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domingo, 20 de octubre de 2024

Memoria de cuatro sacerdotes en la ermita de Ntra. Sra. de las Angustias de Villaseca de la Sagra.

Memoria de cuatro sacerdotes 
en la ermita de Ntra. Sra. de las Angustias de Villaseca de la Sagra.

Reja de la capilla.Ermita de Ntra. Sra. de las Angustias. Villaseca de la Sagra
Antonio J. Díaz F.
Dr. en Historia del Arte

    Dentro de la ermita de la Vera Cruz o de las Angustias, en el ángulo izquierdo al pie de la magnífica reja de madera del siglo XVII que separa nave y capilla mayor, se agrupan cuatro placas de mármol con la memoria de cuatro presbíteros cuyos restos reposaron en este lugar sagrado dedicado a la excelsa patrona de Villaseca, Ntra. Sra. de las Angustias. 
Existieron no hace mucho sus correspondientes lápidas sobre las mismas tumbas, pero en los años ochenta del s. XX, una reforma dentro de la ermita las levantó y se desecharon sus pedazos sirviendo para cimiento de la cruz de piedra que se alza en el centro del atrio exterior de la ermita desde 1982. Los restos óseos fueron recogidos y vueltos a inhumar en el arranque del púlpito dentro de huecos más reducidos y delatados por aquellas cuatro pequeñas placas.
Lápidas rotas. Ermita de Ntra. Sra. de las Angustias. Villaseca de la Sagra
Restos de lápidas delante de la ermita de Ntra. Sra. de las Angustias (Foto de 1982).

Son cuatro inscripciones fúnebres que recuerdan escuetamente y sin aparente regla el nombre y fechas de estos cuatro sacerdotes: D. Braulio Ramírez, D. Pedro Aguado de Sevilla, D. Gregorio Díaz Martín y D. Raimundo Ranz Porres. Estos cuatro eclesiásticos, por este orden, cubren en su ministerio espiritual prácticamente el siglo XIX, teniendo en cierto modo un lugar en nuestra historia, la parroquial en concreto, y la comunitaria en general.
Placas funerarias. Ermita de Ntra. Sra. de las Angustias. Villaseca de la Sagra
Memorias sepulcrales. Ermita de Ntra. Sra. de las Angustias. Villaseca de la Sagra.

Sin duda, de los cuatro sacerdotes aquí mencionados tienen más importancia biográfica, a nuestro juicio, dos de ellos: Braulio Ramírez y Gregorio Díaz. Pero veamos lo que de mayor interés hemos podido indagar de sus respectivas vidas y la huella o recuerdo que nos dejaron en esta villa.

Después de la Guerra de la Independencia (1808-1814) y repuesto en su trono el rey Borbón Fernando VII,  está ejerciendo en Villaseca por 1817 don Ezequiel Blanco Verdeja, quizás hasta 1820. Este es el cura que precede a nuestro primer personaje en la parroquia de Santa Leocadia.
Iglesia parroquial de Villaseca de la Sagra. Fondo Dip. Prov. Toledo
Iglesia parroquial de Sta. Leocadia. Villaseca de la Sagra. 
(Foto de 1960, Fondo fotográfico Diputación Prov. de Toledo, tomada de
https://www.diputoledo.es/global/4/1088/3927/galeria#!prettyPhoto[gallery]/34/)

