Mostrando entradas con la etiqueta ermita de Ntra. Sra. de las Angustias. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta ermita de Ntra. Sra. de las Angustias. Mostrar todas las entradas

viernes, 27 de marzo de 2026

De cuando se fundó la ermita de la Santa Vera Cruz de Villaseca de la Sagra.

De cuando se fundó la ermita de la Santa Vera Cruz de Villaseca de la Sagra.



Antonio J. Díaz F.
Dr. Historia del Arte


 La ermita. Es este un edificio bastante reconocido dentro del conjunto patrimonial de Villaseca de la Sagra. Los tres grandes edificios declarados BIC (Bien de Interés Cultural) son el palacio renacentista de los Silva y Ribera, la iglesia parroquial de Santa Leocadia y la capilla y hospital de San Bernardo (dos ejemplos del Barroco del siglo XVII), que pueden quedar por encima de esta ermita de Nuestra Señora de las Angustias en lo arquitectónico. Por el contrario, esta ermita, más modesta en lo constructivo, alcanza un valor mayor por ser el santuario de la patrona de la villa, Nuestra Señora de las Angustias.

    Gracias a testimonios conservados en el Archivo Parroquial de Santa Leocadia de Villaseca de la Sagra podemos conocer las razones que motivaron la construcción de la única ermita que se conserva, de las dos que existían desde el siglo XVI, extramuros de la villa. Desaparecida la ermita de San Sebastián a mediados del siglo XVIII (de la que se habló en su correspondiente artículo https://memoriadevillasecadelasagra.blogspot.com/2024/06/la-desaparecida-ermita-del-glorioso-san.html), ha quedado en pie la actual ermita de Nuestra Señora de las Angustias, en los primeros tiempos dedicada a la Santa Vera Cruz, que se alza al sureste de la población, al otro extremo del que era conocido como «Pradillo de la Ermita», donde ahora el campo de fútbol municipal. 

    Una distancia en línea recta de 670 m desde el centro de la Plaza Mayor. La ubicación exacta de la ermita sobre el mapa es de 39º 57' 25'' Latitud N y 3º 52' 35'' Longitud W. Situada entre el mencionado camino del Río y la carretera comarcal CM-4001 o de la Cuesta la Reina, que pasa a su lado desde principios del siglo XX.

Villaseca de la Sagra. Ermita de Ntra. Sra. de las Angustias, señalada en el ángulo inferior derecha.

Tiempos de construcción de la ermita.
    Desconocíamos si el edificio era ya una ermita anterior o más antigua, pero en las Relaciones Topográficas de los reinos de España ordenadas por Felipe II en 1576 los informantes de la villa advierten que la ermita de la Vera Cruz «está por acabar», sin que supiéramos si se trataba de la restauración de un edificio preexistente en mal estado o de una obra de nueva planta. Esta apreciación informada por los vecinos Alejo Florín y Baltasar García en su declaración sobre la villa es de sumo interés para conocer que en la década de los años setenta del siglo XVI se estaban realizando obras de construcción de la expresada ermita, en espera de su terminación, sin poder precisar, por falta de documentación, el tiempo que llevaban realizándose los trabajos y el que realmente faltaba para su conclusión. Y por lo que hoy vemos, el edificio actual en su arquitectura original responde ciertamente a esa época en lo estructural, aunque se adviertan otras intervenciones practicadas en momentos posteriores, y más evidentes son las realizadas en nuestros días, ya en la segunda mitad del siglo XX, con menos acierto.
    En años próximos a la mención de 1576 aparecen en los documentos parroquiales mandas testamentarias de vecinos y particulares que se comprometen a donar alguna pequeña limosna para contribuir a los gastos de la obra en ciernes. Esto sucede en 1575, en que Pedro García Peromalo daba de limosna a la obra de la Vera Cruz la cantidad de un ducado. También en 1577 cuando el viejo secretario o escribano del ayuntamiento de la villa Cosme Correas, natural de La Guardia (Toledo), dona un ducado «para la obra de la ermita de la Vera Cruz». Incluso en años posteriores como 1599 hay aportaciones personales con el mismo fundamento piadoso de recolectar ayudas. Así, Constanza Díaz, viuda de Alonso de Camarena, antes mujer de Martín Calvo, por testamento otorgado en Villaseca a 2 de junio de ese año legaba «dos ducados para la obra y fábrica de la Ermita que se está fabricando para la Santa Vera Cruz, y otros dos para la canonización de S. Isidro de Madrid».
    Estos son ejemplos concretos que nos guían en el conocimiento de lo que pudo durar la obra de construcción, lenta y costosa porque no se recibían más medios que las ocasionales limosnas del vecindario de Villaseca y los exiguos ingresos de la cofradía de la Vera Cruz. Por tanto, antes de 1575 se habrían empezado las obras de la ermita y es de suponer que en los años siguientes todavía se acometían unas obras que se alargan hasta finales del siglo.                Coincidiendo con estos testimonios, hay que recordar que en 1584 la cofradía de la Vera Cruz de Villaseca de la Sagra obtenía la aprobación canónica de sus estatutos, confirmándose de este modo una institución religiosa adscrita a la parroquia de Santa Leocadia y que gozaba de prestigio y actividad reconocida dentro de la villa desde tiempos pasados, posiblemente desde antes del episodio de destrucción del pueblo ocasionado por las Comunidades.
Azulejo conmemorativo del IV centenario de la fundación de la cofradía de la Vera Cruz, a iniciativa de la Junta rectora de 1984. Ermita de Ntra. Sra. de las Angustias.

    Remitiéndonos a otro documento anterior a las fechas mencionadas, igualmente inserto como los anteriores en el Libro Becerro de Fundaciones hay referencia esta vez a la memoria de misas dejada por Alonso Serrano y su mujer Catalina Díaz, en carta de convenio dada en Villaseca de la Sagra el 23 de abril de 1565, ante el escribano Cosme Correas, estando presentes los mayordomos de la cofradía, Alonso Sacristán y Gonzalo López, reunidos en la iglesia parroquial con otros cargos y cofrades, manifestando lo que aquí transcribimos:

«que por cuanto la dicha hermandad y cofradía tenía necesidad de hacer una ermita donde se ayuntasen los cofrades de ella y saliesen con la procesión de la disciplina el Jueves Santo de la Cena e por ser pobre la dicha cofradía e no tener propios ni hacienda para hacer y edificar la dicha ermita»

    Es por ello que conciertan con estos devotos promotores la aceptación de una donación de sesenta ducados (suma sustanciosa de unos 22.500 maravedís) para emprender la edificación de la ermita y en compensación la cofradía se comprometía a celebrar anualmente dos misas por el alma de tan desprendidos benefactores y dedicadas a sus santos patronos: una, el día de San Ildefonso (23 de enero) y la otra, el día de Santa Catalina (25 de noviembre). Prosiguen los mayordomos confirmando que la licencia para hacer la ermita se había solicitado al gobernador del arzobispado don Gómez Tello Girón, quien la concedió en Toledo en 23 de marzo de 1565 con la condición y obligación de la hermandad respecto «a la edificación y reparo perpetuo de la dicha ermita». En la solicitud dirigida previamente al gobernador de la Santa Iglesia de Toledo, signada por el escribano Correas, se expresaba además que:

