo las distintas informaciones de publicaciones oficiales y artículos de prensa que iremos desgranando, llegamos a la conclusión de que Sandalio Martínez Mora habría nacido en 1852, siendo su cuna la villa de Arbancón (Guadalajara), cerca de Cogolludo, cabeza de partido. Pero su vida y formación están más relacionadas con la capital del reino que con la tierra de procedencia. 
Arbancón (Gu)
Arbancón (Guadalajara), iglesia de San Benito, plaza Marcelo Esteban. (Wikimedia: joselopezcommons)

    
Primeramente, sujetándose a la ley de educación en España, la llamada Ley Moyano de 1857, y siguiendo los planes de estudios de medicina así fijados, calculamos que Sandalio Martínez Mora cursó por cinco años el grado de Bachiller desde 1872 en el Instituto de San Isidro de Madrid de la calle Toledo, dependiente de la Universidad Central de Madrid, organismo principal y dispensador de todos los títulos oficiales de enseñanza. Sandalio siguió unos seis años con sus estudios de facultad en la de Medicina de Madrid y se licenció en 18 de abril de 1883. En el listado de alumnos de medicina es donde se nos revela por primera vez que procede de la localidad guadalajareña de Arbancón. 

    Solo en los primeros años de su profesión parece confirmada la vinculación con la tierra alcarreña, pues pudo haber desempeñado inicialmente como médico titular en Arbancón por el año 1886 prácticamente recién licenciado, según noticia que le menciona en el periódico madrileño LA FE.
Facultad Medicina calle Atocha
Facultad de Medicina y Cirugía de San Carlos de Madrid, 1926 (calle de Atocha). Colección Anmogon. Fondo Alfonso. Archivo AGA.

    Antes de llegar a Villaseca, y a las puertas del Primer Congreso de Médicos Titulares de España, a celebrar en Madrid, Sandalio Martínez Mora firma en noviembre de 1891 en la prestigiosa revista especializada EL SIGLO MÉDICO un manifiesto sobre el vigente "reglamento de partidos médicos", es decir, sobre la regulación o estatuto de médicos municipales y la arbitraria actuación de los alcaldes respecto a estos facultativos. Está dirigido a despertar conciencias entre sus colegas de profesión. Critica el autoritarismo con el que se conducen los alcaldes respecto a los médicos contratados por el municipio, sin atenerse a normas y en abuso de sus atribuciones, y reclama la independencia en el ejercicio de su profesión, una retribución razonable y escalonada conforme al número de vecinos que se asisten y una provisión de las vacantes sin amaños ni intrusismo. Lo firma como médico titular de Parla (Madrid).
    Así pues, vemos que Sandalio Martínez Mora, consciente de la importancia social de la clase médica en servicio de la población y la mejora de la sanidad pública, desempeñaba la titularidad de médico en este pueblo del sur madrileño, antes de incorporarse a sus funciones en la villa toledana de Villaseca de la Sagra. Con treinta y nueve años se puede afirmar que ya era un médico rural con gran experiencia.
    Una vez en Toledo y afincado en Villaseca desde 1897, en la relación nominal de médicos y cirujanos de la provincia provistos de "patentes" o certificados para ejercer la profesión vemos que para el ejercicio 1898-1899 Sandalio Martínez está adscrito al ayuntamiento de Villaseca, con el número de patente 2 y clase tercera, conforme al número de habitantes del municipio. En el ejercicio de 1899-1900 el número de la patente es ahora el 237 y la clase la misma.
    En 1902 ya se había inscrito en el recién creado Colegio de médicos fundado en la provincia de Toledo, acreditado por su título de Licenciado en Medicina de 18 de abril de 1883.
    Sus primeros años en esta villa sagreña coinciden con la epidemia de viruela detectada en la misma capital de Toledo, como advierte alarmado el periódico semanal LA CAMPANA GORDA de 7 de abril de 1898, que propone la vacunación general y añade que:  

"Escritas las anteriores líneas, se nos comunica que en Añover de Tajo y Villaseca de la Sagra, pueblos de esta provincia, está causando graves estragos la epidemia varilosa. Suponemos que de esto tendrá ya conocimiento el digno Gobernador civil, habrán tomado las medidas requeridas por las circunstancias para el socorro de dichos pueblos, cuya suerte nos interesa á todos"

 Don Sandalio se habría encontrado en Villaseca con la inestimable ayuda y colaboración del laborioso y eminente farmacéutico local don Antonio Santos García, natural de la villa y con botica abierta en el pueblo desde al menos 1883. (Sobre este ilustre villasecano, véase en el blog de Fernando Sánchez  https://descubriendovillasecadelasagra.blogspot.com/2025/01/antonio-santos-el-farmaceutico-que-da.html )

Grupo familiar Martínez. Villaseca de la Sagra
La familia Martínez Mora. De dcha. a izda.: don Sandalio, Ricardo niño, 
doña Basilisa y Guillermo jóven (Foto familiar en Villaseca de Sagra. Imágenes de la memoria)

    Día a día, en su labor facultativa todo médico habría de combatir distintas enfermedades, tanto comunes como infecciosas, que afectaban a las poblaciones rurales en la España de finales del siglo XIX y principios del XX y ocasionaban gran mortalidad, sobre todo entre la población infantil y desfavorecida. Sus nombres aparecen frecuentemente en los casos de muerte: Tuberculosis o tisis, tosferina, gripes o catarros, broncopulmonía, neumonía, difteria, sarampión, tifus exantemático, viruela, fiebres tifoideas, apoplejía cerebral (ictus), cardiopatías, uremia o fallo renal, paperas, gastroenteritis, anemia, disentería, diarrea y desnutrición, sobre todo en los niños, tabardillo o insolación y fatiga crónica, más propia de la gente obrera.
    De ahí la preocupación que tuvo el ayuntamiento de Villaseca por tener una fuente de aguas salubres para evitar muchas de esas enfermedades contraídas por consumo de agua contaminada o falta de higiene. El acuerdo municipal de febrero de 1895 delegaba en el señor alcalde Gregorio Díaz las actuaciones encaminadas a asegurar las obras de captación de aguas potables y su aprovechamiento en la construcción de una fuente pública. (Véase el artículo de mi blog donde se trata el problema del agua en Villaseca  https://memoriadevillasecadelasagra.blogspot.com/2025/03/pozo-concejo-fuente-vieja-y-el-problema.html )

    Sandalio Martínez fallecía en Villaseca en 26 de enero de 1913, sobre las cuatro de la tarde, de una asistolia o paro cardíaco, y fue enterrado en el cementerio municipal. Contaba con tan sólo sesenta y un años, edad que hemos de juzgar algo temprana. La partida de defunción, extendida a las once de la mañana del día 27 ante el suplente de juez municipal don Gabriel Martín Martín y del secretario municipal habilitado don Manuel González Gómez, nos aclara y confirma mucho de lo hasta aquí expuesto. Comparece don Guillermo Martínez Barrios, de profesión veterinario y como hijo del finado, del que declara ser natural de Arbancón (Guadalajara), de sesenta y un años de edad y médico de profesión. Domiciliado en esta villa, calle de los Gremios. En el acta se incluye más información al anotar que estaba casado con doña Basilisa Barrios Peñarrocha, de cincuenta y seis años y natural de Madrid, de cuyo matrimonio quedan dos hijos, de nombre Guillermo (de treinta y dos años) y Ricardo (de veinticuatro).  
    Los datos se amplían al constatar la filiación paterna y materna de don Sandalio, siendo hijo de Vicente Martínez Hidalgo y Antonia Mora, naturales de Arbancón, ya difuntos.

