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miércoles, 12 de marzo de 2025

Pozo Concejo, Fuente Vieja y el problema del agua en Villaseca de la Sagra.

POZO CONCEJO, FUENTE VIEJA Y EL PROBLEMA DEL AGUA EN VILLASECA DE LA SAGRA.

Fuente y pilón popular
Antonio J. Díaz F.
Historiador

A raíz de un documento oficial de 1895 que se conserva en el Archivo del Ayuntamiento de Villaseca de la Sagra, vamos a indagar en las circunstancias que condicionaron históricamente el abastecimiento de aguas en esta villa toledana, tanto las de uso ganadero como las que principalmente afectaban a la población, las aguas potables.

RECURSOS NATURALES.
    Villaseca de la Sagra es por definición geográfica un municipio ribereño por cuyo lado sur discurre apaciblemente el río Tajo, confinando por su margen derecha. Es el tramo que va desde la desembocadura del arroyo Guatén o Guadatén hasta los límites con el sitio de Velilla, ya en término municipal de Mocejón. En este recorrido de orientación noreste-sudoeste el río hace de raya con el actual término municipal de Aranjuez al otro lado, las que fueron antiguas posesiones pertenecientes al Real Sitio de Aranjuez sujetas a la administración del Patrimonio Nacional hasta 1870.

Theatrum Orbis Terrarum 1584

Aceca (Seca en el mapa), molino y barca. Acotación sobre el mapa Theatrum Orbis Terrarum (1584) de Ortelius. Fuente: Toponimia de España y Portugal II (Fuentes Árabes), Boletín Real Academia de la Historia (1997).

    El Tajo “villasecano” pasa desde el paraje llamado La Ría circundando con un amplio meandro el llano y vega, a modo de lengua, llamada El Bosque, pasando al pie del real palacio de Aceca y dejando en su orilla derecha lo que fueron las casas del Real Patrimonio, la antigua barca, el puente de madera y el molino de Aceca, con su presa o azuda, y ambas construcciones, propiedad del rey, como lo señala el plano del ingeniero Cabanes de 1828, preparado para el estudio de hacer navegable el río. 

Río Tajo y Aceca. Cabanes 1828

Curso del río Tajo a su paso por Aceca (F. J. de Cabanes, 1828). 
Fuente: Biblioteca Virtual del Patrimonio Bibliográfico.

    Sitios que fueron cambiando o perdiéndose a lo largo del siglo XIX. De todo aquello, nada o poco queda. El palacio levantado por Felipe II sobre el cerro desapareció tempranamente tras la Guerra de la Independencia (1814) y sus ruinas quedaron sepultadas en parte dentro de la finca La Bóveda. El puente quedó en desuso y abatido una y otra vez por sucesivas riadas, prevaleciendo definitivamente el construido en hierro para el trazado del ferrocarril de la compañía MZA de Ciudad Real-Badajoz hacia 1876.     Residualmente quedó una barca como único medio de cruzar el río, incluso en tiempos recientes y por iniciativa particular, hasta su desaparición pasado mediados del siglo pasado. 
    Si bien, a principios del siglo XX se creó el poblado industrial o barriada de Aceca, pero del que solo restan las dos interesantes casonas o chalets de los descendientes de los Ratié y la iglesia de Ntra. Sra. de Fátima, posterior a 1950. Finalmente, el río salía aguas abajo de la presa que estos empresarios franceses aprovecharon, donde el molino antiguo, para enclavar allí sus productivas industrias: la harinera y la fábrica de electricidad (desde 1968 en propiedad de Iberdrola para rendimiento de la gran Central Térmica de Aceca). Aguas abajo, tras sortear la isla (que se llamó de Cartagena en un tiempo), el río traspasa ya los límites de Velilla esperando la entrada del río Algodor por su izquierda y bajando hasta encontrarse con las vegas y el torno granítico de la ciudad de Toledo.
    Por ello, el abastecimiento del río Tajo siempre estuvo asegurado en otras épocas salvo episodios en que sus aguas se vieran contaminadas por fenómenos naturales como aluviones principalmente o porque propagaran enfermedades como el paludismo. Pero para llevar esta agua de consumo a la población, distante unos 3 km del río, era imprescindible el trabajo de los aguadores, oficio que ha pervivido esporádicamente hasta mediados del siglo XX. Cántaros de barro para el transporte y tinajas en las casas para su depósito sirvieron a esos efectos.