«y parece que el sitio donde la dicha cofradía tiene ordenado de hacer la dicha ermita es junto a la cruz al camino de Aceca que distará de la dicha villa quinientos pasos poco más o menos e que es parte y lugar decente para hacerla e que por el edificio de ella da Alonso Serrano vecino de la dicha villa veinte y dos mil e quinientos maravedís ... en la parte y lugar de suso declarado e poner en ella altar e imágenes con que estén con el ornato y decencia que se requiere» 
 
    Se comprende a la vista de este testimonio tan concluyente que la ermita de la Vera Cruz sería obra de nueva construcción y que no venía a sustituir o remozar ningún edificio anterior. Lo que se entiende como un edificio ex novo levantado además sobre un solar virgen. El lugar fue escogido por su idoneidad junto a una cruz situada en el camino que conducía al Real Sitio de Aceca, molinos y barca en el río Tajo; hacia el sureste de la población y, como se dice, a unos quinientos pasos de la salida de la villa.
    Si el proyecto o la idea sobre su edificación era un hecho considerado en torno a 1565, de la ermita de la Vera Cruz no podemos precisar la fecha inicial de las obras, aunque es de suponer que la primera piedra se pudo poner en torno a 1570 para acabarse de levantar sus muros entre 1585 y 1590. Pero no tenemos datos de esos trabajos de albañilería por falta de documentación.         Para aclarar lo de las fechas pensemos que al mismo tiempo que se erigía esta modesta ermita se estaba fabricando el monasterio de El Escorial por Felipe II.
    En cambio, conocemos que la ermita se terminó de cubrir con una armadura de madera de pino a lo que se contribuyó con nuevas y varias limosnas.
    El protocolo o libro de escrituras notariales de Villaseca más antiguo es del mencionado escribano Cosme Correas donde se contiene la escritura de obligación, signada en 24 de enero de 1585 por el vecino de Poveda de la Sierra, tierra de Cuenca, de nombre Cebrián de la Calleja, avalado por Salvador López, vecino de la villa, pero paisano del mismo carpintero, ajustando con el mayordomo de la cofradía de la Santa Vera Cruz Nicolás Ortega la obra de la cubierta de la ermita en precio de cincuenta y tres ducados (unos 20.000 maravedís), una vez recaído el remate de la obra en su oferta y según condiciones escrituradas ante el otro escribano de la villa Luis Díaz, como ya publicamos por primera vez en nuestro librito Villaseca de la Sagra: noticias de su historia (1993)
    La aludida cruz de camino allí enclavada pudo muy bien haber sido de madera sobre un tosco pedestal cilíndrico de caliza, quizás el tambor de piedra que hoy se conserva semienterrado en un ángulo de su atrio. Con el tiempo, concretamente en 1644, se realizó una nueva en piedra blanca por el cantero de Yepes Domingo de Lauriz, que contrataban los vecinos de la villa Luis Gómez de Cuéllar, Cristóbal Fernández, Alonso Aparicio, Gaspar Fernández «el mozo», Bartolomé López, Blas Calvo, Lorenzo Martín y Manuel Gómez en precio de 930 reales (unos 31.620 maravedís); dejando la nueva cruz 

«puesta y sentada en la parte donde le señalaremos junto a la ermita de Nuestra Señora de las Angustias extramuros de esta dicha villa la cual ha de llevar cuatro gradas de la dicha piedra, pie y cuarto de vuelo y una cuarta de grueso y nueve pies de caña, pedestal y capitel y basa, lo que pidiere la orden dórica. Y la cruz a de llevar tres bolas y su friso...» 

    Así pues, tenemos un magnífico crucero de estilo clásico dórico, en piedra caliza, compuesto del indicado graderío, un pedestal con cuatro inscripciones en sus caras (JHS-JOSEPH-MARIA-1644), la columna toscana (con su basa -hecha nueva en 1982- y capitel) y la cruz de remate tal como se indica en la escritura y como bien se aprecia en la siguiente foto. Esta hermosa columna constituye un monumento perfecto a la cruz cristiana que dio origen a este sitio sagrado, a la Vera Cruz. 
Crucero en el atrio de la ermita de Ntra. Sra. de las Angustias (en su emplazamiento anterior, 1980). (Foto del autor).

Obras en la ermita de Nuestra Señora de las Angustias en 1780.
    Una vez emplazada en la ermita de la Santa Vera Cruz, la imagen de Nuestra Señora de las Angustias tuvo un lugar privilegiado como Señora del santuario y advocación principal.
    Alguna obra de mejora se pudo acometer en años sucesivos como creemos lo fue en la fachada de los pies la espadaña de ladrillo con un marcado estilo copiado de los edificios de iglesia y capilla del hospital, al reproducir en su podio tres característicos cuadros en relieve. El frontis quedaba compuesto ya a finales del siglo XVII con esta fachada de ingreso culminada por la espadaña de orden clásico que termina en frontón triangular y con un vano en medio punto donde colocar un campanillo o esquila, que fundió en 1825 el campanero Francisco Mazorra Pradillo.  Una cruz de hierro corona la espadaña.
    En el interior también se corrió una bóveda falsa de cañizo y yeso sobre su nave y sujeta a los tirantes de la armadura, que no artesonado, ocultando de este modo la antigua cubierta de madera realizada en 1590. Esta bóveda responde a un perfil rebajado y ofrece tres lunetos por lado. Al mismo tiempo hubo de realizarse la tribunilla o coro alto y el púlpito. 
    Una desafortunada reforma también reciente restó tipismo a la vieja ermita, retirando las bancadas corridas de granito de sus muros. Piedras que hoy se encuentran en el atrio sirviendo de improvisadas mesas.

    Quizás, el pequeño edificio no ofrecía la grandeza para tan milagrosa imagen, y se hubo que reformar ya casi a finales del siglo XVIII. En este caso, se procedió a una notoria renovación en la cabecera o presbiterio. Fue la intervención más interesante que se hizo en la capilla mayor, aportando un toque de clasicismo en la construcción interior. Sobre su cuadrado se volteó un platillo circular haciendo cúpula sobre pechinas y perforado por una linternilla que recibe luz cenital desde el exterior iluminando así el espacio principal de la ermita. Esta media naranja se divide en ocho gajos separados por molduras pintadas como lo está el propio anillo de su cornisa y linternilla. 
Media naranja de la ermita de Ntra. Sra. de las Angustias. (Foto del autor)

    Hay evidencias documentales en el Libro de Limosnas de la cofradía donde se recoge que en 1783 se tienen gastos en reparos de la ermita. Entre otros, alzar las tapias de la cerca y hacer un pozo, a cargo del albañil local Rafael Alonso Vicente; poner una puerta trasera por el carpintero Ceferino Alonso Plaza; y colocar una reja en la ventana del camarín de la capilla de Nuestra Señora por Gabino Calderón, maestro cerrajero, en 147 reales pagados en 1782, todos vecinos de la villa. A su vez se anota un gasto en el «blanqueo hecho en el santuario de Ntra Srª». Más adelante, en 1817, se había pintado el camarín y la capilla y se habían puesto vidrieras en la media naranja.
    Si de los documentos pasamos a las evidencias constructivas que presenta el edificio es muy probable que esta capilla mayor se hiciera con un nuevo plan arquitectónico, elevando sobre el nivel del tejado el cuadrángulo donde se acoge la cúpula y cerrando a cuatro aguas el tejado. Por encima se eleva la linternilla (derribada la original en 1987). Un cuerpo octogonal rematado por picudo chapitel de pizarra. Como culminación de ella se conserva, sin embargo, la original y artística cruz de hierro sobre bola de cobre. La cruz ha perdido ciertos remates florales de bella forja, pero ha conservado en una plancha calada de su base la fecha en que se puso, que dice: AÑO 178... (perdida la última cifra). Se observa la figura calada de un ave. Así se aprecia en la correspondiente fotografía. 
Ermita de Ntra. Sra. de las Angustias. Bola de cobre y cruz de hierro. 
AÑO 178? (Foto del autor)

