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sábado, 6 de diciembre de 2025

Arte y devoción en la imagen de la Inmaculada Concepción de la iglesia parroquial de Villaseca de la Sagra

Arte y devoción en la imagen de la Inmaculada Concepción de 
la iglesia parroquial de 
Inmaculada Concepción. Villaseca S.
Villaseca de la Sagra

    Antonio J. Díaz F.
Historiador del Arte

El día 8 de diciembre de todos los años la iglesia católica celebra la fiesta de la Inmaculada Concepción de María. Pero este dogma de fe es de reciente historia pues no fue proclamado hasta el año 1854 por el Papa Pío IX. 
    Sin embargo, en los reinos hispanos la consideración de María como la Madre de Dios, concebida sin mancha y preservada de pecado original, estaba bastante arraigada en las discusiones de nuestros teólogos y entre las opiniones eclesiásticas, pero particularmente fomentada por la Orden Franciscana, por lo cual no era extraño que hubiera calado suficientemente en la devoción popular desde al menos el siglo XVI, si no antes. Frecuentes sermones, sesudos escritos y obras impresas defendían públicamente esta doctrina que se hizo permeable en el sentir piadoso y devoto de las gentes. 
   De hecho, en el convento franciscano de San Juan de los Reyes se concelebraba en 1617 el juramento solemne de la ciudad de Toledo con manifestaciones de culto orientadas hacia esa afirmación concepcionista y hacia la definición dogmática del misterio mariano. Tanto es así, que el propio ayuntamiento toledano hizo voto público en aquel acto y adoptó por patrona desde entonces a la Inmaculada Concepción, cuya hermosa talla preside el oratorio de la sala capitular de su edificio consistorial. 
    En los siglos siguientes distintas cofradías se agrupan en torno a la adoración de la Inmaculada Concepción y numerosas son las representaciones en iglesias, capillas y altares que vienen a significar el tema de la Concepción de María. 
    Tanto pinturas como esculturas enseñaban por toda la diócesis toledana la figura de María como la Nueva Eva, limpia de pecado original. Un tema religioso que inspiraría a muchos artistas españoles que dejaron ejemplos de arte que enriquecen nuestro patrimonio cultural. Pensemos, por ejemplo, en las célebres Inmaculadas del pintor sevillano Murillo, tan admiradas en todo tiempo.

    Pero nuestro interés, como siempre, está enfocado a conocer la repercusión de estos factores socio-culturales y la huella que han dejado en la propia historia de Villaseca de la Sagra. Por ello, vamos a hacer memoria en torno a la devoción y el arte de una imagen como es la Inmaculada Concepción de la iglesia parroquial de Santa Leocadia. Por ello, vamos a hablar de la cofradía y de la obra escultórica.

1.-LA ANTIGUA COFRADÍA DE LA CONCEPCIÓN DE VILLASECA DE LA SAGRA.
    Si atendemos a siglos pasados, la existencia de una cofradía y el culto a una imagen nos sitúa indudablemente en aquella época en que la devoción inmaculista se prodigaba como un verdadero acto de fe. En el caso de Villaseca de la Sagra, la religiosidad hacia la Virgen María se reflejaba en dos advocaciones que inicialmente se integraron en la cofradía mariana de Nuestra Señora de la Natividad y Concepción, constituida en hermandad que invocaba uno u otro nombre indistintamente al ser alusivos a María.
    Si queremos buscar su antigüedad, en un inventario del archivo parroquial se registra un viejo libro de la cofradía de la Natividad con fechas de 1604 a 1670; un libro que hoy está desaparecido pero que nos indica una fecha inicial. Además, conocemos que años atrás el clérigo guipuzcoano Juan Pérez de Oro (†1509), que fue teniente cura de la parroquia de Santa Leocadia, dejó fundada una capellanía colativa cuyo patronato asignó a la cofradía de la Natividad, existente por entonces. Ésta se obligaba en 1534 a nombrar a un capellán beneficiario de la colación o renta asignada para decir misas, lo que indirectamente nos hablaría de una actividad muy anterior de esta cofradía mariana. Desempeñando este patronato, en 1647 se procedía al nombramiento de un nuevo capellán para las misas y entre las actuaciones seguidas para ello la cofradía presentó como acreditación de su potestad y derechos las ordenanzas de la Natividad y Concepción, fechadas en Villaseca a 24 de agosto de 1619, y que habían sido las presentadas al arzobispo de Toledo don Fernando de Austria para su aprobación.
    Por tanto, podemos situar la creación autorizada de esta cofradía, al menos la de su fundación documentada, a principios del siglo XVII, concretamente, en 1619.
   A nosotros ha llegado un libro, fechado entre 1675 y 1763, perteneciente a la cofradía de Nuestra Señora de la Natividad y Concepción, cuya fiesta principal se hacía cada 8 de septiembre (día de la Natividad de la Virgen), teniendo una segunda celebración en 8 de diciembre (día de la Concepción). Aquí se vuelve a confirmar que las constituciones originales databan de 1619, pero se informa al Deán del Cabildo catedralicio de Toledo que a "causa de que la dicha cofradía ha muchos años que se fundó y ha tenido muchos pleitos, se han perdido las ordenanzas que tenían y hoy [1675] no tiene ordenanzas", por lo que pedían su actualización. Es probable que la cofradía de la Natividad tomara nuevo impulso a partir de 1675, siendo mayordomos Eugenio de Batres y Bartolomé López Magán, con intención de revitalizar la hermandad y por cuanto la imagen de María Inmaculada era el único objeto devocional que la justificaba, y que muy pronto aparece en los inventarios parroquiales entre las vírgenes de vestir que existían en la iglesia, y ya tempranamente en 1627. Se mencionaba una "imagen de la Concepción con corona de plata" que estaba colocada en el altar de Santa Ana de la vieja iglesia y comparable en estimación con la Virgen del Rosario y la Virgen de la Cabeza, además de poseer las tres imágenes buenos ajuares entre vestidos y ricas alhajas.
    Un segundo libro conservado, con el título propiamente de la Concepción, fechado entre 1728 y 1808, nos advierte de la renovación en los primeros meses de 1728, tanto es así que el Cardenal Arzobispo Astorga testimonia en 24 de enero de ese año que "nuevamente se ha instituido en la iglesia de la villa de Villaseca de la Sagra [y] se presentaron ante nos en el nuestro Consejo ciertos capítulos constituciones y ordenanzas para el buen orden gobierno conservación y perpetuidad de dicha Cofradía", aunque los cofrades de 1762 aseguran que "se fundó esta hermandad el día veinticinco de julio del año de mil y 723". Cinco años antes de obtener la aprobación oficial.
    Esto podría significar que la Natividad era una de las cofradías más antiguas de Villaseca, mientras que con el título de Nuestra Señora de la Concepción se refunde definitivamente con estatutos aprobados sin tardanza en 19 de febrero de 1728, como se refleja particularmente en el libro de sus ordenanzas conservado en el archivo parroquial de esta villa y su copia en el archivo diocesano de Toledo. 
    Sólo con el nombre de Natividad aparece en el informe municipal de 1770 dirigido a la Intendencia de Toledo, por el que se ratifica que sus ordenanzas vigentes eran las aprobadas en 1728. Y parece ser que en 1820 se consideraba una cofradía con el título definitivo de la Concepción, con aprobación del arzobispado y actividad vigente entonces.
   No hay que olvidar que precisamente en junio de 1729 se presentaban a su aprobación las ordenanzas de la cofradía de Nuestra Señora de las Angustias en las que se determinaba que se celebrase la festividad con vísperas, procesión y misa el 8 de septiembre. Con esta irrupción de la hermandad de las Angustias en el panorama cofrade de Villaseca, la cofradía de la Concepción habría de condicionar su fiesta únicamente al día 8 de diciembre.