Villaseca de la Sagra. 1879 IGN
Mitad sur del término municipal de Villaseca de la Sagra con el despoblado de Aceca junto al tramo del río Tajo. Trabajos Topográficos, 1879. 
Fuente: Instituto Geográfico Nacional (IGN).

EN TIEMPOS PASADOS.
    En un breve texto que publicamos en el Programa de Fiestas de 1995, año, por cierto, de dura sequía arrastrada desde 1991, traíamos a colación el tema de Villaseca de la Sagra y sus aguas.

    Si nos remontamos a finales del siglo XVI y utilizamos las informaciones de las Relaciones topográficas de Felipe II, de 1576, sus propios vecinos declaraban que Villaseca estaba enclavada en un territorio de escasa irrigación, tanto es así que deducían que el propio nombre de la villa era atribuible a esa falta de aguas, a la recia sequedad del terreno. Una “villa seca” que justificaba a todas, todas, el nombre del lugar. Pero también informan de que siempre hubo "pozos amargos" para el servicio de las casas, en tanto que la villa carecía de fuente pública.
    Nada de verdad histórica tiene el pretender que el nombre de Villaseca significa lugar seco, aunque la realidad geográfica quiera confirmarnos esa suposición. El topónimo Villaseca es una deformación o síncopa del nombre “villa de Aceca”, porque acequeños fueron los que huyendo de la insalubridad del río se asentaron lejos, a menos de una legua, y en el paso del Cordel de Merinas, donde había surgido un pozo natural que surtía a las caballerías y rebaños trashumantes. Esto debió ocurrir ya a mediados del siglo XII.
    Dentro de la información más extensa sobre la villa, recopilada y remitida por el cura propio don Manuel Mariano Dávalos para incluir en las Relaciones topográficas del cardenal Lorenzana, de 1788, está el testimonio concreto de los vecinos, que dicen usan del agua del río Tajo para beber, pero que también existe una fuente caudalosa inmediata al pueblo en “donde beben los pobres”, les decir, los que no podían pagar a los aguadores por su servicio; tratándose de un agua excelente en la que se cuecen los garbanzos en dos horas, y dada la bondad del agua de esta fuente la consumen en el Real Sitio de Aranjuez, en Añover y La Alameda. 
    A partir de aquí, se puede hacer un seguimiento de las vicisitudes por las que ha ido pasando la población de Villaseca en materia hidráulica y reconocer dos puntos principales que han sido preocupación municipal a lo largo de los siglos: el servicio y conservación del pozo del concejo y la necesidad de construcción y mantenimiento de una fuente pública.
    A este propósito, traemos aquí unos breves datos históricos sobre dos lugares urbanos tan bien ubicados, y considerados en épocas pasadas, como son el Pozo de Concejo y la Fuente Vieja, situados próximos y en la gran plaza al oeste de la población, que hasta 1914 todavía mantenía el nombre de plazuela del Pozo de Concejo. 
    Un tema ya tratado por nosotros en nuestro libro Villaseca de la Sagra, noticias de su historia (1993) [enlace al contenido en https://www.realacademiatoledo.es/downloads/publicaciones_cont/194/74.-antonio-jose-diaz-fernandez-villaseca-de-la-sagra-noticias-de-su-historia-1993.pdf]