Valores arquitectónicos de la ermita de la Vera Cruz o de las Angustias.
    El edificio que hoy conocemos cumple unos cuatrocientos cuarenta años de existencia, aunque hay que admitir que en siglos posteriores a su fundación la ermita fue renovada en su interior, principalmente en el siglo XVIII. También el siglo XX ha contribuido a desfigurar drásticamente tanto el interior como el exterior de este edificio sin advertir el interés arquitectónico que tenía en su ser original, como edificio de valor dentro de la tradición popular y con tanta antigüedad.
    Todavía hacia 1940 o 1950 los paramentos exteriores de la ermita podían verse desnudos, es decir, mostrando su típico aparejo toledano, fiel a los modelos constructivos de la capital toledana, de la comarca y a los propios de edificios religiosos de la localidad. Se apreciaba claramente en todo su costado sur donde solo se abría una gran portada adintelada y no había ningún otro hueco mayor para iluminación salvo el pequeño ventanuco bajo el alero y que daba al coro alto.
Ermita de Ntra. Sra. de las Angustias, hacia 1940, a la vista el aparejo toledano original. (Foto: Colección del autor).

    En los años sesenta del siglo pasado las fotografías ya muestran una ermita totalmente enjalbegada o encalada cubriendo de este modo la presencia y relevancia de sus materiales constructivos: el ladrillo en machos de mayor a menor anchura y los cajones de tapial o mampostería de piedra, siempre averdugados o enrasados por dos filas de ladrillo., que mostraba la foto anterior.
Ermita de Ntra. Sra. de las Angustias, con atrio de tapial encalado y crucero, hacia 1960 (Foto: Colección del autor).

    Si describimos el edificio de la ermita en sus formas arquitectónicas descubrimos un edificio bastante sencillo, fabricado de ladrillo y cajones de tapial, pero cuyo exterior se ha desfigurado totalmente con la última reforma de 1987, haciéndose irreconocible su arquitectura de tradición mudéjar, propia de la albañilería toledana secular. Se le revistió o forró con un aparejo un tanto arbitrario y una cornisa recrecida que nunca tuvo, y con ello se perdió además una interesante fachada de ingreso en arco rebajado dispuesto a sardinel que tratamos de reproducir en el dibujo obtenido durante las obras de picado de fachadas y destrucción del aparejo original en aquellos años. El tejaroz o tejadillo sobre la actual puerta de los pies es obra menor de otra época, como también la hornacina es añadido reciente.
Aspecto de la fachada original descubierta en 1987 tras su picado, pero no recuperada.

    La ermita se construyó con una orientación de su cabecera hacia el sureste, paralela al tramo del antiguo camino del río, y junto a ella, la casa del santero. Exteriormente ocupa una longitud de 29 m por 8 m de frente aproximadamente. En planta, el interior nos muestra una nave alargada y ancha que termina en capilla cuadrangular con tres nichos profundos para las imágenes, embebidos en el muro. Capilla que se reformó en 1978 con el revestimiento de muros, ornato de altares y pinturas murales poco apropiadas. Como separación de los dos ámbitos se alza una hermosa reja de madera labrada, conformada por tres calles apilastradas y superposición de cinco alturas a base de balaustres torneados. En medidas supone una división de 5,45 m de ancho por 5 m de altura aproximadamente. Cerrando en amplio arco carpanel adaptado a la curvatura de la bóveda. Por su estilo sencillo pero de magnífico porte pudiera haber sido realizada a mediados del siglo XVII.
Planta de la ermita de Ntra. Sra. de las Angustias. (Fuente: Inventario del Patrimonio Arquitectónico de Interés Histórico Artístico, 1979)

    La cubrición que protege aún el edificio se nos revela como una obra de carpintería tradicional antigua. Ejecutada, como se ha visto, a partir de 1585, en madera de pino de Cuenca siguiendo una estructura común y conformando lo que se llama técnicamente una armadura de par y nudillo, según el modelo simplificado que muestra el siguiente dibujo. Sobre ésta, se montó el tejado a dos aguas que caracteriza la nave exteriormente en toda la longitud de la nave.

Modelo de cubierta de par y nudillo. (Fuente: https://es.pinterest.com/pin/310537336805097015/)

    Para terminar con la visualización en planta de esta ermita de la antigua Vera Cruz añadamos un nuevo gráfico de calidad, el que nos ofrece el levantamiento topográfico realizado por el Instituto Geográfico Nacional en el año de 1879. Aquí consta la edificación en su conjunto, es decir, la ermita como espacio sagrado compuesto de nave, presbiterio, altar, camarín, tribunilla y púlpito, junto a las dependencias auxiliares que entonces servían de sacristía, trasteros, casa del ermitaño, patio, etc. Observando igualmente la extensión del atrio delantero y la posición del crucero dentro de sus tapias.
Planta de la ermita de Ntra. Sra. de las Angustias. Levantamiento del año 1878 (Fuente: IGN).

La ermita y sus cofradías históricas.
El culto a la Virgen de las Angustias no se podría entender o no se hubiera podido conservar sin la creación de cofradías religiosas. Normalmente toda imagen sagrada suele estar ligada a una congregación que vela por el decoro en el culto y el fomento de la devoción de su titular hacia el que ofrece servicios litúrgicos como misas y funciones y que costea y organiza la festividad, todo siempre bajo la autoridad del párroco, que es a quien obedece como superior inmediato y responsable de su correcta actividad. Otra función de la cofradía era en estos tiempos la protección y asistencia a sus congregantes, quienes contribuían con una aportación fija al sostenimiento de la hermandad.
En torno a la Virgen de las Angustias o en relación muy directa con su culto tenemos noticias en Villaseca de la Sagra de dos hermandades importantes: la una por su antigüedad, que es la de la SANTA VERA CRUZ, la otra por su permanencia, que es la de NUESTRA SEÑORA DE LAS ANGUSTIAS.

