sábado, 14 de febrero de 2026

Febrero de 1836, Carnaval en Villaseca de la Sagra.

FEBRERO DE 1836, CARNAVAL 
EN VILLASECA DE LA SAGRA. 


 Antonio J. Díaz F. 
Historiador


Antes de la Cuaresma se disfruta el Carnaval. Los pocos días del Carnaval eran un estallido de alegría antes de que el Miércoles de Ceniza marcara el tiempo de los ayunos. Así es una de las costumbres más arraigadas en la cultura española y, cómo no, en el antiguo reino toledano, transformado hoy en Comunidad de Castilla-La Mancha, región de célebres y bien distintos carnavales. 
    Tantos ejemplos de fiestas carnavalescas vienen siendo frecuentes desde tiempo inmemorial, superando épocas más o menos tolerantes con el espíritu descontrolado y muchas veces irrespetuoso que ha causado prevención en autoridades tanto eclesiásticas como civiles. Lejos de esa vigilancia sobre esos días de declarada permisividad, hoy día la relajación y la desvinculación de la rutina nos empujan a las calles. 
    Y llegado el Carnaval pensamos en desfiles, charangas, comparsas, disfraces, bailes, bullicio en las cabalgatas en cierto modo organizadas por los municipios para disfrute de todas las edades.     
    Respecto de lo que representaba en épocas pasadas, en el Carnaval las gentes encontraban un tiempo y un espacio, breve pero intenso, de diversión y expansión lúdica. Contrariamente a las exigencias que antiguamente pesaban sobre el comportamiento y el orden moral y religioso que trataba de imponer la Cuaresma con su severidad en la preparación de la Semana Santa. 
    A propósito de esta festividad profana, tan alejada de lo religioso, como es el Carnaval, vamos a presentar el documento que aquí traemos a colación y que es motivo de este breve artículo. Resulta curioso para intuir el ambiente carnavalesco que se vivía en Villaseca de la Sagra hace 190 años.
    Os presentamos lo que parece ser un bando de alcaldía. Papel que se conserva en el Archivo Municipal de Villaseca de la Sagra (AMVS) y que hemos tenido la oportunidad de examinar, pero sin más pretensiones de análisis que la de constatar un testimonio con el que contribuir a la rica memoria histórica de Villaseca de la Sagra.

Bando de alcaldía (AMVS)
Bando de alcaldía, 14 de febrero de 1836 (AMVS)

    La hoja, escrita por una cara, lleva impreso el sello de oficio marcado en valor de 4 mrs (maravedís), del año 1836, y el escudo real con fecha en el centro del timbre con la leyenda en círculo: 
"ISABEL II.P.L.G.D.DIOS. REINA DE ESP. Y DE LAS IND."

    Que nos dice en abreviaturas: 
ISABEL II POR LA GRACIA DE DIOS. REINA DE ESPAÑA Y DE LAS INDIAS.

    Está escrita en letra cursiva, de mano del secretario y escribano del ayuntamiento, don Manuel Aquilino Díaz, que cumple órdenes de la máxima autoridad civil en ese año de 1836, en este caso, don Manuel Díaz Martín. Transcribimos para su mejor comprensión el bando que dice así:

"Dn. Manuel Díaz Martín, Alcalde de esta Villa de Villaseca de la Sagra, su término y jurisdicción, que de serlo y estar en actual ejercicio, el infraescrito escribano da fe:
Por el presente mando a todos los vecinos de esta Villa de cualquier estado clase o condición que fueren, que en los presentes días de Carnaval no tiren huevos, harina, naranjas, ni otras de las cosas que acostum-bran; ni se arroje agua por las ventanas, puertas, ni algunos otros puntos por ser contrario a los principios de nacionalidad, y expuesto a desazones y quimeras; pero podrán divertirse en dichos días siempre que las diversiones sean lícitas y se guarde en ellas todo orden y no se promuevan alborotos, quimeras ni disputas por las cuales se altere y perturbe la tranquilidad y reposo público que está tan recomendado por
las leyes. También prohíbo a los que se vistan de mojiganga que lleven las caras tapadas. 
Todo lo cual cumplirán bajo la multa de un ducado (de multa) por la primera, doble por la segunda, con aplicación a penas de cámara y gastos de justicia y si reincidiesen les formará causa con arreglo a Reales órdenes vigentes.
Y para que llegue a noticia de todos y no se alegue ignorancia, he mandado fijar el presente en el sitio público y de costumbre.
En esta Villa de Villaseca de la Sagra a 14 de Febrero de 1836.
Manuel Díaz                                Por mandado de su merced,                                                                 Manuel Aquilino Diaz"

     En esto vemos que Villaseca de la Sagra celebraba en 1836 los días de libertad carnavalesca con costumbres quizás desconocidas para nosotros y ya olvidadas en el tiempo. Es significativo este documento porque nos aporta una nota etnográfica respecto a las formas de divertirse que tuvieron nuestros antepasados en estos días de Carnaval, antes de enfrentar los rigores de la Cuaresma.         Formas que, por otra parte, eran comunes a muchos pueblos limítrofes y otros de la geografía española en aquellos mismos tiempos. Indudablemente, no todas estas diversiones se comprenderían hoy día, incluso algunas pudieran no ser admitidas, pero el testimonio no deja de ser útil e interesante para conocer los valores sociales que se tenían en los momentos de fiesta tan señalada, de esparcimiento y ocio propios de una época y un pueblo de no muchos habitantes. 

    Leído el documento fechado en 14 de febrero de 1836, en Villaseca, por tanto, se usaba:
1. Tirar huevos (quizás podridos para incomodar aún más con su mal olor).
2. Tirar harina (algo que solían hacer los mozos a las mozas).
3. Tirar naranjas (normalmente, contra perros o gatos).
4. Arrojar agua por las ventanas o puertas (algo que solían hacer sorpresivamente las mujeres desde dentro de las casas al paso de gente desprevenida por la calle).
5. Vestirse o disfrazarse. Es lo que en el texto se llama "mojigangas", o lo que es lo mismo, cuadrillas con algún atuendo curioso y estrafalario que podían ir con máscara o tapada la cara (y esto es lo que se prohíbe expresamente).

    El señor alcalde advertía que ningún vecino se extralimitara y procurase no practicar excesos, y recomienda que se divierta conforme a normas de buen trato, para evitar con ello no sólo desórdenes o alborotos públicos sino, sobre todo, para no dar pie a disputas, querellas o riñas personales.
    Las indicaciones del primer regidor se sabe que no son suficientes y hay que recordar al vecindario que la desobediencia ha de suponer las correspondientes multas o, según gravedad, incluso penas de justicia. 
    Era obligatorio que este bando se debía exponer en sitio público, casi siempre lo era alguno de los postes del Portal de Calixto, para conocimiento de todos los convecinos.  
    Este bando representa la prevención que el gobierno municipal de Villaseca de la Sagra habría de observar en uso de sus funciones como autoridad civil que ha de velar por el orden público, frente a una fiesta del pueblo que como el Carnaval siempre discurría con sus formas indisciplinadas de entender la diversión y la alegría en épocas ya pasadas.


sábado, 6 de diciembre de 2025

Arte y devoción en la imagen de la Inmaculada Concepción de la iglesia parroquial de Villaseca de la Sagra

Arte y devoción en la imagen de la Inmaculada Concepción de 
la iglesia parroquial de 
Inmaculada Concepción. Villaseca S.
Villaseca de la Sagra