D. BRAULIO RAMIREZ SOUGAR (Almorox, 1783-Villaseca, c. 3/4/1844).
Contamos con un dato biográfico temprano sobre su formación superior al conservarse una certificación de estudios en la Universidad de Alcalá de Henares, en su expediente con fechas de 1798 a 1805 [“Ramírez, Braulio”. Archivo Histórico Nacional -AHN-, Universidades, 493, Exp. 87]. No existiendo aún los seminarios conciliares, el joven Braulio Ramírez hubo de estudiar las materias prescritas por entonces para aspirar al sacerdocio, principalmente Filosofía y Teología. Esto delata también la buena posición familiar, que con una economía desahogada, permitiría pagar los estudios de uno de sus hijos.
¿Cuándo empezó su curato en Villaseca? Hay constancia de ser cura propio ya en diciembre de 1820, al firmar junto a las autoridades civiles un cuestionario oficial sobre el estado de la villa remitido por la Diputación Provincial de Toledo (documento transcrito por R. Sánchez González en su libro Villaseca de la Sagra (1700-1833) (publicado en 1985 por el IPIET). Es decir, don Braulio llegó a Villaseca con una edad muy cumplida, en torno a los 40 años, y una carrera sacerdotal ya bien experimentada, pero de la que desconocemos su trayectoria. Y en Villaseca vivió sus primeros años de cura bajo el periodo constitucional del Trienio Liberal (1820-1823) litigando con el vecino José Díaz Alonso, administrador de las limosnas de Ntra. Sra. de las Angustias, por no haber dado cuentas de lo recaudado al haber salido para Madrid por razones políticas [“Pleito sobre colecturía, 1826”. Archivo Diocesano de Toledo -ADT-, Cofradías de Toledo, Expte. 43]. Como cura párroco, en 1828 encarga fundir la campana “Santa Leocadia” de la iglesia parroquial siendo mayordomo y sacristán Pascual Ruiz [Archivo Parroquial de Villaseca de la Sagra -APVS-, Libro 6º de fábrica 1777-1852, visita de 1827].
Plaza mayor. Almorox
Almorox (Toledo), villa natal de D. Braulio Ramírez Saugar. (Foto tomada de http://www.almorox.es/plaza-de-la-constitucion/?mes=5&anyo=2025)

    Su figura se convierte en un personaje de libro, cuando viene a ser mencionado, aunque sin decirse su nombre, en La Biblia en España, libro escrito por el misionero inglés George Borrow, un laico que viajó por España en 1836-1839 difundiendo la Biblia protestante, y que durante su aprovechada estancia en Villaseca se tuvo que encontrar y enfrentar con él, como autoridad religiosa y moral del pueblo, caracterizándolo de sacerdote ultracatólico y antiliberal [BORROW, G.: La Biblia en España, en su capítulo 43. Consultada la edición de Alianza Editorial, Madrid, 1970, págs. 469-481]. Aunque acogido con amabilidad por vecinos y autoridades civiles de Villaseca, el propagandista inglés, al que conocían popularmente como “don Jorgito”, reconoce a este su único enemigo declarado, obviamente el cura, a quien atribuye unas palabras dichas contra su persona en un tono acusatorio e inquisitorial: 
“Ese individuo es un hereje y un pícaro -dijo un día en la tertulia-. Nunca va a la iglesia y está envenenando el alma del pueblo con sus libros luteranos. Hay que enviarlo a Toledo atado codo con codo, o a lo menos echarle del pueblo”. 