    Como persona respetadísima en el pueblo, tratándose de una autoridad en aquellos tiempos, hecho señalado fue el de su muerte, que estuvo reseñada en un obituario incluido en el diario de información EL ECO TOLEDANO de 28 de enero de 1913, donde se elogia su carácter sociable.

Recorte 1913. Villaseca. Eco Toledano

    De igual modo, el semanario tradicionalista EL PORVENIR de 30 de enero de 1913 recoge el hecho del óbito y alaba el compromiso del difunto con la causa del pretendiente carlista al trono, don Jaime de Borbón y Borbón-Parma, su irreprochable vida cristiana y su condición de persona afable y cercana:

Recorte 1913. Villaseca. El Porvenir

    Si ambas reseñas coinciden en valorar la persona de tan estimado médico, sin embargo, difieren en asignar los años de ejercicio en este pueblo. Si la primera información dice haber dedicado catorce años, la otra cuenta diecisiete años. De esta discordancia resultaría que don Sandalio Martínez habría sido médico sólo desde 1899 o desde 1896-97, año éste que sí se ajusta, como hemos comprobado, a la realidad de su llegada a Villaseca. 
    También nos consta haber sido cofrade de la Hermandad de Nuestra Señora de las Angustias, que precisamente en 1903 cambió sus estatutos para convertirse en Cofradía de Socorro. Y nombrado por la Junta como médico para asistir a los hermanos, con un salario de 5 pesetas mensuales.

    Esta vez la vacante dejada sería cubierta por la Inspección Provincial de Sanidad en la persona de don Carlos Pardal y Vicente, nuevo médico titular de Villaseca, según noticia dada por EL ECO TOLEDANO el 18 de abril de 1913.
    Pero en 1914 lo era don Alejandro González Peña, natural de Toledo, como anuncia EL ECO TOLEDANO de 17 de febrero de 1914, que, no obstante, dejó la plaza por voluntad propia al año siguiente, según noticia del DIA DE TOLEDO, de 22 de junio de 1915.
    En 1917 pasaba a ser médico titular de Villaseca don Ismael Esteban Cantalapiedra, como lo publica EL ECO TOLEDANO de 22 de marzo, que todavía lo era en 1925 y aún en 1932, según lo consignan los correspondientes Anuarios de ambos años. 

    El doctor don Sandalio Martínez se había establecido en Villaseca con su esposa doña Basilisa Barrios Peñarrocha, que quedaba viuda en aquel triste año de la pérdida hasta su defunción en 12 de julio de 1936, con ochenta y cuatro, según el acta de defunción. Ella era natural de Madrid, hija de Bernardo Barrios y María Peñarrocha, domiciliada en Villaseca en la calle Ancha, viuda del médico don Sandalio Martínez y madre de Guillermo y Ricardo, sus dos hijos, ambos casados en aquella fecha.

La segunda generación de los Martínez, los hijos de don Sandalio.
    Como decimos, el matrimonio de don Sandalio y doña Basilisa concibió dos hijos, nacidos con anterioridad a su llegada a Villaseca. Uno, de nombre Guillermo y el otro, algo más joven, Ricardo, de apellidos Martínez Barrios. En 1897, y a juzgar por la fotografía familiar aquí traída, la diferencia de edad entre ellos podría estar entre siete u ocho años. 

    Del hijo menor, Ricardo, podemos confirmar que fue veterinario, pues en septiembre de 1935 solicitaba tomar parte en los cursillos para ingresar en el Cuerpo de Inspectores municipales veterinarios organizados por la Dirección General de Ganadería e Industrias Pecuarias del Ministerio de Agricultura, según listado publicado por la Gaceta de Madrid. A través de una antigua fotografía familiar publicada se le ve vestido de uniforme militar de la aviación enrolado en la guerra del 36. Debió haber nacido en 1889, también en Madrid, y sabemos que se casó, pero no tuvo vecindad en Villaseca como sí la tuvo, por el contrario, su hermano mayor.

    Por la circunstancia de su residencia, realmente nos interesa algo más la vida del primogénito, de GUILLERMO MARTÍNEZ, madrileño de nacimiento, pero vecino de Villaseca. Habría nacido en la Villa y Corte en el año 1881. Por tanto, llegó a Villaseca con unos quince años. La edad perfecta para seguir su formación académica y sus estudios orientados a la ciencia Veterinaria. Suponemos que su especialidad universitaria la llevaría a cabo en la Escuela de Veterinaria de Madrid, glorieta de Embajadores (hoy IES Cervantes), dependiente de la mencionada Universidad Central, cursando una carrera de cinco años. Esto le obligaría a ausentarse de Villaseca y a alojarse en Madrid durante su periodo estudiantil.
Escuela Veterinaria. Madrid
Escuela Veterinaria de Madrid, abierta a partir de 1877 (Glorieta de Embajadores). (Foto Universidad Complutense Madrid)

    De hecho, sería prontamente veterinario titular de la villa, quizás desde 1906 hasta 1937, reemplazando o alternando con don Marcelino Casado García, veterinario de treinta y cuatro años, domiciliado en el Pozo Concejo, que lo era en los años 1903 y 1904, según lo reflejan los censos electorales respectivos.

Retrato Guillermo Martínez. Villaseca de la Sagra
D. Guillermo Martínez Barrios, veterinario de Villaseca (1906-1951)
(Foto familiar en Villaseca de Sagra. Imágenes de la memoria)

    Lo cierto es que el ayuntamiento de Villaseca anunciaba en 8 de octubre de 1904, siendo alcalde el ilustrado don Serafín Marchena Díaz, la plaza de Inspector de carnes de la villa, dotada con un sueldo anual de 100 pesetas, pagadas por trimestres vencidos, admitiendo solicitudes de veterinarios interesados, en plazo de treinta días desde la publicación en el Boletín Oficial de la provincia, que se hizo oficial en 18 de ese mes y año.
    En 1906, Guillermo figura en la lista de mayores contribuyentes del municipio, tributando por su actividad con unas 32 pesetas al erario público, lo que le permite participar en las elecciones de compromisarios para elegir senadores de la provincia, según publicaba el boletín provincial. Esto nos demuestra que ya declaraba por sus ingresos de veterinario y tenía una posición social reconocida.
    También forastero, el citado Censo Electoral de 1907 sitúa en el mismo domicilio de sus padres, como se ha visto, a Guillermo Martínez con veintisiete años, en la calle de los Gremios, ejerciendo, ya sí, como único veterinario de Villaseca. En 1909 era el veterinario oficial y como tal actuaba de inspector de carnes en la villa según el Anuario de ese año, cuando Villaseca tenía una población de 1.478 habitantes de hecho y 1.533 de derecho. Como igualmente el Anuario de 1910 así lo registra.