De la cofradía de la Vera Cruz. Tenemos constancia de su existencia desde al menos hace 440 años, unos cuatro siglos de antigüedad. La Vera Cruz o Santa Vera Cruz es el culto remoto que daba la Iglesia a la simbólica y verdadera cruz donde Cristo fue crucificado y había dado su vida por nosotros en el acto de la Salvación, a partir de las innumerables reliquias del Lignum Crucis o leño sagrado, que se repartieron por tierras de España al menos desde el siglo XV.
    La cofradía de la Vera Cruz existía en Villaseca al menos desde 1560, en que hay constancia documental, organizada y ya presidida por dos mayordomos o hermanos mayores. Sabemos que entonces los cofrades no tenían un sitio donde reunirse si no era la propia iglesia parroquial ya que no existía la ermita que luego construyeron al poco tiempo, veinte años después, como se ha visto.     La cofradía se dice que era pobre por esos años, sin fondos propios y que celebraba el día de Jueves Santo una procesión de disciplinantes; por tanto, se trataba de una cofradía con fines penitenciales. Su justificación era la de hacer una estación de penitencia, es decir, una procesión portando en andas imágenes de la Pasión de Cristo.
    Veinte años después en que le son aprobadas por la autoridad arzobispal de Toledo, en 1584, sus estatutos para poder gobernarse como hermandad religiosa. Estas ordenanzas no se conservan en el archivo parroquial y por ahora no han aparecido tampoco en el Archivo Diocesano de Toledo, por lo que desconocemos los verdaderos cimientos y fines fundacionales de la institución. En estos años del último tercio del siglo XVI la cofradía llegó a construir su ermita y dentro se veneraban tres imágenes pasionistas de Cristo. La principal, Cristo muerto en el regazo de su Santa Madre (o Virgen de las Angustias, que entonces también era llamada la «Virgen del Río», por encontrarse la ermita en el camino que de Villaseca conduce a Aceca, sobre el Tajo). De la apariencia primitiva de esta sagrada imagen tampoco sabemos mucho. 
    Y no debemos olvidar que más antiguas son las tallas de los otros dos Cristos, si bien anónimas. El de la Flagelación o «de la columna» y el de la cruz a cuestas o «Nazareno». De los dos, el más antiguo e interesante es quizás el Cristo de la columna, por su figura semidesnuda y esbelta, tallada en torno a 1600, que tiene la misma edad que la talla del Cristo resucitado que hay en la iglesia parroquial. Los Cristos de la ermita de las Angustias fueron restaurados en Madrid en 1980.
    Lo cierto es que la ermita cobró celebridad en la comarca a raíz de los numerosos milagros que se producían por intercesión de su más devota imagen: la de Nuestra Señora de las Angustias. Así lo confirma la instrucción realizada para verificar estos hechos en 21 de octubre de 1624 el Arzobispo de Toledo el Cardenal Infante Don Fernando mandaba al cura párroco de Villaseca don Sebastián García del Águila que recogiese ante notario todos los testimonios de prodigios obrados por la 

«imagen de Nª. Sª. de las Angustias que está en una ermita fuera de la dicha villa la cual ha hecho y hace muchos milagros y la devoción de aquella villa y lugares de su comarca es muy grande y para que vaya en aumento la devoción de los vecinos y se sepan los milagros que ha hecho y se escriban en tablas en la ermita...» 

    Esta extraordinaria situación hizo que el Consejo de la Gobernación del Arzobispado autorizase la fundición de medallas y la publicación de cuantos milagros sucediesen por mediación de tan sagrada imagen de Nuestra Señora.
    No contamos con libros de la cofradía anteriores a 1699, por lo que nada conocemos de su actividad desde su creación ni a lo largo del siglo XVII. En 1689 la cofradía se vuelve a fundar y se renueva, contándose entre sus hermanos a don Manuel Francisco de Silva y Ribera, VI Marqués de Montemayor, y a su señora Doña Isabel de Cardona y Eril, con otros miembros de la Casa de Silva, señores de Villaseca de la Sagra. Desde ahora se abre un período próspero para la cofradía, que puede arreglar la ermita y encargar un retablo para la Virgen y los dos Cristos que ya estaban allí colocados por el año de 1705, gracias a un donativo que hizo por vía testamentaria el ilustre hijo de Villaseca don José de Ortega, del Consejo de S. M. en el Real de Indias. Un retablo que no ha llegado a nuestros días.
    La cofradía continuaría su andadura llevando en orden sus cuentas y celebrando periódicamente sus cabildos; pero sus caudales eran pobres pues sólo percibían unos alquileres de tierras, la contribución de los hermanos, el alquiler de hachones y otras limosnas que se dedican al servicio de la ermita y de la imagen. La cofradía aún mantenía cofrades en 1803, antes de la Guerra de la Independencia, y acabaría por desaparecer después de 1820. Esta es la breve historia de la Cofradía de la Vera Cruz, titular de la ermita en su primera época. 
Postal de Ntra. Sra. de las Angustias, Alcaldesa de la villa, dedicada por la cofradía en 1982 (Ed. L. Arribas-Toledo)

De la cofradía de Nuestra Señora de las Angustias
    La cofradía de la Vera Cruz es en origen la poseedora de las tres obras escultóricas mencionadas pero la primitiva de Nuestra Señora de las Angustias fue sustituida hacia 1729 por la actual y a la que nos referimos ya en nuestro artículo https://memoriadevillasecadelasagra.blogspot.com/2025/04/a-devocion-de-ntra-sra-de-las-angustias.html). A partir de aquí, coincidiendo o no con la presencia de esta nueva imagen, la cofradía de las Angustias se fundaría, en concreto, en 17 de agosto de 1729 cuando el Consejo de la Gobernación del Arzobispado de Toledo aprobó las Ordenanzas de la nueva cofradía. Como propósito principal era celebrar anualmente la festividad de la Natividad de la Virgen con vísperas, procesión y misa el 8 de septiembre. 
    Lo cierto es que la ermita se irá conociendo como «de las Angustias». Un libro del Archivo Parroquial nos revela que la cofradía de las Angustias desde 1783 se encargaba de restaurar las imágenes y renovar la ermita como se ha visto. La cofradía llevó una vida regular en el siglo XIX, y en torno a 1870 la cofradía reconocía en Nuestra Señora de las Angustias a la imagen milagrosa por la que los obispos de Toledo conceden indulgencias a quienes recen un Ave María o una Salve, a los que visitaren el santuario y a los que oyesen misa en su ermita o a los que acudiesen a las procesiones.
    Ambas hermandades tenían la ermita como su sede canónica y a la Virgen de las Angustias como su centro devocional. Y es que si observamos a la imagen de Nuestra Madre vemos que en ese grupo están reunidas las dos devociones: primero, el árbol de la Cruz que representa a la Vera Cruz, y, segundo, el grupo escultórico que es en sí la imagen de la Madre y el Hijo muerto en sus brazos, que es la devoción mariana de las Angustias.
    A finales del siglo XIX, en 24 de octubre de 1898 se tratará de reconstituir la cofradía y para ello se redactará un «Proyecto de constituciones para el establecimiento del Socorro Metálico en la Cofradía de Ntra. Sra. de las Angustias». La aprobación por el Cardenal Sancha y Hervás, Arzobispo de Toledo, se produjo en 1899 y en 1903 se imprimieron los estatutos que dieron nuevo impulso a la hermandad. 
    Y hasta hoy, en que la Hermandad sigue ofreciendo la función festiva del 8 de septiembre y procesionando en Semana Santa con su estación de penitencia, sacando a la calle sus tres valiosos pasos.
  

Fuentes documentales
    - Libro manuscrito del bachiller D. Gregorio Díaz [Villaseca de la Sagra, 1866]

Archivo Parroquial de Villaseca de la Sagra (APVS)
    - Libro Becerro de Fundaciones, 1735.
    - Libro de Limosnas de Nª Sª de las Angustias, 1772
    - Libro I Vera Cruz (1690-1724)
    - Libro II Vera Cruz (1760-1812)

Archivo Diocesano de Toledo (ADT)
Cofradías de Toledo:
    - Ordenanzas de Ntra. Sra. de las Angustias, 1729, Expediente 43

Archivo Histórico Provincial de Toledo (AHPT)
Sección Protocolos:
    - Pr. 7728, Cosme Correas.
    - Pr. 7777, Juan Carbajal.