Sin duda, este no deja de ser un retrato retórico de aquel cura ciertamente intransigente e insidioso, que no era otro que el verdadero don Braulio Ramírez, que ejerció en Villaseca desde 1820 hasta su muerte en abril de 1844. Por este motivo se trata de un personaje histórico del que conocemos que hizo en 1 de junio de 1834 un primer testamento recíproco con su hermana doña Manuela Ramírez, en el que se dicen ser naturales de la villa de Almorox e hijos de Luis Ramírez y Vicenta Sougar, sus padres ya difuntos [Archivo Histórico Provincial de Toledo -AHPT-, Protocolo 7860, fol. 7, escribano Martín Fernández Calderón]
    Aun así, en un segundo testamento personal fechado en 3 de abril de 1844, comienza diciendo de sus padres que eran naturales de Sotillo de la Adrada, provincia de Ávila; y que hallándose enfermo pero en su sano juicio y queriendo morir como “católico fiel cristiano” dispone ser amortajado con vestiduras sagradas y sepultado en la ermita de las Angustias, y “dentro de la capilla si ser pudiese, y el sepulcro se cubrirá o le cerrara una losa completa de qualquier clase de piedra, con el epitafio que regulen mis herederos y albaceas”; mandó decir en su entierro y por su alma misa cantada de cuerpo presente con diácono, subdiácono, vigilia y responso según costumbre y encargó mil misas de a cuatro reales por su alma; y misas por el alma de sus padres, su tío don Santiago Ramírez y su hermana, ya fallecida, Manuela Ramírez; y también ofreció misas de a ocho reales a Ntra. Sra. de las Angustias, al Cristo de la Misericordia, a Ntra. Sra. del Carmen y a Ntra. Sra. de las Mercedes (devociones de Villaseca); perdonaba a su hermano don Francisco Ramírez, vecino de Almorox, cierta deuda, y le dejaba cinco tinajas para encubar vino; a la parroquia donaba 200 reales para “comprar una capa de coro ó manga negras para el uso y servicio de la misma parroquia” y a la Virgen de las Angustias otros 200 reales para lo necesario de su culto; además legaba “para la hermita de la misma Ymagen de Nuestra Señora de Angustias un retrato suplicando á sus cofrades le admitan y coloquen en el sitio que les parezca mas conveniente”. 
    Por último, para los pobres de esta villa dejaba a repartir 300 reales y para la que era su ama 4.000 reales para la compra de una casa y varios muebles y enseres. Por albaceas nombró conjuntamente a Manuel López Jerez, José Tordesillas y don José Puñal, cura de Mocejón; y por sus herederos, a su sobrino carnal Braulio Ramírez Chamorro, de 17 años, hijo de su difunto hermano Vicente, a quien tenía en casa, y asignando 5.000 reales a su otro sobrino Mariano Ramírez Chamorro [AHPT, Pr. 7863 (año 1844), fol. 43, escr. M. Fernández Calderón]
Es curioso observar que no hay concordancia en la fecha de su muerte, pues mientras la inscripción señala el 2 de abril de 1844, el último testamento es de 3 de abril y lo dicta estando enfermo pero vivo obviamente. Puede haber un error de fecha al haberse copiado mal en la placa el día que aparecía en la lápida destruida. 
Ciertamente, el mencionado retrato fue aceptado por la Hermandad de las Angustias en junta de 15 de septiembre de 1844, como se reseña en la página 33 del librito de los Estatutos de la Cofradía de Socorro de Nuestra Señora de las Angustias [Imprenta Florentino Serrano, Toledo, año de 1903].
Así, dentro de la sacristía de la ermita cuelga hoy aquel lienzo al óleo, un extraordinario retrato realista firmado en un ángulo por “J. Lopez. 1842”. Sus dimensiones son 96 cm de altura por 75,5 de ancho. Es una pintura que sigue la mejor tradición de la escuela retratística española de la primera mitad del siglo XIX. 
A la hora de atribuir esta excelente obra pictórica a autor conocido encontramos como posible candidato al pintor español Juan López, de quien poco se sabe y del que se conserva en el Museo del Prado un único lienzo con título Retrato de señora, fechado en 1842, catalogado pero no expuesto en sala [Museo Nacional del Prado, Óleo sobre lienzo, 88 x 69 cm, nº P004410].
En resumen, de aquel virtuoso cura tenemos el retrato psicológico y moral que nos transmite el escritor inglés Borrow en 1836 a través de sus propias impresiones, y lo que es más sorprendente, como su fiel complemento tenemos el retrato plástico que nos traslada el pintor López captando en la imagen la indiscutible personalidad de don Braulio Ramírez, a la edad de 59 años, hombre de mirada inteligente y profunda dirigida al espectador. Descubriendo la luz del cuadro un semblante de duras facciones, pero agraciado rostro para la edad y unas cuidadas manos de aspecto escultórico. Envuelto en sus ropas sacerdotales, su posado es digno pero llano, de medio cuerpo y sentado de tres cuartos junto a una mesa castellana de recia madera, donde reposa un pequeño libro de oraciones. 
Lástima que el mal estado de la pintura no permita percibir lo que parece el respaldo de la silla y la presencia de un fondo neutro sin más, tan recurrente en los retratos españoles de toda época.
Retrato de D. Braulio Ramírez. Ermita de Ntra. Sra. de las Angustias. Villaseca de la Sagra
D. Braulio Ramírez (1783-1844), cura párroco de Villaseca de la Sagra.
Óleo sobre lienzo, autor:  J. López, 1842. Ermita de Ntra. Sra. de las Angustias.