    Guillermo formaría una familia al casar en 3 de junio de 1910 con la villasecana Dolores Lucas Martín. El acta civil lo firma el secretario del juzgado municipal don Jesús Santos García, en presencia del juez municipal don Aniceto Ortega Martín. Los casó en la parroquia de Santa Leocadia el presbítero don José Pérez Rubiato, en ausencia de párroco titular. Guillermo era soltero de veintinueve años de edad y profesor veterinario, natural de Madrid y vecino de Villaseca de la Sagra, hijo de don Sandalio y doña Basilisa. La novia, natural del pueblo, contaba con veintidós años, soltera y de ocupación sus labores, hija de Julián Lucas Sánchez y Venancia Martín Gómez. Asistentes y testigos a la boda fueron Ezequiel Ruiz García, sacristán y vecino de la villa, y don Eduardo Guinea Cebrián, vecino de Madrid (pariente y célebre pediatra).
Guillermo Mtnez. Boda 1910. Villaseca de la Sagra
D. Guillermo Martínez Barrios y Dª. Dolores Lucas Martín. Fotografía 
de boda, 1910. (Foto familiar en Villaseca de Sagra. Imágenes de la memoria)

    Sin abandonar Villaseca, en 1914 don Guillermo optó a la vacante de inspector municipal con 100 pesetas de salario, según apunta EL DIA DE TOLEDO de 31 de octubre. En 1915 se había presentado a las oposiciones a plazas de Inspectores de Higiene y Sanidad pecuaria, convocadas por el Ministerio de Fomento.
    Ya en 1919, Guillermo había cambiado de domicilio y en ese año está avecindado en la calle Ancha, según lo confirma el Censo Electoral de la Dirección General del Instituto Geográfico y Estadístico, y tiene treinta y ocho años y allí se registra igualmente en 1920.
    En 1925 asumía tareas de reconocimiento de carnes, higiene y sanidad pecuaria como inspector sanitario según el Anuario de 1925, siendo alcalde de Villaseca don Remedios García Calderón.
    En el censo electoral de 1935 Guillermo Martínez Barrios figura en su conocido domicilio de calle Ancha, número 1, pero por profesión se dice industrial (quizás, como categoría genérica o productiva). Y aquí vive su primogénito Ricardo, con veinticuatro años de edad. Entonces no se menciona otro veterinario alguno en la villa y el médico de la población es don Manuel Ulla Boceños, de setenta y dos años (quizás, retirado), pues sabemos que el doctor Ismael Esteban Cantalapiedra seguía afincado en Villaseca y aquí fallece en 1946, según registro municipal.

    Tras la Guerra Civil, la familia Martínez Barrios permanece en Villaseca de la Sagra y en 1946 el Censo electoral sitúa a don Guillermo, de profesión veterinario, con sesenta y cinco años de edad, pero ya viudo, en el número 1 de la calle rebautizada ahora como calle de José Antonio (antes y hoy también, la calle Ancha). En aquella casa, con él, paran dos de sus hijos, los todavía solteros. Son Rafael, de treinta y tres años, también veterinario, y Sandalio, de veinticuatro años, inscrito como veterinario. Por su parte, Ricardo, de treinta y cinco años, de profesión vaquero, independizado y casado, vivía en Capitán Canis, número 2 (antes, la calle del Río o Miralrío).
    Su mujer Dolores había fallecido el 25 de diciembre de 1945, a la edad de cincuenta y siete años, según acta firmada por el secretario del ayuntamiento don Gumersindo Díaz Fernández.

    Don Guillermo Martínez Barrios fallecía en Villaseca en 17 de abril de 1963, a causa de un "colapso cardiovascular". El acta de defunción además nos informa que había nacido en Madrid, exactamente en 25 de junio de 1881, que era veterinario de profesión y estaba domiciliado en la calle José Antonio, 1. De estado, viudo de Dolores Lucas Martín, y padre de Ricardo, Rafael y Sandalio.

La tercera generación, los Martínez villasecanos.
    Doce años antes de su muerte, en 1951 Guillermo figuraba como veterinario, con setenta y un años, viviendo en su domicilio de calle Ancha, donde todavía habita su hijo Sandalio, aún soltero y de veintinueve años. Sus otros dos hijos ya están casados y viven en la calle de Capitán Canis, Ricardo en el número 2 y Rafael en el 3, frente por frente, según el censo electoral de ese año. Los tres declaran como profesión la de jornaleros. 
    En esos años quien parece ser el veterinario oficial del pueblo es el joven José Núñez Cid.

Portada calle Ancha. Villaseca de la Sagra
Portada del antiguo domicilio de los Martínez Barrios, calle Ancha, número 1. (Foto del autor)

Los tres hermanos, hijos de Guillermo y Dolores, siguieron en la vida derroteros distintos y se aplicaron a distintas tareas que desempeñaron en el mismo pueblo sin abandonarlo. Los tres contrajeron matrimonio en el pueblo y formaron sus familias en las que el apellido Martínez formaba ya legítimamente parte de la historia de esta comunidad.

    Unos breves datos biográficos nos sirven para situar a cada uno de estos hermanos que han sido contemporáneos nuestros.

- Ricardo Vicente, su nombre completo de pila, el mayor de los tres, nació en 19 de abril de 1910 y lo inscribe su padre don Guillermo, profesor veterinario, de veintinueve años y domiciliado en la calle de los Gremios, como hijo suyo y de su mujer María Dolores Lucas, y nieto de don Sandalio Martínez Mora, licenciado en Medicina, siendo su abuelo materno, Julián Lucas, de ocupación alfarero. Ricardo casaría en 30 de mayo de 1940 con Francisca Plaza Villamor, hija de Isidro Plaza Martín y Celestina Villamor Lucas, con la bendición del cura párroco don Ángel Carlavilla [del Barrio]. El contrayente contaba con veintinueve años de edad y ejercería de herrador, una actividad práctica relacionada con la veterinaria en aquellos tiempos. 
Ricardo y "Paca" tuvieron dos hijas: María Dolores, fallecida, y Mercedes Martínez Plaza.