El Pozo de Concejo
    Este antiguo pozo concejil puede muy bien ir a la par con la remota antigüedad de nuestra villa, a la que antes hacíamos referencia, aunque la primera mención concreta y documentada data de 1590, en que se habla de algunos reparos y empedrados del pozo nuevo y el viejo. En 1616 el Ayuntamiento acordaba hacer un pilar con su noria para facilitar el abrevar a las cabalgaduras y en 1617 hay gastos en su limpieza. Años en que ya se nombra en los documentos municipales como pozo del concejo, es decir, pozo de propiedad comunal y uso público. 
    Circunstancialmente, 1722 es el año en que se registra su total hundimiento, lamentándose la pérdida de pozo tan abundante destinado principalmente a los ganados de la villa y cabalgaduras de arrieros y trajinantes. Una noria provisional se instaló años después, en espera de excavar otro pozo nuevo junto al ya arruinado, en lo que se gastaron 9.006 reales de vellón de las arcas municipales. Hay testimonio de que este pozo tardó muchos años en alumbrar, pero pasado el tiempo dio tal caudal que jamás se notó la falta de agua, aun en épocas de sequía y esterilidad que no fueron pocas. Avanzado el siglo XVIII el pozo concejil amenazaba con desaparecer si el Ayuntamiento no hubiera emprendido su total reconstrucción desde 1774. Entonces se encargó al maestro de obras de albañilería y alarife de la villa, Francisco Alonso Santos, que reconociese y tasase el coste de hacer un pozo sacado de fábrica, es decir, revestido de ladrillo y no solamente excavado y ahondado a pico en la peña. Para tal obra, el Consejo Real de Castilla había autorizado el gasto de 7.990 reales, pero solicitaba del Ayuntamiento las razones por las que se pretendía hacer el pozo en distinto sitio. Tras un nuevo peritaje, la obra definitiva se llevó a cabo en 1778 y el pozo se soló con piedra berroqueña por José Crecido, cantero de Ajofrín, quien colocó también dos pilas, mientras que la cal y el ladrillo los suministró Juan B. Redondo, vecino de Mocejón. 
    En 1802, en una petición dirigida al rey, el Ayuntamiento solicitaba permisos para empedrar el pozo de concejo, que se hallaba inundado e impracticable, y del que afirmaban: "cuyo agua es de superior calidad aunque es salobre para los ganados de toda clase, que se halla construido en el mejor sitio de su población" y que los ganados que la beben "engordan y tienen la robustez que se apetece", además de ser pozo tan necesario para los ganados del pueblo como para las caballerías de los trajinantes de Magán y Mocejón, que venden pan y otros víveres. Las obras se emprendieron en 1803 con fondos del común. Hecha la obra del pozo concejo, a vista del arquitecto hidráulico de S.M. y teniente arquitecto mayor del Real Sitio de Aranjuez D. José Fornells, éste dictaminó que si bien la obra era aceptable, encontraba como defectos que los pozos no eran hondos, porque deberían haber sido 20 o 15 pies más (unos 4 a 5 m), y que tampoco la cañería era muy profunda, necesitando hacer otras mejoras en el exterior, evaluando lo hecho en precio de 6.200 reales. El mismo técnico reconocía a la vez el estado de la fuente pública. 
    Como se ha visto, la situación del Pozo Concejo, junto al Cordel de Merinas o camino real de Toledo a Madrid, a la entrada del pueblo, era idónea para el paso de ganados y animales de carga y de labor que con sus aguas podían reponer las convenientes fuerzas, y por eso Villaseca fue parada obligada para la trashumancia y el comercio de carretería a través de esta vía que unía Toledo con Madrid y viceversa. De ahí, el constante desvelo del concejo de Villaseca por conservarlo siempre abierto y bien reparado. 
    Sin duda, eran otros tiempos en que el comercio discurría por caminos de tierra y a lomos de bestias de carga y carruajes. Nos consta que el Pozo Concejo se cerró en la década de 1950, bien que cuarenta años después se volvió a sondear con éxito y en su sitio se construyó la caseta actual que lo protege.

Caseta Pozo Concejo. Villaseca de la Sagra
Caseta sobre las bocas del Pozo Concejo.

La Fuente Vieja.
    Respecto a las aguas potables, muy cerca del Pozo Concejo está la conocida en nuestro tiempo como Fuente Vieja, pero identificada como la fuente pública que fue construida en 1866, y que tiene otros antecedentes que queremos señalar. 