Un estandarte para la cofradía.
    Al no existir la cofradía, el elemento material que la identificaba  es sin duda el estandarte que solía acompañar a la sagrada imagen y abriría el orden en las procesiones de su fiesta. Afortunadamente se conserva en el "museo parroquial" este distintivo cofrade. 
    No tenemos documentación de cuándo se encargó ni de quién fue su bordador. Sin otros datos, podemos describir el estandarte en su cara principal como una pieza de seda color azul celeste sobre la que se ejecutan los bordados y que queda perfilada por un cordón blanquiazul de pasamanería. Más que el blanco, el color del cielo se identifica con la pureza virginal de María y es el usado en España. El motivo central lo ocupa un escudo o espejo ovalado de ancho perfil, labrado en oro y plata y culminado por un elegante lazo como adorno. En su centro aparece efigiada la imagen de María Inmaculada con corona plateada de puntas estrelladas y un halo de luz dorada, posada sobre una peana de nubes y la media luna asomando a sus pies. 
    Alrededor se disponen varias estrellitas y como encuadre de la tela se dibuja un motivo lineal mixtilíneo entrecruzado y en los ángulos aparecen motivos vegetales polícromos.
    El revés del estandarte mantiene el mismo diseño circundante pero el motivo central es ahora un vistoso anagrama de María (la superposición de las iniciales M y A, del nombre de María), bajo una corona de tipo ducal.
    En la zona inferior se recortan cinco lóbulos de la misma seda y ribeteados de igual forma, en los que se presentan motivos simbólicos que identifican a María en sus muchas virtudes espirituales, y en los que parecen reconocerse en el haz principal el Sol, el Olivo, la Estrella Matutina, el Ciprés y la Luna. Y en el envés aparecen la Puerta, la Fuente, el Espejo, el Pozo y la Torre de David. 
    Dados a suponer cuándo se hizo este estandarte, habría que fijarse en que la actitud de la Virgen es la misma que mantiene la imagen de talla hoy existente, lo que nos confirma que el bordado está copiándola y, por tanto, está confeccionado con posterioridad a 1740. Correspondería a una obra del arte textil, con adornos de estilo clasicista, de finales del siglo XVIII, tal vez confeccionada en Toledo, donde se desarrolló con éxito este tipo de arte. Guarda gran similitud en el escudo central con el que se muestra a su vez en el estandarte de Nuestra Señora de las Mercedes de la misma iglesia. Lamentamos que este de la Concepción muestre notable deterioro.
Inmaculada Concepción. Villaseca S.
Estandarte -haz y reverso- de la cofradía de Ntra. Sra. de la Concepción. Iglesia parroquial de Sta. Leocadia. Villaseca de la Sagra.

2.- LA IMAGEN DE LA CONCEPCIÓN.
    Sabemos que esta reconstituida cofradía contribuyó prontamente al adecentamiento y embellecimiento de la nueva iglesia parroquial desde 1728 a través de una selecta inversión en obras de devoción.        Dentro de los libros de esta hermandad se señalan una serie de gastos importantes que tratan de elevar el decoro y dignidad en su celo por enaltecer el culto a María Santísima. Así, la primera obra, de 1730, fue el retablo en blanco, sin dorar; la segunda, de 1736, era la propia imagen de la Virgen y sus andas; luego, en 1741, se hizo el dorado del retablo y, finalmente, en 1760, llegó la corona de plata que adorna la imagen.
    De todas estas obras documentadas iremos desgranando algunos datos.

Retablo de Ntra. Sra. de la Concepción, obra desaparecida
    La cofradía tuvo una preferente ubicación para colocar su altar, ocupando el colateral derecho del altar mayor, el llamado colateral de la Epístola, en el brazo de la nave de crucero. 
    De este retablo, hoy completamente desaparecido y del que no tenemos más referencia, sólo podemos constatar que se encargaría inmediatamente tras la refundación, entre 1728-1729, terminándose y colocándose en 1730, habiendo costado su hechura 8.741 reales de vellón. Pero seguimos sin conocer al artífice al que se le pagaron por su talla y ensamblaje, que bien pudo ser un afamado artista de la ciudad de Toledo. 
    Por el contrario, tenemos el documento sobre el posterior dorado de ese retablo, que se escrituraba ante escribano en 29 de abril de 1741 en Villaseca, entre el mayordomo de la cofradía José Díaz Jerez y los maestros doradores y estofadores de Toledo Francisco Velázquez y Juan Martín Corrales, y donde se expresa que es de rico adorno de talla y en él se encuentra majestuosa la imagen de la Concepción; retablo "el cual la expresada Hermandad determinó el dorarle para su mayor hermosura". Se ajustaba la obra de dorado en 6.500 reales, pero las cuentas hablan de un gasto mayor, unos 8.300 reales. Indudable es que su tamaño y aspecto debió ser ostentoso a juzgar por el coste, tanto de hechura como de dorado, ocupando el testero colateral de la Epístola, y en consonancia con el otro colateral, donde estaba el retablo del Santo Cristo de la Misericordia. Este retablo perdido correspondería al arte barroco de la escuela toledana del primer tercio del siglo XVIII. La obra fue destrozada en 1936 (perdiéndose definitivamente sus restos en 1972).
Inmaculada Concepción. Villaseca S.
Imagen de la Concepción en su retablo actual, colateral de la Epístola. Iglesia parroquial de Sta. Leocadia. Villaseca de la Sagra.

    Como curiosidad, decir que el altar colateral de la Concepción se circundó con unas verjas de hierro que dio un devoto llamado Bernardo Pinilla, natural de Ocaña, "que de niño se vino a esta villa, hizo caudal y casó con hija de vecino y no tuvo hijos y dejó esta alhaja a la Virgen de la Concepción". Estas verjas eran las mismas que luego en 1827 compró la parroquia para ponerlas en el altar mayor, según gastos de fábrica, y que ya se perdieron.
    Y hoy la antigua imagen permanece en su mismo sitio de siempre, el colateral de la Epístola, en un novísimo retablo neobarroco, dorado y policromado, pero sin altar propio. Se sitúa en correspondencia con el otro colateral dedicado a Nuestra Señora de las Mercedes.

Imagen de Nuestra Señora de la Concepción, joya barroca. 
    Desde al menos 1712, cuando se construye la capilla mayor y nave de crucero de la iglesia, se destina este sitio o colateral a la antigua imagen de velador -talladas solo manos y cara- que era venerada hasta entonces por su cofradía, pero que después de refundada en 1728 emprende una renovación material. Así pues, como se ha indicado, la imagen actual de la Concepción es obra tallada en 1736, según los documentos parroquiales que desvelan la fecha de su traída a la villa, pero sin que se mencione al autor de la misma ni se precise la procedencia o el taller desde donde se trajo. La imagen se instalaría en el retablo que ya hemos visto que estaba fabricado y colocado desde 1730.
    De tamaño natural (unos 152 cm de altura) la figura de la Virgen se alza sobre peana que forma un trono de nubes con tres querubines, y pisa con su pie derecho la cabeza de la serpiente del pecado que asoma entre las dos astas de la media luna que surge bajo sus pies. 
    El movimiento de la figura carga el peso sobre esta pierna derecha, pronunciando la inclinación de la cadera, y en elegante ademán mantiene la mano derecha sobre el pecho y la izquierda abierta acompasando el movimiento del brazo y el giro contrario de la cabeza cuya mirada dirige al espectador, en una actitud humilde pero triunfante. La imagen refleja un rostro ovalado de finas facciones enmarcado por una abundante cabellera bellamente dispuesta y derramada sobre los hombros. Rostro juvenil y manos abiertas están tallados con gran delicadeza y expresión.
Inmaculada Concepción. Villaseca S.
Inmaculada Concepción, detalle. Iglesia parroquial de Sta. Leocadia. Villaseca de la Sagra.

    La túnica que viste adquiere un tono marfileño y está tachonada de un mismo motivo floral de color que se repite por toda su superficie. Graciosamente se anuda sobre el vientre con un cíngulo carmín y cae con naturalidad hasta cubrir los zapatos, que apenas despuntan. Envuelve la figura un manto de un azul oscuro con orla dorada que se cruza por delante en diagonal, formando pliegues quebrados y ondulantes y vuelos agitados que dan sutil dinamismo a la imagen mientras que cae simétricamente por la espalda y se recoge en el brazo izquierdo. 
    Esta forma de representación de María como Inmaculada, su iconografía, obedece a la visión apocalíptica del evangelista Juan en la isla de Patmos: una mujer vestida con el sol, la luna a sus pies, y sobre la cabeza una corona de doce estrellas. Pero también hay una alusión a la Mujer del Génesis donde se presenta a la Virgen pisando la serpiente del pecado, la que tentó a Eva en el Paraíso.
    Otro gran detalle de esta imagen de bulto está en la peana propiamente dicha, compuesta de una masa de nubes donde los querubines son dos imágenes infantiles de cuerpo desnudo y otra que es sólo una cabeza, todas muy expresivas y bellas en su modelado, contrastando con la cabeza y cola monstruosas de la serpiente. En la base se ven las dos asas o argollas que sirven para manejar la imagen en sus traslados para lo que estaba preparada cuando salía en procesión sobre andas.
Inmaculada Concepción. Villaseca S.
Inmaculada Concepción, peana. Iglesia parroquial de Sta. Leocadia. Villaseca de la Sagra.