- Rafael, nacido en 24 de octubre de 1912, casó en 23 de noviembre de 1946 con Milagros Plaza Magán, hija de Deogracias Plaza Acero, alias "Tío Fariñas", tabernero, y de Juana Magán Martín. La partida de matrimonio dice que el cura párroco era don Félix González Pérez, que la madre del contrayente era difunta (Dolores Lucas); él, con treinta y cuatro años de edad y ella, con veintidós, ambos solteros; siendo testigos Honorio Plaza Magán Juan Plaza Magán, hermanos de la desposada. Falleció en abril de 1984. Hemos conocido a Rafael regentando una tienda de ultramarinos junto a su mujer Milagros.

- Sandalio Martínez Lucas nació en 21 de abril de 1921 y casaría en marzo de 1958 con María Olvido Gómez Varas, hija de Mateo Gómez Díaz y Marciana Varas Sánchez, siendo cura párroco don Arcadio Cuerva Martín, y en el acta de matrimonio consta como herrador. Le hemos conocido trabajando como empleado municipal en servicios del ayuntamiento. Fallecía en abril de 1993.
Fruto de este matrimonio, una hija: María Angustias Martínez Gómez.

    Si la descendencia de los otros matrimonios fue sólo femenina, en el matrimonio de Rafael y Milagros, en cambio, fueron concebidos una niña, Concepción, y un varón, Rafael Martínez Plaza, nuestro inolvidable Rafa, que permaneció soltero y quien hubiera transmitido por línea masculina el apellido Martínez de haber tenido descendencia directa.
    Podemos decir que la rama alcarreña de los Martínez instalada en Villaseca, hace ahora unos ciento veinte y nueve años, no ha tenido continuidad por línea masculina, lo que se puede considerar, desde el punto de vista genealógico, la pérdida como primer apellido y la extinción de su rama.
.......

    Las fuentes consultadas son básicamente publicaciones oficiales (registros, anuarios, boletines...) y, por tanto, los datos aquí expuestos los hemos tratado como fiables y objetivos. Notas de prensa y elementos gráficos en la red también han servido para puntualizar e ilustrar este trabajo, así como la ineludible consulta del registro civil del Archivo Municipal de Villaseca de la Sagra (AMVS), que nos ha permitido documentar ciertos aspectos biográficos. 
    Y para el particular conjunto de fotografías familiares nada ha sido más provechoso que el libro de Salvador Ruiz Toledo: Villaseca de la Sagra. Imágenes de la memoria. Ayto. de Villaseca de la Sagra, 2007. Su aspecto antiguo ha sido mejorado con ayuda de la IA. 

RECURSOS DIGITALIZADOS
- Anuario del comercio ... Provincia de Toledo
Años: 1886 (p. 1713), 1909 (p. 3819), 1910 (p. 3701), 1925 (p. 5327) 
- Memoria-estadística del curso de 1882 a 1883 y Anuario de 1883 a 1884,           Universidad Central. Madrid, 1884 (p. 32)
- El Siglo Médico, Madrid, 6 diciembre 1891 (pp. 777-778)
- Boletín del Colegio de Médicos de la provincia de Toledo, 01/03/1902 (p. 47)
Prensa histórica
- La Fe, 18/08/1886
- La Campana Gorda, 07/04/1898
- El Porvenir, 30/01/1913
- El Eco Toledano, 28/01/1913
- El Eco Toledano, 18/04/1913
- El Eco Toledano, 17/02/1914
- El Eco Toledano, 22/03/1917
- El Día de Toledo, 22/06/1915
- El Día de Toledo, 31/10/ 1914
Boletín Oficial Provincia de Toledo (BOPT)
De 17/11/1887 - De 07/09/1889 - De 17/02/1891 - De 20/02/1896 - De 13/10/1896 - De 07/11/1897 - De 24/01/1899 - De 18/10/1904 - De 01/02/1906
Gaceta de Madrid
De 17/03/1900 - De 19/09/1935
Gaceta de la Regencia de España e Indias, vol. II. Impr. Nacional, 1915 (p. 862)
Diputación de Toledo. Servicio de Archivo
- Censo electoral 1899. Libro 681 
- Censo electoral 1907. Libro 695
- Censo electoral 1903. Libro 689
- Censo electoral 1904. Libro 691
- Censo electoral 1919. Libro 699
- Censo electoral 1935. Libro 723
- Censo electoral 1946. Libro 726    
- Censo electoral 1951. Libro 729

ARCHIVO MUNICIPAL DE VILLASECA DE LA SAGRA (AMVS)
- Libro Defunciones 15 (1909-1915) f. 134
- Libro Defunciones 19 (1934-1953) p. 52
- Libro Defunciones 20 (1943-1970) p. 50
- Libro Defunciones 20 (1943-1970) p. 49
- Libro Defunciones 21 (1956-1970) p. 88
- Libro Defunciones 22 (1970-1985) p. 191
- Libro Defunciones 23 (1985-1995) p. 90
- Libro Matrimonios 5 (1899-1914) p. 154
- Libro Matrimonios 10 (1937-1947) fs. 19 y 94
- Libro Matrimonios 12 (1955-1972) p. 42
- Libro Nacimientos 19 (1908-1911) f. 200
- Libro Nacimientos 20 (1911-1912) f. 90
- Libro Nacimientos 23 (1921-1923) f. 4

sábado, 11 de julio de 2026

Virgen del Carmen, una devoción y una valiosa imagen para Villaseca de la Sagra

 VIRGEN DEL CARMEN, UNA DEVOCION 
Y UNA VALIOSA IMAGEN PARA 
VILLASECA DE LA SAGRA
Escudo Carmelo. Villaseca de la Sagra
Antonio José Díaz Fernández
Historiador

              
 En anteriores entradas de este blog venimos tratando ciertas devociones marianas en el ámbito parroquial y religioso de Villaseca de la Sagra (Virgen de las Angustias, Virgen de las Mercedes, Inmaculada Concepción, Virgen de los Peligros ...), que se han perpetuado a través de imágenes artísticas de gran valor. Para continuar haciendo memoria de ellas, ahora nos corresponde hablar de la historia de la imagen de NUESTRA SEÑORA DEL CARMEN, cuyo día de celebración es el 16 de julio de todos los años. Y Villaseca lo celebra actualmente con devoción y especial fervor, con función de misa, procesión sobre carroza (que tiene por trono de la imagen una típica barca), fuegos artificiales, el tradicional refresco y la rifa final, sin prescindir de la música para la solemnidad y el jolgorio.

