sábado, 11 de julio de 2026

Virgen del Carmen, una devoción y una valiosa imagen para Villaseca de la Sagra

 VIRGEN DEL CARMEN, UNA DEVOCION 
Y UNA VALIOSA IMAGEN PARA 
VILLASECA DE LA SAGRA
Escudo Carmelo. Villaseca de la Sagra
Antonio José Díaz Fernández
Historiador

              
 En anteriores entradas de este blog venimos tratando ciertas devociones marianas en el ámbito parroquial y religioso de Villaseca de la Sagra (Virgen de las Angustias, Virgen de las Mercedes, Inmaculada Concepción, Virgen de los Peligros ...), que se han perpetuado a través de imágenes artísticas de gran valor. Para continuar haciendo memoria de ellas, ahora nos corresponde hablar de la historia de la imagen de NUESTRA SEÑORA DEL CARMEN, cuyo día de celebración es el 16 de julio de todos los años. Y Villaseca lo celebra actualmente con devoción y especial fervor, con función de misa, procesión sobre carroza (que tiene por trono de la imagen una típica barca), fuegos artificiales, el tradicional refresco y la rifa final, sin prescindir de la música para la solemnidad y el jolgorio.

La orden carmelitana de Santa Teresa.
              Para comprender históricamente la fuerte devoción que en España se tiene por la Virgen del Carmen, sobre todo en los lugares de mar, como patrona de navegantes y pescadores, es obvio que no se puede dejar de mencionar la autoridad extraordinaria que, a finales del siglo XVI y en tiempos de Felipe II, tuvieron dos grandes figuras del misticismo español, dos protagonistas religiosos que profesaban en la orden del Carmelo, Teresa de Cepeda y Ahumada (†1582) y Juan de Yepes (†1591). Ella, proclamada santa en 1622 por el Papa Gregorio XV; él, beatificado en 1675 por el Papa Clemente X. Ambos, nombrados posteriormente Doctores de la Iglesia. Dedicaron su vocación a la reforma de la vida conventual y, en cierto modo, fueron los fundadores de la Orden del Carmen Descalzo (OCD), frente a sus hermanos de religión, los Padres Calzados o de la Observancia, menos exigentes con la antigua regla carmelita fundada en los siglos XII-XIII por aquellos eremitas que seguían el ejemplo del bíblico profeta Elías en el Monte Carmelo de Jerusalén, considerado el gran inspirador de la primitiva regla que era la que trataba de reavivar la reforma descalza o teresiana de finales del siglo XVI (para más información histórica véase el siguiente enlace 
https://www.carmelitaniscalzi.com/es/quienes-somos/historia/ ).
            En vida, Santa Teresa de Ávila fundó diecisiete monasterios de clausura para mujeres dedicadas a la oración y la contemplación y, entre ellos, el de Toledo, la quinta de sus célebres fundaciones (1569). Por su parte, San Juan de la Cruz consiguió levantar quince conventos para sus frailes reformados después del primero fundado en Duruelo en 1568.
Santa Tere3a. Juan Pascual de Mena
Santa Teresa de Ávila, obra de Juan Pascual de Mena (1754). Iglesia parroquial de San Nicolás de Bari, Bilbao. (Foto: https://www.retablosdebizkaia.com/bilbao-conjunto-de-retablos-de-san-nicolas-de-bari/retablo-lateral-de-san-lazaro/)
 
              Los frailes carmelitas descalzos, frailes mendicantes que también fueron notables predicadores que solían recorrer pueblos y ciudades enseñando a los parroquianos su visión espiritual desde los púlpitos de las iglesias. Sería preferente para ellos tratar de extender el culto y veneración a la Virgen del Carmen como patrona de su orden religiosa y el carisma religioso de llevar el escapulario carmelita.
              El hábito que adoptaron era la túnica marrón (que decían era la que había vestido la Virgen) y un manto blanco, significando la pureza de María.
              El escudo carmelitano usado por los descalzos es bien conocido y en el que se representa simbólicamente el Monte Carmelo donde primitivamente nació la orden, con la cruz centrada que es la de la reforma y alude a Jesucristo, las dos estrellas oscuras representando a los santos profetas Elías y su discípulo Eliseo y la estrella blanca sobre la base del monte simbolizando a la Virgen, protectora y guía de la orden. En el caso de la imagen villasecana el escudo no desarrolla la citada cruz.
 