Bibliografía
Díaz Fernández, Antonio J.: Villaseca de la Sagra: noticias de su historia.     Temas Toledanos, nº 74, IPIET, 1993.
Enlace para su consulta o descarga: 

Para más contenido sobre historia de Villaseca de la Sagra, visita en internet el siguiente enlace https://memoriadevillasecadelasagra.blogspot.com/

domingo, 26 de octubre de 2025

Campanarios y campanas de Villaseca de la Sagra.

CAMPANARIOS Y CAMPANAS DE 
VILLASECA DE LA SAGRA.

Grabado s. XVIII


Antonio J. Díaz F.
Historiador del Arte

Al tratar de campanas en los templos católicos estamos aludiendo a un aspecto sociocultural que se relaciona con la función comunicativa que tuvieron en tiempos pasados estos instrumentos acústicos. 
        A través de un sistema codificado de toques, cada uno con un significado preciso, el sistema de comunicación era interpretado sin apenas error no sólo por la colectividad de fieles sino por el resto de la comunidad y habitantes de una población.
La voz de las campanas era en sí mismo un lenguaje sonoro. Entre toques ordinarios y extraordinarios, los toques de campana ordenaban toda actividad humana y pautaban todos los acontecimientos de la vida. Aunque en esos tañidos predominaba su carácter de reglamento de obligaciones religiosas para con la Iglesia, era también un sistema imprescindible de señales dirigido a otros ámbitos civiles que lo reciben como una convención social aceptada plenamente. 
        Con el sonido metálico de la campana se regulaba tanto el curso de las celebraciones litúrgicas como otros muchos actos de la vida cotidiana. Se solían tocar en los ciclos festivos y el ciclo diario de la vida, principalmente el que cubría el largo tiempo del trabajo, de sol a sol.
Precisamente al toque de una campana solían reunirse los ayuntamientos para decidir y acordar sobre los asuntos del común, lo mismo que otras asambleas de vecinos o cabildos de cofradías anunciaban sus convocatorias y reuniones de igual modo, al son de campana.
En las parroquias eran los sacristanes los autorizados por su conocimiento y oficio los más indicados para saber del funcionamiento preciso de las campanas de sus iglesias. Esta era una de sus grandes destrezas y cualificaciones de su cargo, aunque otras personas pudieran manejarlas con igual habilidad y saber. 
La desaparición progresiva de los toques manuales de campanas en Villaseca de la Sagra es un hecho manifiesto y hoy los toques básicos están programados en pulsaciones electromagnéticas que accionan el golpe de un martillo, o simplemente, a través de grabaciones de audio que son amplificadas por altavoces. Se prescinde así del volteo y del accionamiento manual con cuerdas para el que estaban preparadas todas las campanas. 
Siempre al pie de la torre, por su interior, solían colgar esas sogas y cuerdas que movían en altura los badajos de las campanas fijas y evitaban tener que subir al cuerpo de campanas para tocarlas.
También las campanas se diferenciaban entre sí, pues unas eran propiamente para toque litúrgico y otras servían meramente para emitir señales rutinarias.
Pero también hay que considerar el valor musical y acústico de cada campana. Cada campana precisa de una afinación como cualquier instrumento musical para alcanzar la mejor sonoridad. Además, la ubicación de las campanas sigue la lógica acústica de situar siempre la de sonido más grave debajo de la más aguda y, por otra parte, colocar las campanas fijas por encima de las campanas de volteo, como suele ser normal.

Este patrimonio inmaterial que en algunas comunidades o pueblos se trata de resucitar y mantener en valor a través de asociaciones de campaneros y entidades culturales diversas que van cobrando un auge significativo para Villaseca se puede decir que actualmente es una práctica o costumbre totalmente perdida sin signos de recuperación. 

Son las ocho campanas existentes en los tres edificios religiosos de esta población las que por otra parte constituyen el patrimonio material conservado y un testimonio más de la riqueza histórica y artística de Villaseca. Y estas campanas deben ser consideradas bienes muebles de interés histórico como objetos de valor artístico al mismo nivel patrimonial que las esculturas o las pinturas que se guardan en esos mismos templos. Son obras en metal que hoy día tienen una dimensión cultural bastante apreciable.
Desde esta perspectiva pretendemos registrar y recopilar los datos pertinentes que singularizan las campanas que afortunadamente siguen colgadas de sus yugos de madera y en sus sitios originales desde hace unos pocos siglos en esta villa de Villaseca de la Sagra. 

Antes que nada, conviene saber que la fundición de campanas fue un duro oficio tradicional relacionado con las artes del fuego, es decir, que para moldear el metal y darle forma y timbre era preciso dominar las técnicas del trabajo metalúrgico. El fundidor debía determinar el perfil, el correspondiente diámetro de la boca y el grosor según el tipo de campana que hubiera de fabricar. Con ello, la campana adquiere el peso, siempre medido en arrobas, y el sonido convenientes. En el proceso y sobre un molde de ladrillo se hacían dos moldes de barro entre los cuales se vertía el bronce fundido a 1000º C, que una vez solidificado había de formar la campana propiamente dicha.
También nos puede ilustrar algo el conocer esquemáticamente las partes de una campana, según la imagen que a continuación mostramos.
Campana Villaseca de la Sagra. Del autor
Partes de una campana

Hay que puntualizar que toda campana antes de dar su primer sonido debía ser consagrada con un ritual establecido a base de bendiciones y unciones al instalarla en el campanario, como si de su bautizo se tratara. Cada una se personalizaba con la instrucción convenida previamente con el campanero para que en el taller dejara grabado el nombre que habría de llevar la campana, fuera el de la Virgen María, Cristo, un santo o una santa, seguido de la recurrente expresión en latín *ORA PRO NOBIS* (ora por nosotros). A ello se podría añadir una singular inscripción conmemorativa y, ocasionalmente, el nombre del artífice fundidor. Además, por norma, la cara exterior de la campana podía mostrar una cruz grabada. 
La campana debería convertirse en un instrumento litúrgico ungido y sacralizado con connotaciones de objeto laudatorio y protector, que sirviese a la vez para glorificar a Dios y para implorar el amparo frente a los peligros naturales. 
En toda parroquia había un repertorio de toques específicos. Unos para oración como el Angelus, y otros para las misas de diario, de fiesta, de vísperas o de domingo, repique de misas, repique en las procesiones, bodas, difuntos, entierros, novenarios, la festividad de la patrona. Pero también repiques de campanas para pretender alejar las tormentas, avisar del fuego, convocar rogativas, reunir al pueblo, etc. 
En varios de ellos se unía la técnica de bandear o voltear las campanas.