La orden carmelitana de Santa Teresa.
              Para comprender históricamente la fuerte devoción que en España se tiene por la Virgen del Carmen, sobre todo en los lugares de mar, como patrona de navegantes y pescadores, es obvio que no se puede dejar de mencionar la autoridad extraordinaria que, a finales del siglo XVI y en tiempos de Felipe II, tuvieron dos grandes figuras del misticismo español, dos protagonistas religiosos que profesaban en la orden del Carmelo, Teresa de Cepeda y Ahumada (†1582) y Juan de Yepes (†1591). Ella, proclamada santa en 1622 por el Papa Gregorio XV; él, beatificado en 1675 por el Papa Clemente X. Ambos, nombrados posteriormente Doctores de la Iglesia. Dedicaron su vocación a la reforma de la vida conventual y, en cierto modo, fueron los fundadores de la Orden del Carmen Descalzo (OCD), frente a sus hermanos de religión, los Padres Calzados o de la Observancia, menos exigentes con la antigua regla carmelita fundada en los siglos XII-XIII por aquellos eremitas que seguían el ejemplo del bíblico profeta Elías en el Monte Carmelo de Jerusalén, considerado el gran inspirador de la primitiva regla que era la que trataba de reavivar la reforma descalza o teresiana de finales del siglo XVI (para más información histórica véase el siguiente enlace 
https://www.carmelitaniscalzi.com/es/quienes-somos/historia/ ).
            En vida, Santa Teresa de Ávila fundó diecisiete monasterios de clausura para mujeres dedicadas a la oración y la contemplación y, entre ellos, el de Toledo, la quinta de sus célebres fundaciones (1569). Por su parte, San Juan de la Cruz consiguió levantar quince conventos para sus frailes reformados después del primero fundado en Duruelo en 1568.
Santa Tere3a. Juan Pascual de Mena
Santa Teresa de Ávila, obra de Juan Pascual de Mena (1754). Iglesia parroquial de San Nicolás de Bari, Bilbao. (Foto: https://www.retablosdebizkaia.com/bilbao-conjunto-de-retablos-de-san-nicolas-de-bari/retablo-lateral-de-san-lazaro/)
 
              Los frailes carmelitas descalzos, frailes mendicantes que también fueron notables predicadores que solían recorrer pueblos y ciudades enseñando a los parroquianos su visión espiritual desde los púlpitos de las iglesias. Sería preferente para ellos tratar de extender el culto y veneración a la Virgen del Carmen como patrona de su orden religiosa y el carisma religioso de llevar el escapulario carmelita.
              El hábito que adoptaron era la túnica marrón (que decían era la que había vestido la Virgen) y un manto blanco, significando la pureza de María.
              El escudo carmelitano usado por los descalzos es bien conocido y en el que se representa simbólicamente el Monte Carmelo donde primitivamente nació la orden, con la cruz centrada que es la de la reforma y alude a Jesucristo, las dos estrellas oscuras representando a los santos profetas Elías y su discípulo Eliseo y la estrella blanca sobre la base del monte simbolizando a la Virgen, protectora y guía de la orden. En el caso de la imagen villasecana el escudo no desarrolla la citada cruz.
 
Cofradía de Ntra. Sra. del Carmen de Villaseca de la Sagra.
                Puesto que a finales del siglo XVI no se menciona la existencia de esta cofradía, hemos de suponer que con cierta prontitud se debió de fundar en Villaseca con la advocación de Nuestra Señora del Carmen una esclavitud o hermandad, en torno a la primera mitad del siglo XVII, y a consecuencia de los procesos de beatificación y canonización de la santa abulense y el auge de su reforma. Pero esto no podemos comprobarlo porque cualquier indagación en los documentos de la iglesia parroquial, particularmente en los libros de cofradías, resulta infructuosa ya que el libro más antiguo que tenía esta hermandad se iniciaba en el año de 1739 y acababa en el de 1753, lamentando no haberse conservado en su archivo. El libro que afortunadamente sí ha llegado a nuestros días es el que abarca desde 1766 a 1913. Esto quiere decir que la andadura de la cofradía sólo se puede constatar documentalmente desde la segunda mitad del siglo XVIII en adelante. Carecemos de todo lo relativo al siglo XVII.
                Es en este momento tan avanzado solo se puede considerar una refundación o al menos una regularización de la cofradía al presentar entonces nuevas ordenanzas, las cuales se aprobaron por la autoridad arzobispal en 27 de noviembre de 1766, recogidas en el mismo libro y cuya copia también se conserva en el Archivo Histórico Diocesano de Toledo. El citado libro, encuadernado y foliado, se inicia exactamente en la cuenta tomada a José Higuera Ortega, hermano mayor que fue desde octubre de 1762 a diciembre de 1763. La cofradía cumplía no solo unos fines religiosos o espirituales, sino que procuraba mínimas atenciones sociales y asistenciales a hermanos y hermanas, como era común en otras congregaciones, siempre con cortos ingresos.
                También era costumbre que durante su existencia las cofradías recibiesen por donación particular algún que otro bien inmueble (casas o tierras) para con el producto de su arrendamiento poder sostenerse regularmente. Hemos comprobado que así ocurrió con la memoria testamentaria de Ana Benito Martín que había legado a perpetuidad una casa a la cofradía para que con parte de su renta contribuir "al adorno de dicha santa imagen". Esto debió ser posteriormente a 1750. Lo cierto es que las medidas desamortizadoras de bienes de hospitales, cofradías y hermandades decretadas en la Real Orden de 1798 acabaron por descapitalizar a estas instituciones obligando a enajenar sus bienes en pública subasta. En obediencia a la ley, el 30 de diciembre se pujó, en valor de 4.430 reales y según tasación del maestro de obras Valentín Alonso, la casa que poseía la cofradía, que es la "que está en la plaza pública de esta dicha villa donde cae su puerta principal, y alinda por levante y norte con casa que fue de Pedro Alonso y hoy de sus sobrinos Francisco y José Díaz Alonso, y al mediodía con la calle que divide los dos barrios de Arriba y Abajo de esta población y enfronta por el mismo aire con la casa que posee Esteban Jerez...". La compraventa la realizó Juan Ramón Rivero, sacristán mayor de la parroquia, como administrador hasta la fecha de dicha memoria, en favor del comprador don Manuel Marzo, de esta vecindad, con la entrega en mano de 2.200 reales más el pago de la liquidación de los réditos atrasados de la memoria y del tributo de tres cuartillos de gallinas adeudado por derecho señorial al Estado de Montemayor.
                Es fácil localizar el sitio que ocupó esta antigua casa del Carmen en el plano urbano actual pues por las indicaciones se corresponde con el suelo del antiguo salón de baile (luego local bancario, hoy cerrado) que hace esquina con la plaza mayor y con el inicio de la actual calle Dr. Fleming, antes conocida como calle del Caño, que dividía efectivamente el pueblo en dos barriadas bien diferenciadas antiguamente, a norte y sur.
                Aprovechando la información, haciendo un inciso, cabe decir que el referido vecino de la casa lindera, el mencionado Pedro Alonso [Palomeque], fue cirujano de la villa y Reales Bosques de S. M. en Aranjuez, quien, al permanecer soltero, dejó como herederos a sus dos sobrinos en testamento de 1792; uno de los cuales, el José Díaz Alonso es el conocido constructor, padre de la celebrada María Díaz que hospedó a don Jorgito el Inglés en Madrid. Sobre esta notable villasecana, véase reseña reciente en mi blog https://memoriadevillasecadelasagra.blogspot.com/2026/06/george-borrow-el-ingles-que-visito.html
Plano urbano. Villaseca de la Sagra
Plano acotado del centro urbano de Villaseca y lugar de la 
antigua casa propiedad de la cofradía del Carmen.
 
