La plaza mayor de Villaseca de la Sagra en 1853 y sus edificios principales.
Aquella Piedad o imagen conocida como Virgen del Río y luego como Ntra. Sra. de las Angustias adquirió fama de milagrosa desde las primeras décadas del siglo XVII y así lo recogen los testimonios registrados en 1624 por orden de la autoridad eclesiástica. En 1729 una refundación de la cofradía con la aprobación de sus constituciones y el regalo de una nueva imagen, la que hoy veneramos, relanza el culto hacia la Virgen de las Angustias, que se convierte poco a poco en la principal devoción de la villa y que justifica la celebración popular de su fiesta en el día de su Natividad, el 8 de septiembre de cada año.
El carácter prodigioso de la imagen también se constata a lo largo del siglo XIX con pruebas de agradecimiento popular a través de singulares exvotos. Aquí en Villaseca, en su ermita, se han conservado algunos en forma de cuadros pintados (sobre los que ya fuimos invitados a pronunciar una conferencia en 2016 con motivo de su feliz restauración).
El más llamativo de todos es sin duda el que representa en su mitad inferior una fiesta de toros en la plaza mayor del pueblo. Está fechado en 1853, año en que sucedió el milagro a intercesión de la Virgen de las Angustias, por el cual un tal Manuel Martín, a quien no hemos podido identificar, era corneado brutalmente por un toro en los festejos de la patrona, pero de cuya violenta cogida salió ileso. (Fig. 1)
Sírvanos en esta ocasión este cuadrito para hablar de un asunto más profano y no del hecho taurino en sí sino particularmente de la visión de la plaza, plasmada al óleo pero como si de una instantánea pre-fotográfica se tratara. Queremos reconocer y saber de los edificios allí representados.
Esta plaza cuadrilonga nació en el ordenamiento urbanístico que se produjo tras la construcción del nuevo palacio de los señores solariegos, los Silva y Ribera, a partir de 1539, al serles concedido el título de Marqueses de Montemayor, y cuya fachada principal se abre a ella por todo su flanco sur. Plaza que no tuvo denominación específica hasta la moda política de cambiar los nombres de las calles tan propia eso sí del s. XIX. Desde tiempos se la menciona como la “plaza pública”, pero en 1820 ya se llamó “plaza de la Constitución” en el breve tiempo del Trienio Liberal (1820-1823) y cuya placa se colocó en el viejo edificio de la Audiencia, sobre el balcón, tras el solemne acto de juramento del vecindario y sus autoridades a la Constitución de Cádiz "la Pepa" de 1812, cuando años atrás, en 1808 se exaltaba al rey absoluto Fernando VII.
Entre 1833 y 1835 fue la “plaza Real” con el triunfo del absolutismo monárquico en la persona de Isabel II y bajo la regencia de su madre María Cristina. Desde 1868 hasta 1931, recobró el nombre de “Constitución” pese a los vaivenes políticos y la alternancia de partidos. Como “plaza de la República” se conoció desde 1931 hasta 1936. Con los años de la Dictadura fue por mucho tiempo la “plaza del Generalísimo”. A partir de los noventa y con los ayuntamientos democráticos el nombre ya consagrado hasta hoy es el de “Plaza Mayor”, de más arraigo español.
En este caso nos interesa sobre todo el escenario donde ocurrió el trágico y a la vez milagroso suceso de 1853, puesto que sucedió en la plaza mayor de Villaseca, lugar neurálgico tanto de la vida cotidiana como de los acontecimientos extraordinarios de este pueblo. Escena que está figurada con cierto realismo y detalle pese a la impericia del meritorio pintor que nos brinda una perspectiva testimonial de lo que era una plaza de pueblo castellano o, más particularmente, una plaza sagreña.