    Por carecer Villaseca de una fuente de agua dulce para uso del vecindario, el Ayuntamiento hizo escritura el 30 de junio de 1697, en junta comunal presidida por Diego de la Plaza, alcalde ordinario, Francisco Aparicio, Bartolomé del Cerro y Juan Carranque Fernández, regidores, y Alonso Díaz Huerta, procurador general de la villa, y veinte vecinos más, para construir unas conducciones, pozos y depósito en el sitio llamado de las Pilillas, lugar al noroeste de la población, según proyecto presentado por el maestro fontanero de Madrid Manuel de Salas. Éste halló un abundante manantial, que se captaría a través de 432 varas (unos 360 m) de mina o galería con sus pozos de ladrillo y un depósito o arca desde el que llevar una cañería de barro hasta dos fuentes que había que situar a la salida de Cantarranas, con su pilón para abrevadero y lavadero. Así, de principio, el Ayuntamiento concierta la obra con el citado Manuel de Salas y su socio Juan Gómez, del mismo oficio y vecino de Madrid, en 66.000 reales. Sin embargo, en 1698 los maestros habían faltado a su obligación de acabar la obra dejándola a medio hacer y abandonada, por lo que serían demandados judicialmente en la Real Chancillería de Valladolid. El pleito se volvía insostenible económicamente y el Ayuntamiento acabó por desistir en su demanda, pactando con el maestro fontanero la cesión de toda la obra realizada y de los materiales prevenidos, mientras aquél aceptaba a cambio lo hasta ahora cobrado en cantidad de 34.700 reales, quedando el resto del ajuste previsto en las arcas municipales. Así nos lo refiere en su libro manuscrito sobre Villaseca el bachiller Gregorio Díaz en 1866. El concejo villasecano optó por buscar un nuevo maestro y fue Fr. Gabriel Rodríguez, de la orden franciscana, que estaba haciendo una fuente en Cogolludo para el duque de Medinaceli, quien reconoció la obra del pilar hecha hasta ahora señalando los muchos errores cometidos al no haberse buscado agua en las zonas bajas o valles y recomendando llevar la fuente a la plazuela del pozo de concejo, informando de la total inutilidad y ningún provecho de la obra empezada por los fontaneros madrileños, y lo firma en Villaseca de la Sagra el 18 de agosto de 1698. 
    Quizás aquella pretendida captación en las Pilillas diera nombre a la calle del Caño (hoy Dr. Fleming) pues es calle que desde palacio se dirige recta hacia aquel paraje, también llamado Pilares, hoy ocupado por edificios municipales.
    La determinación del Ayuntamiento fue sacar a subasta la continuación de la obra y finalmente es contratada en 1699 por Juan Rodríguez, maestro fontanero vecino de Guadalajara (probable hermano del religioso), en precio a la baja de 30.800 reales y el aprovechamiento de todos los materiales de la fuente empezada por Salas, comprometiéndose a buscar y dar agua en las Cuevas, las Viñas y Matahijos, todos sitios al norte de la población hacia el monte de Magán. Con todo, la obra se encareció llegando a la importante cantidad de 75.937 reales que se cubrieron con las rentas del arrendamiento del Prado Viejo, de propiedad municipal, y aplicando un préstamo de 20.000 reales dados por la fábrica de la iglesia parroquial [Archivo Histórico Provincial de Toledo (AHPT) P-7796, escribano Lucas Gómez Mejorada].
    Desafortunadamente, aquel pilar de aguas se secaría a los pocos años y en 1728 hubo de proyectarse una nueva obra. Para obtener fondos con que costearla se dieron distintas corridas de toros en la plaza mayor, autorizadas por el Marqués de Montemayor, don Manuel de Silva y Ribera Toledo, aunque hasta el año siguiente no se ejecutó la obra, consistente en conectar tres pozos situados en el paraje de las Viñas y los llamados Pozos del Marqués, según el plan dado esta vez por el Maestro Fontanero de Madrid Blas de Ortega y realizado por el maestro del mismo oficio Bernardo Correa Ibáñez, vecino de Valdemoro [AHPT, P-7822, escr. Lucas Gómez Mejorada].
    Desconocemos la duración que pudo tener esta infraestructura ni qué caudal de agua proporcionó, pero ya a finales del siglo XVIII era muy recomendable su consumo no sólo en Villaseca, sino que era llevada hasta el mismo Real Sitio de Aranjuez, como antes veíamos. Esta era la llamada Poza, situada fuera de la población "donde se abastece todo el pueblo para el agua que se consume para la cochura de garbanzos y beber". Todavía el agua no se había terminado de conducir hasta el interior del pueblo.