    Antonio J. Díaz F.
Historiador del Arte

El día 8 de diciembre de todos los años la iglesia católica celebra la fiesta de la Inmaculada Concepción de María. Pero este dogma de fe es de reciente historia pues no fue proclamado hasta el año 1854 por el Papa Pío IX. 
    Sin embargo, en los reinos hispanos la consideración de María como la Madre de Dios, concebida sin mancha y preservada de pecado original, estaba bastante arraigada en las discusiones de nuestros teólogos y entre las opiniones eclesiásticas, pero particularmente fomentada por la Orden Franciscana, por lo cual no era extraño que hubiera calado suficientemente en la devoción popular desde al menos el siglo XVI, si no antes. Frecuentes sermones, sesudos escritos y obras impresas defendían públicamente esta doctrina que se hizo permeable en el sentir piadoso y devoto de las gentes. 
   De hecho, en el convento franciscano de San Juan de los Reyes se concelebraba en 1617 el juramento solemne de la ciudad de Toledo con manifestaciones de culto orientadas hacia esa afirmación concepcionista y hacia la definición dogmática del misterio mariano. Tanto es así, que el propio ayuntamiento toledano hizo voto público en aquel acto y adoptó por patrona desde entonces a la Inmaculada Concepción, cuya hermosa talla preside el oratorio de la sala capitular de su edificio consistorial. 
    En los siglos siguientes distintas cofradías se agrupan en torno a la adoración de la Inmaculada Concepción y numerosas son las representaciones en iglesias, capillas y altares que vienen a significar el tema de la Concepción de María. 
    Tanto pinturas como esculturas enseñaban por toda la diócesis toledana la figura de María como la Nueva Eva, limpia de pecado original. Un tema religioso que inspiraría a muchos artistas españoles que dejaron ejemplos de arte que enriquecen nuestro patrimonio cultural. Pensemos, por ejemplo, en las célebres Inmaculadas del pintor sevillano Murillo, tan admiradas en todo tiempo.

    Pero nuestro interés, como siempre, está enfocado a conocer la repercusión de estos factores socio-culturales y la huella que han dejado en la propia historia de Villaseca de la Sagra. Por ello, vamos a hacer memoria en torno a la devoción y el arte de una imagen como es la Inmaculada Concepción de la iglesia parroquial de Santa Leocadia. Por ello, vamos a hablar de la cofradía y de la obra escultórica.

1.-LA ANTIGUA COFRADÍA DE LA CONCEPCIÓN DE VILLASECA DE LA SAGRA.
    Si atendemos a siglos pasados, la existencia de una cofradía y el culto a una imagen nos sitúa indudablemente en aquella época en que la devoción inmaculista se prodigaba como un verdadero acto de fe. En el caso de Villaseca de la Sagra, la religiosidad hacia la Virgen María se reflejaba en dos advocaciones que inicialmente se integraron en la cofradía mariana de Nuestra Señora de la Natividad y Concepción, constituida en hermandad que invocaba uno u otro nombre indistintamente al ser alusivos a María.
    Si queremos buscar su antigüedad, en un inventario del archivo parroquial se registra un viejo libro de la cofradía de la Natividad con fechas de 1604 a 1670; un libro que hoy está desaparecido pero que nos indica una fecha inicial. Además, conocemos que años atrás el clérigo guipuzcoano Juan Pérez de Oro (†1509), que fue teniente cura de la parroquia de Santa Leocadia, dejó fundada una capellanía colativa cuyo patronato asignó a la cofradía de la Natividad, existente por entonces. Ésta se obligaba en 1534 a nombrar a un capellán beneficiario de la colación o renta asignada para decir misas, lo que indirectamente nos hablaría de una actividad muy anterior de esta cofradía mariana. Desempeñando este patronato, en 1647 se procedía al nombramiento de un nuevo capellán para las misas y entre las actuaciones seguidas para ello la cofradía presentó como acreditación de su potestad y derechos las ordenanzas de la Natividad y Concepción, fechadas en Villaseca a 24 de agosto de 1619, y que habían sido las presentadas al arzobispo de Toledo don Fernando de Austria para su aprobación.
    Por tanto, podemos situar la creación autorizada de esta cofradía, al menos la de su fundación documentada, a principios del siglo XVII, concretamente, en 1619.
   A nosotros ha llegado un libro, fechado entre 1675 y 1763, perteneciente a la cofradía de Nuestra Señora de la Natividad y Concepción, cuya fiesta principal se hacía cada 8 de septiembre (día de la Natividad de la Virgen), teniendo una segunda celebración en 8 de diciembre (día de la Concepción). Aquí se vuelve a confirmar que las constituciones originales databan de 1619, pero se informa al Deán del Cabildo catedralicio de Toledo que a "causa de que la dicha cofradía ha muchos años que se fundó y ha tenido muchos pleitos, se han perdido las ordenanzas que tenían y hoy [1675] no tiene ordenanzas", por lo que pedían su actualización. Es probable que la cofradía de la Natividad tomara nuevo impulso a partir de 1675, siendo mayordomos Eugenio de Batres y Bartolomé López Magán, con intención de revitalizar la hermandad y por cuanto la imagen de María Inmaculada era el único objeto devocional que la justificaba, y que muy pronto aparece en los inventarios parroquiales entre las vírgenes de vestir que existían en la iglesia, y ya tempranamente en 1627. Se mencionaba una "imagen de la Concepción con corona de plata" que estaba colocada en el altar de Santa Ana de la vieja iglesia y comparable en estimación con la Virgen del Rosario y la Virgen de la Cabeza, además de poseer las tres imágenes buenos ajuares entre vestidos y ricas alhajas.
    Un segundo libro conservado, con el título propiamente de la Concepción, fechado entre 1728 y 1808, nos advierte de la renovación en los primeros meses de 1728, tanto es así que el Cardenal Arzobispo Astorga testimonia en 24 de enero de ese año que "nuevamente se ha instituido en la iglesia de la villa de Villaseca de la Sagra [y] se presentaron ante nos en el nuestro Consejo ciertos capítulos constituciones y ordenanzas para el buen orden gobierno conservación y perpetuidad de dicha Cofradía", aunque los cofrades de 1762 aseguran que "se fundó esta hermandad el día veinticinco de julio del año de mil y 723". Cinco años antes de obtener la aprobación oficial.
    Esto podría significar que la Natividad era una de las cofradías más antiguas de Villaseca, mientras que con el título de Nuestra Señora de la Concepción se refunde definitivamente con estatutos aprobados sin tardanza en 19 de febrero de 1728, como se refleja particularmente en el libro de sus ordenanzas conservado en el archivo parroquial de esta villa y su copia en el archivo diocesano de Toledo. 
    Sólo con el nombre de Natividad aparece en el informe municipal de 1770 dirigido a la Intendencia de Toledo, por el que se ratifica que sus ordenanzas vigentes eran las aprobadas en 1728. Y parece ser que en 1820 se consideraba una cofradía con el título definitivo de la Concepción, con aprobación del arzobispado y actividad vigente entonces.
   No hay que olvidar que precisamente en junio de 1729 se presentaban a su aprobación las ordenanzas de la cofradía de Nuestra Señora de las Angustias en las que se determinaba que se celebrase la festividad con vísperas, procesión y misa el 8 de septiembre. Con esta irrupción de la hermandad de las Angustias en el panorama cofrade de Villaseca, la cofradía de la Concepción habría de condicionar su fiesta únicamente al día 8 de diciembre.