                En 1770 la información municipal sobre cofradías de Villaseca facilitada a la Intendencia de la Provincia de Toledo cita entre las varias existentes a la del Carmen (que se dice aprobadas sus constituciones en 1766) con unos gastos anuales de 318 reales y nulas rentas. Así se refleja en el expediente de remisión de Alberto de Suelves, Intendente de la provincia de Toledo al conde de Aranda sobre el estado de las congregaciones, cofradías y hermandades en los pueblos de Toledo, conservado en el fondo Consejos del Archivo Histórico Nacional.
                Sin embargo, la cofradía no está registrada por el ayuntamiento en 1820 entre las aprobadas por la autoridad eclesiástica y, desde luego, fue una de las que siguieron activas durante todo el siglo XIX, como lo demuestran los datos que consignan las listas de hermanos de 1817, 1861, 1868 y 1873, la rendición de cuentas en 1832 y los regulares cabildos, como el último de 23 de julio de 1913 en el que se propone su reconstitución ya en los albores del siglo pasado y año en que cierra el citado libro de la cofradía, guardado en el archivo parroquial.
                Como una curiosidad más, unos testimonios contemporáneos de esos primeros años del siglo XX señalan la fiesta estival del Carmen como un acontecimiento regido por su cofradía tras el esfuerzo personal del señor alcalde y el cura párroco, en la restitución de la misma. Así lo recoge en 1914 el diario de información El Eco Toledano, donde en el número del 17 de julio el corresponsal de turno escribe la crónica de la festividad con estas cumplidas palabras que no dudamos en reproducir tal cual aparecieron publicadas:

Recorte El Eco Toledano 1914
Fiesta del Carmen en Villaseca (Recorte de prensa 
El Eco Toledano, 17/7/1914).

                Lo mismo sucedería en 1916, según el número de 18 de julio de El Eco Toledano, donde el firmante M.S. (Manuel Santos) dice que en este año como en los anteriores estuvieron "muy animadísimas las festividades de la Virgen Carmelitana", bien organizadas por su "directorio que presiden D. Francisco García y D. Julián Alonso", con una banda de música local dirigida por D. Gabriel Martín y Santiago Calderón "veteranos en estas lides y aficionados...", amenizando la función con un nutrido repertorio; y una agradecida "oratoria sagrada y no política" del cura D. Teófilo González Alonso. Citando los actos y concluyendo seguidamente:

"Fuegos de artificio, bailes públicos, ofertorio, rifa, misa, procesión..., lo de todos los pueblos, pero con mucho orden y respecto. 
Y el público..., contando los días que restan para las otras funciones, la chica y la grande, en las que se derrocha más dinero y alegría" 
 
           
Capilla del Carmen en la iglesia parroquial y su ornato.
                Dada su importancia, la cofradía del Carmen poseyó un lugar privilegiado dentro de la iglesia nueva, favorecida en el ordenamiento de altares que se fue haciendo desde finales del siglo XVII. Se trata de la capilla situada a los pies de la nave de la Epístola, convertida en un espacio independiente o semicerrado cuyo ingreso se hacía únicamente desde la nave lateral. Esta capilla se configura en planta cuadrada de cierta autonomía por cuanto el arquitecto Fray Lorenzo de San Nicolás la dotó de elementos propios que requieren la atención visual. El alzado interior se construye con pilastras acodadas en los ángulos, de orden dórico, una línea de imposta a modo de cornisilla moldurada sustituye al entablamento canónico. Sobre ella se voltean los cuatro arcos de medio punto que secan en cuadro la bóveda llamada baída y formando en los lunetos tres paños termales o verticales. En los testeros se abren arcos de medio punto más bajos (excepto el lado oeste que no rebaja el arco y el del sur forma nicho como para altar; el este comunica con la nave de la iglesia y el norte está abierto hoy al sotocoro). La luz en esta capilla tenía solo paso por la ventana del lado sur y nunca tuvo ventana por la fachada occidental, que era ciega, pues, de hecho, el retablo fingido se ha roto para abrirla. La capilla requería una semipenumbra para facilitar el recogimiento de los fieles, que es lo que se buscaba en estos templos. Actualmente, en ella se ha situado la pila bautismal y se ha olvidado su dedicación primitiva, una vez que la imagen titular se ha trasladado a un retablo de fabricación nueva en la nave izquierda o del Evangelio.
                Lo que está comprobado en los documentos es que la Virgen del Carmen y la Virgen del Rosario (culto ya bastante arraigado y más antiguo en la vecindad) se disputaron a través de sus respectivas cofradías la posesión de esta capilla tan bien acomodada en la nueva fábrica del templo. Perfectamente construidas las naves y torre de la iglesia ya en 1695, se ofrecía una capilla cuadrada y cerrada en el último tramo a los pies de la nave de la Epístola, contigua al sotocoro. Pues bien, se planteó la posibilidad de que la ocupara por su antigüedad Nuestra Señora del Rosario y porque en ese lado siempre había mantenido su altar. Así que se ordenó hacer un primer retablo para la Virgen del Rosario en agosto de 1695, que no se llegó a realizar porque el celo personal del presbítero licenciado don Alonso Aparicio, natural de la villa, le llevó a construir de su peculio capilla independiente para el Rosario (hoy de San José), dejando libre a la cofradía del Carmen para entrar en la citada capilla de los pies y establecer allí altar y culto exclusivo a Nuestra Señora del Monte Carmelo.
Planta iglesia. Villaseca de la Sagra
Planta original de la iglesia parroquial de Santa Leocadia, con la 
capilla del Carmen en la nave de la Epístola.
 