Cofradía de Ntra. Sra. del Carmen de Villaseca de la Sagra.
                Puesto que a finales del siglo XVI no se menciona la existencia de esta cofradía, hemos de suponer que con cierta prontitud se debió de fundar en Villaseca con la advocación de Nuestra Señora del Carmen una esclavitud o hermandad, en torno a la primera mitad del siglo XVII, y a consecuencia de los procesos de beatificación y canonización de la santa abulense y el auge de su reforma. Pero esto no podemos comprobarlo porque cualquier indagación en los documentos de la iglesia parroquial, particularmente en los libros de cofradías, resulta infructuosa ya que el libro más antiguo que tenía esta hermandad se iniciaba en el año de 1739 y acababa en el de 1753, lamentando no haberse conservado en su archivo. El libro que afortunadamente sí ha llegado a nuestros días es el que abarca desde 1766 a 1913. Esto quiere decir que la andadura de la cofradía sólo se puede constatar documentalmente desde la segunda mitad del siglo XVIII en adelante. Carecemos de todo lo relativo al siglo XVII.
                Es en este momento tan avanzado solo se puede considerar una refundación o al menos una regularización de la cofradía al presentar entonces nuevas ordenanzas, las cuales se aprobaron por la autoridad arzobispal en 27 de noviembre de 1766, recogidas en el mismo libro y cuya copia también se conserva en el Archivo Histórico Diocesano de Toledo. El citado libro, encuadernado y foliado, se inicia exactamente en la cuenta tomada a José Higuera Ortega, hermano mayor que fue desde octubre de 1762 a diciembre de 1763. La cofradía cumplía no solo unos fines religiosos o espirituales, sino que procuraba mínimas atenciones sociales y asistenciales a hermanos y hermanas, como era común en otras congregaciones, siempre con cortos ingresos.
                También era costumbre que durante su existencia las cofradías recibiesen por donación particular algún que otro bien inmueble (casas o tierras) para con el producto de su arrendamiento poder sostenerse regularmente. Hemos comprobado que así ocurrió con la memoria testamentaria de Ana Benito Martín que había legado a perpetuidad una casa a la cofradía para que con parte de su renta contribuir "al adorno de dicha santa imagen". Esto debió ser posteriormente a 1750. Lo cierto es que las medidas desamortizadoras de bienes de hospitales, cofradías y hermandades decretadas en la Real Orden de 1798 acabaron por descapitalizar a estas instituciones obligando a enajenar sus bienes en pública subasta. En obediencia a la ley, el 30 de diciembre se pujó, en valor de 4.430 reales y según tasación del maestro de obras Valentín Alonso, la casa que poseía la cofradía, que es la "que está en la plaza pública de esta dicha villa donde cae su puerta principal, y alinda por levante y norte con casa que fue de Pedro Alonso y hoy de sus sobrinos Francisco y José Díaz Alonso, y al mediodía con la calle que divide los dos barrios de Arriba y Abajo de esta población y enfronta por el mismo aire con la casa que posee Esteban Jerez...". La compraventa la realizó Juan Ramón Rivero, sacristán mayor de la parroquia, como administrador hasta la fecha de dicha memoria, en favor del comprador don Manuel Marzo, de esta vecindad, con la entrega en mano de 2.200 reales más el pago de la liquidación de los réditos atrasados de la memoria y del tributo de tres cuartillos de gallinas adeudado por derecho señorial al Estado de Montemayor.
                Es fácil localizar el sitio que ocupó esta antigua casa del Carmen en el plano urbano actual pues por las indicaciones se corresponde con el suelo del antiguo salón de baile (luego local bancario, hoy cerrado) que hace esquina con la plaza mayor y con el inicio de la actual calle Dr. Fleming, antes conocida como calle del Caño, que dividía efectivamente el pueblo en dos barriadas bien diferenciadas antiguamente, a norte y sur.
                Aprovechando la información, haciendo un inciso, cabe decir que el referido vecino de la casa lindera, el mencionado Pedro Alonso [Palomeque], fue cirujano de la villa y Reales Bosques de S. M. en Aranjuez, quien, al permanecer soltero, dejó como herederos a sus dos sobrinos en testamento de 1792; uno de los cuales, el José Díaz Alonso es el conocido constructor, padre de la celebrada María Díaz que hospedó a don Jorgito el Inglés en Madrid. Sobre esta notable villasecana, véase reseña reciente en mi blog https://memoriadevillasecadelasagra.blogspot.com/2026/06/george-borrow-el-ingles-que-visito.html
Plano urbano. Villaseca de la Sagra
Plano acotado del centro urbano de Villaseca y lugar de la 
antigua casa propiedad de la cofradía del Carmen.
 