Aun así, para todo interesado en el mundo de las campanas es recomendable la visita a la página http://vozdebronce.blogspot.com/2019/07/introduccion-al-mundo-de-las-campanas.html

Campanas de la iglesia parroquial de Santa Leocadia.
Desde tiempo inmemorial, la iglesia parroquial de Villaseca de la Sagra está dedicada a Santa Leocadia, virgen y mártir toledana en la época de Diocleciano, emperador de los romanos, allá por el siglo IV de nuestra era. La primitiva iglesia fue reconstruida tras el saqueo e incendio de la villa en manos de los comuneros del obispo de Zamora Antonio de Acuña, en la jornada del 23 abril de 1521 contra don Juan de Silva y Ribera, capitán de la causa realista y señor de esta villa y de la de Villaluenga, resguardado en el castillo del Águila. 
Pero el templo que hoy contemplamos es una edificación enteramente nueva y hermosísima que se levantaría a partir de 1659, año del acto de la primera piedra, colocada en 10 de septiembre con la presencia del cura propio don Bernabé Díaz Carreño y el mayordomo Licenciado Pedro Martín de Ortega. Fue el gran arquitecto agustino Fray Lorenzo de San Nicolás quien proporcionó los planos por los que el maestro de obras Pedro Díaz Mejorada fue acometiendo la obra de las tres naves del cuerpo de iglesia y junto a ello elevando la torre campanario, situada precisamente a los pies, en el esquinazo noreste de la planta. 
La torre de nuestra iglesia parroquial es un prodigio de buena arquitectura, de estilo barroco, construida toda en ladrillo sobre un zócalo de sillares calizos y distribuida en tres cuerpos cúbicos coronados por el campanario alzado en un pedestal decorativo y cubierto por tejado a cuatro aguas. Lo más característico de ella, además de su robustez, es el juego de luces que proporcionan sus paños decorados con campos relievados según recogemos en nuestro estudio de 1989 que se puede consultar en https://www.realacademiatoledo.es/wp-content/uploads/2014/02/files_anales_0026_04.pdf

Torre parroquial. Villaseca de la Sagra. Autor
Torre barroca de la iglesia parroquial de 
Santa Leocadia, s. XVII. Villaseca de la Sagra.

Distinguiendo entre uno y otro edificio parroquial, contamos con el testimonio de que en la torre de la vieja iglesia desaparecida hubo dos campanas grandes según inventario de 1509, pero quizás la más antigua de que hay constancia documental en los libros del archivo de la iglesia parroquial es la que en 1513 se pagó a Juan Rubio campanero en Toledo, según la partida correspondiente del libro de fábrica. En 1522 la iglesia conservaba las dos campanas grandes y un esquilón en la primitiva torre apenas rehecha tras el paso devastador de los comuneros. Más adelante, en 1546, Juan de la Torre, campanero vecino de la merindad de Trasmiera (Cantabria) hizo una campana de 31 arrobas y 7 libras de peso (casi 370 kg). Y años antes de demolerse la vieja iglesia, todavía en 1633, se mandaba hacer una nueva campana al campanero de Toledo Juan Yuste quien la cobró en un pago final de 1.211 reales en 1635.
Estas campanas son las que se bajaron en 1652 de la torre vieja como consta del gasto de 17.826 maravedíes en “el derribo de la torre, bajar las campanas, de maestro y oficiales y peones”, colocándolas provisionalmente en un suelo de tablones de madera y yeso que se hizo en espera de comenzar las obras de la iglesia nueva.
Edificadas las tres naves o cuerpo de la iglesia, en 1686 se subían definitivamente las campanas “a la torre nueva”, con un gasto de 2.040 maravedíes, haciéndose un andamio o entablado interior para poder tocarlas. La subida hay que entenderla que se hizo desde el exterior de la torre, izando cada campana unida a su yugo de madera, a base de cuerdas y poleas y su fijación en el hueco determinado.
Con la iglesia completada con la cabecera en 1714, conocemos según inventario de 1726 que se registran tan sólo dos campanas grandes y un cimbalillo, quizás por haberse desechado alguna de las más viejas, lo que también era una práctica común la de poder aprovechar el metal de una campana vieja para fundirla y con ello hacer la nueva con un menor coste.
Las campanas existentes hoy en la iglesia no dejan duda de que se fueron renovando en su totalidad a partir de mediados del siglo XVIII, desapareciendo así cualquiera de las realizadas con anterioridad a 1750.
Actualmente en el campanario de la torre parroquial se hallan colgadas cuatro extraordinarias campanas de bronce que relacionamos del siguiente modo: 

  - Campana (1). En la cara de poniente de la torre. A más de media altura del vano izquierdo está colocado el campanillo, que data de 1787, con la escueta dedicación a la Sagrada Familia: "JESUS, JOSE Y MARIA".  
Se mantiene en su yugo de madera, quizás reacondicionado. Estaba anteriormente situada en el otro vano, si bien a menor altura y por debajo de la campana que a continuación describimos con el número (2).
Torre parroquial. Villaseca de la Sagra. Autor
Campana (1). Campanillo Jesús, José y María (1787).

- Campana (2). En esta misma cara de la torre y en el otro vano se acomoda una campana de grandes dimensiones cuya fecha y dedicatoria no son fáciles de comprobar, pese a que una inscripción en letras capitales recorre una cenefa superior en el tercio, pero cuya lectura resulta dificultosa debido a su altura, aunque parece leerse un fragmento de texto que dice: "...IHS .E. MARIA_*_ FRANCISC...". Mostrando en la cara exterior del cuerpo grabada una cruz de calvario. Es una campana fija que no ha conservado el badajo. Se compone de seis asas en su sujeción a través de los tirantes de hierro al yugo, yugo de tipo valenciano. La hemos denominado "campana de poniente" a falta de una identificación precisa todavía por hacer.
Torre parroquial. Villaseca de la Sagra. Autor
Campana (2). Campana de poniente (1756?).

- Campana (3). Al lado norte de la torre y en el medio punto de la izquierda, visto desde dentro, se halla la campana registrada documentalmente con fecha de 1828 y que lleva la siguiente inscripción en letras capitales tanto en el tercio como en el mediopie: 
"A ESPENSAS DE LA IGLESIA SIENDO CURA PPº DN. BRAULIO* Y MAYORDOMO DE FABRICA PASCUAL RUIZ POR EL MRO. DN. JUAN DE LA CUESTA Y SOBRINO". 
"DEDICADA A STA LEOCADIA VIRGEN Y MARTIR". 
El cura propio o párroco que la encargó fue don Braulio Ramírez y el mayordomo o sacristán mayor Pascual Ruiz, que lo era desde 1808. Ésta sí conserva el badajo original. Parece campana de volteo al mantener sobre el yugo el brazo o palanca de hierro que sería accionado por una cuerda. 
        Al estar dedicada a la titular de la iglesia podría considerarse la "campana grande".
Torre parroquial. Villaseca de la Sagra. Autor
Campana (3). Campana Santa Leocadia (1828).

- Campana (4). Al lado norte y en el medio punto derecho visto desde dentro del campanario se sitúa una campana fechada y con la leyenda grabada: 
"SE FIZO SIENDO CURA DON PIO GARCIA RUBIO Y Mº DE Fª BERNARDO XEREZ, ANNO 1779". "DEDICADA A STA. BARBARA". 
El cura era don Pío García Rubio y el mayordomo de fábrica o de la parroquia el vecino Bernardo Jerez, cuyos nombres quedaron así grabados para la posteridad. 
Es campana de volteo como lo declara el brazo de hierro sobre el yugo. No conserva el badajo. Muestra una curiosa decoración bajo la cenefa superior de la inscripción o tercio, y desde donde cuelgan a modo de guirnaldas decorativas en relieve, formadas por medallones decrecientes con estrellas grabadas en ellos.
Por su dedicación a Santa Bárbara, era la campana que solía hacerse repicar durante las tormentas o temporales.
Torre parroquial. Villaseca de la Sagra. Autor
Campana (4). Campana Santa Bárbara (1779).

