Memoria sobre un oficio desaparecido: la
alfarería en Villaseca de la Sagra (Primera parte).Antonio J. Díaz F.HistoriadorSi atendemos a los aspectos históricos más singulares de Villaseca de la Sagra relacionados con su desarrollo económico a través de siglos pasados siempre encontramos como fuente de riqueza el cultivo de sus campos, de su cereal. Sin embargo, sólo era una economía de subsistencia en tierras de “pan llevar”, expresión de otras épocas, cuando la agricultura era prácticamente el recurso principal de las familias de labradores y arrendatarios que componían el vecindario de la villa, sin excluir otros oficios minoritarios o esporádicos necesarios para la comunidad.En este caso, nuestra atención se vuelca sobre un oficio desaparecido como fue la alfarería en Villaseca de la Sagra, tema que ya nos había suscitado interés cuando en 1989 nos propusimos hacer un estudio que, sin embargo, quedó inédito y sin publicar, y al que nos remitimos [1] .No de otro modo, un recorrido cronológico nos hará recomponer el devenir de la historia de la alfarería villasecana a través de los testimonios aparecidos en distintos y sucesivos documentos que arrancan principalmente del siglo XVIII cuando se hace más frecuente la mención a esta entonces llamada "industria".EL SIGLO XVIIIComo decimos, la economía de Villaseca durante el Antiguo Régimen (los siglos XVI, XVII y XVIII) dependía de las rentas agrícolas siendo sus vecinos mayormente "labradores pobres que viven de su trabajo", en una villa de jurisdicción señorial que a mediados del siglo XVIII contaba con una población de aproximadamente 1.400 a 1.500 habitantes (sobre un censo de 477 familias), según la estimación del Catastro del Marqués de la Ensenada [2]. Por ello, este registro oficial no reconoce entre el estamento popular económicamente activo ninguna persona que declare como oficio exclusivo el de la alfarería o la cacharrería.Pero lo cierto es que avanzado este siglo otras referencias documentales sacadas de los archivos locales recogen datos sobre esta actividad que pudo ser considerada como secundaria u ocasional y desarrollada por algunas familias menos favorecidas de Villaseca. Algunos de estos datos estaban ya apuntados en nuestro libro Villaseca de la Sagra, noticias de su historia [3]. En 1767 aparece un Juan Climaco Aparicio, que manifestaba estar aprendiendo el oficio de alfarero y necesitaba mudarse de casa para poder construir un horno, lo cual le permitiría ya al año siguiente fabricar "cocido y vedrío" en unos hornos de alfarería que abrió en su nueva casa de la calle del Pingo, al norte de la población [4]. Por estos mismos años otro alfarero, Antonio Santos Villegas, declara en un capital de bienes dos ruedas para el oficio, dieciséis tablas, un molino para moler "vedrío", un horno de vidriado de barro y otro medio horno construido [5]. Por lo mismo, en 1776 el vecino Lucas Gómez Ortega tiene un horno de alfar en su casa de la calle Cantarranas.En 1777 varios vecinos alfareros declaran sus ventas en ese año en conformidad al pago de las alcabalas o impuestos por comercio. Entre ellos, Bernardo Jerez de la Parra dice haber vendido "ollas" por valor de 100 reales y en 1775 haber obtenido ya un balance de 100 reales en vidriado. Por su parte, José López Higuera vendió tan sólo cuatro platos y Esteban Jerez, entre ollas y demás especies vendidas, obtuvo una ganancia de 100 reales. En 1781 el citado Bernardo vendía ollas y retama mientras que José Lozano evaluó en 80 reales el género de alfarería vendido [6].De igual modo, en la década de 1780 figuran en listas de contribución municipal algunos vecinos, en número de 7, como fabricantes alfareros. Esta cifra será pronto rebasada ya que en 1788 se afirmaba en una relación oficial que la principal manufactura de los que no son labradores era en los hombres la fabricación del vidriado en negro "y ahora en adelante será también el blanco por estar ya construyendo un horno para ello" y se dice además que se fabrica con primor y solidez y mucho exceso de bondad al de Alcorcón y otras fábricas en razón de ser la tierra más pegajosa, unida y substanciosa que la de otros sitios [7]. Se constata así la existencia de un oficio que ocupa a la mayor parte de los jornaleros en su manufactura y en su conducción para venderla, empleando a unos 70 operarios y contándose un total de 30 hornos, dentro de una población calculada sobre 450 vecinos o casas, es decir, unas 1.300 almas aproximadamente [8].A finales del siglo XVIII conocemos el nombre de un nuevo alfarero, Juan Díaz Magán, que vive en su casa-alfar, la que hace el número 191 de la calle de la Feria, con su mujer e hijos: Juan, Ana y María Díaz Ortiz [9]. El caso de este alfarero es ilustrativo en la formación y transmisión del oficio dentro del ámbito familiar pues sabemos que en 1806 siguen viviendo en la misma casa y alfar (calle Feria a la Callejuela) y que era conocido por su apodo de "Regidorcito". Luego en 1814, el hijo varón Juan Díaz Ortiz, alias "El Pendolero", ya no vive en el domicilio paterno y ha formado nuevo hogar al casar con Agapita Gómez, ambos de 43 años en 1816 y afincados en la casa nº 211 de la calle Cantarranas, donde habilitarían el alfar propio. De este matrimonio se conoce un hijo, José Díaz Gómez, en 1818, año en que los abuelos paternos se habían mudado a otra calle, la del Boquete [10].EL SIGLO XIXEl siglo comienza con una epidemia por contagio de tercianas que tendrá gran repercusión en la población alfarera y un informe del Ayuntamiento de 1803 revela los nombres de los afectados entre puchereros (son 9 hombres), alfareros (son otros 9) y cargueros (sólo son 2), las tres clases relacionadas con el gremio ceramista [11].Con el estallido de la Guerra de la Independencia, en 1808 el gobierno español realizará distintos llamamientos para combatir al ejército francés. Cuando se realiza en Villaseca de la Sagra el alistamiento de todos los hombres válidos entre los 16 y 39 años, de los 249 varones censados de esas edades nos aparecen un total de 37 hombres que ejercen el oficio de alfarero [12]. Son maestros, oficiales y aprendices cuyos apellidos están entre los Alonso, Aparicio, Basco, Batres, Calderón, Díaz, Domínguez, Fernández, Gómez, Jerez, Juárez, López, Lucas, Magán, Martín, Plaza, Santos, Tordesillas, de la Torre y Yubero, pertenecientes a distintas familias dedicadas a la humilde artesanía del barro. El más joven, con 16 años, era el aprendiz José Díaz Pérez y el de mayor edad, con 39, Juan Santos Tordesillas, maestro alfarero. El más veterano de los oficiales era Manuel Magán Yubero con 38 años de edad.Este recuento de principios de siglo XIX nos da la idea de la importancia económica que pudo tener esta industria como alternativa a las tareas del campo y sus ocupaciones temporales.A propósito, es ya conocida la noticia del alfarero de Villaseca víctima de la jornada del 2 de mayo de 1808 en Madrid, muerto por los gabachos, según partida de la iglesia de Santa Cruz que reza así:“MANUEL DÍAZ de cincuenta años, naturalde la Villa de Villaseca de la Sagra,de este Arzobispado, hijo de Julio, y deMaría Colmenar (ya difuntos) casado conMaría de la Cruz Fernández; parroquianode esta iglesia, que vivía calle de la ConcepciónGerónima número diez y seis; fallecióde muerte violenta en dos de Mayode mil ochocientos ocho…” [13]Pasada la guerra contra los franceses, en Villaseca la alfarería adquirió gran expansión en el siglo XIX debido a las necesidades económicas de muchas familias sin recursos que optaban por una salida de subsistencia en esta ocupación que como hemos visto pasaba de padres a hijos. No sólo la producción, también el comercio tuvo que abrirse mercado con la presencia de los cacharreros no sólo en los pueblos comarcanos sino también en Madrid, compitiendo con los cacharros de Alcorcón.El siglo se inició con cierta estabilidad en el número de empleados en este sector productivo distinto y complementario de la agricultura y así, un informe municipal de 1820, afirma de los naturales de esta villa que son aplicados al trabajo y se dedican especialmente al ramo de industria en las fábricas de "vidriado negro" en las que se emplean un considerable número de ambos sexos, sumando 73 alfareros; no obstante, en las fábricas u hornos se advierte un permanente estado de decadencia que tiene su causa principalmente en la escasez y carestía de leñas y de "alcohol" o piedra de vidriado que se gastaba para el proceso de bañado de los barros; no sin advertir que "todo el vidriado negro que se fabrica en este pueblo lo sacan a vender fuera los vecinos trajinantes que están destinados a es ramo de industria y se alargan para su venta hasta distancias de 40 leguas" [14].Este informe del ayuntamiento de Villaseca es ilustrativo del tipo de alfarería que se producía en la villa. Por tanto, se trataba de la llamada alfarería vidriada, es decir, de loza o barro negro con baño oscuro a diferencia del baño blanco al estilo de lo que se hacía en Talavera de la Reina. Hablamos de una alfarería de cacharros ordinarios tanto de barro cocido como de barro vidriado.La recesión en la producción alfarera se haría notar prontamente en el cómputo de alfareros, pues en 1822 había descendido a 18 fabricantes declarados que daban continuidad al oficio. Al año siguiente, con 32 fábricas de vidriado ordinario en activo, la alfarería en su conjunto se resiente del "poco despacho y ninguna estimación que en el día tiene la loza que en ellas se labra" [15]. En ese contexto de baja en la producción se calculaba que en los alfares más pujantes alcanzaba los 450 o 500 reales semanales, en los medianos, los 300 reales, y en los inferiores sólo los 200, descontando los gastos que se hacen para la preparación del vidriado y su puesta en condiciones de venta y sin que sepamos discernir la realidad de estos tres niveles productivos en la organización de los propios alfares.Sebastián Miñano puntualizaba en su Diccionario Geográfico que en 1828 Villaseca de la Sagra era tierra de cereal, pero también “es muy conocida por los alfares de vasijas de barro ordinario que llaman vidriado muy semejante al de Alcorcón con lo que surten de pucheros, ollas, cazuelas, etc. á Madrid, Toledo y otros muchos lugares de esta tierra” [16].En la década siguiente hallamos 28 alfareros en el censo efectuado en 1833 por el Ayuntamiento y sigue siendo conocida la villa, según repetidas palabras, por sus alfares de vasijas de barro ordinario "que llaman vidriado, muy semejante al de Alcorcón, con lo que surten de pucheros, ollas, cazuelas, etc. a Madrid, Toledo y otros lugares de esta tierra", según cita sobre Villaseca del Diccionario Geográfico Universal (1834). Y en efecto, en 1835 no hay otra clase de fábricas más que las referidas, en las que trabajan 50 operarios, pero que no se hallan ocupados todo el año, sino que alternan con otras faenas temporales en el campo y en la propia venta del género que fabrican [17]. Igualmente, Pascual Madoz en su Diccionario Geográfico de 1850 nos informa escuetamente de la existencia de fábricas de loza ordinaria negra en casi todas las casas, cuyo artículo se comerciaba en todos los pueblos inmediatos, pero no señala ni cuántos alfares ni cuántos alfareros subsistían a mediados del siglo XIX [18] .Más adelante, en el empadronamiento municipal de 1875, que revela una población total de 1.218 habitantes para Villaseca, se registra la existencia de 30 alfares, repartidos en distintas calles de la población (en Ancha 4, Arena 2, Botica Vieja 1, Cruz Verde 1, Cuartillejo 2, Gremios 1, Lenceros 1, Medio Celemín 1, Pingo 1, Real 5, Santo 1, Silera 4, Toledo 1 y Vacas 2) de los que dependían 40 alfareros, 2 mujeres que se dicen alfareras y 6 cacharreros, todos ellos naturales y vecinos de la villa [19].En 1883 las alfarerías declaradas en el Anuario de la provincia de Toledo son las de Lorenzo Lucas [Santos], Casto Ortega [García], Francisco Plaza y Julián Juárez [Basco] a las que se suman en 1886 las de Pío Domínguez, Raimundo Lucas, Valentín Magán [López] y Baltasar Yubero [20]. Un censo que no alcanzaba ni siquiera la docena de hornos en activo.Por tanto, en esta centuria el oficio de alfarero ha sido muy variable y con altibajos en cuanto al número de familias ocupadas en la fabricación y venta de cacharros, quizás adaptándose a los cambios y posibilidades que ofrecía la propia economía local.EL SIGLO XXA tenor de la evolución del oficio en el último cuarto del siglo XIX, la fabricación alfarera empieza su declive en los siguientes primeros años del siglo XX como consecuencia de una mayor oferta en las posibilidades del trabajo asalariado y permanente en las fábricas de harina y luego de electricidad creadas en este periodo en Aceca por la compañía de los Ratié, y que con la instalación de la línea férrea M.Z.A. a Extremadura, se convierte en nudo ferroviario del término municipal y puerta al comercio al crearse la estación Villaseca de la Sagra-Mocejón [21]. Esto propiciaría el cambio de empleo del excedente de mano de obra, los no agricultores, con la consiguiente disminución del número de alfareros, que hasta la fecha habían tenido un oficio ciertamente inestable pero recurrente.Por ejemplo, en la matrícula de feligresía de 1917 continúan ejerciendo el oficio únicamente 13 alfareros [22]. Entre ellos Antonio Fernández Díaz, Aquilino [Luis] Lucas Díaz, Pedro Lucas Plaza, el antes citado Lorenzo Lucas Santos (establecido ahora en Aceca), los hermanos Andrés y Gervasio Lucas Yubero, Claudio Magán Sánchez, el conocido Casto Ortega García y Eugenio Pérez González [23].Curioso es el caso de alfareros “emigrantes” o emprendedores. En 1911 los hermanos Hermenegildo y Andrés Magán Gómez habían marchado a Malagón (Ciudad Real) y allí abrieron una fábrica de alfarería como sucursal de la que tenían en Villaseca con el nombre de “El Diablo” según el diario El Eco Toledano [24].Curiosa noticia en El Eco Toledano (23-3-1911).Aunque resulta curioso que en 1930 se señale la existencia de “fábricas de tinajas” y como sus laborantes a Antolín Díaz, Antonio Fernández, Eleuterio Lucas, Gervasio Lucas y Juan de Mata Lucas; además de la tienda o “cacharrería” de Telesforo Batres [25].En años posteriores desaparece la profesión o más bien se omite al englobarse dentro de la categoría de jornaleros, pues se sabe de la actividad de al menos 6 alfares hasta 1936, año fatídico en el que tan sólo se inscriben en el padrón municipal como tales alfareros los hermanos Juan de Mata Lucas Díaz y Eleuterio Lucas Díaz, que vienen ejerciendo desde 1932 junto a Inocente Fernández, Pedro Lucas y Francisco Díaz (tío y cuñado respectivamente de Eleuterio) [26].Como es obvio, en los años de Guerra Civil se paralizó la producción y se conmovió el orden social y laboral del pueblo pues son conocidos casos de alfareros que se exiliaron del pueblo por motivos políticos o ya en la postguerra se sumaron al éxodo rural a las ciudades.En el libro Villaseca de la Sagra. Imágenes de la memoria se recogen entre otras fotografías más o menos antiguas las que se refieren a distintos oficios desarrollados en la localidad [27]. Así aparecen, cómo no, las que tienen por motivo la alfarería en Villaseca. La más antigua, datada en 1905, muestra a un joven Eleuterio Lucas Díaz, posando con un cesto del que cuelga una gran jarra vidriada y una sarta de pucheros recogidos por un cordel y varias botijas pendientes del hombro izquierdo, mostrando cómo sería un vendedor, un cacharrero o pucherero ambulante. En otra foto en torno a 1921 en su puesto callejero de venta, sentados y rodeados de cazuelas, ollas, pucheros, jarras, cantarillas, coberteras, huchas, son retratados los que se identifican como Francisco Díaz Plaza, Eladio Jerez, Eleuterio Lucas Díaz y Herminio Lucas Díaz, su hijo todavía joven. Pasada la Guerra Civil, otra foto más actual muestra hacia 1958 a Antonio Lucas Martín (uno de los hijos de Juan de Mata Lucas) sentado en el torno y modelando cazuelas.En la postguerra la alfarería en Villaseca estaba abocada a desaparecer pues sólo estaba sostenida por Juan de Mata, sexagenario y enfermo de Parkinson, y ayudado principalmente por sus hijos Enrique, Manuel y Luis Lucas Martín, con quienes se cierra definitivamente la última generación de alfareros y como consecuencia se pone fin a una tradición del trabajo del barro en Villaseca que se apaga en los años setenta. En la calle de El Boquete quedaban aún las ruinas del último alfar, transformado en los años finales en fábrica de ladrillos y relegado el trabajo de cacharros a contados encargos en los que estaba todavía manifiesto el legado de la tradición alfarera villasecana, algunos de los cuales se nos han conservado afortunadamente como últimas reliquias de un oficio desmoronado que hoy se necesita valorar en sus objetos (cántaros, pucheros, jarras, cazuelas, etc.)En Villaseca de la Sagra, hasta los años cincuenta del siglo pasado, la alfarería era un oficio tradicional, eso sí, ejercido por sólo un par de familias, los últimos alfareros, los últimos herederos de aquel oficio ancestral, obligados a transformar su ocupación ante los nuevos tiempos y la llegada del plástico y otros materiales industriales que habrían de sustituir a los viejos recipientes o vasijas de barro, cada vez menos demandados para uso cotidiano.Anuncios impresos de alfarerías de Villaseca de la Sagra. Recorte de la página nº 2,El Alcázar (31-12-1942).Progresivamente la alfarería utilitaria dejó pasó a la fabricación de bloques para la construcción y ahí está, en el citado libro de imágenes, también de hacia 1958, la foto en la que se ve laborando a Antonio, Manuel, Luis y Enrique (los cuatro hijos del “tío” Juan de Mata, último maestro alfarero), y a Emilio Lucas Batres, sobrino de ellos, hijo de Antonio, fallecido prematuramente a los 30 años. A su vez a la especialidad de suelos hidráulicos o prensados se dedicó la otra rama familiar con Herminio y Félix Lucas, los dos hijos de Eleuterio, junto a otro operario, Isidro Basco, todavía en producción hacia 1955 en la fábrica conocida popularmente como de “los Eleuterios” (oficialmente “La Sagra”) y últimamente con el nombre comercial de LUDIVALL S.L., en manos de los nietos y herederos Pilar, Herminio, y Manuel Lucas Vallejo y Félix, Vicente y Antonio Lucas.El viejo cartel asomando por la tapia de la fábrica de cerámica, hoy cerrada.No sorprende que Natacha Seseña en su recorrido por los alfares de Castilla la Nueva, no hubiese recogido esta alfarería rural de Villaseca en su libro de 1974 [28]. Aun visitando los alfares toledanos subsistentes de Cuerva, Ocaña, Consuegra, Madridejos, Valdeverdeja, Villafranca de los Caballeros, La Puebla de Montalbán, Los Navalucillos y Toledo, se hace comprensible la carencia de testimonio de esta alfarería de Villaseca que ya estaba extinguida.A partir de los años sesenta del siglo XX una producción tan solicitada anteriormente en pueblos comarcanos desaparecía sin dejar la huella precisa y el último horno reconvertía su función en los años veinte de ese siglo en un negocio saneado de cerámica constructiva sin que se dejasen de fabricar cacharros ordinarios de uso doméstico hasta la década de los sesenta.Esta forzosa reconversión de una manufactura artesana en una industria mecanizada todavía de ámbito familiar era el precio al olvido y marginación de la tradición.En 1974 era evidente que no existían alfares en Villaseca de la Sagra, si acaso el último ya cerrado y abandonado e ignorado, y se podía dar por hecho la desaparición efectiva del hecho artesanal y la fehaciente inexistencia de su alfarería.Los objetos, la memoria social, la propia historia y la documentación se han ido encargando de revelar lo que es el testimonio patente de una tradición secular pasada a mejor vida.Nuestras investigaciones (llevadas a cabo en 1989), fruto de mucha indagación y búsqueda formal de base etnográfica sobre ésta y otras tradiciones locales nos enfrenta a la consideración testimonial, en primer lugar, y al planteamiento histórico y las apreciaciones tipológicas subsecuentes del rescate y localización de piezas. En esta dirección el investigador Juan Manuel Pradillo se interesó por el estudio de esta alfarería desaparecida y supo indagar en 1997 en los testimonios del oficio publicando un libro sobre Alfareros Toledanos donde se incluía con dignidad aspectos distintos sobre alfareros y tipologías mostrando fotografías de los principales objetos cerámicos reconocidos como producción villasecana [29].En los aledaños de la calle de El Boquete, hoy calle de la Poza, sale una calle que el callejero municipal ha renombrado como calle de los Alfares, allí donde se conoce el último alfar en producción que tuvo el barrio.Ya en 2011 la memoria y homenaje a los maestros alfareros de Villaseca se ha materializado en la escultura en bronce levantada en la plaza junto a la iglesia parroquial, patrocinada por el Ayuntamiento de la villa y obra del escultor villasecano José Martín Calderón, representando al respetable artesano sentado ante su rueda y torno, con una elocuente dedicatoria en el pedestal.Escultura del “Alfarero”, dedicatoria popular y firma del escultor.Ante lo aquí expuesto y después de comprobar que en varias generaciones de nuestras familias el oficio de alfarero ha existido en algún momento, hoy se puede afirmar que habrá villasecanos que tendrán que sentir con orgullo el haber tenido algún antepasado artista del barro.____________NOTAS1. JEREZ JEREZ, Magnolia, DÍAZ FERNÁNDEZ, Antonio J.: “La alfarería en Villaseca de la Sagra, un oficio desaparecido”. Este trabajo fue presentado en 1989 a las V Jornadas de Etnología de Castilla-La Mancha (Toledo, 27-29 marzo 1989), pero sus actas no llegaron a publicarse por lo que este trabajo ha permanecido inédito hasta hoy.2. GIMÉNEZ DE GREGORIO, F.: Diccionario de los pueblos de la provincia de Toledo hasta finalizar el s. XVIII, t. III, Toledo, 1970, pp. 220-225.3. DÍAZ FERNÁNDEZ, Antonio J.: Villaseca de la Sagra, noticias de su historia. I.P.I.E.T, Temas Toledanos, 74, Toledo, 1993. Es el primer estudio de conjunto sobre la historia de esta localidad sagreña.4. Archivo Histórico Provincial de Toledo (AHPT), Protocolo 7835, fol. 152, escribano Francisco Moreno Nieto. "Petición de permuta de casa".5. AHPT, Prot. 7856, fol. 85, F. Moreno Nieto. "Escritura de capital de bienes".6. Archivo Municipal de Villaseca de la Sagra (AMVS), Legajo Cuentas de los derechos reales. "Cuaderno año 1777"; "Cuaderno de la averiguación de las ventas hechas por varios vecinos de esta villa en dicho año de 1781".7. GIMÉNEZ DE GREGORIO, op.cit., p. 222. Muchas mujeres, por su parte, se dedicaban a tejer y vender el género a comerciantes de Toledo.8. DÍAZ FERNÁNDEZ, op.cit., p. 37.9. Archivo Parroquial de Villaseca de la Sagra (APVS), Matrícula de feligresía de 1793.10. APVS, Matrículas de feligresía de 1806, 1814, 1816 y 1818.11. AMVS, Legajo Documentos diversos (1800-1810).12. Ministerio de Cultura, documento digitalizado: "Alistamiento de toda clase de vecinos, así casados y viudos con hijos y sin ellos, como solteros desde la edad de 16 años hasta de 40 cumplidos … Villaseca de la Sagra. Año de 1808".13. Partida parroquial firmada por el cura don José Rico en el Libro 17 de difuntos, al folio 54, citada en El Siglo Futuro (Diario Católico, 7 de mayo de 1903). Por otro testimonio sabemos de su oficio, alfarero, y que “murió de un balazo”, véase NIÑO AZCONA, Lorenzo: Biografía de la Parroquia de Santa Cruz de Madrid. Madrid, 1955, p. 34. Sobre este sagreño héroe del 2 de mayo, apunte histórico en https://jesusperezagua.blogspot.com/p/heroe-del-2-de-mayo-de-1808.html14. AMVS, Legajo Diversos s. XIX, "Copia del Cuaderno del Censo de población ... año [1820] ... de orden de la Diputación Provincial". Una legua equivalía a 5 km aproximadamente.15. AMVS, Legajo Diversos s. XIX, "Copia de la matrícula formada para la contribución de patentes ... 1823".16. MIÑANO, S. Diccionario Geográfico Estadístico de España y Portugal. Madrid, 1828, t. IX, p. 473.17. AMVS, Legajo Padrones s. XIX, "Matrícula general que ha formado y remite la justicia de Villaseca correspondiente al año de 1833". Diccionario Geográfico Universal, Barcelona, 1834.18. MADOZ, P.: Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico de España y sus posesiones de Ultramar, Madrid, 1850, t. XVI.19. AMVS, "Padrón municipal, 1875". Apellidos como Ayala, Basco, Batres, Calderón, Domínguez, Fernández, Gómez, Juárez, López, Lucas, Magán, Plaza, Sánchez, Yubero; y mis antepasados Manuel Díaz Esteban, su mujer Victoria Nieto Medina y su hijo Victorio Díaz Nieto, domiciliados en calle de las Vacas (hoy del Príncipe). Y los hermanos de Victorio, Francisco y mi tatarabuelo Manuel Díaz Nieto.20. Anuarios de la Provincia de 1883 y del Comercio de 1886.21. DÍAZ FERNÁNDEZ, op.cit., p. 40.22. APVS, "Matrícula de feligresía de 1917".23. Diputación Provincial de Toledo, documento digitalizado: "Censo Electoral de 1919".24. El Eco Toledano, 23 de marzo de 1911, p. 2. Más datos sobre esta familia los proporciona el investigador Pradillo en su obra Alfareros Toledanos II, pp. 680-681.25. Censo industrial artístico de 1930.26. AMVS, "Padrón municipal de 1936". Diputación Provincial de Toledo, documento digitalizado: "Anuario Estadístico de la Provincia de Toledo de 1932".27. RUIZ TOLEDO, Salvador: Villaseca de la Sagra: imágenes de la memoria. Ayuntamiento de Villaseca de la Sagra, Toledo, 2007.28. SESEÑA DÍEZ, Natacha: La cerámica popular en Castilla la Nueva. Madrid, Editora Nacional, 1975.29. PRADILLO MORENO DE LA SANTA, Juan M.: Alfareros toledanos. Toledo, Juan de Comunidades de Castilla-La Mancha, 1997. Para Villaseca interesan las páginas 668 a 681 del tomo II. Entonces, ya pudimos prestar nuestra desinteresada colaboración en esta materia a tan recordado investigador.
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