Un estandarte para la cofradía.
    Al no existir la cofradía, el elemento material que la identificaba  es sin duda el estandarte que solía acompañar a la sagrada imagen y abriría el orden en las procesiones de su fiesta. Afortunadamente se conserva en el "museo parroquial" este distintivo cofrade. 
    No tenemos documentación de cuándo se encargó ni de quién fue su bordador. Sin otros datos, podemos describir el estandarte en su cara principal como una pieza de seda color azul celeste sobre la que se ejecutan los bordados y que queda perfilada por un cordón blanquiazul de pasamanería. Más que el blanco, el color del cielo se identifica con la pureza virginal de María y es el usado en España. El motivo central lo ocupa un escudo o espejo ovalado de ancho perfil, labrado en oro y plata y culminado por un elegante lazo como adorno. En su centro aparece efigiada la imagen de María Inmaculada con corona plateada de puntas estrelladas y un halo de luz dorada, posada sobre una peana de nubes y la media luna asomando a sus pies. 
    Alrededor se disponen varias estrellitas y como encuadre de la tela se dibuja un motivo lineal mixtilíneo entrecruzado y en los ángulos aparecen motivos vegetales polícromos.
    El revés del estandarte mantiene el mismo diseño circundante pero el motivo central es ahora un vistoso anagrama de María (la superposición de las iniciales M y A, del nombre de María), bajo una corona de tipo ducal.
    En la zona inferior se recortan cinco lóbulos de la misma seda y ribeteados de igual forma, en los que se presentan motivos simbólicos que identifican a María en sus muchas virtudes espirituales, y en los que parecen reconocerse en el haz principal el Sol, el Olivo, la Estrella Matutina, el Ciprés y la Luna. Y en el envés aparecen la Puerta, la Fuente, el Espejo, el Pozo y la Torre de David. 
    Dados a suponer cuándo se hizo este estandarte, habría que fijarse en que la actitud de la Virgen es la misma que mantiene la imagen de talla hoy existente, lo que nos confirma que el bordado está copiándola y, por tanto, está confeccionado con posterioridad a 1740. Correspondería a una obra del arte textil, con adornos de estilo clasicista, de finales del siglo XVIII, tal vez confeccionada en Toledo, donde se desarrolló con éxito este tipo de arte. Guarda gran similitud en el escudo central con el que se muestra a su vez en el estandarte de Nuestra Señora de las Mercedes de la misma iglesia. Lamentamos que este de la Concepción muestre notable deterioro.
Inmaculada Concepción. Villaseca S.
Estandarte -haz y reverso- de la cofradía de Ntra. Sra. de la Concepción. Iglesia parroquial de Sta. Leocadia. Villaseca de la Sagra.

2.- LA IMAGEN DE LA CONCEPCIÓN.
    Sabemos que esta reconstituida cofradía contribuyó prontamente al adecentamiento y embellecimiento de la nueva iglesia parroquial desde 1728 a través de una selecta inversión en obras de devoción.        Dentro de los libros de esta hermandad se señalan una serie de gastos importantes que tratan de elevar el decoro y dignidad en su celo por enaltecer el culto a María Santísima. Así, la primera obra, de 1730, fue el retablo en blanco, sin dorar; la segunda, de 1736, era la propia imagen de la Virgen y sus andas; luego, en 1741, se hizo el dorado del retablo y, finalmente, en 1760, llegó la corona de plata que adorna la imagen.
    De todas estas obras documentadas iremos desgranando algunos datos.

Retablo de Ntra. Sra. de la Concepción, obra desaparecida
    La cofradía tuvo una preferente ubicación para colocar su altar, ocupando el colateral derecho del altar mayor, el llamado colateral de la Epístola, en el brazo de la nave de crucero. 
    De este retablo, hoy completamente desaparecido y del que no tenemos más referencia, sólo podemos constatar que se encargaría inmediatamente tras la refundación, entre 1728-1729, terminándose y colocándose en 1730, habiendo costado su hechura 8.741 reales de vellón. Pero seguimos sin conocer al artífice al que se le pagaron por su talla y ensamblaje, que bien pudo ser un afamado artista de la ciudad de Toledo. 
    Por el contrario, tenemos el documento sobre el posterior dorado de ese retablo, que se escrituraba ante escribano en 29 de abril de 1741 en Villaseca, entre el mayordomo de la cofradía José Díaz Jerez y los maestros doradores y estofadores de Toledo Francisco Velázquez y Juan Martín Corrales, y donde se expresa que es de rico adorno de talla y en él se encuentra majestuosa la imagen de la Concepción; retablo "el cual la expresada Hermandad determinó el dorarle para su mayor hermosura". Se ajustaba la obra de dorado en 6.500 reales, pero las cuentas hablan de un gasto mayor, unos 8.300 reales. Indudable es que su tamaño y aspecto debió ser ostentoso a juzgar por el coste, tanto de hechura como de dorado, ocupando el testero colateral de la Epístola, y en consonancia con el otro colateral, donde estaba el retablo del Santo Cristo de la Misericordia. Este retablo perdido correspondería al arte barroco de la escuela toledana del primer tercio del siglo XVIII. La obra fue destrozada en 1936 (perdiéndose definitivamente sus restos en 1972).
Inmaculada Concepción. Villaseca S.
Imagen de la Concepción en su retablo actual, colateral de la Epístola. Iglesia parroquial de Sta. Leocadia. Villaseca de la Sagra.

    Como curiosidad, decir que el altar colateral de la Concepción se circundó con unas verjas de hierro que dio un devoto llamado Bernardo Pinilla, natural de Ocaña, "que de niño se vino a esta villa, hizo caudal y casó con hija de vecino y no tuvo hijos y dejó esta alhaja a la Virgen de la Concepción". Estas verjas eran las mismas que luego en 1827 compró la parroquia para ponerlas en el altar mayor, según gastos de fábrica, y que ya se perdieron.
    Y hoy la antigua imagen permanece en su mismo sitio de siempre, el colateral de la Epístola, en un novísimo retablo neobarroco, dorado y policromado, pero sin altar propio. Se sitúa en correspondencia con el otro colateral dedicado a Nuestra Señora de las Mercedes.

Imagen de Nuestra Señora de la Concepción, joya barroca. 
    Desde al menos 1712, cuando se construye la capilla mayor y nave de crucero de la iglesia, se destina este sitio o colateral a la antigua imagen de velador -talladas solo manos y cara- que era venerada hasta entonces por su cofradía, pero que después de refundada en 1728 emprende una renovación material. Así pues, como se ha indicado, la imagen actual de la Concepción es obra tallada en 1736, según los documentos parroquiales que desvelan la fecha de su traída a la villa, pero sin que se mencione al autor de la misma ni se precise la procedencia o el taller desde donde se trajo. La imagen se instalaría en el retablo que ya hemos visto que estaba fabricado y colocado desde 1730.
    De tamaño natural (unos 152 cm de altura) la figura de la Virgen se alza sobre peana que forma un trono de nubes con tres querubines, y pisa con su pie derecho la cabeza de la serpiente del pecado que asoma entre las dos astas de la media luna que surge bajo sus pies. 
    El movimiento de la figura carga el peso sobre esta pierna derecha, pronunciando la inclinación de la cadera, y en elegante ademán mantiene la mano derecha sobre el pecho y la izquierda abierta acompasando el movimiento del brazo y el giro contrario de la cabeza cuya mirada dirige al espectador, en una actitud humilde pero triunfante. La imagen refleja un rostro ovalado de finas facciones enmarcado por una abundante cabellera bellamente dispuesta y derramada sobre los hombros. Rostro juvenil y manos abiertas están tallados con gran delicadeza y expresión.
Inmaculada Concepción. Villaseca S.
Inmaculada Concepción, detalle. Iglesia parroquial de Sta. Leocadia. Villaseca de la Sagra.