Hoja topográfica 629
Las Cuevas, Las Viñas y Matahijos. Detalle del término municipal de Villaseca de la Sagra. Mapa Topográfico Nacional, Hoja 629-II (1999) Mocejón, 1:25.000

    Aun así, el deterioro de la fuente era patente en 1802, año en que el Ayuntamiento declaraba que la conducción presentaba roturas y fugas de agua desde hacía bastantes años y era preciso reconstruirla poniendo dos pilares nuevos. Ya en 1820 se veía la posibilidad de meter el agua en el pueblo desde esta poza situada extramuros en el camino de Cabañas. 
    Pero hasta cuarenta y ocho años más tarde no llegó la autorización del Gobierno Civil de la Provincia y del mismo Duque de Sessa, entonces señor de Villaseca y propietario de bastantes tierras de su término, construyéndose así la fuente y pilón de piedra conocida más tarde como Fuente Vieja en el centro de la mitad oriental de la plazuela. Aunque desde 1863 siendo alcalde Antonio Martín Díaz ya se dispuso hacer varios pozos para la captación, y así el Bachiller Gregorio Díaz reconoce que "uno subsiste cerca de la poza, al lado del pueblo", como apunta en su manuscrito sobre Villaseca. La fuente con su pilar y pilón en piedra granítica no se concluyó hasta 1868, fecha que estaba inscrita en el viejo pilar, pero que hoy vemos grabada como 1866 en la reconstrucción idealizada que se hizo en 1987, instalada en la encrucijada de la plaza, frente a la casilla del pozo de concejo.
Fuente Vieja. Villaseca de la Sagra








Fuente Vieja. Villaseca de la Sagra
Fuente Vieja. Fuente nueva conmemorativa, 1866-1987.

    El caso es que el 30 de julio de 1868 el entonces ayuntamiento constitucional de Villaseca, presidido por su alcalde José del Viso Solar, contrató con el alarife Joaquín Gutiérrez Trasnuedo, vecino de la villa, la construcción de una fuente de aguas potables desde los pozos del Juncal hasta la plazuela de Pozo de Concejo donde estaría el pilar. La tubería sería de hierro fundido con sus registros. Todo con plano y proyecto del arquitecto de la Diputación Provincial. Un año tendría de plazo para su construcción, haciendo una caseta junto a la fuente y un lavadero en la Cruz Verde. El contratista firmaba por 40 años la concesión del servicio del agua y aprovecharía el ramal de la Poza en el camino de Cabañas [AHPT, P-16264, notario Pablo Lázaro Carrasco]. 
    En 1879 los trabajos topográficos oficiales realizados en la población y su término nos ofrecen la planimetría de la llamada plazuela del Pozo de Concejo en donde se sitúan las dos infraestructuras hídricas hasta aquí reseñadas en su devenir histórico. El espacio que cubre, de aproximadamente 6.500 m2, estuvo siempre despejado y rodeado por las casas aledañas y las consabidas bocacalles (en dirección de las agujas del reloj) Boquete, Toledo, Callejuela o Estudios, Gremios, Real, Santo y Toledo en su entrada al pueblo. Desplazado del centro de la plazuela, sobre el papel milimetrado se dibuja un cuadradito con cuatro puntas que representa el lugar del antiguo pozo. Más hacia la derecha en el centro de la que desde 1914 es plaza de Miguel Cervantes se situaba el pilón de la fuente y en un lado se alzaba la caseta del fontanero o encargado que cuidaba de su servicio. Todo ello se aprecia perfectamente en el plano aquí reproducido.
Trabajos topográficos. Villaseca de la Sagra. 1879Villaseca de la Sagra. Sección urbana. Trabajos topográficos 1879. Fuente: IGN.

    Este plano del siglo XIX se corresponde ya en el siglo XX con la imagen fotográfica que desde el aire nos muestra, en distinta orientación, aquel amplísimo espacio todavía sin urbanizar donde el gran pilón de la fuente se aprecia en medio de la plaza Miguel de Cervantes, poco antes de construirse en el mismo lugar las escuelas que existieron hasta 1987. En cambio, a la derecha, en la parte del Pozo de Concejo, del que no se advierte ningún vestigio aparente que lo identifique sobre el suelo, se sitúan las conocidas como “casas de los maestros”, hoy desaparecidas y convertido su extenso solar en jardín público de recreo.
Vista aérea. Villaseca de la Sagra. 1970
Vista aérea del espacio público de Pozo de Concejo y Fuente Vieja, años 60-70 del s. XX.