    Se necesitaría una buena intervención restauradora que devolviera el cuadro a su original esplendor para enriquecer el patrimonio histórico-artístico de la ermita con esta significativa y extraordinaria obra pictórica de pintor poco conocido.
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D. PEDRO AGUADO DE SEVILLA (Utrilla, Soria, 1809-Villaseca, 31/10/1882). 
Utrilla pertenece al partido judicial de Almazán (Soria). Es probable que su formación eclesiástica se fraguara en colegios mayores o en universidad de prestigio durante la década de los veinte del s. XIX. Alcanzó el grado de Doctor en Cánones. En 1836 se presentaba a votar por el distrito de Guadalajara en la lista de elección de diputados a Cortes de ese año, lo que nos indica su condición de clérigo [Boletín Oficial de Guadalajara, 25 de junio de 1836, p. 2]. En 1844 era cura de Valbueno (Arciprestazgo de Guadalajara) [El Católico, 3 de julio de 1844, nº 1563, p. 17]. Siendo trasladado a Villaseca de la Sagra en la primera provisión del concurso de opositores de 1846 [El Católico, 15 de marzo de 1846, nº 2497, p. 475], sucediendo a don Braulio Ramírez y donde ejerció por más de treinta años hasta su muerte. 
En 1862 se anunciaban oposiciones a la vacante de canonjía lectoral  de la catedral de Toledo, para cuyas pruebas se sucedían los sermones preparados por los opositores y fue el día 28 de julio cuando se presentó don Pedro Aguado de Sevilla para predicar sobre el capítulo 6 del evangelio de San Juan, (aquello de la multiplicación de los panes y los peces) a lo que habría de seguir una fundada disertación ante el tribunal académico [Boletín Eclesiástico del Arzobispado de Toledo, 2 de agosto de 1862, nº 31, p. 263].
Utrilla (Soria)
Utrilla (Soria), villa natal de D. Pedro Aguado de Sevilla. (Foto tomada de
https://www.desdesoria.es/asset/thumbnail,1280,720,center,center/
media/desdesoria/images/2020/06/13/DSCN0721.jpg)