                En 1770 la información municipal sobre cofradías de Villaseca facilitada a la Intendencia de la Provincia de Toledo cita entre las varias existentes a la del Carmen (que se dice aprobadas sus constituciones en 1766) con unos gastos anuales de 318 reales y nulas rentas. Así se refleja en el expediente de remisión de Alberto de Suelves, Intendente de la provincia de Toledo al conde de Aranda sobre el estado de las congregaciones, cofradías y hermandades en los pueblos de Toledo, conservado en el fondo Consejos del Archivo Histórico Nacional.
                Sin embargo, la cofradía no está registrada por el ayuntamiento en 1820 entre las aprobadas por la autoridad eclesiástica y, desde luego, fue una de las que siguieron activas durante todo el siglo XIX, como lo demuestran los datos que consignan las listas de hermanos de 1817, 1861, 1868 y 1873, la rendición de cuentas en 1832 y los regulares cabildos, como el último de 23 de julio de 1913 en el que se propone su reconstitución ya en los albores del siglo pasado y año en que cierra el citado libro de la cofradía, guardado en el archivo parroquial.
                Como una curiosidad más, unos testimonios contemporáneos de esos primeros años del siglo XX señalan la fiesta estival del Carmen como un acontecimiento regido por su cofradía tras el esfuerzo personal del señor alcalde y el cura párroco, en la restitución de la misma. Así lo recoge en 1914 el diario de información El Eco Toledano, donde en el número del 17 de julio el corresponsal de turno escribe la crónica de la festividad con estas cumplidas palabras que no dudamos en reproducir tal cual aparecieron publicadas:

Recorte El Eco Toledano 1914
Fiestas en Villaseca (Recorte de prensa El Eco Toledano, 17/7/1914).

                Lo mismo sucedería en 1916, según el número de 18 de julio de El Eco Toledano, donde el firmante M.S. (Manuel Santos) dice que en este año como en los anteriores estuvieron "muy animadísimas las festividades de la Virgen Carmelitana", bien organizadas por su "directorio que presiden D. Francisco García y D. Julián Alonso", con una banda de música local dirigida por D. Gabriel Martín y Santiago Calderón "veteranos en estas lides y aficionados...", amenizando la función con un nutrido repertorio; y una agradecida "oratoria sagrada y no política" del cura D. Teófilo González Alonso. Citando los actos y concluyendo seguidamente:

"Fuegos de artificio, bailes públicos, ofertorio, rifa, misa, procesión..., lo de todos los pueblos, pero con mucho orden y respecto. 
Y el público..., contando los días que restan para las otras funciones, la chica y la grande, en las que se derrocha más dinero y alegría" 
 