    Al querer recopilar datos de esta imagen, los libros de la cofradía aportan poco sobre ella. La alusión concreta se registra en las cuentas de 1736, en que consta que se trajo -aunque no se dice desde dónde- la imagen de la Virgen y las andas, con un coste de 1.950 reales de vellón. 
    Al contrario que el retablo, en 1936 la imagen no parece haber recibido daño alguno pues no se incluye en la relación que el ayuntamiento confecciona informando de pérdidas y coste de los reparos en retablos e imágenes de la iglesia (1940). La Inmaculada no se menciona con daños, sí su retablo, por lo que cualquier intervención -repintes, arreglos- ha podido ser posterior a 1940. La más reciente, sin duda, la restauración llevada a cabo en 2014, prácticamente para hacer su limpieza y reintegraciones en la policromía que han recuperado los motivos decorativos originales de la túnica, quitando unas estrellas pintadas.
Inmaculadas

Una corona de plata para la Inmaculada.
    Como complemento a tan hermosa figura de la Inmaculada Concepción de Villaseca de la Sagra, y abordando los datos documentales, se presenta la fastuosa corona de plata que la realza.     Se ha comentado que la cofradía encargó esta corona habiendo costado 1.835 reales de vellón, y en 30 de noviembre de 1760, día de San Andrés, se le puso sobre la cabeza a la imagen de la Virgen. Se trata de un extraordinario y valioso complemento a la talla de la Inmaculada. 
    Examinado la pieza observamos las marcas de platería que nos revelan que su autor fue el platero José de la Casa, y realizada en Toledo. José de la Casa era platero perteneciente al gremio de San Eloy desde 1745 y tasador de joyas hasta 1785, como apunta el historiador Ramírez de Arellano.
Inmaculada Concepción. Villaseca S.
Inmaculada Concepción, corona de plata. Iglesia parroquial de Sta. Leocadia. Villaseca de la Sagra.

    Responde al tipo de corona imperial, en forma de globo, con aureola de rayos y motivos de rocalla y cruz de remate. Presenta una labor de adornos muy tupida pero calada y engaste de pedrería con abundantes motivos repujados y fundidos a base de tornapuntas, cartelas, rocallas y cabezas de querubines. 
    Se presenta más suntuosa que la de Nuestra Señora de las Mercedes, diez años anterior, con la que compite en riqueza material y ornamental. Por su finura decorativa se enmarca dentro del estilo rococó propio de mediados del siglo XVIII. 

En conclusión.
    A nuestro entender, la excelencia de esta imagen mariana declara su procedencia, que no puede ser otra en ese momento que la Corte, pues Madrid era entonces foco de actividad artística y de producción escultórica de alto nivel. Podríamos ver en esta figura una imitación de algunas de las Inmaculadas del pintor madrileño Juan Carreño de Miranda y difundidas por la escuela pictórica madrileña de la primera mitad del siglo XVIII. 
    Pero que en escultura es el mismo tipo que adopta la imagen de la Inmaculada del retablo del Evangelio de la catedral de Oviedo, realizada en torno a 1740 por el artista afincado en Madrid Juan de Villanueva; por tanto, del mismo momento de la bella imagen de Villaseca.
    La imagen villasecana participa de la línea ondulante que imprimen las composiciones del pleno barroco. La ligera agitación en los ropajes y la elegante constraposición hacen de la Inmaculada Concepción de Villaseca una magnífica obra de escultura religiosa en madera, de fina talla y equilibrada policromía basada en colores planos.
    Ha sido últimamente el historiador Nicolau Castro quien ha querido ver en ella una obra temprana del escultor Juan Pascual de Mena (Villaseca, 1707-Madrid, 1784), debido a su indudable factura ajena al arte toledano y más próxima a la imaginería madrileña del primer tercio del siglo XVIII. 
    Su atribución a un Juan Pascual de Mena (que contaría con 29 años de edad y ya establecido en Madrid), estaría justificada siempre que esta obra se pudiera enmarcar en un periodo inicial de tradición barroca que luego abandonará en obras posteriores.
    Dentro de la obra de Juan Pascual de Mena existen otras imágenes de Inmaculada Concepción pero que son más tardías y en poco coincidentes con ésta de Villaseca, con lo que la diferencia en el estilo es considerable.  
    Sea o no obra de Juan Pascual de Mena, aunque la atribución es ya de por sí un crédito mayor, la imagen de Nuestra Señora de la Concepción, o popularmente la Inmaculada, es otro de los bienes muebles más preciado del patrimonio parroquial de Villaseca de la Sagra, comparable en mucho a la imagen de Nuestra Señora de las Mercedes. Equiparables son en su condición de obra maestra representativa de una época y un estilo y de una calidad artística indiscutible.


BIBLIOGRAFÍA
DÍAZ FERNÁNDEZ, A. J.: "Historia y arte en torno a la imagen barroca de Nuestra Señora de la Concepción del consistorio toledano". Archivo secreto: revista cultural de Toledo, Nº 2, 2004, pp. 94-111. (Su consulta en línea: https://www.toledo.es/toledo-siempre/publicaciones-del-archivo-municipal/revista-archivo-secreto/revista-archivo-secreto-no-2/)
DÍAZ FERNÁNDEZ, A. J.: "La Virgen de las Mercedes de Villaseca de la Sagra: el origen de una devoción y la belleza de una imagen" (consulta en este blog: https://memoriadevillasecadelasagra.blogspot.com/2024/08/la-virgen-de-las-mercedes-de-villaseca.html)
NICOLAU CASTRO, J.: Escultura toledana del siglo XVIII. Toledo, 1991.
RAMÍREZ DE ARELLANO, R.: Catálogo de artífices de Toledo. Toledo, 1920.

FUENTES DOCUMENTALES
ARCHIVO PARROQUIAL DE VILLASECA DE LA SAGRA (APVS) 
- Libro de Inventario del Archivo (1777).
- Libro Becerro de Fundaciones (1735). 
- Libro 1º Cofradía de Ntra. Sra. de la Natividad y Concepción (1675-1763).
- Libro 2º Hermandad de la Concepción (1728-1808).
- Libro 3º Natividad y Concepción (1619) [Constituciones].
- Libro 4º Natividad y Concepción (1728) [Nuevas Ordenanzas].
- Libro 5º Natividad y Concepción [Patronato capellanía Juan Pérez de Oro].
- Libro III de Fábrica (1600-1674).
- Libro VI de Fábrica (1777-1852).
ARCHIVO MUNICIPAL DE VILLASECA DE LA SAGRA (AMVS)
- Documentos diversos (1700-1850).
ARCHIVO DIOCESANO DE TOLEDO (ADT)
- Cofradías de Toledo: Villaseca de la Sagra. Leg. 45, Expte. 39.
ARCHIVO HISTÓRICO PROVINCIAL DE TOLEDO (AHTP)
- Protocolo nº 7825 (1741), folios 49-50v, escribano José Arellano Vázquez.





lunes, 12 de mayo de 2025

La Virgen de los Peligros, una devoción que desde Madrid llegó a Villaseca de la Sagra.

LA VIRGEN DE LOS PELIGROS, UNA DEVOCIÓN QUE DESDE MADRID LLEGÓ A VILLASECA DE LA SAGRA.

Antonio J. Díaz F.
Historiador

      
  Son varias las advocaciones marianas que la religiosidad de nuestros antepasados, hombres y mujeres de Villaseca de la Sagra, ha fomentado a lo largo de más de quinientos años de historia. 
    La figura evangélica de María ha tenido en nuestros altares distintas advocaciones con nombres tan principales como Virgen del Rosario, del Carmen, de la Cabeza, de la Inmaculada Concepción, de la Natividad y de las Mercedes, veneradas en un tiempo u otro en la iglesia parroquial de esta villa. Y en su ermita, cómo no, la protección de Nuestra Señora de las Angustias, imagen milagrosa y patrona de la villa. 
    Junto a éstas, no olvidemos que en la capilla del antiguo hospital de San Bernardo existe una imagen pequeñita con el nombre de Nuestra Señora de los Peligros, que es la titular indiscutible de aquella capilla, más bien iglesia, alzada por iniciativa particular y con fines piadosos.

    Es momento de explicar la curiosa historia de este nombre y de esta devoción, que no nació en Villaseca, sino que vino de Madrid al tiempo que se construyó su capilla, allá por la segunda mitad de siglo XVII. 

    Vamos a hacer memoria sobre esta Virgencita "forastera", que, como digo, es la verdadera patrona de este magnífico edificio, orgullo del patrimonio histórico villasecano, ejemplo de la arquitectura religiosa de estilo barroco, obra del afamado arquitecto Fray Lorenzo de San Nicolás y ejecutada por el maestro de obras Pedro Díaz Mejorada.