Los sistemas de riego.
    Para obtener los buenos frutos del campo, fue una gran obra hidráulica aquel canal de riego promovido por el rey Carlos III que con el nombre de Real Acequia de Jarama habría de conducir las aguas del río Jarama, captadas en San Martín de la Vega, por un canal que discurría sobre la margen derecha del río Tajo hasta desaguar en este mismo río en el Soto de Requena, en término municipal de Mocejón. Aquella fue una infraestructura ya abierta en 1743 y que trajo un relativo beneficio a todas las tierras situadas al sur de la canalización, como eran los 42 tranzones de los Prados y Cabezadas de Aceca (hoy Sindicatos), el Prado Viejo concejil, los Ajares, los Picales y otros parajes. Una infraestructura que, ya bajo administración estatal, ha perdurado en el tiempo hasta nuestros días pasando por fases de estar impracticable, todavía en 1935, a su total reconstrucción y feliz funcionamiento desde 1958. Es así, que de la precariedad del riego se hace eco el Diccionario de Madoz de 1848 señalando que “pasa por el pueblo el cauce o acequia real de Jarama, que se halla sin correr, aunque conserva en toda su extensión las obras de puentes, esclusas etc; sería muy útil el que se habilitase, pues no hay en el término ni una gota de agua”. 

    Pero a finales del siglo XIX las iniciativas de riego en tierras del término municipal de Villaseca se concretan en dos proyectos significativos, pero bajo la competencia de los propietarios que fueron adquiriendo las tierras que en su día pertenecieron al mayorazgo del marquesado de Montemayor, heredado por los duques de Sessa y Altamira, hasta 1880.

    Respecto al primer propietario, el abogado y vecino de Madrid Juan Guerrero y Brea, añadimos la siguiente noticia en prensa:

“Se ha otorgado á favor de D. Juan Guerrero y Brea una concesión para construir en el término municipal de Villaseca de la Sagra (provincia de Toledo), un canal de riego, derivando del río Tajo 600 litros de agua por segundo, para regar 900 hectáreas de tierra, propiedad del referido señor. Las aguas serán elevadas á 35 metros de altura, y el canal recorre una extensión de siete kilómetros. Muy en breve darán comienzo las obras, que sin disputa son de gran importancia para la localidad. El vecindario está entusiasmado” [El Liberal (Madrid), 28/07/1892, p. 3].

    Un proyecto que salía a la información pública a través de la Sección de Fomento, Servicio de Aguas, en su circular núm. 44, firmada en Toledo 19 de febrero de 1892, especificando que la instalación estaría situada en el cerro largo [de Aceca], funcionando por medio de máquina de vapor y bombas correspondientes, y afectando al dominio público en el cruce con el ferrocarril directo de Madrid-Ciudad Real y con varios caminos vecinales [Boletín Oficial de la Provincia de Toledo, 20/02/1892, p. 1].

    Posteriormente, el siguiente propietario, el afamado ganadero de reses bravas don Faustino Udaeta, obtendría en 1900 desde la Jefatura de Obras Públicas una concesión de aumento de 1.100 litros de agua por segundo del río Tajo, para riego de terrenos de su propiedad, en término de Villaseca de la Sagra, solicitando la aprobación de un acueducto con tubería de hierro en  los terrenos denominados “segundo tranzón” de D. Manuel Cabello, vecino de Mocejón, presentando para probar la necesidad de esta servidumbre, proyecto compuesto de una memoria y planos [Boletín Oficial de la Provincia de Toledo, 16/01/1900, p. 1]. 
    Nuevamente, según noticia en prensa, en 1910 la viuda de Udaeta traspasaba la concesión de aguas de riego del río Tajo a la Marquesa de Castañeda, doña Matilde de Guzmán y Caballero, nueva propietaria de tierras en Villaseca de la Sagra [El País, 08-03-1910, p. 3].

El abastecimiento de aguas para la población.
    Al margen de estos proyectos particulares de riego, que no afectaban a los intereses vecinales, para suministro de la población se reconoce en 1895 la necesidad de establecer un sistema de abastecimiento de aguas potables a cargo del ayuntamiento. 
    El documento es de 1895 y se trata de un cuaderno en folio de 16 hojas, cosido en los márgenes con hijo rojo. El papel está timbrado como se corresponde con papel oficial y numerado en sus hojas.     Está escrito por ambas caras con tinta de color sepia o marrón.

Primeramente, en él se recoge una exposición y solicitud dirigida al Alcalde-Presidente del Ayuntamiento de esta villa. Los que suscriben son vecinos y residentes en esta población, que exponen la desalentadora situación. Argumentan que los herederos de don Joaquín Gutiérrez, contratista del abastecimiento de aguas potables, han abandonado el proyecto que tenían acordado con la municipalidad, careciendo la población de tan esencial elemento desde hace más de tres meses y con el grave riesgo de su salud al tener que suministrarse de aguas malsanas. Ajenos a las causas que puedan haber provocado la ausencia de tan imprescindible servicio o a las arbitrariedades cometidas por los citados herederos, suplican que sea el Ayuntamiento el que se haga responsable de este servicio público tan indispensable para la supervivencia de la vecindad. Firman la petición el 23 de febrero de 1895 unos 130 compromisarios y convecinos.
Acta capitular acuerdo 1895. Villaseca de la Sagra
Acta capitular de 27 de febrero de 1895. 
Fuente: Archivo Municipal de Villaseca de la Sagra (AMVS).

    A continuación, se dicta una providencia para convocar sesión extraordinaria y urgente del Ayuntamiento y Junta General de Asociados para el 27 de los corrientes a las diez de la mañana para acordar lo procedente en el asunto. Firma Gregorio Díaz Díaz, alcalde-presidente del ayuntamiento a 25 de febrero de 1895, certificando el secretario municipal Pedro C. Yust. 

    De inmediato, se entrega al alguacil Santiago García orden de la convocatoria y cédulas para repartir a los que habrían de asistir a la reunión.
    La sesión extraordinaria se celebraba el día acordado de 27 de febrero, presidida por el alcalde Gregorio Díaz, con la asistencia de la corporación municipal y una representación de los señores asociados (cuyos nombres se citan al margen del acta). Se procedió a la lectura de la solicitud precedente que exponía el abandono del abastecimiento de aguas potables en manos de los herederos del contratista Gutiérrez. Y reconocidos los inconvenientes y perjuicios ocasionados a la salud pública se acordaba por unanimidad:

- Autorizar al señor alcalde para que se hiciese cargo de la total gestión del servicio.
- Que el señor alcalde, con cargo a los herederos del contratista, pudiese designar persona conveniente para la conservación de la fuente pública y sus dependencias, a la vez que se pone en condiciones de salubridad los registros y arquetas de conducción de las aguas a la fuente pública, por estar al presente destruidas por el abandono y negligencia del contratista.
- Que el señor alcalde remitiese con atenta comunicación al señor Gobernador de la Provincia copia certificada de la solicitud y del presente acuerdo; a la vez que se notificase lo acordado al encargado puesto por el contratista en esta villa.
    Por otra parte, el acuerdo es muy explícito respecto al conflicto de intereses que pudiera ocasionarse con el entonces propietario y hacendado señor Guerrero y Brea, en razón de algunas tierras por las que habrían de cruzar las conducciones. Pero la gestión estaba asegurada puesto que:

“seguidamente se propuso por el señor Alcalde que dada la escasez de aguas potables que producen los veneros de la Poza y fuente del Junco objeto del contrato de explotación celebrado por este ayuntamiento con D. Joaquín Gutiérrez, sin duda por no haberlos cuidado éste con el esmero debido, faltando por tanto a una de las primeras bases del citado contrato, había conferenciado con D. Juan Guerrero y Brea, dueño de diferentes terrenos al sitio denominado de las Cuadras en esta jurisdicción donde existe otro venero de alguna importancia, al objeto de que autorizara su aprovechamiento por el vecindario, máxime si se tenía en cuenta la ninguna importancia de la obra que habría de ejecutarse para conseguir tan plausibles fines, reducida al empalme de la tubería cortada entre el Campo Santo y el camino alto de Magán, cuya cortadura se ejecutó como todos sabemos, al abrir el cajero del canal de la propiedad del expresado señor Guerrero y Brea.
De la enunciada conferencia resultó, que propicio como siempre el señor Guerrero y Brea a no dificultar ninguna solución que tienda al bienestar de esta localidad, en el acto que fue enterado de cuáles eran los deseos del que habla, accedió y presto al pensamiento antes expresado su más absoluta conformidad. En su virtud los señores reunidos acordaron sin discusión y por unanimidad facultar al señor alcalde para que sin pérdida de tiempo se llevara a cabo por el mismo, la obra que fuere precisa sin detrimento del canal, para el empalme de la tubería en el sitio antes indicado, a fin de que las aguas procedentes de las Cuadras puedan aprovecharse en la fuente pública de esta localidad; sin que por este acto de generosidad por parte del señor Guerrero y Brea y beneplácito del ayuntamiento y señores asociados, se entienda ceder derecho alguno, respecto de las expresadas aguas y su conducción a la fuente pública, a los herederos del primitivo contratista…”

    Firman el acuerdo: Gregorio Díaz, Vidal García, Julián Alonso, Elías Gómez, Venancio López, Gumersindo Díaz, Julián López, Martín Basco, Julián Juárez, Vicente Alonso, Santiago Calderón, Dionisio Gómez, Román Plaza, Juan Hijosa, Loreto Jerez y Antolín Ortega, ratificado con la firma del secretario Pedro C. Yust. 
    Según este acuerdo, se procedía a notificar e informar a Pablo Díaz Díaz, de esta vecindad y representante de los herederos de Joaquín Gutiérrez, como encargado de la fuente.

EN CONCLUSIÓN.
    En Villaseca de la Sagra reconocemos dos hitos urbanos relacionados con la memoria del agua. 
    Uno es el Pozo de Concejo, situado en una margen del paso viario que es la calle Toledo, es decir, dentro del trazado del Cordel de Merinas que desde la Piedra del Santo atraviesa la población para salir por el camino de Madrid o Cobeja en dirección norte. En realidad, el pozo o pozos se hallaba situado en lo que era un descansadero de ganado, la propia plaza de Pozo Concejo. Se trataba sin duda de un acuífero o venero natural que manaba agua regularmente.
    Un segundo hito es la Fuente Vieja, importante construcción porque suponía crear un sistema de pozos de captación, conducciones o minas, depósitos y cañerías para la distribución y suministro de agua potable. Fuente que se situaba en el centro de lo que hoy es propiamente la plaza Miguel de Cervantes. Aquí estuvo la fuente y el pilón labrados en 1866, rehabilitada en 1957, hasta que sus piedras fueron desmontadas para edificar en su lugar, en los años 70 del siglo XX, un grupo escolar. En su lugar, la fuente quedó reducida a un simplón frente y pila de ladrillo junto a las verjas de esas escuelas. Si no la fuente, cuyos sillares se mal aprovecharon, afortunadamente se recuperó el espacio urbano de la plaza y se adornó, esta vez, con una fuente artística que se trajo de la plaza mayor. Aquella fuente “vieja” que fue vital para el abastecimiento de la población de Villaseca antes de que el agua corriente entrara en las casas. Esto ya es historia reciente.

    Existieron otras fuentes utilitarias en la plaza mayor, reconocida en fotos antiguas, y también en la plaza Silera, que mantenían el mismo tipo de cuatro frentes de obra con sus pilas y una farola por cima, hoy inexistentes.
    Sin olvidar que en las tierras de captación al norte de la población es posible que en el subsuelo aún se conserven las primitivas minas, galerías de conducción y arquetas hechas en ladrillo. De hecho, el nombre del camino del Monte, llamado también Alcarreal, más correctamente Arca-Real, nos indica que allí habría un “arca”, que es como se llamaba antes a todo depósito de recogida de aguas, y “real” por ser pública.
    Más reciente es la denominación en el callejero municipal de calle de la Poza, antes calle del Boquete, con salida en doble codo a las eras, y que nos orienta sobre la cercanía a este elemento perteneciente a la antigua red hidráulica en las afueras del pueblo, en el camino de Cabañas, concretamente.