Estas dos últimas campanas vistas en el lado norte son muy similares en sus dimensiones y ambas conservan los yugos originales de madera, también muy semejantes entre sí, pese a la diferencia de cincuenta años que hay entre la fabricación de una y otra. Aquí son yugos de tipo o perfil toledano.

Con los documentos en la mano y atendiendo a la sucesión cronológica que nos proporcionan las fechas de fabricación podemos identificar estas cuatro campanas de la parroquia, a falta de un estudio técnico más profundo que no corresponde por ahora.
Primero, la llamada campana de poniente (campana 2) bien pudiera ser la que se fundió en 1756 por cuenta de Francisco de Ygual, maestro campanero en Madrid, quien en una petición dirigida al Ayuntamiento de Villaseca en 19 de agosto de 1758 testimonia que "hizo una campana para la Yglesia, en el año pasado de mill settezºs. zinquentta y seis, la que colocó en su torre" y por lo cual exige el pago de 1.727 reales adeudados como resto del total ajustado. Se hizo para sustituir a la que estaba quebrada en la torre que se manda fundir. Realmente, esta campana fue contratada en 14 de mayo de 1756 con el campanero Igual ante el escribano de la villa, teniendo un peso de 21 arrobas (250 kg más o menos) y a satisfacción de las “vozes y eco de la mencionada campana”, recibiendo en pago la vieja inútil y un total de 2.590 reales, pagaderos en tres veces: 1.450 reales a la firma del contrato, otro importe cuando se trajese y colocase en la torre a fin de septiembre del mismo año y el último pago a fin de septiembre de 1757. Y corriendo por cuenta de la villa llevar la campana vieja a Madrid, al taller de Alejandro Gargollo, para fundirla y traer la nueva, con la garantía de que si en un año se quebrase, el fundidor habría de volver a hacerla a su costa, y se estipula que el mayordomo de la iglesia, José Díaz Jerez, haría la primera paga y la villa las dos restantes. 
        Otra escritura en Villaseca en 30 de octubre de 1765 es otorgada por el maestro campanero Alejandro Gargallo, allí presente, dando poder al teniente de cura don José Calvo del Cerro para que en su nombre le cobre los 663 reales y 11 maravedíes que todavía le deben del importe de la campana nueva. Lo que demuestra que a los artistas les costaba cobrar en los plazos previstos.
De fecha de 1788 es el recibo de 376 reales de Martín de Güemes, maestro campanero, autor del esquilón Jesús, José y María (campana 1), que costó 376 reales y que se hizo fundiendo el viejo campanillo. 
Igualmente, Francisco Antonio Mazorra de Pradillo fundió en 1799 la campana Santa Bárbara (campana 4) aprovechando el bronce de la vieja. 
Ya en el siglo XIX, la campana Santa Leocadia (campana 3) de 1828 se debe a los artífices La Cuesta cuyo nombre figura grabado. 

Campanas de la capilla del Hospital de San Bernardo.
Para el segundo de nuestros importantes edificios religiosos, la capilla del hospital de San Bernardo, queda estudiada la construcción en nuestro trabajo antes mencionado de 1989 "Obras del arquitecto fray Lorenzo de San Nicolás en Villaseca de la Sagra (Toledo)”.
Capilla Peligros. Villaseca de la Sagra. Autor
Fachada principal de la capilla de Ntra. Sra. de los Peligros, 
hospital de S. Bernardo. Villaseca de la Sagra.

Entre 1677 y 1680 parece que se realiza la ultimación de la obra consistente en ciertas obras de albañilería y revoques, empedrados, carpintería, cerrajería y rejería. Todos los trabajos son realizados en función de las tasaciones previas que ordena el Consejo de la Gobernación a Pedro González, maestro de las obras del arzobispado de Toledo. Así pues, si en septiembre de 1669 se dice la primera misa de consagración de la capilla, en 1678 se colocan las campanas y en 1697 se hace la traslación y depósito de los cuerpos de los fundadores en el panteón, tras el altar mayor de esta capilla.
Por tanto, a los nueve años de la apertura al culto de la iglesia de Nuestra Señora de los Peligros se debieron de colocar en la espadaña de su fachada principal las dos campanas y el cimbalillo o esquilón que allí aún permanecen, puesto que una de esas campanas lleva grabada la leyenda siguiente:
*AÑO 1678* S. BERNARDO ORA PRO NOBIS* 
*HICIERONSE ESTAS TRES CANPANAS SIENDO ADMINISTRADOR DE
ESTE HOSPITAL MIGUEL GARCIA PASTOR* 
Capilla Peligros. Villaseca de la Sagra. Autor
Espadaña de la capilla de Ntra. Sra. de los Peligros, s. XVII.
 Villaseca de la Sagra.

La espadaña presenta una composición armónica con el resto de la fachada barroca y acentúa su verticalidad. Se distribuye en un cuerpo principal de dos arcos de medio punto, con dos campanas, y un frontoncillo por remate donde se aloja el cimbalillo. Sus yugos siguen la tipología toledana de ejes para el volteo.
Desconocemos cuándo se contrataron estas campanas, pero un documento de pago, fechado en 10 de diciembre de 1678 en Toledo, es otorgado por Gregorio Barcia, maestro de fundir campanas y vecino de Madrid, al haber recibido 3.792 reales de mano del administrador por el metal y hechura de tres campanas, que pesaban 316 libras (casi 145 kg). 
        Miguel García Pastor, Notario Público de la Audiencia y Corte Arzobispal de Toledo, que ejercía la administración del Patronato de Legos del hospital, habría encargado años antes la fundición y pagado satisfactoriamente al campanero en nombre de la fundación y obra de la capilla de los Peligros estas tres campanas dedicadas al titular de su hospital, San Bernardo.
Capilla Peligros. Villaseca de la Sagra. Autor
Campana principal en su melena o yugo (1678). Capilla de Ntra. Sra. 
de los Peligros. Villaseca de la Sagra.

Campana de la ermita de Ntra. Sra. de las Angustias.
Para el tercer edificio religioso de Villaseca, la que empezó siendo ermita de la Vera Cruz, desde su construcción en 1584, y ya desde 1729, ermita de Ntra. Sra. de las Angustias, sólo consta de un sencillo campanario enteramente de ladrillo, más bien espadaña de un único medio punto entre dos pilastras y un frontoncillo triangular con su esquilón. Puede ser que se construyera en la segunda mitad del siglo XVII por su similitud con motivos decorativos vistos en los paramentos de la iglesia parroquial y capilla de la Virgen de los Peligros. No obstante, en las obras de 1978, la espadaña se derribó para volver a ser reconstruida más o menos como era en sus proporciones y detalle. ¡Menos mal!
En la visita eclesiástica ordinaria que se hace a la ermita y su cofradía en 1827 se revisan los gastos anotados de años anteriores y en los de 1825 se consigna el campanillo nuevo fundido por Francisco Mazorra de Pradillo y conducido desde Madrid “para subir el dicho campanillo a la torre de dicha Hermita”.
Hasta entonces servía un maltrecho campanillo que hubo de recomponerse antes de 1817 por el herrero Felipe Sánchez y que tal vez se aprovechara en la fundición del nuevo.
En efecto, el campanillo está sujeto a un sencillo y reseco yugo de madera, y en la cara exterior de su cuerpo muestra una cruz de calvario grabada con motivos florares y vegetales al pie, apreciándose la cenefa del tercio con inscripción que la recorre y en la que alcanzamos a ver solamente: "JESVS MARIA..."
Ermita Angustias. Villaseca de la Sagra. Autor
Campanillo de la ermita de Ntra. Sra. de las Angustias (1817). 
Villaseca de la Sagra.