LA FUNDACIÓN DEL HOSPITAL DE SAN BERNARDO Y SU CAPILLA. 
    Antes que nada, y para entrar en conocimiento de por qué invocamos a esta virgencita, hay que partir del testamento que el Secretario de Su Majestad, el señor D. Blas García, otorgó en la villa de Madrid el 18 de diciembre de 1630, ante el escribano Francisco de Benavides, en cuya segunda cláusula expresaba lo que aquí transcribimos, aludiendo a un apreciado convento madrileño:

Item digo que yo de más de treinta años a esta parte he cuidado y servido al Convento de Nuestra Señora de la Piedad que llaman de Vallecas estando la Corte en Valladolid y venido aquí y cuando se trataba de fabricar la iglesia nueva que hoy tiene yo tomé a mi cargo el hacer diligencia para buscar dineros para la dicha obra, y esto se hizo, a Dios gracias y a la Santísima Reina de los Ángeles, que a mi parecer llegué cosa de cuarenta mil Reales poco más o menos. Y también de más de esto di el dinero para hacer parte de la bóveda de la capilla de Nra. Señora de los Peligros donde se entierran las señoras monjas y siempre fue cosa asentada en el Convento que la dicha capilla había de ser para mi entierro en consideración de los dichos servicios y de los que hice en la misma ocasión de mudar el Santísimo Sacramento a Nuestra Señora de la iglesia vieja a donde hoy están y de mudar la imagen de donde entonces se puso a su capilla y los que siempre he continuado hacer al Convento [...] pero continuando la devoción que tengo a Nra. Señora de los Peligros he entendido que estas señoras están de parecer de darme la Capilla y yo darles cien ducados de renta perpetuos por ella y así mando que si en la conformidad dicha se hiciesen las escrituras se les den los dichos cien ducados de renta de uno de los juros que tengo sobre los puertos secos entre Castilla y Aragón del que tengo sobre las sisas de esta Villa de Madrid, esto por razón de la dicha Capilla que sea para mi entierro y de quien yo ordenare a mi disposición como cosa propia mía; y si no se otorgare, el Licenciado Bernardo García mi sobrino me deposite o entierre en la parte y lugar donde le pareciere y de allí si le pareciere me remueva a donde se harán las memorias de misas y fundación de capellanías que abajo irán declaradas...
[Copia del testamento del Secretario Blas García, Archivo Parroquial de Villaseca de la Sagra (APVS), Libro Becerro de Fundaciones, 1735]

    En definitiva, el alto funcionario Blas García, que se confesaba natural de Villaseca, y ejercía su oficio de secretario del rey, primero con Felipe III y después con Felipe IV, aspiraba como fiel devoto y benefactor, a ser enterrado en aquella iglesia conventual del antiguo Madrid, habiendo otorgado plenos poderes a su sobrino el Licenciado D. Bernardo García y San Pedro para cumplir sus últimos deseos y a quien nombró no sólo uno de sus albaceas sino también heredero universal de todos sus bienes.
    Este es otro personaje ilustre nacido en Villaseca de la Sagra que desempeñó como presbítero importantes cargos eclesiásticos en Madrid y su Corte, principalmente el de Visitador y Examinador General del Arzobispado de Toledo en el partido o diócesis de Madrid, en cuya villa vivió y murió. Allí otorgó poder para testar en 17 de mayo de 1650 ante el escribano Antonio Cadenas, a dos personas de su confianza. A Fray Pedro Yáñez, predicador de S.M. y Prior del convento dominico de Santo Tomás, y a su primo el ilustre Doctor D. Francisco López de Mena, canónico de la Iglesia Magistral de Alcalá de Henares y Capellán de Honor de S.M.

    Pues sí, sucedió que en la fundación del hospital de San Bernardo en la villa de Villaseca de la Sagra concurrieron dos inexcusables voluntades. La primera, la del secretario real, el villasecano Blas García, que dejaba instituidas dos capellanías para cumplir una memoria de misas por su alma con una dotación anual de 300 reales cada una, para cuyo mantenimiento asignó el producto de unas cuantiosas rentas sobre juros, censos y alquileres de las casas principales en que moraba, sitas en la calle de Alcalá de Madrid (luego vendidas por su sobrino en 1636). Pero todo con destino a la capilla de la Virgen de los Peligros del convento de las Vallecas de Madrid, donde pretendía encontrar descanso eterno, por su profundo amor a la Virgen y por haber sido gran protector del convento.
Postal Virgen de los Peligros. Madrid
Postal de la Virgen de los Peligros. 
Convento Piedad Bernarda, Madrid.

    La segunda, la de D. Bernardo García de San Pedro, con su recta actuación ante la realidad con la que se encontró a la hora de cumplir los deseos del Secretario García. De una parte, el malogrado intento para que las monjas madrileñas cedieran la cripta de la capilla para enterramiento de su tío; y, de otra, la dificultad material de poder levantar una capilla particular en la vieja iglesia parroquial de Villaseca, pese a la aprobación dada por el Arzobispado. Ante esto, en su propio testamento estaba decidido "se hiciere y fundase un Hospital en la villa de Villaseca de Sagra de donde fue natural con su iglesia de la advocación de San Bernardo y Nuestra Sª. de los Peligros para que en él se recogiesen y curasen los vecinos pobres y enfermos de la dicha villa..." [APVS, Autos de la Fundación de S. Bernardo]. Con ello no ocultaba la primordial intención de construir con su propia hacienda un panteón o capilla sepulcral para tumba de Blas García, y donde establecer las capellanías y memoria de misas, bajo Patronato Real de Legos, es decir, como fundación caritativa particular y no sujeta al orden eclesiástico. De esta manera, el arzobispo de Toledo cardenal Infante D. Fernando, ordenó a los testamentarios de D. Bernardo que se levantase en un sitio a "quinientos pasos de la parroquia en la plaza grande que hay dentro de Villaseca a la entrada del pueblo según se entra de Toledo", es decir, en la que era la plaza de Pozo de Concejo, donde hoy efectivamente se alza el conjunto de capilla y hospital (éste, transformado en Centro Cultural San Bernardo).
    Tras su muerte, ocurrida en 2 de junio de 1635 en Madrid, el cuerpo del Secretario Blas García fue traído a su Villaseca natal y depositado en la antigua iglesia de Santa Leocadia en el colateral del Evangelio, al pie del altar de Santa Ana, el 17 de marzo de 1636; y donde igualmente mandó ser enterrado el propio D. Bernardo García de San Pedro, y así se procedió a su depósito el día de 25 de mayo de 1650, el mismo día de su fallecimiento en la villa de Madrid, siempre en espera de estar construida la iglesia del hospital.
    Hasta el 29 de septiembre de 1669, día de San Miguel, no se consagraría la iglesia por el obispo de Arcadia señor D. Miguel Pérez. Con la iglesia ya bendecida fue posible decorar su interior y dotarlo de algunas imágenes o adornos litúrgicos a fin de poder dar servicio. Pero todavía las obras de carpintería, puertas y ventanas, se prolongarían hasta 1678, año en que se colocaron las campanas en su espadaña bajo la administración de D. Miguel García Pastor.
    Bajo licencia del Consejo de la Gobernación de 21 de julio de 1696, los capellanes del hospital exhumaron los cadáveres de ambos fundadores y el de su administrador, el Dr. D. Francisco López de Mena (cuyo depósito se había hecho en 5 de febrero de 1666 también en la parroquia, altar del Cristo de la Misericordia) en 17 de septiembre de 1697, tras una misa cantada y una vigilia, con asistencia de todo el clero parroquial, en que fueron trasladados definitivamente al panteón de la iglesia de Nuestra Señora de los Peligros, situado tras el altar mayor. Fechas que nos apunta el Bachiller Gregorio Díaz, el último capellán del hospital, en su libro manuscrito sobre Villaseca escrito en 1866.

LOS NOMBRES, LAS DEVOCIONES.
    Visto así, comprobamos que, a partir de 1650, o más concretamente, desde que estuviera abierta la capilla del hospital a partir de 1669, los vecinos de Villaseca pudieron contemplar en su interior las imágenes o pinturas que acomodaban los fundadores y capellanes de aquella institución piadosa.
    Indudablemente, desde el primer momento de la fundación, a través de la personalidad y sentir devoto del Secretario Blas García, nació la vinculación San Bernardo y Nuestra Señora de los Peligros.     En su última voluntad quedaba demostrada la profunda religiosidad hacia una pequeña Virgen de Madrid, la venerada en el convento de madres bernardas conocidas como "Las Vallecas", con la advocación de Nuestra Señora de los Peligros
    Este convento, hoy desaparecido, se situaba en la calle Alcalá de Madrid, a la altura de la calle que sigue denominándose de los Peligros. En este convento existía la capilla a ella dedicada. Las monjas seguían la regla de San Bernardo de Claraval y vestían hábito blanco. Su nombre legítimo era el de convento de bernardas de Nuestra Señora de la Piedad.
Azulejo calle Virgen Peligros. Madrid
Azulejo talaverano en la calle Virgen de los Peligros, Madrid.

Plano Texeira Madrid leyendaPlano Texeira Madrid

Convento de bernardas "Vallecas", en la calle de Alcalá. 
Plano de Madrid, P. Texeira, 1656.

    La tradición sobre esta pequeña y milagrosa imagen del convento madrileño se resume en estos breves datos que aquí referimos. En tierras africanas una imagen de María venerada por los antiguos cristianos había sido escondida bajo una campana ante el dominio musulmán para evitar su profanación. Pero en el siglo XVI, un cristiano cautivo de los corsarios moros dio con el lugar donde hizo el hallazgo, que mantuvo bien en secreto. Con el tiempo y una vez liberado, recuperó la imagen y, no sin pasar grandes "peligros" por mar al volver a España, se dirigió a su villa natal que era Madrid.        Allí se decidió a entregar la imagen a un convento, y con los consejos de un barbero muy devoto, se echaron a suertes entre varios. El azar favoreció a la comunidad de religiosas conocidas como "las Vallecas", que acogieron con júbilo la imagen el día 11 de junio de 1554, fiesta del apóstol San Bernabé. Por las circunstancias de su periplo desde África a Madrid a la imagen ya la habían bautizado con el nombre de Nuestra Señora de los Peligros, que es el que conservó por siempre.
Bernardas, Madrid 1887
Convento de las Vallecas, calle de Alcalá, antes de su demolición. 
Ilustración de J. Comba, del libro Madrid Viejo por Ricardo Sepúlveda (Madrid, 1887).

    Tras la Desamortización de 1836 y la exclaustración de religiosos y religiosas, el cierre del convento de la calle de Alcalá obligó a que la milagrosa imagen pasara por otros templos custodiada por las buenas monjas a lo largo del siglo XIX y primer tercio del siglo XX. Hoy, la auténtica e histórica imagen madrileña de la Virgen de los Peligros se venera en el monasterio de nueva construcción situado en la calle Joaquín Costa, número 49, de Madrid. Este es el actual Santuario de Nuestra Señora de los Peligros (Madres Cistercienses de la Piedad Bernarda).

LA VIRGEN DE LOS PELIGROS EN VILLASECA DE LA SAGRA.
    El hospital de Villaseca de la Sagra recibió el nombre de San Bernardo por la evidente razón, ya expuesta, de conservar el vínculo devoto de origen. Este traslado de cultos de la Villa y Corte de Madrid a la villa señorial de Villaseca fue, sin duda, la mejor decisión del Licenciado D. Bernardo García de San Pedro con la que pretendió crear en Villaseca la réplica del lugar que hubiera esperado, en Madrid, el Secretario Blas García para su descanso eterno. Pero al no poder ser cumplida su última voluntad por el desengaño de las monjas madrileñas, el sobrino y testamentario optó por dar solución a este contratiempo ordenando construir de nueva planta en Villaseca de la Sagra un hospital con su capilla y dedicarlo a devociones bien queridas por su tío. 
    De esta forma, en Villaseca se creaba un hospital ofrendado al fundador San Bernardo y una bella capilla consagrada a Nuestra Señora de los Peligros. Un perfecto reflejo de aquel lugar sagrado y añorado de la calle de Alcalá, y donde estuvieron profesando la madre y dos hermanas del propio Bernardo García de San Pedro.
    Puntualmente, las constituciones de gobierno del hospital, aprobadas en 1669, principiaban por declarar la festividad del señor San Bernardo, como patrono del hospital, a decir cada 20 de agosto, con vísperas y misa cantada solemne y oficiada por el capellán mayor de la institución [Constituciones y ordenanzas para el gobierno del Hospital de San Bernardo. AHPT, Pr. 3712, fols. 272-366, ante Juan Flores González]
    A la Virgen de los Peligros se le señalaba misa el día de Nuestra Señora de la Asunción, es decir, el día 15 de agosto de cada año. 
    A la exposición pública quedaría en la capilla del hospital villasecano la imagen de Nuestra Señora de los Peligros. Y acaso una pintura de La Virgen y San Bernardo, donada por el fundador y expuesta bajo un dosel en el altar mayor, como se veía antes de tener retablo mayor. 
    Efectivamente, no fue hasta el siglo XVIII que llegaron los retablos a la capilla del hospital. Todos reaprovechados, menos el más importante, el retablo mayor, que se alzó en 1772, y del que sabemos que se construyó en Madrid y que se trajeron todas sus piezas en galeras por vecinos de Villaseca, colocándose en la capilla de los Peligros en el mes de septiembre de aquel año. Habiendo costado su hechura 8.000 reales [APVS, Libro del Hospital de S. Bernardo año 1769].
Retablo mayor de la capilla de Ntra. Sra. de los Peligros, 
del hospital de S. Bernardo. Arquitectura madrileña, 1772.
Foto anterior a su restauración en 2011.

    En este retablo mayor, de madera sin policromar y de estilo rococó o cortesano, se ordenaron los principales objetos de culto que hasta entonces se hallaban dispuestos de alguna manera dentro del presbiterio. 
    Primeramente, se incorporó una pintura al óleo de La Aparición de la Virgen a San Bernardo, antes mencionada. En efecto, recuperado en su última restauración el remate superior este retablo mayor, hay que reparar en la obra pictórica que queda restituida a su lugar. En este cuadro aparece pintado un episodio milagroso que le aconteció a San Bernardo. Se dice que en premio a su fervor y defensa de la figura de la Madre de Dios, fue la propia Virgen María que se le apareció para obsequiarle con un hilo de leche de su pecho maternal. La representación así lo muestra y la pintura al óleo se podría atribuir al pintor madrileño Antonio de Pereda († 1678), pintura de hacia 1640 y en estilo barroco. 
    Era un apreciable cuadro que poseía en su oratorio el Licenciado D. Bernardo García de San Pedro y que legó al hospital. 
    Se limpió y restauró en 1996 a cargo del Patronato del Hospital de San Bernardo. 
    El estudio de esta pintura se puede consultar o descargar en mi artículo https://xn--archivoespaoldearte-53b.revistas.csic.es/index.php/aea/article/view/855/890
Pintura La Virgen y S. Bernardo. Villaseca de la Sagra
Retablo mayor, cuerpo superior con la pintura de la Aparición de la 
Virgen a San Bernardo. Óleo de Antonio de Pereda, h. 1640.

    A la vez que el retablo, se hizo una imagen nueva de San Bernardo, porque no había ninguna. Así el retablo tiene en su calle central la hornacina superior de medio punto que alberga la efigie en talla del patrón, de no gran calidad, vestido con el hábito blanco, báculo abacial, mitra de obispo a los pies y libro como padre de la orden por él fundada en el siglo XII, llamada Orden del Císter, con su norma reformadora de la regla benedictina, y que profesaron sus frailes y monjas llamados cistercienses. 
    Es obra de bulto redondo y policromada, de 1,60 cm de altura, tamaño natural, trabajada en Madrid, que costó 330 reales de pintura y dorado [APVS, Libro del hospital de S. Bº. 1769]. En 9 de enero de 1773 el Consejo de la Gobernación del Arzobispado de Toledo dio licencia al entonces patrono y administrador D. José Mateo Gasco para bendecir la nueva imagen de San Bernardo "que se había de colocar en la iglesia del Hospital", según anota el que fue capellán del hospital, el Bachiller Gregorio Díaz, en su libro manuscrito de 1866. 
    La imagen fue restaurada a cargo del Patronato de la Fundación Hospital de San Bernardo, años antes de su extinción, en 2008.
Imagen de San Bernardo, detalle. Talla madrileña,  
madera policromada, 1772.

    Por último, y como no había de ser menos, debajo de esta hornacina se sitúa el nicho y transparente que alberga la pequeña imagen de Nuestra Señora de los Peligros, de apenas 70 cm de alto.     Es una escultura de velador o de vestir, o lo que es lo mismo una imagen sin cuerpo que sólo tiene tallados rostro y manos, que se colocan juntas en actitud orante. Viste manto y saya bordada dispuestas de forma piramidal, al estilo de las pequeñas vírgenes españolas de devoción popular. Sobre sus hombros luce velo y rodea su delicada cara un rostrillo de cuentas. Sobre su cabeza exhibe una bonita corona imperial de bronce sobredorado con labores del siglo XVII, de bello dibujo barroco. Se sitúa sobre trono y peana de madera tallados y sobredorados, y bajo un humilde arquito de rayos, apoyado sobre dos columnillas, todo de latón troquelado y sobredorado.
Virgen de los Peligros. Villaseca de la Sagra  
Virgen de los Peligros. Villaseca de la Sagra

Ntra. Sra. de los Peligros, en su trono y detalle, capilla del 
antiguo hospital de San Bernardo.

