martes, 24 de junio de 2025

La custodia procesional de Villaseca de la Sagra para el Corpus Christi

LA CUSTODIA PROCESIONAL DE VILLASECA DE LA SAGRA PARA EL CORPUS CHRISTI

Custodia procesional. Villaseca de la SagraAntonio J. Díaz Fdez.
Dr. en Historia del Arte

        Con esta contribución histórica sobre la custodia procesional de la parroquia de Villaseca de la Sagra pretendo revelar unos datos hasta ahora inéditos sobre su verdadera autoría y la fecha posible de su realización. Podemos hablar de un redescubrimiento de la autenticidad de esta pieza de orfebrería que forma parte del tesoro parroquial de este pueblo.

Partimos del hecho de que la custodia procesional de Villaseca de la Sagra es ante todo un objeto de máxima importancia litúrgica por su significado y simbolismo eucarístico dentro de las ceremonias de la religión católica. Es un objeto imprescindible dentro del ajuar de una iglesia por su necesaria función en el culto y la celebración del día del Corpus Christi.
Pero también es posible contemplarlo como un rico objeto material, valioso en sí mismo y bello desde el punto de vista artístico. Pertenece a la categoría de arte sacro. 

Así dicho, una custodia procesional es un bien cultural y patrimonial de carácter religioso que representa parte de la historia de una comunidad y nos compromete a su conservación. No deja de ser un vínculo de los muchos que nos unen con nuestro pasado común.

UNOS PRIMEROS DATOS.
    Los primeros datos que hablan de esta custodia de Villaseca los proporcionan historiadores toledanos. Primero, en el Catálogo Monumental de la Provincia de Toledo, que realizó el erudito don Jerónimo López de Ayala, Conde de Cedillo, muy a principios del siglo XX, y que fue publicado ya en 1959 por la Diputación Provincial de Toledo. En la relación de obras de arte apreciadas en Villaseca de la Sagra menciona en la iglesia parroquial únicamente la custodia procesional. Como gran conocedor del arte toledano, la describe y la cataloga con estas precisas palabras: 
“custodia de plata dorada, adornada con algunos esmaltes azules. Sobre una base rectangular, un tallo sostiene dos templetes, sobrepuesto uno a otro, el más alto de los cuales remata en cúpula superada por una cruz. Forman cada templete ocho columnas toscanas y cuatro arcos de medio punto. Decoran el más inferior de los dos, destinado a contener el santísimo Sacramento, cuatro figuras, en los ángulos, que representan a los Evangelistas, y ocho colgantes campanillas. Cobija el templete de arriba una efigie de la mártir Sta. Leocadia, titular de la parroquia, exornando los ángulos otras cuatro más pequeñas estatuillas en que se figuran Doctores de la Iglesia.
Alto, 0,95 m
Ancho, 0,30 m
Orfebrería. Renacimiento. Arte greco-romano. Siglo XVII”

Tras este breve apunte objetivo sobre la obra, la valoración personal que hace el historiador trata de situarla en su época artística y expone que es:
“Pieza de arte regular, si bien tiene cierta grandiosidad de conjunto. Pesa veinte y ocho libras. Probablemente labró esta custodia en el primer tercio del siglo XVII el platero toledano Juan de San Martín, de quien se sabe que por los años de 1625 hizo para la misma iglesia una cruz del propio estilo, que también allí se conserva” 

Sin duda, la apreciación que hace el Conde de Cedillo a la hora de datar y asignar un autor para esta custodia de asiento partía de un dato conocido como era la atribución al platero toledano Juan de San Martín de la cruz parroquial de plata, de modo que en el libro de otro historiador titulado Estudio sobre la historia de la orfebrería toledana (1915), se dice de la custodia de Villaseca:
"bien original, porque de la peana arranca un tallo y sobre él se elevan dos cuerpos de arquitectura toscana, terminados por una cruz. La avaloran las estatuas de los evangelistas, cuatro doctores y Santa Leocadia. Se hizo en 1625, y no consta la fecha de la Cruz procesional de la misma iglesia, que es también obra suya"

Desde entonces el dato del Conde de Cedillo ha sido siempre una fuente fiable para documentar la obra artística que es la custodia procesional de Villaseca de la Sagra, afortunadamente bien conservada, pero mal atribuida al platero toledano Juan de San Martín. Pero, de todas formas, el estilo inequívoco de la custodia dejaba ver su pertenencia al primer tercio del siglo XVII.

Tal era su importancia que en 1926 la custodia de Villaseca viajó a la ciudad de Toledo para la Exposición Eucarística Diocesana, donde pudo ser contemplada en toda su belleza, junto a otras custodias clasificadas como “arquitectónicas”, por sus similares características, en el Salón de los Concilios del Palacio Arzobispal de Toledo. Exposición que se celebró durante el III Congreso Eucarístico Nacional convocado por el cardenal primado Reig y Casanova [información en El Castellano, 16-11-1926].

REVISIÓN Y NUEVOS DATOS.
    Pero el examen por nuestra parte de cierta documentación hace discutible la formulación del Conde de Cedillo sobre su supuesto autor y hemos de confirmar que la custodia de plata de la iglesia parroquial de Santa Leocadia de Villaseca de la Sagra ha de ser considerada obra del platero toledano Vicente Salinas.

Esto nos consta a través de dos documentos protocolizados en la ciudad de Toledo en los que aparece el nombre de Felipa de Carcaba, viuda del platero Vicente Salinas, como perceptora de unos pagos que han de hacer los mayordomos del Santísimo Sacramento de Villaseca en concepto de la hechura de una custodia de plata. Esto se reconoce a partir de 1643. Y estas son las dos escrituras de referencia:

1.- La otorgada en 2 de junio de 1643, por Mateo López, Juan de Ribas, Gregorio de Ortega y Simón Ordoñez, vecinos de Villaseca de la Sagra, obligándose en favor de doña Felipa de Carcaba, viuda del platero Vicente Salinas, a pagarla 1.690 reales de plata en razón:
 "de la hechura de una custodia de plata dorada que les ha vendido y entregado para la iglesia de la dicha villa de peso de cuarenta y nueve marcos, una onza y seis ochavos de plata, que a razón de sesenta y cinco reales el marco monta tres mil ciento y noventa y nueve reales de plata", y la dicha señora recibe y se da por satisfecha de los mismos [Fuente: Archivo Histórico Provincial de Toledo (AHPT), Protocolo (Pr.) 3412, fol. 591, escribano Eugenio de Valladolid]. Los 1.690 reales de plata equivalían en realidad a unos 4.225 reales de vellón o corrientes.

2.- Al cabo de un año, la otorgada en 24 de mayo de 1644, compareciendo Simón Ordoñez y Gregorio de Ortega, vecinos de Villaseca de la Sagra, en nombre de Mateo López y Juan de Ribas, mayordomos que fueron los cuatro del Santísimo Sacramento de la parroquial de Santa Leocadia de la dicha villa en el año pasado de 1643, quienes declaran:
"que es así que doña Felipa de Carcaba, viuda de Vicente de Salinas, platero de la santa iglesia de esta ciudad, se encargó y obligó de hacer una custodia de plata dorada para la dicha iglesia, de peso de cuarenta y nueve marcos una onza y seis ochavos de plata que a razón de a sesenta y cinco reales el marco montan tres mil ciento y noventa reales de plata, lo cual entregaron en propia especie y se obligaron a pagarla mil seiscientos y noventa reales de vellón por razón de la hechura como se contiene y declara en la escritura que sobre ella otorgaron ante mi el presente escribano en dos de junio del año pasado de mil y seiscientos y cuarenta y tres y no obstante que la recibieron y saco a su parte y poder hecha en toda perfección como se declara en la dicha escritura que queda relacionada se quedó en poder de la dicha doña Felipa en prendas hasta la paga de la dicha hechura la cual le han hecho" y manifiestan haber recibido la custodia y doña Felipa darse por entregada de los 1.690 reales restantes [AHPT, Pr. 3412, fol. 985, Eugenio de Valladolid].

De lo anterior se deduce que se ajustó con un coste total de 3.190 reales de plata (casi 8.000 reales de vellón), que se pagaron una parte “en propia especie”, es decir, con la entrega de la custodia vieja, y 1.690 reales en moneda de plata, los que se pagan finalmente a la viuda del platero.

En esas mismas fechas otras cantidades se iban aportando para el pago de la referida custodia. Desde Villaseca, en diciembre de 1643, los vecinos Juan Martín Ortega, Juan Florín del Cerro e Illán Rodríguez se obligaban a pagar a doña Felipa de Carcaba “vecina de la ciudad de Toledo platera de la Santa iglesia de la dicha ciudad” 255 reales que debían a Gregorio Ortega y mayordomos del Santísimo Sacramento de las limosnas obtenidas de las luminarias del año pasado y el presente “por cuenta de lo que ha de haber de la custodia que se hizo para el santísimo sacramento que lo deben los dichos mayordomos…” y lo pagarán en Toledo en agosto de 1645 [AHPT, Pr. 7776, fol. 398, Juan de Carvajal]. 
Además, en 30 de mayo de 1644 y en Villaseca, Mateo López, Juan de Ribas, Simón Ordóñez y Gregorio Ortega se obligan de igual modo a pagar a doña Felipa de Carcaba otros 410 reales del resto de 660 reales “en que nos ha vendido y entregado una peana para la custodia del santísimo sacramento de esta villa de Villa Seca de la cual dicha peana nos damos por contentos y entregados a toda nuestra voluntad…” [AHPT, Pr. 7777, fol. 212, Juan de Carvajal]

Incorporada a los bienes de la iglesia parroquial desde 1645, en los inventarios de la iglesia esta custodia no aparece bien identificada hasta 1656, según el tercero de los libros de fábrica del Archivo Parroquial, donde se menciona con ciertos detalles:
“una custodia de plata sobredorada con su viril con cuatro evangelistas en las cuatro esquinas y ocho campanillas en ocho nichos pequeños y en el remate de arriba Stª. Leocadia”
Custodia procesional, s. XVII. Villaseca de la Sagra
Custodia procesional (con su atribución errónea en la ficha). 
Obra de Vicente Salinas, hacia 1638.
Iglesia parroquial de Santa Leocadia. Villaseca de la Sagra.