    La túnica que viste adquiere un tono marfileño y está tachonada de un mismo motivo floral de color que se repite por toda su superficie. Graciosamente se anuda sobre el vientre con un cíngulo carmín y cae con naturalidad hasta cubrir los zapatos, que apenas despuntan. Envuelve la figura un manto de un azul oscuro con orla dorada que se cruza por delante en diagonal, formando pliegues quebrados y ondulantes y vuelos agitados que dan sutil dinamismo a la imagen mientras que cae simétricamente por la espalda y se recoge en el brazo izquierdo. 
    Esta forma de representación de María como Inmaculada, su iconografía, obedece a la visión apocalíptica del evangelista Juan en la isla de Patmos: una mujer vestida con el sol, la luna a sus pies, y sobre la cabeza una corona de doce estrellas. Pero también hay una alusión a la Mujer del Génesis donde se presenta a la Virgen pisando la serpiente del pecado, la que tentó a Eva en el Paraíso.
    Otro gran detalle de esta imagen de bulto está en la peana propiamente dicha, compuesta de una masa de nubes donde los querubines son dos imágenes infantiles de cuerpo desnudo y otra que es sólo una cabeza, todas muy expresivas y bellas en su modelado, contrastando con la cabeza y cola monstruosas de la serpiente. En la base se ven las dos asas o argollas que sirven para manejar la imagen en sus traslados para lo que estaba preparada cuando salía en procesión sobre andas.
Inmaculada Concepción. Villaseca S.
Inmaculada Concepción, peana. Iglesia parroquial de Sta. Leocadia. Villaseca de la Sagra.

    Al querer recopilar datos de esta imagen, los libros de la cofradía aportan poco sobre ella. La alusión concreta se registra en las cuentas de 1736, en que consta que se trajo -aunque no se dice desde dónde- la imagen de la Virgen y las andas, con un coste de 1.950 reales de vellón. 
    Al contrario que el retablo, en 1936 la imagen no parece haber recibido daño alguno pues no se incluye en la relación que el ayuntamiento confecciona informando de pérdidas y coste de los reparos en retablos e imágenes de la iglesia (1940). La Inmaculada no se menciona con daños, sí su retablo, por lo que cualquier intervención -repintes, arreglos- ha podido ser posterior a 1940. La más reciente, sin duda, la restauración llevada a cabo en 2014, prácticamente para hacer su limpieza y reintegraciones en la policromía que han recuperado los motivos decorativos originales de la túnica, quitando unas estrellas pintadas.
Inmaculadas

Una corona de plata para la Inmaculada.
    Como complemento a tan hermosa figura de la Inmaculada Concepción de Villaseca de la Sagra, y abordando los datos documentales, se presenta la fastuosa corona de plata que la realza.     Se ha comentado que la cofradía encargó esta corona habiendo costado 1.835 reales de vellón, y en 30 de noviembre de 1760, día de San Andrés, se le puso sobre la cabeza a la imagen de la Virgen. Se trata de un extraordinario y valioso complemento a la talla de la Inmaculada. 
    Examinado la pieza observamos las marcas de platería que nos revelan que su autor fue el platero José de la Casa, y realizada en Toledo. José de la Casa era platero perteneciente al gremio de San Eloy desde 1745 y tasador de joyas hasta 1785, como apunta el historiador Ramírez de Arellano.
Inmaculada Concepción. Villaseca S.
Inmaculada Concepción, corona de plata. Iglesia parroquial de Sta. Leocadia. Villaseca de la Sagra.

    Responde al tipo de corona imperial, en forma de globo, con aureola de rayos y motivos de rocalla y cruz de remate. Presenta una labor de adornos muy tupida pero calada y engaste de pedrería con abundantes motivos repujados y fundidos a base de tornapuntas, cartelas, rocallas y cabezas de querubines. 
    Se presenta más suntuosa que la de Nuestra Señora de las Mercedes, diez años anterior, con la que compite en riqueza material y ornamental. Por su finura decorativa se enmarca dentro del estilo rococó propio de mediados del siglo XVIII. 

En conclusión.
    A nuestro entender, la excelencia de esta imagen mariana declara su procedencia, que no puede ser otra en ese momento que la Corte, pues Madrid era entonces foco de actividad artística y de producción escultórica de alto nivel. Podríamos ver en esta figura una imitación de algunas de las Inmaculadas del pintor madrileño Juan Carreño de Miranda y difundidas por la escuela pictórica madrileña de la primera mitad del siglo XVIII. 
    Pero que en escultura es el mismo tipo que adopta la imagen de la Inmaculada del retablo del Evangelio de la catedral de Oviedo, realizada en torno a 1740 por el artista afincado en Madrid Juan de Villanueva; por tanto, del mismo momento de la bella imagen de Villaseca.
    La imagen villasecana participa de la línea ondulante que imprimen las composiciones del pleno barroco. La ligera agitación en los ropajes y la elegante constraposición hacen de la Inmaculada Concepción de Villaseca una magnífica obra de escultura religiosa en madera, de fina talla y equilibrada policromía basada en colores planos.
    Ha sido últimamente el historiador Nicolau Castro quien ha querido ver en ella una obra temprana del escultor Juan Pascual de Mena (Villaseca, 1707-Madrid, 1784), debido a su indudable factura ajena al arte toledano y más próxima a la imaginería madrileña del primer tercio del siglo XVIII. 
    Su atribución a un Juan Pascual de Mena (que contaría con 29 años de edad y ya establecido en Madrid), estaría justificada siempre que esta obra se pudiera enmarcar en un periodo inicial de tradición barroca que luego abandonará en obras posteriores.
    Dentro de la obra de Juan Pascual de Mena existen otras imágenes de Inmaculada Concepción pero que son más tardías y en poco coincidentes con ésta de Villaseca, con lo que la diferencia en el estilo es considerable.  
    Sea o no obra de Juan Pascual de Mena, aunque la atribución es ya de por sí un crédito mayor, la imagen de Nuestra Señora de la Concepción, o popularmente la Inmaculada, es otro de los bienes muebles más preciado del patrimonio parroquial de Villaseca de la Sagra, comparable en mucho a la imagen de Nuestra Señora de las Mercedes. Equiparables son en su condición de obra maestra representativa de una época y un estilo y de una calidad artística indiscutible.


BIBLIOGRAFÍA
DÍAZ FERNÁNDEZ, A. J.: "Historia y arte en torno a la imagen barroca de Nuestra Señora de la Concepción del consistorio toledano". Archivo secreto: revista cultural de Toledo, Nº 2, 2004, pp. 94-111. (Su consulta en línea: https://www.toledo.es/toledo-siempre/publicaciones-del-archivo-municipal/revista-archivo-secreto/revista-archivo-secreto-no-2/)
DÍAZ FERNÁNDEZ, A. J.: "La Virgen de las Mercedes de Villaseca de la Sagra: el origen de una devoción y la belleza de una imagen" (consulta en este blog: https://memoriadevillasecadelasagra.blogspot.com/2024/08/la-virgen-de-las-mercedes-de-villaseca.html)
NICOLAU CASTRO, J.: Escultura toledana del siglo XVIII. Toledo, 1991.
RAMÍREZ DE ARELLANO, R.: Catálogo de artífices de Toledo. Toledo, 1920.