De los campaneros que trabajaron en Villaseca, datos adicionales.
Sobre los artífices campaneros que dejaron su obra en Villaseca hemos recopilado algunas noticias en la bibliografía artística publicada, desde intervenciones en Toledo capital hasta otros trabajos documentados. 
Entre los primeros campaneros mencionados en trabajos para la parroquia de Villaseca, Juan de la Torre aparece en 1569 con obras en Salamanca y Galicia, según recoge la obra Campaneros de Cantabria. Y sobre el campanero Juan Yuste sabemos que por 1635 y 1637 estaba en Toledo donde había realizado para la catedral el cimbalillo o esquilón en el segundo cuerpo de la torre, con nombre del Angel, como se recoge en el libro Toledo en la mano.
El campanero Gregorio Barcia, aunque madrileño, trabajó para iglesias de Toledo. En 1674 hizo una campana nueva para la de San Andrés, en 1675 fundió en el Carmen Calzado la campana grande y el esquilón llamado del Socorro para Santa Justa y Rufina, y ya en 1692 hizo una campana para el convento de la Vida Pobre, según apunta en el libro Catálogo de artífices de Toledo. De 1678 datarían las tres campanas del hospital de San Bernardo de Villaseca de la Sagra. Además, trabajó para la catedral de Toledo, e instalada en el segundo cuerpo de la torre, la campana San Sebastián tiene grabado el nombre del fundidor Gregorio Barcia y el año 1681, quien también fundió la otra compañera, la del Santo, en 1682, bajo la prelatura del arzobispo cardenal Portocarrero, según recoge el historiador Parro.
De Francisco Ygual Gargollo, fundidor de campanas, hay noticia de que, en compañía de Antonio Igual, su hermano, hizo dos campanas junto a Alejandro Gargollo, que sólo hizo una, para la torre de la iglesia de San Nicolás de Toledo, instaladas en 1730; y también fabricó una campana nueva para la iglesia de San Cipriano de Toledo. 
Además, Alejandro Gargollo Foncueva (1706-1770), nacido en Arnuero, se halla trabajando en Toledo ya en 1730 con sus dos socios y abrirán taller en Madrid, donde funde una campana para la iglesia de San Sebastián y dos para la ermita de Ntra. Sra. de Gracia; luego otra para la parroquial de Colmenar de Oreja. Ha quedado como gran hito de Gargollo el haber fundido en 1753-1755 la campana de la catedral que lleva el nombre de San Eugenio, según Parro. Es decir, es quien fabricó la famosa Campana Gorda, de más de 7.500 kg de peso, que se instaló en la torre catedralicia pero que se quebró en su primer toque.
Respecto a la campana documentada para Villaseca se demuestra que los campaneros Igual y Gargollo eran compañeros o socios de fundición y tenían su taller en Madrid. Lo que se explica porque eran de origen cántabro, vecinos de Arnuero.
Martín de Güemes (o Huemes) Ballenilla figura como fundidor de campanas vecino de Madrid cuando refundió una campana para San Justo y Pastor de Toledo en 1776, y en 1786 hizo un campanillo o esquilón para la torre de San Cipriano. En 1783 fundió una campana para la catedral de Sigüenza, de nombre La Mayor. Se trata igualmente de un campanero de procedencia cántabra, también de Arnuero, que trabajó en pueblos de Madrid y Toledo, y en obras de fábricas reales, muriendo en Madrid en 1793, según la Enciclopedia de maestros fundidores de campanas de Cantabria. En 1788 hizo el cimbalillo de la parroquia de Villaseca de la Sagra. 
De Francisco Mazorra de Pradillo se sabe que era fundidor de campanas vecino de Fuensalida cuando en 1794 hizo una campana nueva para la torre de San Justo y Pastor, y en 1802 el esquilón de la parroquia de Santo Tomé, y otros trabajos para San Nicolás, todos en la ciudad de Toledo, según Ramírez de Arellano. Aparece en el diccionario de artistas cántabros por ser originario su apellido del Valle de Carriedo. En 1820 hizo un campanillo para la torre de Quismondo. Cuando en 1827 realiza el campanillo para la ermita de Villaseca, se dice que se trae desde Madrid, lo que indica su posible cambio de vecindad. Seguidamente en 1828 se le encarga la campana Santa Leocadia de la parroquia villasecana.
De Juan de la Cuesta, probablemente Juan de la Cuesta Gargollo, natural de Bareyo, sabemos fue un artífice que en los últimos años de su vida trabajó en el arzobispado de Toledo como lo recoge la Enciclopedia de fundidores cántabros. Puede ser el mismo que realizara en 1771 una campana para la parroquial de Jorquera (Albacete) según confirma Sánchez Ferrer. Para Villaseca trabajó en 1828 asociado a un sobrino suyo, cuyo nombre no hemos podido identificar. 
    
    Con esto concluimos un estudio que estaba por hacer respecto a estos instrumentos acústicos llamados campanas, todavía presentes en los tres campanarios de nuestra villa.

FUENTES CONSULTADAS.
Archivo Parroquial de Villaseca de la Sagra -APVS-
Libro I Fábrica (1515-1551)
Libro II Fábrica (1552-1597) 
Libro III Fábrica (1600-1674)
Libro IV Fábrica (1677-1726) 
Libro V Fábrica (1728-1774)
Libro VI Fábrica (1777-1852),
Libro de las limosnas de Nª Sª de las Angustias de Villaseca de la Sagra. Año 1772
Archivo Municipal de Villaseca de la Sagra -AMVS- 
Legajo: Varios del s. XVIII, (1760-1799)
Archivo Histórico Provincial de Toledo -AHPT-
Protocolo 7831 (año 1756) 74-75v
Protocolo 7833 (año 1765) 217-218
Protocolo 328, 954-954v

Bibliografía
ESCALLADA GONZÁLEZ, L. y ARNÁIZ DE GUEZALA, J.: Enciclopedia de maestros fundidores de campanas de Cantabria, Santander, 2024, t. IV.
PARRO, SIXTO R.: Toledo en la mano, Toledo, 1857, t. I.
PELLÓN GÓMEZ DE RUEDA, Adela Mª: Campaneros de Cantabria. Santander: Centro de Estudios Montañeses, 2000.
RAMÍREZ DE ARELLANO, R.: Catálogo de artífices de Toledo. IPIET, Toledo, 2002.
SÁNCHEZ FERRER, José: “Addenda al libro Antiguas campanas de torre de la provincia de Albacete”, Al-Basit, 47, 2003.