Al no tener localizado el contrato por el que el platero Vicente Salinas ajusta con los mayordomos del Santísimo Sacramento de Villaseca de la Sagra el hacer la custodia parroquial, se ha de averiguar la fecha de realización a partir de otros datos indirectos. Tampoco los libros de la cofradía del Santísimo Sacramento, conservados en la parroquia, nos ayudan en este intento pues se hallan algo descabalados en sus hojas.

El platero toledano Vicente Salinas está vinculado, como lo estuvo su padre Andrés Salinas, a la Santa Catedral de Toledo como gran artífice cualificado y autor de diversos trabajos de orfebrería de reconocido mérito. Los años de ejercicio de este platero están dentro del primer tercio del siglo XVII. Es posible que su fallecimiento se produjera hacia 1639. A partir de entonces será la viuda doña Felipa de Carcaba la encargada de continuar con el taller de platería en el que trabajaban sus hijos Vicente y Francisco, pero será ella la que se encargue de las obras pendientes dejadas por su marido Vicente Salinas y la que cobre aquellas cantidades que todavía le adeudaban al platero difunto por sus trabajos.

Como hemos visto, este es el caso de la custodia realizada para la iglesia de Santa Leocadia de Villaseca de la Sagra, que los mayordomos de la cofradía sacramental resuelven pagar con un finiquito en moneda de 1.690 reales a doña Felipa Carcaba a cambio de la entrega de la obra perfectamente acabada en 1644, como confirman los documentos aquí señalados.

Pero esta fecha de los pagos nos indica que la obra era anterior en años, aunque tras la muerte del platero permanecía en el taller en espera de su pago final. Por tanto, es preciso situar la realización de esta custodia en la década de los años treinta de esa centuria. 

LA CUSTODIA COMO OBRA DE ARTE
Tenemos en esta custodia procesional, también llamada de asiento, una obra artística de primer orden, atribuible desde ahora y sin mayores vacilaciones al platero toledano Vicente Salinas, y probablemente una de sus últimas obras, labrada en 1639 o antes. 
Su estilo responde a un arte desornamentado propio del periodo artístico de los comienzos del siglo XVII y que recoge las influencias del clasicismo escurialense, de lo que se ha llamado también clasicismo herreriano, por Juan de Herrera arquitecto de El Escorial. 
Es un objeto de plata sobredorada, que se clasifica dentro del Renacimiento tardío. Las técnicas del metal empleadas en su confección son la fundición, la soldadura, el torneado, el biselado, el burilado y la aplicación de esmaltes. Sus medidas son 85 cm de altura, 30 cm de ancho y 23 cm de fondo. Con unos 13 kg de peso aproximadamente (las 28 libras que se mencionan). No lleva marcas de platero por lo cual no hay señales de autoría en la propia pieza. Tampoco ostenta inscripción alguna o dedicatoria de propiedad o pertenencia.
Custodia procesional. Villaseca de la Sagra
Custodia procesional, con exposición del viril. Parroquia
de Santa Leocadia. Villaseca de la Sagra.

En su arquitectura consta de una peana rectangular, un pie oval y un astil o tallo formado por tres piezas como son un carrete cilíndrico, un nudo en forma de jarrón y un kilys (o vaso griego) que soporta la base de un primer templete. Templete que está compuesto de cuatro pares de columnas toscanas haciendo chaflán sobre pedestales y abriendo arcos de medio punto en sus cuatro frentes. Sobre éste se levanta un templete menor, pero del mismo esquema, culminado por media naranja peraltada y adornada con costillas y con remates de pináculos, para culminar en una cruz de extremos esféricos sobre pequeño kilys.
La custodia se completa con figuras exentas. Las sedentes representando a los cuatro evangelistas (Juan, Marcos, Mateo y Lucas) entre los pedestales del templete inferior, y los cuatro Padres de la Iglesia Latina (Jerónimo, Gregorio Magno, Agustín de Hipona y Ambrosio de Milán) en los ángulos del templete superior, destacando en el centro, de mayor tamaño, la imagen titular de la iglesia, la de Santa Leocadia, Virgen y Mártir. En el templete inferior está el porta-viril y lugar privilegiado para encajar el precioso viril en forma de sol que contiene la Sagrada Forma o Cuerpo de Cristo.

El modelo de esta custodia responde al prototipo de base recta y plana, tallo compuesto en forma de jarrón y dos o más templetes superpuestos culminado el último en cupulilla rematada con una crucecilla. Todo sujeto a líneas clásicas y elementos sobrios, con un mínimo de ornamentación basada en contados cabujones de esmalte azulado y otros motivos soldados o colgantes como las ocho campanillas que lo adornan. 

Obra muy similar a la de Villaseca, en Toledo está como ejemplo la custodia de la parroquia de Santiago el Mayor o del Arrabal, que se puede ver en el Museo de Santa Cruz, y cuyo autor es precisamente Juan de San Martín.


TRADICIÓN DEL CORPUS CHRISTI EN VILLASECA DE LA SAGRA.
    Primeramente, entiendo interesante relacionar la custodia parroquial con la existencia de una cofradía sacramental, sin la que no se hubiera encargado esta obra. 

Así, la refundación de la cofradía del Santísimo Sacramento de Villaseca de la Sagra puede muy bien remontarse a los años siguientes a la quema del pueblo por los comuneros del Obispo Acuña en 1521, cuando se reconstruyen la villa y su iglesia, y se reanuda la actividad de las cofradías parroquiales. La Sacramental fue una institución distinguida y a la que pertenecieron como hermanos de honor los señores marqueses, que aparecen en ocasiones encabezando las listas de esclavos. En 1714 la cofradía de Villaseca se hermana con la confraternidad de Santa María de la Minerva de Roma, por bula pontificia, lo que supone un gran honor en su rango institucional.

Sin embargo, en 1770 no tenía ordenanzas aprobadas por la autoridad eclesiástica. Funcionó como cofradía parroquial hasta 1819 en que pasó a constituirse en Sociedad Piadosa Sacramental, en cuyo nuevo carácter se desenvolvió hasta mediados del siglo XIX, para terminar por desaparecer definitivamente. 

En segundo lugar, y como una curiosidad etnográfica, añado unas sugerentes notas en relación a la forma de festejar el Corpus Christi por nuestros antepasados. La celebración del Corpus Christi en Villaseca tenía lugar, como en Toledo, con la solemne procesión de la custodia, bajo palio, y con la presencia de altares o estaciones en las calles. Pero también se solía acompañar de otros actos festivos de carácter religioso en los que tenía cabida la expresión popular como era el caso de las danzas ejecutadas durante la misma procesión. Las más comunes en Toledo y toda Castilla eran la de paloteado, la de espadas y la de cascabeles, al son de dulzaina y tamboril.
De estos usos y costumbres se habla en el acuerdo que en 11 de junio de 1589 toma el ayuntamiento de Villaseca, reunido bajo la presidencia del alcalde Diego Zapata, a fin de dotar la fiesta del Señor con una ayuda anual de 12.000 maravedíes (unos 353 reales de aquella época) a tenor "que de mucho tiempo a esta parte e muy antiguamente se ha tenido y tiene costumbre y devoción e gusto en esta villa de Villaseca de solemnizar la fiesta del día de Jesucristo con danzas y representación, procesión y otras cosas convenientes a la autoridad y regocijo de semejante festividad a la costa de la cual fiesta siempre ayuda y contribuye con su limosna el concejo de esta villa de Villaseca porque la cofradía es pobre e no tiene propio ningún [recurso] de donde hacer la dicha fiesta..." [AHPT, Pr. 7729, fol. 18, Cosme Correas]. 
Vemos que la celebración del Corpus Christi era organizada y costeada por los esclavos de la cofradía del Santísimo Sacramento, pero contando siempre con una ayuda sustanciosa del concejo. 

En los primeros papeles referidos a cabildos, visitas, listado de hermanos y cuentas de la cofradía, que datan de finales del siglo XVI, hay una larga relación de gastos relacionados con la fiesta religiosa. En 1591 hay gasto en tañedores “con sus atabales”; en “bailes que vinieron a la fiesta”; en “actos para la representación” pagados al vecino de Toledo Salas; en dos tamborileros que tocaron las danzas; en los danzantes; en unos músicos; en los siete entremeses, un acto y una comedia, pagados a un tal Cisneros; en levantar un tablado; en comprar un lienzo para pintar un decorado de la “puerta del infierno”; y en quemar pólvora [Archivo Parroquial de Villaseca de la Sagra (APVS), Libro de la cofradía del Santísimo Sacramento de esta villa (1º, termina en 1599)]. Detrás de esos dos nombres propios están dos autores de comedias o directores de compañía considerados en su tiempo como son Lorenzo de Salas y Alonso Cisneros.

Esto demuestra que hace más de cuatrocientos años ya existían los programas de fiestas, que creemos un invento de nuestros días.

Para mayor detalle, existe el contrato de 9 de marzo de 1592, donde se especifica en qué consistían esas representaciones a cargo de un Pedro de Victoria, vecino de Jerez de la Frontera, que se hallaba en Villaseca y se obliga con su compañía de comediantes "en la fiesta de la representación e fiesta que se ha de ejecutar e celebrar el día de Corpus Christi de este presente año en la figura de simple e asistirá en esta villa hasta pasada la dicha fiesta desde la víspera de Pascua del Espíritu Santo de este dicho año empezando y ejecutando la dicha fiesta y dará a su costa seis entremeses para la dicha fiesta y ayudará a ellos y a los otros que se hicieren en dicha fiesta..." [AHPT, Pr. 7731, Cosme Correas].
Aquí ya se dice que hay un actor cómico en el papel de “simple” o gracioso, personaje que en tono humorístico va desvelando las claves de la historia representada. Y que también se escenifican entremeses o piezas teatrales breves.

Por otra parte, la música también tiene una presencia importante en los actos. Todavía en 1640, en 1 de mayo, el vecino de Illescas Andrés Truchado es contratado por la cofradía para asistir el día del Corpus con un trío de chirimías (o dulzainas) en la víspera del Corpus, cobrando por ello 310 reales [AHPT, Pr. 7774, fol. 18, Cosme Correas]. Igual que al año siguiente el mismo músico se compromete a "estar en esta villa con otros tres compañeros maestros de chirimía y asistirán a la víspera de dicho día y a la misa de él con la dicha música sirviendo a los oficios divinos...", cobrando 30 ducados (unos 330 reales de vellón) por su trabajo y renunciando a tocar en el resto de la fiesta [AHPT, Pr. 7795, s/fol., Juan Álvarez].
Dulzaina, instrumento musical
Chirimía o dulzaina, instrumento popular de viento.

En 1645, recién estrenada la nueva custodia de plata que aquí hemos redescubierto, acude a Villaseca un grupo de artistas. Son Ángela Roxel, viuda de Juan Bautista Espínola, Francisco de Rojas y su mujer Juana de Ávila, Simón Aguado y su mujer María de Pina, Pablo Colomer y su mujer Gracia Serrana, Ana María mujer de Melchor de Reyes, Agustín de Rojas y Manuela Álvarez y Juan Fernández, todos doce como compañía de farsa dispuestos "para hacer la fiesta del Corpus en esta dicha villa este presente año de la fecha en esta forma que la víspera del Señor en la tarde a la hora de vísperas hemos de hacer un sarao en la iglesia parroquial de esta dicha villa y después de la dichas vísperas la misma tarde haremos una comedia en la parte y lugar donde los mayordomos de la dicha fiesta que son en esta villa ordenaren y el día propio del Señor se ha de hacer un sarao en la procesión en tres distintos lugares y el mismo día por la tarde hemos de hacer otra comedia..." [AHPT, Pr. 7778, fol. 151, Juan de Carvajal]. Tenemos en este caso una nutrida compañía de cómicos o intérpretes que intercalarán los bailes de aire cortesano llamados saraos con las comedias o farsas, representaciones propiamente teatrales y de claro asunto religioso con particular atención al tema de la exaltación de la Eucaristía.

En resumen, estas costumbres antiquísimas fueron desapareciendo con el paso del tiempo quedando olvidadas y sin tener presencia en nuestro folclore reciente, carente de danzas arcaicas que se remonten a este momento.
 
Sin embargo, es preciso traer a la memoria de Villaseca de la Sagra estas breves notas que nos ilustran sobre un pasado en el que siempre se entrelazan la historia y el arte, como valores de nuestra cultura local. 

En definitiva, lo interesante de esta tradición del Corpus Christi es que Villaseca conserva una joya artística del siglo XVII, con casi cuatrocientos años de antigüedad, como es la custodia procesional de la parroquia de Santa Leocadia.


lunes, 12 de mayo de 2025

La Virgen de los Peligros, una devoción que desde Madrid llegó a Villaseca de la Sagra.

LA VIRGEN DE LOS PELIGROS, UNA DEVOCIÓN QUE DESDE MADRID LLEGÓ A VILLASECA DE LA SAGRA.

Antonio J. Díaz F.
Historiador

      
  Son varias las advocaciones marianas que la religiosidad de nuestros antepasados, hombres y mujeres de Villaseca de la Sagra, ha fomentado a lo largo de más de quinientos años de historia. 
    La figura evangélica de María ha tenido en nuestros altares distintas advocaciones con nombres tan principales como Virgen del Rosario, del Carmen, de la Cabeza, de la Inmaculada Concepción, de la Natividad y de las Mercedes, veneradas en un tiempo u otro en la iglesia parroquial de esta villa. Y en su ermita, cómo no, la protección de Nuestra Señora de las Angustias, imagen milagrosa y patrona de la villa. 
    Junto a éstas, no olvidemos que en la capilla del antiguo hospital de San Bernardo existe una imagen pequeñita con el nombre de Nuestra Señora de los Peligros, que es la titular indiscutible de aquella capilla, más bien iglesia, alzada por iniciativa particular y con fines piadosos.

    Es momento de explicar la curiosa historia de este nombre y de esta devoción, que no nació en Villaseca, sino que vino de Madrid al tiempo que se construyó su capilla, allá por la segunda mitad de siglo XVII. 

    Vamos a hacer memoria sobre esta Virgencita "forastera", que, como digo, es la verdadera patrona de este magnífico edificio, orgullo del patrimonio histórico villasecano, ejemplo de la arquitectura religiosa de estilo barroco, obra del afamado arquitecto Fray Lorenzo de San Nicolás y ejecutada por el maestro de obras Pedro Díaz Mejorada.

LA FUNDACIÓN DEL HOSPITAL DE SAN BERNARDO Y SU CAPILLA. 
    Antes que nada, y para entrar en conocimiento de por qué invocamos a esta virgencita, hay que partir del testamento que el Secretario de Su Majestad, el señor D. Blas García, otorgó en la villa de Madrid el 18 de diciembre de 1630, ante el escribano Francisco de Benavides, en cuya segunda cláusula expresaba lo que aquí transcribimos, aludiendo a un apreciado convento madrileño:

Item digo que yo de más de treinta años a esta parte he cuidado y servido al Convento de Nuestra Señora de la Piedad que llaman de Vallecas estando la Corte en Valladolid y venido aquí y cuando se trataba de fabricar la iglesia nueva que hoy tiene yo tomé a mi cargo el hacer diligencia para buscar dineros para la dicha obra, y esto se hizo, a Dios gracias y a la Santísima Reina de los Ángeles, que a mi parecer llegué cosa de cuarenta mil Reales poco más o menos. Y también de más de esto di el dinero para hacer parte de la bóveda de la capilla de Nra. Señora de los Peligros donde se entierran las señoras monjas y siempre fue cosa asentada en el Convento que la dicha capilla había de ser para mi entierro en consideración de los dichos servicios y de los que hice en la misma ocasión de mudar el Santísimo Sacramento a Nuestra Señora de la iglesia vieja a donde hoy están y de mudar la imagen de donde entonces se puso a su capilla y los que siempre he continuado hacer al Convento [...] pero continuando la devoción que tengo a Nra. Señora de los Peligros he entendido que estas señoras están de parecer de darme la Capilla y yo darles cien ducados de renta perpetuos por ella y así mando que si en la conformidad dicha se hiciesen las escrituras se les den los dichos cien ducados de renta de uno de los juros que tengo sobre los puertos secos entre Castilla y Aragón del que tengo sobre las sisas de esta Villa de Madrid, esto por razón de la dicha Capilla que sea para mi entierro y de quien yo ordenare a mi disposición como cosa propia mía; y si no se otorgare, el Licenciado Bernardo García mi sobrino me deposite o entierre en la parte y lugar donde le pareciere y de allí si le pareciere me remueva a donde se harán las memorias de misas y fundación de capellanías que abajo irán declaradas...
[Copia del testamento del Secretario Blas García, Archivo Parroquial de Villaseca de la Sagra (APVS), Libro Becerro de Fundaciones, 1735]

    En definitiva, el alto funcionario Blas García, que se confesaba natural de Villaseca, y ejercía su oficio de secretario del rey, primero con Felipe III y después con Felipe IV, aspiraba como fiel devoto y benefactor, a ser enterrado en aquella iglesia conventual del antiguo Madrid, habiendo otorgado plenos poderes a su sobrino el Licenciado D. Bernardo García y San Pedro para cumplir sus últimos deseos y a quien nombró no sólo uno de sus albaceas sino también heredero universal de todos sus bienes.
    Este es otro personaje ilustre nacido en Villaseca de la Sagra que desempeñó como presbítero importantes cargos eclesiásticos en Madrid y su Corte, principalmente el de Visitador y Examinador General del Arzobispado de Toledo en el partido o diócesis de Madrid, en cuya villa vivió y murió. Allí otorgó poder para testar en 17 de mayo de 1650 ante el escribano Antonio Cadenas, a dos personas de su confianza. A Fray Pedro Yáñez, predicador de S.M. y Prior del convento dominico de Santo Tomás, y a su primo el ilustre Doctor D. Francisco López de Mena, canónico de la Iglesia Magistral de Alcalá de Henares y Capellán de Honor de S.M.

    Pues sí, sucedió que en la fundación del hospital de San Bernardo en la villa de Villaseca de la Sagra concurrieron dos inexcusables voluntades. La primera, la del secretario real, el villasecano Blas García, que dejaba instituidas dos capellanías para cumplir una memoria de misas por su alma con una dotación anual de 300 reales cada una, para cuyo mantenimiento asignó el producto de unas cuantiosas rentas sobre juros, censos y alquileres de las casas principales en que moraba, sitas en la calle de Alcalá de Madrid (luego vendidas por su sobrino en 1636). Pero todo con destino a la capilla de la Virgen de los Peligros del convento de las Vallecas de Madrid, donde pretendía encontrar descanso eterno, por su profundo amor a la Virgen y por haber sido gran protector del convento.
Postal Virgen de los Peligros. Madrid
Postal de la Virgen de los Peligros. 
Convento Piedad Bernarda, Madrid.

    La segunda, la de D. Bernardo García de San Pedro, con su recta actuación ante la realidad con la que se encontró a la hora de cumplir los deseos del Secretario García. De una parte, el malogrado intento para que las monjas madrileñas cedieran la cripta de la capilla para enterramiento de su tío; y, de otra, la dificultad material de poder levantar una capilla particular en la vieja iglesia parroquial de Villaseca, pese a la aprobación dada por el Arzobispado. Ante esto, en su propio testamento estaba decidido "se hiciere y fundase un Hospital en la villa de Villaseca de Sagra de donde fue natural con su iglesia de la advocación de San Bernardo y Nuestra Sª. de los Peligros para que en él se recogiesen y curasen los vecinos pobres y enfermos de la dicha villa..." [APVS, Autos de la Fundación de S. Bernardo]. Con ello no ocultaba la primordial intención de construir con su propia hacienda un panteón o capilla sepulcral para tumba de Blas García, y donde establecer las capellanías y memoria de misas, bajo Patronato Real de Legos, es decir, como fundación caritativa particular y no sujeta al orden eclesiástico. De esta manera, el arzobispo de Toledo cardenal Infante D. Fernando, ordenó a los testamentarios de D. Bernardo que se levantase en un sitio a "quinientos pasos de la parroquia en la plaza grande que hay dentro de Villaseca a la entrada del pueblo según se entra de Toledo", es decir, en la que era la plaza de Pozo de Concejo, donde hoy efectivamente se alza el conjunto de capilla y hospital (éste, transformado en Centro Cultural San Bernardo).
    Tras su muerte, ocurrida en 2 de junio de 1635 en Madrid, el cuerpo del Secretario Blas García fue traído a su Villaseca natal y depositado en la antigua iglesia de Santa Leocadia en el colateral del Evangelio, al pie del altar de Santa Ana, el 17 de marzo de 1636; y donde igualmente mandó ser enterrado el propio D. Bernardo García de San Pedro, y así se procedió a su depósito el día de 25 de mayo de 1650, el mismo día de su fallecimiento en la villa de Madrid, siempre en espera de estar construida la iglesia del hospital.
    Hasta el 29 de septiembre de 1669, día de San Miguel, no se consagraría la iglesia por el obispo de Arcadia señor D. Miguel Pérez. Con la iglesia ya bendecida fue posible decorar su interior y dotarlo de algunas imágenes o adornos litúrgicos a fin de poder dar servicio. Pero todavía las obras de carpintería, puertas y ventanas, se prolongarían hasta 1678, año en que se colocaron las campanas en su espadaña bajo la administración de D. Miguel García Pastor.
    Bajo licencia del Consejo de la Gobernación de 21 de julio de 1696, los capellanes del hospital exhumaron los cadáveres de ambos fundadores y el de su administrador, el Dr. D. Francisco López de Mena (cuyo depósito se había hecho en 5 de febrero de 1666 también en la parroquia, altar del Cristo de la Misericordia) en 17 de septiembre de 1697, tras una misa cantada y una vigilia, con asistencia de todo el clero parroquial, en que fueron trasladados definitivamente al panteón de la iglesia de Nuestra Señora de los Peligros, situado tras el altar mayor. Fechas que nos apunta el Bachiller Gregorio Díaz, el último capellán del hospital, en su libro manuscrito sobre Villaseca escrito en 1866.

LOS NOMBRES, LAS DEVOCIONES.
    Visto así, comprobamos que, a partir de 1650, o más concretamente, desde que estuviera abierta la capilla del hospital a partir de 1669, los vecinos de Villaseca pudieron contemplar en su interior las imágenes o pinturas que acomodaban los fundadores y capellanes de aquella institución piadosa.
    Indudablemente, desde el primer momento de la fundación, a través de la personalidad y sentir devoto del Secretario Blas García, nació la vinculación San Bernardo y Nuestra Señora de los Peligros.     En su última voluntad quedaba demostrada la profunda religiosidad hacia una pequeña Virgen de Madrid, la venerada en el convento de madres bernardas conocidas como "Las Vallecas", con la advocación de Nuestra Señora de los Peligros
    Este convento, hoy desaparecido, se situaba en la calle Alcalá de Madrid, a la altura de la calle que sigue denominándose de los Peligros. En este convento existía la capilla a ella dedicada. Las monjas seguían la regla de San Bernardo de Claraval y vestían hábito blanco. Su nombre legítimo era el de convento de bernardas de Nuestra Señora de la Piedad.
Azulejo calle Virgen Peligros. Madrid
Azulejo talaverano en la calle Virgen de los Peligros, Madrid.

Plano Texeira Madrid leyendaPlano Texeira Madrid

Convento de bernardas "Vallecas", en la calle de Alcalá. 
Plano de Madrid, P. Texeira, 1656.

    La tradición sobre esta pequeña y milagrosa imagen del convento madrileño se resume en estos breves datos que aquí referimos. En tierras africanas una imagen de María venerada por los antiguos cristianos había sido escondida bajo una campana ante el dominio musulmán para evitar su profanación. Pero en el siglo XVI, un cristiano cautivo de los corsarios moros dio con el lugar donde hizo el hallazgo, que mantuvo bien en secreto. Con el tiempo y una vez liberado, recuperó la imagen y, no sin pasar grandes "peligros" por mar al volver a España, se dirigió a su villa natal que era Madrid.        Allí se decidió a entregar la imagen a un convento, y con los consejos de un barbero muy devoto, se echaron a suertes entre varios. El azar favoreció a la comunidad de religiosas conocidas como "las Vallecas", que acogieron con júbilo la imagen el día 11 de junio de 1554, fiesta del apóstol San Bernabé. Por las circunstancias de su periplo desde África a Madrid a la imagen ya la habían bautizado con el nombre de Nuestra Señora de los Peligros, que es el que conservó por siempre.
Bernardas, Madrid 1887
Convento de las Vallecas, calle de Alcalá, antes de su demolición. 
Ilustración de J. Comba, del libro Madrid Viejo por Ricardo Sepúlveda (Madrid, 1887).

    Tras la Desamortización de 1836 y la exclaustración de religiosos y religiosas, el cierre del convento de la calle de Alcalá obligó a que la milagrosa imagen pasara por otros templos custodiada por las buenas monjas a lo largo del siglo XIX y primer tercio del siglo XX. Hoy, la auténtica e histórica imagen madrileña de la Virgen de los Peligros se venera en el monasterio de nueva construcción situado en la calle Joaquín Costa, número 49, de Madrid. Este es el actual Santuario de Nuestra Señora de los Peligros (Madres Cistercienses de la Piedad Bernarda).

LA VIRGEN DE LOS PELIGROS EN VILLASECA DE LA SAGRA.
    El hospital de Villaseca de la Sagra recibió el nombre de San Bernardo por la evidente razón, ya expuesta, de conservar el vínculo devoto de origen. Este traslado de cultos de la Villa y Corte de Madrid a la villa señorial de Villaseca fue, sin duda, la mejor decisión del Licenciado D. Bernardo García de San Pedro con la que pretendió crear en Villaseca la réplica del lugar que hubiera esperado, en Madrid, el Secretario Blas García para su descanso eterno. Pero al no poder ser cumplida su última voluntad por el desengaño de las monjas madrileñas, el sobrino y testamentario optó por dar solución a este contratiempo ordenando construir de nueva planta en Villaseca de la Sagra un hospital con su capilla y dedicarlo a devociones bien queridas por su tío. 
    De esta forma, en Villaseca se creaba un hospital ofrendado al fundador San Bernardo y una bella capilla consagrada a Nuestra Señora de los Peligros. Un perfecto reflejo de aquel lugar sagrado y añorado de la calle de Alcalá, y donde estuvieron profesando la madre y dos hermanas del propio Bernardo García de San Pedro.
    Puntualmente, las constituciones de gobierno del hospital, aprobadas en 1669, principiaban por declarar la festividad del señor San Bernardo, como patrono del hospital, a decir cada 20 de agosto, con vísperas y misa cantada solemne y oficiada por el capellán mayor de la institución [Constituciones y ordenanzas para el gobierno del Hospital de San Bernardo. AHPT, Pr. 3712, fols. 272-366, ante Juan Flores González]
    A la Virgen de los Peligros se le señalaba misa el día de Nuestra Señora de la Asunción, es decir, el día 15 de agosto de cada año. 
    A la exposición pública quedaría en la capilla del hospital villasecano la imagen de Nuestra Señora de los Peligros. Y acaso una pintura de La Virgen y San Bernardo, donada por el fundador y expuesta bajo un dosel en el altar mayor, como se veía antes de tener retablo mayor. 
    Efectivamente, no fue hasta el siglo XVIII que llegaron los retablos a la capilla del hospital. Todos reaprovechados, menos el más importante, el retablo mayor, que se alzó en 1772, y del que sabemos que se construyó en Madrid y que se trajeron todas sus piezas en galeras por vecinos de Villaseca, colocándose en la capilla de los Peligros en el mes de septiembre de aquel año. Habiendo costado su hechura 8.000 reales [APVS, Libro del Hospital de S. Bernardo año 1769].
Retablo mayor de la capilla de Ntra. Sra. de los Peligros, 
del hospital de S. Bernardo. Arquitectura madrileña, 1772.
Foto anterior a su restauración en 2011.

    En este retablo mayor, de madera sin policromar y de estilo rococó o cortesano, se ordenaron los principales objetos de culto que hasta entonces se hallaban dispuestos de alguna manera dentro del presbiterio. 
    Primeramente, se incorporó una pintura al óleo de La Aparición de la Virgen a San Bernardo, antes mencionada. En efecto, recuperado en su última restauración el remate superior este retablo mayor, hay que reparar en la obra pictórica que queda restituida a su lugar. En este cuadro aparece pintado un episodio milagroso que le aconteció a San Bernardo. Se dice que en premio a su fervor y defensa de la figura de la Madre de Dios, fue la propia Virgen María que se le apareció para obsequiarle con un hilo de leche de su pecho maternal. La representación así lo muestra y la pintura al óleo se podría atribuir al pintor madrileño Antonio de Pereda († 1678), pintura de hacia 1640 y en estilo barroco. 
    Era un apreciable cuadro que poseía en su oratorio el Licenciado D. Bernardo García de San Pedro y que legó al hospital. 
    Se limpió y restauró en 1996 a cargo del Patronato del Hospital de San Bernardo. 
    El estudio de esta pintura se puede consultar o descargar en mi artículo https://xn--archivoespaoldearte-53b.revistas.csic.es/index.php/aea/article/view/855/890
Pintura La Virgen y S. Bernardo. Villaseca de la Sagra
Retablo mayor, cuerpo superior con la pintura de la Aparición de la 
Virgen a San Bernardo. Óleo de Antonio de Pereda, h. 1640.

    A la vez que el retablo, se hizo una imagen nueva de San Bernardo, porque no había ninguna. Así el retablo tiene en su calle central la hornacina superior de medio punto que alberga la efigie en talla del patrón, de no gran calidad, vestido con el hábito blanco, báculo abacial, mitra de obispo a los pies y libro como padre de la orden por él fundada en el siglo XII, llamada Orden del Císter, con su norma reformadora de la regla benedictina, y que profesaron sus frailes y monjas llamados cistercienses. 
    Es obra de bulto redondo y policromada, de 1,60 cm de altura, tamaño natural, trabajada en Madrid, que costó 330 reales de pintura y dorado [APVS, Libro del hospital de S. Bº. 1769]. En 9 de enero de 1773 el Consejo de la Gobernación del Arzobispado de Toledo dio licencia al entonces patrono y administrador D. José Mateo Gasco para bendecir la nueva imagen de San Bernardo "que se había de colocar en la iglesia del Hospital", según anota el que fue capellán del hospital, el Bachiller Gregorio Díaz, en su libro manuscrito de 1866. 
    La imagen fue restaurada a cargo del Patronato de la Fundación Hospital de San Bernardo, años antes de su extinción, en 2008.
Imagen de San Bernardo, detalle. Talla madrileña,  
madera policromada, 1772.

    Por último, y como no había de ser menos, debajo de esta hornacina se sitúa el nicho y transparente que alberga la pequeña imagen de Nuestra Señora de los Peligros, de apenas 70 cm de alto.     Es una escultura de velador o de vestir, o lo que es lo mismo una imagen sin cuerpo que sólo tiene tallados rostro y manos, que se colocan juntas en actitud orante. Viste manto y saya bordada dispuestas de forma piramidal, al estilo de las pequeñas vírgenes españolas de devoción popular. Sobre sus hombros luce velo y rodea su delicada cara un rostrillo de cuentas. Sobre su cabeza exhibe una bonita corona imperial de bronce sobredorado con labores del siglo XVII, de bello dibujo barroco. Se sitúa sobre trono y peana de madera tallados y sobredorados, y bajo un humilde arquito de rayos, apoyado sobre dos columnillas, todo de latón troquelado y sobredorado.
Virgen de los Peligros. Villaseca de la Sagra  
Virgen de los Peligros. Villaseca de la Sagra

Ntra. Sra. de los Peligros, en su trono y detalle, capilla del 
antiguo hospital de San Bernardo.

    Esta pequeña pero importante escultura será seguramente del tiempo de la fundación, aunque no aparece en el inventario de bienes del Licenciado D. Bernardo García y aún en 1666 se esperaba "poner y colocar en la iglesia del dicho hospital de San Bernardo", según recoge el testamento del primer administrador, el citado D. Francisco López de Mena. Tal vez la poseyera el Secretario Blas García en su oratorio particular, conocida la profunda devoción que profesó hacia aquella imagen madrileña. O quizás la recabó el sobrino para honrar la fundación que iba a hacerse en Villaseca.
    Esta centenaria imagen fue restaurada por el Patronato del Hospital de San Bernardo en 2003.
    Como última curiosidad, es preciso observar el lugar donde se coloca la delicada imagencita, pues la hornacina que hace el retablo tiene como fondo una ventana con vidriera, lo que se llama un transparente, con lo que se permite el paso de luz desde la ventana que hay al otro lado de la cámara sepulcral o panteón del trasaltar. Igualmente, bajo el arco abierto en el muro, en lo que se llama su intradós, se pintan distintos símbolos que ensalzan la virginidad de María. Están dispuestos a ambos lados de una paloma del Espíritu Santo que centra en la clave la composición y el orden de los mismos, pintados en medallones sobre fondo rojo con un simple rameado. Este transparente ya existía antes de instalarse el retablo.
    Las invocaciones pintadas más conocidas son aquellas que en la Biblia identifican a María como Huerto cerrado, Fuente sellada, Ciprés de Monte Sión, Pozo de agua viva, Torre de David, Palmera, Ciudad de Dios, más otras como Espejo de justicia, Trono de sabiduría, Rosa mística, Torre de marfil, Casa de oro, Arca de la Alianza, Puerta del Cielo, Estrella de la mañana. En definitiva, son los atributos más comunes que suelen acompañar la representación de la Virgen María como Tota Pulchra.
Altar Virgen de los Peligros. Villaseca de la Sagra
Retablo mayor y transparente de Ntra. Sra. de los Peligros, detalle del intradós.

    Según los inventarios, esta imagen mariana solía estar acompañada, sobre las gradillas del altar, por las dos pequeñas imágenes de bulto que representan al Niño Jesús y a San Juanito, imitando las de Nápoles, en sus peanas doradas y con sus potencias de bronce dorado, como lo dice una nota de 1741 que registra el coste de dos vestiditos de militar para "los niños que están a los lados del altar de Nuestra Señora de los Peligros en este hospital". Figuras que estaban siempre vestidas, aunque ahora las veamos desnudas, y que paran, desconocemos el motivo, en la iglesia parroquial de Santa Leocadia cuando pertenecen al patrimonio legítimo de esta capilla de los Peligros [APVS, Libro del Hospital de S. Bernardo año 1735].

    La imagen villasecana de la Virgen de los Peligros recibió en 1666 un legado del primer patrono y administrador el Doctor D. Francisco López de Mena, a cuyos testamentarios mandó:

Reserven de mis alhajas las que les pareciere puedan servir de adorno a la santa imagen de Ntra. Sra. de los Peligros que se ha de poner en la iglesia del dicho hospital para lo que la señalo una joya que tengo esmaltada que por una parte tiene una imagen de Ntra. Sra. del Buen Consejo con San Luis de Gonzaga y por otra a San Diego de Alcalá y otra joya con piedra ágatas y una cruz de Caravaca de plata, y un rosario de coral de cinco dieses con extremos de oro que son los padres nuestros.
[APVS, Libro Becerro de Fundaciones, 1735]

    Este generoso administrador también designó para el servicio de la iglesia otros ornamentos y albas, un cáliz de plata pequeño y su patena, y un Santo Cristo de marfil sobre cruz de ébano.
    Recordemos otro importante legado de este insigne benefactor ya tratado por mí en una anterior entrada del blog https://memoriadevillasecadelasagra.blogspot.com/2025/01/la-huida-egipto-un-precioso-alabastro.html

    Con menor predicamento que otras imágenes de María tienen en este pueblo, no obstante, en el siglo XVIII se registra la asistencia de mujeres devotas constituidas en hermandad, pero sin ordenanzas ni licencia eclesiástica, que hacían una fiesta anual a su titular la Virgen de los Peligros y que se mantenía de las libres aportaciones o limosnas de cada hermana, llegándose a reunir anualmente unos 146 reales invertidos en cera, pólvora y derechos pagados al cura y sacristán por la misa de la festividad y otra cantada para las hermanas, según el informe municipal de 1770 sobre hermandades enviado al Señor Intendente de Toledo [Archivo Municipal de Villaseca de la Sagra (AMVS), Acuerdos (1756-1774)]. Hemos de ver aquí la existencia de una voluntariosa congregación femenina que atendía el culto de la Virgencita del hospital, y que con el tiempo terminó desapareciendo.
    Y es posible que a veces la imagen saliera en procesión, pues en 1740 unos fieles le habían ofrecido unas andas talladas y sobredoradas.

    Es evidente que en Nuestra Señora de los Peligros descubrimos una especial advocación mariana de origen madrileño pero perpetuada en esta villa de Villaseca de la Sagra, a través de una singular historia que corría el riesgo de quedar ignorada y que estoy convencido nadie había explicado hasta ahora. 
    Recuperando aquel antiguo sentimiento de pertenencia y cariño hacia la preciosa imagen de Nuestra Señora de los Peligros hemos dado con estos versos emotivos que no queremos omitir:

¡Oh, Virgen de los Peligros!
Eres Virgen de Madrid
de las bernardas "Vallecas",
la historia te trajo aquí
al pueblo de Villaseca.

Para consuelo de enfermos
del hospital San Bernardo, 
te construyeron capilla
y te labraron retablo,
donde toda tu luz brilla.

¡Oh, Virgen de los Peligros!
por más de trescientos años
que vive tu devoción,
a este pueblo toledano
concedes tu bendición.


viernes, 25 de abril de 2025

El antiguo pósito municipal y la casa de ayuntamiento de Villaseca de la Sagra.

EL ANTIGUO PÓSITO MUNICIPAL Y LA CASA DE AYUNTAMIENTO DE VILLASECA DE LA SAGRA.

Pósito hipótesis.

Antonio J. Díaz F.
Historiador

        Cuando históricamente se habla del pósito municipal, también conocido en las fuentes documentales como panera o granero, estamos aludiendo a un aspecto fundamental en el desarrollo económico y vital de los pueblos dependientes de la agricultura. Y Villaseca, a lo largo de su historia, ha sido una villa de señorío cuyo recurso principal ha estado en la prosperidad de su campo. Labradores y colonos arrendaban las tierras propias del marqués o las de la Real Acequia del Jarama o las del Patrimonio del Rey para obtener el recurso indispensable, el cereal convertido en riqueza, en "oro amarillo". 

    Realmente, al decir pósito, estamos hablando del lugar o almacén donde se guardaba el trigo que habría de servir de sementera para la cosecha de cada año y al que podían recurrir los vecinos labradores de Villaseca, sobre todo en caso de carestías y desastres meteorológicos que se cernían periódicamente sobre el campo y ponían en peligro el sustento de las familias y el pago obligado de los arriendos y cumplimiento de los contratos. A veces, este trigo era entregado a los panaderos para cocer pan y procurar alimento básico en tiempos de escasez.

    Recogíamos en nuestro libro Villaseca de la Sagra: noticias de su historia (IPIET, 1993) el dato de una fundación benéfica para la obra del pósito del pan, costeada con ayudas de personas particulares entre las que destacaba Cosme Correas, escribano de la villa y natural de La Guardia, por cuyo testamento de 1577 donó 100 ducados para contribuir a la edificación del pósito municipal con lo que se podría asegurar la prestación crediticia de simiente a los labradores de la villa. Así parece que se habilitó tal pósito en la carnicería municipal de la plaza pública allá por 1614. Aquel era el llamado pósito de los pobres o pósito pío.

    Pasados los siglos, para el caso de Villaseca de la Sagra, aun sabiendo que el pósito se hallaba situado en la plaza pública, hoy plaza mayor, este singular edificio no aparece en la pintura votiva de 1853 que ya se comentó en el trabajo anterior sobre la plaza pública y sus edificios más significativos (consulta en este enlace https://memoriadevillasecadelasagra.blogspot.com/2024/10/la-plaza-mayor-de-villaseca-de-la-sagra.html), por lo que aplazábamos su estudio para otro momento. Ello era debido a que tan valioso cuadrito de referencia, que se puede contemplar en la ermita, no recogía la línea de fachadas que por la parte oriental o de Levante cierra la principal plaza de la villa. 
    De modo que, para completar la visión histórica de toda esta plaza, solo nos quedaría por hablar del palacio del marquesado, y esto ya merece ser tema para otro contenido en este blog.
    Ahora sí procede el interesarnos por el edificio que hemos conocido en uso hasta hace unos pocos años cumpliendo una función diferente. Claro que sí, ahí se encuentra el viejo pósito, pero no funcionando como tal sino convertido en la sede del consistorio o ayuntamiento de Villaseca de la Sagra hasta el día 9 de diciembre de 2017, fecha de traslado a la nueva sede, precisamente, del señorial Palacio de los Silva y Ribera, la que es desde entonces la tercera y última casa de ayuntamiento de la villa por orden cronológico.
    Para centrarnos, hay que decir que vamos a hablar del edificio que antes que nada fue construido para servir de pósito de la villa y del que pretendemos dar unos datos bastante desconocidos.
    Al hablar de la primera casa de ayuntamiento que tuvo esta villa, el edificio de la Audiencia, todavía existente, decíamos que se construía a finales del siglo XVIII, concretamente en el año 1778, siendo alcalde ordinario Juan Santos Lebrero; con planos del arquitecto toledano Francisco Ruano Calvo y levantado por mano de los oficiales de albañilería Rafael y Narciso Alonso Vicente, sobre el mismo sitio que tenía el viejo ayuntamiento, en el ángulo noroeste de la plaza. Se eligió ese mismo lugar descartándose la propuesta de levantarlo en un amplio solar del que disponía el concejo en la misma plaza, porque según acuerdo municipal de 26 de abril de 1778, y transcribo, se decía que:

... el citado solar era y es muy preciso para la construcción de un pósito que necesita la villa por no tenerlo para la custodia del caudal de granos y que es lo que conviene para la mayor seguridad, deseando dichos señores actuales capitulares concurrir a estos inconvenientes y al mayor beneficio de ambas obras [y] de los caudales comunes han hecho se formase plan en el dicho solar para casa de Ayuntamiento y granero arriba, y con efecto tasadas ambas obras en cuarenta y cinco mil reales. Se hizo la representación al Excmo. Sr. D. Manuel de Roda, Superintendente General de los Pósitos del Reino, para que concediese la correspondiente licencia para gastar lo correspondiente del caudal del dicho pósito. Y en orden de veinte y cuatro de marzo de este año declara su Excelencia no conformarse en que la panera que necesita dicho pósito se construya sobre la casa capitular [y] que se forme el correspondiente plano para una cámara baja. Por lo que considerado todo lo referido que por una parte es preciso reservar el sitio para el dicho granero por ser el más a propósito, y que, por otra parte, no hay otro solar donde fabricar las casas de consistorio si no es a donde siempre han estado, que aunque no tienen la mayor extensión para los concejos generales hasta aquí han sido suficientes y lo son para las juntas del Ayuntamiento... 
[Archivo Histórico Provincial de Toledo (AHPT), Pr. 7839, fol. 113]

    Visto que las autoridades de Villaseca de la Sagra tenían prevenida la obra de hacer un pósito municipal en el solar de propios situado en la parte oriental de la plaza pública, y atendiendo a la indicación de la superioridad en materia de pósitos de no permitir emplazar ayuntamiento y pósito en una misma edificación, su construcción se demoró en varios años, suponiendo que fuera entre 1793 y 1796 cuando se levantara definitivamente aquel necesario pósito de gestión municipal. 
    En aquellos años Villaseca estaba poblada por unos 450 vecinos, o lo que es lo mismo, unas 1.500 almas. Si bien, los labradores propietarios y arrendatarios no eran más de 60 individuos, mientras que los jornaleros eran numerosos como mano de obra indispensable para el trabajo en el campo. A finales del siglo XVIII se informa que el término se compone de 600 fanegas de buena calidad, 1.600 de mediana y 350 de inferior; y siendo buena tierra triguera, en los años buenos se habían recogido hasta 80 fanegas de grano por una de simiente, aunque lo normal es que se recogieran anualmente 40 fanegas de grano por cada una sembrada [F. Jiménez de Gregorio: Los pueblos de la provincia de Toledo a finales del siglo XVIII. T. III, Toledo, 1970, pp. 220-225]
Documento AHPT. Villaseca de la Sagra
Documento notarial respecto a la obra del pósito municipal de 
Villaseca de la Sagra. Fuente: AHPT.
    Tenemos efectivamente algún dato concreto sobre la edificación de aquel pósito. Gracias a un documento notarial que lo menciona explícitamente firmado ante el escribano Francisco Moreno Díaz. Y que dice que en 18 de noviembre de 1796 los maestros de albañilería Juan Díaz Gómez y Narciso Alonso junto al de carpintería Ceferino Alonso Plaza, todos vecinos de la villa, habían contratado la construcción del nuevo pósito y una vez acabada la obra había sido reconocida por el maestro alarife de Toledo José Ignacio García, habiendo aprobado éste la obra ejecutada por haber seguido correctamente el plan y las condiciones propuestas, y encontrando alguna mejora que debía ser compensada sobre el ajuste inicial. Por ello, el ayuntamiento se comprometía a pagar a los maestros 500 reales por el aumento que se hizo de los cimientos y destinar otros 200 reales al arquitecto por la visita de reconocimiento, siendo alcalde ordinario José Magán Magán. El pago se les hacía con urgencia, pero los oficiales aceptaban devolverlo si se aplicara una nueva tasación [“Obligación...”. AHPT, Pr. 7849 (año 1796), fol. 178].
    El edificio habría de servir para almacenar grandes cantidades de trigo y cebada en previsión de las posibles necesidades del vecindario. Sabemos que en 1796 se guardaban en aquel pósito recién construido unas 3.390 fanegas de grano, según recoge R. Sánchez González en su libro Villaseca de la Sagra (1700-1833). Demografía, economía y sociedad (IPIET, 1985). Los regidores del ayuntamiento eran los que se ocupaban de asistir y mantener el pósito y de llevar la contabilidad en libros específicos, que hoy se conservan en el Archivo Municipal.
    Hasta aquí lo que documentalmente sabemos del citado pósito municipal. Y puesto que existe parcialmente el edificio, aunque oculto dentro de una edificación posterior, podemos desvelar algunos rasgos de su arquitectura. Hay que señalar que este pósito ha sido por mucho tiempo la segunda casa de ayuntamiento que ha tenido esta villa, desde la que se han ejercido las funciones de gobierno municipal a lo largo del siglo XX y primeros años del XXI.

EL PÓSITO MUNICIPAL DE VILLASECA.
    Este edificio del viejo pósito se enclava en la manzana que en la planimetría de la villa de 1879 está bien delimitada por la propia plaza pública, que se abre al oeste. Por el sur, el trazado rectilíneo suroeste-nordeste de la calle llamada del Caño (hoy, Doctor Fleming); por el norte, la también paralela nominada entonces de las Vacas (hoy, calle Príncipe). Ambas calles, compuestas en su mayor parte de casas. Al nordeste, por el contrario, la manzana se cerraba por solares, cercas y corrales, abiertos a las eras, sembrados y, en definitiva, al ancho campo. Tal y como informa la ilustración que aquí mostramos como una sección del conjunto urbano de Villaseca.
Villaseca de la Sagra. 1879 IGN
Plaza de la Constitución con el edificio del pósito y sector del barrio alto. Trabajos topográficos 1879. Fuente: Instituto Geográfico Nacional (IGN).

    Este edificio ocupa una regular superficie, alzado en medio de un largo corral casi rectangular que lo aisla de las edificaciones circundantes, creando dos pasillos estrechos laterales y un solar cuadrado al fondo. Repito, estamos hablando del edificio antiguo conservado dentro del edificio actual que hemos conocido como el ayuntamiento de Villaseca de la Sagra. 
    Lo edificado tiene amplias dimensiones en planta (10 m de ancho por 15 de largo aproximadamente), desde la línea de fachada hasta su fondo. En altura llegaría a lo sumo a los 6 m, altura que alcanzaría el caballete de su tejado, conociéndose que no tuvo dos alturas como actualmente se puede ver. Es decir, el viejo pósito mantenía una planta totalmente rectangular dividida en dos naves longitudinales orientadas de este a oeste, separadas por cuatro arcos de ladrillo de medio punto sobre cinco pilares cuadrangulares de ladrillo y con una altura hasta la clave de los mismos de unos 4,5 m aproximadamente. 
    El siguiente dibujo realizado por nosotros trata de formar la planta con las líneas de acotación de los alzados que también se han de ver más adelante.
Croquis planta pósito.AJDF
Croquis de la planta de las dos salas del pósito. Dibujo del autor, 1982.

    Así lo reflejamos en los dibujos recurrentes obtenidos en 1982 a raíz de las observaciones que pudimos hacer por nuestra cuenta durante la reforma interior que entonces se llevaba a cabo para adecuarlo a una nueva función. Aprovechamos que se picaron y quedaron al descubierto el total de los muros de este recinto que iba a ser adaptado para que en él se ubicara el tan recordado Teleclub de los años 70 del siglo pasado, verdadero centro social donde era posible ver comunitariamente la televisión en aquellos años.
    Como decimos, con la citada reforma de 1982, el recinto del pósito quedó despojado eventualmente de los enlucidos interiores, de las subdivisiones y enmascaramientos que acotaban el espacio, y donde se ubicaba la sala capitular o de plenos (al sur, con ventanas a los chiqueros). De esta forma, quedó visible el aparejo original de los muros y la disposición exacta de los vanos primigenios, así como sus pilares de ladrillo exentos en el centro. Al mismo tiempo, con las obras se rebajó el suelo sin hallarse más que tierra asentada sin indicio de haber restos de cimentación u otras construcciones anteriores. De nuevo se volvió a subir el nivel rebajado echando cantos y morro para evitar humedades y finalmente sobre esta plataforma solar encima.
    De la cubierta antigua, como decimos, cabe suponer que fue una gran estructura de madera de las de par e hilera, al modo tradicional; con un tejado de teja curva o árabe, formando dos faldones largos y un tercero más corto. Toda esta carpintería había desaparecido con las sucesivas reformas del edificio en sus partes altas, pues con la edificación de las salas sobre la fábrica del pósito primitivo ésta tuvo que menguar en alzado, sacrificando la citada cubierta.
    Esta alteración también la declaraban los arcos, todos ellos secados o rotos desde la clave para asentar las viguetas nuevas en la obra que se realizó para doblar el edificio, y que sirvieron de apoyo a las transversales que también se sustentan en los muros y que formaron el forjado del piso superior añadido en la obra que se hizo en torno a 1954 con estos resultados que afectaron y transformaron el viejo edificio del pósito para adaptarlo a ayuntamiento. El suelo del piso alto se encuentra a nivel del intradós de los arcos. 
    Tomando nota de los restos primitivos, constatamos entonces que estos muros eran gruesos y estaban realizados en fábrica de albañilería, es decir, a base de ladrillo, cal y piedra, presentando diversos vanos en altura. Todo estaba construido según las técnicas usuales del aparejo toledano de la época, finales del siglo XVIII.       Pilares de ladrillo, de mayor a menor ancho, con cajones de piedras de mampostería y verdugadas de ladrillo enrasando el mampuesto. Restituyendo la integridad de los muros y su aparejo en los siguientes dibujos queda patente la conformación original de los mismos.
    En el interior de estas salas, entonces diáfanas, con la vista puesta en el muro occidental, o sea, el que mira a la plaza pública (el señalado sobre el plano anterior con las letras A-A'), se abrían dos huecos a ambos lados del pilar central, destinados a dos puertas de ingreso (de 1,5 m de ancho por 2 m de alto más o menos) con dintel de ladrillo dispuesto en espina con curvatura en el intradós y jambas en derrame hacia el interior. 
    Por el contrario, el muro opuesto u oriental (señalado como C'-C), el que daba al corral trasero, tenía dos ventanas altas, en el medio de los testeros. 
    Por lo que respecta a los dos muros más largos, tanto el norte (señalado como B-B') como el sur (o D-D'), llevaban cada uno, a la misma altura sobre la segunda verdugada y trabadas con el pilar, frente por frente, tres ventanas. En total, estas seis más las dos ya citadas, hacían ocho ventanas, o más bien ventanucos, que iluminaban y ventilaban el interior del granero municipal.
Alzados pósito. AJDF
Croquis de los alzados interiores de muros del pósito. Dibujo del autor, 1982.

    Sin embargo, delante de las puertas del muro oeste precedía una antesala que servía como vestíbulo. Teniendo a un lado y a otro, una habitación para oficina y una escalera que subía hacia arriba, en cuyo hueco se habilitó en tiempos pasados un cuarto para calabozo.
    Este bloque de dos alturas y de orientación transversal respecto a las salas del mismo pósito se adelanta hasta la línea de la calle, revelándose como un edificio de fábrica antigua en sus partes bajas, como lo demostraba el aparejo en el muro exterior, y con una cámara superior luego bastante alterada por derribos y obras de adecuación posteriores incluso a 1983.
    El esquema completo de la delimitación de la parcela y del plano del expresado pósito se plasma inequívocamente en la planimetría detallada del edificio donde realmente se señalan las partes que lo componían o tenían una función precisa en 1879. 
    Vemos de esta forma un único ingreso a un portal (a) con su escalera para subir a la cámara (b) y un trastero bajo ella (c). A continuación, una sala (d), separada por lo que llaman "columnas" (e) de la otra sala (d), que se interrumpe con un cuarto (f). 
Edificio del pósito. Villaseca de la Sagra .1879
Detalle de la planta y enclave del pósito. Trabajos topográficos 1879. 
Fuente: IGN.

    Por tanto, este que se dice portal, o que podemos llamar antepósito, consistía en un bloque rectangular que sí tenía dos pisos. Exteriormente, en el superior se abría un corredor de madera sobre la única puerta de entrada y vistas a la plaza. El tejado por esta cara era a una vertiente con caballete paralelo a la fachada y dos limas, prolongado por la cubierta del corredor tal y como se aprecia en el modo constructivo de las casas adyacentes con corredor en la misma plaza. La cubierta general era a cuatro aguas sobre cuatro limas. Este tejado sobresalía por encima del más inferior del pósito propiamente dicho.
    Ni que decir tiene, que todo el edificio antiguo del pósito fue dañado y transformado en su plan original subdividiéndose en espacios u oficinas y deteriorando los aparejos primitivos de ladrillo y mampostería, de dinteles de puertas y ventanas, y abriendo nuevos y mayores vanos. El pósito, así reducido, se convirtió en sólida base de cuatro muros para poder rehacer en altura el que debía ser ayuntamiento de la villa.
    Como curiosidad y valiéndonos de una fotografía costumbrista, con vistas de la plaza en los años 50 del siglo XX, vamos a constatar cómo era la arquitectura del viejo edificio del pósito que venimos estudiando.
Foto familiar. 1950
Mozos posando en la Plaza pública en fiestas, hacia 1950. 
Foto del álbum familiar.

    En la foto podemos contemplar prácticamente casi toda la línea de casas de la fachada oriental de la plaza pública, desde la esquina con calle Cantarranas (en ese año, Capitán Cortés) hasta poco antes de la bocacalle del Caño (entonces, Falange de Marruecos). Con bastante claridad se advierte en el fondo hacia el centro la mole del edificio que identificamos como pósito-ayuntamiento, pero en su construcción primitiva, sin las transformaciones posteriores de las que hemos hablado y que llegaron a desvirtuar este precioso ejemplo de arquitectura popular con función civil hasta despojarlo del tipismo que tanto armonizaba con las construcciones de su entorno, caracterizadas particularmente por la presencia de los bellos corredores de madera y el blanco encalado de los muros. 
    Hemos querido hacer una abstracción del edificio en sí a través del siguiente dibujo para comprobar que la fachada del pósito-ayuntamiento se enmarcaba entre dos tapias altas que se corresponden con los corrales que lo aíslan de las casas contiguas.     En una de estas tapias se abre un postigo, en el sitio en el que hemos conocido antiguamente la puerta de toriles, donde delante se solía formar el callejón de palos y carros de la plaza de toros preparada para la festividad de septiembre.
Croquis fachada pósito. AJDF
Croquis de la fachada oriental de la plaza mayor de Villaseca de la Sagra.

    Se hace patente que detrás de este bloque de dos pisos que hace fachada a la plaza asoma un tejado, que habría de corresponderse con la cubierta más baja y original de las salas del pósito, que ya hemos venido comentando, y que choca contra este bloque que hemos llamado portal o antepósito. Es cierto que se trata de un bloque de dos alturas. Con una puerta centrada sobre gradas y una ventana al lado derecho sin mayor guarnición o adorno. Lo que singulariza al edificio es, sin duda, lo dicho, el primitivo corredor de madera sobre siete pies derechos con sus zapatas y viga, con una luz de casi 2 m de alto, sobre la que baja un faldón del tejado.
    Si acudimos a la conocida documentación fotográfica del legado del arquitecto Carlos Flores (que se puede consultar en la web de la Real Fundación de Toledo) tenemos dos imágenes del lado de la plaza que estamos describiendo. La primera foto (A) muestra la gran casa con balconada corrida, que estaba dividida en dos propiedades. Una era la tienda carnicería Casa Alonso, regentada por Casimiro Alonso Martín (que hoy sigue siendo tienda de alimentación) y ya lindando con el corral del ayuntamiento, la casa que en su bajo tenía en alquiler la Farmacia (hoy se corresponde con el bar El Tranzón). Ambas propiedades derribaron las casas viejas y construyeron nuevas acomodando sendos corredores de madera. 
   Observamos una verja en la que se puede leer en su chapa "Frente de Juventudes-Hogar Rural" con el logo del entonces Movimiento Nacional. Local oficial que estaría abierto en los años 60 y que daba acceso a una parte del ayuntamiento, utilizado para uso social de la juventud, quizá habilitado en alguna sala del viejo pósito.
Plaza Villaseca de la Sagra. Carlos Flores
Plaza de Villaseca de la Sagra (A). Archivo Carlos Flores. 
Fuente: Real Fundación Toledo
Plaza Villaseca de la Sagra. AJDF
Plaza mayor de Villaseca de la Sagra. Corredor de la casa carnicería 
"Casa Alonso". Foto del autor, 1983. 

    Una segunda foto (B) encuadra desde abajo de la plaza una primera casa particular, con corredor centrado en medio de su fachada (hoy existente y restaurada a fondo), y a continuación la tapia con el portón de ingreso al corral municipal o de toriles. En medio, visto de soslayo, se alza el imponente ayuntamiento que existía en aquellos años de 1975. Totalmente transformado en su aspecto exterior, lo mismo que interior, respecto a lo que había sido veinte años atrás, tan bien reflejado en la foto costumbrista antes expuesta. 
Plaza Villaseca de la Sagra. Carlos Flores
Plaza de Villaseca de la Sagra (B). Archivo Carlos Flores. 
Fuente: Real Fundación Toledo.

    La vista frontal de este edificio, ya ayuntamiento, se recoge en una fotografía publicada por la Diputación Provincial de Toledo, de esos años. Aquí apreciamos la simetría que presenta la propia fachada con un ingreso central sobre escalera pues el suelo se eleva sobre el nivel de la plaza dejando un zócalo de base. Dos ventanas se abren a los lados. Arriba se extiende un balcón de barandilla de hierro que también tiene puerta en el centro y dos ventanas laterales. El edificio se ve como una gran construcción a dos alturas cuyo bloque interior se ajusta a muros apilastrados con grandes ventanas regulares y con un acceso exterior por escalera en el costado para entrar a despachos y oficinas que aquí tenía la Hermandad de Labradores. También nos llama la atención un pequeño torreón que sobresale para acceder a la terraza, puesto que el tejado se suprimió completamente y por delante se dispuso un antepecho de obra.
Ayuntamiento Villaseca de la Sagra. Dip. Prov. To.
Ayuntamiento de Villaseca de la Sagra, 1975. Fuente: Diputación 
Provincial de Toledo.

    Sucesivas intervenciones no dejaron de transformar el edificio del ayuntamiento que había sido antes edificio del pósito. Más adelante, en los años 80 del siglo XX, a raíz de las obras de 1982, la fachada del ayuntamiento había adquirido un nuevo aspecto, como se aprecia en la siguiente fotografía pese a su baja calidad. Esta vez unificado por un revestimiento de ladrillo visto. Los huecos (puertas y ventanas) se habían regularizado y guarnecido de piedra blanca como también el zócalo y todo dispuesto con igual simetría hasta incluir las tapias laterales de cierre de lo que dejaron de ser corrales para convertirse en patios. Se mantenía el balcón corrido del segundo piso, como lugar de presidencia para alcaldes y corporaciones, y una barandilla entre pedestales se atisba en el aterrazado superior.
Plaza Villaseca de la Sagra. AJDF
Casa particular y ayuntamiento de Villaseca de la Sagra. 
Foto del autor, 1983.

    Más adelante, a inicios de nuestro siglo, la casa consistorial adquiere un renovado perfil, realzando su presencia en la plaza mayor. Una gran mejora constructiva impone un nuevo estilo más acorde con el entorno de las casas contiguas. Se mantienen las dos tapias de sus antiguos corrales, ahora adecentadas con sendas portadas de madera y aleros bajo tejadillos. A tono con el carácter escurialense de la propia plaza, se dota de zócalo y escalinata doble de piedra berroqueña. Se agrandan puerta de ingreso y ventanas que se cierran con magnífica rejería. Luce un rótulo en piedra con la palabra AYUNTAMIENTO.
    El segundo piso se engrandece con un balcón corrido de madera con cuatro pies derechos de gran altura. Los tres vanos replican los inferiores descritos. El tejado a un agua forma voladizo y por encima se alza un edículo con frontis donde se sitúa el reloj municipal y bajo tejado a dos aguas. 
Ayuntamiento Villaseca de la Sagra
Edificio que fue ayuntamiento de Villaseca de la Sagra, en la actualidad. 
Foto del autor.

    Si finalmente hemos secuenciado la evolución que ha ido dando forma al edificio representativo del ayuntamiento de Villaseca de la Sagra hasta 2017 ha sido con la intención fundamental de señalar el lugar que tuvo el pósito municipal construido hacia 1796. Pero también hemos querido testimoniar que el núcleo constructivo de este edificio consistorial lo constituye en su parte inferior toda la fábrica del pósito, que ha quedado fosilizada y oculta por las distintas transformaciones y reconversiones por las que ha pasado el mencionado edificio una vez que sirvió para sede de la máxima institución municipal.
    Hemos querido contribuir a la memoria de un edificio en cierto modo desaparecido como es el pósito municipal de Villaseca de la Sagra, oculto a la vista y cambiado en su función, invisible pero integrado físicamente en el edificio que últimamente ha dejado de ser ayuntamiento.