FUENTES DOCUMENTALES
ARCHIVO PARROQUIAL DE VILLASECA DE LA SAGRA (APVS) 
- Libro de Inventario del Archivo (1777).
- Libro Becerro de Fundaciones (1735). 
- Libro 1º Cofradía de Ntra. Sra. de la Natividad y Concepción (1675-1763).
- Libro 2º Hermandad de la Concepción (1728-1808).
- Libro 3º Natividad y Concepción (1619) [Constituciones].
- Libro 4º Natividad y Concepción (1728) [Nuevas Ordenanzas].
- Libro 5º Natividad y Concepción [Patronato capellanía Juan Pérez de Oro].
- Libro III de Fábrica (1600-1674).
- Libro VI de Fábrica (1777-1852).
ARCHIVO MUNICIPAL DE VILLASECA DE LA SAGRA (AMVS)
- Documentos diversos (1700-1850).
ARCHIVO DIOCESANO DE TOLEDO (ADT)
- Cofradías de Toledo: Villaseca de la Sagra. Leg. 45, Expte. 39.
ARCHIVO HISTÓRICO PROVINCIAL DE TOLEDO (AHTP)
- Protocolo nº 7825 (1741), folios 49-50v, escribano José Arellano Vázquez.





domingo, 26 de octubre de 2025

Campanarios y campanas de Villaseca de la Sagra.

CAMPANARIOS Y CAMPANAS DE 
VILLASECA DE LA SAGRA.

Grabado s. XVIII


Antonio J. Díaz F.
Historiador del Arte

Al tratar de campanas en los templos católicos estamos aludiendo a un aspecto sociocultural que se relaciona con la función comunicativa que tuvieron en tiempos pasados estos instrumentos acústicos. 
        A través de un sistema codificado de toques, cada uno con un significado preciso, el sistema de comunicación era interpretado sin apenas error no sólo por la colectividad de fieles sino por el resto de la comunidad y habitantes de una población.
La voz de las campanas era en sí mismo un lenguaje sonoro. Entre toques ordinarios y extraordinarios, los toques de campana ordenaban toda actividad humana y pautaban todos los acontecimientos de la vida. Aunque en esos tañidos predominaba su carácter de reglamento de obligaciones religiosas para con la Iglesia, era también un sistema imprescindible de señales dirigido a otros ámbitos civiles que lo reciben como una convención social aceptada plenamente. 
        Con el sonido metálico de la campana se regulaba tanto el curso de las celebraciones litúrgicas como otros muchos actos de la vida cotidiana. Se solían tocar en los ciclos festivos y el ciclo diario de la vida, principalmente el que cubría el largo tiempo del trabajo, de sol a sol.
Precisamente al toque de una campana solían reunirse los ayuntamientos para decidir y acordar sobre los asuntos del común, lo mismo que otras asambleas de vecinos o cabildos de cofradías anunciaban sus convocatorias y reuniones de igual modo, al son de campana.
En las parroquias eran los sacristanes los autorizados por su conocimiento y oficio los más indicados para saber del funcionamiento preciso de las campanas de sus iglesias. Esta era una de sus grandes destrezas y cualificaciones de su cargo, aunque otras personas pudieran manejarlas con igual habilidad y saber. 
La desaparición progresiva de los toques manuales de campanas en Villaseca de la Sagra es un hecho manifiesto y hoy los toques básicos están programados en pulsaciones electromagnéticas que accionan el golpe de un martillo, o simplemente, a través de grabaciones de audio que son amplificadas por altavoces. Se prescinde así del volteo y del accionamiento manual con cuerdas para el que estaban preparadas todas las campanas. 
Siempre al pie de la torre, por su interior, solían colgar esas sogas y cuerdas que movían en altura los badajos de las campanas fijas y evitaban tener que subir al cuerpo de campanas para tocarlas.
También las campanas se diferenciaban entre sí, pues unas eran propiamente para toque litúrgico y otras servían meramente para emitir señales rutinarias.
Pero también hay que considerar el valor musical y acústico de cada campana. Cada campana precisa de una afinación como cualquier instrumento musical para alcanzar la mejor sonoridad. Además, la ubicación de las campanas sigue la lógica acústica de situar siempre la de sonido más grave debajo de la más aguda y, por otra parte, colocar las campanas fijas por encima de las campanas de volteo, como suele ser normal.

Este patrimonio inmaterial que en algunas comunidades o pueblos se trata de resucitar y mantener en valor a través de asociaciones de campaneros y entidades culturales diversas que van cobrando un auge significativo para Villaseca se puede decir que actualmente es una práctica o costumbre totalmente perdida sin signos de recuperación. 

Son las ocho campanas existentes en los tres edificios religiosos de esta población las que por otra parte constituyen el patrimonio material conservado y un testimonio más de la riqueza histórica y artística de Villaseca. Y estas campanas deben ser consideradas bienes muebles de interés histórico como objetos de valor artístico al mismo nivel patrimonial que las esculturas o las pinturas que se guardan en esos mismos templos. Son obras en metal que hoy día tienen una dimensión cultural bastante apreciable.
Desde esta perspectiva pretendemos registrar y recopilar los datos pertinentes que singularizan las campanas que afortunadamente siguen colgadas de sus yugos de madera y en sus sitios originales desde hace unos pocos siglos en esta villa de Villaseca de la Sagra. 

Antes que nada, conviene saber que la fundición de campanas fue un duro oficio tradicional relacionado con las artes del fuego, es decir, que para moldear el metal y darle forma y timbre era preciso dominar las técnicas del trabajo metalúrgico. El fundidor debía determinar el perfil, el correspondiente diámetro de la boca y el grosor según el tipo de campana que hubiera de fabricar. Con ello, la campana adquiere el peso, siempre medido en arrobas, y el sonido convenientes. En el proceso y sobre un molde de ladrillo se hacían dos moldes de barro entre los cuales se vertía el bronce fundido a 1000º C, que una vez solidificado había de formar la campana propiamente dicha.
También nos puede ilustrar algo el conocer esquemáticamente las partes de una campana, según la imagen que a continuación mostramos.
Campana Villaseca de la Sagra. Del autor
Partes de una campana

Hay que puntualizar que toda campana antes de dar su primer sonido debía ser consagrada con un ritual establecido a base de bendiciones y unciones al instalarla en el campanario, como si de su bautizo se tratara. Cada una se personalizaba con la instrucción convenida previamente con el campanero para que en el taller dejara grabado el nombre que habría de llevar la campana, fuera el de la Virgen María, Cristo, un santo o una santa, seguido de la recurrente expresión en latín *ORA PRO NOBIS* (ora por nosotros). A ello se podría añadir una singular inscripción conmemorativa y, ocasionalmente, el nombre del artífice fundidor. Además, por norma, la cara exterior de la campana podía mostrar una cruz grabada. 
La campana debería convertirse en un instrumento litúrgico ungido y sacralizado con connotaciones de objeto laudatorio y protector, que sirviese a la vez para glorificar a Dios y para implorar el amparo frente a los peligros naturales. 
En toda parroquia había un repertorio de toques específicos. Unos para oración como el Angelus, y otros para las misas de diario, de fiesta, de vísperas o de domingo, repique de misas, repique en las procesiones, bodas, difuntos, entierros, novenarios, la festividad de la patrona. Pero también repiques de campanas para pretender alejar las tormentas, avisar del fuego, convocar rogativas, reunir al pueblo, etc. 
En varios de ellos se unía la técnica de bandear o voltear las campanas.