                Por lo que consta en el único libro conservado de la cofradía del Carmen, ésta desplegó también su programa de obras de decoro al compás de la iniciativa de otras cofradías que igualmente empezaron a dotar de suntuosos retablos barrocos el templo una vez terminado en su totalidad en 1714.
                Primeramente, la capilla de Nuestra Señora del Carmen, al constituirse en espacio propio, fue lugar para depositar la imagen principal que poseía la cofradía desde muchos años atrás, objeto valioso del que luego se hablará. No obstante, la cofradía decidió dotar a todo el ámbito de un particular embellecimiento que ensalzara los valores de la devoción carmelitana, recubriendo de pinturas sus superficies. 
                El ciclo pictórico desarrollado en sus muros y bóveda ya lo examinamos en nuestra entrada en el blog, donde se puede consultar por extenso en https://memoriadevillasecadelasagra.blogspot.com/2024/07/pinturas-murales-en-la-iglesia.html.
                Como exponíamos allí, el programa iconográfico y decorativo recoge primero contra el muro occidental una representación de retablo simulado de aspecto churrigueresco con dos columnas salomónicas donde estaría la imagen titular sobre su mesa de altar presidiendo la pequeña capilla. Como se ha dicho, la apertura de un vano que era ciego ha terminado por destruir la parte central que servía de respaldo a la imagen simulando una hornacina color celeste bajo dosel o cortinaje granate. Los muros se decoran con patrones que imitan telas o papeles pintados procurando cubrirlo todo de forma repetitiva. 
                Historias del repertorio carmelitano completan en técnica de trampantojo el decorado alto con medallones marianos que simulan estar colgados y más arriba escenas pintadas reconocibles, más otros motivos meramente decorativos.

Capilla Carmen. Villaseca de la Sagra
Restos pictóricos del retablo fingido de la capilla que fue de Ntra. Sra. del Carmen. Iglesia parroquial de Santa Leocadia. (Foto del autor)
 
                En altura, la bóveda en forma de platillo recibiría, en forzada perspectiva arquitectónica y abigarrada composición, el tema central de exaltación o apoteosis donde la Virgen del Carmen con el Niño, rodeados de querubines en gloria y ángeles músicos, entregan los escapularios de la Orden a Santa Teresa de Jesús y a San Juan de la Cruz, los reformadores y fundadores del Carmen descalzo vestidos con el hábito de rigor. Puede datarse todo el conjunto pictórico, de regular calidad artística, en las dos primeras décadas del siglo XVIII, pero dotado de una gran intencionalidad didáctica y devocional en honor de la Virgen del Carmen.
Capilla Carmen. Villaseca de la Sagra
Bóveda pintada al fresco en la capilla que fue de Ntra. Sra. del Carmen.
 Iglesia parroquial de Santa Leocadia. (Foto del autor)
 
                Quizás aquel retablo fingido rematado por el escudo del Carmelo, que hoy se puede apreciar en parte tras su reciente recuperación, no fue lo suficientemente bello para el sentir piadoso de los cofrades, por lo que a través de limosnas quisieron dotar a la venerada imagen de un retablo nuevo, esta vez, realizado en madera sobredorada, encargado al escultor toledano José Pérez Blanco, según escritura de contrato fechada en Villaseca el 20 de marzo de 1734. Concertaron la obra don Roque de la Plaza Serrano, teniente de cura de Santa Leocadia, y los hermanos de la congregación Bartolomé del Cerro y Juan Santos Magán con el maestro escultor para hacer "un retablo de madera en blanco para colocar en él a la Imagen de Nra. Sra. del Carmen que se venera en su capilla en dicha iglesia", siguiendo el diseño, la planta y pitipié (o escala) que estaba firmado de su mano y de los tracistas Francisco Moreno y José de la Sierra, maestros en el arte de escultura en la ciudad de Toledo. Se condicionaba al artista a entregarlo acabado y asentado para San Miguel de septiembre de ese mismo año, por un precio de 3.500 reales de vellón. El retablo fue dañado en 1936 y sus restos desaparecidos definitivamente en 1972. Con los pocos datos disponibles podemos suponer que su estilo era de aquel barroco churrigueresco, articulado por estípites, no columnas, de abundante talla y presumiblemente dorado, aunque no tenemos constancia documental del contrato que se hiciera con algún dorador.
                Entre abril de 1769 y abril del siguiente año las cuentas señalan nuevos encargos en el aderezo de la capilla como los 600 reales que costó la mesa de madera "tallada a la romana" (al estilo de moda) para el altar de Nuestra Señora, realizada por el maestro tallista Vicente Suñer (artista que ya había hecho varios trabajos en la villa). Del mismo modo, el dorador toledano Juan de Villarrubia se encargó de dorarla por 440 reales.
                La imagen tuvo recompuesta y limpia su antigua corona en 1799, por mano  de Gabriel Martínez, platero toledano, en 60 reales. En 1802, Manuel García Lumbreras se encargó como maestro hojalatero de la compostura de la vidriera que había en la única ventana de la capilla, la de mediodía. Y en 1805 la cofradía luciría nuevo estandarte, bordado por el maestro toledano Juan Bello, según los gastos en el libro de la cofradía.
       Afortunadamente, en el estandarte nuevo de seda blanca realizado en 2005 se pudo aprovechar el bordado original, tanto el anverso con la representación de la Virgen y el Niño, como el reverso con el escudo del Carmen. Característicos de la ornamentación neoclásica y de rica elaboración en oros y matices de color, incluso con pequeñas piedras insertadas. 
Estandarte de 2005 con los bordados principal y reverso 
originales de 1805. (Foto del autor)
   
    
        Como se ha visto, el elenco de artistas al que recurre normalmente la cofradía es preferentemente toledano, lo mismo debió ocurrir con las pinturas murales, hasta ahora anónimas.
 
La belleza de una imagen para el culto.
                Sin duda, la imagen de Nuestra Señora del Carmen que se venera en la iglesia parroquial de Villaseca de la Sagra cumple con todos los parámetros formales y culturales de toda obra de arte. Cuando en 1990 realizábamos el Inventario de Bienes Muebles de la Iglesia Católica, advertimos la calidad artística de esta imagen que describimos entonces como una talla en madera, de bulto redondo, policromada y encarnada. De estilo barroco, pero de fecha imprecisa, en torno a 1650, y de autor desconocido. Y por demás, no documentada. Su altura es de 132 cm más 21 cm de la peana.
                Para nuestra decepción nos encontramos que la primera mención a esta imagen aparece en el inventario parroquial de 1708, en el que se nos advierte de la existencia de altar e imagen de Nuestra Señora del Carmen con el Niño en su capilla, donde también se hallaba la talla del santo trinitario San Juan de Mata, hoy conservada en la capilla de San José. Esta fecha nos induciría a pensar que estamos ante una talla ya de finales del siglo XVII, si atendemos igualmente al momento de posesión de la capilla. Desde luego que del estudio de las características y estilo artístico que manifiesta la escultura habría que situarla al menos cincuenta años atrás de esa fecha. A veces, la documentación no viene a confirmar lo que nos evidencia el análisis histórico-artístico de la obra en sí.
                Su aspecto de figura reposada y aplomada, de clásica presencia, junto al trabajo de los pliegues y el diseño y técnica de la policromía definen a una imagen cercana a los postulados de la escultura castellana de mediados del siglo XVII, concretamente dentro de la influencia de la que podríamos llamar la escuela madrileña y afín al taller del artista Manuel Pereira, gran escultor del momento.
                La imagen se restauró con anterioridad a 2020. Ya se hizo después de la Guerra Civil y luego en 1987 por el restaurador de Toledo Luciano Gutiérrez, afectando sobre todo a la policromía, encarnaciones y al dibujo de los rasgos.
Virgen del Carmen. Villaseca de la Sagra
Ntra. Sra. del Carmen con el Niño, talla policromada, s. XVII. 
Iglesia parroquial de Santa Leocadia. (Foto del autor)
 