    Esta pequeña pero importante escultura será seguramente del tiempo de la fundación, aunque no aparece en el inventario de bienes del Licenciado D. Bernardo García y aún en 1666 se esperaba "poner y colocar en la iglesia del dicho hospital de San Bernardo", según recoge el testamento del primer administrador, el citado D. Francisco López de Mena. Tal vez la poseyera el Secretario Blas García en su oratorio particular, conocida la profunda devoción que profesó hacia aquella imagen madrileña. O quizás la recabó el sobrino para honrar la fundación que iba a hacerse en Villaseca.
    Esta centenaria imagen fue restaurada por el Patronato del Hospital de San Bernardo en 2003.
    Como última curiosidad, es preciso observar el lugar donde se coloca la delicada imagencita, pues la hornacina que hace el retablo tiene como fondo una ventana con vidriera, lo que se llama un transparente, con lo que se permite el paso de luz desde la ventana que hay al otro lado de la cámara sepulcral o panteón del trasaltar. Igualmente, bajo el arco abierto en el muro, en lo que se llama su intradós, se pintan distintos símbolos que ensalzan la virginidad de María. Están dispuestos a ambos lados de una paloma del Espíritu Santo que centra en la clave la composición y el orden de los mismos, pintados en medallones sobre fondo rojo con un simple rameado. Este transparente ya existía antes de instalarse el retablo.
    Las invocaciones pintadas más conocidas son aquellas que en la Biblia identifican a María como Huerto cerrado, Fuente sellada, Ciprés de Monte Sión, Pozo de agua viva, Torre de David, Palmera, Ciudad de Dios, más otras como Espejo de justicia, Trono de sabiduría, Rosa mística, Torre de marfil, Casa de oro, Arca de la Alianza, Puerta del Cielo, Estrella de la mañana. En definitiva, son los atributos más comunes que suelen acompañar la representación de la Virgen María como Tota Pulchra.
Altar Virgen de los Peligros. Villaseca de la Sagra
Retablo mayor y transparente de Ntra. Sra. de los Peligros, detalle del intradós.

    Según los inventarios, esta imagen mariana solía estar acompañada, sobre las gradillas del altar, por las dos pequeñas imágenes de bulto que representan al Niño Jesús y a San Juanito, imitando las de Nápoles, en sus peanas doradas y con sus potencias de bronce dorado, como lo dice una nota de 1741 que registra el coste de dos vestiditos de militar para "los niños que están a los lados del altar de Nuestra Señora de los Peligros en este hospital". Figuras que estaban siempre vestidas, aunque ahora las veamos desnudas, y que paran, desconocemos el motivo, en la iglesia parroquial de Santa Leocadia cuando pertenecen al patrimonio legítimo de esta capilla de los Peligros [APVS, Libro del Hospital de S. Bernardo año 1735].

    La imagen villasecana de la Virgen de los Peligros recibió en 1666 un legado del primer patrono y administrador el Doctor D. Francisco López de Mena, a cuyos testamentarios mandó:

Reserven de mis alhajas las que les pareciere puedan servir de adorno a la santa imagen de Ntra. Sra. de los Peligros que se ha de poner en la iglesia del dicho hospital para lo que la señalo una joya que tengo esmaltada que por una parte tiene una imagen de Ntra. Sra. del Buen Consejo con San Luis de Gonzaga y por otra a San Diego de Alcalá y otra joya con piedra ágatas y una cruz de Caravaca de plata, y un rosario de coral de cinco dieses con extremos de oro que son los padres nuestros.
[APVS, Libro Becerro de Fundaciones, 1735]

    Este generoso administrador también designó para el servicio de la iglesia otros ornamentos y albas, un cáliz de plata pequeño y su patena, y un Santo Cristo de marfil sobre cruz de ébano.
    Recordemos otro importante legado de este insigne benefactor ya tratado por mí en una anterior entrada del blog https://memoriadevillasecadelasagra.blogspot.com/2025/01/la-huida-egipto-un-precioso-alabastro.html

    Con menor predicamento que otras imágenes de María tienen en este pueblo, no obstante, en el siglo XVIII se registra la asistencia de mujeres devotas constituidas en hermandad, pero sin ordenanzas ni licencia eclesiástica, que hacían una fiesta anual a su titular la Virgen de los Peligros y que se mantenía de las libres aportaciones o limosnas de cada hermana, llegándose a reunir anualmente unos 146 reales invertidos en cera, pólvora y derechos pagados al cura y sacristán por la misa de la festividad y otra cantada para las hermanas, según el informe municipal de 1770 sobre hermandades enviado al Señor Intendente de Toledo [Archivo Municipal de Villaseca de la Sagra (AMVS), Acuerdos (1756-1774)]. Hemos de ver aquí la existencia de una voluntariosa congregación femenina que atendía el culto de la Virgencita del hospital, y que con el tiempo terminó desapareciendo.
    Y es posible que a veces la imagen saliera en procesión, pues en 1740 unos fieles le habían ofrecido unas andas talladas y sobredoradas.

    Es evidente que en Nuestra Señora de los Peligros descubrimos una especial advocación mariana de origen madrileño pero perpetuada en esta villa de Villaseca de la Sagra, a través de una singular historia que corría el riesgo de quedar ignorada y que estoy convencido nadie había explicado hasta ahora. 
    Recuperando aquel antiguo sentimiento de pertenencia y cariño hacia la preciosa imagen de Nuestra Señora de los Peligros hemos dado con estos versos emotivos que no queremos omitir:

¡Oh, Virgen de los Peligros!
Eres Virgen de Madrid
de las bernardas "Vallecas",
la historia te trajo aquí
al pueblo de Villaseca.

Para consuelo de enfermos
del hospital San Bernardo, 
te construyeron capilla
y te labraron retablo,
donde toda tu luz brilla.

¡Oh, Virgen de los Peligros!
por más de trescientos años
que vive tu devoción,
a este pueblo toledano
concedes tu bendición.


miércoles, 2 de abril de 2025

A devoción de Ntra. Sra. de las Angustias, tres planchas del siglo XVIII para grabado.

    

A DEVOCIÓN DE NTRA. SRA. DE LAS ANGUSTIAS, TRES PLANCHAS DEL SIGLO XVIII PARA GRABADO.

Motivo central estandarte Ntra. Sra. Angustias
Antonio J. Díaz F.
Dr. en Historia del Arte

    A finales de 2012 el entonces párroco de Santa Leocadia de Villaseca de la Sagra, don Andrés Francisco Peña Macías, dispuso la recuperación de ciertos objetos que se hallaban arrinconados en desvanes de la iglesia por resultar ya inservibles o sin función litúrgica alguna. Y no carentes de interés histórico, artístico y etnográfico, quiso recogerlos para memoria del pasado de la parroquia.  Se dirigió a mí como un colaborador forzoso para organizar una especie de museo parroquial donde crear un espacio de identidad cultural al que denominó Memoria de la fe, con la misión de catalogar con cierto rigor y criterio técnico las diversas piezas expuestas en sus vitrinas. El pequeño “Museo” se inauguró oficialmente el 13 de julio de 2013, con algunas piezas que se encontraban todavía pendientes de clasificar.
    En esta labor personal fue gratificante ver el que se hubieran encontrado tres valiosas planchas metálicas para producir estampas de Ntra. Sra. de las Angustias, que me sugirieron de inmediato el poder estudiarlas desde el punto de vista histórico-artístico.
    Así pues, en Villaseca de la Sagra y desde 2013 se exhiben en vitrinas del pequeño museo parroquial instalado en el coro alto de la iglesia barroca de Santa Leocadia tres placas de cobre para grabado pertenecientes al siglo XVIII en las que se representa a Ntra. Sra. de las Angustias, excelsa patrona de la villa, cuyo santuario se encuentra extramuros en la antigua ermita de la Vera Cruz (fig. 1).
Tres planchas. Museo parroquial Sta. Leocadia
Fig. 1. Tres planchas para grabado, s. XVIII.
Iglesia parroquial de Santa Leocadia, Villaseca de la Sagra.

    Son tres piezas excepcionales pues resulta más fácil encontrar las estampas impresas antes que topar con las matrices de imprenta. En este caso existe la paradoja de haberse conservado afortunadamente las planchas originales, nada menos que tres, y no tanto las estampas que se produjeron en los talleres de estampación. 
    Toda plancha se trabaja ofreciendo la imagen del revés, es decir, como si fuera el espejo de la imagen definitiva que es la que tiene que obtenerse al imprimir o entintar el papel. Hablamos como de un negativo (que es la plancha metálica) y un positivo (que es la estampa en papel).
    Antes, conviene resumir en qué consiste la técnica del grabado a buril, que es el tipo calcográfico o estampación en hueco, al que obedecen estas tres planchas. Se cuenta primero con un dibujo a lápiz de la imagen que se quiere reproducir. Este dibujo es el que se copia sobre la plancha. El trabajo de diseño se hace sobre una lámina de metal, preferentemente de cobre batido como es el caso, en la que el artífice grabador incide con un instrumento o herramienta llamado buril, del que se dispone con varios acabados de punta, a fin de ir abriendo los surcos que van formando las líneas del referido dibujo, definiendo los perfiles más o menos marcados y aquellos efectos como sombras o gradaciones que han de quedar bien plasmados y diferenciados por zonas en la estampa final. Estos surcos o incisiones de distintas magnitud y profundidad retendrán la tinta que sobre la plancha se extienda. De este modo, mediante una prensa de imprenta se podrá ir sacando el papel grabado y en el que se apreciarán las distintas calidades del dibujo configurando el grabado definitivo, del que se podrán hacer bastantes copias en una tirada con la misma imagen varias veces. En la estampa religiosa este método de reproducción suponía la profusión de imágenes de culto y la fácil difusión entre los numerosos devotos de cofradías y feligresías.
    En estas tres planchas originales conservadas en la parroquia de Villaseca tenemos la obra que el grabador ha manejado y trabajado con sus propias manos y en la que ha dejado toda su pericia y habilidad. Es la obra artística que sale directamente de la mano del artista y en la que deja su personal impronta al interpretar más o menos correctamente el dibujo de partida. Por ello, estas tres planchas adquieren el valor de originales al igual que consideramos una pintura, una escultura, una cerámica, etc. 
    Es una gran suerte que las tres planchas quedaran, en definitiva, en propiedad de la parroquia a través sin duda de la hermandad de las Angustias, quien fomentó su fervor religioso.
    Con el fin de hacer más reconocibles las figuras y textos que constituyen cada uno de los grabados hemos ofrecido la plancha original en foto a color y junto a ella la misma plancha, invertida y en blanco y negro, simulando una hipotética estampa resultado de la impresión en papel. Lo exponemos así sólo en el caso de las dos primeras planchas, de las que carecemos por el momento de estampa original, aunque confiamos en que se dé la sorpresa de que aparezcan algún día.

  A/  La primera plancha por orden cronológico es la de menores dimensiones (apenas el tamaño de una postal) y data concretamente de 1750 (fig. 2). La imagen de la Piedad, con advocación de las Angustias en Villaseca de la Sagra, se sitúa frontalmente sobre un suelo natural y al pie de una cruz plana de madera. De este modo la estampa viene a reproducir fielmente la imagen de talla que preside la ermita de Ntra. Sra. de las Angustias desde al menos 1729. Pero la imagen del grabado se anima pictóricamente con un fondo imaginado donde se vislumbra a un lado un sitio como una pequeña ciudad amurallada y al otro un alto risco coronado por un castillo. Y ocupando el cuarto inferior de toda la superficie se inscribe una leyenda sobre cuatro líneas y en la inferior la firma del artista:

Nª Sº D LAS ANGVSTIAS D VILLA SECA D LA 
Sagra prodigiosa en milagros y libra de peligros de los 
Caminos. La dedª el S. D. Franº Florin del Cerro a la Srª 
Dª Mariana d Urieta Ferz. d Linares. aº de 1750. 
Andrade Sculp.

    En general, el dibujo se muestra bastante nítido y es sencillo en su composición sin apenas elementos sobresalientes en la representación, ciñéndose al grupo formado por las figuras y la cruz que lo respalda, un paisaje bajo y exiguo y un celaje neutro y monótono.
Plancha 1750. Ntra. Sra. Angustias    Plancha 1750. Ntra. Sra. Angustias espejo
Fig. 2. Cobre fechado en 1750 (y la supuesta estampa derivada 
de su impresión).

    El interés también está en los datos concretos que aparecen consignados en esta dedicatoria de carácter privativo y de intención piadosa entre particulares, conociendo la identidad de ambos nombres. De don Francisco Florín del Cerro, que por sus apellidos es persona vinculada a esta villa, se conoce su condición de hijo de familia noble, en realidad, un hijo natural, no legítimo, de don Nicolás de Silva Folch de Cardona (hermano del VII Marqués de Montemayor don Manuel de Silva y Ribera), del que fue único y universal heredero, puesto que su padre había tomado los votos sacerdotales llegando a ser capellán Mayor del Real Convento de la Encarnación de Madrid, Abad Mayor de San Salvador de Jerez de la Frontera (sólo hasta 1752) y Sumiller de Cortina de S. M., todo un personaje de alta alcurnia perteneciente al alto estado eclesiástico. A este Francisco Florín el nuevo Marqués Montemayor don José de Baeza Vicentelo, Marqués de Castromonte, le reclamará en 1766 la entrega de los libros maestros e inventarios de papeles concernientes al Mayorazgo de Montemayor y sus agregados que permanecían en su posesión por razones de herencia y que deberían pasar al nuevo propietario del mayorazgo [Archivo Histórico Nacional -AHN-, Archivo de la Nobleza, BAENA, C.35, D.4-9. Correspondencia remitida por Máximo Rama Palomino en nombre de José Baeza Vicentelo, VI marqués de Castromonte, y dirigida a Francisco Florín relativa a la entrega de ciertos inventarios, libros becerros y documentos de la administración del marquesado de Montemayor]. 
    Todo en razón del litigio mantenido por la sucesión y traspaso del mayorazgo desde 1751 con el citado don Nicolás, último administrador de las posesiones del linaje de los Silva y Ribera, extinguido a la muerte sin descendencia de su sobrina doña Teresa de Silva y Folch de Cardona Ribera (†1751) en la corte austriaca de Viena. Francisco Florín, en su condición de hijo ilegítimo no podía detentar ninguna propiedad vinculada al marquesado de Montemayor ni considerarse heredero de los Silva y Ribera, puesto que era, en términos legales, un bastardo sin derechos de sucesión. 
    De igual modo, de doña Mariana de Urieta Fernández de Linares sabemos su relación con Francisco Florín, tratándose de su esposa, hija de don Francisco Urrieta, mayordomo que había sido de la casa y estados de los Marqueses de Montemayor, al servicio del citado don Nicolás de Silva. Todo esto se deduce igualmente del aludido pleito abierto con el nuevo poseedor el Marqués de Castromonte. El apellido Urieta o Urrieta nos desvela una procedencia de la hidalguía vizcaína. 

 B/   La segunda plancha sitúa la imagen mariana igualmente de frente sobre un cuidado trono de pequeño remate abalaustrado y delante de una cruz más adornada en sus extremos, lo que se podría interpretar como una canastilla de madera que soporta el grupo escultórico. Todo bajo un marco arquitectónico clásico consistente en un arco de medio punto moldurado sobre dos pilastras cajeadas de orden dórico. Como si la imagen se viese en la hornacina de un retablo componiendo así una hoja grabada de tamaño intermedio (fig. 3).
    No figura fecha declarada y entre tornapuntas de bella línea barroca se abre una cartela con el anagrama de María incluyendo la siguiente leyenda escrita en seis líneas, más la firma del autor: 

Nª Sª DE LAS ANGVSTIAS COMO SE VE
nera en Villa-seca de la Sagra p. quien obra D[io]s infini
tos milagros. El Emmº Sr. Cardl. Solis conc. 100 ds.
d Yndulgª rezando un Ave Maria ò Salbe
ante esta Stª Imagn y el Emmº. Sr. Arzpº. de
Toledo 80 ds. Rezando un ave maria.
Jh Andrade f.

    Resulta apreciable la mayor calidad técnica de esta plancha. En ella se hace evidente la más cuidada delineación y modelado de las figuras, fundidas en ese esquema triangular característico, resultando sencillo el marco, pero efectivo y sobrio en sus líneas; contribuyendo a la belleza del conjunto el dinámico adorno de la cartela al pie, que le da esa gracia que tiene todo ornamento barroco.
Plancha h. 1760. Ntra. Sra. Angustias Plancha h. 1760. Ntra. Sra. Angustias espejo
Fig. 3. Cobre, h. 1760 (y la supuesta estampa derivada de su impresión).

    Consideramos estas dos primeras planchas relacionadas con un mismo nombre, el que figura en ambas, José Andrade, su grabador. En la primera plancha firma con solo el apellido y su condición de "sculptor" (o grabador) y en la segunda introduce el nombre de pila en forma abreviada como “Jh” que significa en la grafía de la época Joseph y añade la f del latín "fecit" (en castellano, hizo).
    Se trata del grabador a buril José Andrade que trabaja para las imprentas madrileñas de la época con láminas para ilustrar libros ya desde 1715 hasta 1766, fechas de algunos de sus trabajos documentados. Entre su producción destacan también las estampas religiosas y a su catálogo podemos añadir estos dos grabados dedicados a la Virgen de las Angustias de Villaseca de la Sagra, realizados en un estilo bien distinto entre ambos, pero de mayor perfección en la segunda de las planchas.