Realmente el encuadre es amplio, pero sólo enfocando la mitad occidental y la línea de edificios que cierra por la izquierda la plaza, así como la totalidad de su frente norte, pero sin abarcar completamente los 180º del cuadrilongo, pues faltaría por representarse toda la línea de edificios del lateral derecho donde estuvo ubicado, entre distintas casas particulares con corredores, el viejo edificio del pósito municipal, que luego fue sede del ayuntamiento hasta 2017, y los corrales de toriles (ya trataremos de este edificio en otra ocasión). Por tanto, la vista está tomada como si el espectador estuviese contemplando la escena en una de las ventanas centrales del segundo piso de palacio pues el ángulo de visión es alto respecto al suelo, el cual permanece en desproporción con el tamaño mayor de las figuras, pero resulta muy expresivo como marco de lo que se pretende narrar o representar. (Fig. 2)
Como marco escénico, en la línea de fachadas se suceden edificios reconocibles. Primero, el mencionado portal con casa de corredor de madera y tejado a un agua. A continuación, sobresale en altura el secadero que pertenecía a la antigua carnicería municipal, luego viene una casa más baja pero contigua a la que fue torre del reloj de la villa. De inmediato, un par de casas caracterizadas por sendos corredores de madera que prolongan esta línea oeste de la plaza hasta terminar en el ángulo donde se situaba en escuadra el edificio principal del pueblo, la llamada Audiencia, o lo que es lo mismo, el primitivo edificio consistorial con fachada lateral a la calle de la Feria.
Salvando la citada calle, la plaza se cierra por su lado norte con un frente compacto de fachadas correspondientes a distintas casas, pero regularizadas por los corredores de madera respondiendo a una construcción muy uniforme que proporciona un alzado bastante armonioso.
Si tras esta vista general recorremos en detalle algunos de los edificios mencionados se podrá dar razón de cada uno de ellos en lo que conocemos de su construcción, historia y presencia urbanística.
Ni que decir tiene que en esta plaza pública ya se concentraban desde 1634 algunos inmuebles propiedad del concejo como eran la cárcel, la carnicería, la audiencia y otros inmediatos como la fragua, el bodegón, dos tiendas y dos tabernas de propiedad municipal [“Bienes de propios”. Archivo Histórico Provincial de Toledo (AHPT), Protocolo 7767, fol. 69, escribano Martín de Mazuelas]
El portal de Calixto y la carnicería pública.
En primer lugar, a mano izquierda, encontramos el reconocido soportal, representado sólo por dos columnas y que ha sido siempre espacio público, sobre el que se levanta en la misma línea una casa con corredor de madera. El portal, profundo, en realidad se alza sobre tres apoyos que son dos pies derechos de madera sobre una solera de piedra y una columna clásica de piedra caliza en el centro, los tres con sus correspondientes zapatas de madera soportando la viga maestra, tal cual hoy se conserva. Su techado es de viguería de madera, a la antigua usanza constructiva. La casa que estuvo encima era propiedad particular con función de tienda en sus bajos y se ve compuesta por una cámara con corredor de madera. (Fig. 3)
La torre del reloj y la cárcel real.
A continuación, subiendo por ese lado se sucede otra casa con puerta principal (detrás de la segunda figura) en línea con un ventanuco bajo el alero del tejado que no ofrece ninguna particularidad y que está unida a una gran torre de tres alturas con dos vanos pequeños y cubierta a cuatro aguas, despuntando una pequeña linternilla o campanil culminado por una veleta. En su frente, aparentemente de ladrillo, destaca un tablero de yeso con un reloj guarnecido por un frontoncillo triangular. Estamos ante la llamada "torre del reloj", también un edificio de propiedad municipal. Su función se hace evidente, albergando este reloj público que funcionaba con dos grandes pesas de piedra a modo de los relojes de pared. (Fig. 4)
En nuestro cuadrito las siguientes dos casas se caracterizan por un corredor de madera que se pone a la misma altura y las unifica aparentemente, aunque se observan dos puertas distintas con sendas ventanas enrejadas llevando la de más al rincón una llamativa reja de forja rematada en cruz de hierro, a la usanza de otras que aún se conservan.
De aquel edificio público desaparecido en 1927 tenemos este precioso resto material sobre su edificación en 1654 a cargo del concejo, justicia y regimiento de la villa siendo en aquel año alcalde ordinario Gregorio Ortega (el que era mayordomo de la obra del hospital de San Bernardo) y regidores Francisco Martín, Francisco Toledo, Gaspar Fernández y Juan Martín López, y el procurador síndico Juan Martín Florín. Vecinos que junto a otros también fueron los impulsores de la construcción del cuerpo y torre de la iglesia parroquial. Todo por aquellas mismas fechas de mediado el s. XVII.
La Audiencia o ayuntamiento viejo.
El principal edificio municipal que presidía la plaza era la Audiencia o casa del concejo. Se hizo acuerdo para construir las casas del ayuntamiento en 26 de abril de 1778 siendo alcalde ordinario Juan Santos Lebrero, atendiendo a que la villa estaba “sin casas consistoriales en donde juntarse por la celebración de cabildos ayunttamientos y consejos generales” y teniendo la aprobación del Real y Supremo Consejo de Castilla para arreglarse al plano o planta dados por el maestro Francisco Ruano Calvo, arquitecto alarife de la ciudad de Toledo en precio de 19.300 reales, con lo que se publicó o subastó la obra y se adjudicó en 15 de mayo de ese año a Rafael Alonso Vicente, maestro albañil vecino de la villa, para realizarla en tan sólo 15.000 reales junto a su hermano Narciso Alonso Vicente [AHPT, Pr. 7837, fol. 113, escr. Francisco Moreno Díaz]. (Fig. 7)
En la imagen del cuadrito se ve que tenía incorporada una oficina municipal dedicada al Correo, que se recibía desde Olías del Rey. Se ve coloreada en el rojo del ladrillo, con una puerta principal, dos ventanas laterales simétricas y en el piso superior un balcón de hierro y un ventanuco. El tejado a cuatro aguas se culmina con una cruz de forja. En la fachada lateral que da a la calle de La Feria no se aprecia nada más que la alternancia de ladrillo y cajones de mampostería del típico aparejo toledano.
Antes de que el ayuntamiento Villaseca de la Sagra ocupara desde principios del s. XX el edificio que se halla en el flanco oriental de la plaza mayor, sobre el antiguo pósito municipal y sus corrales, los representantes de la villa tenían sus concejos en el edificio que hoy se alza todavía en la plaza sobre la calle de la Feria. (Fig. 8)
Casas y corredores del lado norte.
Por último, la fachada del fondo que se aprecia en la pintura votiva se corresponde con la que cierra por el norte la plaza, entre la calle de la Feria y la de salida a Cantarranas. Ofrece una gran uniformidad pues parece se trata de una única edificación con un corredor de extremo a extremo sostenido por pies derechos de madera y un tejado uniforme centrado por una gran chimenea encalada. (Fig. 9)
1º partiendo desde la torre de palacio de la calle del Caño hasta la puerta de palacio, 2º desde esta puerta hasta la otra torre de palacio,3º desde esta torre hasta el poste de piedra del portal de Calixto,4º el propio portal,5º desde aquí hasta la torre del reloj,6º desde ésta a la casa de Pedro Yubero,7º esta casa, la Audiencia y bocacalle [la de la Feria],8º casa de Juan Antonio Gómez con corredor,9º casa de Juan Yubero con corredor,10º calle de la taberna [a Cantarranas],11º casa del bodegón,12º corral de la casa del bodegón hasta el toril,13º casa de Antonio Fernández,14º y último, casa de las Benitas [convento de monjas de S. Benito de Toledo] hasta la torre [de palacio] frente a la calle del Caño.
Fotografías que el arquitecto Carlos Flores realizó en los años 60-70 del siglo pasado para ilustrar un extenso trabajo que tituló La arquitectura popular española (1973), donde no dejaba de hacer mención en su tomo tercero, página 430, a la singularidad de esta entonces hermosa plaza de Villaseca de la Sagra, y cuyas fotografías son ahora un preciado testimonio gráfico de lo que era la arquitectura rural conservada hasta esos años en muchos pueblos de nuestra geografía nacional.
Con todo lo expuesto llegamos a la conclusión de que se hace evidente el hecho de severa transformación urbanística experimentada a lo largo de cinco décadas con la pérdida progresiva del perfil monumental del conjunto urbano de la plaza y su definitiva alteración constructiva desde aquellos años de 1970 en adelante. Aquel equilibrio que suele imprimir la arquitectura popular de por sí, se resiente con los excesos de nuestros tiempos.
Aunque ciertos edificios nuevos han pretendiendo asimilar estructuras, elementos y materiales propios de los modelos antiguos, el resultado es forzosamente dispar porque no consiguieron copiarlos y alzarse como réplicas exactas pues ya responden a tipos constructivos de viviendas actuales con las exigencias de una forma de edificación de mayor calidad y estructuras de mejor habitabilidad.
Aunque por otra parte haya que considerar el esfuerzo de algunos propietarios por readaptar y restaurar sus viejos edificios con criterios de autenticidad y respeto a su mucha antigüedad.






















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