           
Capilla del Carmen en la iglesia parroquial y su ornato.
                Dada su importancia, la cofradía del Carmen poseyó un lugar privilegiado dentro de la iglesia nueva, favorecida en el ordenamiento de altares que se fue haciendo desde finales del siglo XVII. Se trata de la capilla situada a los pies de la nave de la Epístola, convertida en un espacio independiente o semicerrado cuyo ingreso se hacía únicamente desde la nave lateral. Esta capilla se configura en planta cuadrada de cierta autonomía por cuanto el arquitecto Fray Lorenzo de San Nicolás la dotó de elementos propios que requieren la atención visual. El alzado interior se construye con pilastras acodadas en los ángulos, de orden dórico, una línea de imposta a modo de cornisilla moldurada sustituye al entablamento canónico. Sobre ella se voltean los cuatro arcos de medio punto que secan en cuadro la bóveda llamada baída y formando en los lunetos tres paños termales o verticales. En los testeros se abren arcos de medio punto más bajos (excepto el lado oeste que no rebaja el arco y el del sur forma nicho como para altar; el este comunica con la nave de la iglesia y el norte está abierto hoy al sotocoro). La luz en esta capilla tenía solo paso por la ventana del lado sur y nunca tuvo ventana por la fachada occidental, que era ciega, pues, de hecho, el retablo fingido se ha roto para abrirla. La capilla requería una semipenumbra para facilitar el recogimiento de los fieles, que es lo que se buscaba en estos templos. Actualmente, en ella se ha situado la pila bautismal y se ha olvidado su dedicación primitiva, una vez que la imagen titular se ha trasladado a un retablo de fabricación nueva en la nave izquierda o del Evangelio.
                Lo que está comprobado en los documentos es que la Virgen del Carmen y la Virgen del Rosario (culto ya bastante arraigado y más antiguo en la vecindad) se disputaron a través de sus respectivas cofradías la posesión de esta capilla tan bien acomodada en la nueva fábrica del templo. Perfectamente construidas las naves y torre de la iglesia ya en 1695, se ofrecía una capilla cuadrada y cerrada en el último tramo a los pies de la nave de la Epístola, contigua al sotocoro. Pues bien, se planteó la posibilidad de que la ocupara por su antigüedad Nuestra Señora del Rosario y porque en ese lado siempre había mantenido su altar. Así que se ordenó hacer un primer retablo para la Virgen del Rosario en agosto de 1695, que no se llegó a realizar porque el celo personal del presbítero licenciado don Alonso Aparicio, natural de la villa, le llevó a construir de su peculio capilla independiente para el Rosario (hoy de San José), dejando libre a la cofradía del Carmen para entrar en la citada capilla de los pies y establecer allí altar y culto exclusivo a Nuestra Señora del Monte Carmelo.
Planta iglesia. Villaseca de la Sagra
Planta original de la iglesia parroquial de Santa Leocadia, con la 
capilla del Carmen en la nave de la Epístola.
 
                Por lo que consta en el único libro conservado de la cofradía del Carmen, ésta desplegó también su programa de obras de decoro al compás de la iniciativa de otras cofradías que igualmente empezaron a dotar de suntuosos retablos barrocos el templo una vez terminado en su totalidad en 1714.
                Primeramente, la capilla de Nuestra Señora del Carmen, al constituirse en espacio propio, fue lugar para depositar la imagen principal que poseía la cofradía desde muchos años atrás, objeto valioso del que luego se hablará. No obstante, la cofradía decidió dotar a todo el ámbito de un particular embellecimiento que ensalzara los valores de la devoción carmelitana, recubriendo de pinturas sus superficies. 
                El ciclo pictórico desarrollado en sus muros y bóveda ya lo examinamos en nuestra entrada en el blog, donde se puede consultar por extenso en https://memoriadevillasecadelasagra.blogspot.com/2024/07/pinturas-murales-en-la-iglesia.html.
                Como exponíamos allí, el programa iconográfico y decorativo recoge primero contra el muro occidental una representación de retablo simulado de aspecto churrigueresco con dos columnas salomónicas donde estaría la imagen titular sobre su mesa de altar presidiendo la pequeña capilla. Como se ha dicho, la apertura de un vano que era ciego ha terminado por destruir la parte central que servía de respaldo a la imagen simulando una hornacina color celeste bajo dosel o cortinaje granate. Los muros se decoran con patrones que imitan telas o papeles pintados procurando cubrirlo todo de forma repetitiva. 
                Historias del repertorio carmelitano completan en técnica de trampantojo el decorado alto con medallones marianos que simulan estar colgados y más arriba escenas pintadas reconocibles, más otros motivos meramente decorativos.