Aun así, para todo interesado en el mundo de las campanas es recomendable la visita a la página http://vozdebronce.blogspot.com/2019/07/introduccion-al-mundo-de-las-campanas.html

Campanas de la iglesia parroquial de Santa Leocadia.
Desde tiempo inmemorial, la iglesia parroquial de Villaseca de la Sagra está dedicada a Santa Leocadia, virgen y mártir toledana en la época de Diocleciano, emperador de los romanos, allá por el siglo IV de nuestra era. La primitiva iglesia fue reconstruida tras el saqueo e incendio de la villa en manos de los comuneros del obispo de Zamora Antonio de Acuña, en la jornada del 23 abril de 1521 contra don Juan de Silva y Ribera, capitán de la causa realista y señor de esta villa y de la de Villaluenga, resguardado en el castillo del Águila. 
Pero el templo que hoy contemplamos es una edificación enteramente nueva y hermosísima que se levantaría a partir de 1659, año del acto de la primera piedra, colocada en 10 de septiembre con la presencia del cura propio don Bernabé Díaz Carreño y el mayordomo Licenciado Pedro Martín de Ortega. Fue el gran arquitecto agustino Fray Lorenzo de San Nicolás quien proporcionó los planos por los que el maestro de obras Pedro Díaz Mejorada fue acometiendo la obra de las tres naves del cuerpo de iglesia y junto a ello elevando la torre campanario, situada precisamente a los pies, en el esquinazo noreste de la planta. 
La torre de nuestra iglesia parroquial es un prodigio de buena arquitectura, de estilo barroco, construida toda en ladrillo sobre un zócalo de sillares calizos y distribuida en tres cuerpos cúbicos coronados por el campanario alzado en un pedestal decorativo y cubierto por tejado a cuatro aguas. Lo más característico de ella, además de su robustez, es el juego de luces que proporcionan sus paños decorados con campos relievados según recogemos en nuestro estudio de 1989 que se puede consultar en https://www.realacademiatoledo.es/wp-content/uploads/2014/02/files_anales_0026_04.pdf

Torre parroquial. Villaseca de la Sagra. Autor
Torre barroca de la iglesia parroquial de 
Santa Leocadia, s. XVII. Villaseca de la Sagra.

Distinguiendo entre uno y otro edificio parroquial, contamos con el testimonio de que en la torre de la vieja iglesia desaparecida hubo dos campanas grandes según inventario de 1509, pero quizás la más antigua de que hay constancia documental en los libros del archivo de la iglesia parroquial es la que en 1513 se pagó a Juan Rubio campanero en Toledo, según la partida correspondiente del libro de fábrica. En 1522 la iglesia conservaba las dos campanas grandes y un esquilón en la primitiva torre apenas rehecha tras el paso devastador de los comuneros. Más adelante, en 1546, Juan de la Torre, campanero vecino de la merindad de Trasmiera (Cantabria) hizo una campana de 31 arrobas y 7 libras de peso (casi 370 kg). Y años antes de demolerse la vieja iglesia, todavía en 1633, se mandaba hacer una nueva campana al campanero de Toledo Juan Yuste quien la cobró en un pago final de 1.211 reales en 1635.
Estas campanas son las que se bajaron en 1652 de la torre vieja como consta del gasto de 17.826 maravedíes en “el derribo de la torre, bajar las campanas, de maestro y oficiales y peones”, colocándolas provisionalmente en un suelo de tablones de madera y yeso que se hizo en espera de comenzar las obras de la iglesia nueva.
Edificadas las tres naves o cuerpo de la iglesia, en 1686 se subían definitivamente las campanas “a la torre nueva”, con un gasto de 2.040 maravedíes, haciéndose un andamio o entablado interior para poder tocarlas. La subida hay que entenderla que se hizo desde el exterior de la torre, izando cada campana unida a su yugo de madera, a base de cuerdas y poleas y su fijación en el hueco determinado.
Con la iglesia completada con la cabecera en 1714, conocemos según inventario de 1726 que se registran tan sólo dos campanas grandes y un cimbalillo, quizás por haberse desechado alguna de las más viejas, lo que también era una práctica común la de poder aprovechar el metal de una campana vieja para fundirla y con ello hacer la nueva con un menor coste.
Las campanas existentes hoy en la iglesia no dejan duda de que se fueron renovando en su totalidad a partir de mediados del siglo XVIII, desapareciendo así cualquiera de las realizadas con anterioridad a 1750.
Actualmente en el campanario de la torre parroquial se hallan colgadas cuatro extraordinarias campanas de bronce que relacionamos del siguiente modo: 

  - Campana (1). En la cara de poniente de la torre. A más de media altura del vano izquierdo está colocado el campanillo, que data de 1787, con la escueta dedicación a la Sagrada Familia: "JESUS, JOSE Y MARIA".  
Se mantiene en su yugo de madera, quizás reacondicionado. Estaba anteriormente situada en el otro vano, si bien a menor altura y por debajo de la campana que a continuación describimos con el número (2).
Torre parroquial. Villaseca de la Sagra. Autor
Campana (1). Campanillo Jesús, José y María (1787).

- Campana (2). En esta misma cara de la torre y en el otro vano se acomoda una campana de grandes dimensiones cuya fecha y dedicatoria no son fáciles de comprobar, pese a que una inscripción en letras capitales recorre una cenefa superior en el tercio, pero cuya lectura resulta dificultosa debido a su altura, aunque parece leerse un fragmento de texto que dice: "...IHS .E. MARIA_*_ FRANCISC...". Mostrando en la cara exterior del cuerpo grabada una cruz de calvario. Es una campana fija que no ha conservado el badajo. Se compone de seis asas en su sujeción a través de los tirantes de hierro al yugo, yugo de tipo valenciano. La hemos denominado "campana de poniente" a falta de una identificación precisa todavía por hacer.
Torre parroquial. Villaseca de la Sagra. Autor
Campana (2). Campana de poniente (1756?).

- Campana (3). Al lado norte de la torre y en el medio punto de la izquierda, visto desde dentro, se halla la campana registrada documentalmente con fecha de 1828 y que lleva la siguiente inscripción en letras capitales tanto en el tercio como en el mediopie: 
"A ESPENSAS DE LA IGLESIA SIENDO CURA PPº DN. BRAULIO* Y MAYORDOMO DE FABRICA PASCUAL RUIZ POR EL MRO. DN. JUAN DE LA CUESTA Y SOBRINO". 
"DEDICADA A STA LEOCADIA VIRGEN Y MARTIR". 
El cura propio o párroco que la encargó fue don Braulio Ramírez y el mayordomo o sacristán mayor Pascual Ruiz, que lo era desde 1808. Ésta sí conserva el badajo original. Parece campana de volteo al mantener sobre el yugo el brazo o palanca de hierro que sería accionado por una cuerda. 
        Al estar dedicada a la titular de la iglesia podría considerarse la "campana grande".
Torre parroquial. Villaseca de la Sagra. Autor
Campana (3). Campana Santa Leocadia (1828).

- Campana (4). Al lado norte y en el medio punto derecho visto desde dentro del campanario se sitúa una campana fechada y con la leyenda grabada: 
"SE FIZO SIENDO CURA DON PIO GARCIA RUBIO Y Mº DE Fª BERNARDO XEREZ, ANNO 1779". "DEDICADA A STA. BARBARA". 
El cura era don Pío García Rubio y el mayordomo de fábrica o de la parroquia el vecino Bernardo Jerez, cuyos nombres quedaron así grabados para la posteridad. 
Es campana de volteo como lo declara el brazo de hierro sobre el yugo. No conserva el badajo. Muestra una curiosa decoración bajo la cenefa superior de la inscripción o tercio, y desde donde cuelgan a modo de guirnaldas decorativas en relieve, formadas por medallones decrecientes con estrellas grabadas en ellos.
Por su dedicación a Santa Bárbara, era la campana que solía hacerse repicar durante las tormentas o temporales.
Torre parroquial. Villaseca de la Sagra. Autor
Campana (4). Campana Santa Bárbara (1779).

Estas dos últimas campanas vistas en el lado norte son muy similares en sus dimensiones y ambas conservan los yugos originales de madera, también muy semejantes entre sí, pese a la diferencia de cincuenta años que hay entre la fabricación de una y otra. Aquí son yugos de tipo o perfil toledano.

Con los documentos en la mano y atendiendo a la sucesión cronológica que nos proporcionan las fechas de fabricación podemos identificar estas cuatro campanas de la parroquia, a falta de un estudio técnico más profundo que no corresponde por ahora.
Primero, la llamada campana de poniente (campana 2) bien pudiera ser la que se fundió en 1756 por cuenta de Francisco de Ygual, maestro campanero en Madrid, quien en una petición dirigida al Ayuntamiento de Villaseca en 19 de agosto de 1758 testimonia que "hizo una campana para la Yglesia, en el año pasado de mill settezºs. zinquentta y seis, la que colocó en su torre" y por lo cual exige el pago de 1.727 reales adeudados como resto del total ajustado. Se hizo para sustituir a la que estaba quebrada en la torre que se manda fundir. Realmente, esta campana fue contratada en 14 de mayo de 1756 con el campanero Igual ante el escribano de la villa, teniendo un peso de 21 arrobas (250 kg más o menos) y a satisfacción de las “vozes y eco de la mencionada campana”, recibiendo en pago la vieja inútil y un total de 2.590 reales, pagaderos en tres veces: 1.450 reales a la firma del contrato, otro importe cuando se trajese y colocase en la torre a fin de septiembre del mismo año y el último pago a fin de septiembre de 1757. Y corriendo por cuenta de la villa llevar la campana vieja a Madrid, al taller de Alejandro Gargollo, para fundirla y traer la nueva, con la garantía de que si en un año se quebrase, el fundidor habría de volver a hacerla a su costa, y se estipula que el mayordomo de la iglesia, José Díaz Jerez, haría la primera paga y la villa las dos restantes. 
        Otra escritura en Villaseca en 30 de octubre de 1765 es otorgada por el maestro campanero Alejandro Gargallo, allí presente, dando poder al teniente de cura don José Calvo del Cerro para que en su nombre le cobre los 663 reales y 11 maravedíes que todavía le deben del importe de la campana nueva. Lo que demuestra que a los artistas les costaba cobrar en los plazos previstos.
De fecha de 1788 es el recibo de 376 reales de Martín de Güemes, maestro campanero, autor del esquilón Jesús, José y María (campana 1), que costó 376 reales y que se hizo fundiendo el viejo campanillo. 
Igualmente, Francisco Antonio Mazorra de Pradillo fundió en 1799 la campana Santa Bárbara (campana 4) aprovechando el bronce de la vieja. 
Ya en el siglo XIX, la campana Santa Leocadia (campana 3) de 1828 se debe a los artífices La Cuesta cuyo nombre figura grabado. 

Campanas de la capilla del Hospital de San Bernardo.
Para el segundo de nuestros importantes edificios religiosos, la capilla del hospital de San Bernardo, queda estudiada la construcción en nuestro trabajo antes mencionado de 1989 "Obras del arquitecto fray Lorenzo de San Nicolás en Villaseca de la Sagra (Toledo)”.
Capilla Peligros. Villaseca de la Sagra. Autor
Fachada principal de la capilla de Ntra. Sra. de los Peligros, 
hospital de S. Bernardo. Villaseca de la Sagra.

Entre 1677 y 1680 parece que se realiza la ultimación de la obra consistente en ciertas obras de albañilería y revoques, empedrados, carpintería, cerrajería y rejería. Todos los trabajos son realizados en función de las tasaciones previas que ordena el Consejo de la Gobernación a Pedro González, maestro de las obras del arzobispado de Toledo. Así pues, si en septiembre de 1669 se dice la primera misa de consagración de la capilla, en 1678 se colocan las campanas y en 1697 se hace la traslación y depósito de los cuerpos de los fundadores en el panteón, tras el altar mayor de esta capilla.
Por tanto, a los nueve años de la apertura al culto de la iglesia de Nuestra Señora de los Peligros se debieron de colocar en la espadaña de su fachada principal las dos campanas y el cimbalillo o esquilón que allí aún permanecen, puesto que una de esas campanas lleva grabada la leyenda siguiente:
*AÑO 1678* S. BERNARDO ORA PRO NOBIS* 
*HICIERONSE ESTAS TRES CANPANAS SIENDO ADMINISTRADOR DE
ESTE HOSPITAL MIGUEL GARCIA PASTOR* 
Capilla Peligros. Villaseca de la Sagra. Autor
Espadaña de la capilla de Ntra. Sra. de los Peligros, s. XVII.
 Villaseca de la Sagra.

La espadaña presenta una composición armónica con el resto de la fachada barroca y acentúa su verticalidad. Se distribuye en un cuerpo principal de dos arcos de medio punto, con dos campanas, y un frontoncillo por remate donde se aloja el cimbalillo. Sus yugos siguen la tipología toledana de ejes para el volteo.
Desconocemos cuándo se contrataron estas campanas, pero un documento de pago, fechado en 10 de diciembre de 1678 en Toledo, es otorgado por Gregorio Barcia, maestro de fundir campanas y vecino de Madrid, al haber recibido 3.792 reales de mano del administrador por el metal y hechura de tres campanas, que pesaban 316 libras (casi 145 kg). 
        Miguel García Pastor, Notario Público de la Audiencia y Corte Arzobispal de Toledo, que ejercía la administración del Patronato de Legos del hospital, habría encargado años antes la fundición y pagado satisfactoriamente al campanero en nombre de la fundación y obra de la capilla de los Peligros estas tres campanas dedicadas al titular de su hospital, San Bernardo.
Capilla Peligros. Villaseca de la Sagra. Autor
Campana principal en su melena o yugo (1678). Capilla de Ntra. Sra. 
de los Peligros. Villaseca de la Sagra.