En 1864 obtenía por resolución judicial los derechos de posesión del patronato y fundación de don Juan de Cuéllar y San Pedro, Alguacil de Casa y Corte de S.M. en Madrid, en 1676, defendiendo ser descendiente legítimo de los fundadores [Boletín Oficial de la Provincia de Madrid, 31 de octubre de 1864, nº 260, p. 3]. En 1867 estaba comprendido en las listas electorales para Diputados a Cortes junto a los cualificados vecinos de Villaseca Cecilio Santos, profesor de instrucción primaria, Francisco García de la Higuera, coadjutor de la parroquia, Francisco Rodríguez Martín, veterinario, José Santaolalla Martínez, médico, Paulino Orozco Mingo, farmacéutico, y Vicente Navarro López, cirujano [Boletín Oficial de la Provincia de Toledo, nº 106, 1/1/1867, suplementos, p. 15]. No obstante, en 1870 es uno de los dieciséis eclesiásticos del arciprestazgo de Illescas que se niegan a jurar la Constitución democrática de 1869, tras el exilio de la reina Isabel II, por creer que con ello faltarían a los dictados de su conciencia tradicionalista fundada en la fe católica y el legitimismo monárquico como fundamentos de la nación [La Regeneración (Madrid), 9 de mayo de 1870, p. 2]
No conocemos si llegó a hacer testamento, pero sus restos fueron enterrados en la ermita de las Angustias habiendo ocurrido su fallecimiento en esta villa, ya anciano, a los 73 años de una pulmonía senil. Este soriano era hijo de Agustín Aguado y Eladia Sevilla, difuntos, como lo atestigua Aniceto Hijosa, su sobrino político [Archivo Municipal de Villaseca de la Sagra -AMVS-, Libro 7º Defunciones, acta nº 72]. Tantos años de residencia en Villaseca, permitieron que su hermana contrajera matrimonio hacia 1870, del que fueron hijos el citado Aniceto y Salvadora, la que se esposaría a su vez con el entonces sacristán de la iglesia Ezequiel Ruiz García, hijo de Pascual Ruiz. 
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D. GREGORIO DIAZ MARTIN (Villaseca, 1829-Villaseca, 27/11/1883). 
Es uno de nuestros notables villasecanos. Nos dejó una breve reseña autobiográfica y algunos datos más sobre su persona por lo que sabemos que nació en esta villa el día de Navidad de 1828. Fue bautizado al día siguiente con el nombre de pila de Gregorio Manuel por el entonces teniente cura don Pío Conejo, siendo madrina su tía carnal Nicanora Díaz Díaz (según consta del libro de Bautismo de la parroquia de 1810 a 1833, al folio 321 vuelto). También podemos seguir su genealogía. Era hijo de Marcelo Díaz Díaz y Rufina Martín Díaz, labradores arrendadores en tierras del Marqués a la vez que pequeños propietarios, que casaron hacia 1823 en Villaseca. Gregorio tuvo dos hermanos: María Díaz Martín y Manuel Díaz Martín. Su abuelo paterno se llamaba igualmente Manuel Díaz Martín, fallecido en 1843. Por vía materna le venían los derechos de goce de la capellanía del hospital ya que su madre era hija de Juan Martín Martín y de Isabel Díaz Ortega, ambos en las líneas de sucesión de los fundadores del hospital de San Bernardo y dueños de una mitad del inmueble, de la capilla y sus rentas. De hecho, Gregorio Díaz estaba destinado al servicio religioso de la fundación y habría de relevar a su tío Francisco Nemesio Martín Díaz († 1848) como legítimo capellán del hospital. 
Del tiempo de su formación tenemos el expediente académico de 1847 a 1850 como alumno de la Facultad de Teología de la Universidad Central de Madrid, accediendo con el título de bachiller en Filosofía que había obtenido en el Instituto Provincial de Toledo el año anterior [AHN, UNIVERSIDADES, 803, Expt. 13]. En 2 de julio de 1850, siendo aún seminarista de Toledo, donde se matriculó como el tercer teólogo del recién inaugurado seminario, y todavía clérigo de corona o tonsura, y con el apremio de ser ordenado in sacris, para ser presbítero, fue nombrado por la patrona del hospital de San Bernardo, su abuela materna, Isabel Díaz Ortega, sacristán mayor de su iglesia con una buena pensión vitalicia. Una anotación de su mano en el libro que él escribió dice: “Fui dispensado por el Sto. Padre Pío 9º en el año de 1847 para ser sacerdote por ser cojo de la pierna derecha y en el de 1852 me dispensó la edad para ordenarme de sacerdote en el mismo”. Como sacerdote dio su primera misa el 19 de septiembre de ese año, día de San Miguel. Y como clérigo bachiller desempeñó principalmente el cargo de administrador y capellán mayor del hospital de San Bernardo, hasta 1876, año en que fue cesado por el Gobierno Civil en el Acto de incautación de mayo de ese año, instruido por la Junta de Beneficencia de la Provincia de Toledo, siendo sustituido en sus funciones administrativas por una Junta de Patronos del Hospital de San Bernardo de Villaseca, formada por tres propietarios vecinos del pueblo. En contra de esta decisión siempre interpuso reclamaciones para recuperar los derechos de los que había sido despojado. Don Gregorio fue sacerdote en Villaseca, aunque no párroco, que lo era don Pedro Aguado. Pero en su persona acaparó una serie de beneficios al ejercer ciertos cargos eclesiásticos. Fue capellán del oratorio de Velilla, nombrado por el señor conde de Santa Coloma y Cifuentes; en 30 de septiembre de 1854 tomó posesión de la capellanía de don Juan Pérez de Oro, fundada en Villaseca y poseída por la cofradía de la Natividad y Concepción; también fue capellán mayor de las monjas franciscas de Santa Isabel de Toledo, todo referido en su mencionado libro manuscrito. 
Hospital de S. Bernardo. Villaseca de la Sagra
Capilla y hospital de S. Bernardo, fundación de la que fue capellán D. Gregorio Díaz Martín. Villaseca de la Sagra. (Foto de 1960, Fondo fotográfico Diputación Prov. de Toledo, tomada de https://www.diputoledo.es/global/4/1088/3927/galeria#!prettyPhoto[gallery]/33/).
    