Capilla Carmen. Villaseca de la Sagra
Restos pictóricos del retablo fingido de la capilla que fue de Ntra. Sra. del Carmen. Iglesia parroquial de Santa Leocadia. (Foto del autor)
 
                En altura, la bóveda en forma de platillo recibiría, en forzada perspectiva arquitectónica y abigarrada composición, el tema central de exaltación o apoteosis donde la Virgen del Carmen con el Niño, rodeados de querubines en gloria y ángeles músicos, entregan los escapularios de la Orden a Santa Teresa de Jesús y a San Juan de la Cruz, los reformadores y fundadores del Carmen descalzo vestidos con el hábito de rigor. Puede datarse todo el conjunto pictórico, de regular calidad artística, en las dos primeras décadas del siglo XVIII, pero dotado de una gran intencionalidad didáctica y devocional en honor de la Virgen del Carmen.
Capilla Carmen. Villaseca de la Sagra
Bóveda pintada al fresco en la capilla que fue de Ntra. Sra. del Carmen.
 Iglesia parroquial de Santa Leocadia. (Foto del autor)
 
                Quizás aquel retablo fingido rematado por el escudo del Carmelo, que hoy se puede apreciar en parte tras su reciente recuperación, no fue lo suficientemente bello para el sentir piadoso de los cofrades, por lo que a través de limosnas quisieron dotar a la venerada imagen de un retablo nuevo, esta vez, realizado en madera sobredorada, encargado al escultor toledano José Pérez Blanco, según escritura de contrato fechada en Villaseca el 20 de marzo de 1734. Concertaron la obra don Roque de la Plaza Serrano, teniente de cura de Santa Leocadia, y los hermanos de la congregación Bartolomé del Cerro y Juan Santos Magán con el maestro escultor para hacer "un retablo de madera en blanco para colocar en él a la Imagen de Nra. Sra. del Carmen que se venera en su capilla en dicha iglesia", siguiendo el diseño, la planta y pitipié (o escala) que estaba firmado de su mano y de los tracistas Francisco Moreno y José de la Sierra, maestros en el arte de escultura en la ciudad de Toledo. Se condicionaba al artista a entregarlo acabado y asentado para San Miguel de septiembre de ese mismo año, por un precio de 3.500 reales de vellón. El retablo fue dañado en 1936 y sus restos desaparecidos definitivamente en 1972. Con los pocos datos disponibles podemos suponer que su estilo era de aquel barroco churrigueresco, articulado por estípites, no columnas, de abundante talla y presumiblemente dorado, aunque no tenemos constancia documental del contrato que se hiciera con algún dorador.
                Entre abril de 1769 y abril del siguiente año las cuentas señalan nuevos encargos en el aderezo de la capilla como los 600 reales que costó la mesa de madera "tallada a la romana" (al estilo de moda) para el altar de Nuestra Señora, realizada por el maestro tallista Vicente Suñer (artista que ya había hecho varios trabajos en la villa). Del mismo modo, el dorador toledano Juan de Villarrubia se encargó de dorarla por 440 reales.
                La imagen tuvo recompuesta y limpia su antigua corona en 1799, por mano  de Gabriel Martínez, platero toledano, en 60 reales. En 1802, Manuel García Lumbreras se encargó como maestro hojalatero de la compostura de la vidriera que había en la única ventana de la capilla, la de mediodía. Y en 1805 la cofradía luciría nuevo estandarte, bordado por el maestro toledano Juan Bello, según los gastos en el libro de la cofradía.
                Como se ha visto, el elenco de artistas al que recurre normalmente la cofradía es preferentemente toledano, lo mismo debió ocurrir con las pinturas murales, hasta ahora anónimas.
 