Campana de la ermita de Ntra. Sra. de las Angustias.
Para el tercer edificio religioso de Villaseca, la que empezó siendo ermita de la Vera Cruz, desde su construcción en 1584, y ya desde 1729, ermita de Ntra. Sra. de las Angustias, sólo consta de un sencillo campanario enteramente de ladrillo, más bien espadaña de un único medio punto entre dos pilastras y un frontoncillo triangular con su esquilón. Puede ser que se construyera en la segunda mitad del siglo XVII por su similitud con motivos decorativos vistos en los paramentos de la iglesia parroquial y capilla de la Virgen de los Peligros. No obstante, en las obras de 1978, la espadaña se derribó para volver a ser reconstruida más o menos como era en sus proporciones y detalle. ¡Menos mal!
En la visita eclesiástica ordinaria que se hace a la ermita y su cofradía en 1827 se revisan los gastos anotados de años anteriores y en los de 1825 se consigna el campanillo nuevo fundido por Francisco Mazorra de Pradillo y conducido desde Madrid “para subir el dicho campanillo a la torre de dicha Hermita”.
Hasta entonces servía un maltrecho campanillo que hubo de recomponerse antes de 1817 por el herrero Felipe Sánchez y que tal vez se aprovechara en la fundición del nuevo.
En efecto, el campanillo está sujeto a un sencillo y reseco yugo de madera, y en la cara exterior de su cuerpo muestra una cruz de calvario grabada con motivos florares y vegetales al pie, apreciándose la cenefa del tercio con inscripción que la recorre y en la que alcanzamos a ver solamente: "JESVS MARIA..."
Ermita Angustias. Villaseca de la Sagra. Autor
Campanillo de la ermita de Ntra. Sra. de las Angustias (1817). 
Villaseca de la Sagra.

De los campaneros que trabajaron en Villaseca, datos adicionales.
Sobre los artífices campaneros que dejaron su obra en Villaseca hemos recopilado algunas noticias en la bibliografía artística publicada, desde intervenciones en Toledo capital hasta otros trabajos documentados. 
Entre los primeros campaneros mencionados en trabajos para la parroquia de Villaseca, Juan de la Torre aparece en 1569 con obras en Salamanca y Galicia, según recoge la obra Campaneros de Cantabria. Y sobre el campanero Juan Yuste sabemos que por 1635 y 1637 estaba en Toledo donde había realizado para la catedral el cimbalillo o esquilón en el segundo cuerpo de la torre, con nombre del Angel, como se recoge en el libro Toledo en la mano.
El campanero Gregorio Barcia, aunque madrileño, trabajó para iglesias de Toledo. En 1674 hizo una campana nueva para la de San Andrés, en 1675 fundió en el Carmen Calzado la campana grande y el esquilón llamado del Socorro para Santa Justa y Rufina, y ya en 1692 hizo una campana para el convento de la Vida Pobre, según apunta en el libro Catálogo de artífices de Toledo. De 1678 datarían las tres campanas del hospital de San Bernardo de Villaseca de la Sagra. Además, trabajó para la catedral de Toledo, e instalada en el segundo cuerpo de la torre, la campana San Sebastián tiene grabado el nombre del fundidor Gregorio Barcia y el año 1681, quien también fundió la otra compañera, la del Santo, en 1682, bajo la prelatura del arzobispo cardenal Portocarrero, según recoge el historiador Parro.
De Francisco Ygual Gargollo, fundidor de campanas, hay noticia de que, en compañía de Antonio Igual, su hermano, hizo dos campanas junto a Alejandro Gargollo, que sólo hizo una, para la torre de la iglesia de San Nicolás de Toledo, instaladas en 1730; y también fabricó una campana nueva para la iglesia de San Cipriano de Toledo. 
Además, Alejandro Gargollo Foncueva (1706-1770), nacido en Arnuero, se halla trabajando en Toledo ya en 1730 con sus dos socios y abrirán taller en Madrid, donde funde una campana para la iglesia de San Sebastián y dos para la ermita de Ntra. Sra. de Gracia; luego otra para la parroquial de Colmenar de Oreja. Ha quedado como gran hito de Gargollo el haber fundido en 1753-1755 la campana de la catedral que lleva el nombre de San Eugenio, según Parro. Es decir, es quien fabricó la famosa Campana Gorda, de más de 7.500 kg de peso, que se instaló en la torre catedralicia pero que se quebró en su primer toque.
Respecto a la campana documentada para Villaseca se demuestra que los campaneros Igual y Gargollo eran compañeros o socios de fundición y tenían su taller en Madrid. Lo que se explica porque eran de origen cántabro, vecinos de Arnuero.
Martín de Güemes (o Huemes) Ballenilla figura como fundidor de campanas vecino de Madrid cuando refundió una campana para San Justo y Pastor de Toledo en 1776, y en 1786 hizo un campanillo o esquilón para la torre de San Cipriano. En 1783 fundió una campana para la catedral de Sigüenza, de nombre La Mayor. Se trata igualmente de un campanero de procedencia cántabra, también de Arnuero, que trabajó en pueblos de Madrid y Toledo, y en obras de fábricas reales, muriendo en Madrid en 1793, según la Enciclopedia de maestros fundidores de campanas de Cantabria. En 1788 hizo el cimbalillo de la parroquia de Villaseca de la Sagra. 
De Francisco Mazorra de Pradillo se sabe que era fundidor de campanas vecino de Fuensalida cuando en 1794 hizo una campana nueva para la torre de San Justo y Pastor, y en 1802 el esquilón de la parroquia de Santo Tomé, y otros trabajos para San Nicolás, todos en la ciudad de Toledo, según Ramírez de Arellano. Aparece en el diccionario de artistas cántabros por ser originario su apellido del Valle de Carriedo. En 1820 hizo un campanillo para la torre de Quismondo. Cuando en 1827 realiza el campanillo para la ermita de Villaseca, se dice que se trae desde Madrid, lo que indica su posible cambio de vecindad. Seguidamente en 1828 se le encarga la campana Santa Leocadia de la parroquia villasecana.
De Juan de la Cuesta, probablemente Juan de la Cuesta Gargollo, natural de Bareyo, sabemos fue un artífice que en los últimos años de su vida trabajó en el arzobispado de Toledo como lo recoge la Enciclopedia de fundidores cántabros. Puede ser el mismo que realizara en 1771 una campana para la parroquial de Jorquera (Albacete) según confirma Sánchez Ferrer. Para Villaseca trabajó en 1828 asociado a un sobrino suyo, cuyo nombre no hemos podido identificar. 
    
    Con esto concluimos un estudio que estaba por hacer respecto a estos instrumentos acústicos llamados campanas, todavía presentes en los tres campanarios de nuestra villa.

FUENTES CONSULTADAS.
Archivo Parroquial de Villaseca de la Sagra -APVS-
Libro I Fábrica (1515-1551)
Libro II Fábrica (1552-1597) 
Libro III Fábrica (1600-1674)
Libro IV Fábrica (1677-1726) 
Libro V Fábrica (1728-1774)
Libro VI Fábrica (1777-1852),
Libro de las limosnas de Nª Sª de las Angustias de Villaseca de la Sagra. Año 1772
Archivo Municipal de Villaseca de la Sagra -AMVS- 
Legajo: Varios del s. XVIII, (1760-1799)
Archivo Histórico Provincial de Toledo -AHPT-
Protocolo 7831 (año 1756) 74-75v
Protocolo 7833 (año 1765) 217-218
Protocolo 328, 954-954v

Bibliografía
ESCALLADA GONZÁLEZ, L. y ARNÁIZ DE GUEZALA, J.: Enciclopedia de maestros fundidores de campanas de Cantabria, Santander, 2024, t. IV.
PARRO, SIXTO R.: Toledo en la mano, Toledo, 1857, t. I.
PELLÓN GÓMEZ DE RUEDA, Adela Mª: Campaneros de Cantabria. Santander: Centro de Estudios Montañeses, 2000.
RAMÍREZ DE ARELLANO, R.: Catálogo de artífices de Toledo. IPIET, Toledo, 2002.
SÁNCHEZ FERRER, José: “Addenda al libro Antiguas campanas de torre de la provincia de Albacete”, Al-Basit, 47, 2003.