domingo, 23 de junio de 2024

La desaparecida ermita del Glorioso San Sebastián de Villaseca de la Sagra.


LA DESAPARECIDA ERMITA DEL GLORIOSO SAN SEBASTIÁN DE VILLASECA DE LA SAGRA. 

                                                                     Antonio J. Díaz F.
Historiador
El culto al Glorioso San Sebastián tuvo que ser uno de los más antiguos y uno de los primeros que se practicaron en la villa de Villaseca de la Sagra al menos desde el siglo XIV en que empezaba a formarse la entonces llamada “Villa de Aceca”. Venerado como abogado contra la peste, su advocación sugiere la necesidad piadosa que un vecindario temeroso de Dios tendría para librarse de un mal tan frecuente en épocas remotas. 
    Es cierto que quienes aquí fundaron esta villa eran gentes que ya venían huyendo de las epidemias cuando abandonaron la aldea ribereña de Aceca apartándose de la insalubridad del mismo río Tajo. Y es posible que a raíz del nuevo asentamiento junto al llamado Cordel de Merinas la veneración a San Sebastián acompañara a la nueva población en su historia, en la vida religiosa de la ya nombrada Villaseca, como garantía de santo protector. 
     Ya por el siglo XVI el culto a San Sebastián era bastante popular y estaba muy extendido en las poblaciones del reino de Toledo. Otras ermitas dedicadas al santo existían en pueblos cercanos como Alameda de la Sagra, Bargas, Cabañas de la Sagra, Esquivias, Mocejón y Yuncler, como también en otros concejos comarcanos se celebraban funciones religiosas en honor al santo mártir.

Cofradía y ermita
    Las primeras noticias que nos revelan la devoción a este santo en Villaseca no son muy antiguas ni concretan el origen de su culto, como ya queda apuntado en nuestro libro Villaseca de la Sagra, noticias de su historia (IPIET, Temas Toledanos, nº 74, 1993). Y se encuentran en inventarios de la iglesia parroquial de Santa Leocadia, en los viejos libros del archivo parroquial. Se ve ya a través de un dato en el recuento de los ornamentos para el culto realizado por el cura Licenciado Francisco de San Martín donde se menciona en 1522 "un frontal pyntado con la ymagen de Sant Sebastian" y otro frontal de color amarillo para el altar del santo, que se dice en 1537 que está en su ermita, según el Libro I (1515-1551) de fábrica.  Lo cierto es que se acometen unas obras en la vieja iglesia parroquial y se acusa un gasto "de trastejar la nave de sant Sebastian" en la visita de cuentas de 1511, lo que nos indica del culto al santo y un lugar concreto que tenía para su colocación al tiempo que visitaba la iglesia.
    Así mismo, en el inventario de libros existentes en 1777 en el archivo de la parroquia se anota un libro de la "Cofradía de San Sebastián" correspondiente al período desde 1618 a 1634 -que no ha llegado hasta nosotros- y que nos demuestra, unos cien años después de aquella primera cita, la actividad de una hermandad sobre cuya fundación tampoco hay dato concreto. Sin embargo, el único libro que hoy existe de tal Cofradía, que abarca desde 1655 a 1800, nos ilustra de los acontecimientos que afectaron a la vida de la propia cofradía e incluso a la suerte de la antigua ermita del santo. A la vez se consignan los cabildos celebrados desde 1655 hasta 1725 y también se incluye una nómina de cofrades realizada en 1669 con nuevos asientos en años posteriores. 
    Otro libro de cuentas de 1800 a 1827, tomadas por el administrador y sacristán mayor de la parroquia Juan Ramón Rivero, anuncia la liquidación económica de una cofradía extinguida hacía años. 

    Cita, la de 1522, que coincide con aquellos años en que el levantamiento comunero de 1521 en Toledo había traído consigo la devastación de los lugares de Villaseca y Villaluenga pertenecientes al señorío de don Juan de Silva y Ribera, que habría de ser nombrado en 1538 Primer Marqués de Montemayor tras su defensa de la causa del rey Carlos I de España. 

    En ese nuevo contexto histórico del territorio sagreño, con la vuelta a la paz y a la normalizada relación entre vasallos y señor, conocemos así la existencia de un edificio, la ermita propia del Señor San Sebastián, donde se veneraba una imagen de talla y cuyo servicio era responsabilidad de la parroquia y su cofradía, si bien la construcción era competencia del concejo, como se ha de ver.

    En este mismo siglo XVI, en las Relaciones topográficas de pueblos de su reino ordenadas por Felipe II en 1576, los informantes de la villa responden al cuestionario oficial ante el cura de Mocejón y Villaseca don Alonso Suárez de Novoa, señalando la existencia de dos ermitas en esta villa: una, la de San Sebastián y otra, la de la Vera Cruz que aclaran que aún estaba por terminar. Aquí se demuestra que la ermita del santo era anterior o más antigua, suponiendo su origen o reconstrucción tras el paso de los comuneros del Obispo Acuña en abril de 1521. Y, en efecto, se constata la existencia de cofrades en 1568, según mención vista en el señalado Libro II de fábrica.
Situación desaparecida ermita del Santo

Sección oeste del término municipal de Villaseca de la Sagra y casco urbano 
(Visor Instituto Geográfico Nacional). Señalado el lugar donde estuvo la ermita de San Sebastián, conocido como "Piedra del Santo".

    Por eso sabemos que en 1667 se realizan reparos en la ermita, lo mismo que en 1693 a cargo del maestro de albañilería Andrés Vicente, natural y vecino de la villa. La calidad del edificio, obra de albañilería (tal vez de ladrillo y mampuesto de tapial) no sería óptima y su estado, cada vez menos sólido acusaba con rapidez el paso del tiempo. Doce años después, ante el juicio que presentó el maestro albañil declarando la amenaza de ruina, los mayordomos Juan Díaz de Ortega y Mateo López del Águila determinaron que se hicieran los reparos oportunos por mano del citado Andrés Vicente con un coste de 198 reales en materiales y manos. 
    Con el paso del tiempo de poco sirvieron estos arreglos pues la ermita seguía en estado de inminente ruina declarada a mediados del siglo XVIII. Por lo cual, el visitador eclesiástico del partido de Illescas, el clérigo Pedro Cano de Mansilla, por mandato de visita de mayo de 1751 ordenó  se notificase de las circunstancias al alcalde ordinario de Villaseca para que, en su concejo, de quien dependía el edificio, se tratase de la reparación en un plazo de seis meses, hasta octubre, bajo pena de excomunión si no lo cumpliese. 

    A pesar de disposición tan severa muy lejana estaría la fecha de cumplimiento. Y es así que dos años más tarde se informa al visitador que el concejo está dando arbitrios o fondos para la reedificación de la ermita, de la cual se encontraba su techumbre arruinada por completo excepto la capilla mayor, que llevaba el mismo paso, recomendándose brevedad en la obra. En efecto, en marzo de 1756 se registraba la recogida de los materiales y madera de la “tribunilla” de la ermita, cuya obra y apeo hizo el maestro de obras de esta villa Juan de la Plaza. Los materiales útiles retirados se almacenaron en el palacio del señor marqués de Montemayor en espera del comienzo de la reconstrucción para la cual se estimaba un plazo de cuatro meses y si en tal caso no se actuara se procedería al embargo de los bienes propios del moroso y negligente ayuntamiento, único responsable de su reparo y mantenimiento.

    En las providencias de la nueva visita eclesiástica de 1758 se dispone que el teniente cura como administrador de la parroquia, don Roque de la Plaza, retenga cierta cantidad de dinero concedida en el desempeño de sus gestiones económicas para que llegado el posible y esperado día se aplicase a la reparación del edificio junto a algunas limosnas recogidas. Por un nuevo mandato de visita de 1760 el citado cura habría de solicitar a la justicia de la villa que principiase la obra y de no ser así dentro de cuatro meses se renunciaría a la reedificación. 
    Y para evitar la profanación del lugar sagrado se procedería a su inmediata demolición, recogiendo los materiales aprovechables para deducir su valor del gasto del derribo.

    La visita eclesiástica de 1765 registra las cuentas desde el año de 1762 donde aparece consignado el producto del despojo de la madera de la ermita y se anuncia la extinción de la cofradía y la destrucción de la ermita.     Por tanto, la cantidad de dineros en poder del cura Roque de la Plaza no se carga a favor de la cofradía y en su lugar se destina para otro fin como fue el hacer la obra del tabernáculo de la iglesia parroquial.
    
    Una vez visto el proceso de deterioro y ruina de la ermita y conocido algo de la historia del culto de San Sebastián en Villaseca de la Sagra, haremos mención a las dos únicas obras de arte que se guardaban en esta ermita, a saber, la imagen titular, ya desaparecida, y la del Cristo llamado del Triunfo, afortunadamente conservada.

    Agotadas las noticias directas sobre la ermita de San Sebastián tomadas del libro de su Cofradía, encontramos su correlación en el Libro VI de la fábrica parroquial indicándose el fin de los despojos de la desaparecida ermita. En efecto, en 1762 se habla sobre la madera y otros materiales procedentes de la ermita y el hecho de su desmantelamiento. En 1765, coincidiendo con las últimas noticias de la cofradía, la iglesia ya había realizado la obra de un tabernáculo “a la romana” aprovechando algunos “pequeños materiales de la ermita de S. Sebastian”. 

    De este modo la ermita de San Sebastián se relaciona indirectamente con una obra de arte que se realizó aprovechando maderas obtenidas del derribo de la ermita y que podemos contemplar presidiendo el altar mayor de la iglesia parroquial de Santa Leocadia, el precioso tabernáculo o baldaquino.

Imagen desaparecida de San Sebastián
    Por lo que respecta a la imagen del santo mártir, ésta era efectivamente una obra de talla, que estaba en el altar mayor de su ermita pero que también se sacaba en procesión, por cuanto en 1695 se hizo una peana para ella y se aderezaron las andas procesionales y sus tornillos. Cuando la ermita se encontró irremediablemente arruinada la imagen se trasladó a la iglesia parroquial donde en la visita eclesiástica de 1780 (Libro VII de fábrica) se ordenó que:

 “la imagen que con el título de Sn. Sebastián se halla retirada en el cuarto inmediato a la sacristía y a quien en su respectivo día se saca y hace culto y fiesta pública; en atención a constarle de su Merced [el visitador] ya por haberla visto y reconocido ya por informe que tomó de maestro inteligente que ni es ni ha sido tal efigie y que además no tiene figura decente ni determinado santo; [por lo que] debía de mandar y mando que inmediatamente se entierre o que se deshaga y queme según y como más conforme le parezca al expresado teniente [cura]”

    Por razones de estética o de decoro la vieja imagen del santo no servía para lucirla en un altar y era necesario que la parroquia se deshiciese de ella. Lo que parece cierto es que la imagen debía de ser talla muy antigua y algo tosca para la mentalidad y el gusto artístico de la época en que se desechó y poco adecuada para su devoción y por ello se convino en su retirada o desaparición, tanto es así que nunca más se repuso su culto y cofradía en la villa.
    Aún así, no parece se cumpliera con lo dictado cuando en 1828 el maestro de Primera Educación Isidoro Santos declara que el vecino Pascual Ruiz, a la sazón sacristán de la iglesia, se halla preso en la Cárcel Real de la villa acusado por el alcalde ordinario quien habría avisado al cura párroco "que el Pasqual Ruiz havia vendido o cambiado la Ymagen del Glorioso Santto S. Sebasttian aparentando alboroto popular, prodigando una porcion de amenazas...", según se testimonia en el Protocolo 7859 (año 1828), fol. 1, escribano Juan de Dios Ibáñez, del Archivo Histórico Provincial de Toledo (AHPT). Como una repetición de aquel suceso, y según un curioso testimonio oral recogido por nosotros años atrás pero nunca contrastado, se nos dice que a principios del siglo XX la imagen del santo se vendió por la parroquia a la iglesia de Cobeja, por cierta cantidad de alcarceña. Aunque esto pudo acontecer definitivamente después de 1940, ya que una imagen de San Sebastián se recuperó tras los destrozos causados en 1936 en retablos e imágenes de la iglesia parroquial, pero de la que no hay mención ni existencia posteriormente. 
   Al santo se le solía representar en el arte cristiano, tanto en pintura como en escultura, en el momento de su primer tormento, es decir, como un joven imberbe y semidesnudo atado a un tronco con las flechas prendidas en su cuerpo, lanzadas por sus verdugos para darle muerte. Sebastián fue un militar romano del siglo IV de nuestra era que al profesar la fe cristiana fue perseguido y martirizado en Roma por los paganos. 
    Un ejemplo que nos ilustra de esta iconografía tan común en la representación de San Sebastián lo tenemos en Toledo en la ermita de Ntra. Sra. de la Estrella donde se venera a este mártir en uno de sus altares.
Imagen S. Sebastián. Ermita de la Estrella (Toledo)Imagen de S. Sebastián. Ermita de Ntra. Sra. de la Estrella. Toledo.

    La fiesta del mártir San Sebastián se celebraba el 20 de enero de todos los años en Villaseca con la procesión desde la iglesia hasta su ermita pues la víspera se le traía a la población. Durante la incertidumbre sobre la reparación de su ermita la imagen recibió culto y se le festejaba en la iglesia parroquial hasta desaparecer su devoción con la extinción de la propia cofradía y la retirada y ocultación de la propia imagen.

Imagen y retablo del Stmo. Cristo del Triunfo
    Por otra parte, sobre el Santísimo Cristo del Triunfo, que estaba asimismo en la ermita de San Sebastián, de 1701 data la primera noticia al mencionarse la donación de unas tierras al Santo Cristo por Juana Díaz Ortega, quien luego en 1707 regalará dos frontales para el altar de esta imagen "que está en la hermita de S. Sebastián", según testamento protocolizado ante Lucas Gómez Mejorada, escribano de la villa. Y en la visita eclesiástica de 1751, que avisaba de la inevitable ruina de la ermita, se decide trasladar con la mayor decencia posible “la devota efigie de Jesucristo Crucificado” a la capilla del hospital de San Bernardo para que se coloque provisionalmente en uno de sus colaterales para su pública veneración, con la condición de que una vez terminadas las esperadas obras de restauración de la ermita se devolviese a su lugar de origen, según mandato registrado en el correspondiente libro de fábrica. 
    En este nuevo emplazamiento, que se pensó transitorio, pero terminó siendo definitivo, permanecía hacia 1769 instalado en el colateral del Evangelio a la izquierda del altar mayor de la capilla hospitalaria. 
    Y así, se constata en los libros propios del hospital que la imagen “se trajo de la antigua y desaparecida ermita de S. Sebastián” y los administradores de la institución lo colocaron en un retablo que compraron a su vez en 1780 a la congregación de Ntra. Sra. de las Angustias por valor de 360 reales.
Retablo del Cristo del Triunfo. Villaseca












Retablo del Stmo. Cristo del Triunfo, s. XVIII. Capilla de Ntra. Sra. de los Peligros (del antiguo hospital de San Bernardo), Villaseca de la Sagra.
    Por tanto, el retablo está actualmente en el señalado lugar después de 250 años en que pasó a ser propiedad de la extinguida fundación piadosa del hospital de San Bernardo (hoy, centro cultural San Bernardo), datada a mediados del siglo XVII. Es un retablo que permanece "en blanco", es decir, sin dorar ni policromar su madera. Presenta traza o diseño barroco y está compuesto de dos columnas salomónicas de capitel corintio, recargadas de pámpanos, que flanquean la caja central cruciforme donde se enclava sobre alta peana la cruz nudosa que sujeta la pequeña imagen del Cristo Crucificado con título del Triunfo. El retablo se remata con un atípico frontón de tabla pintada con el tema del Calvario y en los extremos dos tallas aprovechadas de otro retablo anterior. Por su estilo es un retablo de principios del siglo XVIII y anónimo.
    Por lo que respecta a la imagen del Crucificado cabe señalar su elegante anatomía y el vuelo sinuoso del paño de pureza. Es un crucificado de tres clavos, de mediano tamaño pero de cuidada proporción, con expresivo rostro y cabeza inclinada representando a Cristo muerto en una cruz leñosa, alzada sobre una adornada peana piramidal policromada de estilo posterior. Esta talla responde al arte toledano de finales del siglo XVI. Es obra de notable valor artístico y anónima; una de las más antiguas del patrimonio histórico-artístico de Villaseca (y que se custodia en la parroquia sin aparente justificación).
Cristo del Triunfo. Villaseca de la Sagra

                    Imagen del Stmo. Cristo del Triunfo, arte toledano, s. XVI.

Una piedra en el lugar de aquella ermita
    Desconocemos qué tipo de construcción tenía la ermita desaparecida, pero hemos de pensar en unas sencillas proporciones, de pobres materiales, si acaso con empleo de algo de ladrillo, piedra mampostería y bastante tapial, y teja en sus cubiertas, considerando que lo único aprovechable de su derribo fueron algunas pocas maderas. Suponemos tuvo una pequeña nave con "tribunilla" a los pies e independiente de la capilla mayor. Estaríamos hablando de una ermita rural de escaso valor arquitectónico e indefinida clasificación. Lo que se entiende por un edificio de construcción popular. En su proximidad se situaría la mencionada piedra con su cruz.
    Si en 1796 aún eran visibles los cimientos de la demolida ermita junto al camino de Magán, y que en menos de cincuenta y cinco años se desmoronó inevitablemente, hoy en día solo queda en el lugar de su ubicación original  un topónimo y un bloque de piedra. Los nombres de “Piedra del Santo” o paraje de “Santobastián” son la única referencia a su emplazamiento. La antigua ermita de San Sebastián, extramuros de la villa, se localizaba cerca de la confluencia del antiguo camino de Mocejón y el camino bajo de Magán en su suave descenso a Villaseca. Punto al suroeste del término haciendo prácticamente raya con los términos municipales de los citados pueblos. Desde luego, siempre ha servido de punto de referencia para los deslindes de los tres términos municipales. Es este camino por donde discurre el trazado del antiguo Cordel de Merinas (con unos 17 m de anchura aproximadamente) que atraviesa el casco urbano por la calle de Toledo saliendo por el camino de Alameda hacia Borox. Esto nos revela la importancia de la localización que tuvo la ermita junto a una vía pecuaria y de comunicación antigua (es el mismo caso de la ubicación de la ermita de la Vera Cruz en el camino del Río para coger la cañada de Puchereros en Aceca). 
Camino arbolado (antiguo cordel de Merinas)

Camino arbolado (antiguo tramo del Cordel de Merinas) que desde la Plaza San Sebastián se dirige hacia la "Piedra del Santo" . 

En 1866, en su libro manuscrito e inédito, el Bachiller Gregorio Díaz, capellán del hospital de San Bernardo, escribe con la ortografía de la época:

"De esta Ermita solo sé que se fabricó á principios del siglo diez y siete; hoy no subsiste, solo hay parte de cimientos devajo de tierra, estaba en el camino de Mocejón, donde descabeza una tierra de caver 19 f[anegas] que era del Hospital de Niños de Toledo y hoy lo es de Manuel Lopez Gomez y otra que fue de Dª Agapa Solar Aldama y Benito del Viso, donde sale el camino para Magan [...] No hay persona que recuerde haber visto la Ermita; los vecinos de esta villa, generalmente denominan al Camino de Mocejon, camino del Santo ó S. Sebastian..."

    El que a este lugar se le denomine Piedra del Santo o El Santo es porque existe allí al otro lado de dicho camino un vestigio que pasa inadvertido. Se trata de un bloque de piedra caliza, algo semienterrado e informe por la erosión, de sección más o menos elíptica con una cavidad amplia en su centro. Sus dimensiones son por diámetro entre 85 y 90 cm y por altura sobre el suelo unos 50 cm. Aquí se marca el punto referencial de 486,9 m de altitud sobre el nivel del mar.
Piedra del Santo. Término municipal de Villaseca de la Sagra

 Piedra del Santo. Término municipal de Villaseca de la Sagra. 
 (Coordenadas 39º 57’ 27.06’’ Latitud N; 3º 53’ 26.78’’ Longitud W).

    Suponemos que se trata de un basamento pétreo que servía de pie a una cruz de madera o hierro enclavada como señal que indicase al caminante el lugar sagrado y de oración en el camino ante la ermita que allí hubo, a modo de humilladero*. Al estar próxima al encuentro de los límites de Mocejón y Magán con Villaseca, pudo cumplir también la función de cruz de término y ser anterior a la propia ermita del santo.
    En el pueblo de Villaseca, donde entraba tal camino ganadero, se formó urbanísticamente el barrio que se llamaba de "San Sebastián" ya desde el siglo XVIII hasta que, desaparecida la ermita, el nombre se olvidó y cambió por el de "Pozo Concejo" desde 1833.

Placa callejero
     Sin embargo, hoy en día se conserva la calle que se llama del "Santo", nombre señalado desde 1875 (hoy como Travesía del Santo), y la Plaza de San Sebastián, nombre restablecido en la década de los noventa del siglo pasado en memoria de la cercana ermita que estuvo dedicada al Glorioso mártir cristiano San Sebastián, de la que hoy hacemos memoria en estas líneas.

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* Un bloque similar se halla en la ermita de la Vera Cruz y otro junto a la iglesia parroquial (conocido como "piedra redonda"). La existencia de cruces en los caminos junto a las ermitas o lugares sagrados parece tener su origen en un acuerdo del concejo de Villaseca del año 1602 por el cual se pagan a Pedro Gómez el Viejo "tres cruces q- hizo para poner en los caminos de esta villa" (Archivo Municipal de Villaseca de la Sagra, Libro de Acuerdos y cuentas, 1583-1619). Cabe pensar que sobre estos basamentos de piedra irían enclavadas sus cruces.

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