La belleza de una imagen para el culto.
                Sin duda, la imagen de Nuestra Señora del Carmen que se venera en la iglesia parroquial de Villaseca de la Sagra cumple con todos los parámetros formales y culturales de toda obra de arte. Cuando en 1990 realizábamos el Inventario de Bienes Muebles de la Iglesia Católica, advertimos la calidad artística de esta imagen que describimos entonces como una talla en madera, de bulto redondo, policromada y encarnada. De estilo barroco, pero de fecha imprecisa, en torno a 1650, y de autor desconocido. Y por demás, no documentada. Su altura es de 132 cm más 21 cm de la peana.
                Para nuestra decepción nos encontramos que la primera mención a esta imagen aparece en el inventario parroquial de 1708, en el que se nos advierte de la existencia de altar e imagen de Nuestra Señora del Carmen con el Niño en su capilla, donde también se hallaba la talla del santo trinitario San Juan de Mata, hoy conservada en la capilla de San José. Esta fecha nos induciría a pensar que estamos ante una talla ya de finales del siglo XVII, si atendemos igualmente al momento de posesión de la capilla. Desde luego que del estudio de las características y estilo artístico que manifiesta la escultura habría que situarla al menos cincuenta años atrás de esa fecha. A veces, la documentación no viene a confirmar lo que nos evidencia el análisis histórico-artístico de la obra en sí.
                Su aspecto de figura reposada y aplomada, de clásica presencia, junto al trabajo de los pliegues y el diseño y técnica de la policromía definen a una imagen cercana a los postulados de la escultura castellana de mediados del siglo XVII, concretamente dentro de la influencia de la que podríamos llamar la escuela madrileña y afín al taller del artista Manuel Pereira, gran escultor del momento.
                La imagen se restauró con anterioridad a 2020. Ya se hizo después de la Guerra Civil y luego en 1987 por el restaurador de Toledo Luciano Gutiérrez, afectando sobre todo a la policromía, encarnaciones y al dibujo de los rasgos.
Virgen del Carmen. Villaseca de la Sagra
Ntra. Sra. del Carmen con el Niño, talla policromada, s. XVII. 
Iglesia parroquial de Santa Leocadia. (Foto del autor)
 
                La imagen se nos presenta en actitud casi frontal sosteniendo sobre su mano izquierda al Niño Jesús. Se asienta sobre una rica peana jaspeada y con molduras de talla doradas, donde luce el escudo carmelitano sobre cartela central tallada en sus caras. Sus ropajes dan sensación de peso y se doblan al chocar contra el suelo. Estos pliegues son rectos y quebrados en sus aristas, sin apenas vuelos.
                La figura se apoya sobre la pierna izquierda retrasada mientras adelanta y flexiona levemente la derecha, insinuada bajo el hábito. Los brazos rompen el plano al avanzar hacia adelante: el derecho lo hace a media altura, descubriendo la túnica ceñida al cuerpo, y el izquierdo articula la mano para que en ella se pose el Niño, que ha de estar girado más bien hacia el fiel. De bella factura es el pelo de la imagen, negro y ensortijado, con tirabuzones que caen simétricamente sobre los hombros, pero con mayor adorno derramados por la espalda resaltando sobre la capa blanca y dorada. Su rostro redondeado es de rasgos faciales menudos con nariz afilada, boca y barbilla pequeñas, pero de ojos muy abiertos y expresivos y mirada sostenida.
                La figura del Niño es en sí una diminuta talla desnuda, de aire risueño, pelo abundoso, no exenta de cierto movimiento y en actitud de bendecir.
                En cuanto a su iconografía o forma de ser representada, la Virgen del Carmen obedece a la caracterización establecida por la Iglesia y el Arte. Si nos detenemos en contemplar esta imagen en algunos detalles observamos que luce una vestimenta, en este caso el hábito carmelitano, de rico estofado a base de motivos vegetales que imitan telas de elegantes rameados bordados. El manto se prende con broche sobre el pecho y cae a los lados de la figura recogiéndose la punta derecha bajo el brazo izquierdo con alfileres fingidos, haciendo que los bordes se coloquen en ondulación diagonal. En el manto se emplean técnicas barrocas de rajado para descubrir el oro y punta de pincel jugando sutilmente con el fondo blanco. La túnica lo hace con la misma técnica, pero dibujando el dorado sobre negro. En el escapulario o tela delantal el motivo sigue un esquema simétrico en punteado a base de picado. La túnica se dobla sobre los pies, calzados con zapatos, imitando efectos del natural en su caída.
Virgen del Carmen. Villaseca de la Sagra
Ntra. Sra. del Carmen, detalle de la disposición y 
forma del típico cabello acaracolado. (Foto del autor)
 