 C/   Superando en tamaño a las anteriores, la tercera de las planchas presenta un grueso marco rectilíneo y muestra la efigie de Nuestra Señora sobre un suelo natural en el que se ven a sus pies los tres clavos y la corona de espinas, atributos de la Pasión de Cristo, su Hijo al que sostiene en sus brazos. Por detrás, rompiendo la frontalidad, se sitúa el sepulcro en perspectiva diagonal al igual que la cruz plana cerrando un lateral. Arriba en el ángulo superior, dos cabezas de querubines contrapesan la escena, a modo de escena pictórica. 
    La leyenda figura al pie en un zócalo recuadrado en el que se muestra en trampantojo simulando un papel o tela clavada. Toda esta composición se comprende dentro de un marco de líneas ortogonales (fig. 4).
Plancha h. 1770. Ntra. Sra. Angustias
Fig. 4. Cobre de Juan F. Palomino, h. 1770.

La leyenda repite la fórmula bien conocida que dice:

MARIA SS. DE LAS ANGUSTIAS
Que se venera en la Villa de Villaseca de la Sagra por quien
obra Dios infinitos milagros.
El Emmº S. Cardl. Solis concede cien días de indulgª rezando un
Ave Maria o Salve ante esta Stª Imagen. Y el Exmo. S. Arzbpo.
De Toledo Ochenta rezando un Ave Maria.

    Ya en el borde inferior fuera de la propia representación aparece en cursiva la firma del autor que dice : “Gravada pr. Juan Fernando Palomino”. 
    Juan Fernando Palomino (†1793) es el grabador ligado a la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid.

    En este caso sí podemos contemplar la estampa tal y como se obtuvo de la impresión, posiblemente sobre la placa aquí mostrada. El ejemplar en papel se conserva en los fondos de la Calcografía Nacional y recrea la efigie de nuestra venerada imagen (fig. 5).
Estampa Ntra. Sra. Angustias. Calcografía Nacional
Fig. 5. Ntra. Sra. de las Angustias, venerada en Villaseca de la Sagra.
Calcografía Nacional, nº inv. AC-00800. Juan Fernando Palomino. 
Colección Antonio Correa (Academia Colecciones. https://www.academiacolecciones.com/estampas/inventario.php?id=AC-00800)

    Al observar en este grabado el resultado de la estampación se puede constatar la gran calidad del trabajo previo realizado a buril sobre la plancha. El artista ha expresado con hábil técnica en los trazos un dibujo preciso en todos sus pormenores, en el modelado de las figuras y en los sutiles efectos de una luz celestial blanca que desciende en rayos sobre María y su Hijo, en esa bella composición piramidal que tiene el grupo escultórico en el que se inspira.

    Para datar tanto esta estampa de Palomino como la anterior de Andrade, puesto que llevan idéntica leyenda, atendiendo al dato de la concesión de indulgencias, se concluye que ambas estampas se realizan durante el cardenalato de don Francisco de Solís y Folch de Cardona (Madrid, 1713-Roma, 1775), nombrado cardenal (cardenal Solís) en 1756 por el papa Benedicto XIV, cuando era arzobispo de Sevilla. 
    Por su parte, el arzobispo toledano que coincide con este periodo del segundo cuarto del siglo XVIII no es otro que don Luis Antonio Fernández de Córdoba, cardenal Portocarrero, que desempeñó su prelatura en la sede primada entre 1754 y 1771. 

    Por tanto, las tres planchas se sitúan en ese periodo desde 1750, fecha señalada en una de ellas, hasta 1760 y 1770, para el caso de las otras dos aquí estudiadas. De las dos estampas de José Andrade no hay constancia en los catálogos de su obra, por lo que las aquí presentadas son inéditas en la producción de este grabador. Afortunadamente, la de Juan F. Palomino está ya registrada en su repertorio de estampas religiosas.
    Ciertamente, nos parece extraño que en poco menos de veinticinco años, de 1750 a 1775 se hubiesen sucedido tres encargos de estampas dedicadas a Ntra. Sra. de las Angustias, cuando una plancha permitía sacar una tirada inicial de máxima calidad y  solía servir para tiradas posteriores durante mucho tiempo hasta que la plancha original dejaba de ser útil por desgaste.
    Lo cierto es que en los libros de la cofradía no se recogen alusiones a gastos en estampas durante esos años por lo que parece que estas tres planchas se costearon al margen de la hermandad de las Angustias y por iniciativa de particulares. Lo que sí está demostrado en el caso de la primera plancha de 1750, dedicada por don Francisco Florín y ofrecida a su esposa.

    Únicamente la cofradía señala en cuentas de 1690 el gasto en estampas de la Virgen de las Angustias [Archivo Parroquial de Villaseca de la Sagra -APVS-, Libro I de la Cofradía de la Sta. Vera Cruz (1690-1724)].     Pero lo cierto es que estas estampas estarían representando una imagen anterior de la Virgen de las Angustias, pues sabemos de la realización de una nueva efigie, la actual, en torno a 1729, cuando se constituye canónicamente la cofradía de Ntra. Sra. de las Angustias, y cuando pasa a ocupar el altar mayor de la ermita de la Vera Cruz como titular de la misma y patrona de Villaseca de la Sagra, acompañada de las imágenes del Cristo a la columna y del Cristo con la cruz a cuestas, ligadas a su cofradía.
    Es posible que la 23ª y última de las ordenanzas presentadas en 1729 para su aprobación canónica [“Presentación a aprobación de las ordenanzas de Ntra. Sra. de las Angustias”. Archivo Diocesano de Toledo -ADT-, Cofradías de Toledo, Legajo 45, Expte. 43, año 1729] avisara del propósito de abrir estampas de la nueva imagen con encargo a un hermano fraile :

Iten. Hordenamos, respecto de estar empeñada la lamina de Nra. Srª. de las Angustias, y haver corrido por qtª. del Pe. Fray Sebastian del Ssmo. Sacrtº. y hermano de dha hermandad su desempeño y abrimiento, que las estampas que se tiraren se repartan y el dinero de limosnas entre en el arca.
    No parece se hicieran de inmediato aquellas láminas encargadas al citado fraile para dar difusión a la imagen de las Angustias.
    Esta imagen de la Virgen María sosteniendo en sus brazos el cuerpo del Hijo muerto se nos presenta como una obra escultórica de gran belleza y dramatismo y es a la que se someten los dibujos de las tres estampas vistas aquí. 
    La imagen, policromada y de bulto, se regala o adquiere en torno al año 1729, sin que se conozcan más datos sobre su encargo, ni el escultor que la talló ni otras circunstancias que aclaren la incógnita de su aparición gozosa en esta villa (fig. 6). 
    Indudablemente, siempre se ha barajado la posibilidad de que su autor fuera el hijo natural de Villaseca de la Sagra Juan Pascual de Mena (1707-1784), el brillante escultor y académico que desempeñó su carrera artística en Madrid como profesor de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, y de quien sí podemos afirmar es la bella imagen de Ntra. Sra. de las Mercedes de la iglesia parroquial. 
    En 1729 Pascual de Mena tendría 22 años, los suficientes para haber adquirido una formación artística en el ámbito de la escultura cortesana y madrileña y con los escultores franceses que acudieron a La Granja de San Ildefonso, donde es posible que perfeccionara el oficio. El hecho es que él ya estaba en Madrid poco antes de 1730, año en que contraía matrimonio en la iglesia de San Lorenzo de la Corte [DÍAZ FERNÁNDEZ, Antonio J.: "Notas para la biografía del escultor Juan Pascual de Mena", Boletín del Seminario de Estudios de Arte y Arqueología de Valladolid, 52, 1986, pp. 501-508. Se puede consultar en este enlace https://www.academia.edu/110826966/Notas_para_la_biograf%C3%ADa_del_escultor_Juan_Pascual_de_Mena].
Talla original Ntra. Sra. Angustias
Fig. 6. Imagen policromada de Ntra. Sra. de las Angustias, sin vestir. 
Talla anónima de hacia 1729.

    Por otra parte, no deberíamos descartar una posible e inevitable coincidencia y trato de los dos artistas grabadores, Andrade y Palomino, con el escultor Juan Pascual de Mena, porque todos ellos estaban vinculados a la Real Academia de San Fernando de Madrid y frecuentaban los mismos ambientes artísticos. Además, alguien hubo de proporcionar los dibujos de la Virgen para poder grabar las planchas.
    De momento, aquí está consignada la existencia de tres planchas para grabado y estampa de la Virgen de las Angustias, que son tres objetos artísticos que corresponden a la segunda mitad del s. XVIII, cuando su culto estaba en pleno auge.