                La imagen se nos presenta en actitud casi frontal sosteniendo sobre su mano izquierda al Niño Jesús. Se asienta sobre una rica peana jaspeada y con molduras de talla doradas, donde luce el escudo carmelitano sobre cartela central tallada en sus caras. Sus ropajes dan sensación de peso y se doblan al chocar contra el suelo. Estos pliegues son rectos y quebrados en sus aristas, sin apenas vuelos.
                La figura se apoya sobre la pierna izquierda retrasada mientras adelanta y flexiona levemente la derecha, insinuada bajo el hábito. Los brazos rompen el plano al avanzar hacia adelante: el derecho lo hace a media altura, descubriendo la túnica ceñida al cuerpo, y el izquierdo articula la mano para que en ella se pose el Niño, que ha de estar girado más bien hacia el fiel. De bella factura es el pelo de la imagen, negro y ensortijado, con tirabuzones que caen simétricamente sobre los hombros, pero con mayor adorno derramados por la espalda resaltando sobre la capa blanca y dorada. Su rostro redondeado es de rasgos faciales menudos con nariz afilada, boca y barbilla pequeñas, pero de ojos muy abiertos y expresivos y mirada sostenida.
                La figura del Niño es en sí una diminuta talla desnuda, de aire risueño, pelo abundoso, no exenta de cierto movimiento y en actitud de bendecir.
                En cuanto a su iconografía o forma de ser representada, la Virgen del Carmen obedece a la caracterización establecida por la Iglesia y el Arte. Si nos detenemos en contemplar esta imagen en algunos detalles observamos que luce una vestimenta, en este caso el hábito carmelitano, de rico estofado a base de motivos vegetales que imitan telas de elegantes rameados bordados. El manto se prende con broche sobre el pecho y cae a los lados de la figura recogiéndose la punta derecha bajo el brazo izquierdo con alfileres fingidos, haciendo que los bordes se coloquen en ondulación diagonal. En el manto se emplean técnicas barrocas de rajado para descubrir el oro y punta de pincel jugando sutilmente con el fondo blanco. La túnica lo hace con la misma técnica, pero dibujando el dorado sobre negro. En el escapulario o tela delantal el motivo sigue un esquema simétrico en punteado a base de picado. La túnica se dobla sobre los pies, calzados con zapatos, imitando efectos del natural en su caída.
Virgen del Carmen. Villaseca de la Sagra
Ntra. Sra. del Carmen, detalle de la disposición y 
forma del típico cabello acaracolado. (Foto del autor)
 
              Como complemento ornamental y significativa alusión a su condición de imagen sagrada, la corona que adorna la cabeza de la imagen, sin ser tan espectacular como las de la Virgen de las Mercedes o de la Inmaculada Concepción de esta misma iglesia, no deja de tener un valor adecuado a su momento, la primera mitad del siglo XVII, contemporánea de la propia imagen, con 12,5 cm de diámetro en su aro. Es una pieza de plata sobredorada, trabajada en fundición, repujado y pedrería. Es de autor desconocido y sin marcas que revelen la procedencia del taller o de su autoría. Esta obre de orfebrería responde al estilo barroco. La describimos como corona de tipo imperial. La parte inferior consta de un aro con piedras en cabujones y sobre éste se desarrolla una más tupida decoración, construyéndose el globo por ocho cintas repujadas que culminan en una crucecilla. Predominan los motivos vegetales, hojarasca, cartelas, puntas de diamante y piedras engastadas. No nos ha sido posible documentarla, por lo que desconocemos al platero que la labró.
              Por su parte, la pequeña corona que porta la imagen del Niño Jesús, reducida a 7,5 cm de diámetro, es también, en menor escala, de plata sobredorada con las mismas técnicas y motivos que la de la Madre, cerrada por cuatro cintas que se unen en la crucecilla cimera.
Virgen del Carmen. Villaseca de la Sagra
Ntra. Sra. del Carmen con el Niño, tallas coronadas. (Foto del autor)
 
        Igualmente, dentro del campo de la orfebrería, la cofradía conserva la pareja de cetros de plata, de autor anónimo y sin documentar, aunque presenta marcas frustras o ilegibles. Por su estilo austero se corresponden al arte neoclásico de principios del siglo XIX. Son muy similares a los que conserva la cofradía de Nuestra Señora de las Mercedes de esta parroquia, datados en 1830 y de procedencia toledana.             
Cetros de Ntra. Sra. del Carmen, plata s. XIX. (Foto del autor)

        Para finalizar, la pretensión de estas breves notas no es otra que ir desgranando el rico patrimonio artístico de carácter religioso de la iglesia parroquial de Villaseca de la Sagra. A la vez que la imagen de Nuestra Señora del Carmen contiene en su materialidad un significado religioso y es un objeto de culto, también tiene un valor artístico por tratarse de un objeto cultural trasmitido por quienes nos precedieron y que nos obliga a guardar la memoria del pasado y de los villasecanos y villasecanas que han ido construyendo nuestra historia.
 
 
BIBLIOGRAFÍA
- Díaz Fernández, A. J.: Villaseca de la Sagra: noticias de su historia. Instituto Provincial de Estudios Toledanos, Serie Temas Toledanos, nº 74, 1993. Consulta en 
- Fr. Matías del Niño Jesús (OCD): «Los fundadores del Carmen Descalzo. Textos inéditos», en Ephemerides Carmeliticae, 19 (1968/2), pp. 410-418.
- Urrea Fernández, Jesús: «Introducción a la escultura barroca madrileña. Manuel Pereira». Boletín del Seminario de Estudios de Arte y Arqueología: BSAA, 1977, 43, pp. 253-268
 
FUENTES DOCUMENTALES
Archivo Parroquial de Villaseca de la Sagra (APVS)
- Libro IV de Fábrica (1677-1726)
- Libro Inventario parroquial «Archivo» (1777)
- Libro Cofradía de Ntra. Sra. del Carmen (1739-1753)
Archivo Municipal de Villaseca de la Sagra (AMVS)
- Legajo Acuerdos del Concejo (1756-1774)
Archivo Histórico Provincial de Toledo (AHPT)
Protocolos (Pr.) 
- Pr. 7851 (1801), Francisco Moreno Díaz
- Pr. 7823 (1734), Lucas Gómez Mejorada
Archivo Histórico Nacional (AHN)
- Consejos, 7098, Exp. 26
 
Sobre otras devociones marianas en Villaseca, los siguientes enlaces en este blog: