miércoles, 2 de abril de 2025

A devoción de Ntra. Sra. de las Angustias, tres planchas del siglo XVIII para grabado.

    

A DEVOCIÓN DE NTRA. SRA. DE LAS ANGUSTIAS, TRES PLANCHAS DEL SIGLO XVIII PARA GRABADO.

Motivo central estandarte Ntra. Sra. Angustias
Antonio J. Díaz F.
Dr. en Historia del Arte

    A finales de 2012 el entonces párroco de Santa Leocadia de Villaseca de la Sagra, don Andrés Francisco Peña Macías, dispuso la recuperación de ciertos objetos que se hallaban arrinconados en desvanes de la iglesia por resultar ya inservibles o sin función litúrgica alguna. Y no carentes de interés histórico, artístico y etnográfico, quiso recogerlos para memoria del pasado de la parroquia.  Se dirigió a mí como un colaborador forzoso para organizar una especie de museo parroquial donde crear un espacio de identidad cultural al que denominó Memoria de la fe, con la misión de catalogar con cierto rigor y criterio técnico las diversas piezas expuestas en sus vitrinas. El pequeño “Museo” se inauguró oficialmente el 13 de julio de 2013, con algunas piezas que se encontraban todavía pendientes de clasificar.
    En esta labor personal fue gratificante ver el que se hubieran encontrado tres valiosas planchas metálicas para producir estampas de Ntra. Sra. de las Angustias, que me sugirieron de inmediato el poder estudiarlas desde el punto de vista histórico-artístico.
    Así pues, en Villaseca de la Sagra y desde 2013 se exhiben en vitrinas del pequeño museo parroquial instalado en el coro alto de la iglesia barroca de Santa Leocadia tres placas de cobre para grabado pertenecientes al siglo XVIII en las que se representa a Ntra. Sra. de las Angustias, excelsa patrona de la villa, cuyo santuario se encuentra extramuros en la antigua ermita de la Vera Cruz (fig. 1).
Tres planchas. Museo parroquial Sta. Leocadia
Fig. 1. Tres planchas para grabado, s. XVIII.
Iglesia parroquial de Santa Leocadia, Villaseca de la Sagra.

    Son tres piezas excepcionales pues resulta más fácil encontrar las estampas impresas antes que topar con las matrices de imprenta. En este caso existe la paradoja de haberse conservado afortunadamente las planchas originales, nada menos que tres, y no tanto las estampas que se produjeron en los talleres de estampación. 
    Toda plancha se trabaja ofreciendo la imagen del revés, es decir, como si fuera el espejo de la imagen definitiva que es la que tiene que obtenerse al imprimir o entintar el papel. Hablamos como de un negativo (que es la plancha metálica) y un positivo (que es la estampa en papel).
    Antes, conviene resumir en qué consiste la técnica del grabado a buril, que es el tipo calcográfico o estampación en hueco, al que obedecen estas tres planchas. Se cuenta primero con un dibujo a lápiz de la imagen que se quiere reproducir. Este dibujo es el que se copia sobre la plancha. El trabajo de diseño se hace sobre una lámina de metal, preferentemente de cobre batido como es el caso, en la que el artífice grabador incide con un instrumento o herramienta llamado buril, del que se dispone con varios acabados de punta, a fin de ir abriendo los surcos que van formando las líneas del referido dibujo, definiendo los perfiles más o menos marcados y aquellos efectos como sombras o gradaciones que han de quedar bien plasmados y diferenciados por zonas en la estampa final. Estos surcos o incisiones de distintas magnitud y profundidad retendrán la tinta que sobre la plancha se extienda. De este modo, mediante una prensa de imprenta se podrá ir sacando el papel grabado y en el que se apreciarán las distintas calidades del dibujo configurando el grabado definitivo, del que se podrán hacer bastantes copias en una tirada con la misma imagen varias veces. En la estampa religiosa este método de reproducción suponía la profusión de imágenes de culto y la fácil difusión entre los numerosos devotos de cofradías y feligresías.
    En estas tres planchas originales conservadas en la parroquia de Villaseca tenemos la obra que el grabador ha manejado y trabajado con sus propias manos y en la que ha dejado toda su pericia y habilidad. Es la obra artística que sale directamente de la mano del artista y en la que deja su personal impronta al interpretar más o menos correctamente el dibujo de partida. Por ello, estas tres planchas adquieren el valor de originales al igual que consideramos una pintura, una escultura, una cerámica, etc. 
    Es una gran suerte que las tres planchas quedaran, en definitiva, en propiedad de la parroquia a través sin duda de la hermandad de las Angustias, quien fomentó su fervor religioso.
    Con el fin de hacer más reconocibles las figuras y textos que constituyen cada uno de los grabados hemos ofrecido la plancha original en foto a color y junto a ella la misma plancha, invertida y en blanco y negro, simulando una hipotética estampa resultado de la impresión en papel. Lo exponemos así sólo en el caso de las dos primeras planchas, de las que carecemos por el momento de estampa original, aunque confiamos en que se dé la sorpresa de que aparezcan algún día.

  A/  La primera plancha por orden cronológico es la de menores dimensiones (apenas el tamaño de una postal) y data concretamente de 1750 (fig. 2). La imagen de la Piedad, con advocación de las Angustias en Villaseca de la Sagra, se sitúa frontalmente sobre un suelo natural y al pie de una cruz plana de madera. De este modo la estampa viene a reproducir fielmente la imagen de talla que preside la ermita de Ntra. Sra. de las Angustias desde al menos 1729. Pero la imagen del grabado se anima pictóricamente con un fondo imaginado donde se vislumbra a un lado un sitio como una pequeña ciudad amurallada y al otro un alto risco coronado por un castillo. Y ocupando el cuarto inferior de toda la superficie se inscribe una leyenda sobre cuatro líneas y en la inferior la firma del artista:

Nª Sº D LAS ANGVSTIAS D VILLA SECA D LA 
Sagra prodigiosa en milagros y libra de peligros de los 
Caminos. La dedª el S. D. Franº Florin del Cerro a la Srª 
Dª Mariana d Urieta Ferz. d Linares. aº de 1750. 
Andrade Sculp.

    En general, el dibujo se muestra bastante nítido y es sencillo en su composición sin apenas elementos sobresalientes en la representación, ciñéndose al grupo formado por las figuras y la cruz que lo respalda, un paisaje bajo y exiguo y un celaje neutro y monótono.
Plancha 1750. Ntra. Sra. Angustias    Plancha 1750. Ntra. Sra. Angustias espejo
Fig. 2. Cobre fechado en 1750 (y la supuesta estampa derivada 
de su impresión).

    El interés también está en los datos concretos que aparecen consignados en esta dedicatoria de carácter privativo y de intención piadosa entre particulares, conociendo la identidad de ambos nombres. De don Francisco Florín del Cerro, que por sus apellidos es persona vinculada a esta villa, se conoce su condición de hijo de familia noble, en realidad, un hijo natural, no legítimo, de don Nicolás de Silva Folch de Cardona (hermano del VII Marqués de Montemayor don Manuel de Silva y Ribera), del que fue único y universal heredero, puesto que su padre había tomado los votos sacerdotales llegando a ser capellán Mayor del Real Convento de la Encarnación de Madrid, Abad Mayor de San Salvador de Jerez de la Frontera (sólo hasta 1752) y Sumiller de Cortina de S. M., todo un personaje de alta alcurnia perteneciente al alto estado eclesiástico. A este Francisco Florín el nuevo Marqués Montemayor don José de Baeza Vicentelo, Marqués de Castromonte, le reclamará en 1766 la entrega de los libros maestros e inventarios de papeles concernientes al Mayorazgo de Montemayor y sus agregados que permanecían en su posesión por razones de herencia y que deberían pasar al nuevo propietario del mayorazgo [Archivo Histórico Nacional -AHN-, Archivo de la Nobleza, BAENA, C.35, D.4-9. Correspondencia remitida por Máximo Rama Palomino en nombre de José Baeza Vicentelo, VI marqués de Castromonte, y dirigida a Francisco Florín relativa a la entrega de ciertos inventarios, libros becerros y documentos de la administración del marquesado de Montemayor]. 
    Todo en razón del litigio mantenido por la sucesión y traspaso del mayorazgo desde 1751 con el citado don Nicolás, último administrador de las posesiones del linaje de los Silva y Ribera, extinguido a la muerte sin descendencia de su sobrina doña Teresa de Silva y Folch de Cardona Ribera (†1751) en la corte austriaca de Viena. Francisco Florín, en su condición de hijo ilegítimo no podía detentar ninguna propiedad vinculada al marquesado de Montemayor ni considerarse heredero de los Silva y Ribera, puesto que era, en términos legales, un bastardo sin derechos de sucesión. 
    De igual modo, de doña Mariana de Urieta Fernández de Linares sabemos su relación con Francisco Florín, tratándose de su esposa, hija de don Francisco Urrieta, mayordomo que había sido de la casa y estados de los Marqueses de Montemayor, al servicio del citado don Nicolás de Silva. Todo esto se deduce igualmente del aludido pleito abierto con el nuevo poseedor el Marqués de Castromonte. El apellido Urieta o Urrieta nos desvela una procedencia de la hidalguía vizcaína. 

 B/   La segunda plancha sitúa la imagen mariana igualmente de frente sobre un cuidado trono de pequeño remate abalaustrado y delante de una cruz más adornada en sus extremos, lo que se podría interpretar como una canastilla de madera que soporta el grupo escultórico. Todo bajo un marco arquitectónico clásico consistente en un arco de medio punto moldurado sobre dos pilastras cajeadas de orden dórico. Como si la imagen se viese en la hornacina de un retablo componiendo así una hoja grabada de tamaño intermedio (fig. 3).
    No figura fecha declarada y entre tornapuntas de bella línea barroca se abre una cartela con el anagrama de María incluyendo la siguiente leyenda escrita en seis líneas, más la firma del autor: 

Nª Sª DE LAS ANGVSTIAS COMO SE VE
nera en Villa-seca de la Sagra p. quien obra D[io]s infini
tos milagros. El Emmº Sr. Cardl. Solis conc. 100 ds.
d Yndulgª rezando un Ave Maria ò Salbe
ante esta Stª Imagn y el Emmº. Sr. Arzpº. de
Toledo 80 ds. Rezando un ave maria.
Jh Andrade f.

    Resulta apreciable la mayor calidad técnica de esta plancha. En ella se hace evidente la más cuidada delineación y modelado de las figuras, fundidas en ese esquema triangular característico, resultando sencillo el marco, pero efectivo y sobrio en sus líneas; contribuyendo a la belleza del conjunto el dinámico adorno de la cartela al pie, que le da esa gracia que tiene todo ornamento barroco.
Plancha h. 1760. Ntra. Sra. Angustias Plancha h. 1760. Ntra. Sra. Angustias espejo
Fig. 3. Cobre, h. 1760 (y la supuesta estampa derivada de su impresión).

    Consideramos estas dos primeras planchas relacionadas con un mismo nombre, el que figura en ambas, José Andrade, su grabador. En la primera plancha firma con solo el apellido y su condición de "sculptor" (o grabador) y en la segunda introduce el nombre de pila en forma abreviada como “Jh” que significa en la grafía de la época Joseph y añade la f del latín "fecit" (en castellano, hizo).
    Se trata del grabador a buril José Andrade que trabaja para las imprentas madrileñas de la época con láminas para ilustrar libros ya desde 1715 hasta 1766, fechas de algunos de sus trabajos documentados. Entre su producción destacan también las estampas religiosas y a su catálogo podemos añadir estos dos grabados dedicados a la Virgen de las Angustias de Villaseca de la Sagra, realizados en un estilo bien distinto entre ambos, pero de mayor perfección en la segunda de las planchas.

 C/   Superando en tamaño a las anteriores, la tercera de las planchas presenta un grueso marco rectilíneo y muestra la efigie de Nuestra Señora sobre un suelo natural en el que se ven a sus pies los tres clavos y la corona de espinas, atributos de la Pasión de Cristo, su Hijo al que sostiene en sus brazos. Por detrás, rompiendo la frontalidad, se sitúa el sepulcro en perspectiva diagonal al igual que la cruz plana cerrando un lateral. Arriba en el ángulo superior, dos cabezas de querubines contrapesan la escena, a modo de escena pictórica. 
    La leyenda figura al pie en un zócalo recuadrado en el que se muestra en trampantojo simulando un papel o tela clavada. Toda esta composición se comprende dentro de un marco de líneas ortogonales (fig. 4).
Plancha h. 1770. Ntra. Sra. Angustias
Fig. 4. Cobre de Juan F. Palomino, h. 1770.

La leyenda repite la fórmula bien conocida que dice:

MARIA SS. DE LAS ANGUSTIAS
Que se venera en la Villa de Villaseca de la Sagra por quien
obra Dios infinitos milagros.
El Emmº S. Cardl. Solis concede cien días de indulgª rezando un
Ave Maria o Salve ante esta Stª Imagen. Y el Exmo. S. Arzbpo.
De Toledo Ochenta rezando un Ave Maria.

    Ya en el borde inferior fuera de la propia representación aparece en cursiva la firma del autor que dice : “Gravada pr. Juan Fernando Palomino”. 
    Juan Fernando Palomino (†1793) es el grabador ligado a la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid.

    En este caso sí podemos contemplar la estampa tal y como se obtuvo de la impresión, posiblemente sobre la placa aquí mostrada. El ejemplar en papel se conserva en los fondos de la Calcografía Nacional y recrea la efigie de nuestra venerada imagen (fig. 5).
Estampa Ntra. Sra. Angustias. Calcografía Nacional
Fig. 5. Ntra. Sra. de las Angustias, venerada en Villaseca de la Sagra.
Calcografía Nacional, nº inv. AC-00800. Juan Fernando Palomino. 
Colección Antonio Correa (Academia Colecciones. https://www.academiacolecciones.com/estampas/inventario.php?id=AC-00800)

    Al observar en este grabado el resultado de la estampación se puede constatar la gran calidad del trabajo previo realizado a buril sobre la plancha. El artista ha expresado con hábil técnica en los trazos un dibujo preciso en todos sus pormenores, en el modelado de las figuras y en los sutiles efectos de una luz celestial blanca que desciende en rayos sobre María y su Hijo, en esa bella composición piramidal que tiene el grupo escultórico en el que se inspira.

    Para datar tanto esta estampa de Palomino como la anterior de Andrade, puesto que llevan idéntica leyenda, atendiendo al dato de la concesión de indulgencias, se concluye que ambas estampas se realizan durante el cardenalato de don Francisco de Solís y Folch de Cardona (Madrid, 1713-Roma, 1775), nombrado cardenal (cardenal Solís) en 1756 por el papa Benedicto XIV, cuando era arzobispo de Sevilla. 
    Por su parte, el arzobispo toledano que coincide con este periodo del segundo cuarto del siglo XVIII no es otro que don Luis Antonio Fernández de Córdoba, cardenal Portocarrero, que desempeñó su prelatura en la sede primada entre 1754 y 1771. 

    Por tanto, las tres planchas se sitúan en ese periodo desde 1750, fecha señalada en una de ellas, hasta 1760 y 1770, para el caso de las otras dos aquí estudiadas. De las dos estampas de José Andrade no hay constancia en los catálogos de su obra, por lo que las aquí presentadas son inéditas en la producción de este grabador. Afortunadamente, la de Juan F. Palomino está ya registrada en su repertorio de estampas religiosas.
    Ciertamente, nos parece extraño que en poco menos de veinticinco años, de 1750 a 1775 se hubiesen sucedido tres encargos de estampas dedicadas a Ntra. Sra. de las Angustias, cuando una plancha permitía sacar una tirada inicial de máxima calidad y  solía servir para tiradas posteriores durante mucho tiempo hasta que la plancha original dejaba de ser útil por desgaste.
    Lo cierto es que en los libros de la cofradía no se recogen alusiones a gastos en estampas durante esos años por lo que parece que estas tres planchas se costearon al margen de la hermandad de las Angustias y por iniciativa de particulares. Lo que sí está demostrado en el caso de la primera plancha de 1750, dedicada por don Francisco Florín y ofrecida a su esposa.

    Únicamente la cofradía señala en cuentas de 1690 el gasto en estampas de la Virgen de las Angustias [Archivo Parroquial de Villaseca de la Sagra -APVS-, Libro I de la Cofradía de la Sta. Vera Cruz (1690-1724)].     Pero lo cierto es que estas estampas estarían representando una imagen anterior de la Virgen de las Angustias, pues sabemos de la realización de una nueva efigie, la actual, en torno a 1729, cuando se constituye canónicamente la cofradía de Ntra. Sra. de las Angustias, y cuando pasa a ocupar el altar mayor de la ermita de la Vera Cruz como titular de la misma y patrona de Villaseca de la Sagra, acompañada de las imágenes del Cristo a la columna y del Cristo con la cruz a cuestas, ligadas a su cofradía.
    Es posible que la 23ª y última de las ordenanzas presentadas en 1729 para su aprobación canónica [“Presentación a aprobación de las ordenanzas de Ntra. Sra. de las Angustias”. Archivo Diocesano de Toledo -ADT-, Cofradías de Toledo, Legajo 45, Expte. 43, año 1729] avisara del propósito de abrir estampas de la nueva imagen con encargo a un hermano fraile :

Iten. Hordenamos, respecto de estar empeñada la lamina de Nra. Srª. de las Angustias, y haver corrido por qtª. del Pe. Fray Sebastian del Ssmo. Sacrtº. y hermano de dha hermandad su desempeño y abrimiento, que las estampas que se tiraren se repartan y el dinero de limosnas entre en el arca.
    No parece se hicieran de inmediato aquellas láminas encargadas al citado fraile para dar difusión a la imagen de las Angustias.
    Esta imagen de la Virgen María sosteniendo en sus brazos el cuerpo del Hijo muerto se nos presenta como una obra escultórica de gran belleza y dramatismo y es a la que se someten los dibujos de las tres estampas vistas aquí. 
    La imagen, policromada y de bulto, se regala o adquiere en torno al año 1729, sin que se conozcan más datos sobre su encargo, ni el escultor que la talló ni otras circunstancias que aclaren la incógnita de su aparición gozosa en esta villa (fig. 6). 
    Indudablemente, siempre se ha barajado la posibilidad de que su autor fuera el hijo natural de Villaseca de la Sagra Juan Pascual de Mena (1707-1784), el brillante escultor y académico que desempeñó su carrera artística en Madrid como profesor de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, y de quien sí podemos afirmar es la bella imagen de Ntra. Sra. de las Mercedes de la iglesia parroquial. 
    En 1729 Pascual de Mena tendría 22 años, los suficientes para haber adquirido una formación artística en el ámbito de la escultura cortesana y madrileña y con los escultores franceses que acudieron a La Granja de San Ildefonso, donde es posible que perfeccionara el oficio. El hecho es que él ya estaba en Madrid poco antes de 1730, año en que contraía matrimonio en la iglesia de San Lorenzo de la Corte [DÍAZ FERNÁNDEZ, Antonio J.: "Notas para la biografía del escultor Juan Pascual de Mena", Boletín del Seminario de Estudios de Arte y Arqueología de Valladolid, 52, 1986, pp. 501-508. Se puede consultar en este enlace https://www.academia.edu/110826966/Notas_para_la_biograf%C3%ADa_del_escultor_Juan_Pascual_de_Mena].
Talla original Ntra. Sra. Angustias
Fig. 6. Imagen policromada de Ntra. Sra. de las Angustias, sin vestir. 
Talla anónima de hacia 1729.

    Por otra parte, no deberíamos descartar una posible e inevitable coincidencia y trato de los dos artistas grabadores, Andrade y Palomino, con el escultor Juan Pascual de Mena, porque todos ellos estaban vinculados a la Real Academia de San Fernando de Madrid y frecuentaban los mismos ambientes artísticos. Además, alguien hubo de proporcionar los dibujos de la Virgen para poder grabar las planchas.
    De momento, aquí está consignada la existencia de tres planchas para grabado y estampa de la Virgen de las Angustias, que son tres objetos artísticos que corresponden a la segunda mitad del s. XVIII, cuando su culto estaba en pleno auge.


miércoles, 12 de marzo de 2025

Pozo Concejo, Fuente Vieja y el problema del agua en Villaseca de la Sagra.

POZO CONCEJO, FUENTE VIEJA Y EL PROBLEMA DEL AGUA EN VILLASECA DE LA SAGRA.

Fuente y pilón popular
Antonio J. Díaz F.
Historiador

A raíz de un documento oficial de 1895 que se conserva en el Archivo del Ayuntamiento de Villaseca de la Sagra, vamos a indagar en las circunstancias que condicionaron históricamente el abastecimiento de aguas en esta villa toledana, tanto las de uso ganadero como las que principalmente afectaban a la población, las aguas potables.

RECURSOS NATURALES.
    Villaseca de la Sagra es por definición geográfica un municipio ribereño por cuyo lado sur discurre apaciblemente el río Tajo, confinando por su margen derecha. Es el tramo que va desde la desembocadura del arroyo Guatén o Guadatén hasta los límites con el sitio de Velilla, ya en término municipal de Mocejón. En este recorrido de orientación noreste-sudoeste el río hace de raya con el actual término municipal de Aranjuez al otro lado, las que fueron antiguas posesiones pertenecientes al Real Sitio de Aranjuez sujetas a la administración del Patrimonio Nacional hasta 1870.

Theatrum Orbis Terrarum 1584

Aceca (Seca en el mapa), molino y barca. Acotación sobre el mapa Theatrum Orbis Terrarum (1584) de Ortelius. Fuente: Toponimia de España y Portugal II (Fuentes Árabes), Boletín Real Academia de la Historia (1997).

    El Tajo “villasecano” pasa desde el paraje llamado La Ría circundando con un amplio meandro el llano y vega, a modo de lengua, llamada El Bosque, pasando al pie del real palacio de Aceca y dejando en su orilla derecha lo que fueron las casas del Real Patrimonio, la antigua barca, el puente de madera y el molino de Aceca, con su presa o azuda, y ambas construcciones, propiedad del rey, como lo señala el plano del ingeniero Cabanes de 1828, preparado para el estudio de hacer navegable el río. 

Río Tajo y Aceca. Cabanes 1828

Curso del río Tajo a su paso por Aceca (F. J. de Cabanes, 1828). 
Fuente: Biblioteca Virtual del Patrimonio Bibliográfico.

    Sitios que fueron cambiando o perdiéndose a lo largo del siglo XIX. De todo aquello, nada o poco queda. El palacio levantado por Felipe II sobre el cerro desapareció tempranamente tras la Guerra de la Independencia (1814) y sus ruinas quedaron sepultadas en parte dentro de la finca La Bóveda. El puente quedó en desuso y abatido una y otra vez por sucesivas riadas, prevaleciendo definitivamente el construido en hierro para el trazado del ferrocarril de la compañía MZA de Ciudad Real-Badajoz hacia 1876.     Residualmente quedó una barca como único medio de cruzar el río, incluso en tiempos recientes y por iniciativa particular, hasta su desaparición pasado mediados del siglo pasado. 
    Si bien, a principios del siglo XX se creó el poblado industrial o barriada de Aceca, pero del que solo restan las dos interesantes casonas o chalets de los descendientes de los Ratié y la iglesia de Ntra. Sra. de Fátima, posterior a 1950. Finalmente, el río salía aguas abajo de la presa que estos empresarios franceses aprovecharon, donde el molino antiguo, para enclavar allí sus productivas industrias: la harinera y la fábrica de electricidad (desde 1968 en propiedad de Iberdrola para rendimiento de la gran Central Térmica de Aceca). Aguas abajo, tras sortear la isla (que se llamó de Cartagena en un tiempo), el río traspasa ya los límites de Velilla esperando la entrada del río Algodor por su izquierda y bajando hasta encontrarse con las vegas y el torno granítico de la ciudad de Toledo.
    Por ello, el abastecimiento del río Tajo siempre estuvo asegurado en otras épocas salvo episodios en que sus aguas se vieran contaminadas por fenómenos naturales como aluviones principalmente o porque propagaran enfermedades como el paludismo. Pero para llevar esta agua de consumo a la población, distante unos 3 km del río, era imprescindible el trabajo de los aguadores, oficio que ha pervivido esporádicamente hasta mediados del siglo XX. Cántaros de barro para el transporte y tinajas en las casas para su depósito sirvieron a esos efectos.

Villaseca de la Sagra. 1879 IGN
Mitad sur del término municipal de Villaseca de la Sagra con el despoblado de Aceca junto al tramo del río Tajo. Trabajos Topográficos, 1879. 
Fuente: Instituto Geográfico Nacional (IGN).

EN TIEMPOS PASADOS.
    En un breve texto que publicamos en el Programa de Fiestas de 1995, año, por cierto, de dura sequía arrastrada desde 1991, traíamos a colación el tema de Villaseca de la Sagra y sus aguas.

    Si nos remontamos a finales del siglo XVI y utilizamos las informaciones de las Relaciones topográficas de Felipe II, de 1576, sus propios vecinos declaraban que Villaseca estaba enclavada en un territorio de escasa irrigación, tanto es así que deducían que el propio nombre de la villa era atribuible a esa falta de aguas, a la recia sequedad del terreno. Una “villa seca” que justificaba a todas, todas, el nombre del lugar. Pero también informan de que siempre hubo "pozos amargos" para el servicio de las casas, en tanto que la villa carecía de fuente pública.
    Nada de verdad histórica tiene el pretender que el nombre de Villaseca significa lugar seco, aunque la realidad geográfica quiera confirmarnos esa suposición. El topónimo Villaseca es una deformación o síncopa del nombre “villa de Aceca”, porque acequeños fueron los que huyendo de la insalubridad del río se asentaron lejos, a menos de una legua, y en el paso del Cordel de Merinas, donde había surgido un pozo natural que surtía a las caballerías y rebaños trashumantes. Esto debió ocurrir ya a mediados del siglo XII.
    Dentro de la información más extensa sobre la villa, recopilada y remitida por el cura propio don Manuel Mariano Dávalos para incluir en las Relaciones topográficas del cardenal Lorenzana, de 1788, está el testimonio concreto de los vecinos, que dicen usan del agua del río Tajo para beber, pero que también existe una fuente caudalosa inmediata al pueblo en “donde beben los pobres”, les decir, los que no podían pagar a los aguadores por su servicio; tratándose de un agua excelente en la que se cuecen los garbanzos en dos horas, y dada la bondad del agua de esta fuente la consumen en el Real Sitio de Aranjuez, en Añover y La Alameda. 
    A partir de aquí, se puede hacer un seguimiento de las vicisitudes por las que ha ido pasando la población de Villaseca en materia hidráulica y reconocer dos puntos principales que han sido preocupación municipal a lo largo de los siglos: el servicio y conservación del pozo del concejo y la necesidad de construcción y mantenimiento de una fuente pública.
    A este propósito, traemos aquí unos breves datos históricos sobre dos lugares urbanos tan bien ubicados, y considerados en épocas pasadas, como son el Pozo de Concejo y la Fuente Vieja, situados próximos y en la gran plaza al oeste de la población, que hasta 1914 todavía mantenía el nombre de plazuela del Pozo de Concejo. 
    Un tema ya tratado por nosotros en nuestro libro Villaseca de la Sagra, noticias de su historia (1993) [enlace al contenido en https://www.realacademiatoledo.es/downloads/publicaciones_cont/194/74.-antonio-jose-diaz-fernandez-villaseca-de-la-sagra-noticias-de-su-historia-1993.pdf]

El Pozo de Concejo
    Este antiguo pozo concejil puede muy bien ir a la par con la remota antigüedad de nuestra villa, a la que antes hacíamos referencia, aunque la primera mención concreta y documentada data de 1590, en que se habla de algunos reparos y empedrados del pozo nuevo y el viejo. En 1616 el Ayuntamiento acordaba hacer un pilar con su noria para facilitar el abrevar a las cabalgaduras y en 1617 hay gastos en su limpieza. Años en que ya se nombra en los documentos municipales como pozo del concejo, es decir, pozo de propiedad comunal y uso público. 
    Circunstancialmente, 1722 es el año en que se registra su total hundimiento, lamentándose la pérdida de pozo tan abundante destinado principalmente a los ganados de la villa y cabalgaduras de arrieros y trajinantes. Una noria provisional se instaló años después, en espera de excavar otro pozo nuevo junto al ya arruinado, en lo que se gastaron 9.006 reales de vellón de las arcas municipales. Hay testimonio de que este pozo tardó muchos años en alumbrar, pero pasado el tiempo dio tal caudal que jamás se notó la falta de agua, aun en épocas de sequía y esterilidad que no fueron pocas. Avanzado el siglo XVIII el pozo concejil amenazaba con desaparecer si el Ayuntamiento no hubiera emprendido su total reconstrucción desde 1774. Entonces se encargó al maestro de obras de albañilería y alarife de la villa, Francisco Alonso Santos, que reconociese y tasase el coste de hacer un pozo sacado de fábrica, es decir, revestido de ladrillo y no solamente excavado y ahondado a pico en la peña. Para tal obra, el Consejo Real de Castilla había autorizado el gasto de 7.990 reales, pero solicitaba del Ayuntamiento las razones por las que se pretendía hacer el pozo en distinto sitio. Tras un nuevo peritaje, la obra definitiva se llevó a cabo en 1778 y el pozo se soló con piedra berroqueña por José Crecido, cantero de Ajofrín, quien colocó también dos pilas, mientras que la cal y el ladrillo los suministró Juan B. Redondo, vecino de Mocejón. 
    En 1802, en una petición dirigida al rey, el Ayuntamiento solicitaba permisos para empedrar el pozo de concejo, que se hallaba inundado e impracticable, y del que afirmaban: "cuyo agua es de superior calidad aunque es salobre para los ganados de toda clase, que se halla construido en el mejor sitio de su población" y que los ganados que la beben "engordan y tienen la robustez que se apetece", además de ser pozo tan necesario para los ganados del pueblo como para las caballerías de los trajinantes de Magán y Mocejón, que venden pan y otros víveres. Las obras se emprendieron en 1803 con fondos del común. Hecha la obra del pozo concejo, a vista del arquitecto hidráulico de S.M. y teniente arquitecto mayor del Real Sitio de Aranjuez D. José Fornells, éste dictaminó que si bien la obra era aceptable, encontraba como defectos que los pozos no eran hondos, porque deberían haber sido 20 o 15 pies más (unos 4 a 5 m), y que tampoco la cañería era muy profunda, necesitando hacer otras mejoras en el exterior, evaluando lo hecho en precio de 6.200 reales. El mismo técnico reconocía a la vez el estado de la fuente pública. 
    Como se ha visto, la situación del Pozo Concejo, junto al Cordel de Merinas o camino real de Toledo a Madrid, a la entrada del pueblo, era idónea para el paso de ganados y animales de carga y de labor que con sus aguas podían reponer las convenientes fuerzas, y por eso Villaseca fue parada obligada para la trashumancia y el comercio de carretería a través de esta vía que unía Toledo con Madrid y viceversa. De ahí, el constante desvelo del concejo de Villaseca por conservarlo siempre abierto y bien reparado. 
    Sin duda, eran otros tiempos en que el comercio discurría por caminos de tierra y a lomos de bestias de carga y carruajes. Nos consta que el Pozo Concejo se cerró en la década de 1950, bien que cuarenta años después se volvió a sondear con éxito y en su sitio se construyó la caseta actual que lo protege.

Caseta Pozo Concejo. Villaseca de la Sagra
Caseta sobre las bocas del Pozo Concejo.

La Fuente Vieja.
    Respecto a las aguas potables, muy cerca del Pozo Concejo está la conocida en nuestro tiempo como Fuente Vieja, pero identificada como la fuente pública que fue construida en 1866, y que tiene otros antecedentes que queremos señalar. 

    Por carecer Villaseca de una fuente de agua dulce para uso del vecindario, el Ayuntamiento hizo escritura el 30 de junio de 1697, en junta comunal presidida por Diego de la Plaza, alcalde ordinario, Francisco Aparicio, Bartolomé del Cerro y Juan Carranque Fernández, regidores, y Alonso Díaz Huerta, procurador general de la villa, y veinte vecinos más, para construir unas conducciones, pozos y depósito en el sitio llamado de las Pilillas, lugar al noroeste de la población, según proyecto presentado por el maestro fontanero de Madrid Manuel de Salas. Éste halló un abundante manantial, que se captaría a través de 432 varas (unos 360 m) de mina o galería con sus pozos de ladrillo y un depósito o arca desde el que llevar una cañería de barro hasta dos fuentes que había que situar a la salida de Cantarranas, con su pilón para abrevadero y lavadero. Así, de principio, el Ayuntamiento concierta la obra con el citado Manuel de Salas y su socio Juan Gómez, del mismo oficio y vecino de Madrid, en 66.000 reales. Sin embargo, en 1698 los maestros habían faltado a su obligación de acabar la obra dejándola a medio hacer y abandonada, por lo que serían demandados judicialmente en la Real Chancillería de Valladolid. El pleito se volvía insostenible económicamente y el Ayuntamiento acabó por desistir en su demanda, pactando con el maestro fontanero la cesión de toda la obra realizada y de los materiales prevenidos, mientras aquél aceptaba a cambio lo hasta ahora cobrado en cantidad de 34.700 reales, quedando el resto del ajuste previsto en las arcas municipales. Así nos lo refiere en su libro manuscrito sobre Villaseca el bachiller Gregorio Díaz en 1866. El concejo villasecano optó por buscar un nuevo maestro y fue Fr. Gabriel Rodríguez, de la orden franciscana, que estaba haciendo una fuente en Cogolludo para el duque de Medinaceli, quien reconoció la obra del pilar hecha hasta ahora señalando los muchos errores cometidos al no haberse buscado agua en las zonas bajas o valles y recomendando llevar la fuente a la plazuela del pozo de concejo, informando de la total inutilidad y ningún provecho de la obra empezada por los fontaneros madrileños, y lo firma en Villaseca de la Sagra el 18 de agosto de 1698. 
    Quizás aquella pretendida captación en las Pilillas diera nombre a la calle del Caño (hoy Dr. Fleming) pues es calle que desde palacio se dirige recta hacia aquel paraje, también llamado Pilares, hoy ocupado por edificios municipales.
    La determinación del Ayuntamiento fue sacar a subasta la continuación de la obra y finalmente es contratada en 1699 por Juan Rodríguez, maestro fontanero vecino de Guadalajara (probable hermano del religioso), en precio a la baja de 30.800 reales y el aprovechamiento de todos los materiales de la fuente empezada por Salas, comprometiéndose a buscar y dar agua en las Cuevas, las Viñas y Matahijos, todos sitios al norte de la población hacia el monte de Magán. Con todo, la obra se encareció llegando a la importante cantidad de 75.937 reales que se cubrieron con las rentas del arrendamiento del Prado Viejo, de propiedad municipal, y aplicando un préstamo de 20.000 reales dados por la fábrica de la iglesia parroquial [Archivo Histórico Provincial de Toledo (AHPT) P-7796, escribano Lucas Gómez Mejorada].
    Desafortunadamente, aquel pilar de aguas se secaría a los pocos años y en 1728 hubo de proyectarse una nueva obra. Para obtener fondos con que costearla se dieron distintas corridas de toros en la plaza mayor, autorizadas por el Marqués de Montemayor, don Manuel de Silva y Ribera Toledo, aunque hasta el año siguiente no se ejecutó la obra, consistente en conectar tres pozos situados en el paraje de las Viñas y los llamados Pozos del Marqués, según el plan dado esta vez por el Maestro Fontanero de Madrid Blas de Ortega y realizado por el maestro del mismo oficio Bernardo Correa Ibáñez, vecino de Valdemoro [AHPT, P-7822, escr. Lucas Gómez Mejorada].
    Desconocemos la duración que pudo tener esta infraestructura ni qué caudal de agua proporcionó, pero ya a finales del siglo XVIII era muy recomendable su consumo no sólo en Villaseca, sino que era llevada hasta el mismo Real Sitio de Aranjuez, como antes veíamos. Esta era la llamada Poza, situada fuera de la población "donde se abastece todo el pueblo para el agua que se consume para la cochura de garbanzos y beber". Todavía el agua no se había terminado de conducir hasta el interior del pueblo.

Hoja topográfica 629
Las Cuevas, Las Viñas y Matahijos. Detalle del término municipal de Villaseca de la Sagra. Mapa Topográfico Nacional, Hoja 629-II (1999) Mocejón, 1:25.000

    Aun así, el deterioro de la fuente era patente en 1802, año en que el Ayuntamiento declaraba que la conducción presentaba roturas y fugas de agua desde hacía bastantes años y era preciso reconstruirla poniendo dos pilares nuevos. Ya en 1820 se veía la posibilidad de meter el agua en el pueblo desde esta poza situada extramuros en el camino de Cabañas. 
    Pero hasta cuarenta y ocho años más tarde no llegó la autorización del Gobierno Civil de la Provincia y del mismo Duque de Sessa, entonces señor de Villaseca y propietario de bastantes tierras de su término, construyéndose así la fuente y pilón de piedra conocida más tarde como Fuente Vieja en el centro de la mitad oriental de la plazuela. Aunque desde 1863 siendo alcalde Antonio Martín Díaz ya se dispuso hacer varios pozos para la captación, y así el Bachiller Gregorio Díaz reconoce que "uno subsiste cerca de la poza, al lado del pueblo", como apunta en su manuscrito sobre Villaseca. La fuente con su pilar y pilón en piedra granítica no se concluyó hasta 1868, fecha que estaba inscrita en el viejo pilar, pero que hoy vemos grabada como 1866 en la reconstrucción idealizada que se hizo en 1987, instalada en la encrucijada de la plaza, frente a la casilla del pozo de concejo.
Fuente Vieja. Villaseca de la Sagra








Fuente Vieja. Villaseca de la Sagra
Fuente Vieja. Fuente nueva conmemorativa, 1866-1987.

    El caso es que el 30 de julio de 1868 el entonces ayuntamiento constitucional de Villaseca, presidido por su alcalde José del Viso Solar, contrató con el alarife Joaquín Gutiérrez Trasnuedo, vecino de la villa, la construcción de una fuente de aguas potables desde los pozos del Juncal hasta la plazuela de Pozo de Concejo donde estaría el pilar. La tubería sería de hierro fundido con sus registros. Todo con plano y proyecto del arquitecto de la Diputación Provincial. Un año tendría de plazo para su construcción, haciendo una caseta junto a la fuente y un lavadero en la Cruz Verde. El contratista firmaba por 40 años la concesión del servicio del agua y aprovecharía el ramal de la Poza en el camino de Cabañas [AHPT, P-16264, notario Pablo Lázaro Carrasco]. 
    En 1879 los trabajos topográficos oficiales realizados en la población y su término nos ofrecen la planimetría de la llamada plazuela del Pozo de Concejo en donde se sitúan las dos infraestructuras hídricas hasta aquí reseñadas en su devenir histórico. El espacio que cubre, de aproximadamente 6.500 m2, estuvo siempre despejado y rodeado por las casas aledañas y las consabidas bocacalles (en dirección de las agujas del reloj) Boquete, Toledo, Callejuela o Estudios, Gremios, Real, Santo y Toledo en su entrada al pueblo. Desplazado del centro de la plazuela, sobre el papel milimetrado se dibuja un cuadradito con cuatro puntas que representa el lugar del antiguo pozo. Más hacia la derecha en el centro de la que desde 1914 es plaza de Miguel Cervantes se situaba el pilón de la fuente y en un lado se alzaba la caseta del fontanero o encargado que cuidaba de su servicio. Todo ello se aprecia perfectamente en el plano aquí reproducido.
Trabajos topográficos. Villaseca de la Sagra. 1879Villaseca de la Sagra. Sección urbana. Trabajos topográficos 1879. Fuente: IGN.

    Este plano del siglo XIX se corresponde ya en el siglo XX con la imagen fotográfica que desde el aire nos muestra, en distinta orientación, aquel amplísimo espacio todavía sin urbanizar donde el gran pilón de la fuente se aprecia en medio de la plaza Miguel de Cervantes, poco antes de construirse en el mismo lugar las escuelas que existieron hasta 1987. En cambio, a la derecha, en la parte del Pozo de Concejo, del que no se advierte ningún vestigio aparente que lo identifique sobre el suelo, se sitúan las conocidas como “casas de los maestros”, hoy desaparecidas y convertido su extenso solar en jardín público de recreo.
Vista aérea. Villaseca de la Sagra. 1970
Vista aérea del espacio público de Pozo de Concejo y Fuente Vieja, años 60-70 del s. XX.

Los sistemas de riego.
    Para obtener los buenos frutos del campo, fue una gran obra hidráulica aquel canal de riego promovido por el rey Carlos III que con el nombre de Real Acequia de Jarama habría de conducir las aguas del río Jarama, captadas en San Martín de la Vega, por un canal que discurría sobre la margen derecha del río Tajo hasta desaguar en este mismo río en el Soto de Requena, en término municipal de Mocejón. Aquella fue una infraestructura ya abierta en 1743 y que trajo un relativo beneficio a todas las tierras situadas al sur de la canalización, como eran los 42 tranzones de los Prados y Cabezadas de Aceca (hoy Sindicatos), el Prado Viejo concejil, los Ajares, los Picales y otros parajes. Una infraestructura que, ya bajo administración estatal, ha perdurado en el tiempo hasta nuestros días pasando por fases de estar impracticable, todavía en 1935, a su total reconstrucción y feliz funcionamiento desde 1958. Es así, que de la precariedad del riego se hace eco el Diccionario de Madoz de 1848 señalando que “pasa por el pueblo el cauce o acequia real de Jarama, que se halla sin correr, aunque conserva en toda su extensión las obras de puentes, esclusas etc; sería muy útil el que se habilitase, pues no hay en el término ni una gota de agua”. 

    Pero a finales del siglo XIX las iniciativas de riego en tierras del término municipal de Villaseca se concretan en dos proyectos significativos, pero bajo la competencia de los propietarios que fueron adquiriendo las tierras que en su día pertenecieron al mayorazgo del marquesado de Montemayor, heredado por los duques de Sessa y Altamira, hasta 1880.

    Respecto al primer propietario, el abogado y vecino de Madrid Juan Guerrero y Brea, añadimos la siguiente noticia en prensa:

“Se ha otorgado á favor de D. Juan Guerrero y Brea una concesión para construir en el término municipal de Villaseca de la Sagra (provincia de Toledo), un canal de riego, derivando del río Tajo 600 litros de agua por segundo, para regar 900 hectáreas de tierra, propiedad del referido señor. Las aguas serán elevadas á 35 metros de altura, y el canal recorre una extensión de siete kilómetros. Muy en breve darán comienzo las obras, que sin disputa son de gran importancia para la localidad. El vecindario está entusiasmado” [El Liberal (Madrid), 28/07/1892, p. 3].

    Un proyecto que salía a la información pública a través de la Sección de Fomento, Servicio de Aguas, en su circular núm. 44, firmada en Toledo 19 de febrero de 1892, especificando que la instalación estaría situada en el cerro largo [de Aceca], funcionando por medio de máquina de vapor y bombas correspondientes, y afectando al dominio público en el cruce con el ferrocarril directo de Madrid-Ciudad Real y con varios caminos vecinales [Boletín Oficial de la Provincia de Toledo, 20/02/1892, p. 1].

    Posteriormente, el siguiente propietario, el afamado ganadero de reses bravas don Faustino Udaeta, obtendría en 1900 desde la Jefatura de Obras Públicas una concesión de aumento de 1.100 litros de agua por segundo del río Tajo, para riego de terrenos de su propiedad, en término de Villaseca de la Sagra, solicitando la aprobación de un acueducto con tubería de hierro en  los terrenos denominados “segundo tranzón” de D. Manuel Cabello, vecino de Mocejón, presentando para probar la necesidad de esta servidumbre, proyecto compuesto de una memoria y planos [Boletín Oficial de la Provincia de Toledo, 16/01/1900, p. 1]. 
    Nuevamente, según noticia en prensa, en 1910 la viuda de Udaeta traspasaba la concesión de aguas de riego del río Tajo a la Marquesa de Castañeda, doña Matilde de Guzmán y Caballero, nueva propietaria de tierras en Villaseca de la Sagra [El País, 08-03-1910, p. 3].

El abastecimiento de aguas para la población.
    Al margen de estos proyectos particulares de riego, que no afectaban a los intereses vecinales, para suministro de la población se reconoce en 1895 la necesidad de establecer un sistema de abastecimiento de aguas potables a cargo del ayuntamiento. 
    El documento es de 1895 y se trata de un cuaderno en folio de 16 hojas, cosido en los márgenes con hijo rojo. El papel está timbrado como se corresponde con papel oficial y numerado en sus hojas.     Está escrito por ambas caras con tinta de color sepia o marrón.

Primeramente, en él se recoge una exposición y solicitud dirigida al Alcalde-Presidente del Ayuntamiento de esta villa. Los que suscriben son vecinos y residentes en esta población, que exponen la desalentadora situación. Argumentan que los herederos de don Joaquín Gutiérrez, contratista del abastecimiento de aguas potables, han abandonado el proyecto que tenían acordado con la municipalidad, careciendo la población de tan esencial elemento desde hace más de tres meses y con el grave riesgo de su salud al tener que suministrarse de aguas malsanas. Ajenos a las causas que puedan haber provocado la ausencia de tan imprescindible servicio o a las arbitrariedades cometidas por los citados herederos, suplican que sea el Ayuntamiento el que se haga responsable de este servicio público tan indispensable para la supervivencia de la vecindad. Firman la petición el 23 de febrero de 1895 unos 130 compromisarios y convecinos.
Acta capitular acuerdo 1895. Villaseca de la Sagra
Acta capitular de 27 de febrero de 1895. 
Fuente: Archivo Municipal de Villaseca de la Sagra (AMVS).

    A continuación, se dicta una providencia para convocar sesión extraordinaria y urgente del Ayuntamiento y Junta General de Asociados para el 27 de los corrientes a las diez de la mañana para acordar lo procedente en el asunto. Firma Gregorio Díaz Díaz, alcalde-presidente del ayuntamiento a 25 de febrero de 1895, certificando el secretario municipal Pedro C. Yust. 

    De inmediato, se entrega al alguacil Santiago García orden de la convocatoria y cédulas para repartir a los que habrían de asistir a la reunión.
    La sesión extraordinaria se celebraba el día acordado de 27 de febrero, presidida por el alcalde Gregorio Díaz, con la asistencia de la corporación municipal y una representación de los señores asociados (cuyos nombres se citan al margen del acta). Se procedió a la lectura de la solicitud precedente que exponía el abandono del abastecimiento de aguas potables en manos de los herederos del contratista Gutiérrez. Y reconocidos los inconvenientes y perjuicios ocasionados a la salud pública se acordaba por unanimidad:

- Autorizar al señor alcalde para que se hiciese cargo de la total gestión del servicio.
- Que el señor alcalde, con cargo a los herederos del contratista, pudiese designar persona conveniente para la conservación de la fuente pública y sus dependencias, a la vez que se pone en condiciones de salubridad los registros y arquetas de conducción de las aguas a la fuente pública, por estar al presente destruidas por el abandono y negligencia del contratista.
- Que el señor alcalde remitiese con atenta comunicación al señor Gobernador de la Provincia copia certificada de la solicitud y del presente acuerdo; a la vez que se notificase lo acordado al encargado puesto por el contratista en esta villa.
    Por otra parte, el acuerdo es muy explícito respecto al conflicto de intereses que pudiera ocasionarse con el entonces propietario y hacendado señor Guerrero y Brea, en razón de algunas tierras por las que habrían de cruzar las conducciones. Pero la gestión estaba asegurada puesto que:

“seguidamente se propuso por el señor Alcalde que dada la escasez de aguas potables que producen los veneros de la Poza y fuente del Junco objeto del contrato de explotación celebrado por este ayuntamiento con D. Joaquín Gutiérrez, sin duda por no haberlos cuidado éste con el esmero debido, faltando por tanto a una de las primeras bases del citado contrato, había conferenciado con D. Juan Guerrero y Brea, dueño de diferentes terrenos al sitio denominado de las Cuadras en esta jurisdicción donde existe otro venero de alguna importancia, al objeto de que autorizara su aprovechamiento por el vecindario, máxime si se tenía en cuenta la ninguna importancia de la obra que habría de ejecutarse para conseguir tan plausibles fines, reducida al empalme de la tubería cortada entre el Campo Santo y el camino alto de Magán, cuya cortadura se ejecutó como todos sabemos, al abrir el cajero del canal de la propiedad del expresado señor Guerrero y Brea.
De la enunciada conferencia resultó, que propicio como siempre el señor Guerrero y Brea a no dificultar ninguna solución que tienda al bienestar de esta localidad, en el acto que fue enterado de cuáles eran los deseos del que habla, accedió y presto al pensamiento antes expresado su más absoluta conformidad. En su virtud los señores reunidos acordaron sin discusión y por unanimidad facultar al señor alcalde para que sin pérdida de tiempo se llevara a cabo por el mismo, la obra que fuere precisa sin detrimento del canal, para el empalme de la tubería en el sitio antes indicado, a fin de que las aguas procedentes de las Cuadras puedan aprovecharse en la fuente pública de esta localidad; sin que por este acto de generosidad por parte del señor Guerrero y Brea y beneplácito del ayuntamiento y señores asociados, se entienda ceder derecho alguno, respecto de las expresadas aguas y su conducción a la fuente pública, a los herederos del primitivo contratista…”

    Firman el acuerdo: Gregorio Díaz, Vidal García, Julián Alonso, Elías Gómez, Venancio López, Gumersindo Díaz, Julián López, Martín Basco, Julián Juárez, Vicente Alonso, Santiago Calderón, Dionisio Gómez, Román Plaza, Juan Hijosa, Loreto Jerez y Antolín Ortega, ratificado con la firma del secretario Pedro C. Yust. 
    Según este acuerdo, se procedía a notificar e informar a Pablo Díaz Díaz, de esta vecindad y representante de los herederos de Joaquín Gutiérrez, como encargado de la fuente.

EN CONCLUSIÓN.
    En Villaseca de la Sagra reconocemos dos hitos urbanos relacionados con la memoria del agua. 
    Uno es el Pozo de Concejo, situado en una margen del paso viario que es la calle Toledo, es decir, dentro del trazado del Cordel de Merinas que desde la Piedra del Santo atraviesa la población para salir por el camino de Madrid o Cobeja en dirección norte. En realidad, el pozo o pozos se hallaba situado en lo que era un descansadero de ganado, la propia plaza de Pozo Concejo. Se trataba sin duda de un acuífero o venero natural que manaba agua regularmente.
    Un segundo hito es la Fuente Vieja, importante construcción porque suponía crear un sistema de pozos de captación, conducciones o minas, depósitos y cañerías para la distribución y suministro de agua potable. Fuente que se situaba en el centro de lo que hoy es propiamente la plaza Miguel de Cervantes. Aquí estuvo la fuente y el pilón labrados en 1866, rehabilitada en 1957, hasta que sus piedras fueron desmontadas para edificar en su lugar, en los años 70 del siglo XX, un grupo escolar. En su lugar, la fuente quedó reducida a un simplón frente y pila de ladrillo junto a las verjas de esas escuelas. Si no la fuente, cuyos sillares se mal aprovecharon, afortunadamente se recuperó el espacio urbano de la plaza y se adornó, esta vez, con una fuente artística que se trajo de la plaza mayor. Aquella fuente “vieja” que fue vital para el abastecimiento de la población de Villaseca antes de que el agua corriente entrara en las casas. Esto ya es historia reciente.

    Existieron otras fuentes utilitarias en la plaza mayor, reconocida en fotos antiguas, y también en la plaza Silera, que mantenían el mismo tipo de cuatro frentes de obra con sus pilas y una farola por cima, hoy inexistentes.
    Sin olvidar que en las tierras de captación al norte de la población es posible que en el subsuelo aún se conserven las primitivas minas, galerías de conducción y arquetas hechas en ladrillo. De hecho, el nombre del camino del Monte, llamado también Alcarreal, más correctamente Arca-Real, nos indica que allí habría un “arca”, que es como se llamaba antes a todo depósito de recogida de aguas, y “real” por ser pública.
    Más reciente es la denominación en el callejero municipal de calle de la Poza, antes calle del Boquete, con salida en doble codo a las eras, y que nos orienta sobre la cercanía a este elemento perteneciente a la antigua red hidráulica en las afueras del pueblo, en el camino de Cabañas, concretamente.






       

viernes, 17 de enero de 2025

La Huida a Egipto, un precioso alabastro renacentista en la ermita de Ntra. Sra. de las Angustias

LA HUIDA A EGIPTO, UN PRECIOSO ALABASTRO RENACENTISTA EN LA ERMITA DE NTRA. SRA. DE LAS ANGUSTIAS.

Huida a Egipto. Pintura gótica
Antonio J. Díaz F.
Historiador

Entre las pequeñas joyas artísticas de nuestra ermita de las Angustias podemos hablar del bajo relieve en piedra que representa el tema de la HUIDA A EGIPTO. Un tema comprendido dentro del ciclo litúrgico de la Navidad. Este episodio de la infancia de Cristo está narrado brevemente en el evangelio de San Mateo (cap. 2, vv. 13-15). Tras el aviso del ángel del Señor a José para que saliera de Belén con María y el Niño hacia Egipto y evitar así la persecución de Herodes, la Sagrada Familia emprendió aquel largo viaje. 
    Hay que reconocer que éste fue un tema religioso de clara significación profética dentro del simbolismo cristianismo, muy reproducido por distintos artistas ya desde la Edad Media. Lo vemos tanto en los iconos bizantinos como en los periodos del Románico y del Gótico. Después, pintores como Giotto o Fray Angélico y escultores como los Pisano difundieron su iconografía en el Renacimiento italiano. Al igual que el arte de Flandes o flamenco, que no prescindió de este amable tema, ya bastante popularizado en las representaciones sobre la vida de Cristo. El arte español también prodigó tan retórico tema en todas sus épocas artísticas. Como ejemplo cercano, valga la representación en la misma catedral de Toledo.
Huida a Egipto. Catedral de Toledo
Huida a Egipto. Puerta del Reloj, catedral de Toledo.

    Es cierto que ya habíamos mencionado esta pequeña obra artística en una conferencia que tuvimos ocasión de dar en 1993 en el salón de Actos del Casino de Villaseca de la Sagra, con el título “La ermita de Ntra. Sra. de las Angustias de Villaseca de la Sagra” (texto no publicado).     
    Corresponde ahora detenerse un poco más en este precioso alabastro y también dedicar unas palabras a la persona que hizo posible que hoy lo podamos contemplar con solo acudir a nuestra ermita.

El valor artístico de un relieve.
    La obra en sí está labrada delicadamente en un bloque entero de alabastro y conserva restos de su dorado y policromado. Sus dimensiones son 45 cm de alto por 38 de ancho. El grosor medio de la piedra alcanza los 10 cm. Pese a su aparente buen estado de conservación presenta una grieta diagonal en su ángulo superior izquierdo, apenas disimulada, pero que no supone pérdida material grave ni tampoco afecta a las que son las figuras principales. Si lo hemos conocido empotrado en el muro sobre la puerta de la sacristía, hoy se halla sujeto por un soporte de hierro forjado que lo suspende de la pared evitando quizás mayor deterioro.
Huida a Egipto. Ermita de N. S. de las Angustias. Villaseca de la Sagra
Huida a Egipto, alabastro s. XVI. Ermita de Ntra. Sra. de 
las Angustias. Villaseca de la Sagra.

    En este bajo relieve, la conocida escena religiosa se presenta sobre un suelo de apariencia rocosa y brotes de vegetación. Sirve así de base para desarrollar el asunto escultórico, visto frontalmente. De este modo, y en dirección de izquierda a derecha, se orienta la borriquilla sobre la que cabalga la Virgen María, “montada a la amazona”, que sostiene con sus manos al Niño Jesús, mientras que por delante, y cogiendo del ramal, camina el Patriarca San José, con una vara curvada al hombro. Estas figuras protagonistas se superponen en primer plano a un fondo paisajístico de aspecto peñascoso, jalonado de palmeras y otras pequeñas plantas y arbolillos. Es un fondo natural que se escalona hasta culminar en una línea superior cerrada por una ciudad murada y torreada y un gran edificio alargado, que asoman lejanos. Entre estas construcciones se sitúa, sobre una elevación intermedia y más próxima, una figura masculina sentada y en actitud expectante, que no hemos podido relacionar con ningún episodio de los narrados por los escritos apócrifos sobre este tema. 
    El efecto dado a la escena pretende simular que José, María y el Niño, a lomos de la borriquilla, se distancian realmente de aquel horizonte coronado por las construcciones, que tal vez insinúe la ciudad de Jerusalén, como si quedara en la distancia desde el camino que recorren hacia Egipto.
    Este es el encuadre general de la escena en la que destacan las figuras principales trabajadas en poco relieve, pero que en algunas de sus partes se despegan algo más del plano pasando levemente al alto relieve o medio bulto. Este tratamiento se aprecia en las patas del flanco derecho de la pollina que aparecen casi exentas mientras las otras dos quedan apenas cinceladas y marcando el paso. Con todo, el cuerpo del animal y el de María con el Niño sobresalen de la superficie definiendo contornos de sombra. Sus cuerpos se redondean y moldean en mayor medida que la figura de San José, menos abultada salvo en el detalle de su varonil cabeza. 
    La gran maestría del artista de este relieve se demuestra en su dominio de la técnica escultórica. Y en la pericia para sugerir sobre la superficie plana de la piedra la perspectiva adecuada, al ir reduciendo gradualmente el volumen y la escala de los objetos, detrás de las figuras principales, creando una sutil ilusión de profundidad y lejanía sobre la superficie plana de la piedra.
    La belleza del relieve destaca sobre la blancura del material, esa pureza alabastrina que, sin embargo, se ornamenta con animados toques de color para aumentar la naturalidad de la representación. Sobre algunas pinceladas de verde predominan los dorados, tanto en los mismos elementos vegetales diseminados por el paisaje como en los adornos del rico jaez de la borriquilla y tanto más en las vestimentas de las tres personas sagradas, con orlas doradas y otros sencillos adornos.
    Este aspecto es también curioso si observamos cómo va vestida María, con amplio manto que cubre parcialmente su cabeza; y cómo va vestido el esposo, con zapatos, polainas y una túnica corta, pero bien caracterizado por el pequeño sombrero campesino con que se cubre. Sin duda, es el Niño Jesús el que se revela más extraño puesto que no va propiamente vestido sino fajado. Es decir, refleja la costumbre ancestral de envolver en vendas a los niños en sus primeros días de vida para evitar, según antigua creencia, deformidades en su cuerpo y permitir que creciese recto y bien proporcionado. Esto hace que su figura permanezca inmóvil, encapsulada, y solo mostrando su cabecita. En todo caso, esto es un anacronismo propio de la época en que se hizo el relieve y no obedece a las costumbres judías del tiempo de Jesús.
    Tenemos una obra de arte que forma parte del patrimonio histórico artístico de la Hermandad de Ntra. Sra. de las Angustias y que se exhibe en uno de los muros de la capilla mayor de su ermita. 
    Hablando artísticamente, este relieve, por su estilo y antigüedad,  pertenece a la primera mitad del siglo XVI, y aún más, posiblemente tenga  procedencia foránea, pues reúne la influencia flamenca en el tratamiento del paisaje y la influencia italiana en las formas de las figuras. Sin duda, una pieza única por la bondad y rareza de su material y por su cuidada calidad escultórica. Su calificación es la de arte renacentista.
    Para comprender la idea que se formó el artista a la hora de construir esta escena, hemos querido trazar las líneas compositivas aplicadas a este relieve escultórico de evidente disposición triangular. 
Huida a Egipto. Líneas de composición
Huida a Egipto. Esquema compositivo del relieve.

    Como se ha dicho, el modelo ha sido muy recurrente y repetido en todas las épocas del Arte. En nuestro caso hemos apreciado que existe un cierto desplazamiento respecto al eje central, que no resta armonía al conjunto, sobre todo porque el busto de María y el Niño parecen inscribirse en un perfecto círculo luego extendido a un gran óvalo que comprende ambas figuras completamente, como si estuviera en un trono y dentro de una mandorla, al estilo de las Madonas o vírgenes italianas. Otras líneas diagonales parecen dirigir desde abajo el sentido en forma de triángulo invertido, reforzado por la planta de acanto abierta en la base, y dentro del que también se recoge el largo cuerpo de la borrica, que no sobrepasa el eje horizontal de la composición. A la derecha, un compás inferior, el formado por sus piernas, y dos círculos sobrepuestos terminan por dibujar la figura de José que casi se diluye en el borde mismo de la piedra en un sugerido movimiento de avance.

El documento que descubre la historia del relieve.
    ¿A qué se debe que este magnífico alabastro de la HUIDA A EGIPTO pertenezca a la ermita de las Angustias? Solo se explica porque se trata de un objeto regalado desde antiguo. Exactamente, proviene de una manda testamentaria del insigne clérigo villasecano Francisco López de Mena, que fue por muchos años el primer patrón y administrador del hospital de San Bernardo de esta villa, en calidad de albacea de su preclaro fundador el presbítero Licenciado Bernardo García de San Pedro, Visitador general del partido de Madrid, del que era su primo. Ocupación y responsabilidad que desempeñaría hasta su muerte, que ocurrió en 2 de febrero de 1666 en Alcalá de Henares, de donde era canónigo de su Iglesia Magistral, y cuya última voluntad fue ser enterrado en la iglesia de Ntra. Sra. de los Peligros del citado hospital, de cuya construcción fue tan celoso impulsor como escrupuloso supervisor.
    En relación con su biografía, para nuestro interés es fundamental el documento registrado en la ciudad de Toledo en 23 de septiembre de 1679 con el fin de dar cumplimiento a la fundación de memorias del difunto Doctor D. Francisco López de Mena, Canónigo que fue de la Santa Iglesia Magistral de Alcalá, Capellán de Honor de Su Majestad y Administrador del Real Colegio de Santa Isabel de Madrid [Documento en el Archivo Histórico Provincial de Toledo (AHPT), Secc. Protocolos (Pr.) nº 188, año 1679, fols. 263-283, escribano Eugenio de Valladolid]. En este acto notarial, sus testamentarios presentan su última voluntad y un memorial de mandas, dados en Alcalá de Henares en 27 de enero de 1666, ante el escribano del rey Diego Felipe del Castillo, por los que López de Mena disponía se fundase en su villa natal de Villaseca de la Sagra un colegio de doncellas en sus casas principales de la calle Real, para que fueran educadas y cuidaran del aseo y limpieza de la iglesia del hospital y una capellanía para decir misas, supeditado todo a la fundación ya hecha del hospital de San Bernardo, para lo que destinaba la venta de sus bienes y propiedades. Sin embargo, este deseo no se llevó a efecto por falta de caudales decidiendo sus testamentarios el fundar sólo dos capellanías de patronato de legos. Pero lo que para nosotros es más importante de sus propósitos es que entre sus legados y especialmente destinado a la Virgen de las Angustias y “… para adorno de la santa imagen o de su ermitta y en cumplimiento desta disposición se a de dar una hechura que ay de alabastro de la huida a Ejiptto con marco de pino negro y dorado que fue del dicho señor Dr. Mena para que se fixe en la pared de la hermita la qual se taso en quatrozientos Reales ...”; lo mismo que también destina al servicio del hospital una joya para Ntra. Sra. de los Peligros, un cáliz de plata con su patena y un Crucificado de marfil para el altar mayor de la capilla [Copia del testamento en el Archivo Parroquial (APVS), Libro Becerro de Fundaciones de Villaseca. Año de 1735, fols. 66-141].
    Al no estar terminada la iglesia del hospital a su muerte, en 5 de febrero de 1666 se hace el depósito del cuerpo del Doctor D. Francisco López de Mena en la iglesia parroquial de Villaseca, y se le entierra provisionalmente en el altar del Cristo Crucificado, en el lado de la Epístola de su altar mayor. Y lo entrega su albacea el Doctor D. José Díaz de Ortega y lo recibe el cura propio de Mocejón y Villaseca D. Diego de Nava [AHPT, Pr. 7799, fol. 94, escribano Lucas Gómez Mejorada]. Aunque bendecida la iglesia hospitalaria en 29 de septiembre de 1669, día de San Miguel, no fue hasta el 17 de septiembre de 1697 en que su cuerpo sería exhumado, junto a los de los fundadores y patronos del hospital desde la iglesia parroquial y llevado a uno de los nichos del camarín-panteón de la iglesia de los Peligros, con la debida autorización del Consejo de la Gobernación del Arzobispado de Toledo. 
AHPT, año 1666.
Acta original de depósito del cuerpo del Dr. D. Francisco López de Mena.

    El doctor López de Mena había dejado una casa principal en la calle Real para sufragar con su renta el coste de las memorias y obras pías que quedaron fundadas y agregadas al Hospital del San Bernardo. También dejó más de 30 fanegas de tierras repartidas en los términos de Villaseca, Mocejón. Velilla, Magán y Cobeja, para que con su arrendamiento pudieran sostenerse a perpetuidad las citadas memorias de misas y la manutención de su capellán. 
    ¿Quién fue tan ilustre y magnánimo personaje eclesiástico? Nacido en Villaseca de la Sagra en 1599, Francisco López de Mena Magán era el cuarto de los hijos de Francisco López de Mena (abuelos paternos: Francisco López y Catalina de Mena) y de Marina de Magán Martín, hija a su vez de Martín de Magán y de Catalina Martín Donayre, el matrimonio troncal de una de las dos líneas de parentesco de los herederos del hospital de San Bernardo. La otra línea es la que parte del hermano Lorenzo de Magán Martín, casado con María Aparicio Magán. Todos ellos eran naturales y vecinos de Villaseca de la Sagra. En el Archivo de la Real Academia de la Historia, en la colección de D. Luis de Salazar y Castro, se registra un árbol genealógico del Doctor D. Francisco López de Mena, capellán de honor de S. M. (signatura 9/136, fº 149).
Colegio del Rey, Alcalá de Henares
Colegio del Rey, Alcalá de Henares (Dibujo de Manuel Laredo, 1888)

    Ya sabemos que por parentesco fue uno de los testamentarios del Secretario Blas García a su muerte en 1635, primer fundador del hospital de San Bernardo. En el Archivo Histórico Nacional, en la sección de Universidades, se revelan distintos expedientes de estudios. En enero de 1622 y también en 1626 es el asiento en el libro de oposiciones a beca en el Colegio Mayor de San Ildefonso de Alcalá de Henares. Pero su vida académica se fraguó primero graduándose como licenciado y doctor en Teología por la Universidad de Valladolid en 1638, pasando a ser canónigo de la Santa Iglesia de Alcalá desde ese año y ya en el marco de la Universidad de Cisneros de Alcalá de Henares, vinculado a las enseñanzas del Colegio del Rey*, siendo su colegial durante catorce años y en el que desempeñó con gran ejemplaridad y providencia el prestigioso cargo de Rector desde mayo de 1633 a junio de 1647, año en que el rey le nombró administrador del convento de Santa Isabel de Madrid, siendo como era capellán de Honor de S. M. desde 1643. Todos estos méritos están detallados en un documento de 1653 conservado en el Archivo Histórico Nacional [AHN, AGI, Indiferente, 205, n. 53]. 
    Además de estos merecimientos, desde 1646 López de Mena fue administrador del hospital de San Bernardo de Villaseca, bajo cuya gestión se compró el suelo, al final de la calle Real con Pozo Concejo, donde se levantaría la iglesia barroca de Ntra. Sra. de los Peligros, bajo trazas del arquitecto Fr. Lorenzo de San Nicolás. 
    Entendemos que el canónigo alcalaíno, hijo de Villaseca, D. Francisco López de Mena poseía entre sus bienes este valioso relieve de la Huida a Egipto, de estimable antigüedad ya que correspondía a una obra del siglo XVI que él atesoraba, no sabemos si por compra o por herencia, y que quiso ofrecer como acto de distinguida devoción a Ntra. Sra. de las Angustias.
    Como un bien preciado supo entregarlo y como alhaja de gran valor, de forma que su memoria y la de su tiempo debe quedar unida a esta bellísima pieza escultórica de alabastro que es el relieve de la HUIDA A EGIPTO, un legado de más de cuatrocientos años incorporado al patrimonio de la ermita en 1666.

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* El Colegio Menor de San Felipe y Santiago fue fundado en 1554 por Felipe II, por eso es conocido como Colegio del Rey. Prestigioso colegio de estudios teológicos, jurídicos y canónicos, destinados a hijos de miembros del servicio de la Casa del Rey. Hoy es sede del Instituto Cervantes de Alcalá de Henares.