    Gregorio Díaz falleció en 27 de noviembre de 1883 como reza la pequeña lápida que está en la ermita. Su muerte se produjo a los 54 años, de fiebre pútrida, según la partida de defunción en la que comparece su sobrino Antonio Ortega Díaz [AMVS, Libro 8º Defunciones, acta nº 20]. Vivía en su domicilio de la calle La Feria, nº 10, y se anota que hizo testamento ante el notario de Villaluenga y Villaseca. Ciertamente, este testamento es breve y nada nos desvela en cuanto a disposiciones, ni siquiera aquí aparece voluntad expresa de ser enterrado en la ermita, si bien deja por albaceas a su hermano Manuel Díaz Martín y a don Antonio Ortega Villarrubia conjuntamente; y por sus únicos y universales herederos designó a sus dos hermanos, los mencionados Manuel y María Díaz Martín, actuando de testigos don Ildefonso Calderón Jerez, Leoncio García Hernández y don Jorge Prestel Becerril [AHPT, Pr. 16806, fol. 917, escr. Pablo Lázaro Carrasco]. De hecho, la partición entre los dos herederos se llevó a cabo escrupulosamente en 7 de mayo de 1884 ante el mismo notario de Villaluenga [AHPT, Pr. 16807, fol. 267]. Bienes raíces (tierras y casas en Villaseca) quedaron repartidos entre las dos familias: la de Manuel Díaz Martín, casado con Baldomera Díaz, y la de María Díaz Martín, casada con Andrés Ortega Villarrubia, todos naturales y vecinos de la villa.
Como particularidad biográfica de este sacerdote hijo de Villaseca es que puede ser considerado el primer “historiador” que ha tenido nuestro pueblo, al menos, el primer compilador de noticias históricas sobre este pueblo y sus familias más señaladas. Él compuso un libro manuscrito, conservado en la casa de sus sucesores, que escribió en 1866 y donde recoge distintos datos históricos de Villaseca examinados principalmente en sus archivos y en otras fuentes. Sin duda, este libro es una referencia de primera mano cuya consulta se hace imprescindible y al que siempre hemos denominado Libro manuscrito de Villaseca de la Sagra del Bachiller D. Gregorio Díaz, y al que como historiador me ha sido siempre obligado recurrir una y otra vez para contrastar datos relativos a Villaseca.
Texto del Libro manuscrito del Bachiller Gregorio Díaz
Primera página escrita por el Bachiller Gregorio Díaz en su Libro manuscrito de 1866.

De hecho, respecto a su tío, el que fuera cura de Getafe, el ya citado don Francisco Nemesio Díaz Martín, hay que decir que también recibió sepultura en la ermita, precisamente, entre la verja de la capilla y el púlpito según nos relata el propio don Gregorio Díaz en su libro manuscrito. Y nos precisa que su tío murió por causa de un accidente de arma el 22 de junio de 1843, “al tomar la escopeta de una galera, al otro lado del Puente de Aceca, á unos ciento cincuenta pasos del Puente”, siendo inhumado en la ermita el día siguiente. Pero su memoria se debió perder ya en tiempos no existiendo en la ermita recuerdo alguno a no ser que los restos de don Gregorio fueran a ocupar esa misma tumba familiar, borrando así la anterior memoria del tío.
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D. RAIMUNDO RANZ PORRES (Ocaña, 1842-Villaseca, 5/3/1894). 
Desconocíamos la cuna de este sacerdote hasta dar indirectamente con un valioso dato de 1920 [“Despacho de don Pedro Lizaur y Paul, juez de Primera Instancia de la villa de Ocaña y su partido. Dado en 30 de noviembre de 1920”. Gaceta de Madrid, 5 de diciembre de 1920, nº 340, Anexo nº 2, p. 1576]. Por él se hace saber que doña Manuela Ranz Porres, natural y vecina que fuera de la villa de Ocaña, de 76 años de edad, viuda de don Leopoldo Pascual López, falleció sin dejar descendientes y ascendientes el 4 de agosto de 1920, bajo testamento otorgado en 25 de febrero de 1894, en el que había nombrado por heredero usufructuario a su marido, y a cuya muerte dejaba por herederos universales a sus hermanos don José y don Raimundo Ranz Porres, a partes iguales, pero cuyos tres herederos fallecieron antes que la propia testadora; en lo que don Casto Villarino Porres, vecino de Ocaña, solicitó ante este Juzgado se le declarase heredero abintestato de dicha señora como primo hermano de la finada y su pariente colateral más próximo, ante lo cual el juez abre un periodo de comparecencia para aquellos que tuvieran derechos a la herencia. 
Por tanto, esto nos sitúa en el lugar de nacimiento de este cura, la villa toledana de Ocaña, donde vio la luz en 1842. Teniendo dos hermanos: José y Manuela Ranz Porres. Ella hizo testamento con su hermano vivo al que nombra por heredero, pero su fallecimiento en Villaseca se produce apenas una semana después de aquel acto.
Plaza mayor de Ocaña.
Ocaña (Toledo), villa natal de D. Raimundo Ranz Porres. (Foto de 1955, Fondo 
fotográfico Diputación Prov. de Toledo, tomada de  https://www.diputoledo.es/global/4/1088/3923/galeria#!prettyPhoto[gallery]/20/)

En 1869, con 27 años, recibía el grado de subdiácono en acto celebrado en el convento de dominicos de Ocaña [Boletín Eclesiástico del Arzobispado de Toledo, 25-12-1869, nº 52, p. 2]. En el concurso a curatos de 1886 en el arzobispado de Toledo se le destinó a la parroquia de Yélamos de Arriba (Guadalajara) [Boletín Eclesiástico del Arzobispado de Toledo, 1886] a la que parece renunció o en la que estuvo sólo unos meses. Suponemos un fuerte vínculo con el pueblo de Navahermosa, puesto que en 1888 era su cura párroco y escribía sobre el fervoroso culto y devoción a la Virgen del Rosario en aquella villa [Leblic García, Ventura: “Apuntes históricos acerca de la devoción que en Navahermosa se tienen a la Virgen del Rosario”. Revista Estudios Monteños, Asociación Cultural Montes de Toledo, 131, 2010, p. 13].
Tomó posesión del curato de Villaseca el 31 de julio de 1890 [La Unión Católica (Madrid), 5 de agosto de 1890, nº 951, p. 3] según refleja la afectuosa crónica a él dedicada y que copiamos íntegra:

“El día 31 próximo pasado hizo su entrada en 
el pueblo de Villaseca de la Sagra, el nuevo Párroco,
nuestro ilustrado y virtuoso amigo don
Raimundo Ramz [sic]. A la estación del ferro-carril,
distante de la población unos tres kilómetros,
salieron á recibirle muchos Sacerdotes y amigos
aguardándole á las puertas de dicha villa el
Ayuntamiento, autoridades y personas importantes,
organizándose una procesión con asistencia
de la banda de música.
Una vez en el templo parroquial, se verificó
con las solemnidades de costumbre, el acto de
la toma de posesión, recibiéndola el nuevo Párroco
del dignísimo Vice-Rector del Seminario
Conciliar de Toledo Dr. D. Ramón Guerra. El
Sr. Sanz [sic] dirigió luego la palabra á sus nuevos
feligreses, conmoviéndoles con las sentidas fra-
ses que brotaban de su corazón.
De esperar es que en plazo breve el pueblo de
Villaseca experimente los saludables efectos
del celo, ilustración y virtudes que adornan al
Pastor encargado de regir de hoy en adelante
aquella religiosa grey”. 

Llegaba a Villaseca con 48 años de edad y venía a suceder en su ministerio a don Elías Rey Muñoz (1886-1890). A su fallecimiento en 5 de marzo de 1894, sus restos se llevaron a la ermita de las Angustias, suponemos que por deseo testamentario, aunque no lo hallamos encontrado en los protocolos de Villaseca. Formó parte de la Hermandad Diocesana de Sufragios del Clero establecida en Toledo, que le aplicaría una misa por su fallecimiento [Boletín Eclesiástico del Arzobispado de Toledo, 5-4-1894, nº 14, p. 15].
Vino a cubrir su vacante en la parroquia de Villaseca don Gerardo Hernández Escalona como cura ecónomo en el breve período de 1894 a 1902.
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Con estos breves apuntes biográficos hemos respondido de algún modo a la incógnita, la que nace del olvido, sobre cuatro sacerdotes sepultados en la ermita de las Angustias. Sacerdotes que vivieron y ejercieron en Villaseca de la Sagra en el s. XIX, cuyos nombres han quedado unidos para la posteridad a este recinto sagrado y de los que hemos querido recuperar algo de su propia identidad y de su perdida memoria.