              Como complemento ornamental y significativa alusión a su condición de imagen sagrada, la corona que adorna la cabeza de la imagen, sin ser tan espectacular como las de la Virgen de las Mercedes o de la Inmaculada Concepción de esta misma iglesia, no deja de tener un valor adecuado a su momento, la primera mitad del siglo XVII, contemporánea de la propia imagen, con 12,5 cm de diámetro en su aro. Es una pieza de plata sobredorada, trabajada en fundición, repujado y pedrería. Es de autor desconocido y sin marcas que revelen la procedencia del taller o de su autoría. Esta obre de orfebrería responde al estilo barroco. La describimos como corona de tipo imperial. La parte inferior consta de un aro con piedras en cabujones y sobre éste se desarrolla una más tupida decoración, construyéndose el globo por ocho cintas repujadas que culminan en una crucecilla. Predominan los motivos vegetales, hojarasca, cartelas, puntas de diamante y piedras engastadas. No nos ha sido posible documentarla, por lo que desconocemos al platero que la labró.
              Por su parte, la pequeña corona que porta la imagen del Niño Jesús, reducida a 7,5 cm de diámetro, es también, en menor escala, de plata sobredorada con las mismas técnicas y motivos que la de la Madre, cerrada por cuatro cintas que se unen en la crucecilla cimera.
Virgen del Carmen. Villaseca de la Sagra
Ntra. Sra. del Carmen con el Niño, tallas coronadas. (Foto del autor)
 
              Para finalizar, la pretensión de estas breves notas no es otra que ir desgranando el rico patrimonio artístico de carácter religioso de la iglesia parroquial de Villaseca de la Sagra. A la vez que la imagen de Nuestra Señora del Carmen contiene en su materialidad un significado religioso y es un objeto de culto, también tiene un valor artístico por tratarse de un objeto cultural trasmitido por quienes nos precedieron y que nos obliga a guardar la memoria del pasado y de los villasecanos y villasecanas que han ido construyendo nuestra historia.
 
 
BIBLIOGRAFÍA
- Díaz Fernández, A. J.: Villaseca de la Sagra: noticias de su historia. Instituto Provincial de Estudios Toledanos, Serie Temas Toledanos, nº 74, 1993. Consulta en 
- Fr. Matías del Niño Jesús (OCD): «Los fundadores del Carmen Descalzo. Textos inéditos», en Ephemerides Carmeliticae, 19 (1968/2), pp. 410-418.
- Urrea Fernández, Jesús: «Introducción a la escultura barroca madrileña. Manuel Pereira». Boletín del Seminario de Estudios de Arte y Arqueología: BSAA, 1977, 43, pp. 253-268
 
FUENTES DOCUMENTALES
Archivo Parroquial de Villaseca de la Sagra (APVS)
- Libro IV de Fábrica (1677-1726)
- Libro Inventario parroquial «Archivo» (1777)
- Libro Cofradía de Ntra. Sra. del Carmen (1739-1753)
Archivo Municipal de Villaseca de la Sagra (AMVS)
- Legajo Acuerdos del Concejo (1756-1774)
Archivo Histórico Provincial de Toledo (AHPT)
Protocolos (Pr.) 
- Pr. 7851 (1801), Francisco Moreno Díaz
- Pr. 7823 (1734), Lucas Gómez Mejorada
Archivo Histórico Nacional (AHN)
- Consejos, 7098, Exp. 26
 
Sobre otras devociones marianas en Villaseca, los siguientes enlaces en este blog: